lunes, 20 de julio de 2009

LA ASPIRINA

Al lado de ríos, canales y bosques de clima húmedo se da el sauce blanco, un árbol que desde tiempos muy remotos se le han conocido sus propiedades medicinales. El físico griego Hipócrates recetaba remedios con hojas de sauce para aliviar problemas relacionados con el dolor, y muchos pueblos antiguos han utilizado las hojas y la corteza de esta planta, ricas en salicina para controlar el dolor y la fiebre.
La salicina fue obtenida por primera vez por Felix Hoffman, un químico que trabajaba para la compañía Bayer, hace cosa de cien años, y de ahí surgió la famosa aspirina. Uno de los medicamentos más conocidos en todo el mundo.
De esta pequeña pastilla que mide poco más de un centímetro de diámetro y 6 mm de grosor, se dice que se han fabricado más de 350 billones de píldoras, desde que comenzó a fabricarse y se consumen en la actualidad aproximadamente 2 500 aspirinas cada segundo en todo el mundo, mismas que si se colocaran una sobre otra, alcanzarían una altura de 30 metros. Tan solo en estados Unidos se consumen 16,000 toneladas de Aspirina al año. Y diariamente se consumen en todo el mundo unos 216 millones de ellas, que con esta cantidad se podría cubrir una superficie de 2.4 kilómetros cuadrados.
Según la revista Newsweek es uno de los cinco inventos más importantes del siglo XX, junto con el automóvil, el foco, el teléfono y el televisor. Hasta los tripulantes del Apolo XI, la primera nave tripulada que llegó a la Luna, la llevaban.
Es utilizada para curar la fiebre, el dolor o la inflamación, siendo además utilizada como valioso auxiliar para los resfriados comunes. Una aspirina al día puede prevenir ataques cardíacos y estudios recientes dicen que es gran auxiliar en los casos de los diabéticos, ya que mejora la capacidad de los enfermos para manejar la glucemia, además de que estimula la secreción de insulina.
Pero cuidado… en dosis altas es altamente tóxica. En los Estados Unidos se reportan anualmente más de 10 mil casos de intoxicación por aspirina. Muchos de estos casos finalmente mueren. Así que si usted la usa, tenga mucho cuidado y nunca la deje al alcance de los niños. Y no es apropiada, ni en dosis mínimas en menores de 4 años.

EL MUNDO INSÓLITO DE MANDEVILLE

En la Biblioteca Británica se conserva un antiguo manuscrito realizado a finales del siglo XIV, mismo que es una traducción directa del original cuyo título es “Los viajes de Sir John de Mandeville” y que según se cuenta fue escrito en Francia por el año de 1356. Este libro fue extremadamente popular en la edad media, mucho antes del descubrimiento de América.
En aquellos tiempos la ignorancia se cubría con la fantasía, provocada por el deseo de conocer lo hasta entonces desconocido, y si bien se hablaba de cosas maravillosas que había más allá de los mares, también su imaginación agregaba seres terroríficos que podían acabar con las pretensiones de aquellos que se adentraran en lo desconocido.
Fue por ello que al aparecer el libro de Sir John de Mandeville, la gente deseosa de adentrarse en lo desconocido, lo convirtió en un éxito fuera de lo común. El libro consta de dos partes. La primera es como una guía turística para peregrinos porque habla de Tierra Santa. La segunda es la descripción de un viaje a Oriente, que describe la travesía por islas lejanas, hasta llegar a la India y el Catay, lugar que hoy conocemos como China.
He aquí algunas de las cosas maravillosas que se narran en “Los viajes de Sir John de Mandeville”.
Antes del descubrimiento de América toda la atención y las fantasías de los europeos se centraban en el Oriente. Conocían las fantásticas historias escritas por Marco Polo. Despues Sir John de Mandeville les vino a llenar la cabeza de humo diciendo que en aquellos lugares había mucho oro y valiosas especies. También se encontraba la Fuente de la Eterna Juventud y el legendario Paraíso Terrenal. Pero no todo era miel sobre hojuelas: antes de llegar a estos idílicos lugares había que toparse con una buena cantidad de monstruos. Era imposible llegar ahí sin sufrir la embestida de los acéfalos (hombres sin cabezas pero con rostros en el pecho), los esciópodos (hombres con una sola pierna y un pie gigante), o las temidas amazonas (mujeres fuertes que se cortaban un pecho para poder usar el arco).
Una parte del libro dice: "A través del océano y más allá de muchas islas se llega a Nacumera, una isla hermosa y grande. Su perímetro mide más de mil millas. Todos los hombres y mujeres que la habitan tienen cabeza de perro y se les denomina cinocéfalos".
Dice Mandeville que aunque cualquiera puede emprender un viaje por el mundo entero, solo uno entre mil sería capaz de volver al punto de origen, pues debido a la inmensidad de la tierra y del mar se pueden tomar miles y miles de rutas. Pero nadie sabría dar con la ruta acertada para volver a su punto de origen, si no fuese por casualidad o por obra y gracia de Dios.
Sir John de Mandeville habla en su libro que la tierra es redonda, pero esto no era nada nuevo, ya se sabía desde mucho tiempo atrás, ya que Aristóteles, en el siglo IV a.C. lo sabía perfectamente, y hasta elaboró una teoría astronómica basada en la esfericidad del mundo.
Pero nadie estaba seguro de ello. Así que Cristobal Colón no fue quien pensó primero que nuestro mundo era esférico. Lo que sí es de admirársele es el hecho de que se atrevió a alejarse más de lo debido de las costas, aún con plena conciencia de que más allá lo esperaban monstruos y seres fantásticos dispuestos a arruinarle su objetivo.
Y volviendo a John de Mandeville, es necesario aclarar que el verdadero autor del libro se llamaba Jean de Bourgogne, un escritor francés del siglo XIV. Y de quien se dice que jamás emprendió viaje alguno a ningún lugar más allá de lo conocido. Todo fue producto de su imaginación. Y por supuesto que después del descubrimiento de América, su libro pasó totalmente de moda.

