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sábado, 2 de julio de 2011

COSAS DE LAS AVES

Las personas que se han dedicado al estudio del comportamiento de las aves, han descubierto aspectos muy curiosos. Dicen que las gaviotas ponen huevos moteados, y entre más manchas tengan estos más los aprecian. Si se sacan todos los huevos de su nido y los colocan a un lado, la gaviota se esforzará en meter primero el más moteado de ellos e irá progresivamente introduciéndolos dejando al final el que menos manchas tenga. Se ha colocado fuera de sus nidos huevos ficticios cuadrados o cónicos y de igual manera los meten a sus nidos y tratan de empollarlos, la única condición es que estén llenos de manchas. Sin importarles siquiera el tamaño o la forma de los mismos.
A los pájaros de la costa, llamados ostreros, les gustan los huevos grandes. Si se coloca junto a su nido un huevo de gallina o incluso de avestruz, desecharán los propios y trataran de meter al nido y empollar el que se les ha proporcionado. Se considera que esta actitud se debe a que los huevos grandes tienen mayor posibilidad de supervivencia que los huevos más pequeños.
Cuando se deja a las palomas hembras conviviendo sólo con otras hembras no ponen huevos. No obstante, si las hembras tienen cerca un macho, aún cuando esté se encuentre tras de un vidrio y jamás lleguen a tener contacto, la hembra pondrá huevos, como una muestra coqueta de fertilidad.
La mayoría de los pájaros dejan de poner huevos después de acumular cierta cantidad en el nido. El gorrión, por ejemplo, jamás pone más de cinco. No obstante, si se retiran los huevos conforme los va poniendo, la avecilla seguirá haciéndolo hasta haber puesto unos cincuenta huevos, lo que agota la capacidad de sus ovarios. Esta misma conducta se da en las gallinas y es la base de la industria del huevo. Extrañamente las aves jamás reparan en los huevos perdidos, por ello no hacen el más mínimo intento de protegerlos.

miércoles, 29 de junio de 2011

EL GORRION AJUSTICIADO

Para Los empleados de la compañía de televisión Endemol de la ciudad holandesa de Leeuwarden, aquél día de noviembre del año 2005 era un día de júbilo. Todos ellos, con extrema delicadeza y una enorme paciencia trabajaban pacientemente construyendo un castillo gigante compuesto por 3.992.397 piezas de dominó. Una labor que les otorgaría por segundo año consecutivo el afamado record Guinness, superando el anterior con 300,000 piezas más. La prensa y por supuesto la TV estaban presentes en el momento culminante, para dar fe de tan gloriosa hazaña.
El trabajo había sido arduo. Intensas semanas de trabajo y preparación habían dado como resultado una magnífica construcción de grandiosas proporciones, convertida en un soberbio monumento  que les permitiría alcanzar la gloria mundial, sintiendo que estaban construyendo la gran obra de su vida.
De vez en vez, aquellos afanosos constructores de lo efímero, se detenían a contemplar extasiados su obra, y sonreían satisfechos al sobrepasar sus propios límites. La obra era muy hermosa, algo verdaderamente genial y sorprendente. Habían cuidado hasta el más mínimo detalle y ahora, ya para dar el toque final, saboreaban las mieles de la gloria que tocaban a la puerta de aquél recinto.
Más de pronto, un pequeño pajarillo, un simple gorrión de los que tanto abundan en la comarca, entró por una ventana medio abierta. Los constructores lo miraron con espanto. La adrenalina les recorrió de pies a cabeza y contuvieron la respiración. Se sentían imposibilitados para expulsar a aquel indeseable intruso de la habitación, sin que alguno de sus movimientos pudiera dañar la obra. Ahí no se podía gritar, ni caminar de prisa, ni hacer movimientos bruscos, porque cualquier resonancia, cualquier pequeña corriente de aire podía mandar todo al suelo.
Hicieron algunos movimientos con las manos intentando que la avecilla regresara por donde vino, pero el pequeño gorrión totalmente desconcertado comenzó a dar giros por la habitación y ante el acoso de los constructores encontró fácil refugio metiéndose por una de las pequeñas ventanas del castillo, más estas eran tan pequeñas, que una de sus alas chocó con una ficha originando la temible catástrofe.
Gran parte del castillo se vino abajo. El gorrión asustado, salió volando estrepitosamente de entre las fichas que se precipitaban hacia el suelo y siguió dando giros de vuelo asustado sin encontrar la salida.
Uno de los constructores, explotando de ira salió corriendo de la habitación y trajo de su casa, que estaba cerca, un arma de aire comprimido. Volvió de inmediato y después de varios disparos, dio muerte a la intrusa avecilla.
Después se sentaron a lamentar su tragedia, mientras los periodistas escribían presurosos la insólita nota para difundirla en sus respectivos medios.
Ante todo esto viene a la mente la sabia frase de San Juan de la Cruz: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La verdad es que yo pienso que valía mucho más la vida del gorrión que su efímero castillo de fichas de dominó. O usted que opina?

