domingo, 31 de mayo de 2009

JACQUES-YVES COSTEAU

Antes de Cousteau no se conocía más que la superficie del océano, y sus profundidades constituían un mundo desconocido y amenazador. Más él logró descubrir para la humanidad toda la belleza paradisíaca que se escondía en el fondo de los mares. Una sinfonía de peces y plantas hasta entonces jamás vistas por los hombres que dio a conocer a través de sus numerosas películas y libros.
Jacques-Yves Cousteau se mantuvo navegando por los mares durante cuarenta años, convirtiéndose en el más grande apasionado y acérrimo defensor de nuestro planeta y la ecología. Logrando en vida innumerables reconocimientos y el respeto de los dirigentes de numerosos países, a quienes acudía en su búsqueda incansable de apoyo para proteger la tierra, los océanos y las especies que en ellos habitan, de las locuras asesinas de nuestro tiempo.
Este renombrado investigador de los mares nació en Francia el año de 1910, y su primera gran experiencia con las profundidades la realizó intentando filmar los restos de un barco y los magníficos fondos marinos del Mediterráneo. Todo ello con una cámara metida dentro de un frasco.
Con la ayuda de un amigo suyo, inventó un equipo de respiración submarina basado en aire comprimido dentro de una botella; este novedoso invento eliminó las pesadas escafandras unidas por un tubo de aire a la superficie y les permitió ganar una buena fortuna con los derechos de fabricación del aparato, además de iniciar a lo grande la filmación de buques hundidos y restos arqueológicos en las profundidades.
En 1950 lord Guinness, un mecenas inglés, le obsequia un antiguo dragaminas británico, que una vez transformado se convirtió en el Calypso; navío que serviría de valioso aliado en la realización de sus investigaciones.
Con un selecto equipo de submarinistas-cineastas revoluciona las técnicas de filmación submarinas, realizando una excelente película con el apoyo del cineasta Louis Malle, misma que fue llamada “El mundo del silencio”, la cual les hace merecedores a la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1956.
El Calypso recibió a científicos de las más diversas disciplinas: geólogos, geofísicos, biólogos, zoólogos, arqueólogos y ecologistas, mismos que contribuyen al descubrimiento y estudio de los mares. De todo ello surgieron una cincuentena de libros, dos enciclopedias, varias películas y un centenar de documentales que fueron transmitidos por televisoras de todos los países.
Además de todos sus valiosos estudios y descubrimientos, fue ampliamente conocido por sus protestas contra la contaminación de los mares, llevando incluso sus quejas hasta el mismo recinto de la ONU y fundando organizaciones para la defensa del medio ambiente en diversas partes del mundo.
El 8 de enero de 1996 el Calypso zozobra en el puerto de Singapur. Casi acompañó hasta el final de su viaje a Cousteau, ya que este falleció el año siguiente, el 25 de junio de 1997 a la edad de ochenta y siete años.

SISSI EMPERATRIZ DE AUSTRIA

Max era Duque de Baviera, tipo bonachón, parrandero y muy alegre, quien tenía una hija muy hermosa que había heredado las mejores cualidades de su padre, superando quizás algunas de ellas. Siendo su pequeña Sissy su hija favorita, el Duque la cuidó con gran esmero fomentándole el amor por los niños, la protección de la naturaleza y el aprecio por los animales.
Max y Sissy pasaban tanto tiempo juntos y se divertían de tal manera que parecían un par de locos por dondequiera que fueran. Por esta razón fue que cierto día su padre le dijo a su adorada niña: “Si tú y yo no hubiéramos nacido nobles, por Dios que andaríamos de maromeros en un circo”.
Aquella niña con el tiempo llegó a convertirse en una bellísima jovencita, a la cual comprometieron en matrimonio, según la costumbre aristócrata, con Carlos Luis, hijo de su tía la archiduquesa Sofía de Habsburgo. Mientras que su estirada y pretensiosa hermana Elena, fue comprometida con el emperador Francisco José, hermano de Carlos Luís. O sea que Sissy y Elena debían casarse con sus primos Carlos Luís y Francisco José respectivamente.
Pero las cosas no sucedieron tal y como se habían planeado; en cuanto el emperador conoció a la hermosa Sissy, se enamoró perdidamente de ella, mostrando una total indiferencia hacia su prometida. Y haciendo a un lado todos los protocolos establecidos, en un suntuoso baile, le declaró su amor a la jovencita y pronto coronó aquél amor correspondido en un matrimonio que hizo época.
Por supuesto que Elena, hermana de Sissy, hizo el gran berrinche por el novio arrebatado, y con ello también le era quitada la corona.
Después de la tradicional luna de miel, Sissy descubrió que tras aquél guapísimo y deslumbrante marido, había un tipo refunfuñón y parrandero, pero ella no se amilanó y puso en juego todas sus astucias y encantos para pulir el agrio carácter y los deslices del emperador Francisco José, quien al parecer terminó enmendando camino, y haciendo un poco mas soportables sus desplantes.
La unión muy pronto floreció con una niña, y poco tiempo después vino el heredero Rodolfo, que con el pasar del tiempo sería motivo de gran pena.
Pero antes de todo eso se hizo presente la bruja de esta historia, como en todos los tradicionales cuentos de hadas. Era la archiduquesa Sofía, madre del emperador Francisco José, quien representó el odioso papel de la temible suegra.
No dejaba en paz a Sissy ni un solo momento; buscaba todo tipo de pretextos para dañarla y criticarla, poniéndola siempre en mal con su hijo. Detestaba su espontaneidad y sencillez; odiaba sus risas y su felicidad de quinceañera; sin poder soportar que Sissy careciera de los modales propios de la realeza. Vivió aquella primera etapa de casada en sufrimiento y llanto.
Con el tiempo Sissy aprendió a ignorarla y le dio por vivir su vida, tal y como ella lo sentía conviviendo sin reparo alguno con la servidumbre, al grado que se metía a la cocina a ayudarles a preparar la comida, cosa que le valió una tremenda cachetada de parte de su odiosa suegra.
Pero su libidinoso marido no tenía remedio, ya que pese a tener una princesa tan hermosa en el palacio, no perdía la oportunidad de tener sus amoríos con otras damas. Pero no cabe duda que Dios le dio al emperador una mujer más que tolerante, ya que la ocurrente Sissy se volvió su cómplice, ya que solía aconsejarle a su maridito cual mujer sería para él una estupenda amante. Muchas de las cuales incluso luego serían excelentes amigas suyas.
Siguiendo con la tradición de la nobleza, a Rodolfo, hijo de Sissy y Francisco José, lo casaron con una princesa a la que nunca amó. Y después surgió el problema, cuando Rodolfo pretendió divorciarse de su decepcionante esposa, para unirse con la joven y encantadora María Vetsera, a quien amaba con pasión arrebatadora. Pero su padre, el emperador Francisco José no estuvo de acuerdo y le ordenó que rompiera de inmediato aquella relación clandestina. El dolor y la impotencia de Rodolfo fue tan grande, que poco tiempo después aquello culminó en un pacto de amor suicida, que volvió loca de dolor a su madre.
El pueblo adoraba a Sissy, porque nunca perdía la oportunidad de realizar obras benéficas; pero ese amor iba mucho más allá de Austria, ya que hasta el mismo pueblo de Hungría le pidió que se convirtiera en su Reyna.
El 10 de Septiembre de 1898, Sissy salió de el hotel donde se hospedaba en Ginebra, donde pasaba su temporada de vacaciones; en el lago la esperaba un barco en el cual daría un recreativo paseo, cuando de pronto de detrás de un árbol, salió el anarquista italiano Luigi Lucheni, quien fingiendo un tropiezo cayó abruptamente sobre ella encajándole un filoso puñal en el pecho. A Sissy la herida no le pareció muy importante, y pese al incidente continuó con su proyectado paseo, pero vino una hemorragia y un dolor insoportable que la hizo volver sobre sus pasos, para morir poco después a consecuencia de aquella terrible puñalada.

