viernes, 27 de noviembre de 2009

LA CATEDRAL DE DON JUSTO

Justo quiso ser monje, entregarse toda la vida al servicio de Dios, así que ingresó desde muy joven al monasterio soriano de Santa María de Huerta en España, pero poco tiempo después, en el año de 1961, antes de hacer los votos, enfermó de tuberculosis y se vio obligado a dejar la vida religiosa.
Después, cuando logró recuperarse, siguió su vida de campesino, más su corazón seguía obsesionado con Dios. Siendo así como un día surgió la idea de construirle una grandiosa catedral a su Señor y comenzó a vender todo cuanto poseía para iniciar la obra. Pero que sabía justo de arquitectura… nada. Ni siquiera de albañilería, porque él era tan solo un humilde trabajador del campo. Aún así puso manos a la obra. Visitó infinidad de templos, viajó a muchos lugares para conocer las catedrales, leyó cuanto libro se encontró a mano sobre arquitectura y catedrales y con la sola bendición de Dios, inició la construcción de su catedral.
La gente de su pueblo, Mejorada del Campo, cerca de Madrid, lo consideró un loco, un pobrecito deschavetado por la iluminación divina, y Justo se dio muy bien cuenta de lo que pensaban de él, pero no le importó. Vendió hasta la humilde casita que tenía para juntar un poco más de dinerito y se fue a vivir con su hermana, a una casa cercana al terreno que compró para construir su catedral. Desde entonces han pasado 44 años.
Lo que en un principio provocó risa, ahora provoca expresiones de admiración. Ni un solo día Justo ha dejado de trabajar en su obra. Continuamente la ha pasado recorriendo las calles, visitando los basureros, los lugares donde hay alguna demolición, para recoger pedazos de ladrillo, de bloque, fierro, plástico y todo lo que considere util para realizar su obra. Jamás ha tenido el apoyo de la iglesia católica, ni siquiera tiene los permisos correspondientes para construir la obra, pero Justo ha seguido adelante.
Con el tiempo, al ver que la cosa iba en serio, comenzó a llegar un poco de ayuda: una carretilla de arena, un par de sacos de cemento, un puñado de ladrillos y así es como hoy Justo ha levantado una enorme catedral cuya cúpula se alza a 40 metros del suelo. Ya está casi terminada toda la obra negra, hasta luce unas hermosísimas puertas que hace poco le regaló uno de sus tantos admiradores. Sí admiradores, porque ahora Don Justo y su catedral se han vuelto tan famosos, que a diario llega demasiada gente de toda España para contemplar la obra. Y es que debe usted saber que una cierta compañía hizo un comercial para un refresco teniendo a Don Justo como protagonista, así que ahora Mejorada del Campo, se ha convertido en un pueblo atiborrado de turistas que llegan a contemplar la obra.
Mucho se avanzó con los 30.000 euros que este humilde devoto recibió como pago por el comercial realizado y además los turistas depositan en una urna alguna que otra moneda. Así que Don Justo está mucho mejor que antes. Su catedral, aunque inconclusa luce demasiado original y hermosa. Hecha con chatarra y desperdicios, pero al fin de cuentas es una catedral y esto la hace majestuosa. Y más aún sabiendo todo lo que ello significa.
Dicen que han ido a ver la catedral más de 50 mil turistas. Y casi todos toman infinidad de fotos y quieren retratarse con Don Justo. A él quienes más le agradan son los estudiantes que llegan con el verano, porque en lugar de quitarle el tiempo, se ponen con él a trabajar.
Según cálculos de los entendidos, al paso que va la obra, llevará cosa de 15 o 20 años para terminarla. Le preguntan a Don Justo si logrará terminarla, porque ya tiene más de 80 años. Y ante semejante pregunta siempre sonríe y dice que a él solo le toca construir, lo demás se lo deja a Dios para que él decida.
Me encantó el comentario que hizo un periodista que realizó un reportaje sobre la catedral de Don Justo. Después de elogiar la obra de este humilde hombre, terminaba su artículo diciendo: ¿Porqué no hay más locos como este en el mundo, pero que en lugar de construír catedrales, hagan un montón de viviendas para los pobres, o dediquen su vida a resolver esos problemas tan grandes de nuestras comunidades.

En verdad que viendolo desde este punto de vista, en este mundo en verdad que nos hacen falta locos.

LOS SHADUS

Hace como tres mil años, surgió en la India una casta de nómadas que por su propia voluntad vivía en los bosques y cuevas o caminaba sin parar, alimentándose de las limosnas que la gente les dispensaba.
La gente suponía que a su paso, estos místicos llamados sadhus, irradiaban energía, derramando bendiciones para la gente y el planeta, por lo cual eran bien recibidos en todas partes, recibiendo gran veneración de parte de todas las personas que se cruzaban a su paso.
Estos hombres místicos, impregnados de santidad, practicaban la austeridad física, incluido el celibato y largos periodos de ayuno. Sus cabellos colgaban en forma de mechones largos y enmarañados, con la piel siempre cubierta de arena o cenizas, y solo portaban unos cuantos harapos o andaban desnudos.
Pero estos santones no son cosa del pasado, infinidad de ellos deambulan por todo el territorio de la India. Estos ascetas lo han dejado todo: su casa, su esposa y hasta sus hijos para ir en búsqueda de la verdad. Ni siquiera vuelven a mencionar su nombre. Se olvidan por completo de su pasado y caminan como mendígos sin cortarse nunca más la barba y el cabello. Consagrados eternamente a su dios Brahamán, el cual les exige un riguroso ascetismo y un autodominio total, excluyendo hasta el más mínimo pensamiento de odio, violencia, hipocresía o deseo carnal.
Muchos de ellos se mantienen en las selvas, cuevas y montañas, alimentándose de hierbas y raíces. Otros deambulan por las aldeas y ciudades, viviendo de limosnas. La gran mayoría practica el yoga, siempre a la búsqueda de la plena conciencia y de la autorrealización.
Aunque no todos los ven con buenos ojos. Los sacerdotes brahmines son sus acérrrimos enemigos y desaconsejan a todos el tener contacto con ellos.

Y no crea que son pocos los sadhus, se dice que hay aproximadamente 11 millones de ellos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

GERARD CROISET

Gerard Croiset nació el 10 de marzo de 1909 en la pequeña ciudad de Laren, en la provincia de Holanda Septentrional. Fue un niño infeliz, sus padres, ambos de origen judío, eran actores de teatro y se la pasaban en continuos viajes, por los que pasó los primeros años de su infancia, ignorado y mal atendido en casa de familiares. Cuando tenía ocho años sus padres se divorciaron y fue a parar a un orfanato, donde continuaron los maltratos y los abusos.

Toda esta situación le provocó a Gerard profundos sentimientos de inseguridad y abandono, conduciéndole a una existencia desdichada. Convivió con seis parejas distintas de padres adoptivos, más tanto maltrato emocional recibido, lo convirtieron en un chico resentido ay agresivo. Uno de sus padres en turno, no encontrando mejor forma de controlarlo, encadenó una de sus piernas a una estaca.

El chico no comía, se volvió flaco y desnutrido, apartándose de todos y dedicándose a hablar consigo mismo o con personajes producto de sus fantasías. Entonces comenzó a tener visiones, y al enterarse su padre adoptivo, como recompensa le dio una buena paliza para que se quitara de alusinaciones.

