domingo, 17 de julio de 2011

AMEN-RA LA PRINCESA EGIPCIA

Cuatro jóvenes ingleses adinerados, fueron a Egipto a finales de la década de 1890. En aquella época aún era algo demasiado aventurado el adentrarse por las exóticas tierras de norte de Africa. Era un privilegio que solo los aventureros o gente de dinero podía concederse; y ellos estaban en este último nivel.

Las hermosas pirámides llenaron de fantasías su cabeza, haciendo surgir en ellos el absurdo deseo de llevarse algo de aquél extraño mundo a casa. Aunque sabían que lo único que les era permitido era una buena cantidad de souvenir y fotografías. Más de pronto algo insólito sucedió: un extraño personaje se acercó a ellos y les hizo una propuesta muy especial, que cambiaría drásticamente su destino. Les dijo que un grupo de amigos suyos tenía en su poder una momia, misma que estaban dispuestos a vender a un precio bastante razonable, y quizás fuera de su interés.

Los cuatro jóvenes se miraron unos a otros, totalmente incrédulos de la oferta, y decidieron ir con el desconocido a ver “la mercancía”. Y en efecto, un grupo de mercenarios egipcios y franceses habían exhumado clandestinamente algunos tesoros, junto con aquél hermoso sarcófago en cuyo interior había una momia.

Los cuatro británicos se mostraron vivamente interesados en adquirirla, pero siendo tan amigos, y ante lo razonable del precio, decidieron echar suertes, siendo el más joven de ellos quien tuvo “la fortuna” de adquirirla. Desembolsó pues lo convenido e hizo los arreglos pertinentes para que su valioso tesoro fuera trasladado de inmediato a la habitación del hotel donde se hospedaba, pensando en llevarla luego consigo en su regreso a Londres. Tenía en su poder la momia de la sacerdotisa Amén-Ra, a quien luego dieron en llamar la Princesa Egipcia, y con ello se desencadeno una serie de tragedias.

Nadie sabe que pasó, pero los testigos afirman que a media noche se abrió precipitadamente la puerta de la habitación de este joven, y salió corriendo perdiéndose en la oscuridad del desierto.

Al día siguiente fue buscado por sus amigos y un grupo de personas, pero todo fue inútil. El joven británico nunca fue encontrado. Las cosas se complicaron aún más cuando el segundo de los amigos, en el mismo día de la búsqueda recibió un disparo de rifle que le hizo accidentalmente su sirviente egipcio. La herida fue tan grave que tuvieron que amputarle el brazo izquierdo.

Después de estos graves sucesos regresaron a Inglaterra, solo para toparse otro de ellos con que el banco donde tenía depositada la fortuna familiar había quebrado, dejándolo totalmente en ruina.

El cuarto de ellos cayó víctima de una enfermedad muy extraña y prolongada que le hizo gastar todo su dinero y vender sus bienes para gastarlo en médicos y curaciones y cuando finalmente logró recuperarse, no pudo conseguir ni el más mísero empleo, de tal manera que terminó vendiendo cajas de cerillos en la calle.

La momia, a quien se comenzó a culpar de los hechos, fue vendida a un excéntrico comerciante de Gran Bretaña, quien aún conociendo lo que había sucedido no dio crédito a la supuesta maldición que encerraba. Más luego su propia casa se incendió bajo circunstancias muy extrañas y tres de sus parientes cercanos sufrieron accidentes, así que de inmediato se deshizo de la princesa egipcia donándola al Museo Británico. Y pese a la reputación que acompañaba a la dama egipcia, el curador del museo, acostumbrado a desechar leyendas y supersticiones, aceptó de muy buena gana el obsequio.

Y los desconcertantes hechos continuaron sucediendo: el camión de mudanzas en que fue transportada la momia, una vez estacionado y sin motivo aparente, dio marcha atrás y atropelló a un peatón. Uno de los cargadores tropezó y el ataúd le rompió una piedra, mientras que el otro, un hombre de escasos 30 años, falleció dos días después por un infarto.

La momia fue instalada en la Sala de Egiptología del museo. Los guardias comenzaron aquella noche a escuchar golpeteos y sollozos que parecían provenir del interior del ataúd. Todo el personal del museo comenzó a tenerle miedo a la tenebrosa princesa egipcia, al grado que el personal de intendencia se negaba hasta a sacudirla. Pero nunca falta un valentón, quien haciendo burla de todos los cobardes, fue y pasó el plumero con fanfarronería por el rostro de la momia. El castigo no se hizo esperar y dos días después su hijo murió de sarampión.

Ante semejantes hechos, el personal de seguridad y mantenimiento hicieron una protesta ante la dirección, exigiendo que la momia fuese retirada de exhibición. Y curiosamente la petición fue aceptada, ya que mandaron a Amen-Ra, la sacerdotisa egipcia a  las frías bóvedas del museo, bajo la única supervisión del jefe de bodega.