miércoles, 27 de mayo de 2009

EL LABERINTO DE MAGONIA

Hace aproximadamente 1200 años los habitantes de Lyon (Francia) capturaron a tres hombres y una mujer, que según el populacho, habían bajado de un barco volador. Los acusaron de ser tempestarios, una clase de hechiceros que se dedicaban a arruinar las cosechas, enviando fuertes tormentas contra los campos, con todo y truenos y granizo.
Los asustados acusados fueron llevados ante la presencia de un clérigo llamado Agobardo, hombre inteligente y con fama de santo, para que otorgara su veredicto y con ello tomar una decisión al respecto. El santo barón escuchó pacientemente a unos y a otros. Los acusados alegaron en su defensa que eran gente de la región, pero que habían sido raptados poco tiempo atrás por hombres milagrosos que les mostraron inauditas maravillas y luego los liberaron para que contaran todo lo que les habían mostrado.
Sus captores en cambio los acusaron de brujos provocatormentas, que arruinaban las cosechas, recogiendo luego los frutos dañados que transportaban en barcos capaces de navegar por el cielo hasta una ciudad situada entre las nubes a la que llamaban Magonia.
El clérigo Agobardo, meneó la cabeza mientras elevaba al cielo los ojos, pidiendo al Señor paciencia para poder lidiar con tanta estupidez. No creyó ni a unos ni a otros. Los amonestó fuertemente por inventar tanta historia tan fantasiosa, ordenando la inmediata liberación de los cautivos y que se quitaran de cuentos relacionados con tempestarios, barcos que navegan por las nubes y la tal ciudad de Magonia.
Como ya se ha de imaginar, esta historia es una de las pruebas que enarbolan los ufologos para afirmar que los extraterrestres han estado con nosotros desde hace bastante tiempo, pero como casi todos somos tan testarudos, al igual que el santo Agobardo, no hemos podido desarrollar la fe necesaria para creer en ello.

LOS ESCLAVOS ROMANOS

Se estima que en los tiempos del Imperio Romano, uno de cada tres habitantes era esclavo, algunos en manos de particulares, los otros bajo el control del Estado. En tiempos más antiguos, el amo tenía derecho sobre la vida y las posesiones de su esclavo, incluyendo su mujer e hijos, al grado que podía deshacerse de estos si nacían con deformidades, o simplemente si así lo deseaba. Al esclavo lo podía tratar como a cualquier otra propiedad – regalarlo, venderlo o alquilarlo e incluso quitarle hasta la vida. Aunque en tiempos del emperador Claudio las cosas habían cambiado en este sentido, salvo que encontraran al esclavo robando, entonces podía pagarlo hasta con la misma vida. El esclavo era considerado como una simple cosa, y si alguien dañaba a alguno debía pagarle una indemnización a su dueño.
El mercado de esclavos en Roma estaba siempre muy bien surtido gracias a las continuas guerras en que estaban metidos los romanos para expandir su imperio. Tras la toma de Tarento en el año 209 A.C., durante la guerra final contra Anibal, se hicieron de 30,000 esclavos entre sus habitantes. En su batalla contra los griegos, en el año 68 A.C., su vencedor Emilio Paulo, vendió 150 000 prisioneros. Julio César, de una sola batalla en su conquista de las Galias logró 53,000 prisioneros que luego vendió en el mercado romano. Se calcula que el emperador César logró más de un millón de prisioneros galos, haciendo que se vendieran un promedio de 10,000 esclavos diarios en el mercado de Roma.
Y sabe usted cuánto valía un esclavo?. Si no tenía algo en especial y solo habría de servir para labores duras en el campo o las minas, su precio oscilaba entre seiscientos y dos mil sestercios. Y para que se de una idea del valor de los sestercios, un burro valía como quinientos. Los buenos esclavos, fuertes o con algún atractivo especial, valían como dos mil quinientos sestercios, o sea igual que cinco burros. Y como eran épocas de bonanza, cualquier familia de respeto tenía su buen puñado de esclavos en casa, aunque no fuera dueña de ningún burro.

EL TIPITAKA

¿Sabe usted cual es el libro más grande del mundo?. Se encuentra al pie de la colina de Mandalay, en Birmania. Esta dentro del recinto de la pagoda conocida popularmente como Pagoda Kuthodaw. Se trata del Tipitaka, o Canon de Pali, que es el escrito más antiguo que se conserva de la religión budista, escrito cinco siglos después de la muerte de Buda.
Este texto es el más importante para el budismo teravada. Y además de ser el libro más grande del mundo también es el más pesado, ya que sus páginas están hechas de mármol.
Fue realizado por orden del rey Mindon. Se nombró un comité de monjes para realizar el proyecto y asegurarse de que estuviera completamente libre de errores. El mármol se obtuvo de la cantera de la colina de Sagain, a 32 kilómetros de Mandalay. Tras su transporte, las placas de mármol eran pulidas y un escriba dibujaba el texto en ambos lados de la piedra. Luego se realizaba una revisión exhaustiva para prevenir cualquier error. Las letras eran finalmente talladas por expertos artesanos, tras lo que eran rellenadas con tinta dorada.
El trabajo inició el 14 de octubre de 1860 y finalizó el 4 de mayo de 1868. En total, el libro está formado por 729 "hojas", escritas por ambos lados. Cada hoja tiene 1.50 mts. de alto y 90 cms.de ancho. Cada página incluye entre 80 y cien renglones. El idioma del texto es pali, y está acompañado por su traducción al birmano.
Cada una de las 729 hojas fueron colocadas en el interior de un pequeño templo diferente dentro del recinto de la pagoda, que tiene 6 hectáreas de superficie.
Para dar una idea del tamaño de este libro, la versión impresa, realizada alrededor de 1900, estaba formada por 38 tomos de alrededor 400 páginas cada una, con un tamaño de letra regular.

LA MUERTE ME DA RISA

Al norte de Rumania, e la ciudad de Sapanta, existe un pueblo de cinco mil habitantes, que destaca por lo pintoresco y está situado cerca del río Tisa, en la frontera con Ucrania. Pero a pesar de que es un pueblo rústico y hermoso, lo que más llama la atención es su cementerio, al que llaman “Cementerio feliz” o “Cementerio alegre”, porque todo aquél que entra ahí, siempre termina por soltar la carcajada.
No es un cementerio cualquiera por supuesto, es único en el mundo, ya que está adornado con ricas tallas de madera, retratos de los muertos y epitafios alegres e irónicos en las lápidas.
Todos los domingos, jóvenes, adultos y viejos visten sus trajes típicos para celebrar los ritos de su religión ortodoxa. Son muy alegres y festivos, y dentro de su forma de ser no existe el miedo a la muerte, ya que la consideran un fenómeno natural que lo aceptan, aunque por supuesto que jamás van en busca de ella.
Esto se muestra a la perfección en la construcción de las tumbas en el cementerio. Como es una tierra de grandes ebanistas, todas las tumbas han sido talladas, pintadas de azul y decoradas con el retrato del difunto, representándolo en su trabajo o haciendo lo que más le gustaba en la vida. Bajo la talla pintada de la persona fallecida, sigue un epitafio siempre en primera persona.
Las hermosas cruces pintadas en colores claros –azul, blanco, verde y rojo- son auténticas obras de arte popular, únicas en Europa, creadas en su mayoría por un gran maestro artesano, llamado Stan Ioan Patras, que aunque ya cambió su residencia al alegre panteón, dejó sus grandes conocimientos a una buena cantidad de discípulos, quienes se encargan actualmente de realizar las tallas.
Un arte muy alegre sin duda, y para que usted se de cabal cuenta de este simpático y original cementerio, permítame leerle algunos de estos ocurrentes epitafios que ahí se encuentran:
“Aquí descansa mi suegra, si hubiera vivido otro año más, yo ocuparía su lugar”
“Y otra cosa que mucho me gustaba era sentarme al calor de una taberna acompañado de un vaso de vino y una mujer siempre que fuera la mujer de otro.”
“Aquí descanso yo me llamo BRAIC ILEANA, cinco hijos he tenido que Dios la vida les dio GICA, que tú seas perdonado si me apuñalaste cuando viniste borracho del pueblo.
“Aquí me tienes descansando, lo que nunca pude hacer en la vida.
Seguramente tú muy pronto vendrás a hacerme compañía”“Arde en el infierno, maldito taxi que viniste de Sibiu. Con todo lo grande que es Rumanía. ¿No pudiste encontrar otro lugar donde pararte?. ¿Tuvo que ser frente a mi casa, para matarme?”
Y algunos más, que son expresiones de quien estuvo cerca de ellos en vida:
«Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando»
«Ya estás en el paraíso, y yo también»
«Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también»
«Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas»
«Aquí yace mi mujer, fría como siempre»
«Aquí yace mi marido, al fin rígido»
«Aquí te espero»

