viernes, 18 de septiembre de 2009

LA HAZAÑA DE JORGE MATUTE REMUS

En 1927 el gobierno de Guadalajara (México) decidió demoler el edificio de la Penitenciaría, que se encontraba en lo que hoy es la Estación Juárez del tren lijero, para unir la estrecha calle de Juárez con la amplia avenida Vallarta. 20 años después el gobernador del estado Jesús González Gallo decretó la ampliación de la calle Juárez, para lo cual se hicieron las negociaciones correspondientes con los propietarios de las fincas de dicha calle y para 1948 todo estaba resuelto, excepto por el pequeño detalle de que la compañía de teléfonos, ubicada en el cruce de Juárez y Ocampo, se amparó, evitando la demolición de su edificio, y este quedó a media calle, entorpeciendo totalmente la obra.
Por más luchas que hizo el gobierno del estado, la compañía telefónica no cedía. Cambiar sus instalaciones resultaba demasiado complicado. Era necesario adquirir otro terreno, construir un edificio, adquirir nuevo equipo, colocarlo y conectarlo y todo esto costaría no menos de nueve millones cien mil pesos, que era toda una locura en aquellos años. Para el gobierno, la postura de la telefónica, era el colmo de los colmos.
Fue entonces cuando apareció en escena Jorge Matute Remus, quien era por entonces miembro de la Comisión de Planeación del Gobierno y Rector de la Universidad de Guadalajara y quien expresó que si los de la telefónica consideraban que no podían hacer una nueva central porque les costaba una millonada, lo más sencillo sería mover el edificio.
Ante esta declaración de Matute todos mundo se quedó perplejo. Parecía aquello una broma inapropiada, pero Matute Remus se dispuso a demostrarles teóricamente la validez de su declaración. Según él técnicamente era factible y que económicamente resultaba mucho más ventajoso porque le costaría a la telefónica únicamente un millón de pesos, en lugar de los nueve iniciales.
La dirección de la telefónica se interesó por la idea, pero antes de dar luz verde trajeron a unos ingenieros de Estados Unidos para asegurarse de que era factible. (Ya desde entonces se creía que los gringos eran más inteligentes que nosotros). Una vez que matute demostró con sus números que se podía, la telefónica dio la autorización correspondiente.
El 24 de octubre de 1950 se inició la difícil tarea. No se evacuó el edificio, se le dijo a todo el personal que debía seguir laborando como cualquier día normal, pero nadie se sentía seguro. ¿Cómo iban a mover el edificio con todo y personas adentro?. ¿No se derrumbaría sobre sus cabezas?. El ingeniero Jorge Matute estaba tan seguro de su proyecto, que llevó a su esposa y a su hijo al interior del edificio y permanecieron dentro en el momento que se efectuaban las maniobras.
El trabajo se hizo con una precisión tan espectacular, que las telefonistas jamás dejaron de atender llamadas, todo fue como cualquier otro día. Incluso colocaron vasos de agua para ver que pasaba y el agua ni se movió. El edificio de 1700 toneladas de peso fue movido doce metros, hasta alinearlo con la calle. Hoy en la esquina de Juarez y López Cotilla existe la estatua del ingeniero Jorge Matute Remus empujando con una mano el edificio. Muchos no entienden porqué está ahí. Algunos se toman fotos. Otros, maleducados y con estiercol en la cabeza, lo llenan de grafitis como si no fuera nada importante.
Aunque sé que muchos que conocen esta historia, cuando pasan por ahí el monumento les recuerda, que no existen imposibles. El hombre es capaz de mover montañas.