Para evadirse de aquella catastrófica situación, comenzó el muchachito a escribir cartas a personas desconocidas. ¿De donde tomaba las direcciones? Nadie lo sabía. Más no eran personas ficticias, porque con frecuencia recibía respuestas, y estas provenían de muy distantes lugares.

A los trece años dejó el orfanato y los estudios y comenzó a desempeñarse en una serie de oficios de bajo nivel y mano de obra no calificada. Parecía que estaba encaminado a ser simplemente uno entre tantos.

En 1934 Gerad Croíset se casó con Gerda, una mujer inculta hija de un carpintero, con la cual tuvo 4 hijos. La economía se le complicó, así que intentando salir adelante puso un tendejón, pero era tan mal administrador, que pronto se llenó de deudas sin encontrar forma alguna de resolverlas.

Platicando un día con uno de sus clientes, le contó sobre sus continuas visiones y aquél hombre luego lo presentó a unos espiritualistas, quienes le ayudaron a desarrollar sus facultades psíquicas. Gerard Croíset experimentaba sus visiones en forma simbólica, por lo cual tuvo que aprender a interpretarlas.

En la década de los 40’s su fama se extendió rápidamente. Su reputación psíquica le permitió trabajar como psicometrista, localizando personas, objetos y animales, además de manifestarse su habilidad para sanar a los enfermos con la imposición de las manos. Muchos de los soldados heridos durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1940 Holanda fue ocupada por los nazis, Gerard fue obligado, como todos los judíos, a portar un brazalete con la estrella de David. En 1941, la policía alemana ses presentó en su casa y lo arrestó, para su fortuna, no estaban su mujer y sus hijos. Gerard fue conducido a Alemania en donde permaneció prisionero hasta 1943, de donde milagrosamente fue dejado en libertad. El 17 de Octubre del mismo año, fue nuevamente detenido junto a otros compatriotas. Estuvo en un campo de prisioneros, durante algunos meses, y luego liberado sin explicación alguna.

En diciembre de 1945, Croíset asistió a una conferencia sobre parapsicología, ofrecida en su ciudad por el maestro Willem Tenhaeff, de la Universidad de Utrecht. Tanto se entusiasmó Croíset con la sabiduría del maestro, que pronto comenzaron a realizar algunos proyectos e investigaciones juntos.

Tras varios meses de pruebas, Tenhaeff concluyó que Croíset era uno de los psíquicos más notables que había conocido, por lo cual decidió apoyarlo y promoverlo ante la comunidad internacional, logrando que parapsicólogos de todo el mundo acudieran a conocer sus proesas.

Resolvió crímenes por lo menos en media docena de países, localizó documentos perdidos para oficiales públicos y ayudó a eruditos a identificar artefactos y manuscritos históricos. Cabe destacar que cuando había crímenes que la policía holandesa no podía solucionar, acudían a Crosiet, como lo hacían INTERPOL y el FBI, ayudándoles a resolver muchos casos a los que no se les había encontrado soluciones. Aún cuando fue solicitado por la policía de lugares lejanos, pagó el mismo sus gastos de viaje y siempre rehusó hacer predicciones acerca del mercado bursátil, o adivinar el ganador de una carrera de caballos.

Su gran pasión era encontrar niños perdidos. Realizó muchas lecturas psíquicas por teléfono, el cual decía le ayudaba a reducir el número de imágenes mentales confusas a un mínimo.

Croiset escogía por intuición los trabajos en que le solicitaban sus servicios. Decía que sentía una vibración que le inundaba por dentro. Un problema serio generaba una imagen de muchos colores, los cuales giraban hasta formar cuadros definidos que parecían dispararse contra él como las imágenes de una película tridimensional.

Croíset no aceptaba pago por sus visiones psíquicas, aunque sí aceptaba donaciones para su clínica de curaciones, donde trataba más de cien pacientes al día. Al ver a un paciente, sabía instantáneamente si lo podía ayudar o no y en qué forma. Algunas veces veía que las condiciones o enfermedades tenían un origen psíquico, asociado con experiencias pasadas. Ocasionalmente trataba también animales enfermos.

En 1953 se creó el Parapsychology Institute en la Universidad de Utrecht y el maestro Tenhaeff fue nombrado su director. En 1956 Croíset y su familia se mudaron de Enschede a Utrecht para estar más cerca de Tenhaeff.

Fueron múltiples las pruebas a que fue sometido Gerard Croíset. Adivinaba como sería la persona que se sentaría en una determinada silla, elegida al azar, en una reunión que se efectuaría un mes después en un lugar que ni siquiera conocía. Y su colaboración con la policía en múltiples casos fue algo verdaderamente sorprendente.

Uno de los casos más sonados en que participó el año de 1972, fue cuando cayó el avión uruguayo en lo alto de los Andes en Chile, mismo que transportaba a jugadores de Fútbol. Después de una intensa búsqueda, el avión fue dado por perdido. Las familias de los jugadores, gente adinerada, agotaron todas las posibilidades. Más después de 60 días de la tragedia, alguien sugirió a una familia de los jóvenes uruguayos solicitar la ayuda de la Sociedad Chilena de Parapsicología. Fue así como a través de ellos se contactaron con Gerard Croíset.

La familia de uno de los jóvenes accidentados fue hasta Holanda, al encontrarse con Gerard Croíset y presentarle el caso, éste solicitó un mapa de Chile. Después de un largo rato de concentración, les indicó el lugar exacto donde había caído la nave y agregó “hay sobrevivientes”. Fue así como lograron localizar el avión perdido.

Croiset murió el 20 de julio de 1980. Desde entonces, su clínica para las curaciones continúa bajo la dirección de su hijo.

COUSTEAU, EXPLORADOR DE LOS MARES

Antes de Cousteau no se conocía más que la superficie del océano, y sus profundidades constituían un mundo desconocido y amenazador. Más él logró descubrir para la humanidad toda la belleza paradisíaca que se escondía en el fondo de los mares. Una sinfonía de peces y plantas hasta entonces jamás vistas por los hombres que dio a conocer a través de sus numerosas películas y libros.
Jacques-Yves Cousteau se mantuvo navegando por los mares durante cuarenta años, convirtiéndose en el más grande apasionado y acérrimo defensor de nuestro planeta y la ecología. Logrando en vida innumerables reconocimientos y el respeto de los dirigentes de numerosos países, a quienes acudía en su búsqueda incansable de apoyo para proteger la tierra, los océanos y las especies que en ellos habitan, de las locuras asesinas de nuestro tiempo.
Este renombrado investigador de los mares nació en Francia el año de 1910, y su primera gran experiencia con las profundidades la realizó intentando filmar los restos de un barco y los magníficos fondos marinos del Mediterráneo. Todo ello con una cámara metida dentro de un frasco.
Con la ayuda de un amigo suyo, inventó un equipo de respiración submarina basado en aire comprimido dentro de una botella; este novedoso invento eliminó las pesadas escafandras unidas por un tubo de aire a la superficie y les permitió ganar una buena fortuna con los derechos de fabricación del aparato, además de iniciar a lo grande la filmación de buques hundidos y restos arqueológicos en las profundidades.
En 1950 lord Guinness, un mecenas inglés, le obsequia un antiguo dragaminas británico, que una vez transformado se convirtió en el Calypso; navío que serviría de valioso aliado en la realización de sus investigaciones.
Con un selecto equipo de submarinistas-cineastas revoluciona las técnicas de filmación submarinas, realizando una excelente película con el apoyo del cineasta Louis Malle, misma que fue llamada “El mundo del silencio”, la cual les hace merecedores a la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1956.
El Calypso recibió a científicos de las más diversas disciplinas: geólogos, geofísicos, biólogos, zoólogos, arqueólogos y ecologistas, mismos que contribuyen al descubrimiento y estudio de los mares. De todo ello surgieron una cincuentena de libros, dos enciclopedias, varias películas y un centenar de documentales que fueron transmitidos por televisoras de todos los países.
Además de todos sus valiosos estudios y descubrimientos, fue ampliamente conocido por sus protestas contra la contaminación de los mares, llevando incluso sus quejas hasta el mismo recinto de la ONU y fundando organizaciones para la defensa del medio ambiente en diversas partes del mundo.El 8 de enero de 1996 el Calypso zozobra en el puerto de Singapur. Casi acompañó hasta el final de su viaje a Cousteau, ya que este falleció el año siguiente, el 25 de junio de 1997 a la edad de ochenta y siete años.

