viernes, 30 de octubre de 2009

EL MAUSOLEO DE HALICARNASO

Después de un reinado tranquilo y feliz, falleció el rey Mausoleo de Halicarnaso. Bajo el mandato de este soberano, hubo prosperidad y paz, dos elementos esenciales para darle inmortalidad a un soberano. Se gano el amor y respeto de su pueblo, quien, junto con Artemisa, la viuda reina, vivieron momentos de profunda tristeza ante su fallecimiento.
Artemisa, como ha sido el caso de muchos amantes con gran poder, decidió construirle una grandiosa tumba que honrara su memoria. Su viuda decidió no reparar en gastos, para recordarle a la ciudad que nunca más tendrán un reinado tan dichoso como el que encabezó el rey Mausoleo.
Un numeroso contingente de trabajadores, esclavos y voluntarios, se dieron a la tarea de levantar el fantástico monumento. Sobre una superficie de 33 por 39 metros, la tumba fue levantada teniendo aproximadamente 50 metros de altura. Para completar la obra, los mejores escultores griegos de la época tallaron figuras y relieves en su estructura.
Aquél monumento fue tan esplendoroso, que se convirtió en una de las siete maravillas del mundo antiguo. Artemisa murió antes de que se concluyera la obra, y fue enterrada al lado de su esposo en aquella fantástica construcción, misma que luego fue llenada con fabulosos tesoros que el pueblo otorgó a sus soberanos como muestra de gratitud.
Pero el monumento no duró demasiado. 16 años después llegó el conquistador Alejandro Magno, y lo dejó prácticamente en ruinas. En el año de 1404 un terremoto terminó por echarlo al suelo. En el siglo XIV los Caballeros de San Juan lo terminaron de demoler y cargaron hasta con las piedras para la construcción del Castillo de San pedro de Halicarnaso. La tumba fue saqueada por los ladrones y hoy en día no queda ni rastro de todo ello..
La estatua superior se salvó y hoy en día es posible admirarla en el Museo Británico de Londres.
Pero el nombre de mausoleo hoy es sumamente popular, porque con su nombre se designa a las construcciones que se realizan sobre los sepulcros.

EN LA LUNA

Las huellas que dejaron los astronautas que llegaron a la luna en 1969, aún no se borran y muy probablemente aún estarán ahí cuando pase un millón de años, si no llega alguien o algo a borrarlas. Lo que sucede es que la luna no tiene una capa de aire que la cubra, y sin vientos, es imposible que se borren. Por esta misma razón es que los astronautas no pueden hablar entre sí, aún cuando traigan dispositivos para ello, porque no hay aire que transmita las ondas del sonido. La única forma de escucharse es apretando sus cascos unos contra otros para que las vibraciones pasen a través de ellos.

También en la luna, cuando el Sol le pega directamente a su ecuador, la temperatura puede alcanzar los 117 Grados Centígrados. Más desciende considerablemente, ya que a la puesta del Sol baja a los 15.5, pero al anochecer puede descender hasta los -162 Grados centígrados. Esto quiere decir que durante el día en la Luna hace más calor que en el sitio más caluroso de la tierra, pero por la noche hace más frío que en la Antártida en invierno. ¿Qué le parece?. Así que ni se le ocurra jamás ir de Luna de miel por aquellos rumbos.

LA DESVENTURA DE OSCAR WILDE

El padre de Oscar Wilde era un científico, su madre una escritora de política y poesía. Una familia totalmente fuera de lo común. Por ello fue educado en los mejores colegios de Dublín y luego de Oxford. Era irlandés, pero se trasladó a vivir a Londres, donde pronto se convirtió en todo un personaje público de gran éxito. Sus libros que escribía y sus obras de teatro lo encumbraron a una posición verdaderamente privilegiada.

Pero Oscar no se comportaba como un intelectual. Siempre vestía a la moda y con toques extravagantes. Vivió a finales del siglo XIX, pero se comportaba como un excéntrico. Llevaba el pelo largo y pantalones de montar de terciopelo. Estaba casado, con dos hijos, pero su relación matrimonial se desgastó, y se relacionó íntimamente con un hijo de nobles: Lord Alfred Douglas, al cual arrastraba a sus correrías. Porque a Oscar Wilde le encantaba alejarse de los encumbrados niveles de la sociedad, para bajar a los mundos subterráneos, donde encontraba jovencitos que se prostituían, exponiéndose a riesgos innecesarios de todo tipo: el chantaje, la agresión...

Vivía en la opulencia, con sus habitaciones llenas de objetos de arte y elementos decorativos, con girasoles, plumas de pavo real y porcelanas chinas.

Su manifiesto desprecio a la burguesía, sus extravagancias y escándalos pronto le granjearon un sin número de enemigos. Era un auténtico subversivo. No acataba las reglas y esto le hizo blanco de críticas y desprecios.

Publicó un volumen de poemas, sus célebres relatos ( El Príncipe feliz, El fantasma de Canteville, el crimen de Lord Artur Sacille y otras narraciones, y su única novela, El retrato de Dorian Grey, considerada una obra maestra, triunfó luego como dramaturgo con: El abanico de lady Windermere, Una mujer sin importancia, y la Importancia de llamarse Ernesto, muestras ejemplares de su enorme talento y de la sutileza de sus irónicos diálogos.

Más poco después de haber cumplido los 40 años, cuando se hallaba en la cúspide de su éxito, la fortuna abandonó a Oscar Wilde. El marqués de Queensberry, padre de su íntimo amigo lord Alfred Douglas, levantó contra él una acusación por ultraje a la moral. Oscar Wilde fue juzgado por sodomía y condenado a cumplir una condena de dos años de trabajos forzados en prisión.