EL HOMBRE QUE SE COMIÓ UNA CARRETA

A mediados del siglo XVIII, se corrió la voz, entre la alta sociedad europea, de que un médico rural suizo, Michael Schupach, practicaba un tipo diferente de medicina: utilizaba polvos sanadores obtenidos de fuentes naturales, para llevar a cabo curaciones milagrosas. Muy pronto gran cantidad de personas acaudaladas de todo el continente, afectadas de enfermedades tanto serias como banales, hacían el difícil peregrinaje hasta la villa alpina de Langnau, donde vivía y trabajaba el doctor Schuppach.
Durante su dificultosa caminata por las montañas, los visitantes tenían oportunidad de conocer los más espléndidos paisajes naturales de toda Europa. Cuando llegaban a Langnau, ya se sentían transformados y camino a la curación.
Schuppach, a quien llamaban simplemente el “Doctor de las Montañas”, tenía una pequeña farmacia en el poblado. El lugar fue convirtiéndose en todo un espectáculo: multitudes provenientes de los países más diversos se agolpaban en el pequeño recinto, en cuyas paredes, cubiertas con estanterías, se exhibían las coloridas botellitas que contenían las medicinas hechas a base de hierbas. Mientras que la mayoría de los médicos de la época recetaban pociones de sabor espantoso y nombres que nada significaban (como ocurre hoy en día), mientras que los remedios de Schuppach ostentaban nombres como “El aceite de la alegría”, “Florecillas para el corazón” o “Antipesadillas”, y todas tenían sabor dulce y agradable.
Los visitantes debían esperar con paciencia para lograr una consulta con el Doctor de las Montañas, dado que a diario llegaban a la farmacia unos ochenta mensajeros para entregar frascos de orina de pacientes de toda Europa. Schuppach afirmaba que podía diagnosticar una enfermedad con sólo observar una muestra de orina. Cuando al fín disponía de algún rato libre (ya que el estudio de las muestras de orina le consumía la mayor parte del tiempo), comenzaba a recibir a los visitantes en su consultorio de la farmacia.
Decía el Doctor de las Montañas que su sabiduría le venía de la existencia simple y plácida del campesino, que no sabía de complicaciones de la vida urbana, y sus consultas incluían también una charla sobre cómo lograr una mayor armonía entre el espíritu y la naturaleza.
Empleaba diversas formas de tratamiento. Por ejemplo, creía en la terapia del shock eléctrico. Explicaba que la electricidad es un fenómeno natural, y que el no hacía más que imitar la fuerza del rayo. Uno de sus pacientes afirmó que lo habitaban los demonios; el médico lo curó con shocks eléctricos, y mientras se los administraba, el doctor emocionado exclamaba que podía ver a los demonios saliendo, uno a uno, del cuerpo del enfermo.
Otro hombre dijo que se había tragado un carro cargado con paja, con todo y conductor incluido, lo que le causaba intensos dolores en el pecho. El doctor de las Montañas lo escuchó con paciencia, y poniendo luego su oído en el abdomen del enfermo le dijo que podía escuchar el chasquido del látigo en su interior, y le administro un sedante y un purgante. El hombre se durmió en una silla, ante la puerta de la farmacia. En cuanto se despertó se puso a vomitar. En ese momento pasó a toda velocidad un carro cargado de paja, que el doctor había contratado, haciéndole creer al enfermo que su mal estaba totalmente solucionado. Y en efecto, así fue.
Con el Doctor de las Montañas todo era un espectáculo. Lo cual siempre lograba mejorar el ánimo del paciente, quienes estaban convencidos de sus habilidades curativas. En lugar de burlarse el médico de las explicaciones irracionales que muchos le daban acerca de su malestar, Schuppach les seguía la corriente y con ello lograba excelentes resultados.

EL MAR MUERTO

Le llaman mar, pero no es un mar, es tan solo un lago de aproximadamente 280 kilómetros cuadrados y una profundidad de 330 metros. En este afamado lugar que los antiguos hebreos conocían bajo el nombre de Yam ha-Melah (mar de la sal) y los romanos lo nombraron Lacus Asphaltites (lago de asfalto), mientras que los árabes lo bautizaron como Bahr al-Mayyitt, que significa “mar de la muerte”; es quizás el lago más misterioso y apasionante del mundo. Su relación con hechos históricos, como la vida de Jesuscristo y las características tan especiales que posee lo han convertido en un sitio de gran relevancia dentro de la historia.
Para comenzar permítame decirle que el llamado Mar Muerto está a 400 metros abajo del nivel del mar, convirtiéndose con ello en el lugar más bajo en la superficie de la tierra. Está rodeado por un extenso territorio de áridas colinas erosionadas por el viento, que hacen de este lugar un sitio silencioso, hermoso y mágico. Sus aguas son seis veces más saladas que las del océano, y esta altísima concentración de sal en el agua, hace imposible casi cualquier tipo de vida en él. Si usted se mete en sus aguas le será prácticamente imposible el hundirse, incluso le sería posible acostarse sobre la superficie y ponerse a leer una revista, si así le place. Es una rareza única en el mundo.
En el Mar Muerto desemboca el río Jordán, que vierte en él aproximadamente siete millones de toneladas de agua, más el sol y el inmenso calor que se genera en la desértica zona que lo rodea, hacen que esta se evapore generando una neblina permanente, que se queda suspendida sobre el lago, otorgándole esa imagen de magia y misterio.
Aunque la vida no es posible dentro de estas aguas, se han descubierto grandes propiedades curativas en los 21 minerales que contienen, 12 de las cuales no se han podido encontrar en ningún otro sitio. El lodo negro que genera si es aplicado sobre todo el cuerpo, deja la piel limpia, mejora la circulación sanguínea y la función respiratoria. Por ello es que ahora se están comercializando muchos productos medicinales y cosméticos con base en el agua y el lodo del Mar Muerto.

LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO

En un descuido de Juma algunas de sus cabras comenzaron a subir demasiado alto por los acantilados, así que de mala gana decidió ir por ellas para traerlas de regreso. A las cabras no les pasaba nada, son animales impuestos a escalar riscos y transitar por lugares difíciles, pero la tarde caía y descpués sería un tanto difícil encontrarlas, así que mejor decidió ir de inmediato por ellas.
Poco a poco fue bajando a sus animales, no sin un sin fin de trabajos; y de pronto una de ellas se subió a unas rocas y emprendió el camino por una difícil ladera. Juma desatendió a las que ya habían emprendido el regreso y se fue tras la cabra rebelde. Cuando la alcanzó logró hacerla emprender el camino correcto y entonces descubrió una pequeña entrada a una cueva. Tomó una piedra y la arrojó con fuerza. ¿porqué lo hizo?. Nada más para descubrir su profundidad. Pero el golpe de la piedra sonó extraño. Pareció que pegó con algo y lo rompió. ¿Qué habría escondido ahí? La cara se le iluminó y de inmediato pensó que era un tesoro.
A gritos llamó a sus primos Khalil y Mohammed. No entendían lo que Juma les decía, pero por la forma como les gritaba bien pudieron darse cuenta que era algo importante, así que subieron presurosos por el peligroso acantilado. Al llegar Juma les contó lo que pasaba. Ellos se entusiasmaron, pero el sol ya se estaba ocultando y era muy difícil explorar el sitio en aquél momento. Además había que regresar con las cabras antes de que se hiciera demasiado tarde. Andar por el desierto tan noche no es nada bueno. Pero el día siguiente buscarían su tesoro.
Por el camino de regreso no pararon de hablar sobre la posibilidad de que en la cueva hubiese un tesoro escondido. ¡Dejarían de cuidar cabras!, ¡Se iban a hacer inmensamente ricos! Nada ni nadie parecía que podría quitarles el entusiasmo. La verdad es que en la cueva se encontraba uno de los más grandes tesoros jamás imaginados, aunque no era nada parecido a lo que ellos esperaban.
Era el mes de enero de 1947. Hacía demasiado frío, pero Mohammed, el más joven de los pastores, en cuanto despertó se fue con sus cabras a la búsqueda del tesoro. Ni siquiera pensó en esperar a sus primos. Al llegar a la cueva, entró emocionado por la pequeña abertura y vio que por dentro era más amplia. Al comenzar a explorarla sus pies iban pisando una gran cantidad de trozos de cerámica esparcidos por el suelo. Y de pronto sus ojos, ya acostumbrados a la penumbra, vieron una buena cantidad de jarras delgadas recargadas sobre una pared. Sintiendo que el corazón se le salía de la emoción, fue y tomó una de las jarras… pero no encontró en ella ningún tesoro. No había oro, ni monedas ni nada que pareciera de valor. Tan solo contenía unos viejos pergaminos amarrados con trapos, totalmente enegrecidos por el tiempo. Todas las jarras tenían lo mismo.
Poco después llegaron sus primos y les dio las malas nuevas: no había ningún tesoro. Pero Mohammed decidió llevarse algunos pergaminos; quizás alguien se atreviera a darle algunas monedas por ellos. Cuando llegó a casa, sus padre y hermanos se rieron de él, más a su madre le parecieron valiosos… para atizar el fuego. Pero no los quemó todos. El resto los dejaron colgados de un poste de su tienda de beduinos. Mucho tiempo después, y nomás como para no dejar de hacer el intento, el padre de Mohammed los llevó a Belén y ahí logró venderlos por separado a dos anticuarios árabes por una cantidad francamente ridícula. El primer cliente que los adquirió con estos anticuarios fue el arzobispo Athanasius Jesche Samuel, de la Iglesia Ortodoxa en Jerusalén del monasterio de San Marco.
Posteriormente estos antiguos manuscritos fueron examinados por personal especializado de la Escuela Americana de Investigación Oriental, y se llegó a la conclusión que los rollos pertenecían al período entre 200 años A.C. y 200 años D.C., reconociendo que eran los manuscritos más antiguos descubiertos hasta entonces.
Tres de los manuscritos encontrados fueron comprados por el arqueólogo Sukenik, de la Universidad Hebrea, y por diversas y poco a poco otros de aquellos manuscritos fueron siendo adquiridos por dicha institución.
Luego vino la guerra egipcio-israelita de 1947 a 1949, y el asunto de los rollos del Mar Muerto cayó en el olvido.
Tiempo después el padre del arqueólogo Sukenik, encontrándose en Nueva York, leyó un anuncio en que se ofrecían otra parte de aquellos mismos rollos; sabedor de la importancia de estos valiosos manuscritos, logró adquirirlos por una cantidad aproximada a los $ 250,000 dólares, para luego vendérselos por una cantidad mayor a la Universidad Hebrea, donde permanecen hasta hoy.
Al difundirse la noticia del precio alcanzado por aquellos rollos encontrados, todo mundo se fue a escarbar e investigar por cuevas y peñascos de la zona. Pronto se encontraron otras 10 cuevas adicionales que también contenían antiguos pergaminos. Se hallaron cerca de 200 manuscritos, la mayoría libros de la biblia, y algunos otros escritos que hablan de las costumbres y pensamiento de una secta llamada los escenios, misma que floreció entre los años 125 A.C. y 68 D.C., y quienes los escondieron antes de huir de la invasión del ejército romano, el cual se encontraba en Judea para acabar con la revuelta judía de los años 66 a 70 d.C.
Sería sumamente complejo explicar en este espacio, todo lo relacionado al contenido de los Rollos del Mar Muerto. Lo cierto es que en ellos se han encontrado informaciones sumamente valiosas en cuanto a las costumbres e ideas religiosas de los escenios, además de haber descubierto algunas pequeñas, pero significativas modificaciones que se han hecho a algunos pasajes de la Biblia. Quien sabe si fue a propósito o por errores de traducción.
Casi al mismo tiempo, que el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, en una región un tanto diferente, fueron encontrados otros antiguos manuscritos, por un hombre que buscaba en una cueva fertilizante natural para sus cultivos. Aquí se descubrió el llamado Evangelio de Santo Tomás, y en estos documentos se encuentran muchas frases y sentencias atribuidas a Jesucristo, mismas que no están contenidas en ninguno de los cuatro evangelios. De todas formas la Iglesia católica los dio por descalificados.
Quién sabe como sean las cosas, eso lo dejamos a los estudiosos de la materia. Lo cierto es que Juma, Mohammed y su primo, después de su valioso hallazgo continuaron cuidando chivas, porque nunca entendieron el auténtico valor de lo que habían descubierto.

