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miércoles, 21 de julio de 2010

EL PUENTE GOLDEN GATE

El afamado puente Golden Gate de San Francisco, es considerado una de las maravillas del mundo contemporáneo. Fue construido por el ingeniero Joseph Baermann Strauss, quien en el curso de su vida intervino en la construcción de más de 400 grandes puentes en todo el mundo.
Cuando Strauss presentó su proyecto a muchos les pareció que era imposible de realizarse o de una dificultad sobrehumana. La idea suscitó vivas y apasionadas polémicas. Ingenieros, hombres de negocios y políticos se opusieron a ella, unos profetizando un desastre, y otros, temiendo un costo exorbitante.
Pese a la oposición de infinidad de personas con gran poder, el puente se realizó siendo inaugurado el 27 de mayo de 1937.
Su construcción representó una de las más grandes victorias contra las fuerzas de la naturaleza.
Y es una obra tan extraordinaria que con la longitud total de los hilos que forman los cables de soporte se podría circundar más de tres veces a la tierra.
Sus torres, en las que están suspendidos los cables, tienen una altura equivalente a la de un rascacielos de 65 pisos. La longitud total del puente es de 2.7 kilómetros y un ancho de 28 metros.
Hasta la fecha han pasado poco más de 700 millones de vehículos por el puente. Y que bueno que aún está ahí. Quizás un buen día nos toque conocerlo.

viernes, 27 de noviembre de 2009

LA CATEDRAL DE DON JUSTO

Justo quiso ser monje, entregarse toda la vida al servicio de Dios, así que ingresó desde muy joven al monasterio soriano de Santa María de Huerta en España, pero poco tiempo después, en el año de 1961, antes de hacer los votos, enfermó de tuberculosis y se vio obligado a dejar la vida religiosa.
Después, cuando logró recuperarse, siguió su vida de campesino, más su corazón seguía obsesionado con Dios. Siendo así como un día surgió la idea de construirle una grandiosa catedral a su Señor y comenzó a vender todo cuanto poseía para iniciar la obra. Pero que sabía justo de arquitectura… nada. Ni siquiera de albañilería, porque él era tan solo un humilde trabajador del campo. Aún así puso manos a la obra. Visitó infinidad de templos, viajó a muchos lugares para conocer las catedrales, leyó cuanto libro se encontró a mano sobre arquitectura y catedrales y con la sola bendición de Dios, inició la construcción de su catedral.
La gente de su pueblo, Mejorada del Campo, cerca de Madrid, lo consideró un loco, un pobrecito deschavetado por la iluminación divina, y Justo se dio muy bien cuenta de lo que pensaban de él, pero no le importó. Vendió hasta la humilde casita que tenía para juntar un poco más de dinerito y se fue a vivir con su hermana, a una casa cercana al terreno que compró para construir su catedral. Desde entonces han pasado 44 años.
Lo que en un principio provocó risa, ahora provoca expresiones de admiración. Ni un solo día Justo ha dejado de trabajar en su obra. Continuamente la ha pasado recorriendo las calles, visitando los basureros, los lugares donde hay alguna demolición, para recoger pedazos de ladrillo, de bloque, fierro, plástico y todo lo que considere util para realizar su obra. Jamás ha tenido el apoyo de la iglesia católica, ni siquiera tiene los permisos correspondientes para construir la obra, pero Justo ha seguido adelante.
Con el tiempo, al ver que la cosa iba en serio, comenzó a llegar un poco de ayuda: una carretilla de arena, un par de sacos de cemento, un puñado de ladrillos y así es como hoy Justo ha levantado una enorme catedral cuya cúpula se alza a 40 metros del suelo. Ya está casi terminada toda la obra negra, hasta luce unas hermosísimas puertas que hace poco le regaló uno de sus tantos admiradores. Sí admiradores, porque ahora Don Justo y su catedral se han vuelto tan famosos, que a diario llega demasiada gente de toda España para contemplar la obra. Y es que debe usted saber que una cierta compañía hizo un comercial para un refresco teniendo a Don Justo como protagonista, así que ahora Mejorada del Campo, se ha convertido en un pueblo atiborrado de turistas que llegan a contemplar la obra.
Mucho se avanzó con los 30.000 euros que este humilde devoto recibió como pago por el comercial realizado y además los turistas depositan en una urna alguna que otra moneda. Así que Don Justo está mucho mejor que antes. Su catedral, aunque inconclusa luce demasiado original y hermosa. Hecha con chatarra y desperdicios, pero al fin de cuentas es una catedral y esto la hace majestuosa. Y más aún sabiendo todo lo que ello significa.
Dicen que han ido a ver la catedral más de 50 mil turistas. Y casi todos toman infinidad de fotos y quieren retratarse con Don Justo. A él quienes más le agradan son los estudiantes que llegan con el verano, porque en lugar de quitarle el tiempo, se ponen con él a trabajar.
Según cálculos de los entendidos, al paso que va la obra, llevará cosa de 15 o 20 años para terminarla. Le preguntan a Don Justo si logrará terminarla, porque ya tiene más de 80 años. Y ante semejante pregunta siempre sonríe y dice que a él solo le toca construir, lo demás se lo deja a Dios para que él decida.
Me encantó el comentario que hizo un periodista que realizó un reportaje sobre la catedral de Don Justo. Después de elogiar la obra de este humilde hombre, terminaba su artículo diciendo: ¿Porqué no hay más locos como este en el mundo, pero que en lugar de construír catedrales, hagan un montón de viviendas para los pobres, o dediquen su vida a resolver esos problemas tan grandes de nuestras comunidades.