Perdió todo: su fortuna y su familia, la mayoría de sus amigos le dieron la espalda. Y aquello lo hundió en una gran depresión. Solo le quedaron el dolor y la soledad. En esos angustiosos momentos escribió: “Entré en la prisión con un corazón de piedra y pensando solo en mi placer, pero ahora mi corazón se ha roto, y la piedad ha entrado en él; y ahora comprendo que la piedad es lo más grande en el mundo”.

En la cárcel escribió “De profundis”, una extensa carta de arrepentimiento por su pasado estilo de vida.

Cuando salió de prisión estaba arruinado, material y espiritualmente. Se fue a vivir a Francia y se cambió el nombre. Poco tiempo después apareció en Inglaterra un escrito de su autoría, publicado de forma anónima, titulado “La baladas de la cárcel de Reading”. Uno de sus poemas más poderosos, donde expone la dureza de la vida de la cárcel y la desesperación de los presos.

Viviendo en París, y a la edad de cuarenta y seis años, una infección de oído le provocó un daño cerebral y le sobrevino la muerte. Abandonado por todos, Oscar Wilde murió a tan solo dos años de haber dejado la prisión.

Y sobre el muerto las coronas, porque el día de hoy es considerado uno de los más grandes personajes de la literatura universal.

LA BIBLIOTECA MAS GRANDE DEL MUNDO

La biblioteca del Congreso, en Washington es la más grande del mundo. Tiene aproximadamente 10 millones de libros, 20 millones de ilustraciones y 4 millones de atlas y cartas geográficas. Todo este material se alberga en tres edificios sobre una superficie de más de 26 hectáreas. El edificio de la biblioteca ocupa unas 26 hectáreas de superficie, con un 856 km de estanterías. Si se alinearan en fila todos los libros de la biblioteca sobre una carretera, tendríamos que correr durante siete días, noche y día, a una velocidad de cinco kilómetros por hora para llegar desde el primero al último libro.
¿Se imagina todo lo que ahí se encuentra?. Pero no crea que es difícil encontrar un libro. Todo lo tienen computarizado por títulos, autores y estilos; así que basta con que usted se acerque a cualquiera de las computadoras que ahí se encuentran y con facilidad sabrá el sitio exacto donde está la obra o el tipo de obras que busca, además de un personal totalmente especializado que le conducirá a la sala indicada.
Creo que en un lugar así, a los que nos encanta leer, nos sentiríamos más felices que un niño en una fábrica de chocolates.

LA INSOLITA HISTORIA DE CHELO PRIETO

Chelo prieto no es el nombre de una mujer. Es el nombre que Carlos Prieto, el afamado chelista mexicano, le dio a su violonchelo Stradivarius. Antiguamente se le llamaba Piatti, porque han de saber que todos los instrumentos Stradivarius tienen un nombre, relacionado siempre con alguno de los dueños que han tenido en su existencia, pero Carlos Prieto le cambió de nombre. ¿La razón?

El violonchelo es un instrumento valioso y delicado, que para viajar se convierte en un objeto verdaderamente incómodo, sobre todo en los aviones. No se puede enviar como equipaje por las elevadas probabilidades de que llegue a su destino hecho pedazos, pues las bandas de los aeropuertos están diseñadas para manejar maletas. No se puede meter en la cabina, libre de cargo, como los violines, porque no cabe debajo del asiento ni en los compartimientos superiores de equipaje de mano. Debe, pues, viajar como un pasajero cualquiera y ocupar un asiento. Las reglas indican que el violonchelo debe pagar tarifa normal y colocarse en un asiento de ventanilla que no coincida con la salida de emergencia.

A pesar de la claridad de las reglas, los empleados de la venta de pasajes de muchas compañías de aviación se desconciertan cuando llega alguien a comprar un boleto para un violonchelo. Empiezan a consultar manuales o a llamar a supervisores y se pierde a veces tiempo considerable. Por ello, Carlos Prieto, optó por comprar el boleto con el nombre de Chelo Prieto, sin especificar si es señora, señorita o instrumento musical. El nombre que aparece en general es Srita. Chelo Prieto o Miss Cello Prieto e inclusive tiene una tarjeta de viajero frecuente con ese nombre. Y para utilizar el kilometraje acumulado, se ve en la necesidad de falsificar la firma de Miss Cello Prieto.

En 1985, el maestro Carlos Prieto realizó una gira de conciertos que incluía ciudades de Rusia, Estonia, Lituania y Letonia.

Dentro de esta gira hizo escala en Riga, donde fue preciso bajar de la aeronave para revisión de los pasaportes. Al regresar a sus asientos las azafatas se alarmaron al descubrir que había desaparecido un pasajero. Y para colmo de males era extranjero!. Las azafatas iban y venían, presas de gran nerviosismo. Carlos Prieto se imaginó lo que sucedía y acercándose a las azafatas les preguntó si podía ayudarles a encontrar al pasajero faltante. Lo miraron con desconcierto y casi con indignación. Más su expresión cambió cuando les informó que el pasajero perdido se llamaba Chelo Prieto y estaba sujeto a su asiento, porque se trataba de su violonchelo.

En noviembre de 1999 el maestro llegó al aeropuerto de Nueva York y se acercó a una ventanilla para comprar sus pasajes de avión. La empleada le preguntó atinadamente la edad del violonchelo. Carlos Prieto le informó que estaba por cumplir los 280 años de edad. Entonces ella, con una amable sonrisa le dijo: “Bien, en un caso así, tiene derecho a disfrutar de un descuento que otorgamos a los viajeros de la tercera edad.

