sábado, 27 de diciembre de 2008

MAUSOLEO DE HALICARNASO

Después de un reinado tranquilo y feliz, falleció el rey Mausoleo de Halicarnaso. Bajo el mandato de este soberano, hubo prosperidad y paz, dos elementos esenciales para darle inmortalidad a un soberano. Se gano el amor y respeto de su pueblo, quien, junto con Artemisa, la viuda reina, vivieron momentos de profunda tristeza ante su fallecimiento.
Artemisa, como ha sido el caso de muchos amantes con gran poder, decidió construirle una grandiosa tumba que honrara su memoria. Su viuda decidió no reparar en gastos, para recordarle a la ciudad que nunca más tendrán un reinado tan dichoso como el que encabezó el rey Mausoleo.
Un numeroso contingente de trabajadores, esclavos y voluntarios, se dieron a la tarea de levantar el fantástico monumento. Sobre una superficie de 33 por 39 metros, la tumba fue levantada teniendo aproximadamente 50 metros de altura. Para completar la obra, los mejores escultores griegos de la época tallaron figuras y relieves en su estructura.
Aquél monumento fue tan esplendoroso, que se convirtió en una de las siete maravillas del mundo antiguo. Artemisa murió antes de que se concluyera la obra, y fue enterrada al lado de su esposo en aquella fantástica construcción, misma que luego fue llenada con fabulosos tesoros que el pueblo otorgó a sus soberanos como muestra de gratitud.
Pero el monumento no duró demasiado. 16 años después llegó el conquistador Alejandro Magno, y lo dejó prácticamente en ruinas. En el año de 1404 un terremoto terminó por echarlo al suelo. En el siglo XIV los Caballeros de San Juan lo terminaron de demoler y cargaron hasta con las piedras para la construcción del Castillo de San pedro de Halicarnaso. La tumba fue saqueada por los ladrones y hoy en día no queda ni rastro de todo ello..
La estatua superior se salvó y hoy en día es posible admirarla en el Museo Británico de Londres.
Pero el nombre de mausoleo hoy es sumamente popular, porque con su nombre se designa a las construcciones que se realizan sobre los sepulcros.

LOS CIEMPIES

Le llaman ciempiés a esos insectos rastreros que tienen una enorme cantidad de patas. No quiere esto decir que tengan exactamente cien pies cada uno de ellos. Dependiendo de la variedad es el número de patas con que cada especie cuenta: pueden tener desde 28 a 354. El ciempiés con mayor número de patas es el Himan-tarium gabrielis, que habita en Europa meridional y que llega a tener de 133 a 173 segmentos provistos de patas.
Por otro lado, no hay que confundir los ciempiés con los milpiés. El mayor número de patas registrado en un milpiés ha sido de 750 patas, en una especia que se encuentra en el estado de California.

JACK WHITTAKER, EL DESAFORTUNADO MILLONARIO

Todo estaba bien en la vida de Jack Whittaker, quien era un empresario exitoso de la construcción, que radicaba en una tranquila ciudad de West Virginia. Su matrimonio funcionaba perfectamente, era un cristiano devoto, que llevaba una vida totalmente en regla, y con una enorme adoración por su jovencita nieta, a quien dedicaba gran parte de su tiempo.
Una vida prácticamente perfecta, pero un día todo cambió, al ganarse 114 millones de dólares, ya libres de impuestos, en la lotería. Convertido de la noche a la mañana en millonario, su noble corazón adoptó una serie de medidas precipitadas: donó 7 millones de dólares a la iglesia, contribuyó en la construcción de un nuevo templo, apoyó además económicamente a un sacerdote, y, según calcula su abogado, repartió unos 20 millones de dólares en favor de los más necesitados.
Fue entrevistado en diversas ocasiones por la prensa y la televisión, ofreciendo siempre el mismo discurso: a él no le hacía falta el dinero, y solo deseaba que su esposa, su hija y su nieta aprovecharan su buena fortuna.
A su adorada nieta le compró un departamento, un automóvil, y le daba miles de dólares cada día. Después se dio cuenta que con esto lo único que logró fue echarla a perder, ya que en todo momento le exigía dinero para parrandas y más parrandas. No tenían fin sus exigencias. Así comenzaron sus problemas.
El señor Whittaker comenzó a hacer cosas que nunca hacía. Como el salir por la noche en búsqueda de diversión, lo cual propició que le robaran 545 mil dólares en efectivo y cheques de caja que había dejado en su camioneta, mientras se divertía viendo a las chicas en un antro nocturno. Además de que apostaba fuertes cantidades de dinero en esos lugares.
Los conflictos no tardaron en llegar. Amenazó de muerte al gerente de un bar que se hartó de sus exigencias. Un edecán lo demandó por un intento de violación. Fue a parar a la cárcel por conducir en estado de ebriedad y a exceso de velocidad, además de portar armas no autorizadas. Los ladrones saquearon su casa, su oficina y le robaron el auto. Pero lo peor aún estaba por llegar.
Dejó a su esposa por otra mujer, y lo más doloroso de su calvario fue que tras días de desaparecida, a finales del año pasado, encontraron el cadáver de su nieta en una camioneta fuera de la casa del que había sido su novio. Murió de una sobredosis. Unos meses antes, un amigo de ella había fallecido en la casa de los Whittaker por la misma causa.
Ante todo ello, Whittaker expresó: “Maldito dinero, ojalá nunca me hubiera ganado la lotería. Daría todo cuanto tengo por recuperar lo perdido”.
Después de haber leido semejante historia, yo le pregunto a usted: ¿Qué haría si se ganara 114 millones de dólares?