HENRY FORD Y EL V8

Henry Ford era un tipo fuera de serie. Sus contribuciones en el terreno automotriz hicieron historia y contribuyeron al florecimiento de esta industria. Pero en cierta ocasión se topó en el “imposible”. Su mente le permitió idear un motor de 8 cilindros en un solo bloque, así que llamó a sus ingenieros y les expuso el plan para realizar su proyecto. Los ingenieros escucharon con atención lo que Ford les solicitaba, se miraron unos a otros y el más atrevido de ellos expresó su opinión.
-Lo que usted nos solicita es “imposible” – pero Ford, que no se amilanaba a la primera, le dijo con voz firme y decidida. “No importa si esto es un “imposible” quiero que se pongan a trabajar y lo hagan”.
Los ingenieros salieron aquél día bastante molestos de su oficina, porque ya sabían lo que esto significaba: el patrón no aceptaba jamás un “no” como respuesta, debían de hacer lo que les pedía, o podían ir metiendo su cabeza en la guillotina.
Hicieron bastantes intentos. Elaboraron planos de muy diversa índole, realizaron una buena cantidad de pruebas, pero el “imposible” continuaba manteniéndose en sus cabezas.
Tiempo después Henry Ford convocó de nuevo a una reunión para analizar los progresos realizados en este terreno, y los ingenieros, llenos de apuración y cabizbajos le dijeron al patrón de nuevo que lo que estaba solicitando realmente era un “imposible” y por tanto irrealizable.
Subieron de tono las palabras. La discusión se volvió bastante acalorada. Llevaban meses trabajando en el proyecto, descuidando muchas otras cosas importantes, y no se midieron para hacerle saber a Ford que lo único que habían logrado hasta entonces era perder el tiempo.
De nuevo habló el atrevido diciéndole – Señor, llevamos meses en el proyecto, hemos analizado todas las opciones y es simplemente imposible embutir ocho cilindros en un solo bloque.
Ford sonrió con su característica ironía y con voz decidida les ordenó. “Prodúzcanlo de todas maneras!. La palabra imposible no existe. Esta es olo una palabra para los fracasados y ustedes no son unos fracasados, así que salgan de aquí y regresen cuando lo logren!”. Con esto estaba dicho todo. Ford se puso de pie, tomó sus cosas y salió de la sala de juntas rumbo a su oficina. Los ingenieros menearon la cabeza. Lo consideraron injusto, intransigente, autoritario y muchas cosas más. Pro sabían que no había otro camino a seguir. Tenían que proseguir su trabajo emprendido, hasta que alcanzaran ese “imposible”.
Continuaron las pruebas, las investigaciones. Y de pronto, como por arte de magia lograron que posible lo “imposible”. El motor de 8 cilindros fue realizado, dando de esta manera un empuje definitivo a la industria automotriz.
Henry Ford era así. Entendía muy bien el poder que existe dentro de los sueños. “Lo que tu mente puede creer, tu lo puedes conseguir”, sin importar lo que digan los expertos. Porque como él bien decía “La palabra imposible no existe. Esta es solo una palabra para los fracasados que se justifican para no luchar.
Sueña en grande y a pesar de lo que te digan los demás, tú puedes convertir tus sueños en realidad.”

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL HORNO DE MICROONDAS

El año de 1947, el ingeniero Percy Spencer realizaba investigaciones con un generador de altas frecuencias, en la empresa Rayhteon Corporation, para usarlo como radar, cuando después de un rato de estar probando un nuevo tubo al vacío llamado magnetrón, se llevó una mano al bolsillo de su bata para darle un mordisco al chocolate que traía guardado, más para su sorpresa se dio cuenta que este se encontraba totalmente derretido. Aquello le provocó una gran sorpresa. A Spencer le gustaba mucho el chocolate y con frecuencia traía una barra consigo, más era la primera vez que esta se le derretía de esa manera en el taller. No estaba haciendo calor, el clima era bastante fresco. Entonces ¿Que había pasado?.
Pensando, pensando llegó a la conclusión que aquél efecto lo había provocado el generador de frecuencias. Y para comprobar su teoría, fue y consiguió un puñado de maíz, mismo que colocó cerca del generador. Al poco rato empezaron a explotar como cuando se hacen palomitas.

A la mañana siguiente, el científico decidió colocar el magnetrón cerca de un huevo de gallina. Le acompañaba un colega curioso, que atestiguó cómo el huevo comenzó a vibrar debido al aumento de presión interna originada por el rápido incremento de la temperatura de su contenido. El curioso colega se acercó justamente cuando el huevo explotaba, salpicándole la cara con yema caliente. Mientras que el afectado se quitaba molesto los residuos del huevo de la cara, el científico brincaba de gusto, pensando que si aquello sucedía con la barra de chocolate, el maíz y el huevo, esto se debía a la exposición de energía de baja densidad de las microondas. Y si se podía cocinar tan rápidamente un huevo, ¿porqué no probar con otros alimentos?.

Días después el ingeniero Spencer diseñó una caja metálica con una abertura en la que introdujo energía de microondas. Esta energía, dentro de la caja, no podía escapar y por lo tanto creaba un campo electromagnético de mayor densidad. Cuando se le colocaba alimento se producía energía de microondas y la temperatura del alimento aumentaba rápidamente. El ingeniero Spencer había inventado un artefacto que revolucionaría la forma de cocinar y sentaba las bases de una industria multimillonaria. A finales de 1946, la Raytheon Company solicitó la patente e inició el proceso de su comercialización.

Más no se imagine que su primer artefacto fue del tipo de honro que usted tiene en casa: cuadradito y portátil. No, la creación del ingeniero Spencer fue un tiliche que medía dos metros de alto y pesaba 80 kg. Y si costaba trabajo cargarlo, mucho más le costó trabajo le costó venderlo. Además el precio era demasiado elevado: 5,000 dólares. Y se enfriaba el magnetón con agua, de modo que era necesario instalar una tubería especial.

