miércoles, 25 de junio de 2008

SADAKO, LA NIÑA DE LAS GRUYAS

Sadako Sasaki, tenía dos años de edad cuando Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. Ella no vivía en ese lugar, sino en un pueblo aledaño, pero los efectos de la radiación se manifestaron por toda la región. Todas las familias japonesas se llenaron de un gran temor cuando se enteraron de lo sucedido, más luego volvió la calma cuando su país reconoció la derrota y con ello se alejó el fantasma de un nuevo ataque.
Más recién cumplidos los 11 años, la pequeña Sadako comenzó a cojear. Un penetrante dolor le invadió su pierna y cada vez le fue más difícil dar un paso. ¡Le gustaba tanto ir a la escuela!, y ahora aquello se convertía en un suplicio, más no dejaba de ir a clases. Cuando fue llevada al doctor, tras los análisis, se le diagnosticó leucemia, a consecuencia de la radiación de la bomba atómica. No era la única víctima, muchos niños padecían lo mismo. Eran las víctimas inocentes de la barbarie humana.
Su inseparable amiga, Chizuko Hamamoto, sentía tanta pena por ella, que un día compró un pliego de papel dorado, y lo dobló una y otra vez, hasta formar con el una preciosa pieza de origami. Era una grulla dorada que depositó en las manos de Sadako mientras le decía: “¿Recuerdas aquella historia donde se cuenta que si logras plegar 1000 grullas de papel, los dioses te concederán un deseo que se hará realidad?”, “Aquí tienes tu primera grulla”.
Sadako se sintió feliz, tomó el regalo con auténtica devoción y recompensó a su amiga con una reverencia. Después le pidió a Chizuko que le enseñara a realizar las grullas de origami.

El asunto no resultó tan fácil, pero después de varios intentos Sadako construyó sus primeras grullas. A partir de ese momento comenzó a plegar tantas grullas como le fue posible.
Sadako dejó de ir a la escuela. Fue internada en el hospital debido al agravamiento de su enfermedad. Ahí conoció a un niño que también sufría los efectos de la radiación. Sadako intentó convencerlo de que se podría salvar si lograba doblar las mil grullas de papel. Pero el niño, quien apenas si podía hablar, le dijo con suma tristeza que a él ya ni los dioses podían ayudarlo, porque estaba seguro que pronto moriría. Aquella misma noche el pequeño murió, y Sadako lloró desconsolada pensando en que ella también podía morir. ¡Le faltaban tantas grullas!. Ni siquiera podía conseguir el papel para hacerlas.
Postrada en la cama, con la vista fija sobre el techo, la encontró su madre aquél día por la mañana cuando llegó a cuidarla. Le llevaba un regalo, envuelto en un papel ordinario. La niña sonrió agradecida y lo tomó entre sus manos. Pensó que era un puñado de hojas de papel para poder terminar sus grullas, pero no... era un hermoso kimono de seda fina que su madre le había elaborado. Sus ojos se le llenaron de lágrimas y con palabras entrecortadas le dijo a su madre: “Gracias mamá, haz hecho tanto por mi!”.
Se puso el hermosísimo kimono y se sintió sumamente feliz. Jamás había tenido uno en la vida. Entendía perfectamente bien que para comprar la tela sus padres tendrían que privarse de hasta lo indispensable. Por eso es que todo estaba bien. Aquella era una muestra de amor incomparable.
Después, tomó el papel con el que venía envuelto el regalo, lo alisó con las manos para quitarle las arrugas y logró construir con él seis hermosas grullas de color amarillo.
El 25 de octubre de 1955 los dioses vinieron con Sadako para hacerle cuentas. Encontraron que solo tenía a la mano 644 grullas, así que, con la cantidad incompleta, no fue posible concederle su deseo.
Todos sus compañeros de clase lloraron su muerte. Sadako había hecho demasiados amigos en la escuela. Muchos de ellos le habían enviado hojas de colores al hospital para ayudarla con su tarea, pero no habían sido suficientes. Alguien por ahí sugirió hacerle un monumento, y entre todos se pudieron a recaudar fondos para realizar la obra. En 1958, el parque de la Paz en Hiroshima, se colocó una estatua en honor de la niña Sadako. Tiene las manos levantadas al cielo, con una grulla de origami en cada mano. En la base de la escultura, una inscripción reza: “Este es nuestro grito, esta es nuestra plegaria; que haya paz en el mundo”.
En la ceremonia de la entrega del trofeo y clausura de la Copa Mundial de Fútbol, que se celebró en la ciudad de Yokohama, en junio de 2002, fueron arrojadas, desde lo más alto del estadio, millones de grullas que niños de todo el país confeccionaron con papel de colores. Como una muestra de paz de los niños de Japón para el mundo. El espíritu de Sadako y de muchos otros niños víctimas de la bomba atómica estuvo aquél día presente.

lunes, 23 de junio de 2008

LA TIERRA PLANA

El 21 de julio de 1969 el astronauta Neil Armstrong fue el primer hombre en poner un pie en la luna. Millones de personas en todo el mundo contemplaron a través de los televisores la prodigiosa hazaña. Pero no todos la creyeron. Ni la creen hoy en día. En la ciudad de Lancaster (California), existe un grupo de incrédulos establecidos como una sociedad bajo el nombre de La Sociedad Internacional de la Tierra Plana, misma que asegura que la supuesta hazaña de alcanzar la luna no es más que una burda historia de ciencia ficción inventada por los norteamericanos.
Todo es una farsa, desde su personal punto de vista. Un cuento chino pensado para acrecentar la siempre desmedida vanidad de los gringos. Se inventaron las fotografías, mismas que resultan tan burdas que hasta un niño se da cuenta que todo fue realizado en un set cinematográfico. Son francamente ridículas, al igual que muchas de las afirmaciones y patrañas que se han dicho sobre el espacio. Para comenzar la Tierra es Plana, el Sol gira alrededor de la tierra y no la tierra alrededor del Sol.
Aseguran que la luna sólo mide 51 km de diámetro, frente a los 3,456 km oficialmente establecidos, y que solo dista de la tierra unos 4 000 km en vez de 380,000 km. El Sol, ligeramente mayor que la luna, se encuentra solamente a 5,000 km. De nosotros y no a 150 millones de kilómetros, como se nos ha hecho creer. Y para completar la historia, las estrellas son cuerpos muy pequeños, situados a pocos miles de kilómetros de la tierra.
La Sociedad Internacional de la Tierra Plana se fundó hacia el año 1800 en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, llamándose originalmente Sociedad Zetética, hasta 1956, cuando se le dio su actual nombre. Desde entonces se la han pasado imprimiendo innumerables boletines y panfletos contra los grandes males que difunde la ciencia.

domingo, 22 de junio de 2008

EL DAVID DE MIGUEL ANGEL


El escultor Agostino di Duccio, sumamente enfadado y lleno de frustración renunció a continuar su labor con aquella enorme piedra, un bloque de mármol de 5 m. de altura. Le había dado tantos golpes aquí y allá, intentando realizar una obra, que al final se dice que la dejó tan dañada que se temía se resquebrajase al menor movimiento. Al final el enorme monolito quedó abandonado por espacio de 40 años, en los talleres de la catedral de Florencia.
El 2 de julio de 1502, los miembros de la comisión de obras de la catedral, decidieron consultar a los artistas de la ciudad, para ver que uso sería conveniente darle a la piedra. Cuando llegó aquél joven, de tan solo 26 años, llamado Miguel Angel Buonarroti, contempló detenidamente la gran mole de mármol. Hasta ese momento, todos los que habían visto el enorme bloque tan sólo habían observado sus imperfecciones y daños, lo cual les hacía menear la cabeza y retirarse. Pero Miguel Angel tuvo ojos para ver lo que nadie había visto hasta ese momento: dentro de aquella enorme roca llena de daños e imperfecciones había un enorme y hermosísimo David atrapado. Miguel Angel no se fijó en lo que no se podía hacer, sino en lo que podía lograr, una visión que por desgracia tan solo unos pocos son capaces de alcanzar en la vida.
El joven escultor fue a su casa y realizó un boceto y con él en mano regresó ante la comisión, solicitando su aprobación para hacerse cargo del proyecto. El acuerdo se cerró en agosto y el 13 de septiembre Miguel Angel puso manos a la obra.
Cualquier obra que el joven escultor acometía le robaba de inmediato toda su entrega y su pasión. Trabajó sin pausas, dicen que lo hacía por 20 horas al día. Durmiendo tan solo un poco y comiendo y bebiendo lo indispensable. El crear le obsesionaba, aquello le robaba su pensamiento, su energía, le absorbía totalmente la vida. No le molestaba el sol abrasador de Toscana, ni la densa nube de polvo que lo envolvía o el molesto desecho que se le adhería a la piel tras cada cincelada. Soportó además el penetrante humo de los braseros que se colocaban para disminuir un poco el aire frío del invierno. Trabajaba con energía sobrehumana, con absoluta concentración, subiendo y bajando por el andamio que rodeaba aquél bloque de mármol de 5 m de altura.
Cincelada tras cincelada, la figura fue cobrando vida. El David, desnudo, salido de aquella supuesta roca de mármol imperfecta, es considerada una de las estatuas más bien realizadas que existen, por sus perfectas proporciones físicas, su enorme belleza y su gran fuerza expresiva.
Esta escultura colocó a Miguel Angel como uno de los escultores vanguardistas más importantes de su tiempo. Y hoy en día es considerada, a 500 años de su creación, una de las obras más valiosas de Italia, aunque todos sabemos que es uno de los patrimonios más importantes de la humanidad. Y todo se inició con un bloque de mármol lleno de imperfecciones.
Ojala aprendamos que las obras de arte a veces surgen de lo imperfecto. Tan solo es preciso tener ojos que ven lo que otros no ven, y un corazón que espera lo que nadie tiene paciencia de esperar, además de una entrega que casi nadie sabe otorgar.

