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viernes, 30 de octubre de 2009

LA DESVENTURA DE OSCAR WILDE

El padre de Oscar Wilde era un científico, su madre una escritora de política y poesía. Una familia totalmente fuera de lo común. Por ello fue educado en los mejores colegios de Dublín y luego de Oxford. Era irlandés, pero se trasladó a vivir a Londres, donde pronto se convirtió en todo un personaje público de gran éxito. Sus libros que escribía y sus obras de teatro lo encumbraron a una posición verdaderamente privilegiada.

Pero Oscar no se comportaba como un intelectual. Siempre vestía a la moda y con toques extravagantes. Vivió a finales del siglo XIX, pero se comportaba como un excéntrico. Llevaba el pelo largo y pantalones de montar de terciopelo. Estaba casado, con dos hijos, pero su relación matrimonial se desgastó, y se relacionó íntimamente con un hijo de nobles: Lord Alfred Douglas, al cual arrastraba a sus correrías. Porque a Oscar Wilde le encantaba alejarse de los encumbrados niveles de la sociedad, para bajar a los mundos subterráneos, donde encontraba jovencitos que se prostituían, exponiéndose a riesgos innecesarios de todo tipo: el chantaje, la agresión...

Vivía en la opulencia, con sus habitaciones llenas de objetos de arte y elementos decorativos, con girasoles, plumas de pavo real y porcelanas chinas.

Su manifiesto desprecio a la burguesía, sus extravagancias y escándalos pronto le granjearon un sin número de enemigos. Era un auténtico subversivo. No acataba las reglas y esto le hizo blanco de críticas y desprecios.

Publicó un volumen de poemas, sus célebres relatos ( El Príncipe feliz, El fantasma de Canteville, el crimen de Lord Artur Sacille y otras narraciones, y su única novela, El retrato de Dorian Grey, considerada una obra maestra, triunfó luego como dramaturgo con: El abanico de lady Windermere, Una mujer sin importancia, y la Importancia de llamarse Ernesto, muestras ejemplares de su enorme talento y de la sutileza de sus irónicos diálogos.

Más poco después de haber cumplido los 40 años, cuando se hallaba en la cúspide de su éxito, la fortuna abandonó a Oscar Wilde. El marqués de Queensberry, padre de su íntimo amigo lord Alfred Douglas, levantó contra él una acusación por ultraje a la moral. Oscar Wilde fue juzgado por sodomía y condenado a cumplir una condena de dos años de trabajos forzados en prisión.

Perdió todo: su fortuna y su familia, la mayoría de sus amigos le dieron la espalda. Y aquello lo hundió en una gran depresión. Solo le quedaron el dolor y la soledad. En esos angustiosos momentos escribió: “Entré en la prisión con un corazón de piedra y pensando solo en mi placer, pero ahora mi corazón se ha roto, y la piedad ha entrado en él; y ahora comprendo que la piedad es lo más grande en el mundo”.

En la cárcel escribió “De profundis”, una extensa carta de arrepentimiento por su pasado estilo de vida.

Cuando salió de prisión estaba arruinado, material y espiritualmente. Se fue a vivir a Francia y se cambió el nombre. Poco tiempo después apareció en Inglaterra un escrito de su autoría, publicado de forma anónima, titulado “La baladas de la cárcel de Reading”. Uno de sus poemas más poderosos, donde expone la dureza de la vida de la cárcel y la desesperación de los presos.

Viviendo en París, y a la edad de cuarenta y seis años, una infección de oído le provocó un daño cerebral y le sobrevino la muerte. Abandonado por todos, Oscar Wilde murió a tan solo dos años de haber dejado la prisión.

Y sobre el muerto las coronas, porque el día de hoy es considerado uno de los más grandes personajes de la literatura universal.

