martes, 16 de junio de 2009

EL CADAVER DE LA REINA

El príncipe Pedro se casó con Doña Constanza de Castilla, pero no tardó mucho en enamorarse de Inés, una de las damas de su esposa.
Cuando murió su mujer en 1345, se dispuso a casarse con su amada; pero su padre se opuso. Aun así, Pedro se casó en secreto con Inés, y cuando se supo en la corte, desató la ira del rey que mandó asesinarla.
La reacción de Pedro no fue otra que alzarse en armas contra su padre, una lucha que no cesó hasta que éste murió. Y, una vez que fue coronado rey, Pedro I emprendió la venganza contra los asesinos de su esposa.
Ordenó que los capturaran, les sacaran el corazón en vida y que, finalmente los quemaran. Además, mandó desenterrar a doña Inés y la sentó en el trono para que todos los cortesanos besasen su mano como reina.

EL PROFETA DEL REY RICARDO

Un muchacho campesino de Cheshire, Inglaterra, en el siglo XV, llamado Robert Nixon, era un retrasado mental, que por lo general era demasiado callado. Aunque en ocasiones tenía explosiones de verborrea a las que nadie les prestaba realmente atención. Al fin que estaba loco.
Una tarde, mientras trabajaba en los campos, Nixon de pronto comenzó a decir una serie de cosas incomprensibles. Con mucho entusiasmo exclamó:
- ¡Ahora Dick!, ¡Ahora Harry! ¡Muy bien hecho Harry! ¡Harry ha ganado la batalla!.
Quienes lo escucharon rieron de buena gana con sus extrañas palabras, más no creyeron que estas tuvieras significado alguno. Pero al día siguiente, un correo que estaba de paso procedente de Londres informó que el rey Ricardo, a quien llamaban Dick, había muerto en combate contra las fuerzas del rey rival, Enrique Tudor, a quien llamaban Harry. La batalla había sucedido el día anterior y, al parecer en el mismo momento en que el loco Nixon había dicho aquellas extrañas palabras, que ahora todo mundo entendía a que se referían.
Cuando Enrique Tudor, convertido en Enrique VII de Inglaterra, se enteró del incidente, envió a buscar al visionario retrasado mental, pero Nixon se puso histérico cuando se le entregó la orden de presentarse ante el rey. Quedó petrificado ante la idea de tener que ir a Londres y suplicó que no le obligasen a ir. Si lo hacía, afirmó, seguramente moriría de hambre. Pero a pesar de sus protestas, muy pronto fue escoltado hasta el palacio, donde Enrique VII escondió un valioso diamante, alegando que lo había perdido. Sin embargo Nixon tenía mucho más talento que el que el rey había dado por supuesto. De una manera muy tranquila le dijo que quien esconde un objeto, es el más indicado para saber donde se encuentra, así que él no tenía ninguna necesidad de decirle a su Majestad dónde se hallaba el diamante.
El rey quedó sumamente impresionado, así que instaló a Nixon en el palacio, ordenando que se escribiera todo lo que aquél retrasado mental dijera. Fue así como predijo las guerras civiles inglesas y la guerra con Francia, al igual que las muertes y abdicaciones de varios reyes.
A pesar de su exitoso cargo al servicio del rey, Nixon se veía constantemente acosado por el miedo a morir de hambre. Y para evitarle dicho tormento, el rey ordenó que a Nixon se le diera de comer cuanto quisiera, lo que quisiera y a la hora que deseara. Por supuesto que esto no cayó en gracia de los cocineros de palacio, pero acataron al pie de la letra la orden del rey. Cuando el rey salía de palacio le encargaba a un funcionario que velara en todo momento por la seguridad de Nixon y le atendiera en todas sus necesidades. La orden era tan estricta que el funcionario sentía pavor de quedar mal con el rey, así que estaba muy al pendiente de todo cuanto Nixon necesitaba.
Pero en una de esas ocasiones en que el rey salió del palacio, el funcionario encargado de Nixon fue solicitado para una urgente encomienda, y para evitar problemas de riesgo con Nixon, lo encerró en un armario. Dando la orden a los guardianes de que lo alimentaran y cuidaran para que no le pasara nada. Pero los guardianes se olvidaron del encargo, y cuando el funcionario regresó encontró a Nixon muerto dentro del armario. No hubo quien le diera de comer.

lunes, 8 de junio de 2009

ISAAC TIGRET Y SU CAFE

Isaac Tigret procedía de una familia sureña de los Estados Unidos, en un pueblo donde el 90% de los habitantes eran negros. Conoció muy de cerca la segregación racial, cosa que siempre le molestó y jamás logró entender. Cuando sus padres se divorciaron, Isaac se decidió por su padre y se marchó con él a Inglaterra a trabajar en una fábrica que ahí tenían.
Pero el jovencito luego le dio un fuerte dolor de cabeza a su progenitor, porque lideró una huelga ilegal contra su misma empresa, apoyando a sus trabajadores por el exceso de ruido. Se provocó un gran distanciamiento entre él y su padre, pero aquello no le importó. Abandonó la fábrica y se dedicó a comprar Rolls Royce usados, mismos que luego enviaba a los Estados Unidos obteniendo buenas ganancias.
En Inglaterra volvió a enfrentarse con la diferencia de clases. Los ricos tenían sus lugares y los pobres los suyos. No se podían mezclar los grupos de diferente condición. Había restaurantes para unos y para otros, al igual que bares o centros de distracción. Pero en la mentalidad de los jóvenes había el cambio. Era la época del Peace & Love, en la década de los años 60’s e Isaac quiso hacer un restaurante donde pudieran entrar todos, sin importar raza ni condición. Un lugar donde el rock fuera la música ambiental y todo girara entorno a él.
Se asoció con otro americano, Peter Morton y realizaron un lugar lleno de informalidad, cubriendo las paredes de guitarras eléctricas, dibujos, fotografías y todo cuanto encontraron relativo al rock. La comida no fue problema, algo totalmente americano, con hamburguesas y cervezas. Y el nombre fue algo muy importante, porque debía expresar lo que realmente querían, así que le pusieron Hard Rock Café.
El éxito fue inmediato: banqueros, panaderos, ejecutivos, obreros, oficinistas, taxistas… gente importante y gente común. Todos hicieron cola para entrar al lugar. El sitio pronto se convirtió en el lugar donde se podía ver a las estrellas: Jimmy Hendrix, Paul McCartney, Mike Jagger, Eric Clapton y muchos más desfilaron por ahí.
Isaac no sabía nada de restaurantes, pero inventó el suyo propio, apartándose totalmente de los conceptos tradicionales. Escogió personal muy diverso, mezcló ingleses con africanos, españoles y orientales. Sus empleados provenían de 25 países diferentes. Le gustaba la diversidad y con ello mostraba que su sitio era para todos.
Además estableció su estrategia inculcando bondad, calidad a través de la cortesía, igual trato para cualquier cliente y amistad. Quería un sitio que destilara amor, como la filosofía hippie. Además estableció un sistema de reparto de utilidades por puntajes según la calidad de servicio y trabajo de los empleados. Y para él los hombres y las mujeres estaban en igualdad de condiciones. No le agradaba que nadie se sintiera superior. Todos sus empleados le hablaban a Isaac como a cualquier compañero y los atendía sin formalismos. Hasta tenían acceso a su número de teléfono personal para cualquier asunto que desearan tratar con él en cualquier momento.
Otra estrategia fue poner personal que atendiera a todos los clientes que hacían cola, sirviéndoles bebidas y haciéndoles el rato de espera más ameno. Los días de lluvia hasta paraguas repartían a los clientes.
Posteriormente su estrategia fue el realizar promocionales, como cajas de cerillos y otras chucherías. Todos ellos, además de llevar el logo del restaurante, tenían una frase positiva del tipo “Ama a todos, sirve a todos”, “Ayuda siempre, no dañes jamás”, “Comienza el día con amor”, “Haz el bien, ve el bien, piensa bien”, etc.
Tiunfó Isaac y su socio? Usted lo sabe. En 1990 vendieron la marca Hard Rock Café en $ 107 millones de dólares. Para entonces la cadena ya se había extendido a varios lugares del mundo. De los 107 millones de dólares recibidos, Isaac hizo un cuantioso donativo para obras sociales y con el resto creó un nuevo concepto de restaurante al cual llamó Blues Café.

LA LEYENDA DEL UNICORNIO

Según narra el libro del Génesis, Dios le dio a Adán la tarea de ponerle nombre a todas las cosas y animales creados. La Biblia antigua decía que el primer animal que recibió nombre fue el unicornio, posteriormente le borraron eso de “unicornio” y le pusieron “toro salvaje”. Pero según se cuenta antiguamente había siete referencias de él en el libro sagrado.
La antigua tradición decía que cuando fueron expulsados del Paraíso, el unicornio fue con ellos, por lo cual luego fue tomado como símbolo de castidad y pureza.
Para la gente de la edad media la existencia del unicornio era tan cierta como las historias de la Biblia. Todos creían en él.
En la edad media se pagaba su peso en oro por los cuernos del unicornio. Se decía que era un animal semejante a un ciervo, con un cuerno de hasta dos metros sobre la frente. Era, según cuentan las crónicas, un animal muy fiero y que solo las más bellas doncellas podían amansar. Su cuerno era un fabuloso antídoto contra todo veneno. Bastaba limar un poquito en la copa del rey antes de cada bebida para que nunca muriera envenenado. Incluso se realizaban copas con los cuernos de este animal para el servicio de los reyes. Algunas de esas copas han llegado hasta nuestros días. Aunque cabe aclarar que ahora se sabe que dichas copas fueron realizadas con un cuerno de narval. Un raro animal marino que tiene un cuerno muy peculiar y con el cual se estuvo engañando mucho tiempo a la gente al hacerlo pasar como de unicornio.
También se decía que con el cuerno de unicornio se curaban dolores de estómago, epilepsia y que quien lo poseía alcanzaba incluso la inmortalidad. ¡Hasta los muertos resucitaban!.
Y para evitar fraudes se decía que el verdadero cuerno:
- Hacía hervir el agua al que era arrojado, aunque sin calor y sin sonido.- Despedía un dulce aroma si era quemado- Al acercar plantas y animales ponzoñosos al cuerno, éstos morían- Sudaba en presencia de un veneno- Siempre era estriado, extremadamente duro, muy pesado, de color de la madera, y capaz de salvar la vida de una paloma envenenada con arsénico.- Si hacían con él un círculo y en éste encerraban una araña, el insecto no podía salir- Si se guardaba dentro de una vasija cerrada, junto con tres o cuatro escorpiones, estos morían al cabo de cuatro horas.
El Talmud habla del unicornio; la tradición judía dice que es el más fiero de los animales y capaz de matar un elefante con una sola estocada de su cuerno. También los escritos antiguos de Asia lo mencionan. Era honrado como el rey de los animales terrestres. Por su fuerza y sabiduría se podía comparar con el dragón y era representativo de la compasión, el amor y la paz. A veces lo representaban con escamas que reflejaban todos los colores del arcoiris.
Era un animal que siempre traía mensajes importantes a los humanos. Hace como 5000 años, se le presentó al emperador Fu Hsi para revelarle los secretos del lenguaje escrito y muchos otros conocimientos. Después otro unicornio se presentó ante el emperador Huang-ti, quien recibió la sabiduría de él e inventó luego los instrumentos musicales, enseñó a su gente a construir sus casas con ladrillos y unió a las tribus chinas por primera vez. Después el unicornio volvió al final de la vida de este emperador y lo llevó sobre sus lomos a la tierra de los muertos.
En la India dicen que hay montañas que son inaccesibles a los hombres y que están llenas de bestias salvajes. Entre ellas está el unicornio. Dicen, además, que tiene el tamaño de un caballo, crines como de león, patas de elefante y cola de cabra. Es extremadamente veloz. Entre sus sienes tiene un cuerno negro, lleno de anillos como en espiral. Es amable con las bestias que se le acercan, pero pelea con los de su raza, y no solo los machos entre sí, sino que contiende aún con las hembras y sus peleas son a muerte. Por supuesto que nadie jamás ha logrado capturar uno de ellos.
En Persia el shad-hahvar (un tipo de unicornio), era una criatura parecida al antílope que poseía un solo cuerno hueco, mismo que producía las más hermosas melodías cuando soplaba el viento a través de él. Los animales que escuchaban esta canción eran seducidos y llamados por su dulzura. Aquél unicornio persa entonces los devoraba.
Pese a que no se ha encontrado jamás el esqueleto de uno de ellos, muchos creen que el unicornio si existió, al igual que los dinosaurios, el mamut, el Yeti o el monstruo del Lago Ness. Y no falta quien diga que aún existe, pero solo logrará verlo o atraparlo aquél hombre que sea todo pureza y virtud. ¿Reunirá algún mortal semejantes atributos?