NA TERESA


No recuerdo haberle dado nunca una moneda, tampoco que ella me lo haya pedido. De hecho jamás la escuché pedir, aunque no faltaba alguien que le diera algo de lo poco que se tenía. La comunidad era pobre, pero nadie se lamentaba de ello, porque nadie era tan pobre, tan pobre que no tuviera algo para llevarse cada día a la boca. El mar estaba cerca y, el indio se iba con su red y sacaba sus pescaditos del estero, o si lograba reunirse con algunos amigos, cargaban su carreta con el chinchorro y se traían sus buenas canastas de bagre.
Na Teresa era una anciana que vivía de lo que le gente le daba. A todos nos veía como hijos, aunque yo siempre me sentí como un hijo adoptivo, porque no era como los demás del pueblo. Yo era el “mecho”, palabra con que designan a los güeros en tierras zapotecas, pero ella no me llamaba con este nombre, como lo hacían los demás. No hacía distinciones y al igual que a todos me llamaba cariñosamente “shunco”, como se les llama a los pequeños de la casa.
Si nunca le di una moneda a na Teresa, no fue por falta de ganas, la verdad es que mis bolsillos siempre estaban vacíos. Trabajaba duro todos los días ayudando a los indígenas en sus labores, y mi único pago era la comida: una jícara de pozol a medio día, a medias de la faena, y para comer un pescado azado, o simplemente un plato con un queso desmoronado y una pila de totopos. Y para pasarse el bocado, nada mejor que un jarro con agua fresca del poso.
A na Teresa le gustaba escucharme cantar con la guitarra, hasta tuve que aprenderme “la llorona”, “La zandunga” y “Naila”, canciones muy amadas por esas tierras, todo con tal de complacerla. Ante mi canto ella se volvía muchacha, y sonreía sin complejos, enseñando su boca desdentada e incrementando más el manojo de arrugas que anidaban en su cara.
Alguna vez deposité en sus manos un pescado, algunos camarones frescos, y llevé un puñado de leños a su casa. Le llenaba su tinaja de agua, pero esto era demasiado poco, porque a cambio me daba tantas y tantas bendiciones, que sentía que nada compensaba lo que de ella recibía.
Cuando mi ciclo terminó y anuncie mi partida, mis amigos fueron a la casa y me llenaron de pescado y de totopos. Me dieron dinero para el viaje, cada quien un poco, pero todos con enorme cariño cual corresponde a un hermano. Me dio demasiada tristeza salir de la comunidad y dejar atrás aquellos hermanos indígenas con quien viví tan emotivas experiencias.
Por el camino, rumbo a la plaza, ya para venirme, me encontré a na Teresa. Ya iba tarde, el camión pitaba y pitaba y sabía que si no me apuraba me iba a dejar. Pero na Teresa me habló y ni modo de dejarla ahí parada, así que la saludé y le dije que ya me iba. Ella asintió con tristeza, luego se metió la mano a la bolsa de su delantal y sacó las dos monedas que había recibido aquella mañana. Me puso rojo de vergüenza cuando me las quiso entregar. Me negué de plano a recibirlas, pero ella humildemente me dijo, que no podía darme más, que era pobre y era lo único que tenía. “Tómalas me rogó, de algo te servirán en el camino”.
Las tomé casi por obediencia, las metí en el bolsillo superior de mi chamarra de mezclilla. Besé su mano lleno de gratitud y di la vuelta presuroso, porque temía que aquello me trastornara.
Cuando llegué a la capital me di cuenta que no completaba el pasaje para venirme a Guadalajara. ¡me faltaba tan poco!. Esculqué todos mis bolsillos y no encontré absolutamente nada. No sabía que hacer. Ni modo de ponerme a pedir. ¡la carencia de humildad no permite algo semejante!. Desesperado me pasé las manos por el cuerpo, y en ese momento sentí las dos monedas en el bolsillo de la chamarra. Recordé las palabras de na Teresa “de algo te servirán en el camino”. Me dio tanto gusto y emoción que se me hizo un nudo en la garganta. Luego caminé a la taquilla, compré mi boleto y todavía hasta me sobró lo suficiente para el camión urbano que me llevaría después a casa. Dondequiera que estés ¡Gracias na Teresa!

EL AGUA DEL TLACOTE


En 1991 en la comunidad del Tlacote, Querétaro, Jesús Chaín, perforó un pozo de agua para darle de beber a sus animales. Tenía una vaca enferma y para su gran sorpresa, la vaca se alivió tomando el agua del pozo. Jesús tenía sus dudas, pero después un perro con lepra sanó poco a poco bañándose con aquella agua.
Al darse cuenta del fenómeno, la gente de la comunidad comenzó a llegar hasta el pozo solicitando de aquella agua milagrosa, y Jesús les repartía a todos con gran generosidad. Se dice que un hombre desahuciado que padecía cáncer quedó totalmente libre de la enfermedad, según pudo constatar el médico de la comunidad. Y así poco a poco se fueron sumando los testimonios hasta que se creó un auténtico escándalo.
Aquella era una agua de vida que todos ambicionaban beber. La gente de la comunidad, que a diario pasaba tantas y tantas privaciones, ya que vivían como todos los campesinos, esperando que Dios los bendijera con un buen temporal; de pronto encontraron en el agua del Tlacote una fuente de vida. Comenzó a llegar tanta gente que las calles se llenaron de carros y autobuses, y aquellos visitantes requerían de alimentos y muchos servicios. Así que todo mundo se dedicó al comercio improvisado vendiendo de todo: café con pan, menudo, pozole, taquitos, tamales, comida casera, dulces, refrescos, botes para el agua...
Al Tlacote acudieron muchos pobres mezclados con gente de buen vestir. Carros destartalados con placas de quién sabe donde, y lujosos automóviles hasta con matrículas norteamericanas. Vino gente de Japón, Alemania, Los Estados Unidos, España y Argentina. Incluso llegaron grandes personajes como José José, Julio Iglesias, Juan Gabriel y el Magic Jhonson. Todos necesitados de salud.
Se decía que el agua del Tlacote todo lo curaba: diabetes, epilepsia, artritis, cáncer y hasta sida. Por ello más de tres millones de personas acudieron en tropel a beber de aquél líquido mágico y misterioso y muchos millones más la bebieron en muchos países del mundo, llevada por los peregrinos que acudían al pozo de los milagros. La cola para recibir agua fluctuaba cada día entre 5 mil y 10 mil personas.
El rancho era muy limpio y con los edificios muy bien pintados. Una buena cantidad de árboles frondosos proporcionaban excelente sombra a la multitud. Todo estaba perfectamente bien organizado y las colas se movían con gran fluidez. Al llegar había que registrarse, luego la Sra. Chaín, esposa de Don Jesús, y quien era médico; revisaba a cada visitante y decidía la cantidad y dosis apropiadas, recetando agua en forma oral, externa o incluso como gotas para los ojos. Todos la atiborraban con infinidad de preguntas. El trabajo era arduo y agotador, pero la Sra Chaín lo hacía con mucho gusto y dedicación, trabajando sin descanso de 9:30 de la mañana a 3:30 de la tarde todos los días.
El gobierno del estado proporcionó enormes tanques de agua de acero inoxidable para depositar el agua que se bombeaba desde el pozo y de ahí se servía a la infinidad de recipientes plásticos que la gente adquiría con los vendedores del pueblo. Aquello era una auténtica romería, con gente llena de fe y esperanza, tal y como si estuvieran adquiriendo el agua de Lourdes. No faltaron las cámaras de televisión, que llegadas desde muy diferentes países vinieron a capturar la historia, al igual que infinidad de reporteros que hablaban con todo mundo intentado hacer buenos reportajes.
Don Jesús Chahin tenía sus oficinas con enormes archivos llenos de expedientes de los visitantes, con el testimonio de infinidad de enfermos que habían recuperado la salud.
¿Tenía alguna sustancia especial que hacía aquella agua curativa y milagrosa?. Al parecer era agua común y corriente, tal y como los verificaron algunos científicos que tomaron muestras. Era agua de pozo y punto. Pero la gente creía en ella y para muchos era su última oportunidad.
Don Jesús daba el agua gratis, él decía que lo único que le importaba era que la gente se curara, pero después al parecer cambió de opinión e instaló una embotelladora llamada Agua San Salvador y el agua se comenzó a vender a $ 18.00 pesos el garrafón.
Sabrá Dios si fue por eso, o por otra cosa, lo cierto es que de pronto desapareció la magia, se perdió el encanto y el agua del Tlacote perdió sus propiedades, si es que alguna vez las tuvo.
Don Jesús, el dueño del pozo, contrajo cáncer y por más agua que tomó del afamado pozo, no pudo sanar de su enfermedad muriendo el pasado 10 de junio del presente año. La embotelladora sigue en pie, quien sabe hasta cuando, aunque ahora su agua no es más milagrosa que la del lago de Chapala.

sábado, 21 de junio de 2008

MARCO CURSIO



La tradición romana cuenta que en el año 363 a.C. surgió repentinamente una enorme grieta en el suelo de Foro. De aquella fosa surgía tal calor como si un gran fuego se encontrara en el fondo. De inmediato se reunieron todos los sacerdotes para preguntar a la divinidad el paso a seguir para resolver semejante y peligrosa situación. Poco después le comunicaron a la comunidad que únicamente se cerraría la fosa si se arrojaba a su interior el más precioso de los tesoros de Roma.
Todos comenzaron a preguntarse cuál sería el tesoro más valioso que poseían. Se pensó en el oro y las joyas, en arrojar sus mejores estatuas, de las cuales tenían una buena cantidad y muy bien realizadas; no faltó quien propusiera arrojar todas sus armas, porque aquello era demasiado valioso, ya que les servía para defenderse… Y así, todo mundo fue dando su opinión para resolver el problema y aplacar la ira de los dioses.
Entonces apareció el joven patricio Marco Cursio, quien ante la multitud congregada manifestó que Roma no poseía tesoro más valioso y digno que un generoso y valiente ciudadano. Por ello, montó luego sobre su caballo y se lanzó al fondo del abismo, el cual se cerró inmediatamente sobre él.
Excavaciones recientes descubrieron en el Foro de Roma un pozo sagrado llamado lago de Curcio.

LENNON EN GETSEMANI


Según cuenta Robert Rosen en su libro “Nowhere Man”, John Lennon pasó los cinco últimos años de su vida en un agobiante reclutamiento. Lejos del ambiente musical y de la gente, se hundía en la desesperación sin encontrar que hacer ni a donde ir. Era constante su miedo al secuestro, sobre todo de su pequeño hijo Sean. Todo esto desde el día que fue amenazado telefónicamente por alguien que se hacía llamar el latino lunático.
Se veía a sí mismo como un drogadicto con sobrepeso, que pasaba días enteros tomando únicamente jugos intentando doblegar a la báscula, para luego, en un momento de debilidad ir a saquear el refrigerador hartándose con todo lo que encontraba. Y después volverse a sentir culpable y deprimido.
Su ambición más grande era alcanzar un estado de perfección espiritual siguiendo el camino de los grandes maestros: Jesús, Buda, Mahoma, Krishna y Gandhi. John creía que si meditaba bastante se conectaría con Dios y adquiriría poderes psíquicos, como la clarividencia y la capacidad de volar por el aire. Yoko lo animaba a lograrlo, porque según su opinión esta sería la herramienta perfecta para lograr acumular más riqueza.
Jonh y Yoko creían mucho en los horóscopos, los mediums y las videntes. Así que en cierta ocasión sus consejeros espirituales recomendaron que Lennon viajara a Jerusalem para recobrar las energías perdidas.
Fue a tierra santa y deambuló por las calles sintiendo la energía de Jesús que aún parecía estar presente en todos aquellos legendarios lugares. Al tercer día tomó un carro de sitio y pidió ser llevado al Monte de los Olivos. En Getsemaní se arrodilló en el suelo y se puso a hacer oración pidiendo perdón por sus pecados. Entonces se acercó a él una turista americana, quien le preguntó si se encontraba bien. El la invitó a su hotel, y sólo después de que se quitó el sombrero y las gafas de sol, ella descubrió quien era. La mujer quedó muda de asombro, pensó que nadie iba a creerle aquella historia.
En el hotel John le pidió que le permitiera lavarle los pies. Ella aceptó. El llenó una vasija con agua. Ella se sentó en una silla, mientras Lennon la despojaba de sus sandalias y le limpiaba con una esponja húmeda el polvo de los pies. Luego le dijo “Soy tu humilde servidor”. Ella no pudo pronunciar palabra. Después John agregó: “Esto es lo que debo de hacer”.