viernes, 23 de octubre de 2009

LA SORDERA DE BEETHOVEN

En la primavera del año de 1801, Beethoven tocaba el piano en Viena, en casa de unos amigos. En aquél entonces ya era reconocido como un auténtico virtuoso del piano y gran compositor. Cuando el gran maestro estaba en el piano entraba en un auténtico éxtasis que permitía se desbordara toda su emotividad y virtuosismo. Los privilegiados amigos disfrutaban de aquella excelente interpretación, cuando de pronto se sorprendieron al escuchar como Beethoven apenas si rozaba las teclas sin provocar el más mínimo sonido. Se miraron unos a otros sin entender, porque el maestro parecía no darse por enterado de lo sucedido. Cuando Beethoven terminó su interpretación se mostró tan serio y formal como siempre, mientras ellos continuaron con su desconcierto, pensando que probablemente estaba sufriendo de un problema reumático.
Pero la realidad era totalmente diferente. Aquél verano Beethoven le escribió una carta a uno de sus amigos revelándole la situación tan difícil por la que estaba pasando. “Me siento verdaderamente desgraciado – le decía- Has de saber que mi oído se halla muy débil... cada día voy empeorando, y quizás nunca me llegue a curar. Apenas si puedo escuchar a una persona que me habla a media voz...”
Los médicos le dijeron que su sordera era incurable y empeoraría conforme pasara el tiempo. Aquella noticia fue devastadora. ¿Cómo se puede aceptar una situación de esta magnitud?. Toda su vida era la música, no había otra cosa que realmente le motivara. Quedarse sordo era lo peor que podía sucederle.
Conforme fue empeorando la situación el estado de ánimo de Beethoven fue decayendo. Comenzó a rehuir a la gente volviéndose apático y amargado. Tan solo unos cuantos sabían la verdad. Y a tanto llegó su amargura que dejó de componer y dar conciertos. Entonces pensó que su única salida era... el suicidio.
¿De qué sirve la vida si lo que más amas se destruye, se acaba?... Pero su amor por el arte lo detuvo. Le parecía un imposible abandonar el mundo antes de haber realizado todo lo que dentro de él exigía ser creado. Aún faltaban conciertos. Aún debía construir sinfonías. Y se decidió por la vida. Su espíritu volvió a elevarse, recobró su fuerza y gallardía y continuó adelante. En el momento en que salió de aquella terrible depresión, realizó una de sus grandes obras maestras: la Quinta Sinfonía, la sinfonía del Destino, que muchos después llamaron de “La Victoria”.
Sus más grandiosas obras las compuso cuando había perdido casi en su totalidad la capacidad auditiva. Jamás escuchó la grandeza de su Quinta Sinfonía, ni la hermosa belleza pastoril de su sexta, o la majestuosidad coral de la Novena u “Oda a la Alegría”. Cuando ensayó con la orquesta y coro esta última obra, gritaba “más fuerte, más fuerte!”, ya que tenía el deseo de escucharla, pero aquello fue imposible, estaba prácticamente sordo.
Un espíritu débil caería abatido sin posibilidad de levantarse ante una desgracia de esta naturaleza, pero Beethoven encontró en su debilidad la fuerza para salir adelante construyendo el resto que faltaba a su obra… lo que le haría inmortal y serviría de inspiración para infinidad de mortales en los siglos venideros.
Estés dondequiera que estés, aún dentro de la peor de las desgracias, frente a ti existe la oportunidad de construir lo más grandioso de tu vida.

EL PÍPILA

Cuando Don Pedro Martínez y su esposa María Rufina llevaron a Bautizar a su niño le pidieron al cura que le pusiera Juan José, pero como era día de los Santos Reyes, con voz autoritaria, el padrecito les dijo que se llamaría Juan José de los Reyes Martínez, y así se le quedó. Pero con el tiempo el nombre solo fue utilizado por su familia y para papeles de trámite; y como su risa era tan estruendosa, no faltó quien le dijera que se reía como guajolote. Y así se le quedó: el “guajolote”. Bueno, no precisamente con esa palabra, porque en Guanajuato a los pavos mexicanos les llaman pípilas, así que Juán José de los Reyes se quedó desde muchacho con el sobrenombre de “el pípila”.

Dicen que “El Pípila” era de piel blanca, porque su padre era español y algo le sacó de herencia, aunque tenía ojos razgados como los otomís y el pelo lacio y oscuro. Era muy serio, aunque su seriedad no parecía tal cuando se reía, por su carcajada estruendosa. Hombre fuerte y valiente, con una enfermedad silicosa que contrajo en su trabajo de las minas y además, pecoso, porque le gustaba mucho asolearse. No era un analfabeta, como muchos pudieran pensar, sabía leer y escribir.

Su trabajo en las minas era muy duro, ya que a los trabajadores los trataban prácticamente como esclavos y lo que ganaban no les ajustaba para pagar su eterna deuda en las tiendas de raya. Para colmo de males, el Rey Carlos III dio la orden de expulsar a los jesuitas de Real de Minas, lo cual molestó mucho a los mineros, quienes manifestaron su total rechazo al mandato real, acarreándose como consecuencia la ira de la autoridad, quien de inmediato ordenó para los más revoltosos la pena de muerte, mientras que muchos otros recibieron su escarmiento con una buena dosis de azotes.

Guanajuato era en la época del virreinato una próspera zona minera y una de las más importantes productoras de plata en el mundo. Las familias españolas, que manejaban la minería, amasaban grandes fortunas, mientras que los indios y mestizos vivían en condiciones de auténticos esclavos.

Cuando surgió la revuelta insurgente, el Pípila no lo pensó dos veces, abandonó las minas y se fue a San Miguel el Grande donde se unió a los rebeldes, encabezados por el cura Don Miguel Hidalgo, quien había formado su ejército armado con ondas, garrotes, lanzas y unos cuantos machetes y fusiles.

El intendente Riaño recibió pronto noticias de que el ejército insurgente se dirigía a Guanajuato. De inmediato trasladó los tesoros que estaban bajo su custodia (plata en barra y dinero en efectivo) a la Alhóndiga de Granaditas, lugar donde almacenaban granos y semillas, una enorme fortificación que juzgaba era el sitio más seguro para contener a los rebeldes. Ahí mismo se refugiaron familias criollas de posición media y acaudalada, cargando con su dinero y algunas de sus valiosas posesiones, ya que sabían que de quedarse afuera tendrían que afrontar la ira de aquella turba sedienta de libertad y justicia.