jueves, 4 de junio de 2009

MICHEL DE NOSTRADAMUS

Michel de Nostradamus decidió ser médico. Esta era una profesión arraigada en su familia. Desde pequeño su abuelo materno, quien le tenía un enorme cariño, lo había familiarizado con ambas cosas. Sobre todo los días de noches oscuras, lo sentaba sobre sus rodillas y le enseñaba el nombre de las constelaciones y las estrellas. Aquél pequeño aprendió a amar los cielos desde su tierna infancia, al igual que le fue enseñado el amor por la medicina, la naturaleza y la ciencia. Por ello, al morir su abuelo maestro, Michel marchó hacia Aviñón, la ciudad francesa por excelencia, donde convergían, desde todos los rincones de la provincia, aventureros, buscadores de fortuna, mal vivientes, y jóvenes deseosos de labrarse una vida en el mundo de la ciencia.Aviñón era una ciudad de grandes contrastes: enormes y lujosos palacios al lado de callejones malolientes, por donde transitaban multitudes de desarrapados que intentaban a diario librarse del atropello de los elegantes carruajes de la burguesía.Era la ciudad de los Papas, malechores, desarrapados y gente humilde que abandonó los campos intentando conseguir una forma más fácil de vida.Michel llegó a Aviñón a estudiar en la prestigiada universidad, demostrando desde un principio que solo lo interesaba cumplir con sus deberes ecolásticos y dedicar el resto del tiempo a la observación del cielo estrellado, que era la gran pasión que realmente le motivaba. Era el “raro” entre sus compañeros, a quienes les interesaba más vivir la vida licenciosa de la ciudad que adentrarse en el mundo del conocimiento.Michel se sumergía en las matemáticas, la astronomía y la astrología; estas eran las materias que robaban toda su concentración y energía. Quienes lo escuchaban hablar sobre estos temas, terminaban sorprendidos ante su conocimiento y elocuencia.De Aviñón, Michell marchó hacia Montpellier, para seguir en esta ciudad la carrera de medicina. Durante tres años aprovechó con eficacia los maravillosos secretos del cuerpo humano. Pero esto no le fue bastante, decidió aprender, por todos los medios a su alcance todos los secretos y remedios que de las plantas y hierbas pudieran obtenerse. Por ello recorrió todo el país de comarca en comarca estudiando su flora, deteniéndose, cuando consideraba que podía sacar algo provechoso de aquellos que sabían de recetas y pociones.Y vino la peste, la “bestia selvática”, como la llamó Michel, desencadenando, como lo hizo en 32 ocasiones durante dieciséis años, su oleada de muerte. Los médicos huían espantados, negándose a atender a los enfermos por temor, y cuando lo hacían se cubrían con mantos largos y máscaras en un intento de evitar el contagio.Michel fue diferente, atendía con esmero a los enfermos, buscaba con afán proporcionarles alivio utilizando todos sus conocimientos acumulados. Y según nos cuentan los antiguos escritores, Michel curó a muchos enfermos, incluso existen escritas por ahí algunas de sus eficaces recetas. Fue el primero que hizo saber que para controlar la peste los cuerpos debían de ser quemados y las casas de los enfermos llenadas de cal. Recorrió toda Europa apoyando sin descanso para controlar este terrible mal.Todo esto le dio a nuestro personaje una gran fama como médico excelente, no solo por sus impresionantes conocimientos, sino por el espíritu con el que ejercía su ciencia. La gente se acercaba hasta a él, interrumpiendo su caminar, y se echaba a sus pies y bendecía su nombre. Michel de Nostradamus fue honrado, después de haber pasado la terrible calamidad, otorgándosele un reconocimiento público y colmándolo de honores en gratitud por todos aquellos que se habían salvado.Pero a Nostradamus poco le importaba la fama conseguida, su objetivo era investigar palmo a palmo los secretos de la vida. Pasado un tiempo se estableció en la ciudad de Aix, reanudando su labor de médico y sus investigaciones de la herboristería, los bálsamos y la astronomía. Era un buen médico y día con día se incrementaba su fama y aprecio entre la gente. Pero su dicha debía ser más perfecta: encontró a una hermosa mujer y se casó con ella. Y de pronto se distrajo de sus antiguas aficiones dedicando su tiempo a su esposa y luego a los dos hijos que le obsequió la vida, los cuales se convirtieron en su máxima alegría.Pero un día la muerte llamó a su puerta y le arrebató a la esposa y a sus hijos y con ello se acabó la dicha perfecta. ¿Qué fue lo que pasó?. Algunos dicen que fue la peste. La verdad nadie la sabe. Lo cierto es que Nostradamus continuó con su profesión de médico, pero sumergido en una especie de permanente ausencia, que aquellos que no lo conocían podían juzgarle como deficiente de sus facultades mentales. Pero aún así, se incrementaba día con día su fama de astrólogo, médico y… vidente. Porque algo extraño comenzó a suceder en él.El doctor Nostradamus tenía una vida tranquila y libre de desórdenes. Día a día visitaba a los enfermos y les ofrecía consuelo, llegando a tal su fama y forma de ser que hasta se le consideraba un santo. Cuando salía por las calles, cubierto con su larga capa negra agitada por el viento, la gente no dudaba en retenerlo para consultarle todo tipo de problemas, aún cuando estos no fueran médicos. Todos lo tenían por sabio en el más amplio sentido de la palabra. Y le consultaban enfermedades del cuerpo y del espíritu. En ambos casos, todos encontraban la respuesta acertada para su aflicción.Fue entonces cuando salieron a la luz sus famosos vaticinios que colocaron a Nostradamus como uno de los más grandes y enigmáticos profetas de la historia. Pero antes de continuar demos un pequeño respiro con un poco de música.En tiempos de Nostradamus estaba muy extendido el arte de la magia. Pupulaban por los pueblos un sin fin de vaitcinadores que profetizaban sobre el futuro, y la gente gustaba de escucharles, entregando a cambio algunas moneda de oro o de plata, con tal de que se les anunciasen sucesos favorables que dispersaran las densas sombras del futuro.Una abominable ralea de profetas charlatanes, que sin conocimientos de ninguna especie, elaboraba sus predicciones con la única intención de sacar algo en su propio provecho. Pero Michel de Nostradamus no era de este grupo. En el año 1555 empezó a escribir sus propios vaticinios en forma de cuartetas; las cuales se acumulaban 100 en cada libro, y por ello se les denominó “Centurias”.Cada noche Nostradamus se acomodaba en su sillón a la luz de las estrellas y con la mirada fija en el cosmos recibía la iluminación para elaborar sus vaticinios.Sus famosas Centurias y presagios no vieron l luz en mucho tiempo. Nostradamus los guardó en secreto, creyendo que el darlos a conocer le acarrearía calumnias, envidias y problemas de todo tipo. Pero sentía la responsabilidad de dar a conocer a los hombres el conocimiento que le había sido revelado para que sacaran de ello algún provecho. Por ello un día las dio a conocer, provocando una tremenda reacción, que acrecentó su fama de boca en boca, traspasando incluso las fronteras.Los años transcurrieron y las profecías de aquél iluminado se fueron cumpliendo: la conjura de Amboise, el levantamiento de Lyon y la muerte de Francisco I fueron acontecimientos vaticinados por el sabio vidente.Entonces su fama se incrementó de tal manera que reyes y príncipes, ricos y poderosos, comenzaron a acudir a él para interrogarlo sobre su futuro.El poderoso Rey de Francia, Enrique II, mandó traer al vidente ante su presencia. Nostradamus le hizo una serie de revelaciones, y el Rey agradecido le entregó numerosos presentes y le permitió partir nuevamente a su hogar. Años más tarde el Rey Carlos IX visitó a Nostradamus y lo nombró su consejero y médico. Más entonces ya estaba el profeta muy enfermo y aquejado de múltiples dolencias. La artritis y la gota minaban fuertemente su salud. Por ello escribió por entonces: “Mi muerte está próxima”. Y en efecto falleció poco después, el 2 de julio de 1566 a la edad de sesenta y dos años. Su cuerpo fue sepultado en la Iglesia de los Cordeleros de Salon con una ceremonia de grandes honores. Aún hoy en día, es posible leer en su lápida una inscripción en latín que dice: “Aquí descansan los restos mortales del ilustrísimo Michel de Nostradamus, el único hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi divina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo”.