JUAN SOLDADO

Al anochecer del 13 de febrero de 1938, desapareció de frente a su casa la menor de ocho años Olga Camacho Martínez. En ese tiempo la ciudad de Tijuana era pequeña, contaba con no más de 19,000 habitantes, razón por lo cual todos los vecinos se conocían. Al día siguiente de la desaparición, la pequeña ciudad era un caos, todos los vecinos estaban buscando la niña y hacia las diez de la mañana del día siguiente unos niños encontraron el cuerpecito degollado y ultrajado de la menor.
Era tan pequeña la ciudad que fue fácil para la policía detener sospechosos, en el esclarecimiento del crimen contribuyó el agente Ed Dieckmann, jefe de dactilografía del condado de San Diego. En cuanto el investigador vio la escena del crimen se dio cuenta que era un crimen fácil de resolver ya que el homicida había dejado huellas por doquier. Incluso había huellas del calzado del asesino que tenían una especial particularidad, la huella marcaba un diamante en el centro de la suela del zapato.
Entre los sospechosos estaba Juan Castillo Morales, un soldado raso quien al ser encarado se desplomó, lloró y pidió perdón, confesó que había cometido el crimen bajo la influencia del alcohol y la mariguana. Su mujer relató al investigador que una semana antes había sorprendido a Juan en el intento de violar a una sobrina suya.
La noche en que desapareció la niña Olga Camacho, el soldado Juan apareció en la casa de su amasia manchado de sangre, se quitó la ropa y le pidió que la lavara. Al revisar la ropa la policía encontró fibras de tela que correspondían con las encontradas en las uñitas de la niña asesinada.
De alguna manera toda esa información se filtró y los vecinos se amotinaron exigiendo se les entregara a Juan para lincharlo, durante la revuelta fue incendiada la jefatura de policía y la oficina de gobierno de la ciudad, se habla de que hubo más de 100 detenidos que participaron en la revuelta.
De alguna manera la policía local se deslindó de los hechos, bajo el argumento de que el asesino era un militar y el crimen estaba fuera de su jurisdicción, la justicia cambió de rango, por lo tanto fue el Comandante de la plaza militar, el General Contreras en quien recayó el hacer justicia. Con las pruebas a la vista, la justicia militar optó por hacerle juicio militar sumario al asesino Juan Castillo Morales, a la vista del grave crimen que cometió y la confesión que hizo sin ningún tipo de presión, fue encontrado culpable y sentenciado a muerte por el tribunal militar
La ley fuga fue un tipo de ejecución muy utilizado en México durante el periodo de la
Revolución Mexicana que sacudió al país hace ya casi cien años. Dicha ejecución consiste en juzgar y sentenciar a muerte en forma expedita al reo, llevarlo al lugar de su ejecución, liberarlo de las ataduras y vendas, y darle la oportunidad de huir, si las balas del pelotón de fusilamiento no lo alcanzan durante la huida es hombre libre. Las posibilidades de salir con vida son casi nulas.
En cumplimiento de dicha ley el reo fue trasladado la mañana del 17 de Febrero de 1938 al panteón municipal, dando oportunidad al preso de correr en búsqueda de su salvación antes de ser abatido. Eso ocurrió a la vista de los vecinos de la ciudad que se congregaron en las partes altas del panteón para atestiguar la muerte de Juan.
Así terminó sus días el violador y asesino Juan Castillo Morales, pero la historia no terminó ahí. Hay un antiguo rito moro en el que los agresores lanzan piedras a la tumba de la víctima pidiéndole perdón, eso fue lo que pasó con Juan, la gente comenzó a lanzar piedras a la tumba, de alguna forma sentían que de esta manera aplacaban su sentimiento de culpa, más luego no faltó quien dijera que Juan hacía milagros; agregando alguien más que Juan era inocente y que el verdadero culpable era un Capitán del ejército. Así nació el culto a Juan Soldado, el santo de los inmigrantes.
Actualmente en el viejo panteón de Puerta Blanca existen dos pequeñas capillas dedicadas a Juan Soldado, la primera está el fondo del panteón, sobre el lugar en donde murió abatido, la segunda capilla está por el pasillo principal, casi al ingresar y es donde se dice que está sepultado, en ambas capillas le rinden culto personas que tienen problemas para ingresar a
Estados Unidos o se dedican al tráfico de personas en la frontera. Ambas capillitas están repletas de ex-votos y cartas de agradecimiento por supuestos favores y milagros recibidos.
En cambio, la tumba de la niña Olga Camacho Martínez permanece en el olvido. Por alguna razón tanto la niña como su victimario fueron sepultados en el mismo panteón, posteriormente la familia de la niña Olga cambió su restos al panteón número dos de Tijuana en donde aún yacen y su tumba se conoce entre quienes conocen la historia de su muerte como la "tumba olvidada".