Los hechos continuaron, la maldición llegó hasta uno de los peones que efectuaron la mudanza, quien cayó seriamente enfermo, y el mismo encargado de la bodega fue encontrado sin vida en su despacho.

Un reportero gráfico, conocedor de los rumores, se aventuró a tomar una fotografía de la tapa del sarcófago y cuando la reveló descubrió para su sorpresa y horror que el bello rostro de la princesa, tallado en la parte superior, se había transfigurado en una cara de facciones repulsivas. Aquello le trastornó tanto que entró en una terrible crisis nerviosa que le llevó al suicidio disparándose un balazo en el corazón.

Este último drama colmó la paciencia del director del museo y por ello le vendió la momia a un coleccionista privado.

Su nuevo dueño, muy interesado en las ciencias ocultas, comenzó a sufrir toda una serie de vicisitudes en su vida privada, por lo cual optó por encerrar la momia en el altillo de su residencia. Como los problemas continuaban, decidió invitar a su hogar a la ilustre fundadora de la teosofía, Madame Blavatsky.

La célebre huésped, quien ignoraba que la tenebrosa momia estaba encerrada en el desván, sintió repentinamente un gran desasosiego y le dijo al hombre que había en la casa una tenebrosa presencia. El la llevó por toda la casa, sin confesarle aún de su adquisición, más ella detectó la siniestra momia y le dijo que ella era la causante de todo, que tenía que deshacerse de ella de inmediato.

No faltó cliente para la princesa, un escéptico arqueólogo norteamericano que pagó por ella un precio exorbitante y se embarcó de inmediato con su preciada momia rumbo a Los Estados Unidos. Pero nunca llegó a su destino. El barco elegido fue el famoso Titanic que se hundió en el océano Atlántico el 15 de abril de 1912 luego de chocar con un iceberg. En esta espantosa tragedia perdieron la vida 1502 personas. La momia egipcia se hundió con todas ellas.

viernes, 8 de julio de 2011

CRISTINA ONASSIS, UNA POBRE MILLONARIA

Cuando el sábado 15 de marzo de 1975 falleció el naviero y multimillonario griego Aristóteles Onassis, su hija Cristina pasó a ser la joven más rica del planeta, ya que su acaudalado padre le dejó una fortuna de más de 500 millones de dólares, además de una flota formada por cincuenta y dos barcos, entre balleneros, cruceros y petroleros. Uno de ellos, un yate de cien metros de eslora, llevaba el nombre de Cristina, y era un regalo que su padre le había hecho cuando cumplió tres años de vida.
Aristóteles Onassis llegó a Argentina provisto de tan solo una maleta y doscientos dólares. Y comenzó trabajando de vendedor de fruta, peón de albañil, empleado de una compañía telefónica y lavaplatos de un restaurante donde iba con frecuencia a comer Carlos Gardel.
Onassis era demasiado cuidadoso con su dinero, así que con sus ahorros logró poner una pequeña tabaquería donde vendía tabaco turco de contrabando. Y fue ahí donde inició toda una serie de estrategias fuera de la legalidad para enriquecerse. Plagió una marca muy conocida, bañó con agua salada pacas de tabaco para cobrar indemnizaciones del seguro y hacía cuanta triqueñuela se le venía en mente para acumular dinero.
Con el tiempo se convirtió en cónsul británico, posición que aprovechó para desviar sustanciosas sumas de dineros oficiales hacia sus negocios privados.
En tiempos de la segunda guerra mundial, compró barcos a precios ridículos y comenzó a negociar con petróleo, incrementando escandalosamente su fortuna día a día.
Ya como todo un gran magnate petrolero, realizó una fuerte inversión en Montecarlo y de nuevo incrementó su fortuna. Era todo un experto en amasar dinero.
De uno de sus tantos amoríos, Aristóteles tuvo un par de hijos, Alejandro y Cristina. Más su heredero falleció en un accidente de avión el año de 1973, por lo cual a la muerte de Onassis, pasó toda la fortuna a manos de su hija Cristina. Ella apenas tenía 24 años.
Su madre había muerto, su hermano también, así que era una huérfana poseedora de una inmensa fortuna.
Cristina tenía la desgracia de parecerse físicamente a su padre, era demasiado obesa, e intentaba enmascarar su desproporcionado cuerpo con ropas muy caras y valiosas joyas. Más siempre se sintió fea y esto la sumía en total depresión.
Antes de la muerte de su padre, cuando tenía tan solo 20 años se casó con un “don nadie”, pero el matrimonio tan solo duró seis meses. Tres meses después de la muerte de su padre, contrajo segundas nupcias con Alejandro Andreadis, heredero de una buena fortuna. Pero pronto se aburrió de él y se divorció. Pocos meses después se casó con un agente de la KGB, más pronto también decidió abandonarlo, dándole como indemnización un buque petrolero y suficiente dinero para pasar bien el resto de su vida.
Pese a su enorme fortuna la joven Cristina se convirtió en una alocada personalidad internacional adicta a toda clase de drogas. Bebía hasta 30 botellas de Coca Cola al día, bebida que le servía para tragarse puños de barbitúricos. Para colmo de males era una adicta sexual, por lo cual pagaba a los hombres para que la llevaran a la cama.
En 1980 realizó un intento de suicidio encontrándose en Nueva York. Y en 1985 se casó por cuarta vez con Thierry Roussel, el padre de su hija Athina. A pesar de que Roussel era hijo de un rico empresario, cuando Cristina le solicitó el divorcio lo indemnizó con 75 millones de dólares.
En noviembre de 1988 Cristina llegó a Buenos Aires, y fue a visitar a una amiga llamada Marina Dodero. Se quedó a pasar la noche con ella. Al día siguiente fue encontrada sin vida en el baño. Dicen que se quitó la vida tomando una sobredosis de barbitúricos.
Qué triste debió de ser la vida de Cristina. Un poco antes de morir había dicho: "Soy tan pobre que solo tengo dinero...".