Las ventas iniciales fueron desalentadoras, sin embargo, las mejoras y refinamientos ulteriores produjeron un horno más confiable y liviano, menos caro y con un nuevo magnetón enfriado por aire, eliminando la necesidad de las engorrosas tuberías.

Para 1975 las ventas de hornos de microondas rebasaron el número de estufas de gas vendidas, y hoy en día es tomado como uno de los instrumentos esenciales en cualquier cocina del mundo.

El doctor Percy Spencer, el inventor, continuó en Raytheon como consultor jefe hasta su muerte a la edad de 76 años. Fue autor de más de 100 patentes y se le consideraba uno de los principales expertos en el campo de las microondas, no obstante que carecía de instrucción secundaria.

A COMER INSECTOS

Hay tantos insectos en nuestro planeta que se calcula que el peso total de los habitantes de la tierra solo representa una décima parte del peso total de los insectos que la habitan. Y para que se de una idea, los conocedores de la materia afirman que en un campo cualquiera, y en un espacio del tamaño de un campo de fut bol, evaluando el pasto, arbustos y hasta los 20 centímetros de profundidad en la tierra, se podrían contar hasta 335 millones de insectos.
Nadie sabe por supuesto la cantidad de insectos que existen, aunque se estima que hay aproximadamente unos 200 millones de especies distintas, aunque año tras año se descubren al menos una decena más de ellas.
Hay aproximadamente 5.000 especies de libélulas, 20.000 de saltamontes o chapulines, 170.000 de mariposas y polillas, 120,000 de moscas, 82.000 de chinches, 350.000 de escarabajos y 110.000 especies de abejas y hormigas.

Un día, no muy lejano, en el supermercado compraremos cajas de insectos con diversas preparaciones, para poderlos consumir como si fueran cereales, o listos para preparase en formas muy diversas. Este día está más cerca de lo que usted imagina.

MUSEOS DE LO INSÓLITO

En el mundo hay algunos museos extraordinarios. He conocido algunos en Estados Unidos que son realmente únicos, pero el museo de Louvre en Paris es quizás el más hermoso de todos. Podría uno pasarse semanas enteras contemplando las obras tan extraordinarias que tiene. Pero también hay museos totalmente absurdos. Por ejemplo:
En Tokio, Japón, hay uno que tiene la colección más completa de calcetines. Tiene más de 20,000 pares, incluyendo el que según los expertos es el calcetín más largo del mundo (con 32 cmts. De la punta al talón). Pero también tiene calcetines de personajes famosos, como el que se puso el luchador de sumo Kitamo Umi en su ceremonia de retiro, y un par que se puso el Primer Ministro Yoshida Shigaru durante su primera visita oficial que hizo a los Estados Unidos en 1950. El más curioso de los pares es uno realizado en estados Unidos, que se calienta con la energía de unas baterías. ¿Absurdo?
En Ens-chede, Paises Bajos, uno de los museos contiene su sala de excrementos, donde tienen hasta los de un mamut prehistórico. Además cuentan con una exposición interactiva donde el visitante puede oler y debe identificar, por el olor, a que especie de animal corresponde aquél excremento. Un ordenador le indica si acertó o no.
En Nueva Inglaterra está el museo de los frutos secos, en Boston el Museo Americano de los Inodoros, que incluye hasta uno de hierro que se utilizó en hace más de cien años en una prisión. En Tourquay, Australia, hay uno de tablas de surfear, en Kauna, Lituania, hay un Museo del Diablo, con unas 800 obras de arte satánico. En Suecia uno de cajitas de cerillos. En Texas, un museo de alambre de púas y materiales para cercar. En Ludlow, Inglaterra el Museo del Pollo Exótico, que contiene raros ejemplares de aves de corral. En Amberes el Museo de las Calaveras, con más de 1000 calaveras de animales. Otros museos raros son: el Museo de Pompas Fúnebres de Barcelona, el Museo de la Lepra en Berger, Noruega, donde se ha reconstruido un leprosario del siglo XVIII; el museo de los incendios en Penrith, Australia, donde es posible vivir la experiencia de estar en una casa mientras se incendia; e incluso existe el museo de la piratería, en París, donde se muestran los productos originales junto a sus imitaciones.

LADY GODIVA

Allá por el año 1040, en la ciudad de Coventry, Inglaterra, una hermosa mujer llamada Godiva estaba casada con el duque Leofric. Eran una buena pareja. Juntos construyeron el Monasterio de Coventry, y el duque era tan buen administrador que logró que el pueblo fuese creciendo hasta convertirse en uno de los más importantes de la región. Pero la ambición fue corrompiendo poco a poco al duque Leofric, quien comenzó a elevar el monto de los tributos, hasta provocar el descontento de la población.
Godiva, no estaba al parecer no estaba muy al tanto de la situación; más siendo una mujer tan noble, gustaba de acercarse a la gente del pueblo, y fue así como se dio cuenta de la gravedad de lo que estaba pasando. Lady Godiva era muy apreciada y respetada, por ello los ciudadanos se acercaron a ella y le pidieron que influyera en el duque para que bajara los impuestos que los estaban colocando en una situación desesperada.
Ella prometió hacer cuanto pudiera, auque no tenía atribución alguna para cambiar por ella misma semejantes disposiciones. Más el compromiso moral que tenía con la gente humilde, la impulsó a buscar una solución favorable para el pueblo, ante su ambicioso marido. Más el duque no estuvo de acuerdo con la solicitud de su esposa. He incluso hizo mofa de la actitud benevolente y altruista de su mujer. Más ella no cedió, e insistió en el tema una y otra vez, pese a que Leofric se rehusaba a tratar el punto.
Harto de la cantaleta de su mujer, le dijo en tono irónico que aceptaría rebajar los impuestos, si ella se atrevía a pasear desnuda montada a caballo por la calle principal de la población. Obviamente el duque jamás creyó que Lady Godiva se atrevería a semejante cosa. Por supuesto que el reto era totalmente fuera de lugar para una dama, y mucho más para alguien de su posición, más ella lo aceptó.
La gente del pueblo supo lo que iba a hacer Lady Godiva en su favor. Y cuando ella salió a la calle totalmente desnuda y montada en su caballo blanco, cubriendo sus pechos y vientre con su largo pelo, todos se metieron a sus casas y cerraron puertas y ventanas en señal de respeto, para no avergonzarla.
Según cuentan, sólo la vio un indiscreto, a quien a partir de entonces le apodaron “Tom el fisgón”
Por su parte el duque, ante la audacia y atrevimiento de su mujer, se vio forzado a cumplir su promesa y se bajaron los impuestos.
Si esta es la forma de bajar los impuestos, creo que sería muy buena idea motivar a nuestras mujeres para que salieran desnudas a la calle para presionar la baja de impuestos. ¿No le parece?