domingo, 10 de mayo de 2009

DIOGENES EL FILOSOFO

El filósofo Diógenes nació en la ciudad de Sínope alrededor del año 412 a. de C. Era hijo del tesorero de la ciudad quien un día fue acusado de apropiarse de fondos públicos y luego encarcelado. Diógenes fue desterrado. Antes de la salir de la ciudad Diógenes gritó a la multitud que se agrupó para verlo partir: “Ellos me condenan a irme, yo los condeno a quedarse”:
Se fue a Esparta, después marchó hacia Corinto y terminó por ir hasta Atenas donde le pareció bueno ofrecerse como discípulo del filósofo Antístenes. Este maestro enseñaba a huir de la tentación de los placeres y lo inútil de las convenciones sociales. Cuando llegó Diógenes ante Antístenes, el maestro lo miró con desprecio negándose a recibirlo. Pero Diógenes se quedó ahí, callado y en actitud humilde. Antístenes volvió hacia él, le dijo palabras duras y le ordenó que se marchase. Más Diógenes no se movió de su sitio. Antístenes cogió entonces su bastó y comenzó a golpearlo, más Diógenes, sin proferir queja alguna, ni mostrar el más mínimo desaliento, se mantuvo firme en su postura. El sabio maestro, viendo su actitud persistente, sonrió y lo admitió como discípulo.
Diógenes fue un excelente alumno, el mejor de los discípulos de Antístenes. Con él aprendió la filosofía de los Cínicos, como se hacían llamar, una palabra que ha trascendido hasta nuestros días y que enseñaba el vivir de forma semejante a la de los animales para alcanzar la autosuficiencia y con ello la felicidad.
El nombre de Cínico proviene de la palabra griega Kynós, que significa “perro”, lo cual ejemplificaba la forma de vida que deberían llegar todos los adeptos del cinismo. Diógenes no perdió tiempo para vivir de una manera austera y despreocupada de las cosas del mundo. Se vestía con telas toscas, dormía en los pórticos de los templos y se comportaba como un auténtico desquiciado. Para protegerse de la lluvia, el frío y las inclemencias del tiempo, adoptó como vivienda un viejo barril abandonado. Comiendo siempre de lo que le daban algunas manos caritativas.
No tenía nada, porque nada necesitaba, incluso desechó un día el tasón que llevaba consigo, cuando vio a un jovenzuelo que tomaba el agua de una fuente con el cuenco de sus manos.
Diógenes era un tipo tan especial, que hacía sus necesidades fisiológicas en cualquier parte sin recato alguno, y para el escándalo de todo mundo hasta se masturbaba delante de la gente. Cuando se lo recriminaban argumentaba que si comer no es absurdo, tampoco era absurdo hacer ese tipo de cosas en una plaza pública.
Pronto se volvió sumamente popular. Sus discursos eran breves, pero sus palabras hirientes y mordaces. Se volvió acérrimo crítico de los letrados de la época quienes se sabían de memoria los sufrimientos de Odiseo, tal y como fueron relatados por Homero, pero ignoraban y despreciaban los sufrimientos de sus propios conciudadanos. Criticaba igualmente a los oradores que predicaban la verdad, pero no la practicaban.
Hay buena cantidad de anécdotas que le han hicieron famoso:
Aristipo un filósofo que vivía con comodidades a expensas de la corte ateniense, vio a Diógenes comiendo en la calle un plato de lentejas, y con aires de superioridad le dijo: “Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer lentejas”. Diógenes replicó: “Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.
Célebre es la historia de la ocasión que le vieron salir a la calle con una lámpara encendida a pleno día. Al preguntarle la razón de este acto, contestaba: “Busco un hombre honesto”. –La ciudad está llena de hombres- le dijeron. A lo que él respondió: “Busco a un hombre de verdad, uno que viva por si mismo”.
Cuando vió cierto día que unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: “Los grandes ladrones han apresado al pequeño”.
En otra ocasión le pidió limosna a un individuo de mal carácter. Éste le dijo: “Te daré una moneda, si logras convencerme de que lo haga”. Y Diógenes le dijo: “Si yo fuera capaz de persuadirte, te persuadiría para que te ahorcaras”
Cierto personaje lo invitó a su mansión, advirtiéndole que no fuera a escupir en cualquier parte. No bien se lo acababan de advertir, cuando Diógenes le lanzó un gran escupitajo e la cara del anfitrión, diciéndole enseguida que no había encontrado lugar más inmundo para arrojar su flema en toda la casa.
Un día Alejandro Magno se encontraba en Corintio recibiendo honores por haber conseguido el liderazgo de las fuerzas griegas para enfrentarse a los persas. En la reunión se encontraban grandes personalidades de Grecia y se asombró al no encontrar entre ellos a Diógenes, cuya fama había llegado hasta sus oídos, así que deseoso de conocerlo fue luego en su búsqueda, y lo encontró tomando el sol. Entonces se acercó y le dijo: “Soy Alejandro de Macedonia; dime en qué te puedo servir”. A lo cual Diógenes respondió: “Hazte a un lado, que me tapas el sol”. Alejandro se soprendió ante aquella reacción del filósofo, por lo cual dijo a sus amigos: “Si yo no fuera Alejandro, desearía ser Diógenes”.
Siendo ya un anciano, se embarcó rumbo a Egina, pero fue capturado por los piratas, quienes lo llevaron a Creta para ser vendido como esclavo. Se le preguntó que sabía hacer, y él respondió: “Sé gobernar a los hombres, por lo tanto véndeme a quien necesite un amo”. Esta respuesta fue escuchada por Xeníades, un acaudalado hombre de Corinto, quien impresionado, compró a Diógenes y le concedió la libertad. Luego le solicitó que sirviera de maestro de sus hijos. El filósofo demostró tanta sabiduría y fidelidad que Xeníades no se cansaba de decir que los dioses habían enviado un genio a su casa.
Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda. Lo cierto es que muchas de sus anécdotas y palabras han permanecido hasta nuestros días; y sobre todo fue el responsable de que hasta hoy en día se continúe aplicando la palabra cínico a determinadas personas.