sábado, 2 de julio de 2011

LA FORTALEZA DE ALAMUNT

Alamut, era una grandiosa fortaleza, que se encontraba en medio de los montes de Elburz, al norte del actual Iran, no muy lejos del mar Caspio, donde el terreno árido y desolado se convierte en agrestes cordilleras y valles recónditos de una naturaleza exuberante. Al sitio se le conocía como “el nido del águila”, y era un lugar prácticamente impenetrable. Enormes paredes verticales de cientos de metros de roca impedían cualquier intento de acceder a la fortaleza por otro camino que no fuera el angosto pasadizo que llevaba a la puerta principal, siempre resguardada por fieles seguidores del que fuera conocido como “El Viejo de la Montaña”.
Se llamaba Hassan Ibn Sabbah, un líder fanático de la fe ismaelita cuyo corazón se encontraba lleno de odio y sed de venganza. Tiempo atrás había jurado vengarse algún día del visir Nizzam, debido al cual Hassan había perdido el favor del sultán. Y este turbulento sentimiento le llevó a reclutar jóvenes de los míseros pueblos de la comarca para fundar su imperio. Estos jóvenes se sometían absolutamente a su voluntad, el cual los entrenaba e inflamaba en la defensa de su fe, con promesas de un paraíso que podía mostrarles en vida.
Hassan había construido en su fortaleza el jardín más hermoso del mundo. Tenía toda clase de frutos, alrededor de los más hermosos palacios de la tierra, llenos de pinturas de animales y pájaros.
Había cañerías que fluían algunas con agua, otras con vino y otras con miel. El sitio era atendido por hermosos muchachos y muchachas que sabían tañir, cantar y bailar. Ahí solía llevar a pequeños grupos de sus seguidores para que conocieran lo que era una pequeña parte del paraíso. Tan solo llevaba a tan hermoso lugar a aquellos jovencitos destinados a una misión importante. Días antes de partir, Hassan drogaba a los elegidos sin que se dieran cuenta y los trasladaba en trance hasta su réplica secreta del paraíso. Eran recibidos por las doncellas que los acompañaban con cantos, placeres y diversiones, de modo que tras aquella deslumbrante experiencia, estarían dispuestos hasta dar la vida con tal de volver al paraíso, ya que sabían que la muerte sería su ingreso directo a aquél portentoso sitio de maravillas.
Los sarracenos de la comarca creían verdaderamente que ése era el paraíso. Por ello se convirtieron en los más temidos asesinos de la región. El primero en caer ante aquélla turba de fanáticos fue Nizzam-el-Molk, de quien Hassan había jurado vengarse, luego le siguieron muchos otros poderosos, en una espiral de atentados que se multiplicaban con los años, a medida que se ganaban más adeptos para la causa ismaelita.
El terror se expandió por toda Persia y dice la leyenda que el mismo Omar Khayyam, el ilustre poeta, llegó un día hasta los pies de Hassan con la intención de hacerle desistir de su locura. A pesar de que Khayyam y Hassan habían sido amigos en su juventud, no logró doblegar las perversas ideas de “El Viejo de la Montaña”. Khayyam se retiró de Amat y jamás pudo despejar la profunda tristeza y desilusión que le embargaba, al ver un mundo que enloquecía a su alrededor.
Parecía que nada podía detener la terrible máquina de terror que venía de aquellas montañas malditas. Hasta que un día llegó un enemigo más poderoso y terrible: los mongoles. El año de 1277 sitiaron la grandiosa fortaleza. No podían acceder a ella, así que sencillamente se quedaron rodeándola hasta que cayera. Se acabaron los frutos, se secaron los jardines, se agotaron las provisiones y llegó el hambre y la enfermedad. El hermoso paraíso terrenal se convirtió en sitio de basura y podredumbre. Fue por ello que Hassan un día abrió las puertas y cayó desfallecido ante sus enemigos quienes ahí mismo le dieron muerte.