El 28 de septiembre de 1810, el ejército insurgente puso sitio a la ciudad de Guanajuato, instando Miguel Hidalgo al Intendente Riaño a que entregara la ciudad y se rindiera. Pero él prefirió enfrentar la situación. En la Alhóndiga de Granaditas solo había 570 hombres, mientras que el ejército insurgente, aunque carente de armas adecuadas, sumaban 20 000, más todo el pueblo que los apoyaba. Tras la decisión tomada por Riaño vino un espantoso combate que se inició a las 12 de la noche. Tras varias horas de combate, la situación no prosperaba para los insurgentes. Desde lo alto recibían una lluvia interminable de balas que les estaba ocasionando demasiadas bajas. Fue entonces cuando Miguel Hidalgo se acercó a Juan José, “El Pípila”, quien se encontraba arengando a un grupo de insurgentes, y le comentó la necesidad de quemar la puerta de ingreso. El Pípila se ofreció a hacerlo; se cubrió las espaldas con una losa, tomó una tea encendida de las que usaban los mineros en los túneles y ante una intensa lluvia de balas que intentaban frenarlo en su propósito, fue e incendió la puerta de la Alhóndiga.

Al ceder la madera, la multitud se abalanzó sin importarles lo nutrido de la balacera de los españoles que defendían el sitio. Cayeron muchos, pero sobre de los caídos pasaron los demás, quienes arriesgándose por entre las intensas llamas, penetraron aquella fortificación y se enfrentaron cuerpo a cuerpo, ya que en el último momento las armas ya no valieron gran cosa. En aquella ocasión murió el Intendente Riaño, doscientos soldados que tenía bajo su mando, ciento cincuenta españoles, así como tres mil insurgentes.

El Pípila participó en muchos otros enfrentamientos, después volvió a trabajar en las minas, muriendo el 25 de julio de 1863, en la ciudad de Allende Guanajuato. Aunque no falta quien diga por ahí que el Pípila es simplemente una leyenda como existen tantas en nuestro México.

VENDIENDO DISCOS

Casi toda mi vida he sido vendedor de discos, y vaya que esta historia ha estado salpicada de curiosas anécdotas de muy diversa índole. Un día llegó una señora joven acompañada de su anciano padre. Buscaban un vals bonito y antiguo o un tema hermoso y adecuado para que sus papás lo bailaran en la fiesta que les habían preparado con motivo de sus Bodas de Oro.
Precisamente había recibido días antes un magnífico disco de valses mexicanos, así que sin titubear, le dije: “A mire, tengo exactamente lo que necesita, recibí este disco que trae “Viva mi desgracia”…” ni siquiera pude continuar, el viejito, meneando la cabeza me replicó. – “Mire jovencito, ha sido muy difícil la vida, pero no como para celebrar con “Viva mi desgracia” –
Más como todo vendedor experto, de inmediato reparé la falta agregando: “Tiene razón, pero también trae un tema más apropiado, ¿Qué le parece “Morir por tu amor”?. Por supuesto que se llevó el disco.
Pero hay otra historia que me agradó mucho. Cierto día una turista española me solicitó que le recomendara algo de música mexicana, pero de cantantes nuevos, porque uno de sus amigos coleccionaba música mexicana y ya tenía Jorge Negrete, Pedro Infante, José Alfredo, Javier Solis, Vicente y Alejandro Fernández… ¿Qué le podía recomendar?. De inmediato le mostré varias propuestas, y para que se llevara algo en verdad de su gusto, abrí los discos para que los escuchara. El que más le gustó fue el de Dina Buendía, precisamente el último que le mostré.
Ella tomó sus discos, pasó a la caja, realizó su pago y luego se marchó. No hacía ni cinco minutos que se había ido cuando descubrí que en el reproductor se había quedado el disco de Dina. Ella se había llevado la cajita sola. Aquello me preocupó mucho, porque tratándose de una turista seguramente se daría cuenta hasta que llegara a España, y vaya disgusto que iba a pasar. Así que de inmediato salimos a buscarla por toda la plaza varios de mis compañeros, pero no la encontramos. Fuimos a la administración y solicitamos que la vocearan, pero no resultó. Ella, al parecer, había salido de inmediato de la plaza. ¿Cómo resolver el problema?.
Al rato pensé que a lo mejor la podíamos localizar en el hotel que estuviera hospedada, así que solicité a mi compañero de caja que me proporcionara el nombre por medio del bauche que había firmado y de inmediato me dí a la tarea de localizarla en los hoteles cercanos a la plaza. No me fue difícil, en efecto, la encontré en un hotel cercano, solo que en ese preciso momento estaba saliendo rumbo al aeropuerto y ya no podía alcanzarla.
Ella se mostró muy desilusionada por el error que cometí. Pero le dije que no se preocupara, que en el aeropuerto teníamos una tienda y ahí le iban a entregar su disco. Después llamé a mi compañero de la otra tienda, le expliqué el problema y él me aseguró que se lo iba a cambiar. Respiré aliviado y me olvidé del problema.
Como una hora después la chica española me llamó y me dijo más o menos lo siguiente:
-Quiero decirle que es la primera vez que vengo a México y me gustó mucho. Fui a conocer Palenque, Cancún, las pirámides de Teotihuacan, la ciudad de México, vine a Guadalajara, ví el ballet folklórico, hasta me tomé unos tequilas y escuché los mariachis. En todas partes me trataron muy bien, pero lo que usted hizo con el disco, cambió totalmente mi impresi{on de lo que son los mexicanos.”
Me dio mucho gusto lo que me dijo, aunque solo me había limitado a cumplir con mi trabajo. En ese momento sentí que había contribuido con mi granito de arena para el buen nombre de México.