HISTORIA DEL SORBETE

La feria mundial de St.Louis se celebró en el año de 1904, conjuntamente con los Juegos Olímpicos. Cuarenta y dos estados y cincuenta y tres naciones tomaron parte en esta exposición.
Entre los vendedores de la feria, uno tomó la concesión de helados, y otro de wafles calientes. Con la muchedumbre que acudió a las exhibiciones, ambos negocios florecieron rápidamente; pero después de un día particularmente activo, la reserva de platos de cartón, donde el vendedor de wafles los servía con tres guarniciones diferentes, se agotó. Alarmado buscó afanosamente quien le vendiera platos en la feria, más nadie quiso hacerlo por temor a encontrarse luego en el mismo problema.
El vendedor de helados le propuso venderle con descuento parte de su nieve, para que al menos ganara algo y no fuera a perderlo todo.
El vendedor de wafles aceptó, aunque su inconformidad era grande porque el margen de utilidad en los helados era muy bajo, y aparte, no sabía que hacer con todos los ingredientes que ya tenía preparados para hacer wafles, ya que en ellos había invertido todos los ahorros de su vida.
De repente tuvo una brillante idea: hizo unos mil wafles; mientras estaban aún tibios los enrolló, según un patrón circular con la punta por abajo. A la mañana siguiente, vendió todo su helado, porque lo sirvió en el wafle enrollado, con lo cual había nacido el popular cono de la nieve.

EL TRUCO DEL PRESTAMISTA

Hace muchos años, cuando una persona que debía dinero podía ir a la cárcel, un mercader de Londres tuvo la desventura de acumular una enorme deuda. Al prestamista, que era viejo y feo, le gustaba la hermosa y joven hija del mercader, de modo que propuso un trato: cancelaría la deuda si podía quedarse con la muchacha.
Tanto el mercader como su hija quedaron horrorizados ante esta proposición, pero sabían que no tenían más remedio que se dejara en manos de la providencia la decisión. Así, que el prestamista indicó que colocaría una piedrecita negra y una blanca en un saco vacío, y que después la chica debeía tomar una de las piedras. Si ella escogía la piedra negra, se convertiría en su esposa y la deuda del padre quedaría cancelada. Si seleccionaba la blanca, se quedaría con su padre y la deuda sería perdonada. Pero si se rehusaba a tomar alguna de las piedras, su padre iría a la cárcel y ella quedaría sola y totalmente desprotegida.
El mercader aceptó con renuencia. El grupo se hallaba en una vereda de piedras, pero entonces la temerosa chica se dio cuenta de que él había tomado dos piedras negras y las había colocado en el saco. En seguida, el viejo pidió a la chica que tomara una de las piedras, la que decidiría su destino y el de su padre.
Ella se sintió aterrorizada en el momento en que el mercader le tendió la bolsa para que sacara la piedra, más de pronto su rostro se iluminó, metió la mano en la bolsa, y sin verla, al sacarla la dejó caer a la vereda, donde se perdió entre las demás.
-¡Qué torpe soy!- dijo-, pero no importa, si abren la bolsa verán qué piedra tomé por la colora de la que queda. Como la piedra restante era negra, se supuso que ella había tomado la blanca, ya que el prestamista no se atrevería a admitir su deshonestidad.
(Pintura del Pintor Español Ismael Prieto)

lunes, 13 de julio de 2009

ARROJADO A LOS PERROS

Una historia árabe, de un libro escrito allá por el siglo XIII, dice que un visir había servido a su amo durante unos treinta años y era reconocido y admirado por su lealtad, su sinceridad y su devoción a Dios. Su sinceridad, sin embargo, le había ganado en la corte muchos enemigos, que difundieron falsas historias sobre su ambigüedad y perfidia. Día y noche le llenaron los oídos al sultán, hasta que éste también comenzó a desconfiar del inocente visir y al fin condenó a muerte al hombre que le había servido fielmente durante tantos años.En aquél lugar era costumbre que los condenados a muerte fuesen atados de pies y manos y arrojados al corral en el cual el sultán tenía encerrados sus más feroces perros de caza, que de inmediato se abalanzaban sobre la víctima y la desgarraban.Sin embargo, antes de ser arrojado a los perros, el visir pidió que se le concediera un último deseo; “Me gustaría que me dieran diez días de gracia, para que pueda pagar mis deudas, cobrar lo que me deben, devolver los objetos cuya guarda me fue encomendada por la gente, distribuir mis bienes entre los miembros de mi familia y mis hijos, y designar un tutor para estos últimos”.Después de asegurarse de que el visir no se fugaría, el sultán concedió su pedido. El visir corrió a su casa, recogió cien monedas de oro y fue a visitar al cazador que cuidaba los perros del sultán. Le ofreció las cien monedas de oro y le dijo: “Déjame cuidar a los perros durante diez días”. El cazador aceptó y, durante los diez días que siguieron, el visir cuidó de las bestias con suma atención, limpiándolas, cepillándolas y alimentándolas de lo mejor. Al final del décimo día, los perros comían de sus manos. Al undécimo día, el visir fue llamado ante la presencia del sultán; se repitieron los cargos y el gobernante observó como ataban de pies y manos al visir y lo arrojaban a los perros.Sin embargo, en contra de lo que todos esperaban, cuando los perros lo vieron, corrieron hacia él meneando la cola. Le lamieron afectuosamente los hombros y comenzaron a juguetear a su alrededor. El sultán y los demás testigos del hecho quedaron pasmados. Cuando el sultán le preguntó por qué los perros le habían perdonado la vida, el visir contestó: “Estuve cuidando de estos perros durante diez días. Usted ha visto los resultados con sus propios ojos. Al sultán lo he cuidado durante treinta años, ¿y cual es el resultado? Me condenan a muerte sobre la base de las acusaciones de mis enemigos”.El sultán se sonrojó, avergonzado. No solo le perdonó la vida al visir, sino que le obsequió lujosas vestimentas nuevas y le entregó, prisioneros, a los hombres que lo habían calumniado. El noble visir los puso en libertad y siguió tratándolos con amabilidad.