viernes, 6 de noviembre de 2009

INOUE DAISUKE, CREADOR DEL KARAOKE

A principios del siglo pasado cualquier familia económicamente respetable tenía en casa un piano para amenizar las reuniones. Después llegó el fonógrafo, los tocadiscos y los modernos sistemas de reproducción de discos compactos.
Pero a la gente le gusta cantar, y para todos aquellos que no saben tocar un instrumento que les sirva para acompañarse, se inventaron las pistas, pero estas fueron rápidamente desplazadas por los famosos Karaokes; unos aparatitos que se conectan al televisor, y la gente puede cantar leyendo la letra de la canción en la pantalla. Así que ahora todo mundo canta en casa con el micrófono en la mano y sin temor a no saberse la letra. Pero ¿De donde surgió este aparato?
Karaoke es una palabra japonesa compuesta por las palabras Kara que significa vacío (sin palabras) y Oke (de orquesta). Este reproductor de pistas se convirtió en toda una moda en 1970 en Japón. Su creador fue Inoue Daisuke, baterista de una banda de rock.
Se dice que fue una ocurrencia que tuvo para hacer que la gente se divirtiera mientras ellos descansaban entre tanda y tanda, ya que tocaban en un centro nocturno. Para lograrlo contó con el apoyo de un especialista en electrónica, un carpintero y un ebanista. En tan solo tres meses realizaron el proyecto.
Inoue grabó las pistas en diferentes tonos para que se pudieran adaptar a diferentes voces; además agregó un aditamento especial para dar efectos y todo estuvo listo para que la diversión fuera total.
El karaoke fue todo un éxito. Los aficionados subían a la pista, colocaban una moneda de 100 yenes en el aparato y con micrófono en mano hacían la diversión de todos.
En un principio Inoue fabricó tan solo 11 máquinas, pero el invento se volvió tan popular que pronto tuvo que fabricar otras 10 000. El gran error de Inoue, lo cual es muy frecuente que suceda, fue que jamás patentó su invento y dejó que se le escaparan los millones del bolsillo, ya que el karaoke se convirtió en unos cuantos años en uno de los juguetes más vendidos a nivel mundial. Tan solo en Japón hay cerca de 50 millones de aficionados. Se calculan 14 000 negocios llamados Karaoque Box, donde la gente acude a toda hora a divertirse cantando las pistas musicales.
Inoue comprendió su gran error. Tuvo la fortuna en su mano y jamás se dio cuenta de ello. Ahora intenta seducir a la escurridiza diosa de la fortuna, con una trampa para cucarachas, misma que se instala dentro de la máquina karaoke, ya que en el 80 % de los casos los aparatos fallan porque anidan en ellos las cucarachas. ¿Usted cree que lo logre?

LOUIS BRAILLE Y SU ESCRITURA PARA CIEGOS

Louis Braille nació a principios del siglo Diecinueve en un pueblito cerca de París. Su padre tenía un taller de talabartería; fabricaba arneses y otros utensilios de cuero, por lo cual utilizaba afiladas herramientas para cortar y perforar el cuero.
Un día, el pequeño Louis estaba jugando con uno de los punzones de su papá, cuando se resbaló y accidentalmente se picó uno los ojos. Al principio, la lesión no parecía seria, pero la herida se infectó. Pocos días después, el otro ojo se contagió y el niño perdió la vista de ambos ojos.
Los primeros días de ceguera fueron muy difíciles, más poco a poco Louis aprendió a adaptarse y a llevar una vida normal. Fue a la escuela junto con sus amiguitos y le fue bien en los estudios. Era inteligente y creativo y se propuso no permitir que su discapacidad lo frenara en lo más mínimo, pero, al no poder leer ni escribir su nivel como estudiante comenzó a dejar mucho que desear.
Sus padres conocieron de una escuela en París, especial para estudiantes ciegos. No lo pensaron dos veces, aunque ello significara grandes sacrificios, lo enviaron de inmediato, aunque Louis solo contaba con 10 años de edad.
Las condiciones de la escuela eran muy duras. El edificio era húmedo e insalubre y la disciplina era severa. Los alumnos que se portaban mal eran golpeados, encerrados y alimentados con pan duro y agua. Por ello era común que los niños abandonaran los estudios y se dedicaran a lo que fuera posible para sobrevivir, incluso mendigar.
En la escuela para ciegos, los alumnos eran adiestrados en algunos oficios como la fabricación de pantuflas, para que al salir pudieran ser capaces de ganarse la vida. Tan solo les era permitido salir una vez por semana, aunque lo hacían en grupo y atados unos a otros por una cuerda.
La escuela tenía únicamente catorce libros para invidentes. Eran demasiado voluminosos y pesados. Tenían letras muy grandes, realzadas con alambre prensado. A Louis le interesaron mucho, pero eran demasiado difíciles de manejar y leer. Tardaba varios segundos en terminar cada palabra y cuando llegaba al final de la oración, casi había olvidado que qué se trataba el principio. Louis pensó que debía haber una mejor opción.
Tenía que existir una manera de que una persona ciega pudiera sentir rápidamente las palabras de una página, para poder leer tan veloz y fácilmente como una persona con vista. Pero como un método así no existía, decidió buscar la forma de realizarlo.
Louis Braille, nuestro jovencito de esta historia, había aprendido desde pequeño a tocar el cello y el órgano. Incluso fue organista en varias iglesias de París. Era muy inteligente y creativo, por ello confiaba en que lograría encontrar la forma de resolver el problema.
Un día, un soldado visitó la escuela y les llevó a los pequeños ciegos un código alfabético que estaba siendo usado por el ejército francés para enviar mensajes nocturnos de los oficiales a los soldados. Los mensajes no podían ser escritos en un papel, porque el soldado tendría que encender un cerillo para leerlo y esa luz lo convertiría en un blanco fácil para los disparos del enemigo. Por lo tanto, el código consistía en una serie de puntos y guiones que se escribían en relieve sobre el papel, para que los soldados pudieran descifrarlos al pasar sus dedos sobre los símbolos. Una vez que todos comprendían los símbolos, funcionaba más o menos bien.
Louis probó entusiasmado el código. Era mucho mejor que leer los gigantescos libros con grandes letras en relieve. Sin embargo, el código militar seguía pareciéndole lento y engorroso. Los puntos ocupaban mucho espacio en cada página, por lo que sólo cabían una o dos frases. Él sabía que podía mejorar de alguna manera ese alfabeto.
Cuando regresó a casa, en tiempo de vacaciones, tomó uno de los punzones del taller de su padre y afanosamente se dedicó a construir un nuevo sistema de lectura para ciegos. Pasó varios días trabajando en un alfabeto hecho completamente con una base de seis puntos, colocándolos en diferente posición para formar las letras. Y el método funcionó. Aún pasó varios años perfeccionando su sistema, más en 1827, cuando tenía 18 años de edad, fue publicado el primer libro en el sistema Braille.
Louis Braille se convirtió en maestro de la escuela donde había estudiado. Era admirado y respetado por sus alumnos, pero desafortunadamente murió muy joven, a los 43 años, víctima de la tuberculosis. Pero su herencia se ha mantenido para siempre.