EL JUEGO DE PELOTA

El futbol es un juego de pelota que mueve pasiones, divierte, entretiene y muchas veces hasta genera conflictos, pero pocas veces va más allá de la diversión. En el fut bol si se pierde no pasa nada, ya habrá el momento de la revancha, y al final de un campeonato lo único que se pierde es un trofeo y punto, pero el juego de la pelota de los mayas y otras culturas prehispánicas era una cosa diferente.
El juego de pelota mesoamericano representaba la lucha diaria entre el día y la noche, entre Tezca-tli-poca y Quetzalcóatl. Era algo extremadamente importante ya que simbolizaba el acontecer cósmico, la lucha entre los poderes diurnos y nocturnos; era la lucha de los dioses, en donde el perdedor recibía algo más que una derrota.
Era una actividad sagrada que se jugaba para conocer el designio de los dioses. Un acto de magia para propiciar el movimiento de los astros, lo cual hacía posible la existencia del universo.
La cancha significaba el cielo, mientras que el movimiento de la pelota recreaba las fuerzas contrarias en pugna y a la vez en armonía: Sol y luna, día y noche, cielo e inframundo, vida y muerte.
Las canchas de juego eran de diversos tamaños, desde aquéllas con más de 150 metros de largo, como es el caso de Chichen Itzá, hasta de pocos metros de extensión. Se construyeron dentro de los centros ceremoniales, en la proximidad de los templos más importantes, y a menudo incluían santuarios y altares de sacrificio.
Eran por lo general un patio alargado, con un par de círculos de piedra empotrados en las paredes laterales. Estas eran sus porterías, ya que por esos anillos deberían hacer pasar la pelota. Además de que dichos anillos servían para dividir el campo. Se jugaba con una pelota de hule, extraído del látex de varias especies vegetales, y tenía un diámetro de 10 a 12 cm.
La noche anterior a la contienda, quienes habrían de participar en ella hacían ofrendas y penitencia. Tenían que lograr el favor de los dioses para ganar el partido.
Los jugadores se colocaban cobre el taparrabo un cinturón de cuero de venado con prolongaciones para proteger las caderas, así como musleras, rodilleras y una manopla en la mano izquierda. Además se pintaban la cara. Y para entrar al campo de juego lo hacían con sus mejores ropajes, joyas y adornos.
El juego requería de enorme destreza. La pelota era muy pesada y el juego se volvía extremadamente peligroso. Le podían pegar con las rodillas, codos, hombros y cadera. Solo se permitía un bote de pelota en el suelo, por lo que se requería de verdadera destreza y una excelente condición física para lograrlo. El juego se realizaba con violencia. Había que mantener la pelota en movimiento constante. Quien hacía que un adversario tocara la pelota con otra parte del cuerpo, o la lanzaba hasta la pared opuesta o por encima de la muralla, ganaba un punto; pero la única manera de conseguir un triunfo definitivo, en cualquier momento, consistía en hacer pasar la pelota por el anillo.
A veces se jugaba por diversión, para dirimir disputas y problemas de límites, para adivinar la suerte o para correr apuestas y aún por codicia de los jugadores, pues quien lograba hacer pasar la pelota por el anillo podía despojar de todas sus joyas y prendas a los concurrentes. Incluso se apostaban esclavos, textiles de gran valor e importantes tesoros de oro y jade, pero en otros casos, cuando el juego de pelota formaba parte de una ceremonia religiosa, los ganadores recibían toda clase de obsequios y reconocimientos, mientras los perdedores eran ejecutados de manera ritual
Cuando uno conoce los dos reducidos aros que están a lo alto de los muros y por los cuales se debía meter la pelota uno se pregunta ¿Cómo lo hacían, si nuestros jugadores de futbol tienen una portería de 7.32 por 2.44 y les cuesta notar? Bueno, la única diferencia es que cuando está en juego la vida hasta se adquiere buena puntería.

BELEM Y LAS CINCO MONEDAS

Belem es la tercera de cinco hijos de una familia “modesta y sencilla” como ella la define, y ha sido gran deportista desde su niñez. Recibió clases de gimnasia y natación y cuando tenía ocho años descubrió que su verdadera vocación estaba en el ciclismo.
A los 13 años ya estaba compitiendo en circuitos nacionales. El trabajo fue arduo y difícil, pero su gran empeño derribó todas las barreras y fue así como logró participar en cuatro juegos olímpicos, obteniendo muy valiosas preseas.
Una curiosa historia fue la sucedida antes de iniciar su participación en los olímpicos de Atenas. Al llegar se dio cuenta que su bicicleta tenía un peso menor al oficial, de 6 kilos con 800 gramos, por lo cual le era imposible participar con ella y no había posibilidades de conseguir otra de inmediato por la premura del tiempo. Cuando Belem se enteró de todo esto, sintió que el mundo se le derrumbaba. Tanto tiempo de práctica, tanto esfuerzo, tanto gasto, para que al final ni siquiera pudiera competir por una simple cuestión de peso. Lo peor de todo es que se trataba tan solo de 30 gramos. Una verdadera tontería. Pero los jueces son estrictos con las reglas y si su bicicleta no pasaba el peso requerido quedaba fuera de competencia.
Ante la situación tan apremiante, de pronto surgió el ingenio del mexicano a través de su hermano Daniel, quien se le prendió el foco y resolvió el problema pegándole a la bici 5 monedas de $ 5.00 pesos con cinta de aislar. Y con esto la bicicleta dio el peso requerido. Belem dio gracias a Dios por el ingenio de su hermano y por haber conservado unas monedas mexicanas en el bolsillo.
Ojala siempre recordemos que ante un problema la mayoría de las veces la solución está al alcance de nuestro bolsillo.