LA MALDICION DE LA PRINCESA

Cuatro jóvenes ingleses adinerados, fueron a Egipto a finales de la década de 1890. En aquella época aún era algo demasiado aventurado el adentrarse por las exóticas tierras de norte de Africa. Era un privilegio que solo los aventureros o gente de dinero podía concederse; y ellos estaban en este último nivel.
Las hermosas pirámides llenaron de fantasías su cabeza, haciendo surgir en ellos el absurdo deseo de llevarse algo de aquél extraño mundo a casa. Aunque sabían que lo único que les era permitido era una buena cantidad de souvenir y fotografías. Más de pronto algo insólito sucedió: un extraño personaje se acercó a ellos y les hizo una propuesta muy especial, que cambiaría drásticamente su destino. Les dijo que un grupo de amigos suyos tenía en su poder una momia, misma que estaban dispuestos a vender a un precio bastante razonable, y quizás fuera de su interés.
Los cuatro jóvenes se miraron unos a otros, totalmente incrédulos de la oferta, y decidieron ir con el desconocido a ver “la mercancía”. Y en efecto, un grupo de mercenarios egipcios y franceses habían exhumado clandestinamente algunos tesoros, junto con aquél hermoso sarcófago en cuyo interior había una momia.
Los cuatro británicos se mostraron vivamente interesados en adquirirla, pero siendo tan amigos, y ante lo razonable del precio, decidieron echar suertes, siendo el más joven de ellos quien tuvo “la fortuna” de adquirirla. Desembolsó pues lo convenido e hizo los arreglos pertinentes para que su valioso tesoro fuera trasladado de inmediato a la habitación del hotel donde se hospedaba, pensando en llevarla luego consigo en su regreso a Londres. Tenía en su poder la momia de la sacerdotisa Amén-Ra, a quien luego dieron en llamar la Princesa Egipcia, y con ello se desencadeno una serie de tragedias.
Nadie sabe que pasó, pero los testigos afirman que a media noche se abrió precipitadamente la puerta de la habitación de este joven, y salió corriendo perdiéndose en la oscuridad del desierto.
Al día siguiente fue buscado por sus amigos y un grupo de personas, pero todo fue inútil. El joven británico nunca fue encontrado. Las cosas se complicaron aún más cuando el segundo de los amigos, en el mismo día de la búsqueda recibió un disparo de rifle que le hizo accidentalmente su sirviente egipcio. La herida fue tan grave que tuvieron que amputarle el brazo izquierdo.
Después de estos graves sucesos regresaron a Inglaterra, solo para toparse otro de ellos con que el banco donde tenía depositada la fortuna familiar había quebrado, dejándolo totalmente en ruina.
El cuarto de ellos cayó víctima de una enfermedad muy extraña y prolongada que le hizo gastar todo su dinero y vender sus bienes para gastarlo en médicos y curaciones y cuando finalmente logró recuperarse, no pudo conseguir ni el más mísero empleo, de tal manera que terminó vendiendo cajas de cerillos en la calle.
La momia, a quien se comenzó a culpar de los hechos, fue vendida a un excéntrico comerciante de Gran Bretaña, quien aún conociendo lo que había sucedido no dio crédito a la supuesta maldición que encerraba. Más luego su propia casa se incendió bajo circunstancias muy extrañas y tres de sus parientes cercanos sufrieron accidentes, así que de inmediato se deshizo de la princesa egipcia donándola al Museo Británico. Y pese a la reputación que acompañaba a la dama egipcia, el curador del museo, acostumbrado a desechar leyendas y supersticiones, aceptó de muy buena gana el obsequio.
Y los desconcertantes hechos continuaron sucediendo: el camión de mudanzas en que fue transportada la momia, una vez estacionado y sin motivo aparente, dio marcha atrás y atropelló a un peatón. Uno de los cargadores tropezó y el ataúd le rompió una piedra, mientras que el otro, un hombre de escasos 30 años, falleció dos días después por un infarto. La momia fue instalada en la Sala de Egiptología del museo.
Aquella noche los guardias escucharon golpeteos y sollozos que parecían provenir del interior del ataúd. Todo el personal del museo comenzó a tenerle miedo a la tenebrosa princesa egipcia, al grado que no deseaban ni sacudirle el polvo a la vitrina. Mas nunca falta un valentón, quien haciendo burla de todos los cobardes, fue y pasó el plumero con fanfarronería por el rostro de la momia. El castigo no se hizo esperar y dos días después su hijo murió de sarampión.
Ante semejantes hechos, el personal de seguridad y mantenimiento hicieron una protesta ante la dirección, exigiendo que la momia fuese retirada de exhibición. Y curiosamente la petición fue aceptada, ya que mandaron a Amen-Ra, la sacerdotisa egipcia a las frías bóvedas del museo, bajo la única supervisión del jefe de bodega.
Los hechos continuaron, la maldición llegó hasta uno de los peones que efectuaron la mudanza, quien cayó seriamente enfermo, y el mismo encargado de la bodega fue encontrado sin vida en su despacho.
Un reportero gráfico, conocedor de los rumores, se aventuró a tomar una fotografía de la tapa del sarcófago y cuando la reveló descubrió para su sorpresa y horror que el bello rostro de la princesa, tallado en la parte superior, se había transfigurado en una cara de facciones repulsivas. Aquello le trastornó tanto que entró en una terrible crisis nerviosa que le llevó al suicidio disparándose un balazo en el corazón.
Este último drama colmó la paciencia del director del museo y por ello le vendió la momia a un coleccionista privado.
Su nuevo dueño, muy interesado en las ciencias ocultas, comenzó a sufrir toda una serie de vicisitudes en su vida privada, por lo cual optó por encerrar la momia en el altillo de su residencia. Como los problemas continuaban, decidió invitar a su hogar a la ilustre fundadora de la teosofía, Madame Blavatsky.
La célebre huésped, quien ignoraba que la tenebrosa momia estaba encerrada en el desván, sintió repentinamente un gran desasosiego y le dijo al hombre que había en la casa una tenebrosa presencia. El la llevó por toda la casa, sin confesarle aún de su adquisición, más ella detectó la siniestra momia y le dijo que ella era la causante de todo, que tenía que deshacerse de ella de inmediato.
No faltó cliente para la princesa, un escéptico arqueólogo norteamericano que pagó por ella un precio exorbitante y se embarcó de inmediato con su preciada momia rumbo a Los Estados Unidos. Pero nunca llegó a su destino. El barco elegido fue el famoso Titanic que se hundió en el océano Atlántico el 15 de abril de 1912 luego de chocar con un iceberg. En esta espantosa tragedia perdieron la vida 1502 personas. La momia egipcia se hundió con todas ellas.