LA OREJA DE VINCEN VAN GOGH

Un día de invierno, Vincent encontró a una mujer que vagaba por las calles, estaba alcoholizada, embarazada, más aún así luchaba por conseguir algún cliente que quisiera pagarle un poco de dinero por un rato de malsano placer. A Vincent le dio lastima. Pese a su condición la mujer le pareció atractiva. La noche era tan fría que calaba hasta lo insoportable, por ello decidió llevarla consigo.
Vincent había intentado de muchas formas relacionarse amorosamente con una mujer, pero solo había sufrido desprecios y decepciones. Ahora tenía a su lado a un ser desprotegido y hambriento y por ello no titubeó en darle su abrigo.
Cuando su familia se enteró puso el “grito en el cielo”. Ya bastantes problemas les había ocasionado con su carácter tan inestable y agresivo; ellos eran religiosos, incluso el mismo Vincent había sido misionero, hijo y nieto de pastores protestantes… aquello era el colmo, algo insoportable, un total escándalo. ¡Vincent vivía en concubinato con una prostituta!
Pero Vincent no amaba carnalmente a Sien, ante sus ojos ella era solo una mujer desvalida necesitada de protección y cariño. El era su salvador. Y tanto le inspiró que comenzó a utilizarla como modelo para sus trabajos. Tomó el pliego y el carboncillo e inició los trazos de aquella figura maltratada y desvalida. Dibujos que nadie compraría, porque… ¿a quién le interesa tener en casa un retrato de una prostituta en decadencia?.
Los dibujos que Sien le inspiraba eran de una belleza profunda. Incluso uno de ellos se lo dedicó a su hermano Théo, quien fue siempre el más grande apoyo para el pintor, más para Théo también era inaceptable aquella relación. Cuando su hermano recibió el dibujo se sintió totalmente decepcionado. Era el retrato de una mujer con el cabello suelto, el cuerpo demacrado, usado, los senos flácidos, como una flor totalmente marchita…
A mediados del año Vincent ingresó al hospital, no para tratarse de sus frecuentes ataques de locura, sino para curarse de una enfermedad venérea que le había regalado su cándida protegida. Pero a Vincent ni le importó. Ese día Sien había dado a luz a una chiquilla raquítica, que provocó las más emotivas reacciones de Vincent. Por primera vez en la vida se sentía padre, y el hombre más feliz de la tierra.
Momento agridulce ciertamente, ya que Vincent pasaba grandes penurias económicas. No lograba vender ninguno de sus cuadros y su familia insistía en que debía abandonar a aquella mujer. Ella siguió bebiendo y prostituyéndose, incluso tiempo después volvió a quedar embarazada y tuvo un nuevo hijo. ¿De Vincent?. Quien sabe. Pero él le perdonaba todo. Se sentía engañado, burlado, humillado, pero ¿qué importa?. Sentía tanta lástima por ella que sus faltas carecían de importancia.
Al fín decidió separarse de ella. No porque se hubiera cansado de su conducta, sino porque estaba en tantos problemas que ya le era imposible ayudarla. Y así terminó esa historia, más no el enfermizo placer de Van Gogh por relacionarse con mujeres de la noche.
Tiempo después se cortó el lóbulo de una oreja. Le sobrevino una hemorragia tan fuerte que empapó varias de sus toallas, esparciéndose la sangre por el piso. Como Dios le dio a entender se vendó la cabeza, puso el fragmento de oreja cortada en un sobre y fue a llevárselo a una mujer. Dicen que era una damicela de la vida galante. Al entregarle el sobre le dijo: “Guarda este recuerdo mío”. Después volvió presuroso a su casa, se acostó y se durmió.
Vincent fue llevado al hospital, ahí lo atendió el doctor Rey, a quien luego en agradecimiento le obsequió uno de sus cuadros.
Una mañana, Vicent fue al hospital y encontró al doctor Rey afeitándose en su aposento, con una de aquellas tradicionales navajas tipo cuchilla. Vicent se le acercó y quedó viendo con malicia la navaja, luego le preguntó:
-¿Qué hace doctor?
- Me estoy afeitando como ves…-
-Vicent sonríe y le propone: -Si quiere yo lo afeito –
El doctor enfurecido le gritó - ¡Lárgate de aquí inmediatamente! –

KEVIN MITNICK EL HACKER

Desde muy pequeño Kevin Mitnick sintió una auténtica fascinación por las computadoras. Otros niños se obsesionan con los videojuegos, más no fue el caso de Kevin. Mostró tal audacia en este campo, que en 1980, cuando tan solo contaba con 16 años, encontró la forma de romper las normas de seguridad del sistema administrativo de su colegio e ingresó directamente hasta el archivo donde estaban sus calificaciones. Todo ello desde la computadora que tenía en casa. Pero no hizo ninguna alteración, ni había necesidad, sus calificaciones ya eran buenas.
Aquella primera experiencia le llenó de una onda satisfacción, así que a partir de entonces encontró el máximo placer en explorar y apropiarse de la valiosa información de las compañías conectadas a la red. Había nacido el más afamado Hacker de nuestro tiempo.
En 1981, junto con un par de amigos, se introdujo físicamente a las oficinas de Cosmos Pacific Bell, una base telefónica central utilizada por la mayoría de las compañías telefónicas norteamericanas, misma que controla el registro de llamadas y de ahí se robaron una lista de claves de seguridad, la combinación de las puertas de acceso de varias sucursales y manuales del sistema. Aquella información robada tenía un valor de 200 mil dólares. El chiste no les salió perfecto porque la novia de uno de ellos los delató, aunque por ser menor de edad, una corte juvenil lo sentenció a tres meses de cárcel y a un año bajo libertad condicional.
El custodio que fue comisionado para vigilar a Kevin, de pronto se dio cuenta que su teléfono personal estaba muerto. Reclamó a la compañía telefónica y ahí le reportaron que ni siquiera existía un registro a su nombre en el sistema. Señal de que Kevin continuaba haciendo de las suyas.
La venganza le parecía dulce, así que ingresó a los sistemas de la compañía telefónica y colocó una serie de números telefónicos para su servicio, los cuales eran imposibles de facturar. El nombre con el que los dio de alta, James Bond y todos ellos con terminación 007. Después ingresó a un sistema de tarjetas bancarias y se apropió de 20 mil números. Se robó el software de más de media docena de fabricantes de celulares y tenía el control de tres oficinas centrales de teléfonos en Manhatan y de todos los centros de conmutación de California, teniendo la posibilidad de escuchar cualquier conversación telefónica; o haciendo diabluras como alterar el registro de un teléfono particular, para que cada vez que el usuario levantara la bocina se escuchara una grabación que pedía depositara una moneda de .25 ctvs.
Al darse cuenta del robo sufrido se reportó de inmediato la situación al FBI. Un año más tarde fue arrestado de nuevo. Para entonces ya había accedido a la computadora del Pentágono. Lo sentenciaron a seis meses de cárcel en una prisión juvenil de California. No podían hacer más porque seguía siendo menor de edad.
Una vez libre continuó con sus fechorías e invadió el sistema de la compañía Microcorp System. Lo atraparon y sentenciaron a tres años de libertad condicional, más luego su expediente desapareció de la computadora de la policía local.
Decidió corregirse y buscó empleo en el Security Pacific Bank, pero al conocer sus antecedentes fue rechazado. En venganza entró a su sistema, modificó su balance y los hizo aparecer con pérdidas de mas de 400 millones de dólares. Más el administrador de la red se dio cuenta de la violación y detuvo a tiempo el informe. De haberse publicado había provocado una catástrofe.
Ese mismo año se inició el escándalo que lo llevó a la fama. Durante meses observó secretamente el correo electrónico de los miembros del departamento de seguridad de MCI Comunications y Digital Equipment Corporation, para conocer como estaban protegidos las computadoras y el sistema electrónico de ambas compañías. Luego de conocer suficiente información se apoderó de 16 códigos de seguridad de MCI y junto a su amigo, Lenny DiCicco, entraron en la red del laboratorio de Investigaciones de Digital Corporation, obteniendo una copia del prototipo del nuevo sistema operativo de seguridad. La compañía se dio cuenta del ataque y dieron aviso al FBI, quien comenzó a rastrear a los hackers.
Pero Mitnick fue un boquiflojo, le contó al jefe lo que habían hecho, y este de inmediato los denunció a Digital y al FBI.
Ambos fueron arrestados. La empresa afectada los acusó por un daño de 4 millones de dólares por el robo de su sistema operativo. Fue declarado Mitnik culpable de fraude en computadoras y posesión ilegal de códigos de acceso de larga distancia, prohibiéndole el uso del teléfono en la prisión, ya que a través de cualquier teléfono podía obtener acceso a las computadoras. Tan solo se le autorizó llamar a su abogado, a su esposa, a su madre y a su abuela y solo bajo supervisión de un oficial de la prisión.
El caso fue ampliamente difundido en los Estados Unidos. Su abogado convenció al juez que Mitnik sufría de adicción a las computadoras, al igual que un alcohólico, un drogadicto o un apostador. Gracias a esta maniobra, Mitnick fue tan solo sentenciado a un año de prisión, más el seguimiento de un programa de rehabilitación posterior de seis meses.
En 1991, Mitnick, ya era toda una gran figura que incluso había aparecido en la primera página del New York Times. John Markoff, escribió un libro con la historia y aventuras del hacker, cosa que le molestó bastante, ya que su cuenta de correo electrónico fue sobresaturada con tantos admiradores que logró a nivel mundial.
En 1992, Mitnick ingresó a trabajar a una agencia de detectives, donde hizo un manejo ilegal de la base de datos, interviniendo de inmediato el FBI quien determinó que había violado los términos de su libertad condicional. Allanaron su morada, pero Mitnick no fue encontrado convirtiéndose en prófugo de la justicia.
El Departamento de Vehículos de California ofreció una recompensa de 1 millón de dólares a quien arrestara a Mitnick, por algunas fraudulentas maniobras que realizó en su sistema. Parecía un imposible atraparlo, porque había perfeccionado al máximo su forma de operar a través de teléfonos celulares.
En la navidad de 1994 Mitnick invadió la computadora de Tsutomu Shimomura, un físico computista y experto en sistemas de seguridad del San Diego Supercomputer Center, quien era un excelente hacker, pero dentro de la legalidad. Le sorprendió ver como alguien había invadido su sistema con un método muy sofisticado, que jamás había visto. El intruso le había robado su cuenta de correo, software para el control de teléfonos celulares y varias herramientas de seguridad. Shimomura, herido en su orgullo personal, decidió ir a la caza del culpable.
Posteriormente Shimomura descubrió que Mitnick había creado una cuenta fantasma en la compañía The Well y desde ahí lanzaba con las herramientas de Shimomura ataques contra los sistemas de Motorola, Apple y Qualcomm. Shimomura se puso en contacto con los jefes de sistemas de estas compañías y uniendo fuerzas lograron detectar que las llamadas provenían de Raleigh, California.
Con el apoyo del FBI, más un equipo de rastreo creado por Shimomura, y después de sortear infinidad de problemas, lograron encontrar el departamento donde se escondía el infractor. El FBI tocó a la puerta y Mitnick abrió sin sospechar que había caído nuevamente en poder de la justicia. Le decomisaron una enorme cantidad de material de cómputo y equipo telefónico.
De regreso a su hotel, Shimomura escuchó los mensajes de la contestadora telefónica de su residencia en San Diego. Y para su sorpresa encontró varios mensajes dejados por Mitnick, todos ellos con acento oriental y en tono de burla. El último había sido recibido ocho horas después de su arresto. ¿Cómo lo Hizo?. Nadie ha podido hasta hoy dar la respuesta.