ADOLPHE SAX

Joseph Sax se sentía más que satisfecho con su pequeño hijo. En lugar de ponerse a jugar, se la pasaba en el taller de su padre jugando a hacer instrumentos musicales. Joseph le tenía paciencia al pequeño Adolphe y poco a poco lo instruyó en el arte de fabricar guitarras, pianos e instrumentos de metal. Y resultó tan bueno el pequeño que a la edad de seis años ya era capaz de construir sus propios instrumentos.
Adolphe Sax estudió en la Escuela Real de Canto, de Bruselas, prosiguiendo luego con el estudio del clarinete y la flauta en el Conservatorio de esta ciudad. Se inclinó por ser clarinetista.
A los 12 años ya era todo un experto técnico en la creación de instrumentos, y cuando solo contaba con 16 años, construyó dos flautas y dos clarinetes en marfil que presentó en la Exposición de Bruselas de 1830. A los 25 años confeccionó un clarinete bajo con importantes mejoras sonoras y de afinación.
Por esa época, el joven viajó a París y allí conoció a importantes músicos como Meyerbeer y Berlioz, haciendo gran amistad con este último, de quien obtuvo importante ayuda durante toda su vida. Por razones económicas tuvo que volver a Bruselas, donde se puso a dirigir el taller de su padre.
Entonces nació su obsesión: inventar un instrumento de viento que, por el carácter de su sonido, pudiera aproximarse a los instrumentos de cuerda, pero que tuviera más fuerza e intensidad.
Siendo clarinetista, estaba inconforme con el clarinete que, según él, no le permitía expresarse como deseaba. El joven buscaba un instrumento similar, pero con algunas características del oboe.
Percibiendo las imperfecciones del clarinete, se dedicó a remediarlas y empezó a concebir la idea de construir un instrumento que tuviera la fuerza de uno de metal y las cualidades de uno de madera.
Después de un intenso trabajo de pruebas y experimentos sobre modificaciones para lograr una mayor calidad de sonido, Sax consiguió crear lo que después se llamó el saxofón, denominado así al combinar el apellido de su creador con el sufijo griego phonos, que significa sonido.
A los 26 años, Adolphe Sax presentó su nuevo instrumento, tocándolo por primera vez en público en agosto de 1841. Pero desgraciadamente fue despreciado y ridiculizado. Y tan mal estuvo la situación, que lo dejó en una esquina, donde alguien, no se sabe si por accidente o con premeditación, le dio un puntapié y lo mandó volando a medias de la sala, provocando las risas de todos los presentes.
Partió luego a París, con su saxofón colgado al hombro y sin una sola moneda en el bolsillo. Más Berlioz lo recibió y apoyó como lo sabe hacer un gran amigo.
Adolphe abrió una tienda de instrumentos en la capital francesa, donde comercializaba sus mejores creaciones, pero nadie compraba su saxofón. Berlioz pasaba mucho tiempo en la tienda, y hacia pregunta tras pregunta sobre el saxofón, queriendo que Adolphe lo tocara una y otra vez. Luego Berlioz escribió un extenso artículo sobre el instrumento en una revista especializada, donde alababa con entusiasmo la novedosa creación, diciendo textualmente: “Yo no conozco actualmente ningún instrumento que pueda comparársele en rendimiento. Su sonido es pleno, delicado, vibrante, de una fuerza enorme, siendo a la vez susceptible de tocarse dulcemente. El sonido del saxofón es tan dulce como un ángel”.
Aquellos comentarios levantaron la polémica, muchos en contra, pero también hubo muchos a favor. Poco después Berlioz adaptó una de sus obras, el “Himno Sacro” para un conjunto de seis instrumentos, todos ellos inventados por Adolphe Sax, en el que incluía un saxofón bajo que tocó su creador en la Sala Hertz de París en febrero de 1844, bajo la dirección del genial maestro.
Los elogios de Berlioz luego fueron apoyados por otros dos grandes maestros. Rossini, tras oirlo expresó: “Nunca he escuchado nada tan bello”. Meyerbeer, por su parte, señaló: “Es para mí el ideal del sonido”.
Aplicando la experiencia de su padre, Adolphe Sax logró una familia de saxofones de siete miembros: sopranino, soprano, alto, barítono, bajo y contrabajo. Consiguiendo patentar sus creaciones en París el 21 de marzo de 1846.
Los fabricantes de instrumentos parisinos vieron una seria amenaza en Adolphe Sax, por lo cual interpusieron contra él varias demandas, aduciendo que su saxofón era plagio de algunas de sus creaciones. Sax pasó diez años peleando en los tribunales contra estos buitres. Mientras tanto el saxofón comenzaba a generar ventas.
Ante la imposibilidad de doblegarlo, le incendiaron sus talleres, y fabricaron burdas imitaciones, de pésima calidad, falsificando su firma para desprestigiarle. Más Adolphe siguió adelante.
Sax tenía muy buena relación con el general Rumigny, quien estaba a cargo de las bandas de la Armada Francesa. Y a quien le propuso incorporar el instrumento a las bandas militares. La propuesta fue aceptada, y el sonido de las bandas mejoró muchísimo, lo cual multiplicó las ventas de Adolphe con su instrumento, pero también multiplicó la ira de sus competidores.
En 1948 llegaron los cambios políticos y sus enemigos lograron que los saxofones fueran retirados de las bandas francesas. Volvieron con sus demandas y en tres ocasiones lo pusieron en bancarrota. Más valiéndose de sus amistades, el inventor consiguió que un decreto imperial los reincorporara, surgiendo nuevamente la indignación de sus adversarios. Su triunfo definitivo llegó en 1854, Adolphe Sax fue nombrado “Fabricante de Instrumentos Musicales de la Casa Militar del Emperador”.
En 1857 se crearon cátedras especiales para integrantes de las bandas militares en el Conservatorio de París y Sax fue nombrado profesor de saxofón. En 13 años se formaron en ella 130 saxofonistas y se compusieron más de 30 obras, escritas en su mayoría por directores de bandas. El inventor comenzó a recuperarse económicamente. Recibió una indemnización de 200,00 francos por daños y perjuicios, pagados por uno de sus más fieros rivales, quien fabricaba ilegalmente instrumentos patentados por Sax.
Se asoció con dos empresarios, pero estos, por su inexperiencia e incapacidad lo mandaron a la bancarrota, obligándole a vender todo cuanto poseía para saldar sus deudas.
Más tarde pudo recuperarse en cierta medida, gracias a la ayuda de sus amigos y seguidores, creando una fábrica de instrumentos, en la cual continuó perfeccionando día a día sus inventos.
En sus años de vejez, Sax vivía en la pobreza total. Un grupo de influyentes compositores franceses, entre los que se encontraba Camille Saint-Saëns, pidieron al ministro francés de Bellas Artes que le ofreciera apoyo económico, por lo que sus últimos días los pasó dependiendo de una pequeña pensión.
Olvidado y solo, Adolphe Sax murió en París el 7 de febrero de 1894, a los 79 años.
Aproximadamente 30 años después de su muerte, el saxofón conquistó al mundo, al convertirse en el instrumento líder del Jazz, para luego ser adoptado por muy diversos géneros musicales.

