jueves, 18 de julio de 2013

VIDA DE PERROS

En la India hay un pequeño estado llamado Jungadh, situado en el norte de Bombay. Esta provincia estuvo gobernada, a principios del siglo XX, por un excéntrico príncipe  que tenía una desmedida afición por los perros. A ellos dedicaba prácticamente todo su tiempo, y según se cuenta tenía más de 500 ejemplares de muy distintas razas.
Era tal su amor por estos animales que les construyó un edificio de apartamentos con electricidad y disponía de un buen séquito de criados para atenderlos. Incluso fue contratado un veterinario inglés para dirigir un hospital, creado exclusivamente para atender a tan peculiar corte canina.
Cuando alguno de los ejemplares fallecía. Se le brindaban todos los honores reales, y se le lloraba cual si fuera uno de los seres más queridos de la corte. El funeral era sumamente fastuoso, llevando un numeroso cortejo para conducir los restos del can hasta su última morada al son de la “Marcha Fúnebre” de Chopin.
Pero el acontecimiento más descabellado de que se tenga noticia en este reino, fue la boda de su perra Roshanara con Bobby, su labrador favorito. El enlace se celebró durante una fastuosa ceremonia a la que fueron invitados príncipes y dignatarios y cuyo cortejo nupcial estuvo formado por más de cincuenta mil personas. Ya se imaginará los preparativos que fueron necesarios para dar de comer, de beber y atender a tan numeroso contingente de invitados.
Los novios, lucieron hermosas galas. Él vestido de seda y con pulseras de oro, mientras ella, peinada y perfumada, lucía costosas joyas. Después de la despampanante fiesta, los recién casados pudieron disfrutar de su noche de bodas en un lujoso apartamento canino construido especialmente para la ocasión.
Cuántos hermanos nuestros no quisieran tener una vida de perros, por supuesto de este tipo.

GABY EL SOLDADO MEXICANO

Lo llamaban Gaby, aunque su auténtico nombre era Guy Gabaldón. Era un chico de la calle que vivía en el barrio este de Los Angeles, ahí donde se concentra la población chicana. No tenía absolutamente nadie que cuidara de él. Era un niño huérfano hijo de inmigrantes mexicanos. Así que pasaba los días como bolerito o haciendo cualquier tipo de trabajo eventual para sobrevivir y por las noches dormía en algún rincón de la calle, ahí donde pudiera resguardarse de las inclemencias del tiempo y protegerse un poco de las pandillas o mal vivientes.

Cuando tenía 12 años, una familia de inmigrantes japoneses, conocedores de su situación, decidieron adoptarlo. Así que Gaby supo por fin lo que era tener una familia y vivir lleno de cariño. Por supuesto que aprendió todas las costumbres de los japoneses y algo que sería de suma trascendencia en su vida: aprendió a hablar muy bien el japonés.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Gaby se enlistó en la Marina de Estados Unidos. Al enrolarse como soldado raso informó a sus superiores que hablaba bien el japonés, por lo cual de inmediato la Marina lo comisionó a la Unidad de Inteligencia Naval R2, destinada al Pacífico.

Su primera labor fue como intérprete e interrogador de los prisioneros japoneses. Más luego le tocó participar en la invasión de las islas Marianas, llegando a la llamada Saipan, la isla principal, estratégico bastión ocupado por Japón.

Los japoneses la defendieron a muerte. Su código de honor les impedía caer presos, por lo cual preferían morir a ser capturados. El ejército japonés había aleccionado muy bien a sus combatientes, haciéndoles creer que si los americanos capturaban a sus familias, a sus hijos, los iban a rostizar y se los comerían. Por ello, cientos de civiles, campesinos y pescadores, se lanzaban desde los riscos de las islas al ver que se aproximaba el enemigo. El propio Gaby fue testigo de cómo los padres de familia lanzaban a sus pequeños al vacío, en una escena que horrorizaría hasta al más desalmado.

La batalla fue tan dura, que durante las primeras 15 horas, hubo un total de 30 mil muertos sumando los de ambos bandos. Ante semejantes  acontecimientos, el comandante de la Unidad temía que hubiera demasiadas bajas, ya que los japoneses nunca iban a aceptar rendirse pacíficamente. Más Gaby se atrevió a realizar algo por su cuenta, aunque esto era demasiado arriesgado.