EL GRAN TENOR ENRICO CARUSO

Enrico nació en Nápoles, Italia, en 1873. Fue el decimoctavo de 20 hijos de una familia muy pobre. Desde pequeño le gustó el canto; cantaba todo el tiempo y en cualquier lugar, por ello a los nueve años ingresó al coro de su parroquia. Aquello era dicha y felicidad, solo que tuvo un conflicto con un compañero, que llegó hasta los golpes. Después vino el director a sancionar al par de chiquillos. Enrico al parecer no estuvo muy de acuerdo y mostró su rebeldía. Fue llamado su padre para exponerle la queja, y este, con esa autoridad propia de los padres chapados a la antigua, le exigió a Enrico que se arrodillara y besara los pies del padrecito que dirigía el coro. Enrico no aceptó pasar por esta humillación, huyendo de inmediato de ahí, prefiriendo quedar fuera de aquél amado coro de niños.
Los conflictos con su padre eran cosa de rutina. Más con su madre siempre se sintió protegido. Su padre lo puso a trabajar en el oficio de la familia: la mecánica, pero al fallecer su madre, Enrico decidió dedicarse exclusivamente a cantar, cosa que acarreó la furia de su padre y terminó por correrlo de la casa. Logró entonces el apoyo del maestro Gug-lielmo Vergine, quien le dio su primera educación musical formal. Después de tres años de estudio y preparación, hizo su debut operístico en el Teatro Nuovo de Nápoles. Fue así como a los 21 años surgió la gran figura de Enrico Caruso.
La fama le acompañó prácticamente desde el primer día. Pronto pisó los escenarios de Moscú, San Petersburgo, Buenos Aires y la afamada Scala de Milán.
El año de 1901, participó en El Elixir de Amor, pero su actuación fue recibida con bastante frialdad por el público napolitano, por lo cual Enrico Caruso juró no volver a cantar nunca en Nápoles, su ciudad natal... ¡Y cumplió su promesa!.
El reconocimiento mundial llegó después de que cantó "La Bohemia" en Monte Carlo , así como "Rigoletto" en el Covent Garden de Londres y la Metropolitan Opera House de Nueva York. En este último escenario se presentó durante 18 temporadas consecutivas, ofreciendo 607 funciones de 37 óperas diferentes. Su última aparición pública fue precisamente en ese teatro, el 24 de diciembre de 1920.
Enrico Caruso era todo un profesional y solamente canceló dos funciones en toda su carrera, pese a tener graves problemas de salud. Padecía de una enfermedad pulmonar que lo llevó a la muerte en 1921, a los 48 años.
Grabó aproximadamente 200 fragmentos de ópera y canciones; muchas de estas piezas siguen publicándose, un siglo después de haber sido grabadas. Sus grabaciones, aunque bastante rústicas y deterioradas, siguen vendiéndose en todas las principales ciudades del mundo.

UN VASO DE AGUA PARA TERRY

Terry Schiavo tenía sobrepeso, así que decidió evitar en todo lo posible los alimentos. Por desgracia cayó en la terrible bulimia. Acudió a una clínica para ser atendida pero los médicos se equivocaron. No diagnosticaron una deficiencia de potasio y su negligencia desembocó en un paro cardíaco. Como consecuencia de ello, su cerebro se daño al no recibir por algunos minutos la debida oxigenación. Y esto desembocó a que Terry entrara en lo que llaman un “estado vegetativo”. Era el año de 1990. Y las esperanzas de una recuperación fueron prácticamente nulas.
Los años pasaron y Terry no dio el menor indicio de volver a la normalidad. Su esposo, como suele suceder en muchos de estos casos, rehizo su vida: se buscó otra mujer y con ella formó nueva familia. Aunque legalmente Terry continuó bajo la custodia de su marido. Pero tal y como sucedieron las cosas, conforme fueron pasando los años, que de tantos que pasaron sumaron hasta 15, Michael Schiavo, ex-esposo de Terry, se cansó de la obligación y emprendió un juicio legal para desconectarla de la máquina que la mantenía con vida. Su alegato era que alguna vez Terry le había manifestado que de llegar a un estado así, ella prefería la muerte.
¿Sería cierto esto?... ¿o lo único que pretendía era librarse para siempre de aquella mujer que ya le estorbaba en su vida?
Los padres de Terry, gente muy religiosa, se enfrascaron en un pleito legal con el yerno, que llegó hasta alturas insospechadas. La prensa tomó la nota y fue conocida ampliamente a nivel mundial. Intervino el Vaticano, el presidente Bush, y presionaron muchas organizaciones civiles y religiosas para que se respetara la vida de Terry. Pero Michael logró que los jueces de Florida fallaran en su favor. Y se ordenó que la enferma fuera privada de todo alimento, inclusive de agua, para provocar de esta manera el fatídico desenlace.
Mientras los padres de Terry desesperados acudían incluso hasta la suprema corte intentando apelar la sentencia, afuera del hospital una multitud gritaba protestas y acusaba de criminales a todos los responsables.
Scott Heldreth estaba con su familia viendo el televisor, cuando pasaron un reportaje sobre lo que estaba sucediendo con Terry. Joshua, su hijo de 10 años, le pidió a su padre que fueran a llevarle de comer. Scott sonrió benevolente y le explicó a su pequeño que aquello era imposible. La policía custodiaba el ingreso al hospital y no podían acercarse a Terry de ninguna manera. Más Joshua insistió tanto que su padre aceptó llevarlo al hospital, al menos para que se uniera a todos aquellos manifestantes que estaban en contra de la sentencia de muerte que se le había aplicado a Terry.
A las afueras del hospital había más gente de lo previsto. Familias enteras con pancartas gritaban protestas sin cesar. Scott ni cuenta se dio cuando Joshua se perdió entre la muchedumbre. Desesperado lo buscaron, pero el chiquillo había desaparecido. Poco después lo vió. Un grupo de policías lo sacaron del hospital esposado y lo subieron a una patrulla. Su delito... intentó pasar con un vaso de agua a la habitación de Terry.
Joshua fue obligado a redactar una carta de disculpa y a cumplir con 25 horas de servicio a la comunidad. En cuanto a Terry, después de casi dos semanas sin agua, ni alimentos, expiró.
Al parecer el único motivo que llevó a su marido a solicitar que fuera privada de la alimentación, fue que si se divorciaba de ella, perdía la mitad de los bienes, mientras que si Terry moría él se quedaba con todo

EL NIÑO Y EL CHIMPANCÉ

El año de 1931, el psicólogo norteamericano Winthrop Niles Kellog, tuvo, según él, una brillante idea. Adoptó un chimpancé de siete meses al que llamó Gua, y lo integró a su familia como un miembro más. Esto quiere decir que sus intenciones no eran que Gua fuera una mascota, sino un auténtico hijo. La idea de Winthrop era comprobar científicamente la evolución paralela de dos criaturas en su propia casa: su pequeño hijo Donald, de tan solo diez meses y el chimpancé de siete.
De esta forma, el niño y el simio fueron criados como si fueran hermanos, sin diferencia: se les trataba igual, con idéntico afecto, usaban la misma ropa, cucharas, platos, juguetes y todo lo que es propio de un niño.
El chimpancé tardo menos que el niño en aprender a comer con cuchara y a no mojar los pañales. Al final el niño comenzó a imitar a Gua y a los 14 meses emitía una especie de ladrido para indicar que tenía hambre. Lamía los restos de comida del suelo y al año y medio comenzó a mordisquearse los zapatos.
A los 19 meses, edad en que los niños saben decir medio centenar de palabras, Donald solo pronunciaba seis. Pero las complementaba con una serie de gruñidos, gritos y ladridos que había aprendido del chimpancé..
Al darse cuenta el psicólogo que en muchos aspectos el chimpancé superaba al niño, y que este tenía un nivel muy inferior en desarrollo respecto a los demás niños de su edad, decidió terminar con el experimento y echó el chimpancé fuera de casa.
Afortunadamente el experimento no trastornó el desarrollo del niño: décadas más tarde Donald se licenció en Medicina por la Universidad de Harvard con buenas calificaciones.