HIGIENE Y PERFUMERIA

En cuestiones de aseo y belleza los hombres y “las mujeres” han tenido cada ocurrencia, que visto desde nuestra actual posición bien puede provocarnos risa, escalofrío o incluso repulsión. Nada más para que se de una ligera idea de lo que hacían nuestros antepasados, permítame decirle que los romanos se lavaban los dientes con orines y si eran de origen español, mucho mejor. La verdad no entiendo ni como conseguían los orines flamencos, ni me puedo imaginar el sabor que les quedaba en la boca después de semejante tratamiento.
Las mujeres griegas por su parte se hacían sus buenas mascarillas para pasar la noche, a base de carbonato y miel. Al levantarse se lavaban la cara con agua fría y volvían a embadurnarse el rostro con otra capa de carbonato muy diluido, lo que les daba una blancura tal, que hoy provocarían la envidia de un payaso. Complementaban la obra, aplicando con un pincel un tinte rojo diluido en vinagre, extraído de una flor espinosa de Egipto, que era muy cara. Y terminaban el maquillaje con toques de carmín en los labios y en los pechos. Y como las rubías estaban de moda ya desde ese tiempo, se teñían el pelo con zumo de azafrán, o de plano se ponían su peluca de color trigo.
Cleopatra fue para eso del maquillaje toda una experta, incluso escribió un tratado de belleza, hoy perdido, pero se conocen algunos fragmentos de él a través de otros escritores contemporáneos. Y por ello se sabe que se pintaba los párpados de color verde, usaba pestañas postizas y coloreaba las mejillas con una mezcla de rojo y bermellón. Previamente se había bañado con leche de burra mezclada con miel, y para disimular esas patitas de gallo de los ojos, usaba una crema a base de pulpa de albaricoque.
La leche de burra ha de ser muy efectiva, porque Popea, mujer muy amada por Nerón, acostumbraba llevar en todos sus viajes un rebaño de trescientos de estos animales para ser ordeñados cada mañana. Para luego proceder a darse un baño tibiecito y reparador para enfrentar las fatigas del día. Me imagino que tenía muchos pajes a su servicio por aquello de las moscas.
La lanolina, tan usada hoy en día para la perfumería y la cosmética, era conocida por las damas romanas. Se sacaba de la lana de las ovejas y se perfumaba fuertemente para evitar su olor original. Una esclava llenaba su boca de perfumes que esparcía sobre el rostro y el cuerpo de la dama a la que servía.
Petronio, quién vivió allá por el siglo I, describe a una dama en su obra Satiricón de la siguiente manera: «Sobre su frente bañada por el sudor fluía un torrente de aceites, y en las arrugas de sus mejillas había tal cantidad de yeso que se hubiese dicho que era una vieja pared decrépita surcada por la lluvia.
También por aquellos tiempos se consideraba hermoso que las cejas se juntasen sobre la nariz, para ello las mujeres usaban un compuesto de huevos de hormiga machacados con cadáveres de moscas.

EL LAPIZ

El año de 1564, una violenta tempestad derribó un enorme árbol en una población llamada Borrowdale en Inglaterra. La caída del árbol dejó al descubierto una masa de cierta sustancia negra de aspecto mineral. Los pastores de la localidad utilizaron pedazos de aquél material para marcar sus ovejas. Otros lugareños más astutos comenzaron a cortarlo en forma de varitas, que luego vendieron en las calles de Londres con el nombre de “piedras de marcar”, mismas que fueron utilizadas por los tenderos para hacer sus letreros en las cajas de frutas y mercancías.
No tardó el rey Jorge II en incautar el lugar y comenzar a explotar el mineral, que no era otra cosa que grafito. Mismo que fue utilizado para dar forma precisa a las balas de los cañones. El rey fue muy estricto con aquel valioso mineral. Y se registraba a los trabajadores meticulosamente para que no se lo robaran. Pero, como siempre suele suceder, la gente se las ingeniaba de una y mil formas para poder llevárselo a casa.
Aquellas barritas de grafito utilizadas para marcar y escribir tenían grandes deficiencias: se rompían con facilidad y manchaban las manos. Algún genio desconocido resolvió el problema enredando un cordel a todo lo largo de la varita y de esta forma se realizó el antecesor del lápiz, tan común hoy en día.
Un francés llamado Jacques Conté, un químico de reconocida fama, fue comisionado por Napoleón para que encontrara la forma de fabricar lápices, los cuales eran algo exclusivo de Inglaterra y Alemania. Pero el grafito de Francia era de inferior calidad, así que Conté le añadió arcilla a modo de complemento y coció su mezcla en el horno. Aquélla fórmula dio resultados espectaculares, ya que resultó ser mucho más eficaz que el grafito puro, logrando una mayor dureza que impidió el que se quebrara con facilidad.
El trabajo lo completó un carpintero e inventor de Massachussets, quien fabricó en su taller una máquina capaz de moldear la madera para introducir en ellas los pequeños cilindros de grafito y a continuación pegar dos secciones de ellas para darle forma a los lápices. Tal y como hoy los conocemos.
Ahora se consigue el mejor grafito del mundo en Sri Lanka, Madagascar y México; mientras que la arcilla para darle la dureza requerida, la mejor es de Alemania; la goma de borrar proviene de Malasia; y la madera más adecuada para los lápices es de cedro de California.
En la actualidad se producen más de 300 tipos de lápices diferentes. Y su uso es tan generalizado, que todos los grandes sueños y proyectos del hombre han comenzado con uno de estos pequeños utensilios en la mano.

LAS FRASES DE ALBERT EINSTEIN

No cabe duda que Albert Einstein fue un ser realmente extraordinario en todos los sentidos. He aquí una interesantísima colección de frases de su autoría, a ver que te parecen:
"Solo usamos el 10% del cerebro. "
"Grandes almas siempre se han encontrado con una oposición violenta de mentes mediocres. "
"Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad."
"No intentes ser un hombre de éxito. Intenta ser un hombre de valor."
"Si perdemos el sentido del misterio, la vida no es más que una vela apagada."
"La energía no se crea, siempre existe, y no se destruye, solamente se transforma por medio del pensamiento o voluntad de quien la maneja."
"Si la gente es buena sólo porque temen al castigo y porque esperan una recompensa, entonces verdaderamente somos dignos de lástima."
"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir."
"Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro."
"El propósito de la Educación debe ser entrenar individuos pensantes e independientes, quienes a su vez, deben ver en prestar un servicio a la comunidad su más alta aspiración en la vida."