sábado, 27 de diciembre de 2008

LAS FRASES DE ALBERT EINSTEIN

No cabe duda que Albert Einstein fue un ser realmente extraordinario en todos los sentidos. He aquí una interesantísima colección de frases de su autoría, a ver que te parecen:
"Solo usamos el 10% del cerebro. "
"Grandes almas siempre se han encontrado con una oposición violenta de mentes mediocres. "
"Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad."
"No intentes ser un hombre de éxito. Intenta ser un hombre de valor."
"Si perdemos el sentido del misterio, la vida no es más que una vela apagada."
"La energía no se crea, siempre existe, y no se destruye, solamente se transforma por medio del pensamiento o voluntad de quien la maneja."
"Si la gente es buena sólo porque temen al castigo y porque esperan una recompensa, entonces verdaderamente somos dignos de lástima."
"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir."
"Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro."
"El propósito de la Educación debe ser entrenar individuos pensantes e independientes, quienes a su vez, deben ver en prestar un servicio a la comunidad su más alta aspiración en la vida."

Cuando, a consecuencia de su famosa ecuación E= MC 2, se creó la bomba atómica que luego fue utilizada contra Japón, Einstein dijo:

“La liberación del poder atómico ha cambiado todo excepto nuestra forma de pensar... la solución a este problema yace en el corazón de la humanidad. Si hubiera sabido esto (lo que pasaría con las bombas atómicas sobre Japón), me habría dedicado a la relojería."
"La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento."
"El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad."

martes, 11 de noviembre de 2008

DON MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA

Dicen que fue bautizado con el nombre de José Miguel Gregorio Ignacio. Que era demasiado inteligente y además tuvo la fortuna de tener muy buenos maestros quienes no solo le impartieron conocimientos académicos, sino que lo enseñaron a pensar.
Era muy aplicado en sus estudios y por eso sus compañeros le apodaron “el zorro”; y además, deseando incrementar sus conocimientos, aprendió a hablar francés e italiano, (posteriormente aprendió el latín y algunas lenguas indígenas, como el otomí, el tarasco y el mexicano) Todo esto le hizo convertirse en un alumno muy sobresaliente, al grado que pronto fue comisionado para impartir varias cátedras y al final llegó a ocupar el rango de Rector del Colegio. Todo esto en la ciudad de Valladolid, hoy conocida como Morelia.
José Miguel, había nacido en un rancho, su padre era administrador de una hacienda y tenía tres hermanos. Como era criollo, hijo de españoles radicados en México, solo tenía dos caminos en su futuro: servir al rey en la milicia o convertirse en sacerdote, y como el sacerdocio le permitía acercarse mejor al conocimiento, optó por realizar los estudios pertinentes en la Ciudad de México.
Después de su ordenación, el año de 1778, desempeño su labor pastoral en varias parroquias, hasta que e la muerte de su hermano Joaquín, en 1803, lo sustituyó como cura de Dolores, en Guanajuato. Además de los oficios propios de su ministerio, José Miguel era maestro en la escuela parroquial. Le encantaba atender a los niños, pero también le gustaba mucho tratar con la gente adulta.
Su espíritu siempre emprendedor, le llevó a instalar varios talleres de artesanía e industria, además, y con la ayuda de sus feligreses, mandó excavar una noria y plantó vides y moreras, con el fin de iniciar la cría del gusano de seda. Hasta la fecha, aún se mantienen en pie 84 árboles plantados por él.
Esta labor iba encaminada a elevar el nivel de vida de los habitantes de Dolores y puntos de vista. Sabía que si les enseñaba un oficio, esas pobres gentes lograrían salir adelante resolviendo de alguna forma sus necesidades económicas. Así que se entregaba con pasión a ello. Era un auténtico apóstol de las labores sociales. Con todo ello no le fue difícil ganarse el respeto y aprecio de sus feligreses, los cuales creían ciegamente en él.
El tiempo que le quedaba libre, lo dedicaba a instruirse, leyendo a La Fontaine, Moliere y Demóstenes, entre otros, Amaba las artes, practicaba la música y la literatura. Sentía un gran entusiasmo por la filosofía y esto le condujo a una forma de pensar muy liberal, si tomamos en cuenta la forma tan estrecha de pensar de muchos de sus contemporáneos.
José Miguel, a quien todos conocen como el cura Miguel Hidalgo, no estuvo excento de problemas. Por ahí se filtró la información de que tenía relaciones amorosas con una mujer llamada Manuela Ramos Pichardo, con quien procreó cinco hijos: Agustina, Mariano Lino, a los cuales reconoció abiertamente y jamás negó los hechos ante sus superiores. Y aunque parezca extraño, no se tomaron medidas en su contra. Todo aquello no pasó de una buena reprimenda. En uno de los grupos teatrales que formó conoció a doña Josefa Quintana, con la que tuvo otras dos hijas, Micaela y Josefa. Además de que su conducta dejaba mucho que desear ante los ojos de sus superiores, ya que le gustaba el juego de la baraja y sentía enorme debilidad por las mujeres.
A Doña Josefa y sus hijas, las instaló en una casa ubicada a menos de 50 metros de donde él vivía. Y muchos de dieron cuenta de este asunto, así que los chismes iban y venían, pero al cura Hidalgo parecían no importarle en lo absoluto.
Pero eso no fue lo único, en cierta ocasión Miguel Hidalgo fue acusado de herejía ante la Inquisición por una serie de comentarios realizados respecto a que la Biblia debería estudiarse con libertad y sin restricciones. Pero al final la Inquisición simplemente pasó la queja a una gaveta de su archivo sin actuar en su contra.