LA MALDICION DEL ESQUELETO

Adrian Brooks era oficial de distrito en Kasama (Rodesia septentrional) cuando un día uno de los miembros de la tribu de los Wemba le contó de la existencia de un sepulcro sagrado para los jefes supremos de la tribu. Brooks, quien era excelente fotógrafo y vendía sus fotografías a las revistas especializadas, no quiso perder la oportunidad de ir a fotografiar tan singular sepulcro, el cual estaba en una parte secreta y jamás se había permitido acercarse a él a un hombre blanco.
La tradición era que cuando un alto jefe de la tribu moría, se colocaba el cadáver en una cabaña real, y se le vigilaba hasta que la carne se descomponía y los huesos quedaban limpios. Después se enterraba el esqueleto casi a flor de tierra, pero manteniendo la mano derecha extendida y sostenida por un palo, de tal manera que quedara totalmente visible, para que de esta forma quienes pasaran por ahí pudieran estrecharle la huesuda mano.
Dos viejos hechiceros custodiaban el sepulcro sagrado y cuando Brooks pretendió acercarse al sepulcro le impidieron el paso, más burlando luego la vigilancia penetró hasta él y tomó varias fotografías. Esto enfureció a los guardianes luego que lo descubrieron y arrojaron sobre él una maldición previniéndole que muy pronto moriría.
A Brooks no le preocupó en lo absoluto la maldición, e incluso hizo burla de ella cuando regresó a su oficina. Más tres días después, precisamente a las afueras de esta oficina cayó el asta de la bandera que tenían arriba de la entrada y lo golpeó tan fuerte en la cabeza que lo mató al instante. El dictamen oficial señalaba que las termitas habían horadado la base del poste y este había caído justamente cuando Brooks se paró por unos instantes bajo él.

EL CABALLO DE ALEJANDRO MAGNO

Filipo de Macedonia era rimbombante en sus discursos, adicto a la bebida y a las prostitutas y le encantaba perder el tiempo en la lucha libre y diversiones ajenas a su ministerio. Por ello su hijo Alejandro sentía una total aversión hacia él. Filipo no era ciertamente un hombre carente de virtudes y poderío; era un auténtico conquistador, a tal grado que Alejandro declaró en cierta ocasión que con tanto territorio conquistado por su padre, ya no quedaría nada más por conquistar.
Alejandro quería llegar más lejos que su padre. No le importaba que tanto hubiera logrado su progenitor, él quería superarlo en todo. Y no era ciertamente por tenerle algún grado de admiración, sino, como ya lo expresamos antes, porque había desarrollado sentimientos de total rechazo hacia él. Y esto se hizo patente en varias ocasiones. Tal y como fue el caso con el famoso caballo Bucéfalo: se cuenta que cierta vez un comerciante de caballos llevó a Filipo uno muy especial con la intención de vendérselo; más no hubo uno solo de los sirvientes que pudiera tan siquiera acercársele. El caballo era muy hermoso, pero demasiado salvaje, por lo cual Filipo se enojó e insultó al comerciante por haberle llevado semejante bestia.
Alejandro, quien había presenciado toda aquella escena, comentó con desdén: “Qué caballo tan noble se están perdiendo por falta de capacidad y coraje para montarlo”. Esto lo repitió varias veces en voz alta, hasta que su padre harto del tono irónico y burlesco de su hijo, lo retó a que lo montara, deseando con todo su corazón que el caballo le diera a su hijo una buena revolcada quitándole de esta manera lo altanero.
Pero Alejandro se salió con la suya. Montó a Bucéfalo, lo hizo galopar, aparentando como si fuera hecho a su medida. Los presentes aplaudieron la destreza de Alejandro, mientras su padre daba la espalda y se marchaba hecho una furia. Con este caballo Alejandro Magno realizaría posteriormente sus grandes conquistas.

EL CUIDADO DE LOS DIENTES

Desde hace aproximadamente 4 000 años los dentistas ya eran cosa común en la civilización egipcia. Los griegos también atendieron su dentadura desde épocas muy remotas, utilizando como dentífrico la orina. Después vendría Escri bonius Largus con una pasta de dientes, hace alrededor de dos mil años, cuya fórmula era una mezcla de vinagre, miel, sal y cristal muy machacado.
Los cepillos de dientes, como hoy los conocemos, fue idea de los dentistas chinos de hace 1500 años. Mientras que las tribus negras del Alto Nilo emplean desde hace varios siglos un peculiar dentífrico: queman el excremento de vaca y con las cenizas pulen sus dientes, con lo que obtienen una reluciente blancura.