HISTORIA DEL LAPIZ

El año de 1564, una violenta tempestad derribó un enorme árbol en una población llamada Borrowdale en Inglaterra. La caída del árbol dejó al descubierto una masa de cierta sustancia negra de aspecto mineral. Los pastores de la localidad utilizaron pedazos de aquél material para marcar sus ovejas. Otros lugareños más astutos comenzaron a cortarlo en forma de varitas, que luego vendieron en las calles de Londres con el nombre de “piedras de marcar”, mismas que fueron utilizadas por los tenderos para hacer sus letreros en las cajas de frutas y mercancías.
No tardó el rey Jorge II en incautar el lugar y comenzar a explotar el mineral, que no era otra cosa que grafito. Mismo que fue utilizado para dar forma precisa a las balas de los cañones. El rey fue muy estricto con aquel valioso mineral. Y se registraba a los trabajadores meticulosamente para que no se lo robaran. Pero, como siempre suele suceder, la gente se las ingeniaba de una y mil formas para poder llevárselo a casa.
Aquellas barritas de grafito utilizadas para marcar y escribir tenían grandes deficiencias: se rompían con facilidad y manchaban las manos. Algún genio desconocido resolvió el problema enredando un cordel a todo lo largo de la varita y de esta forma se realizó el antecesor del lápiz, tan común hoy en día.
Un francés llamado Jacques Conté, un químico de reconocida fama, fue comisionado por Napoleón para que encontrara la forma de fabricar lápices, los cuales eran algo exclusivo de Inglaterra y Alemania. Pero el grafito de Francia era de inferior calidad, así que Conté le añadió arcilla a modo de complemento y coció su mezcla en el horno. Aquélla fórmula dio resultados espectaculares, ya que resultó ser mucho más eficaz que el grafito puro, logrando una mayor dureza que impidió el que se quebrara con facilidad.
El trabajo lo completó un carpintero e inventor de Massachussets, quien fabricó en su taller una máquina capaz de moldear la madera para introducir en ellas los pequeños cilindros de grafito y a continuación pegar dos secciones de ellas para darle forma a los lápices. Tal y como hoy los conocemos.
Ahora se consigue el mejor grafito del mundo en Sri Lanka, Madagascar y México; mientras que la arcilla para darle la dureza requerida, la mejor es de Alemania; la goma de borrar proviene de Malasia; y la madera más adecuada para los lápices es de cedro de California.
En la actualidad se producen más de 300 tipos de lápices diferentes. Y su uso es tan generalizado, que todos los grandes sueños y proyectos del hombre han comenzado con uno de estos pequeños utensilios en la mano.