Realizó una expedición en solitario por Saipan, encontrándose a tres soldados japoneses heridos, que se habían escondido entre varios cadáveres. Al descubrirlos Gaby les ordenó rendirse, gritando en perfecto japonés. Uno de los soldados quiso disparar, pero fue acribillado por Gaby. Los otros dos aceptaron rendirse. Cuando volvió al campamento con los dos prisioneros, en lugar de felicitaciones recibió una magnífica reprimenda de parte del Capitán. Le prohibieron estrictamente realizar incursiones en solitario. Si desobedecía la orden sería arrestado y enjuiciado. Pero Gaby desatendió la orden y a la noche siguiente salió de nuevo regresando con 12 prisioneros. El Capitán se mostró molesto, pero no tomó ninguna medida por su insubordinación. Así que Gaby salió de nuevo la siguiente noche y esta vez regresó con 50. Y casi sin disparar un solo tiro.

¿Cómo lo lograba? Simplemente hablando con los japoneses. Gaby tenía un gran poder de persuasión y hablaba japonés, lo cual era una enorme ventaja. Una mañana acorraló a dos soldados japoneses y los convenció de entregarse. Les dijo que tenían totalmente rodeada la isla, con artillería, barcos y lanzallamas. Les dijo que lo mejor era rendirse, que serían tratados con un código de honor, los tratarían con dignidad manteniéndolos prisioneros hasta que terminara la guerra después de lo cual serían regresados al Japón, sanos y salvos.

Gaby habló y habló y habló. No había necesidad de morir, cuando podían rendirse en condiciones honorables. Y logró convencerlos, pero eso no fue todo. Uno de los soldados japoneses le dijo “Tengo que hablar con mi superior, hay más compañeros en aquella cueva”. Gaby aceptó a que éste volviera a la cueva, mientras él permanecía con el otro soldado japonés allí mismo. Poco después regresó el soldado con varios oficiales japoneses y sus escoltas. Dignos, serios y bien armados. Venían a dialogar.

Le preguntaron a Gaby el significado de su propuesta. Él les ofreció cigarrillos, les pidió que se sentaran para dialogar y les dijo “Mi general admira su valor y ordena a nuestras tropas ofrecer a los sobrevivientes de su intrépida hazaña de ayer entregarse pacíficamente. Serán llevados a Hawai, donde hay hospitales para atender a sus heridos. No debe haber más baños de sangre”. Hablaron durante largo rato y parecía que los japoneses no estaban dispuestos a dar su brazo a torcer, más de pronto aceptaron la propuesta. Regresaron los japoneses a la cueva y Gaby vio como comenzaban a salir soldados. Filas, filas y filas.

Gaby no podía creerlo. Había toda una compañía adentro: cientos y cientos de soldados japoneses armados. La escena era impactante. Ellos eran alrededor de 800, rindiendo sus armas ante un soldado mexicano de tan solo 17 años. Fácilmente pudieron haberlo echo picadillo.

Ningún soldado americano, ni antes ni después, en toda la historia de Estados Unidos ha logrado capturar a tantos enemigos como Guy Gabaldón, el gamoso Gaby. En total fueron 1500, entre civiles y militares, durante aquella campaña en Saipan.

Después de la guerra, su capitán, envió una recomendación al gobierno de Estados Unidos para que le dieran a Gaby la Medalla Congresional del Honor. Más no fue aceptada la propuesta. ¡Cómo dársela a un mexicano!. Pero en cambio le fue entregada la prestigiosa Cruz de la Marina.

Su historia fue llevada a la pantalla en una película llamada “Del infierno a la eternidad”, aunque el papel lo interpretó un gringo: Jeffrey Hunter.

Cincuenta años después Gaby volvió a Saipan. Eran los años ochentas y se instaló en la isla, más luego se horrorizó al ver el alto índice de criminalidad que ahí prevalecía. Por lo cual emprendió un programa para apoyar a la juventud de Saipan y rescatarlos de aquél ambiente de violencia. Hoy su nombre es bien recordado por los habitantes de aquél lugar.

Y pensar que Guy Gabaldón, Gaby, era un niño mexicano que boleaba zapatos para sobrevivir.