viernes, 20 de junio de 2008

LA ESFERA


El año de 1975, al oeste de Ucrania, un hombre que hacía un poso profundo de pronto se encontró con una extraña esfera. Al golpear el objeto no lo partió, pero sí desprendió un pequeño trozo, lo cual le permitió descubrir que estaba formada por una especie de cristal.
El hombre recogió la pieza y la llevó a casa, para luego obsequiarla a su pequeño hijo, quien encontró en aquella extraña esfera un magnífico juguete. Y tanto le agradó que incluso la llevó al colegio, donde un avispado profesor intuyó que se trataba de algo más que una simple formación rocosa.
Después de hablar con el padre del pequeño, lograron quitarle la esfera y poco tiempo después pasó a formar parte del museo de la localidad, hasta que la vio el profesor Boris Nikolayevich, miembro del Instituto de Física de la Academia Rusa de las Ciencias.
Tras una serie de estudios e investigaciones, se llegó a la conclusión que la esfera tenía una antigüedad de 10 millones de años. Mas eso no ha sido todo, ya que con una unidad de radiografía descubrieron que el núcleo, semejante a medio huevo, poseía una densidad menor a cero, es decir, se trataba de una masa negativa; por lo cual se ha especulado que se trata de un depósito de antimateria, empleado como una fuente de energía.
¿Quién la hizo?, ¿De donde surgió?. Por supuesto que ya se habla de extraterrestres, de que posee energía psíquica y quien sabe cuanta cosa más. Pero bueno… ahí está la esfera a la espera de más investigaciones que den un poco más de luz sobre su posible origen y propiedades.

jueves, 19 de junio de 2008

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE


Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. A la mejor si lo sea. En la casa hemos tenido cinco de ellos, todos de buena raza, pero nunca hemos podido lidiar con ellos. Ya saben ustedes, sacan la tierra del jardín, destruyen las plantas, muerden las cosas y riegan su abono por todas partes. Y como no les tenemos paciencia, al final terminamos poniéndolos de patitas en la calle (los regalamos).
Pero el perro es un animal extraordinario, y más si los educan. Son animales muy cariñosos con el oído muy sensible, capaz de identificar los sonidos. Los perros pueden oír sonidos muy agudos que el oído humano no logra captar, y los distingue cuatro veces más lejos que el hombre. También escucha los ultrasonidos, como los que emiten los murciélagos o los ratones.
Su olfato está muy desarrollado. Cuando se le acerca una persona desconocida o un objeto, capta una impresión primaria con su olfato para hacer un registro de identificación. Cada ser vivo tiene para el perro un olor diferente, así que aunque se le vendaran los ojos, podría perfectamente reconocer a su amo entre muchas gentes. Inclusive podría distinguir una gota de vinagre que se hubiera mezclado con 1000 litros de agua.
A la luz del día el perro no distingue plenamente los colores como nosotros, para él todo son tonos grisáceos, más en la oscuridad su pupila se dilata ampliamente y ver mucho mejor que nosotros. Siendo capaces incluso de ver lo que hay detrás de su cabeza, por la forma como están colocados sus ojos.
Por todo esto es que el perro es un animal muy valioso en los rescates, ya que con su olfato y su maravilloso oído son capaces de percibir sonidos y olfatear a personas enterradas bajo los escombros, lo cual ha salvado infinidad de vidas. Así que sea como sea que bueno que existen los perros entre nosotros.

QUIEN DETENDRA LA LLUVIA?


Nos cuenta el trovador Alejandro Filio que en 1996 fue invitado a presentarse en un pueblito en el estado de Tlaxcala llamado San Juan Ixtenco. La idea de participar en este evento como parte de los festejos de la Feria Del Pueblo, no le era muy de su agrado, ya que su música no es de corte popular; más la paga venía muy bien a su bolsillo en ese momento, así que aceptó un tanto renuente.
A eso de las 2:30 de la tarde se encontraba probando el sonido para la presentación, en el atrio de la iglesia del pueblo, mientras una llovizna caía sin cesar, llevando ya varios días de estar anegando al pueblo. Además de las incomodidades de la lluvia, que le dificultaba su trabajo, había otra gran molestia que no le dejaba ni siquiera afinar bien la guitarra. Se trataba de cuatro hombres que ahí frente a la iglesia se encontraban soplando unos caracoles a los cuatro puntos cardinales.
Alejandro, francamente molesto, se dirigió a ellos con toda la intención de reclamarles para que se callaran y le permitieran realizar sus pruebas de sonido y afinar su instrumento.
Con toda la ironía del mundo, se acercó a uno de ellos, un tal Don Agustín y le preguntó “Qué estaban haciendo”. Entonces el hombre, con gran humildad y mirada serena le respondió que estaban sonando los caracoles para quitarle la lluvia y pudiera cantar.
Alejandro Filio es un tipo diminuto de 1 metro con 50 ctms., más en ese momento dice que su altura se redujo a casi nada. Y lo más sorprendente de todo es que Don Agustín y sus compañeros pararon la lluvia durante la hora y cuarenta y cinco minutos que duró el concierto. Luego la llovizna continuó hasta el anochecer, mientras Alejandro sentía que había aprendido una gran lección.

EL NEGRO LEONARDO

Le llamaban “Negro Leonardo”, aunque su nombre real era Geroge Washington Carver. Como era hijo de esclavos, y de estos jamás se registraban los nacimientos, nadie sabe cuando nació ni a que edad murió. Más su vida transcurrió a mediados del siglo 19. Su historia es única y fascinante. Los campesinos contaban que desde pequeño, aquél muchacho debilucho vagaba horas y horas por los campos, hablando y examinando las plantas, de las cuales recolectaba algunas de ellas para curar a los animales enfermos.
Tiempo después construyó un invernadero secreto en el bosque, como una especie de hospital para plantas enfermas, las cuales cuidaba con gran afán y una vez recuperadas las transplantaba a lugares privilegiados. No era ningún loco, sabía perfectamente lo que hacía tal y como lo mostraban los resultados. Así que de pronto las mujeres de los labradores comenzaron a llevarle sus plantas domésticas enfermas, rogándole que las volviese a la vida y las hiciese florecer. El las atendía cariñosamente a su manera, les cantaba canciones religiosas con esa voz cascada que le caracterizó toda la vida; las colocaba en latas llenas de tierra especial mezclada por él, las cubría afectuosamente por la noche y las sacaba durante el día a “jugar con el sol”, como decía.
Obraba auténticos milagros. Decía que las flores le hablaban, al igual que los animales del bosque. Y parecía como si tuviera una auténtica comunicación con todas las plantas y seres de la naturaleza.
En cierta ocasión, debido a los problemas de la primera guerra mundial, hicieron falta alimentos en la comunidad, al igual que colorantes. Ante tal necesidad salió al bosque y habló con las plantas, quienes le hicieron asombrosas revelaciones, descubriendo una buena cantidad de colorantes, algunos tan destacados como el color azul que rivalizó en hermosura con los de la tumba de Tutankamen. Al igual supo que los mastuerzos, los dientes de león y muchas otras yerbas silvestres tenían grandes propiedades nutritivas, que aprovechó para alimentar a la comunidad.
Uno de sus más famosos descubrimientos fue el valor del cacahuate. Un producto que estaba destinado en ese tiempo para alimento de los marranos, más él le encontró múltiples aplicaciones. Extrajo una buena variedad de aceites de múltiples aplicaciones e inventó la famosa mantequilla de cacahuate que hoy en día es producto básico en los hogares norteamericanos y de diversos países del mundo. Este solo descubrimiento creó una industria gigantesca cuyo valor se calculó en 60 millones de dólares anuales tan solo en lo relativo al aceite de cacahuate. Más Geroge Washington Carver jamás obtuvo ni la más mínima ganancia, porque nunca patentó sus descubrimientos. Decía que todo era de Dios y lo de Dios era de todos.
Thomas Alba Edison le ofreció un empleo con un sueldo astronómicamente elevado y lo mismo hizo Herny Ford, a sabiendas de su gran valía. Pero aquél humilde negro rechazó semejantes propuestas. Lo suyo no era el dinero. Y además decía que lo que él sabía cualquiera lo podía conocer, tan solo bastaba con que se acercaran a las plantas y las amaran. De esta forma ellas les revelarían sus secretos.
Baja el Audio en MP3:

LA GENIALIDAD DE MOZART

Jamás ha existido en este mundo un ser tan prodigioso, dentro del mundo de la música, como Mozart. Han existido grandes figuras, maestros indiscutibles creadores de obras excepcionales. Pero nadie, absolutamente nadie que haya tenido un don tan excepcional para componer música como Wolfgang Amadeus Mozart.
Comenzó a tocar el clavicordio cuando solo tenía tres años de edad. No requería de grandes explicaciones, todo lo hacía de una manera instintiva. Su oído era tan sensible que podía descubrir hasta un octavo de nota en la afinación de la cuerda de un violín.
El padre de Mozart tocaba en un cuarteto de cuerda. Y un día el segundo violín no se presentó. Ante la desesperación de su padre, el pequeño Amadeus cogió el violín y tomó el lugar vacante. Ni su padre, ni los otros músicos pudieron dar crédito a lo que veían y escuchaban. El pequeño de tan solo cinco años se sabía a la perfección el tema que iban a interpretar. Sin tener que leer ninguna partitura. Todo lo había aprendido de puro oído.
Pero esto no fue todo, porque a partir de ese momento comenzó a componer su propia música y para los ocho años de edad ya había realizado su primera sinfonía. El viejo Mozart no perdió la oportunidad de presentarlo como un gran fenómeno musical por todo Europa. Y doquiera que iba, el pequeño deslumbraba con sus maravillosas actuaciones. Era capaz de leer y tocar las más complicadas partituras. Se le vendaban los ojos, y aún así identificaba sin fallas todos los elementos de un acorde. Componía e improvisaba sin mayor problema, e incluso fue retado por grandes músicos de su tiempo.
En Roma, durante las celebraciones de la Semana Santa, el coro papal solía interpretar el Miserere de Gregorio Allegri. El Papa había prohibido que se ejecutara esta obra en cualquier otro lugar, por lo que no existían más partituras que la que tenía el Vaticano y la cual era celosamente guardada en las bóvedas de la Basílica de San Pedro. Era tan dura la restricción, que cualquier intento de reproducir dicha obra era penado con la excomunión.
El citado Miserere era una composición contrapuntísitca larga y compleja. Mozart la oyó interpretar una sola vez. De regreso a su habitación, transcribió la partitura entera de memoria. Cuando el Papa lo supo, se sintió tan asombrado que en lugar de aplicarle la excomunión, lo hizo llevar a su presencia y le otorgó la Cruz de la Orden de la Espuela de Oro.
Mozart murió a los 35 años de edad, dejando una obra tan basta, que es muy difícil de cuantificar. Y pese a su invaluable legado musical, sus restos terminaron en la fosa común, porque su mujer no tuvo el dinero necesario para hacer los pagos de la tumba.