martes, 26 de mayo de 2009

CLARO DE LUNA

Cuenta un biógrafo de Beethoven que una noche de invierno paseaba con el maestro a la luz de la luna por una estrecha calle de Bona, cuando de pronto se detuvo el gran compositor ante una casa de humilde apariencia, de cuya entreabierta puerta salían las notas de un piano. Beethoven exclamó: -¡Caramba! ¡es mi sonata en fa! ¡Y qué bien la tocan!.
Casi en ese mismo instante se interrumpió la melodía y se escuchó una voz sollozante que decía:
- No puedo tocar más. Es tan hermosa esta melodía que no la estoy interpretando debidamente. ¡Qué lástima!, si tan solo pudiera ir al concierto de Colonia.-
A esto respondió otra voz:
- Hermana, ¿porqué te aflige lo que no tiene remedio?, apenas si podemos pagar el alquiler –
Quien estuvo tocando el piano agregó:
- Tienes razón hermano. Y sin embargo, quisiera, al menos una vez en la vida, oír la música tal y como debe de ser –
Entonces Beethoven le dijo a su acompañante:
- Vamos entrando –
- ¿Para qué? – le dijo sorprendido su biógrafo.
- Tocaré el piano. La muchacha tiene sentimiento y talento –
Empujó Beethoven la puerta y entraron a la casa, en donde estaba un joven zapatero arreglando unos zapatos, mientras que su hermana estaba reclinada tristemente sobre el piano.
- Perdónenme – dijo Beethoven – Oí música y me vino la tentación de entrar. Soy músico y escuché accidentalmente un poco de su conversación. ¿Me podrían permitir tocar un poco el piano?-
- Muchas gracias – contestó el joven zapatero – pero nuestro piano ya es viejo y además no tenemos ninguna partitura –
- ¡No tienen partituras! Pues entonces ¿Cómo es que toca usted? ¿De oído?...-
En ese preciso momento Beethoven se da cuenta que la señorita era invidente y comenzó a disculparse.
-Perdón señorita, no había reparado en su invidencia. ¿Cómo es que sabe usted de música si no ha asistido nunca a un concierto? –
- Hemos vivido dos años en Bruhl – contestó ella – y tuve ocasión de escuchar a una señorita vecina. En verano abría las ventanas de su casa, y yo salía al patio para escucharla tocar –
Beethoven se sentó al piano. Puso sus manos sobre el teclado y comenzó a interpretar una de sus maravillosas obras. El viejo instrumento pareció rejuvenecerse, dejando escapar sonoridades jamás antes logradas en él. Mientras, los dos hermanos boquiabiertos escuchaban llenos de admiración. El raudal de armonías surgían con rítmicas cadencias, y en uno de los momentos más intensos, de pronto se apagó la vela, más el maestro siguió tocando como si nada hubiera pasado. El joven zapatero presuroso abrió la ventana y un brillante rayo de luna invadió la estancia, bañando en luz la figura del gran maestro.
Beethoven bajó la intensidad de la melodía que interpretaba, hasta dejar en total silencio la habitación.
Los dos hermanos expresaron aclamaciones de gran entusiasmo, pero el maestro pareció no prestarles mayor atención. En ese momento comenzó a improvisar una sonata. Todo un torrente de notas de infinita dulzura parecía derramarse sobre el teclado, tan suavemente como el rayo de luna que silenciosamente se colaba por la ventana.
Ese día, ahí en un hogar pobre, y con dedicatoria especial para una invidente y su hermano, nació su famosa sonata “Claro de Luna”

viernes, 22 de mayo de 2009

EVGEN BAVCAR EL FOTOGRAFO INVIDENTE

Cuando Evgen Bavcar tenía 16 años le pidió la cámara fotográfica a su hermana para tomarle una foto a una chica que le gustaba. “¿Y quién va a tomar la foto?” fue la respuesta que le dio ante semejante petición. Y Evgen, muy seguro de sí mismo le contestó “Yo”. La hermana no pudo menos que reírse, aún con la certidumbre que ello lastimaría a su hermano.
La persona menos indicada para tomar una fotografía era Evgen, por la simple y sencilla razón de que él era un invidente desde los once años de edad. Primero perdió el ojo izquierdo en un accidente con una rama de un árbol; meses más tarde perdió el otro, debido a la explosión de una mina abandonada en un campo. Todo esto sucedió en su pueblo Lokavec, en Eslovenia, casi en la frontera con Italia.
Al parecer aquella primera foto tomada por Evgen resultó muy buena, y todos lo felicitaron por ello. Esto jamás lo olvidaría el jovencito invidente. Más la cámara quedó a un lado y él viajó en 1972 para estudiar filosofía estética en la Sorbona de París. Todos le recomendaron que se dedicara a la música, lo cual siempre ha sido uno de los mejores oficios para los invidentes, pero él se negó rotundamente a seguir los caminos reservados para quienes tienen esta discapacidad. Evgen era diferente y se sentía obligado a lograr lo que para todos los de su estado era algo imposible.
La carrera presentó serios obstáculos. El estudio de la filosofía del Arte, requiere de la vista para poder evaluar las grandes obras, tanto de la pintura como de la escultura. Evgen recurrió a lazarillos o cómplices, quienes le describían al detalle cada obra. Tomaba diversos puntos de vista y con la información acumulada realizaba su juicio. Esto le daba una idea intelectual, un sentimiento estético indirecto, y a través de ello desarrolló un intenso placer por el arte. Comenzó a amar algunos cuadros, sobre todo aquellos cuya descripción llevaba más tiempo, tal y como sucedía con las obras de El Bosco y El Greco. Con la escultura las cosas fueron más fáciles, siempre y cuando lo autorizaran a tocar las estatuas, lo cual no siempre ocurría. Aún así se volvió todo un experto en arte.
Y de pronto volvió su vieja inclinación por la fotografía, y aprendió todas las técnicas de manejo de cámaras, iluminación, enfoque y revelado. Tuvo la fortuna de aprender con un fotógrafo que le presentó el oficio como una profesión que él podía ejercer. De ahí en delante se volvió fotógrafo. Los resultados conseguidos fueron inusitados. Nadie sospecharía, viendo las fotos de Bavcar, que su autor es ciego. En primer lugar, sus encuadres son perfectos, hasta los más arriesgados. Muchas de sus fotografías son fruto de montajes por superposición, un procedimiento de por sí dificultoso, hasta para un vidente.
Ha expuesto sus fotografías en infinidad de lugares de Europa e incluso en la ciudad de México, sin que nadie logre entender como consigue sus asombrosos resultados. Ha impartido clases, conferencias sobre literatura, ha servido como traductor y escribió el prefacio para una novela de France Bevk. En 1991 se filmó un largometraje sobre una historia basada en su vida. También la novela “El cuento Mágico” del escritor David Hunt tiene como protagonista a un fotógrafo invidente, inspirado en Bavcar. El cineasta Joel Brisse, realizó un cortometraje de este fotógrafo invidente que fue presentado en el festival de Cannes. Y por si fuera poco participó como actor en un film sobre la vida de Gaudí.
El caso de Bavcar no es el único, existen otros tres fotógrafos invidentes en los Estados Unidos, aunque Bavcar es el más notable. Para terminar hay que agregar que la empresa Canon, una de las más prestigiadas en cámaras fotográficas, ha creado una asociación para fotógrafos invidentes, a los cuales apoya en todos los sentidos.
¿Qué podemos concluir de todo esto?. Que no hay límites de ninguna naturaleza. Cuando se quiere se puede, tan solo hay que poner toda la pasión en lo que se desea. El imposible no existe.