KEEGANREILLY CAPACITADO PARA LO INSÓLITO

Keegan Reilly, perdió sus piernas en 1996, a causa de un accidente automovilsítico. Había pasado la vida cazando y pescando junto con sus tres hermanos a los alrededores de su pueblo, Soldotna, al sur de Alaska. Y aquél accidente lo abatió fuertemente, más no se dio por derrotado. En cuanto le fue posible volvió a realizar las actividades a que estaba acostumbrado, aunque ahora con mucho más dificultad.
Se decidió a vivir su vida realizando todos sus sueños, sin que su discapacidad se convirtiera en un obstáculo para ello. Al poco tiempo comenzó a practicar kayak, a esquiar con un monoesquí, y a escalar cerros con una bicicleta de cuatro ruedas fabricada especialmente para este fin.
En el verano de 2001, junto con su tío John y varios amigos, en seis días alcanzó la cima del monte Elbert que, con 4 399 metros de altura, es el segundo más alto de las Montañas Rocallosas, en el estado de Colorado. Lo hizo con su cuatriciclo especialmente diseñado para él.
Al año siguiente, con su mismo grupo de amigos, y otros escaladores parapléjicos, llegó a la cumbre del monte Shasta de 4,318 metros, al norte de California. Después decidieron emprender la gran aventura intentando escalar el monte Fujiyama del Japón. Su equipo de escaladores, llamado Brazo Fuerte por lo insólito de sus hazañas, fue patrocinado por varias empresas e instituciones, entre ellas la Universidad de Oregón, donde Keegan estudia computación. Durante todo un año se mantuvieron en intensa preparación y entrenamiento. El asenso no sería nada fácil, así que era necesario poner todo el empeño posible para que las cosas salieran bien.
Al llegar a Japón se toparon con el gran obstáculo de que no estaba permitido escalar con bicicletas. Es un monte sagrado y exigen un total respeto. Pero ante el tenor de la situación el permiso fue concedido.
El ascenso fue extremadamente difícil para Keegan. El suelo está cubierto por magma endurecido, hay demasiadas rocas puntigudas y una superficie demasiado escabrosa que planteó demasiados problemas para el paso del triciclo en el cual trepó Keegan. Se calcularon seis días para lograr llegar a la cumbre, pero debido al gran esfuerzo de Keegan lograron llegar a la cumbre un día antes de lo previsto. Pese a la rotura de la dirección del cuatriciclo y otros problemas bastante difíciles de sortear.
Al llegar a la cumbre, todos le rindieron un tremendo aplauso a Keegan, despues todos ellos se unieron en una plegaria en el pequeño santuario de madera. Y para festejar, alzaron el cuatriciclo y lo hicieron girar por el aire. Pero una victoria no se alcanza sino hasta haber descendido de la montaña. Así que luego de la euforia, vino el penoso desenso. Keegan confesó posteriormente a la prensa que estaba muy cansado, pero también contentísimo. Dice que le cotó muchísimo en todos los sentidos, pero que lo hizo tan sólo para mostrar a los demás de todo lo que es capaz de hacer y para alentar a otros a hacer lo mismo.
Terminó anunciando que su próxima meta es el Aconcagua. Con todo esto concluimos que logra mucho más un discapacitado con metas que una persona normal sin meta alguna. ¿No le parece ?

jueves, 15 de octubre de 2009

MORIR JUNTOS

Cuando los ejércitos de Napoleón invadieron España, por las tierras de Andalucía avanzaba el general Dupont con un regimiento francés. Al pasar por una cañada, de pronto fueron enfrentados por un decidido grupo de valientes, que los hicieron retroceder. El general creyó que se trataba de un buen ejército, pero en seguida se dio cuenta que tan solo eran unos cuantos guerrilleros.

Organizó una estrategia y sin mayor problema fueron eliminados o ahuyentados, logrando atrapar al jefe de aquél pequeño grupo de resistencia española; un hombre alto, vigoroso, y con una energía moral capaz de arrastrar un pueblo.


Lo llevaron a un pueblecito andaluz y lo encerraron en el sótano del Ayuntamiento habilitado para prisión. Intentando dar un buen escarmiento, aquella tarde fue anunciado que el prisionero sería fusilado al amanecer. Todo el pueblo quedó consternado ante aquella brutalidad.


Por la noche dos mujeres llegaron a la presencia del general. Una de ellas era joven y bella, la otra mujer era anciana. Estas dos mujeres querían ver al prisionero. El general dio el permiso con la condición de que entrase primero una y luego la otra.


El general llamó a un oficial que sabía castellano y le ordenó que escuchara en otra habitación lo que hablaban con el prisionero.


Entró la más joven, que era la esposa del rebelde. Al verla éste, dijo, con ternura: «¿A qué vienes, María?» Ella, con toda la fuerza de su amor, le dijo: «¡Vengo a morir contigo!. Ante el altar de la Iglesia de nuestro pueblo juraste ser mío y yo tuya para siempre. Los dos somos uno, quiero acompañarte hasta la muerte»


El oficial francés informó al general que aquella mujer era la esposa del prisionero. Y el militar ordenó que la sacaran y trataran con respeto.


Cuando entró la segunda mujer y la vio el prisionero, éste sólo pudo decir, emocionado: «¡Madre!» La valiente mujer le dijo: «Vengo a salvarte.» Quería que su hijo se vistiese con sus ropas y huyera para ella quedarse en prisión. El hijo le indicó que aquello era imposible.


El oficial que oyó la conversación se la contó al general. Éste se sintió conmovido del valor tan grande de una esposa y una madre que aún en los momentos más difíciles no abandonaban a su ser querido. Así que ordenó que dejaran salir a aquella madre en compañía de su hijo.


Al día siguiente no hubo fusilamiento.

EL RESCATE DEL CONCEPCIÓN

Cien años después del descubrimiento de América, Acapulco y Veracruz se habían convertido en dos de los puertos más importantes del continente. Grandes barcos repletos de ricas mercancías traídas del Oriente, llegaban al puerto de Acapulco, para bajar su valioso tesoro y trasladarlo luego al puerto de Veracruz, donde era cargado a nuevos barcos que llevarían la preciada carga rumbo al viejo continente Europeo.

