jueves, 22 de diciembre de 2011

LA ZONA DEL SILENCIO

En el vértice fronterizo que se forma con los estados de Durango, Coahuila y Chihuahua existe un lugar llamado la Zona del Silencio. Se trata de una sucesión de montañas y planicies áridas que constituyen uno de los sitios más misteriosos y mágicos de nuestro país. Alguna vez en el tiempo, esta gran extensión de tierra estuvo bajo las aguas del llamado Mar de Thetis, y por ello es posible encontrar muchos fósiles marinos en la zona y fósiles de dinosaurios.
Curiosamente también en la Zona del Silencio, existen áreas con gran concentración de fragmentos de aerolitos; nadie puede explicarse el porque caen demasiados en ese lugar. En el lugar habitan especies animales muy especiales, como es el caso de la tortuga del desierto, que posee un metabolismo que no necesita agua , e inverna para protegerse del frío. Hay reptiles únicos en el  mundo y una gran abundancia de nopales de tonalidades violeta. También el lugar es habitado por liebres, conejos, ratones y ratas canguro, zorros, coyotes y búhos, alacranes, venados de cola blanca y pumas. Todos ellos con adaptaciones muy especiales para sobrevivir a las condiciones adversas de la región.
Un amigo que visitó la zona dice que una noche en este desierto le regalo con una visión celeste de lo más extraordinario que uno pueda imaginarse. El cielo muestra sin ningún pudor tal cantidad de estrellas que puede verse perfectamente el lugar con la sola luz de ellas. Y al salir la luna la impresión que se recibe es que esta luna es totalmente distinta a la que uno logra ver en las ciudades. Al grado que al comenzar a salir, mi amigo pensó que se trataba de un incendio que estaba sucediendo en la lejanía.
En un cielo tan limpio y despejado, carente de nubes, porque es rarísimo que llegue a caer lluvia en la zona; es muy fácil ver estrellas fugaces, planetas distantes e incluso los mismos satélites artificiales que giran alrededor de la tierra.
Pero la magia va mucho más allá de lo previsto. El gran misterio que la envuelve comenzó el año de 1963, cuando el ingeniero químico de  Pemex, Harry de la Peña se internó por este desierto para detectar posibles fallas en el oleoducto La Laguna-Chihuahua.
En las inmediaciones del Cerro de San Ignacio pretendió usar el radio para comunicarse a Torreón, sin conseguirlo. Revisó el equipo hasta asegurarse que no había fallas y luego pudo comprobar que la Zona del Silencio posee algunas particularidades, como una gran concentración de hierro en el subsuelo, que genera un campo magnético que hace que brújulas y relojes que no son antimagnéticos, se vuelvan locos.
El Instituto de Investigaciones de Coahuila decidió estudiar el área y localizar estas franjas de silencio radial que corren de oriente a poniente y en las que el funcionamiento de aparatos radiorreceptores, transmisores o televisores es imposible.
El asunto armó cierto revuelo y acaparó la atención de los Estados Unidos.
El fenómeno no es tan fácil de explicar de manera satisfactoria, hay varios hechos insólitos, que requieren de mucho más estudio científico; por ejemplo el hecho de la caída de un elevado número de meteoritos, de los que han llegado a contarse hasta 38 en tres horas.
La Zona del Silencio es frecuentemente comparada con el Triángulo de las Bermudas, con las Pirámides Egipcias, las Ciudades Sagradas del Tibet, todas localizándose entre los paralelos 26 y 28.
Se dice que hay un lugar muy semejante al otro lado del mundo, en algún lugar del Tíbet o Nepal, y que este par de puntos, tanto el mexicano como el oriental, son polos donde se concentra la energía terrestre. Mucho se dice de la Zona del Silencio. Que es un sitio extraño, místico, y sorprendente. Libros, revistas sensacionalistas, místicos de la nueva era y un sin fin de personas hablan de energías paranormales, ovnis y extraterrestres que rondan la región como si anduvieran de pic nic. Hasta hablan de que hay en la zona una ciudad subterránea bajo el desierto. Por ello muchos han dado en llamar al sitio  La Puerta del Universo.
En 1970, la cabeza de un cohete espacial de la NASA (El athena), sufrió una avería en el sistema de dirección y fue a caer a 6 kilómetros del Cerro de San Ignacio, exactamente en la Zona del Silencio. Algunos dicen que los gringos dejaron caer a propósito la nave en ese lugar, ya que luego, y con el pretexto de recuperar la nave, científicos de la NASA realizaron durante un mes un estudio geofísico del lugar pero la información jamás fue dada a conocer.
Se cuenta que no les fue nada fácil encontrar el cohete, porque los aparatos de radar utilizados no aportaban dato alguno, e incluso el rastreo desde el aire resultó infructuoso.
Cuando al fin fue localizado el cohete, se tendió un tramo de vía férrea desde Estación Carrillo, para llevarse los restos de esa nave.
La población cree que los especialistas no sólo se llevaron el cohete, sino también varias toneladas de arena del desierto, con el pretexto de que estaba contaminada, dejando un daño ecológico irreparable.

LA LECCIÓN DE MI MADRE

Hablando cierto día con mi anciana madre, de pronto, y no sé porqué, me dio por hacerle una buena cantidad de reclamos que surgían de otras tantas cosas amargas que me tocó vivir en la infancia. Ni siquiera podía imaginarme como habría de responderme, y quizás era lo que menos me importaba. Si he de ser sincero, lo único que pretendía era sacar todos aquellos resentimientos que traía cargando conmigo y para los cuales jamás había encontrado una salida.
-¿Porqué fueron tan fríos conmigo?. ¿Porqué nunca me dieron un abrazo?, ¿Porqué jamás me prestaron atención alguna?. Me pasaba días y días con la ropa sucia, como si a nadie le importara, como si nadie me quisiera.
No recibí jamás una caricia, ni una palabra de afecto, ni tuve fiestas de cumpleaños, ni jamás se me felicitó por nada. Solo escuché palabras frías, palabras duras, reproches y regaños.
Fui un niño triste, un niño solo, siempre lleno de frío. Jamás me sentí querido y esto me provocó grandes problemas cuando quise integrarme al mundo. Respondía con agresividad cuando alguien me tocaba, no toleraba las palabras amables, ni aceptaba regalos o favores. Fui durante mucho tiempo un desadaptado, y me costó demasiado logar un poco de equilibrio.
Mi madre escuchó sin decir palabra todas mis quejas. Y poco a poco sus ojos se fueron anegando de lágrimas. Aquella viejita en que se había convertido, aceptó con gran pesar todo el desfile de amargas quejas, y cuando terminé con toda mi monserga (palabra común en casa), carraspeó un poco para aclararse la garganta y con vos entrecortada me dijo: “hijo, que bueno que te haz dado cuenta de todos los errores que tu padre y yo cometimos contigo. Que bueno que haz aprendido que así como te creamos a ti, no es la forma correcta de hacerlo. Nosotros éramos unos  ignorantes, gente analfabeta e inculta. Lo bueno es que nada de eso les va a pasar a tus hijos (!).