EL VIOLIN DE FRITZ CHRYSLER

El gran sueño de todos los grandes violinistas es poseer un violín Stradivarius, aunque muchos, debido a la enorme fortuna que cuesta cada uno, tan solo se conformarían con tocar uno de ellos alguna vez. Así le pasaba al talentoso violinista Fritz Chrysler Más en cierta ocasión se enteró que un anciano inglés poseía uno de ellos, así que decidido fue a visitarlo. Y en efecto, aquél hombre de avanzada edad poseía un hermosísimo ejemplar que había pasado de generación en generación por su familia, sin que a la fecha tuviera mayor utilidad que la de un simple y caro adorno en la casa.
Chrysler le propuso al anciano comprarle aquél hermoso instrumento, pero el hombre se negó diciéndole que no estaba en venta. El violinista salió de la casa totalmente desanimado. Más tiempo después decidió visitar de nuevo al anciano y le preguntó si le permitía tocar el violín. El anciano aceptó la propuesta. Chrysler colocó el violín debajo de su quijada, y comenzó a mover el arco sobre las cuerdas. Con un instrumento tan maravilloso, el violinista tocó como jamás lo había echo en su vida. Mientras que los ojos del anciano, conforme iba transcurriendo la melodía, comenzaron a inundarse de lágrimas. Jamás había escuchado una sola nota de aquel violín magistral.
Fritz Chrysler pensó que después de aquello el anciano jamás aceptaría venderle el instrumento, más aún así le dijo: “Discúlpeme que insista, pero deseo que me venda este violín.” El anciano limpió las lágrimas de su rostro y con voz temblorosa le dijo: “No esta a la venta, pero… es suyo. Usted es un maestro y es digno de tener un instrumento como éste”.

LAS MANOS DEL MAESTRO

Se cuenta que en cierta ocasión se realizó en Londres una subasta de un violín maltrecho. El encargado mostró el violín a los asistentes, informando que era un genuino Stradivarius, pero nadie le creyó ni mostró el más mínimo interés en la pieza. Alguien por ahí ofreció 1 libra esterlina por él, una oferta realmente ridícula, entonces un experto en violines lo examinó y señaló que no tenía marca alguna que lo identificara como obra de Antonio Stradivari. El subastador explicó que los primeros violines fabricados por Stradivari no llevaban la marca del fabricante. Pero los asistentes siguieron totalmente desinteresados, así que la subasta se dio por concluida sin venderse el instrumento.
De pronto, un anciano se acercó a la mesa donde se encontraba el violín, lo afinó y tranquilamente comenzó a tocar. Apenas surgidas las primeras notas, todos se volvieron a él y atónitos escucharon aquella gloriosa música que brotaba del instrumento.
Cuando el anciano concluyo la pieza, hubo un prolongado y entusiasta aplauso. Todos mostraron en aquél momento un interés fuera de lo común por el viejo violín. Esta vez ofreciendo grandes sumas para quedarse con él.
El anciano que mostró la belleza de aquél instrumento viejo y maltratado fue ni más ni menos que el gran maestro Nicolo Paganini.
A veces la vida nos golpea y nos maltrata, quizás estemos en momentos desafinados, pero de pronto surge el toque maestro que pone a tono nuestras cuerdas y retomamos nuestro gloria original, siendo capaces de crear la más hermosa de las sinfonías. Al fin que estamos hechos para realizar con nuestras vidas una obra maestra.

EL BASILISCO

En algunos pueblos de Latinoamérica cuando una gallina pone un huevo pequeño la gente siente pánico y va y los quema en el fuego de inmediato. Estos casi siempre son producto de una gallina vieja o un gallo colorado. Son temidos porque dicen que de allí tan solo nace un gusano que va a meterse en algún oscuro rincón de la casa hasta que se convierte en el temible basilisco. Un culebrón con cabeza de gallo que emite un monótono canto y se adentra por las noches en los aposentos, subiéndose a las camas y acercándose hasta el rostro de las personas dormidas para absorberles el aliento… la energía. Después la víctima enflaquece, tose… se va secando y, finalmente muere.
En el viejo continente también se habla del basilisco. Con un origen casi idéntico. Solo que el basilisco europeo además de robar el aliento, quien tiene la desgracia de mirarlo directamente a los ojos se convierte en piedra. Y los entendidos en el tema dicen que cuando un basilisco aparece en una casa lo único que puede detenerlo es el fuego. Más como nadie sabe donde se esconde porque es extremadamente escurridizo, lo más aconsejable es quemar la casa e incluso todo el gallinero.
Quienes no se atreven a un remedio tan drástico, deberán recurrir a un brujo experimentado, quien habrá de colocar dos varas de mechay en forma de cruz en las cuatro esquinas de la casa. A continuación regará el piso con agua bendita hirviendo. Con esta receta se tiene la certeza de que cuando muera el enfermo también fallecerá el basilisco y con ello se salvará el resto de la familia.

lunes, 18 de mayo de 2009

LOS FAROLES DEL CENTRO COMERCIAL

Bajo el domo central de la mega plaza han colgado una enorme cantidad de faroles blancos. Casi ni se mueven. Están ahí colgados a diferentes alturas, cumpliendo con la sencilla función de ser un simple adorno. Y yo me siento día a día en una de las bancas a contemplarlos.
Me gustaría moverlos. Hacer que de pronto todos ellos comenzaran a girar en armonía, sin que hubiera una ráfaga de viento que los impulsara. Que se movieran con el solo impulso de mi pensamiento. Hacer que giraran de una forma uniforme de izquierda a derecha, y después, cuando yo lo quisiera, cambiaran su giro en sentido inverso. Y quisiera que esto lo vieran todos los que en ese momento transitan por el centro comercial. Que se quedaran con la boca abierta mirando extasiados semejante maravilla, sin que lograran entender de donde procedía la fuerza de su movimiento.
Los miro fijamente y les ordeno moverse, pero no responden a mi pensamiento. Ni de izquierda a derecha, ni de derecha a izquierda. Ni de arriba hacia abajo, ni de abajo hacia arriba. La verdad me sorprende que por más esfuerzos que hago día con día, jamás haya podido moverlos.
A veces cierro mis ojos y entonces veo como venzo su resistencia y hacen todo lo que ordeno. Entonces sonrío satisfecho. Más al abrir los ojos, veo que siguen ahí, tan estáticos como siempre. Es una lástima el que solo pueda moverlos en mi pensamiento, más no con mi pensamiento. Pero no desisto. Si hoy no pude hacerlo, quizás mañana pueda lograrlo. Continuaré en mi intento.