ANITA Y EL MARAHAJA DE LA INDIA

Anita Delgado era una de las bailarinas del café-concierto Central-Kursaal de Madrid, un sitio frecuentado por artistas e intelectuales. Era una chica muy sensual y atractiva, por lo cual, pese a sus dieciséis años, recibió repetidas propuestas de pintores como Romero de Torres para posar, más ella siempre las rechazó. Era originaria de Málaga, donde su padre tenía un pequeño café; pero un día la situación se les presentó muy difícil y la familia se vio obligada a vender lo poco que tenían y emigrar a la capital.
A Anita y su hermana Victoria les encantaba la poesía y su padre les pagó cursos de declamación, pero con la llegada de los malos tiempos, se acabaron los privilegios y hubo la necesidad de que las jovencitas se pusieran a trabajar. Lo peor de todo, desde el punto de vista de su padre, fue que en Madrid Anita y Victoria, al no encontrar otra oportunidad, entraron a aquél cafetín a desempeñarse como bailarinas. Pero el hambre y la necesidad eran más grandes que el orgullo, y su padre terminó por aceptarlo a regañadientes.
Dos años después, una de aquellas noches en que Anita desplegaba los encantos de su figura al vaivén de la música seductora, sintió la penetrante mirada de un hombre muy peculiar, que estaba entre la concurrencia. Aquél hombre de porte distinguido y personalidad fuera de lo común, seguía como hechizado cada uno de sus delicados movimientos. Cuando su número terminó, el extraño caballero se puso de pie y aplaudió más que ninguno, luego fue a seguirla hasta el camerino y la invitó a venir a su mesa.
Aquél novel admirador era el príncipe Jegait Singh, maharajá de Kapurtala, una región del norte de la India, y quien estaba en Madrid como invitado a la boda del rey Alfonso XIII y Ana Battemberg.
El maharajá hizo hasta lo imposible por conquistar a Anita, pero la jovencita se sintió tan acosada por el extraño personaje que hizo cuanto puedo por alejarse de él. No era el primero que la anhelaba; ya había tenido demasiadas propuestas de hombres ricos que iban a embriagarse y de paso buscaban una aventura, y ella no tenía el menor deseo de ser la aventurilla de nadie.
El príncipe volvió a buscarla e insistió con su propuesta noche tras noche, más ella fue firme en todo momento con su negativa. Poco después el maharajá tuvo que salir presuroso de Madrid rumbo a París, debido a que se presentó un atentado contra los reyes de España de parte de un anarquista. Más no perdió la esperanza y desde la capital francesa envió a su mensajero para intentar una respuesta afirmativa de la hermosa muchachita.
Ella continuó resistiéndose, pero su grupo de amigos, quienes conocían de la propuesta, la animaron a darle el “sí” al príncipe, y Anita, después de evaluar la situación, y más que por otra cosa, pensando en que esto ayudaría económicamente a su familia, al final terminó por acceder, dirigiéndose a París para formalizar el compromiso. Posteriormente él partió hacia la India, dejándola al cuidado de un grupo de sirvientes, mientras se solucionaban los papeles que eran requeridos para el viaje. Más en cuanto se completaron las formalidades se embarcó rumbo a la India para concretar el matrimonio.
Cuatro semanas después, Anita llegó en barco a Bombay; era el mes de noviembre del año 1907. Un tren la esperaba para llevarle a Kapurtala. El vagón del maharajá era de un lujo increíble. Las paredes de caoba, las lámparas de bronce, la vajilla inglesa y el conjunto tapizado en terciopelo azul y plata. En cuanto a bebida y comida, todo estaba a la altura de un alto monarca. Además el séquito de sirvientes la atendió como a una auténtica princesa, aunque ella era de una condición verdaderamente humilde.
Después de dos placenteros días de viaje, Anita despierta en el Punjab, una de las regiones más bellas y fértiles de la India: campos dorados de trigo y cebada, prados floridos cercados de álamos, un mar ondulante de maíz, de mijo y de caña de azúcar, atravesado por ríos de aguas plateadas y poblado de campesinos enturbantados que empujaban afanosamente sus arados tirados por bueyes descarnados. Había tanto tráfico por los caminos cercanos que se formaban largas caravanas de carros de bueyes repletos de frutas y verduras.
El tren que transportaba Anita se detuvo en Jalandar, un acotamiento británico donde la esperaba el maharajá. La pareja continuó su camino en un elegante Rolls Rollce.
Fueron recibidos en Kapurtala por la gente del pueblo, con una devoción que ralló en el fanatismo. Anita fue tratada como una reina, la gente le besaba las manos y los pies y todos se inclinaban a su paso juntando las manos como en señal de oración. Una doble hilera de elefantes se extendía hasta el porche de la entrada, en perfecto orden de formación, para darles la bienvenida. Adentro, el palacio era tal y como cualquier cenicienta hubiese soñado. Había tantos sirvientes, que el interior parecía una ciudad, tan solo baste decir que los suntuosos jardines eran atendidos por 500 jardineros.
La boda rebasó todos los límites de lo imaginado. Anita fue vestida de la más fina seda y aromada de mirra. A la ceremonia llegó montada sobre un deslumbrante elefante previamente engalanado con ricas vestiduras bordadas. A partir de entonces Anita se convirtió en una de las mujeres más envidiadas del planeta.
El palacio del maharajá era realmente impresionante. Todo como de ensueño, pero como este no es un cuento de hadas, debo decir que tras el matrimonio, Anita descubrió que su flamante marido tenía cuatro esposas más y un hijo con cada una de ellas, algunos de su misma edad. Más a pesar de la dura competencia, Anita supo imponerse, manteniéndose como la esposa favorita de príncipe. Aunque su familia política desaprobó el matrimonio y la consideró una intrusa, causándole enormes problemas. El principe era un hombre amante de los placeres y la vida, sobre todo muy inclinado a las mujeres pero aún así Anita aprendió a amarlo.
El monarca gustaba de las joyas, la comida, la bebida, los caballos, los Rolls Royce, la cacería de tigres, el buen vestir, viajar a Europa... todos los lujos de un príncipe. Disfrutaba al máximo los placeres de la vida.
Con gran paciencia el príncipe Jegait la instruyó en las costumbres hindúes y la educó y refinó sus modales para que se condujera con corrección representando su nuevo papel de princesa. Pronto se convirtieron en la pareja de moda. Continuamente viajaban por toda Europa, Estados Unidos y Sudamérica, siendo perseguidos por fotógrafos y reporteros de los cinco continentes.
Anita no tardó en adaptarse a su nueva vida. Lo mismo vestía el sari hindú que espectaculares modelos diseñados en la capital francesa. Amo a la gente del pueblo y ese amor fue ampliamente correspondido.
La princesa andaluza alumbró a un hijo, al que llamó Ajit. Lo educó con gran esmero inculcándole el amor por sus raíces, dándole clases de castellano, y fue tal el éxito de su progenitora en este sentido, que ya de grande se aficionó el muchacho a los toros y platillos españoles.
A la llegada de la I Guerra mundial el príncipe participa en el conflicto apoyando a los ingleses. Se marcha con Anita a Europa y hace importantes donativos a los hospitales franco-británicos. Y fue durante ese tiempo que surgieron los conflictos entre la pareja. Anita obtuvo el divorcio y fue expulsada de la India junto con su hijo. Se quedó a radicar en París, en un piso de 500 metros cuadrados, con doncellas y chofer. Disfrutando de una espléndida pensión otorgada por el maharajá, con quien jamás perdió la amistad.
En Francia, después de divorciada entabló una oculta relación con un agente de bolsa llamado Ginés Rodríguez, quien estaba casado con una prima de Anita. Hombre culto, inteligente y reservado. La relación se mantuvo totalmente en secreto, a ninguno convenía que aquello se divulgara. Él por evitar problemas con su mujer y ella por temor a que su ex marido le redujera o eliminara la cuantiosa pensión que le permitía vivir como una auténtica reina.
Con los años, Anita se fue apagando. Vivió sus últimos días en Madrid, donde falleció el 7 de julio de 1962.

REINHOLD MESSNER, EL ALPINISTA

En 1980, Reinhold Messner, se propuso escalar el Monte Everest sin los tradicionales sherpas, los hombres que ayudan con la carga. Sin un equipo de alpinistas de apoyo, decidió hacerlo solo, pero además no quiso llevar prácticamente nada, ni oxígeno, ni radio, ni escalera de aluminio o cuerdas. Su único equipo de montaña consistió en unos palos de esquí, un pico y una clavija para sujetar su propio cuerpo al suelo en caso de tormenta.
Su ascenso fue lento, muy lento, pero avanzó seguro y constante. La empresa no fue nada fácil, pero su determinación arrasó con los obstáculos. Más logró llegar a la cima, arrastrándose como un reptil y a punto de perder el sentido, más aún así completó su hazaña. Ahí en el picacho más alto del Everest descubrió la bandera dejada por los chinos en 1975. A su lado se sentó buen rato intentando recuperar un poco de sus fuerzas. Después sacó su cámara y se tomó algunas fotografías, cada una de las cuales le exigió un esfuerzo sobrehumano. En una de ellas aparece con toda la barba llena de hielos, con un par colgando de los bigotes que le dan toda la apariencia de foca.
Durante unos breves instantes contempló el cielo, sintió lo profundo de la soledad de las alturas y con un hondo suspiro inició el dificultoso descenso.
Tiempo después, ya en casa, aceptó dar una entrevista para la TV. El periodista, intentando lograr del alpinista unas frases de impacto le preguntó:
-“¿En que pensó usted cuando en el momento en que llegó a la cumbre del Everest?-
La respuesta que el entrevistador esperaba era quizás, que se sintió como quien toca a las puertas del cielo, o que fue el momento más grandioso de su vida y se sintió más cerca de Dios que nunca, o algo por el estilo. Pero aquél hombre pareció desconcertado ante la pregunta, se encogió de hombros, hizo un momento de silencio con una pausa que pareció más larga de lo debido y después lentamente respondió:
- “En nada, me sentía muy cansado” –
El entrevistador sintió pánico ante semejante respuesta. No era por supuesto lo que esperaba y por ello presionó a su entrevistado.
- Claro que estaba cansado, pero algo grande debías de haber pensado, o deseado con toda tu alma, porque era un momento muy especial, dime al menos lo que deseabas –
El alpinista, totalmente ajeno a la presión que se le ejercía, contestó con toda honestidad:
- Lo único que deseaba era volver a casa –
Años después Messner llegó a la cumbre del Lhoste, la cuarta montaña más alta del mundo, y se convirtió en el primer alpinista en la historia que escalaba las catorce montañas superiores a 8 000 metros, los catorce picos conocidos por los alpinistas con el nombre de “ochomiles” y que están todos en el Himalaya. Cuando bajó del Lhoste, mismo que escaló de la misma forma que el Everest, sin equipo de montañismo, un reportero le pregunto:
-¿Qué viste en lo alto de la montaña?-
Y él, con su misma simpleza de siempre le respondió:
- Nada, allí arriba no había nadie”