DONANDO EL CABELLO AL DIOS VISHNU

Al sur de la India, en la ciudad de Tirupati, hay un templo dedicado al dios Vishnu. Cada día recibe la visita de, aproximadamente, 50,000 peregrinos, número que se incrementa al doble en las fiestas especiales, lo que ha convertido a este templo en un centro de peregrinación religiosa tan importante como La Meca, Jerusalén o el Vaticano.
Los fieles acuden masivamente al templo con la intención de agradecer o solicitar favores a la venerada imagen de Lord Shri Venkates-wara, una de las reencarnaciones de Vishnu, que junto con Brahama y Shiva conforma la trinidad suprema de la religión Hindú.
Cuenta la leyenda que cuando Venkates-wara organizó sus bodas con la diosa Padma-vathi, quedó tan endeudado, que Kubera, tesorero de los dioses, le estableció que el monto del préstamo, más los intereses, deberían ser pagados durante cientos de generaciones por los siglos venideros.
Por ese motivo, llegan los peregrinos con su donativo de dinero en efectivo, joyas o flores, como parte fundamental de su vista al templo. Ya que con ello ayudan a su dios a cubrir la deuda, y además logran obtener sus favores.
Pero hay que recordar que en La India, existen alrededor de 400 millones de personas que viven en la absoluta pobreza, por ello dan como donativo su pelo. Sí, así como lo escuchó, el que no tiene nada va con los peluqueros del templo a que lo rapen, para ofrendar su pelo a su dios endeudado.
El templo cuenta con 600 peluqueros que trabajan en 18 habitaciones destinadas para este fin, y trasquilan diariamente a un promedio de 25,000 fieles, en turnos ininterrumpidos de 24 horas.
El libro Guinness de los records, atestigua una marca máxima registrada en este lugar, de 72,000 personas rapadas en 24 horas. Y se recolecta cada mes hasta 18,000 kilos de pelo humano.
¡Y que hacen con todo el cabello recolectado?. Hay empresas que entran a la subasta pujando por los lotes disponibles. Gracias a la venta de pelo, el templo recibe anualmente como 7 millones de dólares, una cantidad realmente raquítica si se toma en cuenta que recibe por concepto de ofrendas y donaciones cerca de los 100 millones de dólares anuales. Siendo el santuario más rico del mundo.
Este dinero, además utilizarse para atender las necesidades elementales de los peregrinos, sostiene cinco hospitales, doce colegios, una leprosería e instituciones de caridad.
El cabello indio es vendido a industrias de China y Europa, para elaborar pelucas y todo tipo de aplicaciones, mismas que luego son adquiridas por el público en general en salones de belleza y establecimientos de Estados Unidos y Europa.

SARAH WALKER, MILLONARIA HIJA DE ESCLAVOS

Sarah tenía siete años de edad cuando quedó huérfana. Sus padres fueron esclavos, y una vez que obtuvieron la libertad, su vida no cambió demasiado, porque siguieron trabajando y viviendo en la miseria como antes. A la muerte de sus padres, la niña se fue a vivir a casa de su hermana, intentando escapar de la fiebre amarilla, causante de la muerte de sus progenitores. Se consiguió un trabajo como sirvienta, pero su cuñado era un tipo nefasto que la maltrataba y abusó de ella, por ello, a los 14 años se casó con el primero que le cerró el ojo. Con este hombre tuvo una hija que nació el 6 de junio de 1885. Su marido no fue nada extraordinario, pero al menos le dio una vida aceptable; por desgracia murió a los dos años de haberse efectuado el matrimonio. Y al aparecer por su casa nuevamente los problemas y la miseria, decidió irse con todo y su criatura a St. Luís donde sus cuatro hermanos trabajaban como peluqueros. Se instaló en casa de uno de ellos y trabajaba lavando ropa, o como sirvienta, ganando muy poco al día, pero ahorró todo cuanto pudo para darle educación a su hija.
Unas mujeres la invitaron a pertenecer a una asociación religiosa, y ella aceptó, sin imaginar siquiera que ahí cambiarían su forma de ver el mundo. Sarah se comportaba como hija de esclavos: siempre sumisa, callada e intentando pasar inadvertida. Pero esas mujeres le enseñaron a vivir con libertad, y a ella le gustó esa forma de pensamiento.
En 1890, Sarah comenzó a padecer una enfermedad del cuero cabelludo que le hizo perder la mayoría del pelo. Comenzó a experimentar cuantas lociones capilares, remedios caseros y medicinas encontró en su camino. Se volvió toda una experta, y fue entonces cuando se convirtió en agente de ventas de remedios y cosméticos. Pero esto no fue por mucho tiempo, porque se dio cuenta que quien se llevaba las ganancias era el patrón, así que decidió fundar su propia empresa. Y como por esos años volvió a contraer matrimonio, su primer producto salió con el nombre de Hair Grower de la Señora Walker. Realizado con una fórmula que, según decía, le había sido revelada en un sueño.
No tenía agentes de ventas, así que ella hacía el producto y luego iba de puerta en puerta ofreciéndolo a las amas de casa. El cosmético fue toda una sensación entre las mujeres de raza negra, porque en ese tiempo no había productos de belleza para las mujeres negras.
Poco tiempo después ya tenía todo un equipo de producción y ventas. Más de 1000 mujeres trabajaban de casa en casa como sus representantes, siendo la primera en tener una compañía de este tipo.
Dedicaba gran parte de su tiempo a idear estrategias de ventas y comercialización. Colocó anuncios en publicaciones dirigidas a la gente de color, realizaba reuniones de demostración de producto, otorgaba incentivos por ventas y un sin fin de cosas más. En 1908 construyó su planta de producción en Pittsburgh, además abrió una escuela para instruir a sus representantes sobre el tratamiento del cabello. Dos años después construyó otra nueva planta en la Indianápolis, junto con otra escuela de entrenamiento. Para ese entonces su equipo de ventas trabajaba en una tercera parte del territorio norteamericano. Y le iba tan bien, que se mostraba muy generosa realizando donativos a instituciones de beneficencia.
En 1916 instaló sus oficinas generales en la ciudad de Nueva York, dejando a cargo de su hija y un antiguo maestro de escuela, el manejo de otros sectores del negocio. Todo iba viento en popa. El negocio prosperaba como nunca. Pero algo comenzó a inquietar su corazón: eran tantos los ultrajes que recibían los negros, que se involucró en la lucha social. Apoyó en todos los sentidos a una asociación que luchaba por la igualdad de razas. En julio de 1917, cuando una multitud blanca asesinó a más de tres docenas de negros en St. Louis, Sarah Walker organizó un grupo de protesta que se presentó en la Casa Blanca exigiendo justicia e igualdad.
Sus negocios continuaban con un crecimiento insólito, y ella organizó a sus agentes en clubs que trabajaban tanto a favor de la empresa como de la actividad social. Fue la primera en realizar una enorme convención nacional de mujeres en Los Estados Unidos. Ahí recompensó el esfuerzo de sus vendedoras y animó el activismo social. Aún se recuerda su frase “éste es el país más grande bajo el sol. No debemos jamás abandonar nuestro amor a esta tierra, nuestra lealtad a la Patria y nuestra protesta contra el mal y la injusticia”.
Alguna vez le preguntaron cuál era el secreto para hacer una empresa de tan enorme magnitud. Ella contestó con toda franqueza que todo era cuestión de tenacidad y perseverancia, fe en Dios, hacer productos de calidad y repartir honestamente entre todos los trabajadores las ganancias del negocio. Creía firmemente que quien no reparte lo ganado entre sus colaboradores, jamás logrará un éxito completo. Además agregaba que hay que estar siempre dispuesto a enfrentar hasta lo que parece imposible.
Sarah Walker murió a la edad de 51 años el año de 1919. Para ese momento ya era considerada la mujer de color más rica de la Unión Americana, su negocio estaba valuado en varios millones de dólares. Y su hija heredó la fortuna y el talento para manejar los negocios, dando continuidad a la gran obra iniciada por Sarah.
En 1998 el servicio postal norteamericano editó un timbre en su honor, y hasta existe un teatro, realizado con donativos de su fundación, para el fomento de las artes afro-americanas.