EL REY LUIS II Y SU HERMANO OTTO

Luís tenía 18 años cuando fue coronado rey de Baviera. Fue conocido como Luís II, pero a él poco o nada le importaba gobernar, prefería dedicar su tiempo a escuchar la música de Wagner, quien era su ídolo, y a quien patrocinó y protegió durante mucho tiempo. Además le gustaba mucho leer libros sobre mitología, mismos que luego turnaba a Wagner para que realizara obras musicales con ellos.
Con semejante apoyo, Wagner tuvo la posibilidad de escribir obras inolvidables y maravillosas. Pero esto ocasionó grandes problemas, ya que los ministros del rey comenzaron a reclamar que el rey se gastaba mucho dinero en el músico, y eso obligó a Luís II a desterrar a Wagner, quien se fue a Suiza, aunque el rey nunca dejó de estimarlo.
Ya sin Wagner, el rey Luís se dedicó a construir castillos en Baviera, entre los que se encuentra el maravilloso castillo Neuschwanstein, que luego sería burdamente copiado para hacer el castillo de Disneylandia. En los castillos el rey mandaba pintar escenas mitológicas de las obras de Wagner como los nibelungos, Lohengrin y Tristan e Isolda entre otros.
Todo mundo se daba cuenta que al rey no le interesaba en lo absoluto gobernar, lo único que le atraía era el arte; por lo cual se hizo una conspiración en su contra y declarándolo loco, le mantuvieron prisionero en el castillo de Berg, para poner en su lugar a Otto, su hermano menor, quien sí era realmente un enfermo mental. Su familia lo había mantenido recluido durante los catorce años anteriores en un cuarto. Pero esto no les importó, al contrario, de esta forma eran otros los que gobernarían por él.
Luís y su doctor fueron encontrados un día muertos flotando en el lago, y nadie logró dar una explicación a semejantes hechos. Mientras que Otto, el nuevo rey se mantuvo recluido custodiado por dos guardias, quienes se encargaban de mantenerlo bajo control y seguirle la corriente en todas sus locuras. Una de sus creencias más peculiares era la de que, si mataba a un campesino diariamente, nunca se enfermaría. Y para satisfacer tan extravagante capricho, uno de los guardias cargaba diariamente la pistola de Otto con cartuchos de salva, mientras que el otro se vestía de campesino y se escondía entre los arbustos frente a la ventana de la habitación del rey. Cuando Otto aparecía en la ventana con la pistola lista, el supuesto campesino salía de su escondite y fingía caer muerto ante el disparo de su majestad.

EL SEMBRADOR DE MANZANOS

Enormes extensiones del norte de los Estados Unidos están llenos de manzanos, se calcula que hay 160,000 kilómetros cubiertos con estos apreciados árboles. Abarcando gran parte de Massachusetts, Pennsylvania, las cercanías de Nueva York y Ohio. ¿Qué de novedad tiene esto?
John Chapman era un tipo tan simple que fácilmente se podía confundir con un loco. Llamaba mucho la atención por lo excéntrico de su atuendo. Vestía con un burdo saco café en lugar de camisa, sus pantalones viejos, rotos y desgastados; los zapatos llenos de hoyos, una bolsa llena de biblias, y una cacerola por sombrero en la cabeza, en la que cocía sus alimentos.
A todos les hablaba de la palabra de Dios y les regalaba biblias, mismas que adquiría con las limosnas que le daban las personas que se encontraba a su paso. Era muy apreciado, porque todo en él era bondad y sencillez. Se dice que nació en Springfield, Massachusetts en 1774, aunque hizo de los caminos su lugar de residencia. A diario iba de uno a otro lugar teniendo como gran misión, además de hablar del reino de Dios, sembrando semillas de manzana.
Era mucho más grande su costal de semillas que de biblias. Se cansaba mucho con el peso de la carga, pero se sentía feliz con lo que hacía. Con el tiempo los campos, antes desnudos, se llenaron de manzanos, mismos que Chapman cuidaba con esmero, podándolos y apartando de ellos las hierbas.
John Chapman un día desapareció. Nadie sabe cuál fue el último camino por el que se marchó. Ahora las grandes extensiones de manzanos, que son el patrimonio de muchas familias, son un monumento al amor de este hombre por la tierra y sus semejantes.
Cómo hacen falta este tipo de locos en el mundo. ¿No le parece?