Cuando, a consecuencia de su famosa ecuación E= MC 2, se creó la bomba atómica que luego fue utilizada contra Japón, Einstein dijo:

“La liberación del poder atómico ha cambiado todo excepto nuestra forma de pensar... la solución a este problema yace en el corazón de la humanidad. Si hubiera sabido esto (lo que pasaría con las bombas atómicas sobre Japón), me habría dedicado a la relojería."
"La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento."
"El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad."

viernes, 5 de diciembre de 2008

HIENRICH SCHLIEMANN, EL DESCUBRIDOR DE TROYA

Aquélla navidad era distinta, Hienriech Schliemann apenas había cumplido nueve años y ya había perdido a su madre; la ilusión de tener un hermanito quedó truncada; en el parto murió su madre y el bebé.
El padre de Hienriech, quien era el pastor del pueblo, se dio cuenta de la tristeza que anidaba en el corazón de su hijo y por ello le regaló un hermoso libro ilustrado, donde se relataba con lujo de detalles la historia de Troya. Uno de los grabados le impactó mucho: la ciudad ardiendo cuando fue tomada por los ejércitos de la antigua Grecia. ¿Aquella historia era cierta o solo una leyenda, una fantasía de Homero?. Hienriech siempre creyó que era verdad.
Su primer trabajo fue como ayudante de un tendero; ahorró cuanto pudo y de forma autodidacta comenzó a aprender idiomas, principiando por el griego, porque deseaba leer la Iliada de Homero en su idioma original. Era un chico bastante inteligente, con sus ahorros comenzó a realizar algunos negocios y le fue bien. Bastante bien!, tanto que se convirtió en hombre acaudalado que viajó a muchos países del mundo. A los cuarenta años, ya con una fortuna bastante cuantiosa, dejó todo, se fue a Estados Unidos y adquirió la ciudadanía estadounidense. El era alemán, pero en realidad se convirtió en ciudadano del mundo.
Se había casado con una mujer rusa, más la esposa le resultó con tan mal genio, que en cuanto le fue posible consiguió el divorcio y se separó de ella. Tiempo después viajó a Atenas y puso un anuncio en el periódico buscando una mujer griega. La solicitaba pobre, bella, de carácter amable y que conociera las obras de Homero. Muchos requisitos difíciles de reunir, Pero curiosamente fueron muchas las cartas recibidas de chicas que reunían los requisitos. Se decidió por una tal Sofía, una hermosa mujer de tan solo 16 años, que bien podía haber sido su hija, más logran tal entendimiento que la relación culminó en matrimonio, teniendo luego con ella un par de hijos, Agamenón y Andrómaca.
Una tarde de agosto del año 1868, Hienriech se encontraba sentado en la terraza de una casa, enfrascado en la lectura de la Iliada, en la ciudad de Yenitsheri, al noroeste de Turquía, cuando volvió a surgir su gran deseo de encontrar la ciudad de Troya. Schielmann estaba convencido de que las antiguas ruinas de la ciudad se hallaban enterradas bajo un pequeño montículo artificial próximo a la ciudad turca de Hissarlik. No pudo esperar más tiempo, solicitó el permiso correspondiente, mismo que le fue otorgado debiendo guardar ciertas restricciones. Sus excavaciones se iniciaron en abril del año siguiente. Por espacio de tres años, un ejército de 100 hombres, equipados únicamente con palas, cavaron enormes zanjas en un montículo de 10 m de altura, demoliendo paredes y otras estructuras que no despertaban el interés de su contratista.
Encontró ruinas, pero estas no tenían la antigüedad que el precisaba, así que siguió escarbando, creía que bajo aquellas ruinas yacían sepultadas al menos cuatro ciudades y que su Troya anhelada se encontraba en el segundo nivel, empezando desde abajo, pero las ruinas encontradas en ese nivel no tenían la extensión suficiente como para representar a la Troya descrita por Homero, con sus grandes torres y murallas. Por ello fue que prosiguió realizando la excavación.
El 14 de junio de 1873, al cabo de dos años de trabajo, se encontró con un fabuloso tesoro: un enorme acervo de 8.700 objetos de oro, copas, jarrones, pulseras, y la más grande maravilla: una diadema elaborada con 16.000 piezas de oro macizo.
Con lágrimas de emoción en los ojos coronó a su bella esposa con la diadema, la abrazó y gritó: «Cariño, este es el momento más bello de nuestras vidas. Luces la corona de Helena de Troya».
Schliemann no cumplió su solemne promesa de permitir a los funcionarios turcos que examinaran cualquier hallazgo de interés, y trasladó rápidamente a Atenas los tesoros descubiertos en Turquía.
Pero Schliemann estaba en un error. Aquella ciudad no era Troya, sino otra aún más antigua. Y la diadema, que pertenecía aproximadamente al año 2300 antes de J.C., correspondía a otra princesa que vivió más de 1.000 años antes del nacimiento de Helena.
Hoy se sabe que la Troya de Humero fue destruida hacia el año 1250 antes de J.C. y que Schliemann había pasado sobre sus cenizas al excavar las 57 capas. El tesoro que había encontrado pertenecía a otra ciudad. Antes de morir, Schliemann tuvo noticia de su error.
Sin embargo, los arqueólogos posteriores le reconocen la gloria de haber hallado el emplazamiento de la famosa ciudad y de haber demostrado, ante un mundo escéptico, que Troya no era una fantasía. Hizo mucho este hombre, para haber iniciado como un simple mocito de una tienda.