domingo, 10 de mayo de 2009

UNA CANCION PARA CARLITOS

Aquél hombre me miró desilucionado. Le habían dicho que seguramente yo resolvería su problema, más ahora se daba cuenta que era igual que todos los vendedores del ramo. Uno más del montón. Pese a tener cosa de diez años laborando en una tienda de discos, no tenía ni la más remota idea de lo que aquél cliente me estaba pidiendo.
-"¿Los Pekenikes?... No, definitivamente jamás en mi vida los había escuchado."-
La verdad me sorprendió la reacción de aquél hombre. Ante mi negativa, se le cayeron los hombros, y movió la cabeza de un lado a otro mientras bajaba la vista. Parecía como si le hubiere dado una muy mala noticia. Y esto me dejó totalmente desconcertado.
-¿No tiene idea de alguien que pudiera ayudarme a encontrar ese disco?- me dijo en tono suplicante. Pero yo no podía hacer absolutamente nada por él, ni sabía quien pudiera hacerlo.
Quizás por desahogo, más que por otra cosa, aquél abatido hombre me contó el motivo de su urgencia.
Era representante de ventas y durante muchos años viajó de una ciudad a otra, pasando la vida siempre entre hoteles y carreteras. Al regresar a casa, ambicionado un poco de descanso, su esposa le recibía con una larga letanía de quejas, cuyo protagonista casi siempre era su hijo adolescente.
-"Carlitos llega tarde a casa por andar con sus amigos. Carlitos reprobó matemáticas. Carlitos le tomó dinero del bolso..."
Esto enfurecía a su padre, quien lleno de rabia casi siempre terminaba por quitarse el cinto para intentar poner en su sitio a aquél muchacho rebelde. Pero al parecer la medida jamás dio buenos frutos, porque Carlitos se empeñó en mantener su errática conducta.
Fue así como se deterioró por completo la relación de padre e hijo, llegando a un extremo francamente insoportable.
Pero la vida dio de pronto un giro inesperado. Carlitos cayó enfermo y cuando esto aconteció, su padre andaba de ruta, y aunque su esposa le informó de la situación, el hombre estaba tan molesto que no le prestó mayor importancia al asunto. Más al recibir la segunda llamada, el agente viajero entendió que la situación era bastante seria. El médico especialista solicitó de inmediato una serie de análisis especiales, porque al parecer Carlitos presentaba síntomas de leucemia.
A partir de ese momento un drástico cambio afectó sus vidas. La confirmación de la enfermedad por parte del especialista, hizo que el padre cuestionara su actitud ante su hijo, dándose cuenta que realmente su papel había sido mediocre y decepcionante. Curiosamente había repetido en Carlitos las mismas actitudes que hacia él había tenido su padre. ¿Cuál palabra de cariño?, ¿Cuál diálogo?, ¿Cuál interesarse por sus pequeños problemas?... Jamás hubo una plática, jamás un juego y mucho menos una caricia o un reconocimiento.
Se sintió triste, decepcionado y frustrado por haber esperado a que pasara algo así para darse cuenta. Renunció a su trabajo y consiguió otro menos remunerado, pero que le permitió las suficientes libertades para dedicarle tiempo a su hijo.
Vinieron los tiempos de visitas al médico, tratamientos especiales, el miedo, la incertidumbre... Pero también el cambio de actitudes. Carlitos descubrió un padre que le animaba, que le hablaba con mucho cariño e incluso que comenzó a brindarle algunas caricias. Dentro de la angustia nacieron las sonrisas, las palabras dulces, las frases de apoyo... el amor que fue poco a poco llenado de florecillas el desierto. Aquél hombre descubrió que tenía un hijo sediento de cariño, mientras que Carlitos encontró toda la esperanza y fortaleza requerida para ese momento en su padre.
Cuando el dolor era fuerte o ante las consecuencias del ingrato tratamiento, el hombre intentaba darle algún apoyo a su hijo, prometiéndole unas buenas vacaciones a la playa, un viaje a Disneylandia y un sin fin de cosas más, pero el ánimo de Carlitos había decaído tanto, que en verdad nada quería, nada se le antojaba. Aún así con frecuencia aquél hombre le preguntaba a su hijo: ¿Qué quieres que te compre?, ¿Qué deseas que te traiga?. Y la respuesta era siempre la misma. -“Nada papá, no quiero nada”.- Más un día a Carlitos se le iluminó la cara y cambió su tradicional respuesta. -“Papá, ¿Te acuerdas de aquella canción que tocaban mucho en la radio y que nos gustaba tanto?...-
Claro que la recordaba, porque llevaba un corito que a Carlitos le gustaba mucho cantar y a sus padres les divertía. Le prometieron al niño comprarle el disco, e incluso anotaron el nombre de la canción, "Hilo de Seda", en una tarjeta que el padre guardó por mucho tiempo en la billetera. Pero jamás se cumplió la promesa. Ahora Carlitos la pedía de nuevo, porque esa canción era como un punto de unidad entre él y su padre. Fue así como se inició la búsqueda, hasta llegar conmigo.
Una vez que me contó la historia, el hombre agradeció el que hubiera prestado atención a sus palabras y se marchó totalmente desilusionado. En la tienda todos se enteraron de lo sucedido por boca de mi compañera Lupita, quien no se apartó un solo momento del mostrador cuando aquèl hombre contó su dramática historia.

A la mañana siguiente llegó un español preguntando por el encargado de compras. Lo atendí y este hombre sacó de su portafolio un paquete de LPs de música española ofreciéndolos en venta. Eran muy buenos discos. Todos ellos fuera de catálogo en México, pero cuando me dijo el precio, no pude contener mi expresión de asombro. El costo era demasiado elevado y esto haría imposible su venta. Más seguramente no fui muy correcto en mi actitud, porque el vendedor se molestó conmigo y tomando con presipitación los discos que había puesto sobre el mostrador, quiso meterlos con fuerza nuevamente en su maletín; más
un puñado de discos sencillos que traía dentro, le estorbaron la maniobra. Entonces sacó los sencillos, los puso en el mostrador y metió el paquete de LPs. Fue en ese momento cuando asombrado descubrí entre los discos a Los Pekenikes. Ni siquiera lo pensé. De inmediato lo tomé y con una sonrisa de oreja a oreja le dije: -“Este sí quiero que me lo venda”.-
El hombre me miró con enfado y me dijo “No, no le voy a vender ninguno, usted no sabe apreciar las cosas”, y tendió la mano para que se lo regresara. Pero no estaba dispuesto a perder la partida.

-“Por favor, véndame este disco”- le volví a insistir, más él reiteró su negativa. Así que abrí el cajón del mostrador, arrojé dentro el disco y lo cerré de inmediato. No estaba dispuesto a perder la batalla.
Por supuesto que se molestó aún más. Asi que en un intento de lograr mi cometido. Le expliqué la historia. El hombre me escuchó con incredulidad. Después simplemente cerró su maletín, mientras me decía con demasiadas frialdad: -"Está bien, se lo regalo".- Luego, sin esperar una palabra de agradecimiento, dio media vuelta y se marchó.
Ya tenía el disco para Carlitos pero… y dónde encontrar a aquél padre afligido. Ni siquiera se me ocurrió pedirle su dirección o teléfono… Es más… tampoco sabía como se llamaba el hombre. Lo único que sabía era que su hijo enfermo se llamaba Carlitos.
Una de mis compañeras me sugirió que pegara el disco en el vidrio del aparador, y me pareció buena idea. Incluso lo colocamos sobre una cartulina amarilla para hacerlo que resaltara. ¿Pero… acaso volvería a pasar por ahí el papá de Carlitos?.
Pasaron dos, tres o cuatro días. La verdad ya no recuerdo. Y un día por la mañana, me encontraba molesto porque Lupita, de nueva cuenta llegaría tarde y ya estaba cansado de tanto llamarle la atención. Cuando de pronto llegó a la carrera, tremendamente agitada y ni siquiera me dio tiempo para que le dijera nada. Me soltó de inmediato un montón de palabras atropelladas, que no justificaban su retardo. Me dijo totalmente emocionada: -“Allá va por la acera de enfrente, llegando al banco el papá del niño que quiere el disco”.- Miré hacia donde me decía, y de inmediato arranqué la cartulina y con ella y el disco salí a la carrera para darle alcance.
El hombre se sorprendió cuando llegué corriendo hacia él. Ni siquiera pude decirle nada. Sería por la emoción, o lo agitado de la carrera. Asi que me limité a despegar el disco de la cartulina y mostrárselo. Lo miró con incredulidad. Le temblaron las manos para tomarlo. Apretó los labios y pude ver como sus ojos se pusieron brillosos por las lágrimas. Sabía que no podía hablar en ese momento. Así que le dí una palmada en el hombro y me di la media vuelta, pero me detuvo para preguntarme cómo lo había conseguido. Yo me reí y le dije -“A veces suceden milagros”.- Asintió con un movimiento de cabeza, y luego logró hacerme otra pregunta ¿Cuánto te debo?.
-“Nada”- fue mi inmediata respuesta. -"Es un regalo para Carlitos."-
Ya no esperé más, sencillamente me di la vuelta y regresé a la tienda. Al día siguiente volvió aquél hombre trayéndome una caja de chocolates envinados de parte de Carlitos.