GEORGE BRUMMEL, EL REY DE LA ELEGANCIA

El padre de George Brummel acumuló una pequeña fortuna como secretario de un aristócrata. Cuando murió su progenitor, el joven George comenzó a dilapidar la herencia comprando finas vestimentas: camisas, corbatas, sombreros, guantes y bastones.

Un día, en un negocio de moda, en el Green Park de Londres, George Brummel se encontraba hablando con la propietaria cuando llegó el príncipe de Gales acompañado de la marquesa de Salisbury. El príncipe, que siempre había querido ser conocido como el primer caballero de Europa, miró con admiración y envidia e Brummel, deslumbrado por su elegancia; con una impecable corbata, elegante casaca, chaleco y pantalón perfectamente cortados y unos brillantes zapatos de punta afilada, en estricto apego a la elegante moda europea.

El pobre príncipe de Gales era gordo, y gastaba miles de libras en su vestimenta y los accesorios correspondientes; incluso se dice que poseía, entre otras cosas, quinientos portamonedas.

En cambio George Brummel era alto y bien plantado, con un a apariencia tan refinada y elegante, que el príncipe de Gales quiso tenerlo como amigo, seguramente para ver que le aprendía, aunque esto provocó el estupor de la aristocracia londinense, quienes pronto lo vieron como invitado a las más exclusivas reuniones de la realeza.

Por supuesto que su elegancia llamó la atención de los caballeros aristócratas y enseguida fue copiada.

George Brummel pronto fue llamado “El rey de la elegancia”. Cuidaba hasta el más mínimo detalle de su apariencia. Tardaba más de dos horas en vestirse, y era, según dicen, todo un espectáculo ver como se arreglaba. Se probaba una camisa, luego otra y otra más, hasta que daba con el tono exacto que combinara a la perfección con el resto de su indumentaria.

Ponerse la corbata era el punto culminante de su maniática obsesión por lo perfecto. Las corbatas de entonces consistían en unas largas tiras de tela que daban varias vueltas alrededor del cuello y se dejaban caer sobre el pecho en forma negligente. Para Brummel no era cosa sencilla. Intentaba colocarse el accesorio entre quince y veinte veces. Cada vez que la operación no resultaba de su agrado, arrojaba con enfado la corbata al suelo y se procuraba otra. Cuando por fin quedaba complacido, miraba con desprecio la gran cantidad de corbatas esparcidas por el suelo y decía:

- ¡Hay que ver cuántos errores se cometen!- refiriéndose a otros que se ponen lo primero que tienen a la mano.

Si bien Brummel era grande en su elegancia, su vanidad le hacía rallar en la impertinencia. Y su falta de tacto le llevó a la perdición.

Un día que estaba en compañía del príncipe de Gales y unos amigos tomando café, después de una suculenta cena, Brummel le dijo al príncipe como si fuera una orden y sin el más mínimo respeto: “Gales, llama a uno de los criados”.

Aquél día seguramente el príncipe no estaba muy de buenas, o ya estaba cansado de sus impertinencias, así que llamó a un criado y cuando lo tuvo delante le dijo:

- Acompañe al señor Brummel a la puerta, en este momento se retira”.

Ese fue el principio del fin. Desprovisto del favor del príncipe, Brummel tuvo que afrontar a sus acreedores, que se lanzaron como fieras sobre él. Se dice que en diez años había gastado más de un millón de libras (de aquella época), en corbatas, pantalones y casacas. Sus muebles fueron subastados y tuvo que huir de Inglaterra dirigiéndose a Caíais, en Francia.

Allí vivió un tiempo gracias a préstamos que sonsacaba de algunos ingleses que visitaban Francia. Se levantaba a las nueve y, según su costumbre, tardaba dos horas en vestirse. Salía a pasear como si estuviese en Londres y, acostumbrado a la buena comida, se hacía servir una opípara cena. Pero la cosa no duró. Cada vez se iba hundiendo más en un océano de deudas. Uno de sus antiguos amigos consiguió que se lo nombrase cónsul de Inglaterra en Caen.

Aunque sus ingresos eran modestos, continuó haciendo su vida de antes. Los acreedores volvieron a surgir y se lanzaron sobre él cuando fue destituido de su cargo. No pudo comprarse más ropa. Un sastre, movido de compasión y respeto por quien había sido el rey de la elegancia, le arreglaba bien que mal y gratuitamente los vestidos que le quedaban.

Parecía que no podía caer más bajo, pero en mayo de 1835 fue detenido por deudas y conducido a la cárcel. El duque de Beaufort y lord Alvanley se enteraron en Londres del suceso e inmediatamente le ayudaron a recobrar la libertad.

Cuando salió de la cárcel, Brummel ya no era ni una sombra de lo que había sido. Perdía constantemente la memoria y se alojó en una pequeña habitación de hotel de tercera o cuarta clase. Allí pasaba horas enteras sin moverse de su habitación. Un día una inglesa de la que no se conoce el nombre se presentó en el hotel preguntando por Brummel y alquiló una habitación que daba a la escalera para verlo pasar. Lo que vio fue un hombre de cara idiotizada, hablando consigo mismo y vestido pobremente. Cuando el dueño del hotel subió a ver qué quería la señora en cuestión, la encontró llorando sentada en un sillón. Probablemente era una de tantas admiradoras que Brummel había tenido en Londres.

Su razón fue declinando. Varias veces los ocupantes del hotel lo vieron tomar sillas de los corredores que trasladaba a su cuarto. Las ponía arrimadas a la pared, encendía unas velas y solemnemente abría la puerta de su habitación dando paso a personajes de la realeza que supuestamente venían a visitarlo. Más al rato despertaba de su delirio y mirando las sillas vacías se derrumbaba en el suelo sollozando.

Al final terminó sus días en un manicomio, donde falleció el 24 de marzo de 1840.