miércoles, 29 de octubre de 2008

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA I

A los diecisiete años Miguel era un adolescente tímido y tartamudo, su padre era cirujano barbero, una combinación de oficios propia de esos tiempos, pero el Sr. Rodrigo, que así se llamaba, era un hombre amante de la cultura, así que mandó a su hijo a estudiar en la ciudad de Córdoba con los Jesuitas, quienes tenían fama de proporcionar una excelente educación. No hay constancia que hubiese asistido a la universidad, pero en 1568 su nombre aparece en una antología de poemas, firmando cuatro composiciones, dedicada a Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II. El editor del libro, Juan López de Hoyos, fue quien probablemente motivó a Miguel a leer a los grandes clásicos de la literatura griega: Virgilio, Horacio, Séneca y Cátulo.
Sabrá Dios que habrá pasado, pero el año de 1569, en la ciudad de Madrid, Miguel se metió en problemas. Al parecer se peleó e hirió a un tal Antonio de Segura, y ha de haber sido de la residencia real, porque le quisieron aplicar una dura ley que implicaba el arresto y amputación de la mano derecha. Así que Miguel huyó rápidamente de España para evitar el arresto y cumplimento de sentencia, y se fue por allá a la zona de Italia en donde había algunos dominios españoles. Y como seguramente no encontró mejor oficio, se reclutó como soldado en la compañía de Diego de Urbina.
En 1571, Venecia, Roma y España formaban la Santa Alianza, y la emprendieron contra los turcos, intentando arrebatarles territorios conquistados. La batalla de Lepanto fue todo un éxito, vencieron a los turcos, pero Miguel recibió tres heridas, una de las cuales dicen que inutilizó su mano izquierda y al parecer por ello le comenzaron a llamar “el manco de Lepanto”.
Después, junto con su hermano menor, Rodrigo, Miguel entró de nuevo en una batalla cerca de la ciudad de Corfú, y por ahí encontró una jovencita que le llenó la pupila enamorándose perdidamente de ella. Le dedicó algunos hermosos poemas, donde la llamó con el nombre de Silena. Fruto de aquella relación hubo un hijo llamado Promontorio. Pero Miguel, ya entusiasmado con la milicia, se propuso hacer carrera dentro de ella para elevar su situación social y nivel económico, para lo cual consiguió dos cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de Austria, quien había dirigido los combates donde salieron victoriosos, y por el Virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente actuación en la batalla de Lepanto.
Con estos valiosos papeles, Miguel y su hermano se embarcaron en Nápoles con la intención de regresar a su patria, más poco después una fuerte tormenta los hizo perder el rumbo y su barco fue tomado por tres corsarios beberiscos. La batalla fue dura, más fueron doblegados y Miguel y Rodrigo cayeron prisioneros. Intentando salvarse, Miguel mostró las cartas y en efecto, le fue perdonada la vida, pero el corsario jefe consideró que Miguel era un hombre valioso y de recursos, así lo mantuvo como su prisionero por bastante tiempo, mientras que a los demás los canjearon y de él se pidió una fuerte recompensa. Pero su familia era de escasos recursos y les fue imposible pagar el rescate solicitado.
Sus hermanas, Andrea y Magdalena, quienes eran al parecer concubinas de un rico madrileño, le entablaron una fuerte demanda a este hombre, porque se casó y no les dio la dote correspondiente. El pleito fue ganado y las dotes recibidas fueron encausadas al rescate de Rodrigo. Pero Miguel siguió cautivo en la ciudad de Argel.
En dos ocasiones intentó fugarse, más fue atrapado y puesto de nuevo en cautiverio. En el tercer intento, Miguel contrató a un mensajero para que llevara una carta al gobernador español de Orán. Por desgracia el mensajero fue interceptado y por su atrevimiento fue condenado a muerte, mientras que a Miguel se le condenó a recibir dos mil azotes, lo cual equivalía a la muerte. Pero la sentencia no fue aplicada porque era considerado hombre poderoso, por el que se podía recibir un fuerte rescate.
Pero las ansias de libertad no se extinguían en Miguel, aunque pasaban los años y sus pretensiones siempre se veían frustradas. Lo intentó de nuevo con el apoyo de otro compañero de prisión, más fueron delatados y Miguel fue encadenado y encerrado durante cinco meses. Mientras tanto su madre había hecho todos los trámites necesarios para el rescate. El rey Hassán pidió seiscientos ducados por Miguel, una cantidad realmente exorbitante. Pero doña Leonor, como toda buena madre, fingiéndose viuda, reunió dinero, obtuvo préstamos y garantías, incluso solicitó el apoyo de dos frailes para que le apoyaran recogiendo limosnas. Al final, el 19 de septiembre de 1580, fue liberado. Pero Miguel, lejos de regresar a casa de inmediato, se enroló en el ejército y combatió contra los turcos por un mes más, con la sola intención de limpiar su nombre. Luego, el 24 de octubre el ilustre creador de El Quijote de la Mancha, se embarcó a España, para iniciar una nueva etapa en su vida.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA II