EL TRASPLANTE

Hace algunos años un ciudadano chino, de 44 años, fue víctima de un grave accidente que le cercenó el pene, dejándoselo de tan solo un centímetro de largo, lo cual le impedía tener relaciones sexuales y bastantes dificultades para orinar. Aquella situación, ya se imagina usted, el terrible daño psicológico que le provocó al pobre hombre. Más 8 meses después unos atrevidos cirujanos de Cantón, lo sometieron a una nueva intervención para realizarle un insólito trasplante, que hasta ese momento jamás se había llevado a cabo en ninguna otra parte del mundo.  Un complejo trabajo que llevó 15 horas de microcirugía que involucró la conexión de nervios y microscópicos vasos sanguíneos. De esta manera se le logró colocar un nuevo pene proveniente de un paciente con muerte cerebral.
Diez días después fue considerado el trasplante un auténtico éxito, ya que el órgano mostró un adecuado abastecimiento sanguíneo y el hombre era capaz de orinar normalmente. Sin embargo se presentaron problemas totalmente fuera de lugar en el paciente y su esposa. Y, aunque usted no lo crea, aquél pobre hombre regresó al quirófano para que le amputaran el miembro trasplantado, porque sentía como si fuera a hacer el amor con un muerto.
Aunque los médicos que realizaron este exitoso trasplante ya tenían amplia experiencia en otro tipo de intervenciones semejantes, este delicado trabajo los venía a colocar en una muy alta posición profesional, porque jamás se había realizado algo así en el mundo, pero… desgraciadamente descuidaron el aspecto psicológico, que siempre es algo fundamental en este tipo de situaciones.
Jean-Michel Dubernard, un cirujano francés que recientemente cobró gran fama realizando el primer trasplante de cara en una paciente, ocho años atrás llevó a cabo el primer trasplante de mano en un paciente neozelandés de 50 años. Pero el órgano tuvo que amputarse posteriormente porque el hombre manifestó que detestaba aquella mano repulsiva y marchita. El cirujano declaró que este tipo de intervenciones son muy complejas desde el punto de vista psicológico porque no es nada fácil ir por la vida unido a la mano de un muerto.
Tan amarga experiencia le ha llevado al doctor Dubernard, a realizar una preparación de los pacientes durante dos años, con un equipo de psiquiatras y psicoanalistas, que intentan solucionar los problemas que tienen que ver con la imagen corporal de un individuo.
El el caso de la mujer a la que le realizó el trasplante de cara, misma que había sido salvajemente destrozada por un perro, no hubo realmente ningún rechazo, quizás debido a que la mujer antes de la intervención tenía una cara realmente horrible, además que afirma el doctor que el trasplante de una mano o un pene puede tener consecuencias psicológicas mucho más graves, ya que el paciente en todo momento se está viendo la mano, mientras que para verse la cara tiene que recurrir a un espejo.

EL CASAMIENTO AZTECA

Cuando un joven azteca decidía casarse, hablaba con su padre, quien procedía a enviarle regalos al padre de la novia por intermedio de un par de ancianas. Este, rechazaba los regalos manifestando que los presentes no igualaban a la dote de su hija, y esperaba a que volvieran a hacerla una nueva oferta. Así se la pasaban las ancianas, yendo y viniendo hasta que los regalos eran aceptados por el padre de la novia. En ese momento se fijaba la fecha de la boda.
Los padres de los novios debían acudir ante el sacerdote para preguntarle si los dioses estaban a favor del casamiento, si este les contestaba favorablemente, entonces ya se formalizaba debidamente el matrimonio.
Llegado el día de la boda, una de las ancianas cargaba sobre sus hombros a la novia y la llevaba a la puerta de la casa del novio. Ahí se organizaba una gran fiesta donde todo mundo era invitado y se bebía pulque en abundancia.
Después de la boda, la pareja debía ayunar por espacio de cuatro días, y solo después de haber pasado por este período de purificación les era permitido unirse en la intimidad de su nuevo hogar.
Entre los aztecas el divorcio era algo totalmente normal. El hombre podía separarse de su mujer si ésta estaba incapacitada para darle hijos. Mientras que la mujer podía abandonar al hombre si éste no cumplía con sus obligaciones como marido, llevando alimentos y vestido a su casa, o simplemente porque tuviera mal genio. Luego del divorcio ambos podían volverse a casar, tan solo en el caso de la mujer había la restricción de que no podía casarse con un hermano de su ex marido.
A los hombres les era permitido tener relaciones sexuales con otras mujeres, siempre y cuando estas no estuvieran casadas. También existía la prostitución, y era normal que la gente del pueblo entregara sus hijas a la realeza, para que los nobles las convirtieran en sus amantes.

sábado, 6 de julio de 2013

PUEDO PORQUE PUEDO!! (3)