PLACIDO DOMINGO UN HOMBRE DE CORAZÓN

El afamado tenor Plácido Domingo nació en Madrid, España, aunque siempre ha reconocido a México como su segunda Patria. Tenía tan solo ocho años cuando llegó con su familia a nuestro país. Sus padres eran cantantes de zarzuela, y desde el momento en que conocieron México se enamoraron de nuestra Patria y su gente, por ello decidieron quedarse por estas tierras.
Se inició participando en pequeños papeles, cuando se requería de algún niño en una zarzuela. Posteriormente recibió lecciones de piano, dirigió un coro y participó en la obra de Mi Bella Dama. Una de las anécdotas más curiosas hace referencia a su participación dentro de la industria del disco. Eran los años del rock & roll y las figuras de moda eran César Costa y Enrique Guzmán. Plácido hizo para ellos algunos arreglos e incluso participó en algunas grabaciones haciéndoles coro, tal y como fue el caso en el tema “Tu cabeza en mi hombro”. Nadie imaginaba entonces hasta donde llegaría este incipiente cantante.
El joven Plácido ni siquiera pensaba en ser cantante, su mayor deleite estaba en andar de juerga con un grupo de amigos, visitando burdeles, fiestas y reuniones de amigos. Dondequiera que iba le pedían que cantara; era casi siempre el centro de atracción por su buen físico y excelente voz. Fue entonces cuando uno de sus amigos le hizo ver que estaba perdiendo el tiempo. Con esa voz debía presentarse a realizar una prueba en la Opera Nacional. Plácido hizo caso de la sugerencia, y aunque se equivocó en una de las notas, al final fue aceptado. Aunque se le dijo que su voz era de tenor, no de barítono como el lo pretendía.
Se inició con pequeñas participaciones y en 1961 tuvo la oportunidad de cantar interpretar su primer papel protagónico en La Traviata, en la ciudad de Monterrey. Posteriormente debutó en los Estados Unidos en un papel secundario de Lucía di Lammermoor, hasta llegar a Telaviv, donde vivió una de las más duras experiencias con una directora extremadamente exigente, pero que le ayudó a preparase para alcanzar niveles jamás por él imaginados. Después fue llamado a Nueva York y de ahí a los mejores recintos de ópera de todo el mundo.
Es muy común que se compare a Plácido Domingo con Luciano Pavarotti. A mí, en lo personal me gusta más la voz de Pavarotti y de Domingo prefiero su corazón, porque es mucho más grande que su voz.
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 hizo que Plácido cancelara de inmediato todos sus compromisos con la ópera, para venirse de inmediato a levantar piedras en los edificios caídos de Tlaltelolco. Poco le importó encallecerse sus delicadas manos de pianista, ni correr el riesgo de dañarse la voz con el excesivo polvo de los escombros. En una entrevista realizada por Jacobo Zabludosky, Domingo confesó que no eran momentos para andar con remilgos, lo que más importaba era salvar vidas.
No logró rescatar a sus tíos, quienes murieron enterrados en el colapsado edificio Nuevo León, pero hizo mucho con sus manos e inspiró a muchos otros para que ayudaran económicamente a los afectados, incluso el fundó un fideicomiso para entregarle casas a quienes perdieron su vivienda. Y fue por todo el mundo realizando conciertos para recaudar fondos para los damnificados.
Un periodista le preguntó en aquella ocasión “¿que ganó con aquella experiencia tan intensa?” y Plácido entre otras cosas le dijo: “En todas las experiencias que tenemos en la vida, sean trágicas o no, algo se pierde, algo se gana, algo se aprende”