COSAS DE LAS AVES

Las personas que se han dedicado al estudio del comportamiento de las aves, han descubierto aspectos muy curiosos. Dicen que las gaviotas ponen huevos moteados, y entre más manchas tengan estos más los aprecian. Si se sacan todos los huevos de su nido y los colocan a un lado, la gaviota se esforzará en meter primero el más moteado de ellos e irá progresivamente introduciéndolos dejando al final el que menos manchas tenga. Se ha colocado fuera de sus nidos huevos ficticios cuadrados o cónicos y de igual manera los meten a sus nidos y tratan de empollarlos, la única condición es que estén llenos de manchas. Sin importarles siquiera el tamaño o la forma de los mismos.
A los pájaros de la costa, llamados ostreros, les gustan los huevos grandes. Si se coloca junto a su nido un huevo de gallina o incluso de avestruz, desecharán los propios y trataran de meter al nido y empollar el que se les ha proporcionado. Se considera que esta actitud se debe a que los huevos grandes tienen mayor posibilidad de supervivencia que los huevos más pequeños.
Cuando se deja a las palomas hembras conviviendo sólo con otras hembras no ponen huevos. No obstante, si las hembras tienen cerca un macho, aún cuando esté se encuentre tras de un vidrio y jamás lleguen a tener contacto, la hembra pondrá huevos, como una muestra coqueta de fertilidad.
La mayoría de los pájaros dejan de poner huevos después de acumular cierta cantidad en el nido. El gorrión, por ejemplo, jamás pone más de cinco. No obstante, si se retiran los huevos conforme los va poniendo, la avecilla seguirá haciéndolo hasta haber puesto unos cincuenta huevos, lo que agota la capacidad de sus ovarios. Esta misma conducta se da en las gallinas y es la base de la industria del huevo. Extrañamente las aves jamás reparan en los huevos perdidos, por ello no hacen el más mínimo intento de protegerlos.

EL INCENDIO DE ROMA

Cuentan que Nerón, uno de los más polémicos emperadores de Roma, incendió la ciudad en el año 64, por una mera ocurrencia de diversión. Aquél incendio, que hoy es considerado el más famoso de la historia, arrasó con gran parte de la ciudad. Y mientras la gente corría aterrorizada intentando salvar sus vidas, el emperador se vistió con un vistoso traje de músico de anfiteatro y con un instrumento semejante al arpa, ejecutó el hermoso poema musical ilou persis, mientras reía como un poseído.
Esta leyenda, que hoy se da como verdadera, nació a partir de los escritos de Seutonio y Dion Casio quienes, paradójicamente, todavía no habían nacido durante el tiempo del incendio. Los expertos en este tema jamás se han puesto de acuerdo sobre la veracidad de los hechos, no obstante si tomamos en cuenta a los historiadores romanos Tácito y Plinio el Viejo, quienes fueron contemporáneos del siniestro, se puede deducir que esta leyenda es apócrifa, e incluso nos hacen saber que Nerón ni siquiera se encontraba en Roma, ya que estaba en la ciudad de Antium. Así mismo, y en contraste con la leyenda popular, según Tácito, al enterarse del incendio Nerón fue rápidamente a la ciudad a organizar el combate al fuego, abrió las puertas del palacio a quienes perdieron sus casas y ordenó la repartición de comida entre los ciudadanos para evitar la hambruna.
Los daños fueron cuantiosos: el incendio destruyó parte de la zona del Circo Máximo, el palacio personal de Nerón, el Templo de Vesta y el Templo de Júpiter así como la destrucción de 4 distritos y el daño extremo a otros 7. Peor aún fue la destrucción de la zona comercial de Roma, por lo que el daño económico resultó aún mayor que el material.
Tras el incendio, numerosos rumores sobre la autoría comenzaron a desperdigarse por toda la ciudad. Y para evitar ser considerado el actor intelectual del mismo, Nerón hizo recaer la culpa sobre los cristianos. Como castigo, mandó tirar a muchos de ellos a los perros y crucificó a docenas. Luego hizo recoger los escombros y se dedicó a construir magníficos templos, entre ellos un nuevo palacio, el Domus Aureus. A causa de esto, posteriormente nacería la leyenda que dice que Nerón causó el incendio, para justificar la construcción de nuevos templos y su palacio.