miércoles, 18 de junio de 2008

THOMAS SANKARA

En 1983, tras un golpe de Estado en un país africano llamado Alto Volta, ascendió al poder Thomas Sankara, quien lo primero que hizo fue cambiarle de nombre a su país. Así que a partir de entonces se llamó Burkina-Faso, nombre formado por dos palabras tomadas de los dos principales idiomas que se hablan en este país. Lo cual combinando ambas se podría traducir como “País de los incorruptibles”. En Africa pasaba de todo, los gobiernos abusan hasta el cansancio de su pueblo sumiéndolos aún más en su miseria, pero este no fue el caso de Sankara, quien desde sus inicios se propuso poner el ejemplo como gobernante.
Para comenzar su sueldo mensual equivalía a $450.00 dólares, y sus propiedades más valiosas fueron su coche, cuatro bicicletas, tres guitarras y un viejo refrigerador. Lo cual le convirtió en el jefe de Estado más pobre del mundo. Y como era músico, hasta el himno nacional del país le tocó componer.
Sus extremas medidas de austeridad le llevaron a bajarle el suelo a todos los funcionarios y al ejército. Prohibió el aire acondicionado en las oficinas de gobierno, e incluso eliminó todos los carros oficiales, ya que incluso él, aparecía en su coche Reault 5, con las ventanillas bajadas y lo conducía para ahorrar el suelo de un chofer.
Al ejército, que antes no servía más que para crear problemas, lo utilizó para la campaña de vacunación infantil, la reforestación y la campaña de alfabetización. Un determinado día, prohibió el ingreso de las mujeres a los mercados. Todo mundo se escandalizó, más horas después apareció en la cadena de televisión nacional para explicar que con esta medida obligaba a los hombres a hacer las compras del mandado, demostrando que todos somos capaces de hacer labores domésticas. Esto causó una total indignación. En los hombres…
Luego nacionalizó las minas y los recursos del país, impulsó la agricultura, la construcción de buenas carreteras, y prosiguió intentando poner un orden estricto en todas las cosas. Llegando hasta el extremo de querer que todos se pusieran a hacer gimnasia. Todo un héroe, un auténtico reformador que quiso lograr un país perfecto. ¿Qué pasó con él?. Lo mismo que pasó con todos los que se han atrevido a ser grandes. Alguien, hasta hoy desconocido, se acercó entre la multitud y le descerrajó un tiro en la cabeza. Al día siguiente sus principales 12 colaboradores también fueron asesinados. Y ahí terminó la historia. Aunque hay que reconocer que muchos de los cambios realizados por Sankara han continuado en el país.
Baja el Audio en MP3:

EL HAREM

Se cuenta que un día el profeta Mahoma se encontraba jugando con sus nietos, cuando de pronto un grupo de visitantes llegó de forma inesperada rompiendo tempestivamente su privacidad. Al parecer a Mahoma le molestó semejante intromisión, por lo cual posteriormente empezó a recomendar a sus seguidores de que era necesario habilitar una parte de la casa para uso exclusivo de la familia, donde estuviera prohibida la entrada a los visitantes.
Mahoma aceptó la poligamia, permitiendo a los árabes tener hasta cuatro esposas, más dicha disposición no fue respetada en la práctica y hubo casos de jeques y sultanes que tuvieron sus cuatro esposas y docenas de concubinas, mismas que mantuvieron en esa área privada a la que se designó con el nombre de harén.
El harén era, como ya lo hemos dicho, un lugar privado exclusivo para el gran señor, donde la entrada estaba prohibida bajo cualquier circunstancia, pudiéndose aplicar al intruso la pena de muerte. Este lugar tan especial era la parte más majestuosa de la mansión. Paradisíacos jardines con fuentes de mármol bellamente labrado. Una vegetación esplendorosa. Recintos decorados con gran ornamentación y lujo; finas alfombras, hermosas pinturas con desnudos femeninos, enormes espejos con marcos muy elaborados, confortables sillones, fina ornamentación decorativa y muchas otras cosas que hacían de aquél aposento un auténtico palacio digno de un gran monarca.
Al servicio del gran señor se encontraban todo un ejército de mudos, mutilados, eunucos, concubinas, mujeres, esposas, niños y personas adiestradas cuyo único fin era hacer feliz a su amo, cumpliéndole hasta el más mínimo capricho. Había normas muy estrictas de disciplina que regían a todos por igual. El amo era un auténtico Dios y quien se atreviera a violar alguna de las disposiciones lo pagaba con la muerte.
Las mujeres del harén eran adquiridas como ganado en el mercado de esclavos. Estas jamás llegaban a ser esposas, sino concubinas o esclavas; y tenían bastante cuidado de no embarazarse, ya que el sultán vendía a los niños no deseados a otros harenes para que fueran juguetes de perversión de las esposas o los eunucos. En muchos de los casos el amo, ayudado por el personal de servicio, simplemente sacrificaba a los niños indeseables y se quitaba de problemas. Así que para evitarlo, las concubinas recurrían a miles de trucos para no engendrar o provocarse abortos.
Las esposas o concubinas preferidas podían engendrar, más sus hijos eran adiestrados duramente para ejercer funciones especiales, tanto dentro como fuera del harén. Se les entrenaba tanto físicamente como en cuestiones disciplinarias, para lograr de ellos una obediencia ciega y apego total a sus leyes. Y esto se hacía a base de constantes ayunos, privaciones, maltratos y clases de religión, siendo de los pocos privilegiados que tenían acceso al estudio, siendo incluso instruidos en los idiomas: turco, árabe y persa. Sus maestros eran eunucos blancos, quienes además impedían la vida social entre los alumnos, a quienes debían mantener siempre en silencio, siendo vigilados incluso por las noches, cuando los pequeños debían dormir siempre con la luz prendida.
Los eunucos eran castrados desde niños para ocupar el puesto de vigiliantes. Con esta mutilación física sus amos evitaban una posible rebelión o desviaciones sexuales o sentimentales. También reducían con ello sus hormonas volviéndolos personas más sumisas. El jefe de los eunucos era el brazo derecho del sultán, siendo quien controlaba todas las operaciones y movimientos del palacio. También había eunucos negros, quienes debían ser feos hasta el extremo para que fueran realmente valiosos. Ellos se encargaban de realizar la comida, arreglar la ropa y demás labores domésticas, además de la atención de las esposas y concubinas.
También estaban los sordomudos, quienes llevaban el papel más tenebroso de la casa, pues se encargaban de ejecutar a las mujeres promiscuas, a los niños indeseados y otras desagradables encomiendas. El cuadro de sirvientes era completado por los enanos que ejercían el oficio de bufones para divertir al rey en el momento que fuera requerido.
En Turquía los harenes están prohibidos, incluso la castración, según disposición de Kemal Tatuk, quien además abolió en su momento el uso del velo en la mujer. Aunque se sabe que dichas prácticas todavía perduran entre los altos jerarcas musulmanes.

LA TASA ROTA

Allá por el siglo XVII en la ciudad de Edo, que viene siendo la actual ciudad de Tokio, en Japón, un afamado anticuario llamado Fushimiya fue a una casa de té, donde después de disfrutar de la tradicional bebida oriental, se quedó observando detenidamente la tasa vacía. Antes de salir, pagó por el té y le compró la tasa a la dueña del negocio.
Una vez que Fushimiya se marchó, un artesano local que había observado toda la escena, se acercó a la anciana propietaria de la casa de té para preguntarle quién era aquél hombre. La mujer le reveló que se llamaba Fushimiya y que era el más grande conocedor de piezas de arte en el Japón. El artesano salió corriendo y una vez que dio alcance a Fushimiya le rogó que le vendiera la taza, ya que pensaba que su este gran conocedor la había comprado, seguramente era una pieza valiosa.
Fushimiya se echó a reír y le explicó al artesano que la taza no tenía ningún valor, que tan solo la compró porque observó que el vapor se quedaba suspendido sobre ella de una forma muy extraña, y que seguramente tendría alguna grieta en alguna parte, y como sentía demasiada curiosidad por el fenómeno, decidió comprarla para verlo más detenidamente en casa. Pero el artesano no quedó muy convencido de la explicación e insistió en que le vendiera la taza, así que Fushimiya no tuvo más remedio que ceder a la petición.
El artesano llevó la taza ante distintos expertos, pero todos le dijeron lo mismo: “la taza era una taza común y no valía prácticamente nada”. El artesano no podía creer lo que le decían. Perdió demasiado tiempo y dinero yendo con los anticuarios, descuidando incluso su negocio. Al final, desesperado, acudió nuevamente ante Fushimiya para explicarle su problema.
El anticuario escuchó el calvario del pobre artesano, quien estaba obsesionado con la taza, y para reparar el daño que sentía haberle causado, le compró la tasa en 100 monedas de oro. Todo ello como un simple acto de bondad. Pero la voz se corrió entre los anticuarios y coleccionistas y pronto Fushimiya recibió una buena cantidad de propuestas para que les vendiera la famosa taza, ya que si había pagado 100 monedas de oro por ella, seguramente valía mucho más. Fushimiya intentó explicarles la situación, pero nadie quiso creerle, así que se decidió reunir a todos los compradores para realizar una subasta.
Durante la subasta hubo dos compradores que ofrecieron pagar por la tasa 200 monedas de oro, y comenzaron a pelearse porque cada uno alegaba ser el que había hecho primero la propuesta. Entre tantos jaloneos, alguien movió la mesa, la taza cayó al suelo y se rompió en varios pedazos. Como la taza se rompió antes de efectuarse la transacción, todos se marcharon, mientras que Fushimiya recogió los pedazos y reparó la tasa, misma que luego guardó dando por terminado el asunto.
Años después llegó ante Fushimiya un gran maestro del té y le pidió ver la famosa tasa, sabiendo que la había reconstruido. El anticuario se la mostró. Luego el maestro la observó detenidamente y le ofreció una buena cantidad de monedas de oro, que superaba a todo lo antes propuesto. Fushimiya, quien era un hombre muy honesto, le explicó que la tasa, ahora que estaba rota y reparada, no valía absolutamente nada. Pero el maestro del té le contestó: “Ya se que la tasa es una tasa ordinaria y no vale absolutamente nada. Lo que la hace realmente valiosa es la historia, y por eso vale la pena lo que pago por ella”.
Baja el Audio en Wav:
http://www.mediafire.com/?zwmnt30mmym

martes, 17 de junio de 2008

LOS CARACOLES DE NERUDA

Pablo Neruda, el gran escritor y poeta chileno, fue un hombre comprometido con la realidad de su país. Esto lo llevó a ocupar diferentes cargos políticos; siendo electo senador en Chile, fue diplomático en Birmania, Ceilán y España, rechazando una candidatura a la presidencia de su país. Posteriormente sus ideas políticas le obligaron a exiliarse, viviendo en la Unión Soviética, China, México y diversos países europeos.
Un día don Carlos de la Torre, ilustre malacólogo de Cuba, le obsequió unos magníficos ejemplares de caracoles. Eran tan hermosos que aquellas conchas le provocaron una fascinación hasta entonces jamás experimentada. A partir de entonces comenzó su búsqueda frenética de ejemplares. Recorría las tiendas que había a las orillas de las playas, escudriñaba las boutiques elegantes de las enormes ciudades, se internó por los mercados callejeros y no había sitio que no visitara cuando tenía alguna referencia sobre la existencia de conchas marinas en alguno de aquellos lugares.
Alguna vez reveló que recorrió las playas de México, se sumergía en las aguas transparentes y recogía las conchas que encontraba. Lo mismo hizo en Cuba y en muchos otros lugares. Sus amigos le enviaban ejemplares de todo el mundo, muchos otros los compró e incluso confesó que hasta llegó al robo con tal de hacerse de un buen ejemplar.
Tuvo las especies más raras de los mares de China y Filipinas, del Japón y del Báltico, caracoles antárticos y polymitas cubanas, o caracoles de bellísimo colorido en rojo y azafrán, azul y morado y muchos otros de insólitos matices. Muy pocos en verdad le faltaron. Mucho lamentó haberse quedado sin aquél caracol verde de insólita belleza, oriundo del Matto Grosso brasileño, que alguna vez tuvo en sus manos, pero que le fue imposible comprar por carecer de dinero en ese momento.
Pronto se comenzaron a llenar todas las estanterías de su casa con aquellos hermosísimos ejemplares. Tenía más de quince mil, más una enorme cantidad de libros relacionados con el tema. Pero un día los agarró todos, los colocó en grandes cajas y los llevó a la Universidad de Chile. Se los entregó como un regalo, porque amaba tanto a la Universidad, que deseaba darle algo significativo, algo que en verdad le doliera desprenderse. Porque el verdadero amor debe ser tan generoso que hasta llegue al sacrificio.
Baja el Audio en MP3:

EL BUDHA DE ORO



En la ciudad de Bangkok, en Tailandia, hay un templo budista pequeño muy visitado por los turistas, allí se encuentra un buda de oro macizo, de 10 pies y medio de altura, que pesa 2 toneladas y media, y que tiene un valor de 196 millones de dólares.En una vitrina cercana se encuentra un pedazo de arcilla de 12 pulgadas de ancho. Y una interesante historia. En 1957 un monasterio budista tenía que cambiarse de local, porque se construiría una carretera, así que se le asignó a un monje budista para que se encargara de la transportación del gigante ídolo de barro. Cuando la maquinaria, empezó a levantar ese gigante pesado, se comenzó a rajar, además comenzó a llover, el jefe de los monjes ordenó bajar la imagen, y cubrirle de la lluvia con una lona plástica. Ya tarde, por la noche, el monje fue a chequear los daños que había sufrido la imagen de barro, y comprobó que en una parte de ella había una rajadura y, que a la luz de la linterna salía una luz brillante.
El monje asombrado decidió descubrir el origen de esa luz especial así que empezó a quitar el barro ayudado por un cincel y martillo, y sus ojos no podían creer lo que veía. Descubrió que detrás de ese barro, un Buda era de oro macizo. Los historiadores creen que cientos de años atrás cuando las fuerzas armadas Burmesas estaban por invadir Tailandia, los monjes trataron de proteger la imagen cubriéndola con capas de barro, sobre el precioso Buda de oro. Los invasores creyeron que se trataba de una simple imagen de barro y ni siquiera la tocaron. Pasaron los años sin que nadie reparara en el enorme tesoro que se encontraba ahí oculto, porque ninguno de los monjes sobrevivió para revelar la verdad.

GABY, EL SOLDADO MEXICANO

Lo llamaban Gaby, aunque su auténtico nombre era Guy Gavaldón. Era un chico de la calle que vivía en el barrio este de Los Angeles, ahí donde se concentra la población chicana. No tenía absolutamente nadie que cuidara de él. Era un niño huérfano hijo de inmigrantes mexicanos. Así que pasaba los días como bolerito o haciendo cualquier tipo de trabajo eventual para sobrevivir y por las noches dormía en algún rincón de la calle, ahí donde pudiera resguardarse de las inclemencias del tiempo y protegerse un poco de las pandillas o mal vivientes.
Cuando tenía 12 años, una familia de inmigrantes japoneses, conocedores de su situación, decidieron adoptarlo. Así que Gaby supo por fin lo que era tener una familia y vivir lleno de cariño. Por supuesto que aprendió todas las costumbres de los japoneses y algo que sería de suma trascendencia en su vida: aprendió a hablar muy bien el japonés.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Gaby se enlistó en la Marina de Estados Unidos. Al enrolarse como soldado raso informó a sus superiores que hablaba bien el japonés, por lo cual de inmediato la Marina lo comisionó a la Unidad de Inteligencia Naval R2, destinada al Pacífico.
Su primera labor fue como intérprete e interrogador de los prisioneros japoneses. Más luego le tocó participar en la invasión de las islas Marianas, llegando a la llamada Saipan, la isla principal, estratégico bastión ocupado por Japón.
Los japoneses la defendieron a muerte. Su código de honor les impedía caer presos, por lo cual preferían morir a ser capturados. El ejército japonés había aleccionado muy bien a sus combatientes, haciéndoles creer que si los americanos capturaban a sus familias, a sus hijos, los iban a rostizar y se los comerían. Por ello, cientos de civiles, campesinos y pescadores, se lanzaban desde los riscos de las islas al ver que se aproximaba el enemigo. El propio Gaby fue testigo de cómo los padres de familia lanzaban a sus pequeños al vacío, en una escena que horrorizaría hasta al más desalmado.
La batalla fue tan dura, que durante las primeras 15 horas, hubo un total de 30 mil muertos sumando los de ambos bandos. Ante semejantes acontecimientos, el comandante de la Unidad temía que hubiera demasiadas bajas, ya que los japoneses nunca iban a aceptar rendirse pacíficamente. Más Gaby se atrevió a realizar algo por su cuenta, aunque esto era demasiado arriesgado.
Realizó una expedición en solitario por Saipan, encontrándose a tres soldados japoneses heridos, que se habían escondido entre varios cadáveres. Al descubrirlos Gaby les ordenó rendirse, gritando en perfecto japonés. Uno de los soldados quiso disparar, pero fue acribillado por Gaby. Los otros dos aceptaron rendirse. Cuando volvió al campamento con los dos prisioneros, en lugar de felicitaciones recibió una magnífica reprimenda de parte del Capitán. Le prohibieron estrictamente realizar incursiones en solitario. Si desobedecía la órden sería arrestado y enjuiciado. Pero Gaby desatendió la orden y a la noche siguiente salió de nuevo regresando con 12 prisioneros. El Capitán se mostró molesto, pero no tomó ninguna medida por su insubordinación. Así que Gaby salió de nuevo la siguiente noche y esta vez regresó con 50. Y casi sin disparar un solo tiro.
¿Cómo lo lograba? Simplemente hablando con los japoneses. Gaby tenía un gran poder de persuasión y hablaba japonés, lo cual era una enorme ventaja. Una mañana acorraló a dos soldados japoneses y los convenció de entregarse. Les dijo que tenían totalmente rodeada la isla, con artillería, barcos y lanzallamas. Les dijo que lo mejor era rendirse, que serían tratados con un código de honor, los tratarían con dignidad manteniéndolos prisioneros hasta que terminara la guerra después de lo cual serían regresados al Japón, sanos y salvos.
Gaby habló y habló y habló. No había necesidad de morir, cuando podían rendirse en condiciones honorables. Y logró convencerlos, pero eso no fue todo. Uno de los soldados japoneses le dijo “Tengo que hablar con mi superior, hay más compañeros en aquella cueva”. Gaby aceptó a que éste volviera a la cueva, mientras él permanecía con el otro soldado japonés allí mismo. Poco después regresó el soldado con varios oficiales japoneses y sus escoltas. Dignos, serios y bien armados. Venían a dialogar.
Le preguntaron a Gaby el significado de su propuesta. Él les ofreció cigarrillos, les pidió que se sentaran para dialogar y les dijo “Mi general admira su valor y ordena a nuestras tropas ofrecer a los sobrevivientes de su intrépida hazaña de ayer entregarse pacíficamente. Serán llevados a Hawai, donde hay hospitales para atender a sus heridos. No debe haber más baños de sangre”. Hablaron durante largo rato y parecía que los japoneses no estaban dispuestos a dar su brazo a torcer, más de pronto aceptaron la propuesta. Regresaron los japoneses a la cueva y Gaby vio como comenzaban a salir soldados. Filas, filas y filas.
Gaby no podía creerlo. Había toda una compañía adentro: cientos y cientos de soldados japoneses armados. La escena era impactante. Ellos eran alrededor de 800, rindiendo sus armas ante un soldado mexicano de tan solo 17 años. Fácilmente pudieron haberlo echo picadillo.
Ningún soldado americano, ni antes ni después, en toda la historia de Estados Unidos ha logrado capturar a tantos enemigos como Guy Gabaldón, el gamoso Gaby. En total fueron 1500, entre civiles y militares, durante aquella campaña en Saipan.
Después de la guerra, su capitán, envió una recomendación al gobierno de Estados Unidos para que le dieran a Gaby la Medalla Congresional del Honor. Más no fue aceptada la propuesta. ¡Cómo dársela a un mexicano!. Pero en cambio le fue entregada la prestigiosa Cruz de la Marina.
Su historia fue llevada a la pantalla en una película llamada “Del infierno a la eternidad”, aunque el papel lo interpretó un gringo: Jeffrey Hunter.
Cincuenta años después Gaby volvió a Saipan. Eran los años ochentas y se instaló en la isla, más luego se horrorizó al ver el alto índice de criminalidad que ahí prevalecía. Por lo cual emprendió un programa para apoyar a la juventud de Saipan y rescatarlos de aquél ambiente de violencia. Hoy su nombre es bien recordado por los habitantes de aquél lugar.
Y pensar que Guy Gabaldón, Gaby, era un niño mexicano que boleaba zapatos para sobrevivir.
Baja el Audio en MP3:

EL TESORO EN EL CORRAL


Don Tolentino tenía su casa detrás de la vieja iglesia de mi pueblo. Una casa como tantas otras, hecha de adobe, con sus dos cuartos de vivienda, una pequeña cocina y un cuarto para guardar las herramientas de labranza y el maíz y frijol de la cosecha. Una familia humilde, demasiado humilde, con su retagila de hijos, alimentados a base de tortillas y frijoles de la hoya, quizás un huevo frito, un vaso de leche y tacos de chile.
Don Tolentino no tenía ningún oficio en especial, era simplemente uno más de los campesinos del pueblo; su único sueño era conseguir un poco de dinero para llevar a tino, su muchachito, a Guadalajara, a ver si algún médico le daba un buen remedio para curarlo de la cabeza.
Cierta noche, cuando ya los chamacos se habían acostado y Don Tolentino se encontraba mordisqueando una tostada recién salida de las brazas, él y su mujer que le acompañaba, vieron un destello de luz en el corral. La noche era demasiado oscura, el ranchito era tan insignificante que ni luz eléctrica tenía, así que la luz no provenía de ningún foco ni nada que se le pareciera.
Pensaron que alguien andaba en el corral y se levantaron presurosos y se asomaron por sobre la cerca, entonces vieron una pequeña flama azulosa ardiendo a un lado del viejo naranjo, precisamente a medias del corral. Don Tolentino pensó que aquello se estaba quemando y corrió a sacar un balde de agua del pozo, más cuando llegó la flama había desaparecido sin dejar rastro alguno de estiércol quemado.
En la oscuridad de su cuarto, ya acostados en la rústica cama de tablas con su colchón hecho de algodón de pochote, un árbol que se da en los cerros de los alrededores; Tolentino seguía pensando en aquella luz del corral. -¿No será un tesoro enterrado?- Preguntó en voz alta a su mujer, más ella, que estaba demasiado cansada y rendida por el sueño, le contestó apenas con un quejido. Más Tolentino insistió –dicen que donde arde es que hay un dinero enterradito- Doña Lupe, que no creía en semejantes cosas, le arengó –ya duérmete, nosotros nunca vamos a salir de pobres- luego más la cobija, para taparse del viento helado que se colaba por una rendija de la puerta y se volteó contra la pared, dando por concluida la conversación. Más Tolentino tardó mucho en dormir y cuando logró hacerlo, un remolino de sueños distorsionados hizo presa de él, y todos ellos estaban relacionados con el tesoro que estaba enterrado en el corral.
Doña Lupe se despertó muy de mañana, sintiendo la cama muy fría, le faltaba el calor del cuerpo de Tolentino. La vieja puerta rechinó cuando se asomó al patio y desde ahí pudo ver a Tolentino urgando en el estiércol del corral. Tomó la raída cobija de la cama, se la colocó en sus espaldas y fue hasta la cerca. –No se ve nada de nada- le dijo Tolentino totalmente desconcertado. –Aquí no hay ni rastros de ceniza-
-Mejor tráite unos leños para encender la lumbre y hacerte un café, está muy fría la mañana- le recomendó ella. Y Don Tolentino aún dio un par de puntapiés con el guarache, en el estiércol, antes de atender la recomendación. Pero siguió sin encontrar la huella de la flama.
Allá en la plaza, envuelto como tamal con una cobija de rayas, se encontró a su compadre Alberto, a quien ni siquiera contestó el saludo, tan solo le comenzó a contar la historia. –Pues si Dios quiere y la Virgen se arma, a lo mejor se encuentra ahí unos centavitos- No tardaron en ponerse de acuerdo y al rato con un pico y una pala se pusieron a escarbar a un lado del naranjo. Abrieron un enorme agujero, pero no encontraron nada de nada. Se pasaron todo el día en la faena, removiendo toda la tierra alrededor del naranjo. Doña Lupe se sintió molesta, porque la vaca se quedó encerrada y si no comía como debía de ser, al día siguiente no daría leche ni para amamantar el becerro.
Después de cuatro o cinco días, el corral quedó más revuelto que si hubiera en él un criadero de puercos. Más Don Tolentino no quedó satisfecho. Todos en el pueblo supieron la noticia y cada quien le dio su opinión. Al final aceptó la que le pareció más buena, así que fue a Juchipila y contrató a un señor que tenía una maquinita para localizar tesoros, esperando solucionar así su problema.
Por más que Doña Lupe corrió a los curiosos, el corral se llenó de gente y aquello parecía una fiesta. Don Juan, el flacucho vejete de la maquinita, puso cara de científico y con más solemnidad que el cura en sus misas, procedió a pasar la maquinita sobre el estiércol, como quien pasa aspiradora por alfombra. La pasó por un lado, luego por otro y fue peinado espacio por espacio, hasta que hubo señal de que había algo enterrado. Ahí se pusieron varios de los acomedidos, dirigidos por Don Tolentino a escarbar el estiércol, donde ya antes se había escarbado. Palada tras palada fue removida la tierra, fue necesario echar abajo el naranjo, y al final después de mucho escarbar lo único que se encontró fue una desgastada herradura de caballo. Eso era lo que marcaba la máquina.
Los vecinos se marcharon; a Don Tolentino no le dolió la vergüenza de no haber encontrado nada, le dolió el dinero gastado, que ni siquiera era suyo, porque lo pidió prestado para rentar la maquinita. Y además el corral que quedó hecho una inmundicia, y cuando vinieran las aguas se convertiría en un atascadero. Y para colmo el naranjo, que en tiempos de calores daba sus buenos costales de naranjas.
A doña Lupe le molestó, además de todas estas cosas, que Don Tolentino clavara la herradura ahí arriba de la puerta, que “disque pa’ la buena suerte”. Y rogaba adiós que no ardiera nunca más, porque así como era Don Tolentino, capaz que hasta tumba la casa, donde seguramente encontraría un clavo lleno de mojo, o alguna otra herradura que más que símbolo de buena suerte, sería un manifiesto de su eterna desgracia.

domingo, 15 de junio de 2008

EL OBELISCO DEL VATICANO



Cuando Calígula conquistó Egipto trajo consigo a Roma, como trofeo de guerra, un obelisco tallado durante el reinado de Neb-kaure Amene-meth II, mismo que fue colocado frente al templo del Sol (la Heliópolis).
Cuando el cristianismo fue instituido como la religión oficial, su legalización coincidió con la caída del Imperio Romano, derribándose muchos monumentos, entre los cuales se encontraba el obelisco que quedó abandonado en un terreno dispuesto para su destrucción. Fue en ese entonces cuando se construyó una iglesia sobre la tumba de San Pedro, muy cerca del circo de Nerón.
En el siglo XVI, Roma cobra vida gracias al Renacimiento, deseando los nobles que volviera a ser la gran capital que fue, así que empezaron a construir bellos monumentos para engrandecer la ciudad. Uno de los personajes que revitalizó esta ciudad fue el Papa Julio II, encargado de la construcción de la nueva basílica de San Pedro que se terminó 120 años más tarde.
A finales del siglo XVI, cuando la basílica estaba en plena construcción, el Papa Sixto V, viendo el obelisco tirado en uno de los campos, decidió que se levantara y fuera colocado justo frente a la basílica. Fue el año de 1585 cuando dio la orden de mover y erigir las 30 toneladas de granito de Aswan al arquitecto Domenico Fontana. Para ello se requirieron 900 hombres y 72 caballos, con los cuales se trabajó durante 5 meses, sorteando enormes dificultades, hasta que la acción quedó realizada

VER POR PRIMERA VEZ



¿Cómo cree usted que reaccionaría una persona de aproximadamente 30 años, que hubiera sido toda su vida un invidente y de pronto, gracias a una intervención quirúrgica, tuviera la oportunidad de ver por primera vez?
Quizás usted piense que caería de rodillas dando gracias a Dios por el milagro, o tal vez saldría brincando y gritando lleno de júbilo por el don recibido, más nada de esto es común cuando suceden este tipo de casos. En la actualidad, gracias a los avances de la ciencia y la medicina, muchos invidentes han logrado obtener la vista y sus reacciones no crea usted que fueron en todos los casos positivas.
En primer lugar hay que aclarar que después de la intervención y un poco de convalecencia, no se le quitan al paciente las vendas de los ojos y ya está listo para gozar de las maravillas del mundo. Se requiere de un apoyo psicológico profesional, para que el paciente logre adaptarse positivamente a su nueva forma de vida. Es un proceso en el cual poco a poco se irán descubriendo sus ojos a la luz. Aunque estos ya tengan toda la capacidad para ver las cosas de su entorno, su cerebro no tiene la información apropiada para asimilar el entorno.
En primer lugar su visión será borrosa y deficiente, más cuando su cerebro logre procesar la dimensión y formas de las cosas que le rodean, se requiere de un apoyo informático para darle a conocer que es cada cosa que ve. Este proceso puede provocar un estado emocional caótico, que podría llevar a la persona a una difícil situación anímica, al grado que prefiera cerrar los ojos para volver nuevamente a su anterior estado de invidencia.
El Dr. Marius Van Senden, nos relata sobre este tipo de situación en algunos de sus pacientes, que después de una intervención quirúrgica lograron recuperar la vista. Nos dice que un nuevo vidente es un “analfabeta visual”, alguien que tiene que aprender el significado de lo que ve. Es como aprender un nuevo lenguaje de formas y colores. Todo se vuelve un complejo crucigrama que deben de resolver. Por ejemplo, les es imposible entender la profundidad de los espacios, las luces y las sombras. Caminar con los ojos abiertos les es mucho más difícil que con los ojos cerrados. No entienden siquiera lo que es el rostro de una persona. Hasta que la ven hablar se dan cuenta por la boca salen las palabras. Se sienten confusos y asombrados de que todas las personas sean diferentes fisicamente. Y por supuesto que les es totalmente absurdo el entender nuestros conceptos de la belleza. Una mujer de belleza escultural, no le resultará más hermosa que una mujer obesa y de rostro desagradable.
Y aunque todos los nuevos videntes pasan por una etapa crítica antes de adaptarse a su nueva situación, al final prácticamente todos terminan por adaptarse y vivir agradecidos por el inmenso don que es tener la vista. A partir de ese momento, al abrir por las mañanas los ojos, siempre traen consigo una sonrisa, sintiendose inmensamente agradecidos, de un bien que por desgracia nosotros ya ni siquiera sabemos lo que esto significa.

VIAJANDO AL ESPACIO


Richard Branson demostró ser un mal estudiante, era un chico demasiado inquieto, hijo de una familia adinerada, cuyo único objetivo en la vida era vivir a lo grande. A sus 16 años dejó su natal Shamley Green para irse a vivir a Londres. Al llegar creó una revista juvenil que fue un grandioso éxito empresarial, luego abrió un centro de caridad para ayudar a jóvenes con problemas. Y aunque esto sería más que suficiente para colmar las expectativas de cualquiera, no fue así para Branson, ya que a los 20 años fundó la compañía Virgen, que no era más que una tienda de discos, que después creció hasta llegar a convertirse en todo un sello discográfico.

El primer músico que contrató para su compañía discográfica fue Mike Oldfield, éste era un chico con ideas muy innovadoras que había realizado una grabación de tintes electrónicos. La había ofrecido a todos los sellos discográficos de gran renombre, pero ninguno de ellos mostró el más mínimo interés. Era un álbum totalmente instrumental, de cortes largos, y carente de cualquier atractivo comercial. Richard Branson le tuvo fe. Con la grabación en mano se fueron al famoso Midem que se celebra cada año en Cannes, y donde se dan cita todas las compañías para comprar y vender sus artistas, pero tampoco obtuvieron éxito. Así que Branson y Olfield, para aliviar la pena de su fracaso, se fueron a skiar a los montes nevados, olvidando su desventura.

El disco de Mike Oldfiel salió a la venta bajo el sello Virgen en el Reino Unido, con unas ventas realmente raquíticas, ya que ninguna estación radiofónica hizo el menor caso de él. Más un año después, fue solicitado un tema del álbum Campanas Tubulares para incluirlo en el soundtrack de la película El Exorcista. La película logró tan grande impacto, que el disco de Mike Oldfield se convirtió en No. 1 de ventas y de inmediato fue distribuído a nivel mundial, logrando una venta de más de 5 000 000 de copias vendidas.

Ante el éxito tan abrumador conseguido, luego llegaron otras grandes figuras a respaldar el sello Virgen: Peter Gabriel, Paula Abdul, Bryan Ferry, Culture Club, Phil Collins, Steve Winwood, Simple Minds, Janet Jackson y hasta los Rolling Stones. Con todo esto, el dinero fluyó a raudales para Branson.
En 1984, Branson creo Virgen Atlántic, su primera compañía aérea, teniendo como objetivo brindar servicios de primera clase a precio económico. Metió con ello en graves aprietos a sus competidores y ganó por tres años consecutivos el premio a la mejor compañía aérea, siendo hoy en día la segunda compañía inglesa más importante en el ramo.

Actualmente posee tres líneas aéreas que cubren las rutas más importantes del mundo, cubriendo Europa, América y Asia.
Los negocios de Branson se han multiplicado: aviones, discos, libros, estudios cinematográficos, hotelería, Internet, informática y diversas áreas del entretenimiento. Más ahora va por su proyecto más ambicioso y espectacular. El turismo espacial.
Para ello, Richard Branson, ha construido una base de lanzamiento única en el mundo. Desde aquí partirán sus naves para llevar a los turistas al espacio e inclusive podrán lanzarse satélites artificiales, lo cual permitirá recobrar fácilmente la estratosférica inversión realizada.
La nave que habrá de emplearse para llevar a los viajeros al espacio se llama SpaceShip Two; es un avión en verdad alucinante, que supera en mucho a todas las creaciones que se han realizado en las películas de ciencia ficción. Apenas se dio a conocer la noticia y ya hay 38 mil reservaciones de pasajeros dispuestos a emprender la aventura, aunque la nave solo tiene cabida para 6 personas, más los dos pilotos. El costo por persona es de $ 200,000 dólares, o sea que estamos hablando de más de 2 millones de pesos, y el primer vuelo habrá de realizarse en el año 2009.
La nave subirá a 100 kilómetros de altura para luego girar alrededor de la tierra. Por lo pronto, ya hay 60 personas aceptadas, que están realizando un entrenamiento especial, antes de emprender el viaje.
Por supuesto que antes de todo esto se iniciarán unos viajes de prueba, para evitar cualquier riesgo posible.