A su regreso a España, Miguel de Cervantes Saavedra, ya con treinta y tres años, de los cuales los últimos diez los había pasado en cautiverio, se encontró con su familia empobrecida y endeudada, en gran parte por el rescate pagado. Cervantes renunció a la carrera militar; se entusiasmó con ocupar un puesto como funcionario de Indias, y por desgracia fracasó en su intento impidiendo la posibilidad de que viniese a América. Más encontró consuelo en los brazos de una mujer casada llamada Ana de Villafranca y de esta relación nació su hija Isabel, criada por su madre y el marido de esta mujer.
Tenía 37 años cuando Miguel se casó con Catalina de Salazar y Palacios, una muchachita campesina de tan solo 18 años. Debió sin duda haberse sentido orgulloso de haber logrado un compromiso de esta magnitud. Un hombre maduro que consigue una jovencita hermosa y sencilla, más por desgracia, y al parecer, el amor no fue la característica de esta unión. Fue en ese tiempo cuando Cervantes escribió su primera obra importante, La Galatea, una novela pastoril con un estilo que se había puesto de moda 50 años atrás. Su editor le pagó 1 336 reales por el manuscrito. Fue una cantidad modesta, pero respetable. Y por fortuna el libro tuvo muy buena acogida, lo cual animó a Cervantes a dedicarse a escribir comedias, terreno en el cual logró cierto éxito. Escribió 20 o 30 obras, de las que se conocen tan solo nueve de ellas, pero el éxito arrollador de Lope de Vega en este terreno, pareció desanimarlo y dejó de realizar esta actividad, misma que retomaría al final de sus días.
En 1585 se integró a un círculo literario en Madrid, donde alternaba con los escritores de su tiempo y leía sus obras, manteniendo una constante rivalidad con Lope de Vega. Consiguió además el puesto de comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible, y esta actividad le acarreó demasiados problemas, por su desmedido celo en el cumplimiento de su deber. Se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo racaudatorio y fue excomulgado, después fue encarcelado acusado de vender parte del trigo recaudado. Y los problemas siguieron, porque apenas salió de la cárcel, murió su madre y partió d Andalucía a Madrid, donde fue nombrado recaudador de impuestos, para su mala fortuna quebró el banquero a quien entregó importantes sumas de lo recaudado y fue a dar de nueva cuenta con sus huesos en prisión, esta vez en Sevilla, donde permaneció detenido por cinco meses.
Con una vida tan difícil y ajetreada, resulta difícil pensar que Miguel de Cervantes se haya puesto en esos tiempos a escribir, pero lo hizo y a principios de 1605, apareció en Madrid “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Cervantes era por ese tiempo un personaje descolorido, flaco, empobrecido, con una familia llena de problemas y una pésima situación en todos los sentidos. Por ese entonces tenía cincuenta y ocho años y su mundo era problema tras problema. Pero su famoso Quijote gustó desde el principio dándole pronta fama, aunque económicamente no fue grande lo recibido.
Sus hermanas, quienes ya hemos dicho que no eran tan pulcras y santas, se vieron envueltas en un serio problema, ya que un caballero a quien ellas atendían, tras ser herido murió a las puertas de su casa. Y fue tal el escándalo que la policía vino y arrestó a todos los de la casa, incluyendo a Miguel de Cervantes, quien unas horas después fue liberado. Mientras tanto su Quijote de la Mancha día con día iba cobrando más fama. Y de pronto, gran sorpresa le provocó el saber que apareció una segunda parte del Quijote, proclamada como auténtica continuación de su obra, y realizada por un tal Avellanada. Aquél fue un golpe duro, ni siquiera había leyes que defendieran sus derechos, por lo que fácilmente aquél vivales se aprovechó de la popularidad de su obra para hacerse de algo de dinero, sin que nadie pudiese hacer absolutamente nada.
Por ese tiempo Miguel de Cervantes estaba completamente enfermo, pero escribía a un ritmo imparable. Fruto de ello surgieron las Novelas ejemplares, el Viaje al Parnaso, Las Ocho comedias y ocho entremés nuevos nunca antes representados, y acabo aquél año de 1615 la segunda parte del Quijote, que aparecería en el curso del mismo año.
El 19 de abril de 1616 totalmente acabado y enfermo recibió la extremaunción. En aquél momento estaba terminando su novela Los Trabajos de Persiles y Segismundo. Al día siguiente redactó la dedicatoria de la obra al conde de Lemos donde decía lo siguiente: “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir…”
Antes de morir, Miguel de Cervantes Saavedra se dio cuenta que había escrito una gran obra, comenzaron a circular traducciones al inglés y al francés del Quijote. Parecía como si el mundo quisiera otorgarle una respetable despedida, ya que el éxito de su obra se incrementó desmesuradamente en esos días. Pero ya no había tiempo para festejos y celebraciones. Miguel de Cervantes Saavedra, murió el 22 de Abril de 1616, asistido por su esposa y una de sus sobrinas; vestido con hábito franciscap y enterrado en un convento, sin que nadie hoy en día sepa en donde quedó exactamente su tumba.