En verdad que viendolo desde este punto de vista, en este mundo en verdad que nos hacen falta locos.

lunes, 9 de febrero de 2009

EL TEATRO DEGOLLADO DE GUADALAJARA

Pasada la primera década de 1800 surgió entre la sociedad tapatía la inquietud por construir un teatro digno de la ciudad de Guadalajara. Se hicieron varios intentos, surgieron diversas iniciativas, más todo desembocaba siempre en el fracaso debido a la carencia de fondos suficientes y los diversos problemas sociales que brotaron en aquellos años.
Fue hasta el año de 1855 cuando Antonio Pérez Verdía motivó al gobernador Santos Degollado para que se construyera ese teatro tan soñado, logrando que el gobernador firmara el decreto y autorizara su construcción el 12 de diciembre de 1855, procediendo luego a lanzar la convocatoria para que los arquitectos de la ciudad presentaran en el término de un mes, un plano para su realización, otorgando al que resultara ganador un premio de cien pesos. Más el único que presentó su plan fue el arquitecto Jacobo Gálvez.
La verdad es que ni falta que hicieron otras propuestas. El plano diseñado por Gálvez era realmente único, cubriendo a la perfección con las expectativas del gobernador y la sociedad jalisience.
¿Pero quien era Jacobo Gálvez? Nació en Guadalajara el año de 1821. Desde pequeño le gustó mucho el dibujo, la geometría, la escultura y la pintura. Posteriormente tuvo la oportunidad de estudiar todo ello obteniendo el título profesional en pintura y arquitectura en Bellas Artes de San Carlos y de Minas.
Su desarrollo profesional no estuvo carente de obstáculos, incluso se sabe que trabajó como dependiente de una mercería al dificultársele el desarrollo de su profesión, hasta que el profesor José Castro lo motivó a dejar la mercería y dedicarse por completo a su profesión.
En su oficio como pintor, realizaba miniaturas y retratos, efectuando posteriormente un viaje de estudios a Europa, donde tuvo la oportunidad de entrar en contacto con magníficas obras arquitectónicas, muchas de las cuales se dio a la tarea de dibujar, para traerlas consigo.
Incluyó dentro de su equipaje, cuando regresó a Guadalajara la primera cámara oscura para fijar imágenes llamada Daguerrotipo, con lo cual se convirtió en el “Padre de la fotografía” en la ciudad de Guadalajara.
Construyo también los Mausoleos para la familia Cuervo en el panteón de Belén. Realizó retratos al óleo de los obispos Pedro Espinosa e Ignacio Mateo Guerra, que se conservan en la catedral, y una gran pintura del Santo Cristo en la Capilla de la Fábrica Textil de Atemajac.
Más nada comparable a la majestuosidad del Teatro Degollado. Originalmente se pensó en construirlo en los terrenos de lo que hoy es el Mercado Corona, más al final se decidieron por edificarlo en el patio que estaba dentro de la plaza de San Agustín, que era algo así como un Parián. Una plazoleta donde se reunían personas de poblaciones vecinas para efectuar un tianguis cada cinco días, donde se comercializaban animales, verduras y artículos de manufacturación casera. Y como no había dinero suficiente, el Ayuntamiento vendió los Portales y algunos terrenos, comercios y ejidos urbanos para solventar los gastos.
El 5 de marzo de 1856 se coloca la primera piedra, y el 30 de abril, Jacobo Gálvez firma el contrato con el Ayuntamiento de Guadalajara para hacer todos los proyectos, desarrollar los planos y realizar la ejecución del teatro. Se acordó pagarle por la obra diez mil pesos, abonándole sesenta pesos mensuales, durante el tiempo que la obra estuviera en construcción, y el resto, en el momento en que la obra se concluyera.
Los primeros dos meses la obra avanzó a muy buen ritmo, pero los movimientos políticos hicieron que el poder cayera en manos de los conservadores, y el proyecto del teatro quedó en el abandono. Hasta el año de 1859, en que el gobernador Leonardo Márquez, decidió continuarla, en vista de que lo ya construído se estaba deteriorando.
Llamó de nuevo al arquitecto Gálvez, ofreciéndole toda clase de garantías, y éste decidió volver como responsable de la obra, confiando en el total apoyo del gobernador.