Desde las regiones aledañas a los mares de China llegaban a México las codiciadas especies, abanicos de plata, junco y carey, hermosísimas telas de seda, fina porcelana china, y muchas otras ricas prendas y objetos que eran muy solicitados por las familias adineradas de Europa. En Veracruz estos valiosos tesoros orientales se mezclaban con el oro, la plata y todas esas riquezas que los conquistadores ordeñaban de México y Centroamérica, como valioso fruto de las tierras conquistadas.


A medidos de julio de 1641 salió de Veracruz una flota de 30 navíos, bajo el mando del capitán general Juan Campos. La escuadra iba capitaneada por el barco San Pedro y San Pablo, mientras que cerraba la agrupación naviera la nave almirante llamada Santa María de la limpia y pura Concepción.


Solo Dios sabe el porqué se ensañó con esta flota el infortunio, lo cierto es que prácticamente todas las naves se perdieron en el camino embestidas por la mar embravecida a causa de las terribles tempestades, más también hicieron lo suyo los bancos de corales, cortando de tajo algunas naves para enviarlas con tesoros y tripulación al fondo.


Fue tanto lo que se perdió en esta empresa, que los mares quedaron aquí y allá repletos de tesoros, provocando desde entonces la afanosa búsqueda de ellos por parte de saqueadores y gente autorizada, quienes han puesto especial empeño en la localización del buque que mayor tesoros transportaba, ya que de ellos se conserva un valioso registro y testimonio de algunos sobrevivientes de la tragedia. Se trata de la nave Santa María de la limpia y pura Concepción.


En el naufragio de esta desdichada embarcación perecieron 332 personas en aquella trampa mortal de los corales, pero 194 se salvaron y lograron llegar a La Española, tierra hoy llamada República Dominicana. El almirante Villavicencio, intento infructuosamente en tres ocasiones rescatar los preciados tesoros perdidos en la tragedia. En España el caso se dejó a la desidia, pero los ingleses, siempre amigos de lo ajeno, hicieron buen alarde de su rapacidad.


Dos expediciones se hicieron presentes en el lugar de los hechos y extrajeron, con la ayuda de buzos expertos: 37 538 libras de plata, 27 556 en lingotes del mismo metal, 347 libras en platos, candelabros, copas y cubiertos de lo mismo, 27 libras y 11 onzas de oro, varios sacos de perlas y esmeraldas, y 7 cañones de bronce, mismos que hoy se pueden contemplar en la afamada Torre de Londres. Fue mucho ciertamente lo que rescataron, y es más notable aún sabiendo que los buzos no utilizaron escafandras, ni gafas, ni artilugio alguno para respirar en las profundidades. Todo fue a pulmón libre, debido a que en aquellos tiempos aún no se inventaban este tipo de cosas. Pero si bien fue mucho lo que se sacó de las aguas, mucho más fue lo que se dejó entre los arrecifes.


En 1977, la compañía Seaquest Internacional dedicó cinco largos meses a la localización del sitio. Como no sabían con certeza su localización, peinaron la zona numerando con gran paciencia las mil ochocientas noventa y un cabezas de coral, buscando afanosamente el resto del tesoro, pero todo fue inútil. Confundidos y desalentados, decidieron abandonar las pesquisas con tanto empeño iniciadas.


Más tiempo después renovaron su entusiasmo y volvieron a la carga. Se tomaron fotografías aéreas de la zona, más estas no denunciaron ninguna mancha anómala que permitiera sospechar la existencia de un cuerpo extraño en el fondo de las aguas. Más luego recurrieron a un aparato denominado magnetómetro de cesio, el cual es arrastrado por el fondo de las aguas y, este instrumento, refleja señales sobre una pantalla llevada a bordo. Cuando detecta cualquier anormalidad, aunque sea un alfiler de acero enterrado entre la arena, una aguja indica en la pantalla el suceso, más cuando hay una multitud de objetos metálicos, la aguja del magnetómetro se vuelve loca.


Al detectar la nueva expedición este suceso, de inmediato un buzo se lanzó a las aguas. En el fondo, lo primero que descubrió aquél hombre fue una enorme cantidad de piedras de río, cosa que le dio gran alegría, pues sus conocimientos le permitían comprender que aquellas piedras eran del tipo de las que usaban los viejos galeones como lastre. Por tanto era indicio de que en dicho lugar se encontraba un navío hundido. Levantó luego el buzo una de aquellas piedras y encontró una moneda de plata. Ascendió a la superficie y la mostró a sus compañeros. Aquella tarde el equipo rescató ciento sesenta monedas acuñadas en México. Fueron las primeras de las sesenta mil que habrían de encontrar. La gran aventura del hallazgo submarino más importante del mundo había comenzado.


Al día siguiente, y mientras el experto numismático de a bordo, limpiaba y clasificaba las piezas, comprobando que la mayoría estaban acuñadas en México en 1641, el mismo año de la catástrofe del Concepción, los buzos prosiguieron su fascinante labor.


Uno de los buzos, en la profundidad de aquellos mares, tras levantar algunas de las piedras de río y algo de la arena amontonada, vio que del suelo surgía cierta sustancia de un azul intensísimo que, en poco tiempo, le dejó envuelto en una nube, cual si un millar de pulpos lanzara sobre él su tinta para cegarlo. Pero aquella tinta era azul y no negra como la de los pulpos. Cuando ascendió a la superficie, teñido todo de azul, se analizó la extraña sustancia en que estaba impregnado comprobándose que era añil. Podridas las cajas en que iba empaquetado, y los lienzos o papeles que envolvían cada pieza, un inmenso cargamento de varias toneladas de añil se había conservado allí, intacto, durante casi cuatro siglos, hasta que la mano de aquél buzo vino a removerlo de su escondrijo.