EL HOMBRE DE PILTDOWN

A principios del siglo XX, la teoría de la evolución de Darwin había ganado demasiados adeptos; no pareció nada descabellada la idea de que el hombre fuera un descendiente de los primates, pero había algo que hacía falta. Hasta la fecha no se había encontrado ningún resto paleontológico que confirmara la veracidad de esta tesis. Los evolucionistas venían deseando, desde que se formuló la teoría de la evolución, encontrar el eslabón perdido, más este no aparecía en ninguna parte. Más en 1912 se realizó en pleno centro de Inglaterra, en una cantera de grava situada en Piltdown, Sussex un hallazgo totalmente revelador.
Charles Dawson, paleontólogo aficionado y recolector de fósiles para el Museo Británico, encontró un cráneo que inequívocamente pertenecía a un homínido, en un terreno que supuestamente databa de comienzos del Pleistoceno (la edad adecuada para encontrar un "eslabón perdido"). Inmediatamente, otros paleontólogos, entre los cuales se encontraba el joven Teilhard de Chardin se unieron a las excavaciones, y el Hombre de Piltdown, pasó a ocupar un lugar de honor en nuestra, por aquel entonces, exigua lista de antepasados.
En aquellos años, los restos fósiles de homínidos se reducían a algunos restos de Neanderthal y de Cro-Magnon, que claramente estaban mucho más próximos al hombre moderno que el cráneo hallado en Piltdown. Éste presentaba una mandíbula simiesca, unida a un cráneo con una capacidad cerebral comparable a la del Homo sapiens, es decir, exactamente lo que cabía esperar, según las teorías de la época, para el deseado eslabón perdido.
El Hombre de Piltdown provocó la admiración de los paleontólogos más brillantes de la época, aunque, 40 años después, se comenzó a sospechar que no encajaba con los hallazgos posteriores y genuinos de Australopithecus en Africa y Homo erectus en China. Los antropólogos comenzaron a desconfiar de la veracidad del cráneo de Piltdown, de modo que, armados con las nuevas herramientas de datación (en concreto, la determinación del flúor y del contenido en materia orgánica remanente en los huesos), descubrieron la verdad.
El supuesto fósil era un hábil engaño. Alguien había unido un cráneo de hombre moderno (posiblemente perteneciente a un indio Ona de unos 620 años de antigüedad) con una mandíbula de orangután (de unos 500 años de edad), los había sometido a un proceso de envejecimiento mediante productos químicos y había enterrado el conjunto en la cantera de Sussex, en donde había sido encontrado por Dawson.
Posiblemente, nadie sabrá nunca quién fue el autor del engaño, ni siquiera los motivos por los que se llevó a cabo. Los distintos estudiosos del tema han propuesto como sospechosos a prácticamente todas las personas involucradas de una u otra forma en el hallazgo o en el estudio inicial de los huesos, e incluso a personas relacionadas de refilón con el caso, como el escritor Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, aficionado a la Paleontología, pero también muy dado a los misterios y a las bromas.
Lo cierto es que el fraude de Piltdown consiguió engañar a los científicos porque cumplía todos los requisitos para encajar en la teoría de la época, que suponía que la capacidad craneal del hombre habría aumentado antes de que abandonara su aspecto simiesco. Los hallazgos posteriores vendrían a echar por tierra esta teoría sin ninguna base.
Así que el eslabón perdido sigue así: perdido.

MARCO CURCIO

La tradición romana cuenta que en el año 363 a.C. surgió repentinamente una enorme grita en el suelo de Foro. De aquella fosa surgía un enorme calor como si un gran fuego se encontrara en el fondo. De inmediato se reunieron todos los sacerdotes para preguntar a la divinidad el paso a seguir para resolver semejante y peligrosa situación. Poco después le comunicaron a la comunidad que únicamente se cerraría la fosa si se arrojaba a su interior el más precioso de los tesoros de Roma.
Todos comenzaron a preguntarse cuál sería el tesoro más valioso que poseían. Se pensó en el oro y las joyas, en arrojar sus mejores estatuas, de las cuales tenían una buena cantidad y muy bien realizadas; no faltó quien propusiera arrojar todas sus armas, porque aquello era demasiado valioso, ya que les servía para defenderse… Y así, todo mundo fue dando su opinión para resolver el problema y aplacar la ira de los dioses.
Entonces apareció el joven patricio Marco Curcio, quien ante la multitud congregada manifesto que Roma no poseía tesoro más valioso y digno que un generoso y valiente ciudadano. Por ello, montó luego sobre su caballo y se lanzó al fondo del abismo, el cual se cerró inmediatamente sobre él.
Excavaciones recientes descubrieron en el Foro de Roma un pozo sagrado llamado lago de Curcio.

BULWER LYTON Y LA TIERRA HUECA

El escritor inglés, Bulwer Lytton, más conocido por su novela “Los últimos días de Pompeya”, publicó en 1871 un curioso libro titulado: “La raza que vendrá”, y en él cuenta sobre un extraño viaje al interior de la Tierra, ocurrido a principio del siglo XIX, comenzado en unas minas abandonadas en Inglaterra, desde las cuales, y a partir de una galería subterránea secreta, el protagonista de su novela llega a un mundo subterráneo, habitado por unos hombres de una mente súper-desarrollada que el protagonista llega a considerar como semidioses, y que poseen una energía que supera lo imaginable, denominada energía Vrill.
Según la novela de Lytton, su capital
Shamballah, se hallaba en el interior de la Tierra. Los antepasados de esos seres procederían de la superficie exterior de la tierra, habiendo encontrado el acceso a su interior tras terribles terremotos y cataclismos en la superficie exterior del planeta.
En 1816 todos los miembros del Congreso de los Estados Unidos, los rectores de muchas universidades y varios letrados y licenciados de varios estados, recibieron una extraña carta. Estaba firmada el día diez de Abril de 1816 en Saint Louis territorio de Missoury por el capitán de infantería
John Cleves Symnes y, se dirigía a los más altos estamentos de la joven nación, en los siguientes términos:
Aunque obviamente, el “Mundo” rechazó la generosa oferta de Symnes, éste popularizó numerosas conferencias y tuvo un gran impacto en la opinión pública de la época e incluso llegó a hacer una modesta carrera política; dejando a su muerte numerosos apuntes y un pequeño modelo de madera de la “Tierra Hueca”, que se exhibe actualmente en la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia.
Hasta el momento nadie ha dedicado ni el más mínimo esfuerzo para corroborar lo dicho por Symnes. La gente supuso que lo único que estaba hueco era su cabeza.