DEMÓSTENES

Demóstenes era hijo de un poderoso fabricante de armas, pero su padre murió cuando apenas contaba con tan solo siete años de edad, por lo cual toda la cuantiosa fortuna heredada quedó en manos de sus tutores, quienes hicieron muy buen uso de ella… en su propio provecho, despojando al pequeño de todo lo que le pertenecía.
Cuando Demóstenes cumplió la mayoría de edad entabló una demanda contra estos sinvergüenzas que se habían apropiado de su herencia, pero tan solo logró recuperar una pequeña parte de lo que le pertenecía, más sin embargo aquél triunfo le dio ánimos para incursionar en la política de Atenas, más el día de su primera intervención, su nerviosismo y tartamudez provocaron la burla de todos los presentes, consiguiendo una verdadera humillación.
Demóstenes había sufrido una dura derrota, pero no se dio por vencido. Tenía un portentoso talento, un carácter enérgico, espíritu tenaz y una fuerza de voluntad inquebrantable. Nada ni nadie impediría que construyera su propio camino. Lo que más le molestaba era su tartamudez. Su cabeza estaba llena de ideas que debía comunicar adecuadamente a su gente, pero ¿quién le presta atención a un tartamudo?. Por muy inteligente que seas, si no te expresas con propiedad, la gente no tan solo ignorará tu mensaje, sino que mostrará desprecio hacia tí. Demóstenes comprendió que para convencer y emocionar a las masas, debía corregir aquél impedimento y darle a su rostro y sus ademanes la movilidad y expresión necesarias para que valorizaran adecuadamente el contenido de sus palabras. Por ello se dedicó apasionadamente a construir su propio método de corrección, sometiéndose a duros y prolongados ejercicios de pronunciación. Se encerró en su casa y se rapó la mitad de la cabeza para no tener la tentación de salir a la calle prometiéndose no volver a hablar en público hasta que pudiera hacerlo correctamente. Frente a un espejo ensayaba las contracciones de su rostro, la posición de su cabeza, la postura de su busto, el movimiento de sus brazos, la soltura de sus ademanes, la entonación de cada una de sus palabras. Con humildad, paciencia y perseverancia comenzó poco a poco a construir la personalidad de un auténtico orador.
Después le dio por subir corriendo a la cima de los montes sometiendo sus pulmones a la prueba del cansancio, y una vez arriba recitaba en voz alta las composiciones de los grandes poetas de su tiempo, o se iba a la orilla del mar, donde se llenaba la boca de piedrecitas, para luego hacer sus prácticas de dicción intentando dominar el ruidoso sonido de las olas.
Con gran tenacidad y esfuerzo Demóstenes fue venciendo su tartamudez, dándole fluidez a sus palabras, ritmo y emotividad. Al final logró tal emotividad, fuerza, fluidez y poder de convencimiento en sus palabras que se convirtió en el más grande orador de su tiempo.

LOS CHILES

Cuando Cristóbal Colón se hizo a la mar no iba en búsqueda de tesoros, ni tierras por conquistar, sus intenciones eran encontrar otra ruta hacia el Lejano Oriente, la tierra rica en especie. Iba tras la pimienta, el clavo, la olorosa canela y el comino. De América llevó muchas cosas, que no eran ciertamente las pretendidas especies tan codiciadas, pero llevó consigo el chile, que con el paso del tiempo se convertiría en parte esencial de muchos platillos regionales de todo el mundo.
Todas las variedades de chiles, desde los más picantes hasta los más dulces, son originarias de América. Y alrededor del noventa por ciento de los chiles que se consumen en el mundo son de origen mexicano. Unas pocas variedades provienen de Centroamérica y Sudamérica, sobre todo del Perú y de la Cuenca Amazónica.
El chile recorrió prácticamente todos los caminos del mundo durante el siglo XVI y se arraigó de manera impresionante en países muy lejanos a nuestra Patria. En la India y Sri Lanka preparan el curry, una especie de mole oriental hecho con especies, que incluye los chiles. En Etiopía, el platillo nacional, llamado wat, es a base de chile; y lo mismo se preparan infinidad de platillos con nuestros legendarios chiles en Indonesia, Melanesia y Polinesia; además de China, India, Singapur, Vietnam, Corea, Tailandia, Europa, Canadá y por supuesto Los Estados Unidos. Ni siquiera la lejana Australia se resistió a este exótico condimento.
Pero además los chiles son utilizados en medicina, colorantes y hasta cosméticos. México enriqueció la cocina mundial con tres deliciosos manjares: el aguacate, el chocolate y el chile.

EL REINO DE PRESTE JUAN

Un caballero llamado Mandeville, aburrido de la ordinaria vida de su tierra, se lanzó por el mundo en busca de sorpresas. Había escuchado que en tierras lejanas existía un país maravilloso. La leyenda era tan impactante, que decidió ir a comprobar si aquello era realmente cierto. Así que despidiéndose de sus padres y hermanos, subió a una frágil embarcación y se fue mar adentro.
Pasaron muchos años sin que nadie supiera absolutamente nada de él, más un día apareció en Venecia, vestido de sedas preciosas, adornado con joyas que envidiaban los más poderosos, perfumes que hacían soñar, innumerables esclavos que le otorgaban honores de rey, ofreciéndole vinos exquisitos que le servían en copas de oro y diamantes. Nadie llegó a imaginar siquiera que aquél ilustre personaje era el pobre Mandeville que se fue en busca de aventuras. Todos pensaban que era el mismísimo Preste Juan de las Indias, poderoso Señor de aquél reinado de leyenda. Pero Mandeville se encargó de hacer las aclaraciones pertinentes.
Durante muchos siglos perduró la leyenda de un sacerdote rey, fabulosamente rico, en cuyo reino misterioso, situado en alguna parte de Africa, resplandecían la paz y la justicia y se desconocían el vicio y la pobreza. Se trataba de un país maravilloso. Mandeville afirmaba que en esa región no crecían hierbas venenosas, ni se escuchaba el quejumbroso croar de la rana; tampoco había escorpiones, ni la serpiente se deslizaba bajo la hierba.
Era muy difícil llegar hasta allí, ya que en el desierto vivían salvajes de aspecto horrible, que tenían cuernos y, por todo lenguaje, gruñían como los cerdos. También había pigmeos, gigantes malignos y, finalmente, una raza que se alimentaba de carne humana y de crías prematuras, y que no temía a la muerte. Cuando moría alguno de estos salvajes, sus amigos y parientes lo devoraban con ansia, porque consideraban que su principal deber era masticar carne humana.
Al enfrentarse con sus enemigos devoraban hombres y bestias. Porque eran extremadamente agresivos. Más estos eran tan solo un ejército protector.
El palacio del Preste Juan era de cristal con techo de piedras preciosas. Un espejomágico le avisaba de cualquier conjura que pudiera tramarse en el reino. El rey dormía en un lecho de zafiros. Sus vestiduras estaban tejidas con lana de salamandra y purificadas con fuego. Había dragones ensillados sobre los que cabalgaban sus guerreros por los aires. Estaba a disposición de todos la fuente de la juventud y el propio rey contaba 562 años.
El Preste Juan, cuyo nombre significaba sacerdote Juan, era, según se decía, jefe de los nestorianos, antigua secta cristiana, y descendía de uno de los tres Reyes que adoraron al Niño Jesús.
Parece ser que los primeros relatos de este poderoso rey fueron difundidos en el año de 1145 por el obispo de Gebel, en la región de lo que hoy es Líbano. Posteriormente, en 1665, circuló una carta por todas las cortes de Europa, dirigida al emperador bizantino Manuel, y según eso fue escrita por este deslumbrante rey, el Preste Juan, donde se declara soberano de la India y Señor de los Señores. Varias copias de esta carta se conservan actualmente, una de ellas en el Museo Británico.
Fue tal el impacto que provocó la leyenda del Preste Juan, que famosos viajeros, como Giovani de Monte Corvino y el propio Marco Polo partieron en su búsqueda, aunque con resultados infructuosos.
Muchos soñadores aún hoy en día creen que en algún lugar, por ahí entre las arenas del desierto, en alguna región totalmente inaccesible existe este reino. ¿A quien no le agradaría encontrar el paraíso?

LAS AVES DEL MÉXICO ANTIGUO

Según dicen los conocedores, en nuestro país hay mas de mil distintas especies de aves, y más de dos mil subespecies, lo que hace a México uno de los más ricos en ornitofauna dentro de los países de región templada. Desgraciadamente, la contaminación de las aguas, el aire, la deforestación y el contrabando ilegal, están poniendo en grave riesgo a las aves mexicanas.
Los antiguos mexicanos fueron profundos conocedores de las aves silvestres, por lo que las mantenían en cautiverio alimentándolas con frutas e insectos. Moctezuma tuvo el primer aviario del mundo dentro de su magnífico zoológico. Desgraciadamente, durante el sitio de Tenochtitlan, se quemó con todo y animales.
Los mexicas dominaron a la perfección el arte plumario, hacían hermosísimos tejidos de plumas, además de hilado con el que se confeccionaban abrigadoras y artísticas mantas de impresionante colorido. A los artistas que se dedicaban a este arte se les llamaba amanteca y los mejores se encontraban en Azapotzalco.
Los pájaros que más contribuían con su reluciente plumaje a la obra de estos artistas eran el quetzal y el quechol. Sus plumas se utilizaban como adornos e insignias, y ciertos colores y combinaciones tenían un significado especial, indicando grado e importancia del que las portaba. El quechol era además símbolo de los amantes, y se acostumbraba involucrarlo en rituales de casamiento.
Había un pájaro, el xiuhtotl cuyo plumaje era muy bello y estimado, pero extremadamente delicado. Cuando cazaban estas aves, jamás tocaban las plumas con las manos, ya que al contacto con los dedos se deslavaba el color.
Bernal Díaz del Castillo dice que Moctecuhzoma II tenía águilas reales y otras águilas más chicas; aves de grades cuerpos, hasta pajaritos muy chicos, pintados de diversos colores. Había además unos muy vistosos con plumas de cinco colores: verde, rojo, blanco, amarillo y azul, además de una enorme cantidad de papagayos de muy diversos colores. El palacio tenía además un estanque de agua dulce lleno de flamencos.
Así que nuestros antepasados se daban sus buenos lujos. Eran los tiempos en que México era un paraíso, hasta la llegada de los conquistadores, quienes no tuvieron el más mínimo respeto por los indígenas y arrasaron con todo. Ya que para ellos los indios no eran más que seres salvajes.

CABALLITO DE MAR

El caballito de mar es un animalito que vive en el fondo del mar. Se le llama así porque su cabeza recuerda sorprendentemente a la de un caballo. Su cuerpo está totalmente embutido en una armadura de placas o anillos óseos.
Cada ojo se mueve con independencia del otro. Alcanza como máximo unos 30 cm, aunque un tamaño tan grande es poco común. Sus colas son prensiles, con ellas nadan y se sujetan a las algas entre las que viven.
Los caballitos presentan la característica única de tener la cabeza en ángulo recto con el cuerpo. No es raro que se reúnan varios adultos y entretejan sus colas en una extraña danza.
Es capaz de ostentar notables cambios de color para acomodarlo al del medio que le rodea. Es el macho el que posee una bolsa en el vientre donde incubará los huevos de la hembra. Un macho grande puede parir hasta 400 animalitos, cada uno de los cuales es una réplica, en pequeño, del adulto.
Se alimentan de diminutos organismos, que succionan con sus largos hocicos. Los caballitos de mar viven en las aguas cálidas, templadas y tropicales de todo el mundo pero su distribución es muy irregular y faltan en grandes tramos de la costa de África occidental.