Mientras este hombre vivía tan insólita experiencia, otros buzos descubrieron un astrolabios, unos compases, unas balas de cañón, estatuas chinas de marfil, apagables de plata con sus tijeras para cortar pabilo, un vaso de cristal tallado, cerámica mexicana de Puebla, una valiosa vajilla china de la dinastía Ming, sin un solo rasguño, bases de plata para vasos, collares y perfumeros de oro de 22 kilates, huesos humanos, huesos de animales, jeringuillas para limpiar los oídos, balas de mosquete, empuñaduras de espadas, un collar de oro de medio metro de longitud, y la estatua de un niño de marfil oriunda de China.


Pero el descubrimiento no terminó ahí, en el fondo de lo que pareció haber sido una gran maleta, encontraron, perfectamente apiladas dieciséis mil monedas de plata, una verdadera fortuna. Muy próximo al lugar donde surgió el sorprendente manantial de añil, uno de los arqueólogos encontró juegos de té y muchas otras vajillas perfectamente bien conservadas.


El navío de la Concepción llevaba 436 baúles de mercancías del lejano oriente, 21 baúles de esmeraldas de las minas de Muzo, en Colombia, 43 baúles de perlas de las pequeñas Antillas, 321 baúles de objetos de plata de propiedad privada, 528 kilos de objetos de oro puro, 288 kilos de oro en barras. Y una enorme cantidad de plata y lingotes de oro y monedas para el tesoro real.


Además de todas estas riquezas también transportaba especiería, aceites vegetales, frutas no perecederas, cerámica mexicana, animales vivos, corrales de gallina, jaulas con aves y multitud de tinajas con vino y aceite.


El inmenso tesoro rescatado fue compartido en partes iguales entre los rescatistas y el gobierno de la República Dominicana, quien, tal y como se estipuló en el convenio, tuvo la oportunidad de quedarse con las piezas que le resultaron más agradables.


Pero en esa misma zona hay aún muchos otros barcos hundidos, cuyos fabulosos tesoros están esperando a los intrépidos aventureros que vayan tras su rescate.

EL MANDARIN ASTRONAUTA

Un mandarín chino que vivió en el año 3000 antes de nuestra era, en un día soleado y ante la mirada atónita de centenares de vecinos y curiosos, sacó a la calle una extraña máquina, la cual situó en un lugar apartado de las casas y los árboles.

No resistiendo la tentación alguien le preguntó para qué quería esa extraña máquina sujeta con papalotes, a lo cual el mandarín contestó que era para sostenerse en el cielo como un pájaro y los cohetes 47 artificiales para elevarse entre la tierra y la luna.


A punto estuvieron todos de echarse a reír, más no tuvieron tiempo, ya que mientras el mandarín se instalaba en su extraña máquina, los rayos del sol encendieron las mechas de los cohetes y estos estallaron al unísono, provocando una gran nube de humo y fuego. Muchos salieron con los pelos chamuscados de aquél primer intento de lanzamiento espacial. Quien resultó, por desgracia, con la peor parte fue el ingenioso inventor, ya que murió calcinado montado en su nave.

domingo, 4 de octubre de 2009

EL CONOCIMIENTO ES PODER

EL CONOCIMIENTO

“El conocimiento es poder”
Francis Bacon
El que sabe menos que los demás es un ignorante.
Todos somos ignorantes de muchas cosas, y eso no es motivo para preocuparse. Poco o nada importa si desconocemos áreas, temas o materias que tienen escasa relevancia en nuestras vidas; la gravedad radica cuando ignoramos aquello que sí debemos de saber y que es parte vital para el buen desempeño de nuestra vida. Un buen actor no tiene la obligación de saberse todos los papeles de una obra, pero sí es indispensable que se sepa a la perfección su propio papel.
Cuando alguien no sabe lo que debe saber enfrenta serios problemas en su vida, entre ellos el rechazo de quienes le rodean.
El que sabe lo mismo que los demás es una persona común.
Nuestro mundo está lleno de personas comunes. Y con ello no quiero manifestar que sean por tanto irrelevantes. Más las personas comunes pasan siempre desapercibidas, se pierden entre la multitud sin que tengan un papel destacado dentro de “la obra”.
El que sabe más que los demás es una persona sobresaliente.
Hay quienes van mucho más allá que los demás. Gustan del conocimiento y se adentran en sus terrenos, disfrutando del placer de aprender sin que encuentren un límite para ello. Quienes saben más siempre son admirados y respetados por los demás.
EL HACER
El que hace menos que los demás es un flojo (o un discapacitado).
En el aspecto laboral nunca faltan los flojos que hacen menos que los demás. Siempre son los más renegones, los que de todo se quejan, los que de todos se cansan. Y por supuesto que siempre están disconformes con la empresa. Estos personajes siempre son rechazados por los demás (aunque no se los digan). Y son los primeros en ser despedidos.
El que hace lo mismo que los demás es una persona común.
En todas las empresas hay gente común que se limita a realizar sus labores y con ello cumplen con la encomienda. Son elementos básicos e indispensables es cualquier organización (como es el caso de producción), más su papel es limitado y carente de protagonismos. Por tanto, una persona así es relativamente fácil de reemplazar.
El que hace más que los demás es una persona laboriosa y destacada.
Nunca faltan los apasionados que dan más que los demás. Son aquellos individuos que dan tiempo adicional, que llegan más temprano y salen más tarde, que hacen su trabajo con empeño y con pasión, lo cual les permite destacar con facilidad, llegando, con el tiempo, a ocupar los puestos más importantes.
RESUMEN DEL SABER Y EL HACER:
Todos queremos ser exitosos, a todos nos agradan las mieles del triunfo, más solo llegarán a la meta aquellos que realmente hagan algo sobresaliente para lograrlo.
Quien quiera llegar lejos debe saber más y hacer más que los demás. No importa en que área nos desempeñemos, si somos constantes en el hacer y aprender, nuestra acción, aunado al conocimiento nos conducirá a la plenitud de lo que tanto deseamos.