De pronto todo pareció complicarse en mi nuevo proyecto. Pese a que compré una computadora, que según me dijo el vendedor, era la gran cosa, aún así, bajar los videos de la videocámara resultó un desastre. Y todo, según lo supe después fue por culpa de un cable. Más el precio que debía pagar apenas comenzaba.
Una vez con el video listo en la PC, me di a la tarea de probar mi nuevo editor de videos recién instalado. Creía que los tutoriales del YouTube me habían solucionado todo, pero no fue así; el programa apareció ante mí como un monstruo de mil cabezas y no sabía ni por donde comenzar.
Puse el video en la Línea del tiempo y mi corazón se agitaba más de la cuenta; era una extraña mezcla de emoción y nerviosismo. Un momento agridulce que prometía nuevos dolores de cabeza. Y así fue. No pude eliminar el chroma. Lo intenté de un modo, de otro y de otro. Subía los ajustes y los bajaba. Más pese a todos mis esfuerzos, los resultados siempre fueron de lo peor.
Intenté serenarme, pensar las cosas con calma y buscar una buena solución. Salí a caminar un poco, y eso me hizo sentirme mejor, más al regresar a la computadora volvió el estrés a pegarme duro. El chroma no cedió y todos mis resultados fueron un autentico desastre.
Repasé los tutoriales una y otra vez y entonces me di cuenta que había cometido un grave error: había permitido que las sombras se proyectaran sobre la pantalla verde y para colmo de males, los reflectores estaban pésimamente colocados.
Le hablé a uno de mis amigos que trabaja videos y después a otro y luego a otro, pero nadie sabía como enfrentar un chroma. Al final me acorde de otro gran amigo que es Licenciado en Ciencias Audiovisuales. Le explique mi situación y me pidió que le enviara una muestra del video. Poco mas tarde me llamó para decirme: "Mi estimado Domi, lamento decirte que todas las estupideces que se pueden cometer al filmar con un chroma, todas, las cometiste tú".
Aquellas fueron sus primeras palabras y quizás las únicas que escuche con atención, ya que en ese momento sentí que me hundía en la depresión.
El problema no era tan sencillo. Mi amigo me recomendaba que filmara todo de nuevo y me quitara de problemas, porque jamás podría arreglar un video así. Pero yo no podía acatar su recomendación. La empresa le había pagado a los chicos que cantaron ante mi cámara para hacer el tutorial, y una vez terminado su trabajo, si les llamaba de nuevo, había que volver a pagarles esa sesión. Aunque lo peor para mí era el ir con mi amigo, el empresario y confesarle que me había equivocado en todo y que mi trabajo era una verdadera porquería.
Quizás hubiera sido bueno hacerlo, de perdida hubiera ganado en humildad, que buena falta me ha hecho siempre, pero quizás por orgullo o quizás porque jamás me rindo ante nada, volví a la computadora y continué con la lucha. Lo peor de todo es cuando tienes un problema así y ni siquiera sabes manejar las herramientas a tu alcance para resolverlo.
He dado infinidad de cursos motivacionales desde hace más de 20 años y siempre les he dicho a los jóvenes participantes: "NO TE RINDAS!!!, PASE LO QUE PASE, JAMÁS TE RINDAS!!!". Y ahora mis propias palabras llegaban como un eco rebotando en las paredes del tiempo. No debía rendirme. Tenía que resolver el problema a como diera lugar. Y estaba dispuesto a pagar el precio, aunque esto no era cuestión de dinero.
Poco tiempo después llegué ante Don Jaime y le entregué el video. Y como no podía esperar más para saber su opinión sobre mi trabajo, llevé todo en una USB y le mostré los videos en mi lap.
Don Jaime se mantuvo callado mientras los veía. Su mano izquierda sobre la boca parecía contener cualquier palabra que pretendiera escapar antes de tiempo. Mientras, yo sudaba frio. El momento me pareció eterno, aunque la verdad no vio mas que un poco de cada uno de los videos. Y al final levantó los ojos, quitó su mano de la boca y sonriendo me dijo: "Está mucho mejor de lo que pensaba. Te felicito."
Le tendí la mano y me despedí apresuradamente. Quiso extenderme el cheque de pago, pero le dije que luego volvía. La verdad no podía más con todo lo que sentía. Cuando salí de ahí, bajando las escaleras, sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas. Pero estaba feliz. Lo había logrado de nuevo. Una vez más me demostraba a mí mismo que puedo hacer todo lo que me venga en gana. El único requisito es... PAGAR EL PRECIO!!!.