ESCRIBIENDO CON LA MENTE

En la pasada exposición que se realizó en el Salón Mundial de Alta Tecnología Cenit que se celebró en Alemania, en la ciudad de Hanover, se presentaron dos prototipos de ordenadores que pueden ser manejados con el pensamiento. Así como usted lo escucha. La computadora obedece a la mente del hombre. Solo que es una tecnología en proceso, porque en primer lugar tiene el molesto inconveniente de que hay que ponerse un casco lleno de cables que van conectados al procesador y para colmo de males es tan malo el sistema que hasta el momento solo sirve para escribir textos, y es un sistema demasiado lento ya que para formar una frase se necesitan varios minutos.
No obstante este enorme inconveniente, es una auténtica maravilla, y nos habla de que estamos ante uno de esos geniales avances de la tecnología, que podrá deslumbrarnos dentro de muy poco tiempo.
¿Cómo funciona este sistema?. El casco tiene varios sensores que miden la actividad cerebral, de la misma manera como lo realiza un electroencefalograma. Estas señales eléctricas del cerebro, son transmitidas al ordenador por medio de los cables y éste transforma estas señales en órdenes. Pero no crea usted que piensa la frase y ésta se comienza a escribir en la pantalla; no, nada de esto, el sistema aún está en pañales, porque lo único que hace es mover un cursor, demasiado lentamente por cierto, e ir seleccionando letras de un teclado que aparece en la pantalla. Así por supuesto que no sirve de nada, pero esto es solo el principio, porque esto será el inicio de un proceso verdaderamente revolucionario.

LOS COMETAS

La palabra cometa proviene del latín “Stella cometa”, o estrella con cabellera. Son cuerpos celestes que poseen una larga y luminosa cola que surge en los momentos en que orbitan cerca del Sol. Cuando un cometa se acerca al astro rey, la luz solar evapora, o sublima, el hielo que compone al cometa, porque es preciso saber que los cometas llevan consigo una enorme cantidad de diversos tipos de hielo, mezclado con rocas, polvo y materiales orgánicos.
Y decía que al acercarse el cometa al Sol, se descompone el hielo, provocándole una cola de brillante luminosidad. Mientras el cometa se va acercando al Sol, la cola queda detrás de él, pero al alejarse, la cola cambia hacia el lado opuesto, o sea que el núcleo del cometa se desplaza detrás de la cola, como si fuera hacia atrás.
El largo de esta brillante y hermosísima cola depende del tipo de órbita del cometa. A una órbita más larga corresponde una mayor longitud de cola, dándose el caso de algún cometa conocido cuya cola ha excedido los 320 millones de kilómetros de largo. Mientras que otros, tienen colas tan cortas que apenas pueden ser observadas a través de potentes telescopios. Conforme el cometa se va alejando del Sol, las colas comienzan a decrecer hasta que desaparecen por completo. Y también, conforme va pasando el tiempo van perdiendo su esplendor, porque se va quedando parte de su estructura regada por el espacio.
De los más de 2000 cometas conocidos, menos de la mitad tienen colas visibles a simple vista, y menos del diez por ciento son realmente llamativos.
Los cometas tienen órbitas elípticas y algunas de ellas son tan prolongadas que se dice que algunos de estos cuerpos celestes tardan en recorrerlas de 2 000 hasta 30 millones de años para completar el viaje alrededor del Sol, así que si de casualidad nos tocara ver a uno de estos cometas, sería un caso único en nuestra vida.
En enero de 2004, la nace Stardust de la NASA fue tras el cometa Wild 2, capturando miles de partículas de polvo de su cola. Dos años después, en enero de 2006, Stardust regresó a la tierra con su valioso tesoro, y de inmediato los científicos se dieron a la tarea de analizar las muestras. Hasta el momento no han llegado a ninguna conclusión en específico, solo teorías y más teorías.

DIOGENES EL FILOSOFO

El filósofo Diógenes nació en la ciudad de Sínope alrededor del año 412 a. de C. Era hijo del tesorero de la ciudad quien un día fue acusado de apropiarse de fondos públicos y luego encarcelado. Diógenes fue desterrado. Antes de la salir de la ciudad Diógenes gritó a la multitud que se agrupó para verlo partir: “Ellos me condenan a irme, yo los condeno a quedarse”:
Se fue a Esparta, después marchó hacia Corinto y terminó por ir hasta Atenas donde le pareció bueno ofrecerse como discípulo del filósofo Antístenes. Este maestro enseñaba a huir de la tentación de los placeres y lo inútil de las convenciones sociales. Cuando llegó Diógenes ante Antístenes, el maestro lo miró con desprecio negándose a recibirlo. Pero Diógenes se quedó ahí, callado y en actitud humilde. Antístenes volvió hacia él, le dijo palabras duras y le ordenó que se marchase. Más Diógenes no se movió de su sitio. Antístenes cogió entonces su bastó y comenzó a golpearlo, más Diógenes, sin proferir queja alguna, ni mostrar el más mínimo desaliento, se mantuvo firme en su postura. El sabio maestro, viendo su actitud persistente, sonrió y lo admitió como discípulo.
Diógenes fue un excelente alumno, el mejor de los discípulos de Antístenes. Con él aprendió la filosofía de los Cínicos, como se hacían llamar, una palabra que ha trascendido hasta nuestros días y que enseñaba el vivir de forma semejante a la de los animales para alcanzar la autosuficiencia y con ello la felicidad.
El nombre de Cínico proviene de la palabra griega Kynós, que significa “perro”, lo cual ejemplificaba la forma de vida que deberían llegar todos los adeptos del cinismo. Diógenes no perdió tiempo para vivir de una manera austera y despreocupada de las cosas del mundo. Se vestía con telas toscas, dormía en los pórticos de los templos y se comportaba como un auténtico desquiciado. Para protegerse de la lluvia, el frío y las inclemencias del tiempo, adoptó como vivienda un viejo barril abandonado. Comiendo siempre de lo que le daban algunas manos caritativas.
No tenía nada, porque nada necesitaba, incluso desechó un día el tasón que llevaba consigo, cuando vio a un jovenzuelo que tomaba el agua de una fuente con el cuenco de sus manos.
Diógenes era un tipo tan especial, que hacía sus necesidades fisiológicas en cualquier parte sin recato alguno, y para el escándalo de todo mundo hasta se masturbaba delante de la gente. Cuando se lo recriminaban argumentaba que si comer no es absurdo, tampoco era absurdo hacer ese tipo de cosas en una plaza pública.
Pronto se volvió sumamente popular. Sus discursos eran breves, pero sus palabras hirientes y mordaces. Se volvió acérrimo crítico de los letrados de la época quienes se sabían de memoria los sufrimientos de Odiseo, tal y como fueron relatados por Homero, pero ignoraban y despreciaban los sufrimientos de sus propios conciudadanos. Criticaba igualmente a los oradores que predicaban la verdad, pero no la practicaban.
Hay buena cantidad de anécdotas que le han hicieron famoso:
Aristipo un filósofo que vivía con comodidades a expensas de la corte ateniense, vio a Diógenes comiendo en la calle un plato de lentejas, y con aires de superioridad le dijo: “Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer lentejas”. Diógenes replicó: “Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.
Célebre es la historia de la ocasión que le vieron salir a la calle con una lámpara encendida a pleno día. Al preguntarle la razón de este acto, contestaba: “Busco un hombre honesto”. –La ciudad está llena de hombres- le dijeron. A lo que él respondió: “Busco a un hombre de verdad, uno que viva por si mismo”.
Cuando vió cierto día que unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: “Los grandes ladrones han apresado al pequeño”.
En otra ocasión le pidió limosna a un individuo de mal carácter. Éste le dijo: “Te daré una moneda, si logras convencerme de que lo haga”. Y Diógenes le dijo: “Si yo fuera capaz de persuadirte, te persuadiría para que te ahorcaras”
Cierto personaje lo invitó a su mansión, advirtiéndole que no fuera a escupir en cualquier parte. No bien se lo acababan de advertir, cuando Diógenes le lanzó un gran escupitajo e la cara del anfitrión, diciéndole enseguida que no había encontrado lugar más inmundo para arrojar su flema en toda la casa.
Un día Alejandro Magno se encontraba en Corintio recibiendo honores por haber conseguido el liderazgo de las fuerzas griegas para enfrentarse a los persas. En la reunión se encontraban grandes personalidades de Grecia y se asombró al no encontrar entre ellos a Diógenes, cuya fama había llegado hasta sus oídos, así que deseoso de conocerlo fue luego en su búsqueda, y lo encontró tomando el sol. Entonces se acercó y le dijo: “Soy Alejandro de Macedonia; dime en qué te puedo servir”. A lo cual Diógenes respondió: “Hazte a un lado, que me tapas el sol”. Alejandro se soprendió ante aquella reacción del filósofo, por lo cual dijo a sus amigos: “Si yo no fuera Alejandro, desearía ser Diógenes”.
Siendo ya un anciano, se embarcó rumbo a Egina, pero fue capturado por los piratas, quienes lo llevaron a Creta para ser vendido como esclavo. Se le preguntó que sabía hacer, y él respondió: “Sé gobernar a los hombres, por lo tanto véndeme a quien necesite un amo”. Esta respuesta fue escuchada por Xeníades, un acaudalado hombre de Corinto, quien impresionado, compró a Diógenes y le concedió la libertad. Luego le solicitó que sirviera de maestro de sus hijos. El filósofo demostró tanta sabiduría y fidelidad que Xeníades no se cansaba de decir que los dioses habían enviado un genio a su casa.
Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda. Lo cierto es que muchas de sus anécdotas y palabras han permanecido hasta nuestros días; y sobre todo fue el responsable de que hasta hoy en día se continúe aplicando la palabra cínico a determinadas personas.