WANGARI MAATHAI: PLANTANDO ARBOLES

En 1966 Wangari regresó a Kenia, su tierra natal, después de haber permanecido casi seis años en los Estados Unidos atendiendo una beca que se le había concedido en la Universidad de Pittsburg, donde obtuvo un máster de Biología. A la llegada a su comunidad se quedó espantada al ver como habían talado gran parte de los bosques. Las fuertes lluvias se habían llevado las capas fértiles del suelo, el cieno atascaba los ríos y los fertilizantes estaban eliminando los nutrientes de la tierra. Estaba totalmente segura que se avecinaba una gran catástrofe ecológica para su pueblo. Había que detener de inmediato la tala inmoderada de los bosques y proceder a reforestar las tierras dañadas.
El proceso fue largo y penoso, en primer lugar intentó convencer a su gente sobre la gravedad del daño que se había ocasionado, solicitando su apoyo para realizar la enmienda. Poco caso le hicieron los hombres de la comunidad, más las mujeres fueron más sensibles a la situación, sobre todo porque siendo la mujer la encargada de preparar los alimentos en el hogar, con la deforestación se vio obligada a recorrer mayores distancias para encontrar la leña necesaria para hacer el fuego del hogar, lo cual les estaba ocasionando mayores problemas para atender a sus hijos y recolectar los frutos requeridos para su alimentación.
Wangari fundó una organización a la que llamó Movimiento Cinturón Verde, apoyado casi exclusivamente por las mujeres de Kenia. Al frente de esta organización se dio a la tarea de plantar miles de árboles en los campos deteriorados. Dicho programa, combina desarrollo comunitario y protección ambiental y propaga entre los miles de kenianos que viven en la pobreza la simple idea de que plantar árboles mejorará sus vidas, la de sus hijos y sus nietos.
El gran problema fue que mientras Wangari promovía la reforestación, los depredadores continuaban con su tala inmoderada, así que hicieron una fuerte oposición para detener el daño. Por supuesto que esto le acarreó grandes problemas. Se enfrentó al mismo presidente de su país, Daniel Arap Moi, quien estaba tras de todo aquél daño ecológico.
Wangari fue difamada, enfrentando una fuerte campaña en su contra. Más esto no bastó para disuadirla, así que luego fue detenida, golpeada y encarcelada. Sin embargo, se negó a ceder en su convicción de que el pueblo debía ser el encargado de cuidar sus recursos naturales, en lugar de los corruptos compinches del Gobierno, que recibían y saqueaban grandes extensiones de tierra.
En 1986, el movimiento de Wangari Maathai impulsó una Red Panafricana, logrando que se expandieran sus planes de replantación de árboles en más de 30 países de Africa, entre ellos Etiopía, Malawi, Tanzania, Uganda y Zimbawe.
En 1982 apoyó la formación del grupo Foro para la Restauración de la Democracia en su país y esto le acarreó un sinnúmero de problemas, por oponerse al gobierno. Pero continuó la lucha. En 1992 se puso en huelga de hambre exigiendo la liberación de algunos presos políticos, y el gobierno respondió a sus exigencias con palos.
Se opuso en 1998 a la realización de un importante proyecto de construcción en Africa, porque esto dañaría gravemente la ecología. La situación se tornó grave y complicada, tan solo que esta vez la revista Time escribió un extenso reportaje sobre ella, llamándole “Héroe del Planeta”, lo cual colocó su lucha ante los ojos de la comunidad internacional cambiando drásticamente el panorama.
Su proyección fue más lejos aún al levantar su voz defendiendo la condonación de la deuda externa del Tercer Mundo.
El año 2002 triunfó el grupo opositor en su Kenia y de inmediato el presidente Mwai KIbaki la nombró viceministro de Medio Ambiente, Recursos Humanos y Vida Salvaje. La verdad es que a Wangari jamás le interesó la política, pero encontró en ello un excelente medio para cumplir con sus objetivos.
Hasta la fecha, esta mujer de 65 años, ha logrado que se planten más de 20 millones de árboles en Africa. El 10 de diciembre del 2004, en Oslo, Noruega, le fue concedido el premio Nobel de la Paz a esta africana, Wangari Maathai, por su gran esfuerzo en pro de la ecología y el bienestar del continente africano.
Reflexionando un poco sobre todo esto quisiera preguntarle ¿Usted ya plantó un árbol?. Aunque sea uno solo. Si no lo ha hecho, por favor aún es tiempo, ay se lo encargamos.