LA ISLA DE LAS MUÑECAS



Era un viejito medio encorvado, flaco y de baja estatura. Le llamaban “la coquita”, así como el diminuto pajarillo que habita en la zona chinampera de Xochimilco. En realidad se llamaba Julián Santana Barrera, pero eso casi nadie lo sabía.
Vivía en un pequeño islote de los canales, donde cultivaba hortalizas y verduras, mismas que luego llevaba a vender al tianguis del pueblo, terminando su faena del día echándose sus buenos tragos en la pulquería de “Los cuates”. No hablaba con nadie, se mantenía apartado de todos, y la verdad es que nadie intentaba hacerle plática, porque ya sabían que el viejito era bastante retraído.
Más un día, y por quien sabe que extraña razón, le dio por andar en los barrios pregonando la palabra de Jesús. Ni quien le hiciera caso, más él no perdía el ánimo y hablaba y hablaba hasta que se cansaba de lanzar infructuosamente sus palabras divinas, terminando por dedicarse a rezar una serie de letanías que la verdad ni se le entendían.
Algunas veces fue agredido. En esos tiempos no era bien visto el andar de predicador fuera de la iglesia. Después le dio por juntar muñecas rotas, destartaladas y sucias de la basura. Y las fue colgando afueras de su choza y en los árboles de su pequeño islote. Todo el sitio estaba lleno de muñecas. Algunas sin brazos, otras sin piernas, hasta muñecas descabezadas.
Aquél viejito de calzón blanco amarrado en las rodillas y con un jorongo que no se quitaba ni en tiempos de calor, dejó de ir al pueblo. Comenzó a vivir como un ermitaño apartado de todos. El lago se cubrió de lirios y llegar hasta su vivienda se hizo imposible. La gente pensaba que tal vez había muerto sin que nadie le prestara auxilio ni le hiciese compañía.
Un día se hizo un rescate ecológico de los canales. Se comenzó a quitar el lirio que los había invadido y los periodistas fueron tras la noticia. ¿Qué había pasado con “la coquita”?. ¿Seguiría vivo?. Y sí, ahí estaba en su islote, más sucio y avejentado, negándose a dar entrevistas.
Vivía en una chocita de chinami, carrizo, ramas de ahuejote y zacatón. Los periodistas insistieron, más él amenazaba con su bastón a los intrusos que se atrevían a acercarse a su propiedad. Hasta que un día, un periodista llegó acompañado del muchacho que le servía los jarros en la pulquería. Y el anciano aceptó que pusieran pie en su islote.
En un principio no quiso responder a las preguntas. Después, al ir agarrando confianza les hizo saber que su hermana le llevaba diariamente su comida, y que su sobrino se llevaba la verdura a Xochimilco para venderla.
Se sentía a gusto se sentía a gusto con la soledad y a lo único que le temía era a los malos espíritus que rondaban por ahí, ya que amenazaban con destruir sus plantíos.
¿Y las muñecas?. –le preguntó el reportero- “Oh! Las muñecas son para ahuyentar a los malos espíritus” les contestó.
Dijo que él trajo las primeras recogiéndolas de la basura del pueblo, después milagrosamente comenzaron a llegar solitas a su casa, convirtiéndose en su única compañía. Y platicaba con ellas y las quería como si fueran sus hijas. Incluso tenía su favorita, una que llamaba “La Moneca”. Siempre la llevaba consigo porque era la que más lo entendía.
Su choza la tenía llena de mulitas que hacía con hojas de maíz, las colgaba del techo para verlas girar con las corrientes de aire que entraban por la puerta.
La paredes estaban llenas de cruces que hacía con pedazos de madera de ahuejote, intercaladas entre fotografías recortadas de los periódicos y que eran de políticos, artistas y hasta gente desconocida.
Su cocina estaba al aire libre, con un tlecuil hecho de lodo, un comal de fierro y muchas carpas secas colgando de un árbol, que había pescado frente a su chinampa.
Un día Don Julián le mostró con júbilo a su sobrino el gran pescado que atrapó con su anzuelo. Le dijo que ya se le había escapado varias veces. Pero también le comentó que había escuchado de nuevo cantar a la sirena. Le estaba llamando porque se lo quería llevar. Pero ya sabía como burlar su engaño, todo era cuestión de que se pusiera a cantarle a ella, para no caer en la tentación. Su sobrino, antes de partir a ordeñar las vacas le recomendó que tuviera cuidado.
Más tarde regresó el sobrino y no lo encontró en la choza, tampoco en la hortaliza, así que recorrió presuroso todos los rincones del islote, hasta que lo vio entre las aguas. “La coquita”, aquel anciano de 80 años de la isla de las muñecas, flotaba ahogado cercano a la orilla. El pobrecillo de Don Julián no pudo esta vez resistir la seducción de la sirena.

UN SANDWICH EN EL BOTE DE BASURA


Me llamó la atención que le pidiera a la cajera que empacara el sanwich en una bolsa aparte. Después reparé de nuevo en él cuando lo vi sentado en una de las bancas del parque. El calor era insportable y yo me había detenido a beberme la botella de agua antes de tomar el tren. Entonces me sorprendió que de pronto, aquél hombre se levantara y colocara la bolsa con el sándwich, arriba de un bote de basura. ¿No le habrá gustado?... No, no era eso, porque ni siquiera había abierto la bolsa.

Me quedé bastante intrigado, más poco después mis interrogantes comenzaron a dispiarse. Me dí cuenta que aquél hombre seguía con la vista a una viejecilla encorbada que iba por los botes de basura sacando algunos desperdicios. Y de pronto llegó a donde estaba la bolsa con el sandwich. La abrió y mostró una gran sonrisa mientras sacaba su contenido. Seguramente traía hambre, porque de inmediato le dió la primera mordida y prosiguió su camino saboreando aquél exquisito manjar. Aquél generoso desconocido, también sonrió, luego se levantó de la banca y continuó su camino.

Nos encontramos luego en la estación del tren y no resistí la tentación de preguntarle el porqué no le había entregado el sandwich en mano a la anciana. El hombre se mostró un poco turbado, ni siquiera se dió cuenta que había descubierto su bondadoso acto. Un tato ruborizado me dijo: "Es que me agrada mucho ver la cara de sopresa que pone la anciana. Esa viejita siempre se sorprende, y me gusta ver como se pone feliz con su buena suerte. Además si se lo doy en la mano siento que la humillo". La verdad que me sorprendió aquél hombre con su delicadeza. Hasta para dar, hay que saber hacerlo.


Días después pasé por el mismo lugar y a la misma hora y ví de nuevo a este hombre sentado en la banca. A su lado había una bolsa de plástico con unas manzanas. Por supuesto que ya sabe usted que también aquella bolsa iría a parar a la basura. ¡Aun hay ángeles en la tierra!

UN NIÑO PROBLEMA


Albert era un auténtico problema. A sus cuatro años su lenguaje era tan deficiente que apenas lograba pronunciar correctamente algunas cuantas palabras, cuando otros niños a esa edad son capaces de construir frases completas. Al ingresar a la escuela, la verdad es que no le fue nada bien, su deficiente forma de comunicarse y su lentitud para asimilar el conocimiento le ocasionaron múltiples problemas.

Era un chico realmente extraño, no le gustaban los deportes, prefería arrinconarse por ahí, sin hacer amistad con nadie y le daba por hablar solo. Todo esto le fue reportado a su padre, quien le llamó fuertemente la atención a su pequeño. Nadie logró imaginar que ese niño problemático e inadaptado se convertiría con el tiempo en el genial Albert Einstein

LA FORTALEZA DE ALMUT

Almut, era una grandiosa fortaleza, que se encontraba en medio de los montes de Elburz, al norte del actual Iran, no muy lejos del mar Casio, donde el terreno árido y desolado se convierte en agrestes cordilleras y valles recónditos de una naturaleza exuberante. Al sitio se le conocía como “el nido del águila”, y era un lugar prácticamente impenetrable. Enormes paredes verticales de cientos de metros de roca impedían cualquier intento de acceder a la fortaleza por otro camino que no fuera el angosto pasadizo que llevaba a la puerta principal, siempre resguardada por fieles seguidores del que fuera conocido como “El Viejo de la Montaña”.
Se llamaba Hassan Ibn Sabbah, un líder fanático de la fe ismaelita cuyo corazón se encontraba lleno de odio y sed de venganza. Tiempo atrás había jurado vengarse algún día del visir Nizzam, debido al cual Hassan había perdido el favor del sultán. Y esta turbulento sentimiento le llevó a reclutar jóvenes de los míseros pueblos de la comarca para fundar su imperio. Estos jóvenes se sometían absolutamente a su voluntad, el cual los entrenaba e inflamaba en la defensa de su fe, con promesas de un paraíso que podía mostrarles en vida.
Hassan había construido en su fortaleza el jardín más hermoso del mundo. Tenía toda clase de frutos, alrededor de los más hermosos palacios de la tierra, llenos de pinturas de animales y pájaros.
Había cañerías que fluían algunas con agua, otras con vino y otras con miel. El sitio era atendido por hermosos muchachos y muchachas que sabían tañir, cantar y bailar. Ahí solía llevar a pequeños grupos de sus seguidores para que conocieran lo que era una pequeña parte del paraíso. Tan solo llevaba a tan hermoso lugar a aquellos jovencitos destinados a una misión importante. Días antes de partir, Hassan drogaba a los elegidos sin que se dieran cuenta y los trasladaba en trance hasta su réplica secreta del paraíso. Eran recibidos por las doncellas que los acompañaban con cantos, placeres y diversiones, de modo que tras aquella deslumbrante experiencia, estarían dispuestos hasta dar la vida con tal de volver al paraíso, ya que sabían que la muerte sería su ingreso directo a aquél portentoso sitio de maravillas.
Los sarracenos de la comarca creían verdaderamente que ése era el paraíso. Por ello se convirtieron en los más temidos asesinos de la región. El primero en caer ante aquélla turba de fanáticos fue Nizzam-el-Molk, de quien Hassan había jurado vengarse, luego le siguieron muchos otros poderosos, en una espiral de atentados que se multiplicaban con los años, a medida que se ganaban más adeptos para la causa ismaelita.
El terror se expandió por toda Persia y dice la leyenda que el mismo Omar Khayyam, el ilustre poeta, llegó un día hasta los pies de Hassan con la intención de hacerle desistir de su locura. A pesar de que Khayyam y Hassan habían sido amigos en su juventud, no logró doblegar las perversas ideas de “El Viejo de la Montaña”. Khayyam se retiró de Amat y jamás pudo despejar la profunda tristeza y desilusión que le embargaba, al ver un mundo que enloquecía a su alrededor.
Parecía que nada podía detener la terrible máquina de terror que venía de aquellas montañas malditas. Hasta que un día llegó un enemigo más poderoso y terrible: los mongoles. El año de 1277 sitiaron la grandiosa fortaleza. No podían acceder a ella, así que sencillamente se quedaron rodeándola hasta que cayera. Se acabaron los frutos, se secaron los jardines, se agotaron las provisiones y llegó el hambre y la enfermedad. El hermoso paraíso terrenal se convirtió en sitio de basura y podredumbre. Fue por ello que Hassan un día abrió las puertas y cayó desfallecido ante sus enemigos quienes ahí mismo le dieron muerte.