martes, 5 de mayo de 2009

JOSEF MENGELE, EL ANGEL DE LA MUERTE

Josef, pese a ser el primogénito, no tenía el más mínimo interés en apoyar la floreciente industria de implementos agrícolas de su padre. Era la más importante de la región, y esto le había dado a la familia una gran posición dentro de la sociedad de Bavaria, en Alemania, pero Josef tenía otras intenciones.
El señor Karl, padre de Josef, pasaba largo tiempo en su laboratorio, inventando máquinas que permitieran automatizar todas las labores agrícolas. Esto sí le agradaba al primogénito. La investigación era algo que lo seducía, pero le aburría realizar otras labores en la empresa.
El padre de Josef era de duro carácter. Cuando llegaba a la fábrica lo hacía gritando; y su madre parecía estar hecha con el mismo molde. Era una devota católica, piadosa, aunque muy recta de carácter y de dura disciplina. Josef creció prácticamente sin cariño, y lo único que le interesaba era hacer algo muy grandioso que lo destacara en la vida.
Su familia era poderosa económicamente; en su fábrica laboraban 1200 personas, así que hubo los suficientes recursos para enviarlo, en 1930, a la universidad de Münich, ciudad que se convertiría en un centro de agitación política. Allí escuchó por primera vez a Hitler, con un discurso sobre la superioridad de la raza germana. Infinidad de estudiantes lo apoyaron de inmediato. Entre ellos estaba Josef Mengele. Se hablaba mucho de que el pueblo alemán jamás podría florecer, mientras los parásitos judíos, gitanos y otros indeseables lo estuvieran contaminando.
Se hablaba de la “herencia” y la “eugenia”, términos utilizados por la comunidad científica que apoyaba a Hitler. La eugenesia se convirtió en una palabra sagrada, un término creado por el primo de Charles Darwin, Francis Caultin, que literalmente significaba “buenos genes”. Los estudios realizados con animales, por este hombre, iban en el sentido de mejorar la raza. Y según él, esto podía aplicarse a la raza humana, para crear una mejor sociedad, con gente más exitosa: gente superior. Sin que Caultín se lo hubiera propuesto, preparó con sus ideas el campo para una de las más grandes tragedias de la humanidad.
En 1934, Josef Mengele, se unió al Partido Nazi, pero siguió sus estudios y recibió un doctorado en Filosofía, para luego aprobar los exámenes de ingreso a Medicina. Se trasladó a la Universidad de Frankfurt y comenzó a investigar en el Instituto de Herencia Biológica e Higiene Racial bajo la tutela del doctor Ottmar von Verschuer, ardiente nazi y especialista en la ciencia eugenésica, mediante la cual se crearía la raza superior.
Al concluir sus estudios de medicina, Josef Mengele, hizo el juramento de Hipócrates, Padre de la Medicina: "El régimen que adopto será para el bien de mis pacientes, y no para su perjuicio. No administraré drogas a ningún paciente ni entraré a casa alguna, sino para beneficio de los enfermos".
Mengele se hizo miembro del cuerpo de elite Waffen SS, una organización que exigía pureza racial en sus miembros, cónyuges y familiares hasta la cuarta generación. Cuando decidió casarse con Irenna, hubo un interrogante acerca de sus antepasados, porque uno de ellos fue hijo extramatrimonial y había dudas acerca de sus ancestros. Mengele debió redactar documentos afirmando que no existían rastros de impurezas raciales ni sangre judía, algo que sería un pecado imperdonable para un oficial nazi de su jerarquía.
Con el ataque de los nazis a Rusia, Mengele y su unidad fueron movilizados al frente; poco después fue herido en combate, lo cual luego le mereció condecoraciones: la Cruz de Hierro en Primer Grado, y luego la Cruz de Hierro en Segundo Grado, un honor al que muy pocos accedían. Cuando sus heridas sanaron fue declarado no apto para combate. Por ello se ofreció voluntariamente como médico de campamento: es decir, como médico en los campos de concentración.
¿Porqué le interesaba a alguien de su nivel, con sus altas decoraciones y deslumbrantes antecedentes ir a un sitio como Auschwitz?. Josef Mengele tenía en mente una de las más terroríficas ideas que lo llevarían a convertirse en “El Ángel de la Muerte”.
Los médicos del campamento se hacían cargo de los judíos que llegaban en los trenes, para ser confinados en aquél terrible campo de concentración.
Estos doctores tenían un poder terrorífico. Separaban a los prisioneros, enviando a unos a la cámara de gas, y a otros, que les parecían adecuados, los seleccionaban para sus experimentos.
Mengele estaba totalmente empeñado en encontrar la forma de crear una raza aria pura. Y la mejor forma de lograrlo, desde su punto de vista, era experimentar con aquellos pobres infelices.
Sentía predilección especial por los gemelos y los enanos, pensando que en ellos encontraría la respuesta para incrementar la raza aria. Por ello los sometía a torturantes experimentos. Se preguntaba si provocándole dolor a uno, el otro también lo sentía. Estaba dispuesto a entender en su totalidad el mundo de la genética. Pero también quería crear niños perfectos con ojos azules. Así que a sus pobres víctimas les inyectaba tintes en los ojos para ver si podía hacérselos de color, provocándoles ceguera y otros daños mayores. Mas esto no era problema que le quitara el sueño, porque todos sus fracasos terminaban siempre en la cámara de gas.
En la pared de su sala de experimentación exhibía muestras de ojos, desde el amarillo pálido hasta el azul claro. “Estaban clavados como mariposas...” dijo uno de los sobrevivientes.
Contó para sus maléficas prácticas con más de 200 gemelos de entre los 2 y 18 años. Y podía hacer lo que quisiera con ellos. Sus resultados los enviaba al Instituto Kaiser de Berlín, a su maestro Von Verschuer, quien trabajaba con el mismo propósito.
Mengele paseaba por el campo de concentración provocando el terror. La tensión invadía por igual a prisioneros, guardias y médicos. Era el rey absoluto del lugar. Siempre se presentaba con un uniforme impecable y sus botas de cuero perfectamente lustradas, muy elegante, como un caballero refinado. Más tras aquella pulcra apariencia se ocultaba una bestia terrorífica que actuaba de una forma totalmente impredecible. En cierta ocasión llevaron ante él a un jovencito prisionero que había robado un poco de carbón para calentarse. Mengele sacó su pistola y le disparó a ambas rodillas, luego lo tomó del cabello y la disparó a la cabeza. “Robar está prohibido, y ustedes deben respetar las reglas de este lugar”, dijo a todos los presentes, para luego salir caminando como si nada hubiera ocurrido.
Mengele era un excelente pianista (incluso existe una grabación suya, cantando y tocando), y solía seleccionar a las jovenes judías más hermosas para pasar con ellas noches de música y placer, entre bebidas y notas de piano, más al final, por la mañana, todas sus bellas acompañantes terminaban en la camara de gas.