REMEDIO CONTRA LA VEJEZ

Voltaire dijo en cierta ocasión: “el nacer es un delito que se paga con la pena de muerte”.
Según las investigaciones que se han realizado en la Era de Piedra la edad media del hombre era de 19 años. ¡No vivían más que eso!. A los 15 años ya eran viejos y a los 18 estaban en el ocaso de su vida. Pero con el tiempo, la alimentación, la erradicación de ciertas enfermedades, el tiempo de vida del hombre cambió y ha seguido cambiando. En 1900 el promedio de vida era de 51 años, para 1930 ya se había modificado a los 64; en 1940 a 69 años; en 1960 a 72 y en la actualidad ya vamos prácticamente en los 80 años como promedio de vida. Y en estos tiempos ya es común que muchas personas lleguen a los 112 años.
La ciencia médica ha encontrado el remedio para un gran número de enfermedades, lo cual ha permitido incrementar nuestro promedio de vida, pero no ha conseguido hasta ahora detener el envejecimiento y la muerte. Son demasiados los estudios que se han realizado, intentando encontrar la respuesta principalmente en algunos animales o insectos que nos rodean. ¿Porqué una abeja obrera tiene como promedio de vida 5 semanas, mientras que una tortuga gigante puede vivir hasta 200 años?.
Las ratas y ratones son de los animales más utilizados para la experimentación. Y el profesor norteamericano Clive McCay en un estudio con roedores, descubrió que alimentándolos desde su infancia con nutrientes ricos en vitaminas, los animalitos crecieron de forma extraordinaria y tuvieron un gran desarrollo físico; pero contrariamente a lo esperado, la duración media de su vida no se prolongó, sino todo lo contrario: se redujo de cuatro a tres años. Lo cual demuestra que un exceso de vitaminas produce una muerte prematura.
El profesor Denma Harman, bioquímico de la Universidad de Nebraska, ha anunciado ya con cierto éxito, una píldora contra el envejecimiento que manifiesta muy buenos resultados, aunque por ahora solo haya sido probada en ratones. Y dice que los ratones que fueron sometidos a la prueba duplicaron su edad promedio, permaneciendo además los roedores sanos, alegres y llenos de vitalidad, llegando a la muerte en la última etapa de una manera sorprendentemente rápida y repentina. Así que no se desanime, quizás muy pronto esté a la venta el famoso “elixir de la vida”.

ELVIS PRESLEY UN EXCÉNTRICO

Elvis Presley, el rey del rock & roll, era un tipo excéntrico y derrochador en todos los sentidos. En tan solo quince días se gastó 38 000 dólares en pistolas de todos los calibres y 80 000 dólares más en la compra de seis Mercedes Benz. Algo totalmente absurdo, ya que solía portar siempre la misma pistola, una 45 enjoyada, y manejar el mismo carro, un Cadillac Amarillo que combinaba pésimamente con sus trajes de terciopelo morado, su color favorito junto con el blanco.
Un amigo de infancia, quien era sheriff de Memphis, le regaló una credencial que lo acreditaba como oficial de antinarcóticos. Y con ella en mano visitaba los antros buscando músicos que consumían droga. Entraba a los camerinos y los sermoneaba duramente amenazándolos que si continuaban así los metería a la cárcel, ya que su vicio acabaría destruyendo a los Estados Unidos. Lo que más molestaba a Elvis era que su credencial tan solo era válida en Memphis, así que fue directamente con el presidente para resolver el problema, y por supuesto que le resolviera el problema. Ya que ni el mismo presidente Nixon fue capaz de negarse. ¿Quién podía decirle que no al rey?.
En esa visita a la Casa Blanca, uno de los guardias le solicitó un autógrafo, y como no traía ningún papel a la mano, el guardia sacó un billete de $ 50 dólares y Elvis estampó en él su firma. Al llegar a casa, el guardia lo colocó en un marco, mismo que luego colgó en el centro de su sala, para presumir a sus amistades. Hasta que años después, su mujer, desesperada por una crisis económica, sacó la reliquia del marco y con ella pagó una cuenta en el supermercado.