OSCAR WILDE

Por nombre le pusieron Oscar, porque era niño, pero desde pequeño lo vistieron de niña. No era esto un suceso aislado y extraño, sino una costumbre de la época, como consecuencia de la pena que sus padres tenían por una niña que se les murió poco antes de que naciera Oscar.
Quizás fue por esto, o vaya usted a saber, pero Oscar Wilde pareció tener su destino perfectamente delineado desde su infancia.
Nació en Dublín, Irlanda, un 16 de octubre de 1854. Su padre era un científico y médico destacado, especialista en el oído, quien hoy en día es considerado el padre de la otología moderna; y además fue escritor de libros sobre arqueología y folklore. Su madre era escritora, feminista y activista política, mujer culta y extravagante, con una gran afición a escribir poemas y especialista en cultura celta.
En el colegio, Oscar, fue objeto de burlas y desprecios de sus compañeros. Hizo pocos amigos, porque era demasiado retraído. No le agradaban los deportes y mientras los demás niños jugaban, el se acomodaba en algún rincón a leer alguna obra de los escritores clásicos. Por ello se ganó el mote de “Cuervo Gris”.
De joven participó en las reuniones literarias que organizaba su madre, y a las cuales asistía la crema y nata de la alta sociedad. Ahí Oscar mostró su gran temperamento e imaginación, rasgos heredados de su madre, quien le heredó muchas otras cualidades de su carácter.
En la calle el joven Oscar Wilde era muy bien conocido. Cobró enorme notoriedad con su personalidad excesivamente refinada y su vestimenta fuera de lo común. Vestía pantalones de montar de terciopelo, flores en la solapa del saco y llevaba el pelo largo, aunque bien arreglado. Era de conversación brillante y agresiva; haciéndo sentir inferiores a todos con su carácter decidido y su aguda inteligencia.
Le gustaba comprar objetos de arte y decorativos, como girasoles, plumas de pavo real y porcelanas chinas. Un tipo demasiado excéntrico y refinado para su época.
Fue premiado con medalla de oro en el Trinity (Colech) Collage por sus conocimientos de griego clásico cuando contaba con tan solo 20 años. Y además recibió una beca para estudiar en la Universidad de Oxford, donde destacó en el estudio de los clásicos y ganó un premio por uno de sus poemas.
A la muerte de su padre, apenas le fue entregada su herencia, Oscar Wilde, decidió invertirla en un viaje por Italia y Grecia, lugares que anhelaba conocer por el enorme significado cultural que estos países representan. A su regreso a Londres comenzó a escribir poemas, los cuales fueron publicados por varios periódicos y revistas, mismos que posteriormente dieron forma a su primer libro.
En 1882 emprendió un viaje a los Estados Unidos donde ofreció, con enorme éxito, una serie de conferencias sobre su filosofía estética. Los altos círculos sociales de Norteamérica se rindieron ante aquél joven brillante de modales refinados y ropajes cursis y remilgados.
A su regreso a Europa, universidades y centros culturales le acogieron efusivamente en sus recintos. Fue toda una gran figura en Francia y Londres. La transgresión de las austeras normas imperantes de la época fue una constante en su vida.
Dirigió una revista para mujeres, escribió poemas, libros y obras de teatro que lo convirtieron en una de las más grandes figuras de la literatura surgidas en Europa.
Cuando tenía 30 años casó con una hermosa y encantadora mujer llamada Constance Lloyd, hija de un rico abogado de Dublín, con la que tuvo dos hijos varones. Vivieron con ciertas privaciones económicas, hasta que Oscar empezó a ganar mucho dinero con sus obras. Desgraciadamente Oscar se aburrió de su matrimonio, porque no encajaba con su estilo de vida, y la relación terminó en un gran fracaso.
Para sus hijos escribió algunos cuentos infantiles. Narraciones tristes, sensibles y aleccionadoras, pero siempre predomina en ellos la crítica social y la sutil ironía.
Después vinieron sus relatos “El crimen de Lord Artur Saville”, “El ruiseñor y la rosa”, “El fantasma de Canterville” y su famosa novela “El retrato de Dorian Gray”, una historia sobre la decadencia y corrupción del protagonista. Este último trabajo fue duramente atacado por los críticos y tacharon a Wilde de inmoral.
El éxito se convirtió en su gran aliado. Sus libros encantaban y sus obras teatrales generaban gran expectativa en toda Europa. Toulose-Lautrec le hizo un retrato, Richard Strauss compuso una ópera basada en la obra “Salomé” de Wilde… los aplausos y reconocimientos surgían para él en todas partes.
Más un día surgieron los problemas. Oscar Wilde entabló un juicio por injurias en contra del Marqués de Queensberry. Aquello se volvió un escándalo debido a que el escritor se encontraba en la cima de su carrera y al ser sumamente conocido, toda la sociedad siguió paso a paso los acontecimientos.
El proceso se complicó y el juicio se volvió en su contra. El Marqués lo acusó de sodomía, provocando un escándalo de enormes proporciones. Oscar Wilde había mantenido una relación homosexual con el hijo del Marqués y éste no perdió la oportunidad para desquitarse del escritor, por lo cual Wilde fue declarado culpable de sodomía y condenado a dos años de trabajos forzados.
En cuanto el escritor y poeta fue recluído en prisión, sus acreedores tomaron sus propiedades y las remataron para cubrir los adeudos. Perdió sus amigos, su familia, su reputación y fortuna. Su homosexualidad y sus ideas socialistas terminaron por conseguirle el rechazo de aquella sociedad que tanto lo aclamó.
Ciertamente hubo numerosas peticiones de clemencia efectuadas por algunos sectores progresistas y desde ciertos sectores literarios de Europa, más las peticiones fueron ignoradas.
Oscar Wilde escribió algunas de sus obras más importantes en la prisión, como “La balada de la cárcel de Reading”, en la que relató la dureza de la vida en prisión y la desesperación de los presos, pero al salir de prisión estaba totalmente arruinado, tanto material como espiritualmente.
Se fue a vivir a París, donde vivió en un pobre cuarto de hotel, contando con el fiel apoyo de algunos de sus más fieles seguidores y amigos, aunque permaneciendo en una absoluta pobreza.
Más aquella desastrosa etapa en prisión le afectó demasiado. Dos años después, el 30 de noviembre de 1900, a los 46 años, Oscar Wilde murió de meningitis. Y así terminó la vida del poeta, dramaturgo, novelista, crítico literario y ensayista irlandés, Oscar Wilde, uno de los escritores más brillantes de la literatura universal.

martes, 28 de octubre de 2008

CARUSO Y EL GRAMMOPHONO

En 1877, Thomas Alva Edison invento el fonógrafo, un curioso aparatito que tocaba cilindros de hoja de papel de estaño. Edison lo consideraba un auxiliar para el dictado en oficinas. Y era algo tan rudimentario y con el sonido tan malo, que, además de todo, solo podía reproducir una vez cada grabación.
Luego vino el grafófono de Alexander Graham Bell, que realizaba las grabaciones en un cilindro de cera, que podía tocarse varias veces, pero tenía el gran problema de que no podía copiarse.
Emile Berliner, originario de Hanover, Alemania, llegó a Washington cuando tenía 19 años. Estudió física, mientras trabajaba de asistente en un laboratorio, además, el poco tiempo que tenía libre lo dedicaba a su labor como vendedor, para cubrir todos los gastos de su escuela.
Emile Berliner asistió a la Exposición del Centenario de los Estados Unidos, donde Graham Bell demostró su gran invento: el teléfono. Emile se sintió maravillado con aquella invención, aunque le pareció que había que hacer mucho aún para mejorarlo, y se dio a la tarea de investigar en este sentido. Fue así como, poco tiempo después, inventó el micrófono de carbón para el teléfono, mismo que ofreció a la Compañía Telefónica Bell, quien le compró los derechos en 50,000 dólares. ¡una auténtica fortuna!. Más este micrófono permitió comercializar el ingenioso invento de Bell.
Con el dinero recibido, Berliner, se dedicó a buscar la forma de perfeccionar el fonógrafo y el grafófono. Y así, en 1887, creó un sistema de grabación que podía ser utilizado una y otra vez, además de que podían hacerse muchas copias de la grabación original. Cambió el cilindro por un disco plano, que primero fue de vidrio, luego de zinc y posteriormente de plástico. A su invento le llamó gramófono.
Después vendría Elridge Johnson, quien patentó un motor de resorte, mismo que acabó con la necesidad de darle vuelta a la manivela del gramófono para mantener la velocidad.
Berliner fundó su propia compañía para producir tanto discos como gramófonos en forma masiva, estableciendo sucursales en Gran Bretaña y Alemania. Pero hacían falta cantantes, y uno de los primeros que Berliner contrató fue Enrico Caruso.
Las primeras grabaciones fueron realizadas en la compañía Camden de Nueva Jersey. No había micrófonos. Caruso cantaba hacia una bocina en forma de corneta, misma que estaba conectada a la máquina grabadora. A los músicos que acompañaban al tenor, los acomodaban en diversas posiciones para controlar el volumen de cada instrumento.
Se hacía la grabación y luego se escuchaba. Se detectaban los errores de volúmen en los instrumentos y se procedía luego a una segunda toma, alejando a los instrumentos que hubieran sobrepasado el volumen requerido y acercando a los que se hubieran perdido en la grabación primaria.
La operación se repetía una y otra vez, hasta que se lograba un balance adecuado.
La grabación se realizaba en un disco de cera, del cual luego se hacía la copia a uno de cobre, para luego pasarla a los discos de pasta negros.
Caruso era muy cuidadoso. Quería que las grabaciones quedaran de la mejor forma posible. Cuando los resultados eran muy buenos, era pródigo en halagos para los músicos que lo acompañaban y el ingeniero de audio. Incluso se esculcaba las bolsas buscando algo para obsequiarles reconociendo su esmero.
Enrico Caruso se convirtió en el cantante más famoso y mejor pagado de su época. Sus grabaciones, aunque bastante rústicas y deterioradas, nos han permitido conocer a uno de los más grandiosos tenores de todos los tiempos.