NUMERO 13 DE LA MALA SUERTE

Hace unos días iba ensimismado en mis pensamientos, cuando al llegar a una esquina una chica muy bien vestida y de grata apariencia me pidió que le regalara una moneda. Lo primero que me vino a la mente es que le faltaba dinero para completar su pasaje del camión o del tren ligero, pero ella agregó. “Por favor, deme cualquier moneda. Puede ser una chiquita de a .10 centavos. Es que soy supersticiosa y necesito que me regale una moneda, pero quiero que me la de con la mano izquierda. Por supuesto que se la di, tal y como lo pedía. Si con eso resolvía su problema, estaba totalmente dispuesto a ayudarla.
La verdad es que hay pocas personas así. No cualquiera es un supersticioso a este nivel, pero todos tenemos algo de eso. Por ejemplo. Mucho se dice que el número 13 es de mala suerte, y que el viernes 13 es toda una calamidad. Pues bien. Que tal si es un viernes 13, y usted toma ese día un avión a las 13 hrs. (una de la tarde) y le toca el asiento número 13. ¿Qué pensaría?. ¿Qué trae el santo volteado?.
Si el avión trae otros asientos libres, ¿usted se cambiaría de lugar, para romper con la cadena de números 13 que le están persiguiendo. Y no vaya a ser que desencadene una tragedia.?.
Bueno, sea como sea, es interesante saber un poco la historia del número 13.
Dicen que todo esto se originó desde los tiempos de Cristo, ya que Jesús, fue el número 13 en la última cena, antes de que sobreviniera su trágica pasión y muerte. Y, según dicen, desde entonces se ha considerado que el 13 es número de mala suerte. Cosa que algunos consideran se extremisa cuando es martes, aunque otros dicen que lo peor llega cuando es viernes. A quienes le temen al número trece se les considera que tienen triscaidecafobia. Y no crea que esto es solo una creencia de incultos e ignorantes; no, es una creencia que la han padecido gente muy importante; desde el millonario Paul Getty, hasta Maradona o la Reina Isabel de Inglaterra; incluso el presidente norteamericano Delano Roosevelt tuvo esta creencia. Gente por supuesto educada.
Dicen que Roosvelt antes de participar en una reunión contaba a los asistentes, y si sumaban 13 con todo y él, no se sentaba hasta que no ingresara alguien más y se rompiera el maleficio. Y si no había nadie, mandaba llamar a su secretaria y asunto arreglado.
Por su lado, la reina Isabel, en un viaje que realizó por Alemania Federal, en donde utilizó como medio de transporte el tren; solicitó que se eliminara el no. 13 de todas las plataformas en las estaciones, para no tener accidentalmente la desdicha de bajar o abordar el tren en una de ellas. Y la orden fue cumplida. A todas se les puso el no. 12 ½.
Y está tan generalizado el miedo al número 13, que en los Estados Unidosy Europa, los edificios carecen de piso 13, los hoteles de cuarto 13 e incluso los aviones de asiento 13.
Pero como nunca faltan los incrédulos que están además dispuestos a desafiar las supersticiones. El 13 de enero de 1882, un grupo de distinguidos caballeros neoyorquinos, se reunieron a las 13 horas en el comedor no. 13 en un distinguido restaurante de Manhattan y fundaron el Club de los 13, cuya membresía costaba 13 centavos por mes o una cuota vitalicia por 13 dólares. El club fue creado para reirse de las supersticiones, por lo cual se reunían el día 13 de cada mes, realizando un banquete que era atendido por 13 meseros bizcos, que tiraban sal por todos lados y además rompían espejos.
El club tuvo un enorme éxito y se fundaron otros semejantes en diversas ciudades de los Estados Unidos y Europa, hasta alcanzar un total de 1313 miembros activos; pero se desacreditó a partir de 1886 cuando tuvieron la ocurrencia de convencer a la reina María Cristina de España, para que ya desde el bautismo nombrara a su hijo, recién nacido, Alfonso XIII . Cosa que la Reina aceptó. Por desgracia Alfonso fue un rey totalmente desafortunado e impopular y tuvo que abdicar precisamente un 13 de septiembre del año 1923. Mala suerte.

CAMELLOS Y DROMEDARIOS

¿Sabe usted cual es la diferencia más notoria entre un dromedario y un camello?
El dromedario tiene una sola joroba y el camello tiene dos, pero patas más cortas. El dromedario es más alto que el camello y ambos son utilizados prácticamente para lo mismo. Estos animales han sido domesticados desde hace más de 3 000 años, utilizados como medio de carga y transporte. Aunque también se aprovecha su lana y su leche. La gestación de un dromedario o camello es de 12 a 13 meses, tienen una sola cría por vez y viven entre 30 y 40 años.
Para los habitantes del desierto, el camello es el más importante de sus animales. Es un animal muy resistente a las altas temperaturas. No se deshidratan con facilidad. Pueden resistir hasta 3 semanas caminando por el desierto y sin beber. Durante ese tiempo van consumiendo las reservas de grasa de su joroba, que no está llena de agua como muchos piensan. Cuando consumen la grasa de su joroba, esta se desinfla y cuelga a uno de sus costados. Más cuando vuelven a comer se infla y recupera su posición original. En cuanto al agua al llegar a un oasis son capaces de almacenar en su estómago más de 100 litros de agua.
Durante siglos fue el único medio de transporte en el desierto. Enormes caravanas de camellos cargados de mercancías preciosas, recorrieron las rutas desérticas, como la transahariana de alrededor de 4000 kilómetros. Aunque ahora han sido suplantados por los automóviles. Pero aún así continúa siendo un animal muy valioso en Asia y el norte de Africa. Los habitantes del desierto aprovechaban su carne y la leche de las camellas. Los esquilaban para confeccionar prendas de abrigo. Incluso las boñigas se aprovechan, ya que una vez secas sirven para alimentar el fuego. Las cabelleras de las hermosas mujeres del desierto toman gran brillo y lozanía cuando las lavaban con orina de camello.
Tanto los camellos, como dromedarios son animales herbívoros; los alimentan con hierba, trigo y avena, pero en el desierto comen lo que encuentren. Desde un arbusto espinoso hasta huesos, hojas secas, o la misma camisa de su dueño si se descuida.
Tienen músculos muy poderosos en sus piernas, lo cual les permite soportar pesadas cargas de hasta 450 kg, y llevarlas por muy largas distancias. Cuando un camello pone su pezuña en el suelo, se le ensancha evitando que se le hunda en la arena. Al caminar mueve ambas patas de un mismo lado de su cuerpo, después las del otro lado. Este modo de andar es semejante a los movimientos de un barco, por lo cual han dado en llamar al camello “barco del desierto”. Y es un barco poderoso, porque puede viajar hasta 100 km. En un solo día. Y tomemos en cuenta que hablamos de clima y circunstancias extremas.
Su cuerpo está cubierto de pelos y tiene la piel seca y gruesos callos aparecen en el pecho del camello y en las juntas de las rodillas. Estos parches de cuero ayudan a soportar el peso del animal cuando se arrodilla, descansa y se levanta. El color de los camellos va del marrón, y el crema, hasta casi negros.
Todos los camellos pierden su pelo en primavera, puede llegar a desprenderse de unos 2,5 kilos y estrenan nuevo traje en otoño. Y ese pelo ni crea que se tira, es muy solicitado en todo el mundo, para hacer chaquetas de alta calidad, prendas de vestir, pinceles para artistas y también para fabricar alfombras y tiendas de campaña.
Son animales que casi no transpiran, evitando la pérdida innecesaria de agua, cosa que ningún otro animal puede hacer. La temperatura de un camello es por regla general más baja que la de la temperatura ambiental y cuando descansan lo hacen unos junto a otros presionando sus cuerpos para evitar en exceso de calor.
Además de todo lo anterior, tienen un oído muy agudo. Sus orejas están cubiertas con pelos para frenar la arena y el polvo. Y sus grandes ojos tienen doble fila de grandes y largas pestañas con esta misma finalidad.
Uno de los deportes tradicionales de los beduinos en el desierto es la carrera con camellos, en la cual participan miles de competidores. Y ha llegado a tanto la afición que ya hasta se realizan en las pistas del hipódromo.
También se comen la carne del camello y las pieles son un magnífico negocio, porque son utilizadas para zapatos de calidad y accesorios de moda en Europa y muchas otras partes del mundo.
Los más raros ejemplares que existen, aunque no se sabe por cuanto tiempo más, porque están en vías de extinción; son los que habitan en las dunas de Kum Tagh, en China y en el desierto de Gobi, en Mongolia. Estos camellos, un poco diferentes de los dromedarios y camellos conocidos, son mucho más resistentes y tienen la peculiaridad de beber agua salada sin que les dañe su organismo. Lo cual tiene locos a los científicos, quienes quieren a toda costa saber de que forma el hígado, riñones y pulmones de estos animales salvajes procesan el agua salada sin que se les dañe su organismo.

EL SOL

A ese maravilloso Sol que diariamente brilla sobre nuestras cabezas le han cantado los hombres, le han dedicado su arte e inspiración, e incluso lo han convertido en objeto de su adoración. Pero ¿Qué sabemos realmente del Sol?
· En primer lugar nuestro Sol, no es único, es una estrella de las cuales existen millones en el Universo, aunque es la estrella más cercana que hay a nuestra tierra. Se cree que existe desde hace 4,600 millones de años y podrá durar unos 5,000 millones de años más. O sea que va en poco menos de la mitad de su vida.
· Se encuentra a 149.6 millones de kilómetros de distancia de nosotros.
· La masa del Sol es aproximadamente 300,000 veces superior a la masa de la tierra. No es un cuerpo sólido, sino gaseoso, pero pesa un millón de veces más que la tierra, y su diámetro es 109 veces mayor.
· La luz del Sol tarda 8 min y 18 seg en llegar a la tierra.
· Aunque para nosotros el Sol nos parece enorme, en realidad es una estrella enana del tipo G2; este tipo de estrellas es de color amarillo, con temperatura superficial de alrededor de 6 000°C. Tiene alrededor de 1'400.000 kilómetros de diámetro, lo cual lo coloca en una posición media, porque hay otras estrellas que son 30 millones de veces más grandes que nuestro Sol ¿se imagina como será un sol de ese tamaño?, aunque también hay muchas otras que son extremadamente más pequeñas.
· Las llamadas manchas solares es un fenómeno que ha llamado mucho la atención de los científicos, aún desde antes de la invención del telescopio. Estas manchas continuamente cambian de forma y tamaño. Tienen dimensiones muy variadas, y algunas pueden llegar a ser incluso más grandes que la misma tierra Estas manchas aparecen en grupos de varias decenas y con tamaños muy diferentes entre sí. En Octubre de 1957 se observó un conjunto de 263 manchas en el Sol.
· Durante mucho tiempo se pensó que estas manchas eran un tipo de agujeros, como si el Sol fuera un enorme queso gruyere, pero hoy se sabe que el calor del astro rey no es parejo y a ello se deben los cambios continuos en forma, tamaño y número. Como dato adicional, cabe decir que las manchas aparecen por pares, y su duración no va más allá de los diez días. De pronto puede haber demasiadas y poco tiempo después no encontrarse ninguna.
· El primero que se dio cuenta de que el Sol tenía manchas fue Teofrasto de Atenas, alrededor del año 350 a.C. Galileo, en el año 1610, lo observó con un telescopio y se dio cuenta de las manchas, realizando un minucioso e interesante estudio de ellas. Por desgracia aquellas observaciones en directo terminaron dañándole la vista y dejándolo ciego. En esa misma época, el alemán Johannes Fabricius, también utilizó un telescopio para observar el Sol, solamente que él, de una forma muy ingeniosa proyecto la imagen solar en una pantalla, y de esa forma no lo vio directamente, evitando ser dañado.
· El fraile jesuita Christopher Scheiner, también en Alemania, en el año de 1611, también se dio cuenta de las manchas solares. Y se le ocurrió contarle de su descubrimiento a su superior, quien le dijo: "He leído los escritos de Aristóteles de principio a fin y puedo asegurarte que en ninguna parte de ellos he encontrado nada similar a lo que tú mencionas; así que hijo mío ve en paz y tranquilízate; puedes estar seguro de que lo que tomaste como manchas en el Sol, son fallas de tus lentes o de tus ojos." Pero Christopher no hizo caso y siguió investigando, dejando una valiosa documentación que sirvió de guía para los científicos de las siguientes generaciones.
· Pero el Sol, al igual que todas las cosas, no es algo eterno, su energía un día habrá de terminar. Poco a poco irá sufriendo algunos cambios. El núcleo del Sol, con el paso del tiempo contará con menos hidrógeno y más helio, lo cual subirá su temperatura haciéndolo mucho más brillante. Se calcula que su calor y luminosidad se incrementarán progresivamente, hasta alcanzar un diámetro tres veces mayor al actual.
· ¿Qué provocará todo esto en la tierra? O más bien, la pregunta es ¿Qué no pasará en la tierra?. Para comenzar subirá tanto la temperatura que se derretirán los casquetes polares y el agua de los mares entrará en punto de ebullición hasta evaporarse por completo.
· El núcleo, del Sol, iniciará un proceso de extinción y con ello habrá de contraerse su dimensión total, provocando un aumento mayor de la temperatura, que propiciará una enorme explosión, arrojando una tercer parte de su masa al espacio Todo esto dentro de unos 1500 millones de años, después de lo cual el Sol se reducirá a una décima parte de su tamaño actual, adquiriendo un color profundamente anaranjado. Mercurio será tragado por el Sol en esta etapa y la superficie de la Tierra será lava fundida.