La mente de Mengele operaba como la de un científico, concentrándose en sus estudios sin que intervinieran en él los más mínimos sentimientos. Su mente de científico parecía justificarlo todo. Les inyectaba de todo a sus víctimas: cloroformo, nafta, insecticidas... quería saber que pasaba. Algunas veces lo hacía directamente sobre el corazón de la gente, teniendo un promedio de 60 víctimas diarias. Una de sus acciones más monstruosas era el realizar vivisecciones, que es lo mismo que una autopsia, pero con la gente viva y sin ninguna anestesia. Le urgía saber cuales eran los límites de tolerancia que podía tener una persona al dolor.
El 26 de noviembre de 1944, Einrich Himmer, máximo jefe de la SS, telegrafió a todos los comandantes de Campo ordenando suspender las muertes. Estaban perdiendo la guerra y había que desmantelar los campamentos. Pero a Mengele le faltaba un poco más de diversión, así que escogió a 461 de los prisioneros recién llegados y los mandó directamente a la cámara de gas. Aquello sucedió mientras se escuchaban cada vez más cerca los cañones rusos que se acercaban a ellos. En cuanto se cometió su último crimen, Mengele tomó todos sus escritos e inició la huída.
Poco tiempo después fue detenido por una unidad norteamericana, pero era tanto el desbarajuste de la posguerra, que fue liberado mostrando una falsa identificación.
Mengele recogió todos sus papeles relacionados con los experimentos humanos. Permaneció un tiempo en Alemania con un nombre falso y luego salió de Europa al enterarse por sus contactos que varios de los líderes nazis habían huido rumbo a América para salvarse.
Se fijaron 3.4 millones de dólares de recompensa por su captura. Pero Mengele siempre supo escurrirse con documentación falsa, encubierto por muchos de sus simpatizantes. Así deambuló por diversos países sud americanos hasta llegar a Brasil. Vivía siempre lleno de miedo. Dormía en una pequeña habitación, con una pistola al alcance. En 1976 recibió la visita de su hijo, a quien le aseguró nunca haber hecho nada incorrecto, que solo seleccionaba a los prisioneros para encomendarles faenas. Por supuesto que su hijo le creyó.
Nunca pasó nada, nadie logró jamás dar con su paradero. En 1979 fue invitado a pasar un día en la playa, a 50 millas de Sao Paulo. Mengele se introdujo al mar, hasta que el agua alcanzó sus rodillas. En ese momento desapareció. Sufrió un ataque cardíaco, cayó al agua y se ahogó.
En 1985 sus perseguidores llegaron hasta su tumba y solicitaron la exhumación. Expertos forenses de estados Unidos, Alemania e Israel se encargaron de las investigaciones. Se enviaron muestras óseas a Inglaterra, donde existen bancos de datos para su comparación. Esa comparación se retrasó muchos años debido a que la ex esposa de Mengele, Irenna, y su hijo Rolf, se negaban a dar muestras de sangre. Frente a la fábrica Mengele, propiedad de los herederos, se armó una gran manifestación de los sobrevivientes del holocausto. Su grito era “Nosotros entregamos la sangre de millones en Aushwitz. ¡Cómo pueden negarse a dar una simple gota, para el estudio de la verdad.
Las autoridades alemanas presionaron a Rolf y su madre, y se obtuvieron las muestras requeridas. El examen de ADN confirmó que aquél hombre sepultado en Brasil era Josef Mengele. A pesar de todo ello, muchas de las víctimas o sus descendientes quedaron inconformes con la forma de su muerte. Sintieron que después de todas sus atrocidades, la muerte fue sumamente benévola con él. Hubieran preferido una muerte lenta y dolorosa, pero murió prácticamente como cualquier anciano. Y nadie pudo cambiar en lo más mínimo el destino.

viernes, 1 de mayo de 2009

LA HISTORIA DE TONY

Para Tony Valle las cosas iban bien en la vida. Al menos parecían comenzar a componerse después de su fracaso matrimonial. Su trabajo como representante de ventas de una exitosa compañía establecida en Guadalajara, le habían permitido salir airosamente de cualquier problema económico, y aunque no vivía con grandes problemas en este sentido, había algo en su vida que le hacia sentirse vacío. Como nos sucede a tantos, quienes creemos que la vida es así… descolorida, desabrida, sin gran atractivo. Viviendo solamente por vivir.
Pero un día las cosas cambiaron, al estarse bañando, descubrió que se le había formado una pequeña bola en una pierna. La tocó, la presionó, pero no sintió nada. Le pareció un tanto extraño, pero no le prestó la mayor atención. Pasaron los días y la bola persistía, creciendo al parecer un poco cada día.
En el campo de juego, a donde acudía semanalmente para hacer algo de deporte, se encontró con Carlos, su amigo, el doctor; así que para disiparse las dudas, decidió mostrarle aquella anomalía, para de una vez por todas quitarse la inquietud que le venía provocando.
El doctor la miró, hizo un ligero reconocimiento y le pidió que fuera a su consultorio para hacer un reconocimiento en forma y determinar la causa que estaba provocando aquella anomalía. Tony esperaba una respuesta simple, quizás que le recetara unas pastillas y punto. Pero no fue así. Y el mundo se le vino encima cuando, una vez que se realizaron los correspondientes análisis, se descubrió que aquello era un tumor canceroso.
La noticia fue para Tony como una sentencia de muerte. Ninguno de nosotros sabemos lo que es recibir una noticia de esta índole, solo aquellos que han pasado por ese amargo trago saben lo que esto significa.
Después le extirparon el tumor, y vino el penoso tratamiento de la terrible quimioterapia. Al principio pareció sencillo, pero después de un par de semanas, no podía ni pasar la saliva y todo su cuerpo comenzó a manifestar los estragos que provoca el tratamiento. Pero lo más penoso de todo fue cuando una mañana, después del baño, al pasar el cepillo por su cabeza, los mechones de pelo quedaron enredados entre las cerdas, quedando tan solo un poco de su pelo aquí y allá, dejándole enormes lunares de calvice en su cabeza. Ese día no pudo reprimir la angustia y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero solo fue algo momentáneo; decidió que iba a enfrentarlo todo con entereza, así que cogió el rastrillo y se rasuró totalmente la cabeza y salió decidido a continuar la vida, aunque su alma estaba totalmente llena de pena.
Sus amigos, su familia… todos le mostraron su apoyo. Con palabras torpes y como Dios les dio a entender, le dijeron que estaban con él. Pero Tony, pese a todo ello siguió sintiendo que la lucha era únicamente de él y de nadie más y caía en momentos depresivos con bastante frecuencia sabiendo que estaba completamente solo para enfrentar su incierto destino.
Días después, cuando llegó a casa por la noche, se sorprendió al ver a su hijo, un adolescente de escasos 16 años, y quien siempre andaba super bien arreglado, como cualquier chico de moda; y quien aquél día, había mandado al traste su hermosa cabellera y ahora se mostraba totalmente rasurado de la cabeza, a imagen y semejanza de su padre.
Tony, sin entender bien lo que pasaba, le preguntó a su muchacho porqué había hecho semejante cosa. Y su hijo, con cierta timidez y palabras titubeantes le dijo: “Papá, lo hice porque quiero que sepas que yo también estoy contigo”
Tony salió adelante, los más recientes estudios señalan que no existe rastro alguno de cáncer en su organismo. Pero de toda esta terrible experiencia le quedó un enorme amor por la vida y el recuerdo de aquella escena donde descubrió el corazón solidario de su hijo.