lunes, 8 de junio de 2009

LAS AVES DEL MÉXICO ANTIGUO

Según dicen los conocedores, en nuestro país hay mas de mil distintas especies de aves, y más de dos mil subespecies, lo que hace a México uno de los más ricos en ornitofauna dentro de los países de región templada. Desgraciadamente, la contaminación de las aguas, el aire, la deforestación y el contrabando ilegal, están poniendo en grave riesgo a las aves mexicanas.
Los antiguos mexicanos fueron profundos conocedores de las aves silvestres, por lo que las mantenían en cautiverio alimentándolas con frutas e insectos. Moctezuma tuvo el primer aviario del mundo dentro de su magnífico zoológico. Desgraciadamente, durante el sitio de Tenochtitlan, se quemó con todo y animales.
Los mexicas dominaron a la perfección el arte plumario, hacían hermosísimos tejidos de plumas, además de hilado con el que se confeccionaban abrigadoras y artísticas mantas de impresionante colorido. A los artistas que se dedicaban a este arte se les llamaba amanteca y los mejores se encontraban en Azapotzalco.
Los pájaros que más contribuían con su reluciente plumaje a la obra de estos artistas eran el quetzal y el quechol. Sus plumas se utilizaban como adornos e insignias, y ciertos colores y combinaciones tenían un significado especial, indicando grado e importancia del que las portaba. El quechol era además símbolo de los amantes, y se acostumbraba involucrarlo en rituales de casamiento.
Había un pájaro, el xiuhtotl cuyo plumaje era muy bello y estimado, pero extremadamente delicado. Cuando cazaban estas aves, jamás tocaban las plumas con las manos, ya que al contacto con los dedos se deslavaba el color.
Bernal Díaz del Castillo dice que Moctecuhzoma II tenía águilas reales y otras águilas más chicas; aves de grades cuerpos, hasta pajaritos muy chicos, pintados de diversos colores. Había además unos muy vistosos con plumas de cinco colores: verde, rojo, blanco, amarillo y azul, además de una enorme cantidad de papagayos de muy diversos colores. El palacio tenía además un estanque de agua dulce lleno de flamencos.
Así que nuestros antepasados se daban sus buenos lujos. Eran los tiempos en que México era un paraíso, hasta la llegada de los conquistadores, quienes no tuvieron el más mínimo respeto por los indígenas y arrasaron con todo. Ya que para ellos los indios no eran más que seres salvajes.

domingo, 8 de junio de 2008

EL COLIBRI (0006)

Se dice que los colibríes viajan hasta 3000 km en busca de alimento y humedad. Comen néctar de flores e insectos. Y como requieren tantas calorías por lo agitado de su vuelo, consumen un equivalente a lo que sería para una persona el ingerir 130 kg. de alimento en un solo día. Pueden vivir hasta 12 años, aunque su ciclo de vida regular es entre tres y cuatro años. Su velocidad de vuelo es de 48 km/h en vuelo normal y 80 km/h en escape.
En México y algunos países de América Latina, este hermoso animal, por desgracia, es cazado para efectos de brujerías y cosas por el estilo. Por ello casi me dio el infarto cuando fui por primera vez en mi vida a un tradicional mercado de mi ciudad, y vi bastantes colibríes disecados a la venta en un puesto de yerbas medicinales y artículos propios para la magia y brujería. Me pareció un crimen imperdonable.
Años después, entré a un pequeño restaurante, y después de haberle dado mi orden al mesero, abrí un libro y me puse a leer, pretendiendo hacer más amena la espera. Más no bien había comenzado la lectura, cuando de pronto entró al negocio un colibrí. Se quedó a medio restaurante batiendo sus alas, dejando a los presentes con las bocas abiertas y mudas por el asombro. ¿Qué hacía un colibrí ahí? Seguramente había entrado por accidente.
Después de unos breves momentos de mantener su vuelo estacionario, giró bruscamente dirigiéndose a una de las mesas, casi a la altura de los ojos de los comensales. Luego fue a otra y a otra, sin que nadie hiciera el menor intento de tocarlo. Todos sonreíamos con los ojos bien abiertos y llenos de incredulidad. ¡Que hermosísima avecilla. El colmo fue cuando con un rápido giro y ante mi total sorpresa se metió debajo de mi mesa, y al asomarme para buscarlo, con asombro me dí cuenta que se había parado, agarrándose con firmeza de la parte baja de mi pantalón.
Me sentí asombrado y lleno de desconcierto. Los clientes del restaurante se pusieron de pie para mirar lo que sucedía. Mientras yo, sin siquiera pensarlo un poco, extendí mi mano y lo tomé. El colibrí no opuso la menor resistencia, más todos los presentes pusieron cara de molestia y no faltó quién me suplicara que no le hiciera daño. Con aquél pequeño tesoro entre mis manos, me levante y abandoné la mesa, sintiendo la angustiosa mirada de todos sobre mí y su enorme desconcierto. Salí a la calle, y una vez ahí, abrí mi mano y lo dejé partir.
Pensé que volaría alejándose de inmediato del lugar, pero se metió de nuevo al restaurante, dio un rápido recorrido por entre las mesas, como para que todos lo disfrutaran de nuevo, y un minuto después salió del lugar, dejandonos a todos con una sonrisa en los labios y sin poder asimilar plenamente aquél insólito hecho.