· Al final, el Sol terminará convertido en una pequeña estrella, con un diámetro semejante al de la Tierra. Mientras que nuestro planeta se enfriará, y las enormes nubes provocadas por la evaporación de los mares, volverán a dejar caer su lluvia.
· ¿Qué habrá pasado para entonces con el hombre?. Seguramente habrá avanzado tanto la tecnología, que el hombre ya no vivirá en la tierra. Tendrá un moderno paraíso, lejos de esta catástrofe, en un lejano planeta del Universo.
· Bueno, todo esto será posible si es que antes no se convierte en su propio verdugo.

MI MADRE

Mi madre era una mujer sencilla, de esas mujeres de reboso y escapulario, que a diario van a misa y por las noches reúnen a sus hijos para rezar el rosario. Mal sabía leer y escribir, ya que nunca tuvo la oportunidad de ir a una escuela, pero jamás encontró impedimento alguno que la desalentara para realizar cuanto se proponía en la vida.
Pasaba sus días en quehaceres ordinarios: iniciaba en la cocina metiendo leños en la hornilla, los suficientes para cocer la enorme hoya de frijoles que se precisaba para darle el almuerzo a sus trece chiquillos; y mientras la hoya cocía el tradicional alimento de la gente humilde; mi madre se marchaba hacia el corral con su balde en mano para ordeñar a la pinta y a la paloma, dos hermosas vacas que daban muy buena leche para los chiquillos, y todavía sobraba lo suficiente para hacer algunos quesos.
Después había que moler el nixtamal en el rústico molino, tortear la masa, servir el almuerzo, mandar los niños a la escuela y quien sabe cuantas cosas más. Toda esa sarta de faenas que solo Dios sabe como realizan todos los días las madres.
Fue una mujer que nunca se doblegó ante nada, jamás la escuché quejarse, y ante los más graves infortunios siempre mantuvo en pie la esperanza. No sabía de abrazos, ni de frases cariñosas; jamás nos dijo un “te quiero”, pero la verdad que nunca hizo falta. Hacia tanto y tanto por nosotros que en cada uno de sus actos lo demostraba. Difícil entender el como en una mujer tan pequeña cabía un corazón tan grande.
Por razones extrañas de la vida, entre ella y yo un día se nos metió la distancia. Jamás dejó de escribirme, aunque casi nunca contestaba sus cartas, y cuando Dios permitía que la viera, se metía las manos a los bolsillos, esculcaba tras de sus santos y sacaba cuanto dinero tenía y siempre todo me daba.
Para ella siempre fui como un niño, al que había que darle mucho de comer, y cuidar para que no se enfermara. Me preparaba el caldo de res y el arroz con leche que tanto me fascinaban. Le agradaba verme feliz y era tal su pesar cuando me veía triste, que en cierta ocasión que tenía problemas en el trabajo, me dijo que lo dejara, que me dedicara a pintar mis cuadros, a componer mis canciones, a leer mis libros y a hacer lo que yo quisiera, que al fin ella podía mantenerme con algo de la pensión que el gobierno le otorgaba (por fortuna jamás acepté la propuesta).
Fue una mujer ordinaria y sencilla, como suelen ser muchas de las madres. No le faltó por hacer nada, cumplió calladamente con su misión en la vida. Quizás otros hayan tenido madres destacadas, que emprendieron negocios, que fueron gente culta, que leyeron a Cervantes, a Shakespeare o Gohete, y fueron educadas en las ciencias y en las artes. Pero mi madre nunca supo de gran cosa, solo sabía entregarse día con día a las cosas más comunes y ordinarias. A lo que no parece importante, por lo que no se reciben diplomas ni medallas; más aún así, era mi madre, tal vez muy semejante a la tuya. Mujeres que nos dieron la vida sin recibir nunca un reconocimiento. Pero vivieron siempre orgullosas de que Dios les otorgó el privilegio de ser madres.

EL MONASTERIO MAGICO

Un hombre culto y generoso ofrecía todas las semanas un banquete al cual solían acudir una buena cantidad de gentes importantes. A estas reuniones se les dio en llamar las Asambleas de los Cultos.
A dichas reuniones acudía un derviche, quien al llegar estrechaba las manos de los presentes, y luego se sentaba en un rincón de la mesa, comía lo que se servía, y al terminar se levantaba, se despedía cortésmente y con gran humildad, y luego se marchaba sin haber dicho mayor cosa.
Para todos, el derviche, era un extraño, realmente nadie lo conocía. La primera vez que llegó, fue aceptado en la reunión porque creyeron que era un santo, alguien muy importante que era poseedor de grandes conocimientos espirituales. Y semana tras semana todos los comensales esperaban con impaciencia a que aquél hombre se dignase dirigirles algunas sabias palabras de instrucción. E incluso buscaban la forma de sentarse a un lado de él, para escuchar sin problemas el mensaje que seguramente les entregaría; más fue pasando el tiempo y aquél hombre se mantenía sin decir más palabras que un breve saludo al llegar y una sencilla despedida.
Los integrantes de la Asamblea de los Cultos comenzaron a sospechar que aquél derviche era un farsante. No decía nada, no aportaba nada, parecía que su única finalidad era ir a saciar su hambre. Y aquél lugar no era ciertamente un comedor para mendigos. Era un club donde se compartía la sabiduría entre unos y otros. Por tanto la actitud del derviche con el tiempo comenzó a molestar a los asistentes. Pero nadie le dijo nada. Terminando por ignorarlo e incluso apartarse de él.
Más cierto día el derviche habló. “–Deseo invitarlos a una cena que será servida mañana por la noche en honor de ustedes en mi monasterio –“ dicho esto, se despidió con unas sencillas palabras y se marchó.
Las palabras de aquél hombre provocaron una enorme reacción en los miembros de la Asamblea de los Cultos. Alguien dijo que el derviche vestía en una forma tan miserable que seguramente la cena estaría pésima. Es más, a lo mejor ni cena habría, porque el derviche, por su aspecto, parecía más bien un loco que un hombre santo. No faltó la opinión de alguien que dijo que el derviche los había sometido durante mucho tiempo a una prueba y que ahora pretendía recompensarlos. Tampoco faltó la voz del alarmista, quien previno a todos del peligro que corrían si atendían a la invitación, porque podría tratarse de un personaje con misteriosos poderes para someterlos.
Pero la curiosidad venció los temores, y al día siguiente el grupo fue conducido por el dereviche desde la casa donde se reunían, hasta un apartado lugar del bosque, donde en un escondido lugar había un monasterio de tal magnitud y magnificencia que todos quedaron atónitos al contemplarlo.
En el interior del imponente edificio había infinidad de monjes realizando múltiples tareas. Y al pasar por una sala de contemplación, un grupo de sabios de distinguido aspecto, se pusieron de pie para saludar respetuosamente al derviche con inclinaciones de cabeza. Lo mismo hacían todos los monges que encontraban a su paso; por lo cual los invitados quedaron convencidos que
su anfitrión era un hombre verdaderamente importante.
El banquete que se les sirvió fue indescriptible y sobrepasó toda expectativa. Jamás habían disfrutado de tantos y tan variados platillos, ni recibido una atención tan especial como en aquella ocasión. Así que con la barriga llena y el corazón contento, todos al unísono le suplicaron al derviche
que los aceptara como sus discípulos. Pero el derviche les dijo con sencillez: Esperen el día de mañana.
A la mañana siguiente, en lugar de despertar en aquellas hermosas habitaciones con camas de seda que les habían asignado la noche anterior, se encontraron tirados en el suelo, en el interior de una casona en ruinas, sin que el derviche apareciera por ningún lado.
Al darse cuenta de aquello, lo calificaron de brujo infame. Los había engañado con hechicerías. Se había burlado de ellos, más ahora lo habían desenmascarado. Seguramente no pudo completar su hechizo a causa de la virtud de todos los ahí presentes; porque de no ser así quizás el daño hubiera sido irreparable. Quizás los habría hubiera convertido en sus esclavos, mientras que ellos en su mente seguirían creyendo que estaban en el reino de los cielos.
Lo que todos ellos ignoraban era que, con los mismos medios con que el derviche los había hecho creer que estaban en un monasterio tan suntuoso, de la misma manera los había hecho creer que estaban en la más miserable de las situaciones, aunque la verdad es que ni una ni otra cosa habían sucedido.
Dentro de aquellos momentos de enorme confusión y lamentos, apareció el derviche, surgiendo de la nada y les dijo: Regresemos al monasterio. Hizo un misterioso movimiento con sus manos, y de nuevo todos ellos se encontraron en el majestuoso recinto de la noche anterior.
Ante aquella situación se sintieron arrepentidos de sus palabras y llenos de vergüenza. Se dieron cuenta de que aquella casa en ruinas donde habían despertado solo fue una ilusión para someterlos a prueba, pero el monasterio era la realidad. Lo bueno, según ellos, era que el derviche no había escuchado sus agrias quejas.
Mas de nuevo el derviche hizo un movimiento con sus manos y de pronto todos se encontraron sentados a la mesa en el mismo lugar donde siempre hacían sus reuniones. Y el derviche continuaba en su misma esquina de siempre, comiendo sin decir palabra su plato de arroz. Todos se quedaron mirando unos a otros. La experiencia no había sido un sueño, ni una ilusión de uno solo de ellos. ¡Todos la habían vivido!.
Quisieron interrogar al derviche, pero este se mantenía cabizbajo comiendo con humildad el arroz que había en su plato. Y nadie se atrevió a interrumpirlo. De pronto, la voz del derviche se escuchó al unísono dentro de cada uno de los corazones de los miembros de la Asamblea. Y les dijo: Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad; será imposible que un derviche pueda enseñarles algo, solo ilusiones. Aquellos que se alimentan de autoengaño y fantasía, solo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.
El derviche no había movido en lo más mínimo los labios, pero a todos hizo llegar su mensaje. Después se levantó y sin decir absolutamente nada se marchó.
En la siguiente reunión su lugar quedó vació; el derviche jamás volvió.