EL SANTON DE HUENTITAN

José Refugio Jáureguí y Francisco López, iban subiendo penosamente con su atajo de burros por una de tantas veredas de la barranca de Huentitan, cuando de pronto escucharon gemidos, golpes y lamentaciones provenientes de entre las peñas. Se les puso la carne de gallina y lo primero que pensaron fue en correr despavoridos, porque a lo mejor se trataba de un alma en pena. Pero luego la curiosidad se sobrepuso al miedo y acercándose un poco al lugar de donde provenían tantos gemidos y lamentos, escucharon que alguien decía: “¡Señor, ten piedad, aplaca tu ira… yo como tu humilde siervo acataré tu mandato!
Aquello era terrorífico y alucinante, porque el eco de las peñas otorgaba a los gemidos una dimensión escalofriante. José Refugio y Francisco se quedaron petrificados, mientras que sus burros, ajenos a los mundos espirituales, siguieron con su carga cuesta arriba.
Allá en el fondo, arriba de una de las peñas, de pronto apareció entre una nube de humo, un personaje extraño, vestido con traje largo, la cabeza coronada con una espinosa rama de huizache y el pecho cubierto de escapularios y rosarios.
“Hijos míos, dijo el misterioso personaje. Acérquense a mí y no teman. Yo soy Macario, enviado del Señor, para hacer penitencia y ayudar a la salvación de todos los pecadores…”
El sermón fue tan elocuente, que aquellos humildes indígenas lo consideraron un santo enviado de Dios, y lo invitaron a ir con ellos a su casa en lo alto de la barranca. Ahí le dieron alojamiento en la humilde choza y lo trataron como un auténtico profeta.
Un suceso de esta naturaleza muy pronto es conocido de todos, así que pronto llegaron hasta el lugar infinidad de curiosos y devotos de todo Guadalajara y poblaciones circunvecinas. Por doquiera se decía que en Huentitan había aparecido un santo la madrugada del 13 de julio de 1912, capaz de obrar milagros y hablar de las cosas de Dios con auténticas palabras de ángel.
Aquél año fueron frecuentes los temblores en Jalisco, Colima y Michoacán. El santo Macario, decía que era la ira de Dios que amenazaba con desatarse. Había que hacer penitencia, rezar mucho y desprenderse de los bienes superfluos que entorpecían el acercamiento con la divinidad.
Ríos de gente llegaban a diario ante sus pies. Imponía sus mugrosas manos a los enfermos, oraba por ellos implorando milagros y piedad del cielo. Daba encomiendas, imponía penitencias, enseñaba rezos, y aconsejaba a los pecadores. Ellos a cambio le llevaban ofrendas: un poco de maíz, frijol, alguna calabaza o unas cuantas monedas.
Los indígenas que le prestaron su cabaña, sacaron toda la leña y trebejos que ahí tenían, para convertirla en una capilla, donde pusieron una rústica mesa con una imagen, y pronto todo el humilde recinto estaba lleno de velas llevadas por los peregrinos.
Pero ¿Quién era este santón de Huentitán? ¿De donde había salido? Según se supo después se llamaba Macario García. Tenía 27 años y era originario de Juchipila Zacatecas, de donde lo corrieron porque, además de ser un vivales, era homosexual y por aquellas tierras era el peor pecado del mundo, al grado que hasta su misma familia lo echó de la casa.
Se vino a Guadalajara, donde se empleó de peón de albañil y mozo. Casi ni sabía leer ni escribir, pero sabía engatuzar a la gente, así que un día se le ocurrió convertirse en santón y por ello se fue a la barranca y armó su espectáculo escondiéndose entre unas peñas. Y al ver aquellos pobres indígenas, le prendió lumbre a las ramas secas que había reunido, más unas verdes para armar su humareda, y luego se puso a hablar como un místico. Así se inició la historia.
El santón de Huentitán comenzó a cosechar demasiada fama. Hasta los periódicos tapatíos se ocuparon de su vida y milagros, lo cual llamó la atención de las autoridades civiles y eclesiásticas, quienes tomaron cartas en el asunto.
Macario pudo escondió hábilmente su dinerito recaudado, dejando tan solo unas cuantas monedas, que dijo emplearía para ordenar unas misas por todos los enfermos; aún así fue arrestado y llevado a la cárcel de Guadalajara, donde se le encerró para seguirle un proceso.
Más de 3000 seguidores se manifestaron contra la aprensión. La muchedumbre indignada se apostó afueras del lugar donde lo tenían preso, pero no lograron que fuera liberado.
Macario permaneció en el calabozo algún tiempo, después fue liberado. Dicen que en cuanto salió de la cárcel regresó a Huentitán, desenterró su dinerito y desapareció sin que jamás nadie volviera a saber de su paradero.

AZOTES PARA LOPE DE AGUIRRE

En 1551, Lope de Aguirre escoltaba a un grupo de esclavos indígenas desde las minas de Potosí (en Bolivia) hasta uno de los depósitos del tesoro real. Los indios fueron cargados ilegalmente con grandes cantidades de plata y un funcionario local, al darse cuenta de ello, mandó arrestar a Aguirre, para luego sentenciarlo a recibir dos mil azotes, en castigo por maltratar de aquella manera a los indios.
Cuando Aguirre conoció la sentencia rogó y suplicó al funcionario para que le cambiara la sentencia. Él no debía ser humillado de aquella manera porque era un hombre noble. Le solicitó que mejor ordenara su muerte. Más el Alcalde Esquivel, quien le había dado la sentencia, se negó rotundamente a concederle su petición.
Aguirre fue sacado de prisión y un verdugo lo subió al lomo de una bestia, lo amarró y luego procedió a darle los 2000 azotes.
Una vez liberado, Aguirre dijo que aquella afrenta jamás se la perdonaría al Alcalde, quien tendría que pagar con su vida los dos mil azotes ordenados. Cuando el mandato de Esquivel expiró, huyó a la ciudad de Lima, sabiendo que Aguirre era un hombre duro que intentaría cumplir su palabra. Pero antes de quince días el Alcalde supo que Aguirre había llegado a la ciudad e intentaba localizarlo. El alcalde de inmediato huyó aterrorizado de la ciudad. Aguirre lo siguió buscando de ciudad en ciudad, por un lapso de tres años y cuatro meses, después de lo cual lo encontró en la ciudad de Cuzco.
Esquivel no quiso huir, ya había corrido demasiado. ¿Ha donde podía marcharse que no lo encontrara Aguirre?. Decidió permanecer en Cuzco animado con el gobierno tan estricto que regía la ciudad, pensando que Aguirre no se atrevería a tocarlo en aquél lugar. Se fue a vivir a una casa cercana a la catedral, y no salía jamás si no llevaba un arma fajada a la cintura.
Sin embargo, un cierto lunes, Aguirre entró a la casa de Esquivel. Lo fue buscando por cada una de las habitaciones hasta que dio con él en la biblioteca. El alcalde dormía profundamente con un libro casi cayéndose de sus manos. Ahí mismo Aguirre le quitó la vida dándole varias puñaladas. Después salió tranquilamente de la casa. Cuadras más allá se dio cuanta que había olvidado su sombrero. Regresó tranquilamente, entró a la biblioteca, donde aún continuaba el cadáver desangrándose, tomó su sombrero y esta vez salió caminando hasta llegar al final de Cuzco, para luego perderse por uno de los caminos que iban a quien sabe donde.

LOS NOBLES Y SUS HEREDEROS

En siglos pasados, las damas de la nobleza sólo se encargaban de su primogénito. Si tenían más hijos solían entregarlos a las nodrizas para que los amamantaran en sus casas, los cuidaran y protegieran como si ellas fueran sus madres, con la única obligación de traerlos ante su madre muy de vez en cuando.
Por lo general se buscaba mujeres que tuvieran el sueño pesado y fueran bastante obesas, para que sencillamente mataran al niño por sofocación. Se dice que hasta la segunda mitad del siglo XVIII un 70% de los niños dados a amamantar morían antes del año, tanto por sofocación como por desnutrición deliberada. La verdad es que las buenas nodrizas de aquellos tiempos no eran las que mejor cuidaban y amamantaban a los bebés, sino aquellas que pronto se deshacían de ellos.