LOUIS ARMSTRONG

El padre de Louis era un alcohólico desobligado que se pasaba largas temporadas fuera de casa, así que su madre trabajaba en lo que podía: lavando trastes, de recamarera, e incluso algunos afirman que de “mujer galante”. Así que el chiquillo se la pasaba de juerga por las calles de su natal Nueva Orleáns, conviviendo con la pandilla del barrio y dedicándose a realizar infinidad de diabluras. Sorteaba la hora de la comida con un pedazo de pan duro, café, y si le iba bien, alguna cosa que encontraba en los botes de basura. Su situación era realmente lamentable.
Pero con los amigos el hambre se disipaba. Entre ellos había que presumir de arriesgado y valiente, así que cuando Louis encontró la vieja pistola que su padre abandonó bajo el raído colchón, se le hizo muy fácil sacarla para festejar la noche de fin de año. Con ella realizó unos disparos al aire en presencia de sus amigos, más para su desgracia en aquellos momentos apareció un policía que lo capturó y llevó a los tribunales. Su madre nada pudo hacer. Aunque lo quisiera. La gente pobre y de raza negra no tenían prácticamente ningún derecho en los tribunales. Así que el pequeño Louis, de tan solo doce años, fue a parar a una cárcel para menores infractores.
Louis se sintió triste y asustado, así que decidió portarse bien, y lo hizo. La vida era monótona y aburrida en el reclusorio, así que se esforzó cuanto pudo para ser admitido en la banda del lugar. El director musical, viendo su gran empeño, decisión y buena conducta le cedió una corneta, luego comenzó a enseñarle la forma de usarla.
El chico se sintió fascinado, como niño con juguete nuevo. A partir de ese momento la corneta se volvió su inseparable. Al maestro Meter Davis le fascinaba ver el entusiasmo y entrega de Louis. Pronto se convirtió en el más destacado de sus alumnos.
Cuando se cumplió la sentencia y Louis debió ser liberado, el jovencito se llenó de tristeza, ya que sabía que al salir le sería muy difícil conseguirse otra corneta. Pero su maestro tuvo un gran detalle. Le dijo que podía llevársela, con la condición de que cuando ganara algo de dinero y pudiera comprarse una, volviera y se la regresara.
Louis salió a la calle lleno de felicidad y con una meta en su vida. Sería un gran músico, y ganaría dinero, mucho dinero. Los negros hacían dinero tocando en los burdeles del puerto. Había bandas musicales incluso en los barcos que navegaban en el Mississippi. Así que Louis sintió que había encontrado la forma de pasarla bien.
Tocaba en la mañana, tocaba a medio día, tocaba por las noches, olvidándose por completo de sus amigos. Solo le importaba su corneta, y su madre vio aquello con buenos ojos, porque descubrió que su hijo se había vuelto alguien diferente.
A la usanza de la tradición francesa, en Nueva Orleáns se acostumbraba llevar a los muertos al cementerio con música, siendo esta otra fuente interesante de trabajo. Kid Ory y su banda eran con frecuencia contratados para dicho menester, siendo así como un día que prestaban este servicio, de pronto Kid descubrió que un jovencito salió de por ahí y se les unió con su corneta. El chiquillo tocaba de una forma maravillosa, así que Kid Ory, quien era un trompetista de gran renombre, supo apreciar el enorme talento de Louis y de inmediato lo contrató para su banda.
La dichosa orquesta tocaba en el barrio chino de New Orleáns llamado Storville. Era un lugar de tugurios de mala muerte, nido de prostitutas y vagos, el cual se saturaba de marineros noche a noche. Louis tocaba con tanta furia y pasión que pronto llamó la atención del trompetista King Oliver, quien lo invitó a formar parte de su grupo, con el cual realizaría su primera grabación en el año de 1923.
Eran tiempos de la Primera Guerra Mundial, y Nueva Orleáns tenía una base militar, pero al ministro de marina no le agradaba que la gente a su cargo le estuviera provocando tantos problemas debido a sus correrías nocturnas por los antros de vicio, así que consiguió la orden y de inmediato cerró todos los tugurios de Storville, dejando sin trabajo a miles de personas: meseros, músicos, prostitutas y demás. Aquello acarreó grandes problemas económicos en la región, por lo cual los músicos, en el año de 1917, emigraron rumbo a Chicago en búsqueda de nuevos horizontes.
Louis se quedó en Nueva Orleáns, más luego, en 1922, marchó también rumbo a Chicago, invitado por King Oliver, quien había logrado gran éxito en ese lugar con su banda de jazz.
Para 1920, el jazz se había convertido en el gran ritmo de Chicago. Se prohibió el consumo de alcohol, pero los gangsters, como Al Capone, tenían sus sitios clandestinos, centros nocturnos disfrazados, donde todo mundo podía ir a echarse un trago, escuchar música y encontrar pareja. La tensión provocada por la incursión de Los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, hacía que la gente buscara una forma de escape, e ir a aquellos sitios de alcohol y jazz fue una salida muy aceptada y exitosa.
Louis Armstrong se convirtió en la sensación. Su emotividad, fraseo y protagonismo acapararon de inmediato la atención y se volvió una figura muy popular en poco tiempo. Nadie tocaba la trompeta como él. Ni nadie jamás había hecho jazz de esa forma. Originalmente en las bandas de jazz todos tocaban la misma línea musical. Armstrong construyó la imagen de solista. La orquesta quedó doblegada a lo que él hacía. Se convirtió en la gran estrella a la que atendían el resto de los músicos de la banda.
Pero no solo fue un gran trompetista, también se convirtió en un destacado cantante gracias a su voz aguardientosa e inconfundible. En cierta ocasión al interpretar uno de sus famosos temas, olvidó la letra, y para salir del paso realizó una serie de onomatopeyas vocales, dando paso a un estilo que luego se denominó “scat”, mismo que luego fue base esencial para figuras como Ella Fitzgerald.
Luois perteneció luego a la banda de Fletcher Henderson, la más afamada banda de Chicago. Posteriormente fundo sus propios proyectos musicales, bajo el nombre de Hot Five y Hot Seven, con la participación de Kid Ory, aquél hombre que lo descubrió tocando en las calles de Nueva Orleáns.
La fama y el dinero acompañaron a Louis durante toda su vida. Canto al lado de todas las figuras importantes de su época. Fue acompañado por todas las mejores orquestas; recorrió Europa y muchos países del mundo realizando presentaciones. Cuando ya no pudo tocar la trompeta por cuestiones de la edad, triunfó como crooner, logrando éxitos memorables como Hello Dolly, C’est si bon, Cabarte, La Vida en Rosa y varias más. En 1964, cuando los Beatles se apropiaron del Hit Parde nortemericano y nadie parecía poder desbancarlos, Louis Armstrong colocó su tema Hello Dolly en primer lugar y permaneció ahí durante varias semanas, poniendo a Los Beatles en los siguientes sitios.
Falleció a los 71 años, pero 17 años después de su muerte el tema “What a Wonderfoul World”, logró llegar al primer sitio de popularidad gracias a su inclusión dentro de una película. Y el éxito del álbum “Classics” de Kenny G, salido a la venta hace un par de años, se debe en gran parte a que incluye este mismo tema, en la voz original de Louis Armstrong, aunque con el acompañamiento de este afamado saxofonista.