LA LEYENDA DE LA CASA DE LOS PERROS

Cuentan los viejos libros que en Guadalajara había un rico cafetalero llamado Jesús Flores, quien tenía su casa en la calle de Santo Domingo, hoy llamada Av. Alcalde. Don Jesús, en el momento en que iniciamos esta historia, era un viejo viudo de setenta años, que harto de su soledad buscaba con afán el tener una compañía.
Ahí en la esquina, de lo que es hoy Alcalde y San Felipe vivía una viuda con tres hijas muy hermosas, dedicadas a realizar trabajos finos de costura, en lo cual habían hecho buena fama. Una de las hijas de aquella costurera, debido a su gracia y belleza pronto fue desposada por un apuesto y acomodado caballero. Pero el rico viejito se derretía por Elodía, otra de las hermanas, aunque ella no le hizo jamás el menor caso y terminó contrayendo matrimonio con un rico alfarero de Tlaquepaque.
Ana, la última de las hijas, no vio con malos bigotes a Don Jesús, y aunque él jamás la había pretendido, pronto se vio seducido por su coquetería, a todas luces manifiesta; y sin pensarlo demasiado, le propuso a la jovencita matrimonio. A falta de pan, buenas son semas. Quizás en sus años mozos Don Jesús fue un joven atractivo, pero en esos tiempos ya no quedaba absolutamente nada digno de verse en aquel anciano, excepto su fortuna, que le borraba hasta las arrugas y lo encorvado.
Anita no perdió tiempo. Ante la insistencia de aquél hombre, que sentía se le acababa el tiempo; ella le hizo ver que la única forma de casarse con él era que le hiciera a la casa un segundo piso; porque solo las gentes adineradas tenían una así, y ella pretendía mostrar una excelente imagen ante la sociedad.
Don Jesús ni tardo ni perezoso, llamó de inmediato al ingeniero Arnulfo Villaseñor y le encargó la remodelación de la casa. Una vez terminada, y después de haber contraído matrimonio la desigual pareja, Doña Ana, y la llamo ahora así, porque ya era la “gran señora”, completó la decoración exterior con un par de esculturas que vio en una revista de decoración, y las cuales tuvieron que ser traídas directamente desde Nueva York. Dando con ello el toque final, y el motivo para que aquella finca a partir de entonces fuera conocida como “la casa de los perros”.
Al frente de sus negocios, Don Jesús, tenía a un honrado caballero llamado José Cuervo, quien con gran habilidad le multiplicaba día con día la fortuna, lo cual después de pasada la emoción de tener de nuevo compañera, para Don Jesús se convirtió en la única ilusión en la vida.
Pero el reloj de arena se quedó sin granos y Don Jesús falleció dejando a Doña Ana sola, quien para no sufrir aquél terrible mal de la viudez, muy pronto encontró consuelo a su tristeza en los brazos del fiel mayordomo, quien prosiguió afanosamente acrecentando la fortuna con el buen manejo de los negocios.
Y como el dinero fluía por todas partes, Doña Ana y Don José hicieron una casa nueva, la cual se aprecia aún el la esquina de Colón y Libertad, donde se fueron a vivir su insólito romance, dejando atrás aquella casona que Doña Ana ya no vio con simpatía porque estaba llena de recuerdos no del todo gratos.
Poco tiempo después vendieron la “casa de los perros”, pero quien sabe que pasó con el nuevo dueño, porque la finca duró mucho tiempo abandonada y aquello dio pie a una gran leyenda.
Se corrió el rumor de que quien rezara un novenario en el mausoleo de Don Jesús Flores, recibiría en premio las escrituras de la “Casa de los Perros”. Era requisito que los rezos se efectuaran a las 12 en punto de la noche, llevando como única compañía una vela. Dicen que lo intentaron una buena cantidad de gentes, hombres y mujeres. Que hasta se hizo una gran vendimia noche a noche afuera del panteón de Mezquitán. Por todas partes surgieron los valientes, que vieron en aquella situación una forma fácil de hacerse de fortuna. Pero todos fracasaron. Algunos salían antes de cinco minutos, corriendo como alma que lleva el diablo, otros se tardaban tanto en salir, que cuando los iban a buscar los encontraban desmayados.
Con el tiempo pasó la euforia, o se acabaron los valientes. Se dice que el problema de todo ello estaba en que una voz de ultratumba se empeñaba en contestar cada uno de los rezos. Y así, hasta el hombre más valiente se cuartea.

LOS MILAGROS DE MAHOMA

Los seguidores de Mahoma estaban tan convencidos de su santidad que guardaban el agua con que se lavaba, su cabello y su saliva, con la plena convicción de que con todo ello se podía hacer milagros. Mahoma en realidad nunca quiso pasar por un hacedor de milagros, aunque se dice que realizó cosas asombrosas durante su vida.
Ya desde el momento mismo de su nacimiento se narran hechos extraordinarios. En el momento del alumbramiento, su madre fue iluminada por una luz celestial tan poderosa, que cubrió toda la ciudad de Medina y se pudo percibir hasta la lejana Siria. Afirman además que era un gran profeta. Supo de la muerte de una persona antes que llegaran las noticias de que esto había acontecido; además adivinó el pensamiento de unos judíos que pretendían envenenarlo. Un hombre llamado Abdul Jahl, quien era su enemigo, lo maldijo, pero no pudo regocijarse de ello, ya que casi de inmediato perdió el habla. Mahoma se compadeció de él, pero aquél hombre tenía el corazón tan endurecido, que en cuanto las palabras volvieron a su boca, maldijo de nuevo al profeta. Después tomó piedras y se las arrojó al santo, pero llegó el castigo divino y su mano se retorció quedándole totalmente incapacitada de movimiento.
Además se le atribuye a Mahoma un milagro muy similar al realizado por Jesús con cinco panes y dos peces. En el caso de Mahoma, un día alimento a 1000 hombres con la carne de una sola oveja.
Pero no fue solo Mahoma el de los milagros, sino que estos también se presentaron en algunos de sus fieles seguidores. Mohamed Ben Isá fundó la orden de los Isáwiyyah, y en cierta ocasión fueron ante él unos discípulos hambrientos para suplicarle que les diera de comer. Mohamed les instruyó con gran amor sobre poner su corazón totalmente en Alá y no preocuparse por lo que debían de comer. Les dijo a sus discípulos que debían mostrar plena confianza y comer cualquier cosa que se encontraran en el camino. Los discípulos se marcharon y comieron piedras, serpientes y alacranes, y de todo ello comieron, sin problema alguno, porque contaban con la bendición del maestro Mohamed. Esto sucedió por el año 1500. Pues bien, trescientos años después, en el año de 1868, un viajero alemán llamado Maltzan, descubrió una comunidad religiosa en Marruecos que mantenía viva dicha tradición. Tras realizar una serie de danzas ceremoniales, comían serpientes y alacranes vivos; para luego continua con pedazos de vidrio, agujas y otras barbaridades, que comían con gran entusiasmo y sin que les pasara absolutamente nada.

ORIGEN DEL ISLAMISMO

Mahoma quedó huérfano a los ocho años de edad y fue criado por su tío Abu-Talib, quien era de oficio camellero. Mahoma se casó a los 25 años de edad, con una viuda rica llamada Khadija, que era 15 años mayor que él. Se dedicó al comercio y tenía una caverna en el monte donde acostumbraba ir a realizar sus oraciones. Dicen que en ese lugar se le apareció el arcángel Gabriel, quien le hizo una buena cantidad de revelaciones, que luego serían argumento de su predicación y que con el paso del tiempo darían forma al Corán, libro sagrado del islamismo.
Para el año 616 de nuestra era, Mahoma ya tenía un grupo fervoroso de seguidores, cosa que provocó la ira de los gobernantes de la Meca, donde se tenía una religión oficial que incluía a 360 dioses adorados en la Caaba, así que ya no hacía falta uno más. Por ello, Mahoma huyó de La Meca a Medina para evitar ser asesinado. Este acontecimiento es llamado la Hégira, y da inicio a la era musulmana, igual que el nacimiento de Cristo es el primer año de la era cristiana.
Seis años después Mahoma regresó triunfante a la Meca y destruyó los innumerables ídolos, transformando el antiguo templo de la Caaba en santuario para sus fieles.
Mahoma tuvo 18 mujeres, todas viudas. Murió a los 62 años a consecuencia de una fiebre causada por la picadura de un insecto. Y sus restos se conservan en la mezquita El Haram, una de las más famosas de Medina.

EL MILAGRO DE LA INDIA MARIA ANTONIA

Allá por el “año del caldo”, un poco después de la época cuando “los perros se amarraban con longaniza”, vivía en el pueblo de Mezquitán, hoy barrio de Guadalajara, una mujer de origen indígena llamada María Antonia, quien a la muerte de sus padres recibió como herencia una casita con su huerta y una productiva tierrita que le proporcionaban lo necesario para su manutención; pero llegaron los malos tiempos, más las tranzas de un indio ladino que con marrullerías la despojó de buena parte de sus posesiones, dejándola prácticamente en la miseria. Tan solo le quedó la casita, aunque para mantenerse no tuvo más camino que pedir limosna.
Pero como todo mundo la conocía como una mujer brava, enredosa y mitotera, no había quien quisiera apiadarse de ella, así que los problemas económicos tocaron día a día a la puerta de la casa de aquella mujer.
Ante una vida llena de privaciones económicas, de pronto le llegó a María Antonia inspiración divina. Fue así como, precisamente en un viernes de cuaresma, se armó tremendo escándalo y el chisme corrió por todos los rincones. Todo mundo decía que en la casa de María Antonia había un antiguo cuadro del rostro de Jesús que estaba sudando.
Toda Guadalajara quiso presenciar tan portentoso milagro, así que la casa de María Antonia de se vio atiborrada de curiosos y devotos que llevaron flores, ofrendas velas de sebo y cuantiosas limosnas, que acabaron con las penurias de Maria Antonia.
El susodicho cuadro era un viejo óleo, de un pintor desconocido, realizado sobre un burdo lienzo de hilo grueso, que recibió Antonia como parte de su herencia.
Lo curioso de todo ello fue que el sábado ya no sudó el cuadro, ni el domingo, ni los siguientes días, pero el fenómeno se volvió a repetir el viernes siguiente y los subsecuentes, volviéndose una tradición la afluencia de peregrinos cada fin de semana.
La india María Antonia recaudó buenos dineritos, y no solo le ajustaba para comer bien, sino que había lo suficiente para tomarse sus tequilitas, a las que tanto era aficionada, con un indio que tenía como compadre, con quien se daba sus buenas parrandas.
Al Cura de la Parroquia, le parecía bastante incongruente la actitud de Maria Antonia con el dichoso milagro, así que habló con el Sr. Obispo, para solicitarle su venia y trasladar el cuadro milagroso a la Parroquia, donde se le daría respetuoso culto. Pero al saber lo que se pretendía María Antonia montó en cólera y le dijo al Párroco que antes de que sucediera lo que pretendían, ella quemaría el cuadro y se acababa la cosa.
De todas formas, el Sr. Obispo mandó al Párroco con un notario para que certificaran el milagro; no fuera ser que se tratase de un burdo engaño. Y así Párroco y Notario, más dos frailes y dos seglares de testigos, llegaron a la casa, sin previo aviso, en el día preciso en que la pintura sudaba. Y en efecto, ante sus ojos se presentó el milagro, solo que como el notario era tan miope, arrimó tanto las narices que sintió demasiado caliente la tela; lo cual le hizo entender que había por ahí gato encerrado. Acto seguido tomó el lienzo, y al darle la vuelta se dio cuenta que tras él había pegada una gorda de maíz recién salida del comal.
Resulta que la india María Antonia, descubrió que poniéndole al lienzo la gordita caliente, el vapor de agua que desprendía pasaba a través de lo separado del burdo tejido y se condensaba en pequeñas gotitas al frente de la pintura, simulando perfectamente como si sudara.
Al ponerse al descubierto el astuto fraude, el cuadro fue condenado a la hoguera, mientras que María Antonia fue puesta de patitas en la cárcel, y su casa llena de sal para acabar con la vergonzosa situación.