SAQUEADORES EN BIRMANIA

Cuando murió la reina Sagamé, su esposo, el rey Bandawa se sintió tan abatido, que no encontraba forma alguna para mitigar su tristeza. Los campos le parecían descoloridos, el cielo desteñido, la música desafinada, el mundo totalmente sin sentido… Hasta que surgió en su corazón la grandiosa ilusión de construirle un hermosísimo santuario dedicado a preservar el sueño de su amada, y a través del cual le fuera posible alcanzar el nirvana.
Fue así como ordenó a sus súbditos construir un majestuoso templo budista custodiado por 446 444 budas esculpidos en las laderas de las montañas para que velaran su eterno descanso. Una obra imponente y complicada, pero que supo sacarla adelante ell desconsolado rey.
El santuario se extiende por un área de 50 hectáreas y da la apariencia de ser un enorme colmenar, escondido en el corazón de una región semidesértica de Myanmar en Birmania, circundada de cactus y extraños árboles que contribuyen a su aire mágico.
Son un millar de templos, realizados en grutas labradas sobre la montaña, con entradas superpuestas en varios niveles e infinidad de escaleras talladas sobre la roca que conducen a las entradas de los recintos sagrados.
Cuando se contempla toda la grandiosidad de la obra, nadie logra entender que el rey Bandawa haya tenido vida suficiente para lograr semejante empresa. La verdad es que la obra continuó después de su muerte, ya que dejó de ser un monumento realizado por amor, para convertirse en un enorme templo, ya que la reina Sagamé se convirtió en una divinidad bajo el nombre de Po Win Taung.
Cuando el visitante ingresa en los recintos, después de acostumbrarse a la oscuridad, descubre un maravilloso trabajo de arte religioso, con infinidad de estatutas de tamaños muy diversos, alrededor de las cuales se han pintado complicados y deslumbrantes murales, que escenifican muchos aspectos de la vida y tradiciones de los antiguos moradores de aquellos palacios: cortesanas que tocan el arpa y dan masajes a su príncipe; un vigilante que fuma el narguile mientras discute con un viajero. Reinas de cuellos gráciles y complejos peinados con poses desinhibidas. Una obra compleja en detalles que habla de minuciosos trabajos realizados durante infinidad de años.
Aunque lo que más sorprende es la enorme cantidad de estatuas de budha que presiden los recintos. Miles de ellas esculpidos, lacadas y pintadas; en diferentes poses, esculpidos en rocas de color rosa y dorado y con alturas que alcanzan hasta los 20 metros. Desafortunadamente el paso del tiempo ha deteriorado algunas de las estatuas, mostrándose sin una mano, un brazo o una pierna. Aunque lo peor ha sido la desaparición de algunas de ellas, debido a que saqueadores sin escrúpulos se las han llevado para venderlas a los coleccionistas, quedando tan solo el hueco que muestra la pérdida irreparable.

La culpa de todo esto la tienen los occidentales, que por el placer de tener algo exótico en su casa, o dentro de su colección privada, hacen que los nativos saqueen su propio matrimonio a cambio de un puñado de dólares. Y la depradación que se ha venido realizando desde hace algunos años es verdaderamente dramática.
Dada la enorme extensión del yacimiento el saqueo es fácil. Si de día es casi imposible de controlar, de noche, el saqueo es más fácil. Incluso una carretera permite a los vehículos llegar a la zona, estacionarse ante la gruta elegida y hacerse con las piezas arqueológicas. Aunque, en cierto sentido, el lugar se protege a sí mismo: los budas esculpidos en la roca o están demasiado erosionados para ser robados (se romperían en mil pedazos si se les separase de las paredes) o bien son demasiado grandes y pesados (en general suelen medir unos 2 metros).
Los únicos susceptibles de ser robados son los más pequeños, que miden entre 50 y 70 centímetros, y los más sólidos. Los robos se hacen especialmente visibles en estos casos, porque los numerosos budas están rodeados de una aureola pintada en las paredes. Una vez robado, la aureola enmarca el vacío y muestra las señales de los golpes de buril utilizado para separar de la pared la espalda de la estatua. Y es que, para proporcionar la ilusión de una espalda redonda, los escultores sólo dejaron una pequeña parte del dorso de las figuras sujeta a la pared. Este recurso, además, les garantizaba una mayor solidez y estabilidad.
En Po Win Taung estos saqueos son especialmente crueles y perjudiciales cuando se llevan a cabo en las grutas cubiertas de pinturas, ya que el robo mutila la armonía de las cuevas, pintadas en cada centímetro de exquisitos detalles. Más si bien hay nativos que venden su fe por un puñado de dólares, hay muchos otros que custodian, en cuanto les es posible su patrimonio religioso y cultural. Muestran gran celo y devoción los habitantes de la aldea cercana a este grandioso templo, que se ocupan de almacenar las cabezas y los miembros de los budas que se rompen en las grutas.
Cuidando en cuanto les es posible la preservación de todo el conjunto, aunque, por todo lo dicho con anterioridad aquello resulta un imposible. Además el fenómeno de la erosión actúa en las pinturas y estatuas, y aunque la roca en que están talladas las estatuas en bastante resistente, el laqueado y pintura sufren el deterioro del tiempo.
Es una lástima que en todas partes existan saqueadores, depredadores, y gente que no entienda, no aprecie, ni respete lo que es el patrimonio de un pueblo… el patrimonio de la humanidad. Y así destruyen templos y pirámides, alfarería y un sin fin de obras valiosas realizadas en los tiempos antiguos por los hombres.
Ojalá inculcáramos en nuestros hijos el respeto por la obra y tradición, por todo ese gran legado cultural y artístico que hemos recibido de las antiguas generaciones. Ya que es mayor el destrozo provocado por el hombre que lo que puede provocar la misma naturaleza con el paso del tiempo.