Los trabajos se reanudaron con bastante intensidad, más luego, por la falta de presupuesto, la construcción se tornó pesada como una historia sin fin. En abril de 1859 llega el general Adrian Woll, quien fungió como gobernador. Mandó suspender la obra y se apoderó de los fondos que le estaban destinados.
Fueron demasiados los problemas que enfrentó nuestro amado teatro para llegar a su conclusión. Los continuos movimientos políticos pararon la obra en diversas ocasiones, y por supuesto que la falta de recursos fue otra enorme dificultad para su edificación.
El 13 de septiembre de 1866, aún sin terminarlo por completo, se realiza la inaguración del Degollado con la presentación de la Compañía de Ópera Italiana de Annibale Bianchi, cuya primera figura era Angela Peralta, apodada “El ruiseñor Mexicano”
Originalmente el Teatro fue llamado Alarcón en honor del dramaturgo mexicano Don Juan Ruiz de Alarcón, aunque posteriormente se cambió de nombre a la muerte de su promotor, el Gobernador Santos Degollado. Esto sucedió en 1861, aunque en 1864, se suspendió su construcción, a la llegada de los franceses, y de nuevo se le cambia el nombre al teatro por el de Alarcón, siendo hasta 1866, cuando se toma de nuevo el gobierno de la ciudad, que nuestro amado recinto de las artes recobra el nombre de Degollado, tal y como se le conoce hasta el día de hoy.
Fue aproximadamente por 1880 cuando se dieron los últimos toques al teatro, se colocó la famosa águila en el centro del arco del escenario, se doraron las molduras y Felipe Castro pinto los murales del “Tiempo y las horas” y “Las Famas”.
El arquitecto Ignacio Díaz Morales colocó un verso del himno de Maitines en la fachada principal que dice "QUE NUNCA LLEGUE EL RUMOR DE LA DISCORDIA".
El 30 de abril de 1909 se incendian los portales que estaban alrededor del Degollado, más por fortuna esto no afectó al teatro, ya que existía un pasillo sin construír entre el teatro y los portales. Al contrario, terminó esta situación por favorecerlo, ya que fue luego se retiraron los escombros y se dejó libre el espacio para que luciera en Teatro en toda su plenitud.
El Teatro Degollado tuvo cinco inaguraciones: la primera el 13 de septiembre de 1866, la segunda el 30 de octubre de 1880, la tercera el 15 de septiembre de 1910, la cuarta el 28 de junio de 1941 y la quinta el 8 de septiembre de 1964.
Algunas anécdotas curiosas que puedo contarle sobre este teatro, es que el arquitecto Jacobo Galvez demandó al Ayuntamiento por falta de pagos y... ¡perdió la demanda!, ya que no le fue posible comprobar el convenio al que había llegado inicialmente por haber extraviado los papeles. Aún así, continuó con la obra.
El telón original, que costó $ 800 pesos y las decoraciones, fueron obra del notable pintor y escenógrafo italiano Carlos Fontana. Por desgracia un lamentable incendio acabó con esta belleza.
En 1966 fue celebrado su primer centenario, con la presentación del tenor Plácido Domingo.
Y para terminar, permítame contarle un detalle demasiado curioso:
Hace un par de años se inició un proceso de restauración de los interiores en el Teatro Degollado, y el restaurador, Alberto Rodríguez, y su equipo, se dieron a la tarea de quitar gruesas capas de pintura que había sobre columnas, capiteles y cornisas del recinto, descubriendo con gran asombro que estas estaban originalmente recubiertas por láminas de oro de 23 kilates.
El restaurador manifestó que probablemente hace muchos años el oro fue cubierto por error, ya que el personal de mantenimiento, totalmente ignorante de la situación, consideró que echándole manos de pintura se vería más bonito, con lo que fue quedando sepultado el oro.
Se considera que el trabajo realizado con este laminado de oro tiene un valor de varios millones de dólares. Y se espera que continúe en su sitio como herencia para las futuras generaciones.
Así que ya lo sabe usted. Tenemos en Guadalajara un teatro de auténtico lujo. Un escenario de las Bellas Artes que vale Oro.