jueves, 4 de junio de 2009

LAS PIEDRAS DEL FRAUDE

Johann Beringer era médico de Würzburg y maestro de la facultad de medicina en la universidad, además tenía una enorme afición por recolectar curiosidades naturales. No era un simple coleccionista de fósiles, sino que se consideraba todo un experto en la materia, y daba conferencias y escribía libros sobre el tema. Decía que muchas de las criaturas que se encontraban fosilizadas eran producto de las inundaciones de los tiempos de Noe, aunque a otras de apariencia extraña, las consideraba procedentes de los tiempos violentos de la creación, tal y como lo narra el Génesis. En todo y para todo, Beringer intentaba relacionar sus hallazgos con las narraciones biblícas.
Su firme convicción, más algunas interesantes muestras fósiles, le consiguieron un buen grupo de seguidores; pero su autoridad y arrogancia no era muy del agrado de todos, por lo cual surgieron aquí y allá algunos enemigos dispuestos a ponerlo en total ridículo.
Beringer poseía algunos fósiles que había encontrado en cierta colina, donde se dice que traía a un grupo de jóvenes excavadores explorando las tierras. Fue así como Ignatz Roderick, profesor de Geografía y Groeg von Rckart, concejal bibliotecario de la universidad, quienes eran sus compañeros, decidieron que la colina era un terreno muy fértil para realizar su diablura. Así que sobornaron a dos de los jóvenes excavadores para que “sembraran” algunas muestras que luego les permitieran poner a Beringer como un tonto ante los ojos de todos. Así que estos jovencitos enterraron aquí y allá los “fósiles” prefabricados y otras cosillas que los astutos enemigos de Beringer les entregaron.
Cuando Beringer descubrió aquellas muestras sembradas por sus enemigos, sus ojos casi se salían de sus cuencas. Encontró una maravillosa colección de piedras labradas, con arañas, estrellas, y animales totalmente desconocidos. Beringer alucinado por sus hallazgos, ni siquiera se puso a estudiarlos con detenimiento. Lleno de júbilo se puso a proclamar a los cuatro vientos que tenía las pruebas palpables de que el mismo Dios había construido algunos diseños en piedra antes de dar vida a las especies. Y para acabar de echar a perder el asunto, hasta escribió un abultado libro donde con lujo de palabras respaldaba plenamente todas sus teorías. Incluso agregó a su obra unas láminas donde estaban dibujadas todas las muestras encontradas.
Con tanta palabrería, el pobre de Beringer se echó la soga al cuello. No faltaron los astutos críticos, que estudiando detenidamente aquellos hallazgos, pronto descalificaron las muestras, al haberles encontrado burdas marcas de cincel recién realizadas y la carencia del efecto que provoca la humedad en las piedras y objetos que han permanecido enterrados por un largo tiempo.
Johann Beringer fue visto por todos como un tonto de primera. Se habían mofado de él con burdas piedras labradas con cincel y martillo, y él había hasta afirmado que estas habían sido esculpidas por la misma mano de Dios.
Los dos ayudantes sobornados que sembraron las muestras reconocieron su pecado y pronto salieron a relucir los autores intelectuales de la broma. Johann Beringer los demandó y los llevó a corte por haberle hecho perder su honor. Ambos pagaron cara su osadía, porque perdieron sus respectivos trabajos.
El resto de sus días la pasó Beringer rescatando ejemplares de su libro aquí y allá para luego arrojarlos al fuego, ya que sentía que solo de esa manera se libraba un poco de la vergüenza que traía sobre sus espaldas. Murió en 1740, pero en 1767 se realizó una segunda edición del libro, para atender la gran demanda de los lectores curiosos que querían saber más sobre ese fraude, y el libro vendió varios miles de copias más que el primero.
Las piedras del fraude se encuentran actualmente en el museo de la Universidad de Oxford.

MICHEL DE NOSTRADAMUS

Michel de Nostradamus decidió ser médico. Esta era una profesión arraigada en su familia. Desde pequeño su abuelo materno, quien le tenía un enorme cariño, lo había familiarizado con ambas cosas. Sobre todo los días de noches oscuras, lo sentaba sobre sus rodillas y le enseñaba el nombre de las constelaciones y las estrellas. Aquél pequeño aprendió a amar los cielos desde su tierna infancia, al igual que le fue enseñado el amor por la medicina, la naturaleza y la ciencia. Por ello, al morir su abuelo maestro, Michel marchó hacia Aviñón, la ciudad francesa por excelencia, donde convergían, desde todos los rincones de la provincia, aventureros, buscadores de fortuna, mal vivientes, y jóvenes deseosos de labrarse una vida en el mundo de la ciencia.Aviñón era una ciudad de grandes contrastes: enormes y lujosos palacios al lado de callejones malolientes, por donde transitaban multitudes de desarrapados que intentaban a diario librarse del atropello de los elegantes carruajes de la burguesía.Era la ciudad de los Papas, malechores, desarrapados y gente humilde que abandonó los campos intentando conseguir una forma más fácil de vida.Michel llegó a Aviñón a estudiar en la prestigiada universidad, demostrando desde un principio que solo lo interesaba cumplir con sus deberes ecolásticos y dedicar el resto del tiempo a la observación del cielo estrellado, que era la gran pasión que realmente le motivaba. Era el “raro” entre sus compañeros, a quienes les interesaba más vivir la vida licenciosa de la ciudad que adentrarse en el mundo del conocimiento.Michel se sumergía en las matemáticas, la astronomía y la astrología; estas eran las materias que robaban toda su concentración y energía. Quienes lo escuchaban hablar sobre estos temas, terminaban sorprendidos ante su conocimiento y elocuencia.De Aviñón, Michell marchó hacia Montpellier, para seguir en esta ciudad la carrera de medicina. Durante tres años aprovechó con eficacia los maravillosos secretos del cuerpo humano. Pero esto no le fue bastante, decidió aprender, por todos los medios a su alcance todos los secretos y remedios que de las plantas y hierbas pudieran obtenerse. Por ello recorrió todo el país de comarca en comarca estudiando su flora, deteniéndose, cuando consideraba que podía sacar algo provechoso de aquellos que sabían de recetas y pociones.Y vino la peste, la “bestia selvática”, como la llamó Michel, desencadenando, como lo hizo en 32 ocasiones durante dieciséis años, su oleada de muerte. Los médicos huían espantados, negándose a atender a los enfermos por temor, y cuando lo hacían se cubrían con mantos largos y máscaras en un intento de evitar el contagio.Michel fue diferente, atendía con esmero a los enfermos, buscaba con afán proporcionarles alivio utilizando todos sus conocimientos acumulados. Y según nos cuentan los antiguos escritores, Michel curó a muchos enfermos, incluso existen escritas por ahí algunas de sus eficaces recetas. Fue el primero que hizo saber que para controlar la peste los cuerpos debían de ser quemados y las casas de los enfermos llenadas de cal. Recorrió toda Europa apoyando sin descanso para controlar este terrible mal.Todo esto le dio a nuestro personaje una gran fama como médico excelente, no solo por sus impresionantes conocimientos, sino por el espíritu con el que ejercía su ciencia. La gente se acercaba hasta a él, interrumpiendo su caminar, y se echaba a sus pies y bendecía su nombre. Michel de Nostradamus fue honrado, después de haber pasado la terrible calamidad, otorgándosele un reconocimiento público y colmándolo de honores en gratitud por todos aquellos que se habían salvado.Pero a Nostradamus poco le importaba la fama conseguida, su objetivo era investigar palmo a palmo los secretos de la vida. Pasado un tiempo se estableció en la ciudad de Aix, reanudando su labor de médico y sus investigaciones de la herboristería, los bálsamos y la astronomía. Era un buen médico y día con día se incrementaba su fama y aprecio entre la gente. Pero su dicha debía ser más perfecta: encontró a una hermosa mujer y se casó con ella. Y de pronto se distrajo de sus antiguas aficiones dedicando su tiempo a su esposa y luego a los dos hijos que le obsequió la vida, los cuales se convirtieron en su máxima alegría.Pero un día la muerte llamó a su puerta y le arrebató a la esposa y a sus hijos y con ello se acabó la dicha perfecta. ¿Qué fue lo que pasó?. Algunos dicen que fue la peste. La verdad nadie la sabe. Lo cierto es que Nostradamus continuó con su profesión de médico, pero sumergido en una especie de permanente ausencia, que aquellos que no lo conocían podían juzgarle como deficiente de sus facultades mentales. Pero aún así, se incrementaba día con día su fama de astrólogo, médico y… vidente. Porque algo extraño comenzó a suceder en él.El doctor Nostradamus tenía una vida tranquila y libre de desórdenes. Día a día visitaba a los enfermos y les ofrecía consuelo, llegando a tal su fama y forma de ser que hasta se le consideraba un santo. Cuando salía por las calles, cubierto con su larga capa negra agitada por el viento, la gente no dudaba en retenerlo para consultarle todo tipo de problemas, aún cuando estos no fueran médicos. Todos lo tenían por sabio en el más amplio sentido de la palabra. Y le consultaban enfermedades del cuerpo y del espíritu. En ambos casos, todos encontraban la respuesta acertada para su aflicción.Fue entonces cuando salieron a la luz sus famosos vaticinios que colocaron a Nostradamus como uno de los más grandes y enigmáticos profetas de la historia. Pero antes de continuar demos un pequeño respiro con un poco de música.En tiempos de Nostradamus estaba muy extendido el arte de la magia. Pupulaban por los pueblos un sin fin de vaitcinadores que profetizaban sobre el futuro, y la gente gustaba de escucharles, entregando a cambio algunas moneda de oro o de plata, con tal de que se les anunciasen sucesos favorables que dispersaran las densas sombras del futuro.Una abominable ralea de profetas charlatanes, que sin conocimientos de ninguna especie, elaboraba sus predicciones con la única intención de sacar algo en su propio provecho. Pero Michel de Nostradamus no era de este grupo. En el año 1555 empezó a escribir sus propios vaticinios en forma de cuartetas; las cuales se acumulaban 100 en cada libro, y por ello se les denominó “Centurias”.Cada noche Nostradamus se acomodaba en su sillón a la luz de las estrellas y con la mirada fija en el cosmos recibía la iluminación para elaborar sus vaticinios.Sus famosas Centurias y presagios no vieron l luz en mucho tiempo. Nostradamus los guardó en secreto, creyendo que el darlos a conocer le acarrearía calumnias, envidias y problemas de todo tipo. Pero sentía la responsabilidad de dar a conocer a los hombres el conocimiento que le había sido revelado para que sacaran de ello algún provecho. Por ello un día las dio a conocer, provocando una tremenda reacción, que acrecentó su fama de boca en boca, traspasando incluso las fronteras.Los años transcurrieron y las profecías de aquél iluminado se fueron cumpliendo: la conjura de Amboise, el levantamiento de Lyon y la muerte de Francisco I fueron acontecimientos vaticinados por el sabio vidente.Entonces su fama se incrementó de tal manera que reyes y príncipes, ricos y poderosos, comenzaron a acudir a él para interrogarlo sobre su futuro.El poderoso Rey de Francia, Enrique II, mandó traer al vidente ante su presencia. Nostradamus le hizo una serie de revelaciones, y el Rey agradecido le entregó numerosos presentes y le permitió partir nuevamente a su hogar. Años más tarde el Rey Carlos IX visitó a Nostradamus y lo nombró su consejero y médico. Más entonces ya estaba el profeta muy enfermo y aquejado de múltiples dolencias. La artritis y la gota minaban fuertemente su salud. Por ello escribió por entonces: “Mi muerte está próxima”. Y en efecto falleció poco después, el 2 de julio de 1566 a la edad de sesenta y dos años. Su cuerpo fue sepultado en la Iglesia de los Cordeleros de Salon con una ceremonia de grandes honores. Aún hoy en día, es posible leer en su lápida una inscripción en latín que dice: “Aquí descansan los restos mortales del ilustrísimo Michel de Nostradamus, el único hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi divina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo”.