LA ESCALERA DE ALEJANDRO

Cuentan que Julio César se puso a llorar el día que cumplió sus 33 años. No era precisamente de felicidad, sino por no haber logrado igualar a esa edad las hazañas de Alejandro Magno, a quien admiraba demasiado. Alejandro fue el más grande líder de la historia. Falleció precisamente a los 33 años, más para entonces el logro de sus conquistas se había extendido hasta el Oriente.
Alejandro Magno fue inteligente, astuto hasta el extremo y emprendedor como pocos. Un joven impetuoso cuya audacia no tuvo límites, sintiéndose capaz de hacer cualquier cosa.
En cierta ocasión Alejandro debió enfrentar varios frentes abiertos y uno de los más importantes era una revuelta de las ciudades de Grecia que cada vez cogía más fuerza. Era de vital importancia llegar con su ejército desde Macedonia a tierras Helénicas y el camino más rápido era a través del Paso del Tempe que lo ocupaba un ejército de Tesalios. La única forma posible de soprenderlos era escalar el barranco del Monte Ossa para alcanzarlos por la retaguardia. Los generales que lo acompañaban rieron y no tomaron en serio tal propuesta, pero Alejandro totalmente decidido insistió con dureza. Con cierto cinismo no faltó quien le dijera que para lograrlo deberían de tener alas. Alejandro le respondió: “Vamos a esculpir a marchas forzadas una escalera sobre el peñasco y pasaremos”. Luego dio las órdenes pertinentes. Mandó traer a 500 mineros del Pangeo, a quienes prometió una excelente recompensa y la libertad si en diez días le hacían una escalera en la montaña y por el lado del mar, para no ser vistos.
El incentivo funcionó mejor de lo esperado, en siete días Alejandro tenía su escalera lista. En partes de madera y en partes tallada en la piedra. Aquella misma noche, la infantería Macedonia con Alejandro Magno al frente (quien fue el primero en subir), accedió hasta la retaguardia del ejército enemigo. Los Tesalios nada pudieron hacer cuando al amanecer se vieron totalmente rodeados por 3000 soldados con su Rey a la cabeza. El general de los Tesalios no quiso meterse en problemas con alguien capaz de tal hazaña y dejó pasar a las tropas de Alejandro sin que estas sufrieran una sola baja.
Cuando el hombre se decide no hay montaña alta ni obstáculo que sea capaz de impedirle conquistar su meta. Una excelente enseñanza para todos aquellos que pretenden ir más allá de lo imposible.

LA HORCA PARA MI HIJO (0008)

Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran estancia, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero. Lo que más le gustaba al hijo era hacer fiestas, estar con sus amigos y ser adulado por ellos.
Su padre siempre le advertía que sus amigos sólo estarían a su lado mientras él tuviese algo que ofrecerles; después, le abandonarían. Un día, el viejo padre, ya avanzado en edad, ordenó a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “PARA QUE NUNCA DESPRECIES LAS PALABRAS DE TU PADRE”
Mas tarde, llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo: - Hijo mío, yo ya estoy viejo y, cuando yo me vaya, tú te encargarás de todo lo que es mío... Y yo sé cual será tu futuro.
- Vas a dejar la estancia en manos de los empleados y vas a gastar todo el dinero con tus amigos. - Venderás todos los bienes para sustentarte y, cuando no tengas más nada, tus amigos se apartarán de ti. - Sólo entonces te arrepentirás amargamente por no haberme escuchado. - Fue por esto que construí esta horca.¡Es para ti!
- Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te dije, te ahorcarás enella. El joven se rió, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a supadre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así comosu padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió susamigos y hasta la propia dignidad.
- Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:Ah, padre mío... Si yo hubiese escuchado tus consejos... Pero ahora esdemasiado tarde.
- Apesadumbrado, el joven levantó la vista y vio el establo. Con pasos lentos, se dirigió hasta allá y entrando, vio la horca y la placa llenas de polvo, y entonces pensó:
- Yo nunca seguí las palabras de mi padre, no pude alegrarle cuando estabavivo, pero al menos esta vez haré su voluntad. Voy a cumplir mi promesa. No me queda nada más...
- Entonces, subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad...
- Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta... Era el fin. Sin embargo, la viga de la horca era hueca y se quebró fácilmente, cayendo el joven al piso.
- Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, perlas, rubíes, zafiros y brillantes,muchos brillantes... La horca estaba llena de piedras preciosas. Junto con todo ello cayó una nota. En ella estaba escrito: “Esta es tu nueva oportunidad. ¡Te amo mucho! Con amor, tu viejo padre.”
- Pese a todos los errores que un hijo comete, un padre siempre dará otra oportunidad a su hijo.

domingo, 8 de junio de 2008

DE LA VANIDAD HUMANA (0007)

Se cuenta de Don Pedro II, emperador del Brasil, que compadecido de ver tantos pobres enfermos que andaban tirados por las calles, o morían abandonados en míseras casuchas, se hizo el propósito de levantar en Río de Janeiro un gran hospital para poder dar cabida a todo necesitado: para esto acudió a los buenos sentimientos de su pueblo. Pero el pueblo no respondió al llamamiento como él esperaba y los ricos se hicieron de oído sordo.
¿Qué hizo entonces el monarca? Conociendo los deseos de los ricos plebeyos en acceder a un título nobiliario, hizo saber que todos aquellos que aportaran una cantidad considerable de dinero, para fines benéficos, serían condecorados por el Emperador con títulos nobiliarios de marqueses, duques y condes según fuese la cantidad del donativo.
Además todos los donantes serían homenajeados en una gran placa de mármol colocada al frente del nuevo hospital de beneficencia. Pronto se llenó la lista, y el levantar el hospital fue ya cosa de poco tiempo. El día de su inauguración, fue grande la expectación por ver la gran placa de mármol cubierta en terciopelo rojo, donde esperaban ver sus nombres esculpidos. Más cuando Don Pedro develó la placa, lo único que encontraron fue una frase en latín que decía “De la vanidad humana para la miseria humana”

EL COLIBRI (0006)

Se dice que los colibríes viajan hasta 3000 km en busca de alimento y humedad. Comen néctar de flores e insectos. Y como requieren tantas calorías por lo agitado de su vuelo, consumen un equivalente a lo que sería para una persona el ingerir 130 kg. de alimento en un solo día. Pueden vivir hasta 12 años, aunque su ciclo de vida regular es entre tres y cuatro años. Su velocidad de vuelo es de 48 km/h en vuelo normal y 80 km/h en escape.
En México y algunos países de América Latina, este hermoso animal, por desgracia, es cazado para efectos de brujerías y cosas por el estilo. Por ello casi me dio el infarto cuando fui por primera vez en mi vida a un tradicional mercado de mi ciudad, y vi bastantes colibríes disecados a la venta en un puesto de yerbas medicinales y artículos propios para la magia y brujería. Me pareció un crimen imperdonable.
Años después, entré a un pequeño restaurante, y después de haberle dado mi orden al mesero, abrí un libro y me puse a leer, pretendiendo hacer más amena la espera. Más no bien había comenzado la lectura, cuando de pronto entró al negocio un colibrí. Se quedó a medio restaurante batiendo sus alas, dejando a los presentes con las bocas abiertas y mudas por el asombro. ¿Qué hacía un colibrí ahí? Seguramente había entrado por accidente.
Después de unos breves momentos de mantener su vuelo estacionario, giró bruscamente dirigiéndose a una de las mesas, casi a la altura de los ojos de los comensales. Luego fue a otra y a otra, sin que nadie hiciera el menor intento de tocarlo. Todos sonreíamos con los ojos bien abiertos y llenos de incredulidad. ¡Que hermosísima avecilla. El colmo fue cuando con un rápido giro y ante mi total sorpresa se metió debajo de mi mesa, y al asomarme para buscarlo, con asombro me dí cuenta que se había parado, agarrándose con firmeza de la parte baja de mi pantalón.
Me sentí asombrado y lleno de desconcierto. Los clientes del restaurante se pusieron de pie para mirar lo que sucedía. Mientras yo, sin siquiera pensarlo un poco, extendí mi mano y lo tomé. El colibrí no opuso la menor resistencia, más todos los presentes pusieron cara de molestia y no faltó quién me suplicara que no le hiciera daño. Con aquél pequeño tesoro entre mis manos, me levante y abandoné la mesa, sintiendo la angustiosa mirada de todos sobre mí y su enorme desconcierto. Salí a la calle, y una vez ahí, abrí mi mano y lo dejé partir.
Pensé que volaría alejándose de inmediato del lugar, pero se metió de nuevo al restaurante, dio un rápido recorrido por entre las mesas, como para que todos lo disfrutaran de nuevo, y un minuto después salió del lugar, dejandonos a todos con una sonrisa en los labios y sin poder asimilar plenamente aquél insólito hecho.

MIGUEL Y MARIANA (0005))

Miguel era conocido de todos en la colonia. Traía siempre consigo un buen puñado de credenciales que supuestamente lo acreditaban como policía, lo cual le daba autoridad para notificarles a quienes se encontraba a su paso que si se portaban mal los llevaría a la cárcel. Por supuesto que todos le afirmaban ser buenos chicos, así que no había problema alguno.
También era muy común verlo con una revista de modas bajo el brazo, misma que le mostraba a todos los amigos, haciéndoles ver cuál sería el vestido que compraría para casarse con su amor eterno, Mariana, una guapa chica a la que adoraba y a quien jamás dejó de expresarle sus sentimientos.
Mariana lo quería mucho. Aunque era 20 años más joven que él, y además Mariana… tenía novio. Lo cual por supuesto no era muy del agrado de Miguel, quien se encelaba cuando la veía con el otro chico y amenazaba con traer una patrulla para que lo arrestaran, más las palabras dulces de Mariana, y su sonrisa cautivadora lograban aplacar el ánimo de su eterno enamorado y todo quedaba en paz.
Miguel nunca puso fecha para su boda con Mariana, siempre pregonaba que se casaría con ella, qué tipo de vestido le compraría e incluso invitaba a todos a la boda, más jamás les dijo cuando.
Un día a Miguel le detectaron cáncer y fue su enfermedad tan fulminante que en muy poco tiempo se consumió. Cuando ya se encontraba agonizante, Mariana llegó casa de Miguel acompañada de su mamá. Se acercó al lecho de su eterno enamorado y le hizo una pregunta: ¿Miguel quieres casarte conmigo?. La mirada de Miguel se iluminó cual si volviera a recobrar su plenitud de vida. Y apenas balbuceó un "Sí". Ella sacó de su bolso un par de anillos y en un momento lleno de emotividad, tomó la mano del moribundo y puso el anillo matrimonial en uno de sus dedos, mientras le decía: "Miguel, yo Mariana, te aceptó como mi esposo y prometo serte fiel por todos los días de mi vida". Después le dió a Miguel el otro anillo para que lo colocará en el dedo de Mariana. Él no fue capaz de pronunciar la promesa de matrimonio, solo balbuceó una frase ininteligible, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Después Mariana le dió un beso en la frente y así quedó sellado su compromiso. No hubo ningún ministro, ni juez, ni sacerdote presente. Ellos se unieron en matrimonio por la ley de su amor, hasta que la muerte los separara.
Miguel fue muy feliz aquél día, porque se cumplió su más grande anhelo. Al día siguiente falleció, cuando tenía 47 años de edad. Nunca llegó a viejo, porque siempre fue un niño a pesar de su edad. Era un niño Dawn.
BAJA EL AUDIO EN MP3
http://www.mediafire.com/?y0mgym1qkdy