ENRICO CARUSO

Enrico nació en Nápoles, Italia, en 1873. Fue el decimoctavo de 20 hijos de una familia muy pobre. Desde pequeño le gustó el canto; cantaba todo el tiempo y en cualquier lugar, por ello a los nueve años ingresó al coro de su parroquia. Aquello era dicha y felicidad, solo que tuvo un conflicto con un compañero, que llegó hasta los golpes. Después vino el director a sancionar al par de chiquillos. Enrico al parecer no estuvo muy de acuerdo y mostró su rebeldía. Fue llamado su padre para exponerle la queja, y este, con esa autoridad propia de los padres chapados a la antigua, le exigió a Enrico que se arrodillara y besara los pies del padrecito que dirigía el coro. Enrico no aceptó pasar por esta humillación, huyendo de inmediato de ahí, prefiriendo quedar fuera de aquél amado coro de niños.
Los conflictos con su padre eran cosa de rutina. Más con su madre siempre se sintió protegido. Su padre lo puso a trabajar en el oficio de la familia: la mecánica, pero al fallecer su madre, Enrico decidió dedicarse exclusivamente a cantar, cosa que acarreó la furia de su padre y terminó por correrlo de la casa. Logró entonces el apoyo del maestro Gug-lielmo Vergine, quien le dio su primera educación musical formal. Después de tres años de estudio y preparación, hizo su debut operístico en el Teatro Nuovo de Nápoles. Fue así como a los 21 años surgió la gran figura de Enrico Caruso.
La fama le acompañó prácticamente desde el primer día. Pronto pisó los escenarios de Moscú, San Petersburgo, Buenos Aires y la afamada Scala de Milán.
El año de 1901, participó en El Elixir de Amor, pero su actuación fue recibida con bastante frialdad por el público napolitano, por lo cual Enrico Caruso juró no volver a cantar nunca en Nápoles, su ciudad natal... ¡Y cumplió su promesa!.
El reconocimiento mundial llegó después de que cantó "La Bohemia" en Monte Carlo , así como "Rigoletto" en el Covent Garden de Londres y la Metropolitan Opera House de Nueva York. En este último escenario se presentó durante 18 temporadas consecutivas, ofreciendo 607 funciones de 37 óperas diferentes. Su última aparición pública fue precisamente en ese teatro, el 24 de diciembre de 1920.
Enrico Caruso era todo un profesional y solamente canceló dos funciones en toda su carrera, pese a tener graves problemas de salud. Padecía de una enfermedad pulmonar que lo llevó a la muerte en 1921, a los 48 años.
Grabó aproximadamente 200 fragmentos de ópera y canciones; muchas de estas piezas siguen publicándose, un siglo después de haber sido grabadas. Sus grabaciones, aunque bastante rústicas y deterioradas, siguen vendiéndose en todas las principales ciudades del mundo.

lunes, 29 de septiembre de 2008

EL CABALLO DE LEONARDO DA VINCI

Leonardo Da Vinci, el famoso pintor, escultor e inventor, trabajó durante 12 años en una estatua ecuestre de bronce, con la figura del padre de su mecenas Ludovico Sforza.
La estatua, de más de 7 metros de altura, hubiera exigido verter 100.000 kilos de metal fundido en un molde con la rapidez suficiente para que el enfriamiento fuera uniforme.
Para ese fin, inventó un sistema de hornos múltiples que jamás se llegó a utilizar ya que una amenaza de guerra hizo que todo el metal fuera destinado a la fabricación de cañones.
Al no poder hacerlo de metal, se dio a la tarea de construirlo en arcilla. La obra se encontraba en Milán, Italia y era proclamada como la obra ecuestre más bella que jamás se hubiera visto.
Por desgracia los franceses derrotaron a los milaneses en 1499 y los soldados de Luis XII utilizaron el caballito para sus prácticas de tiro, perdiéndose una obra de incalculable valor artístico.
Baja el Audio en MP3:
http://www.mediafire.com/?mtmyzmdwzhn

miércoles, 23 de julio de 2008

LA MAMÁ DE EDISON

Thomas Alva Edison fue uno de los creadores más productivos de todos los tiempos. Gracias a su ingenio y tenacidad logró cosas tan valiosas como el foco y el fonógrafo, además de muchos otros inventos que permitirían un inusitado avance dentro de la era moderna.
Más sin embargo es bueno saber que a los ocho años y después de haber asistido tres meses a la escuela, regresó a su casa bañado en lágrimas debido a que el maestro lo hechó de clase por consideralo estéril e improductivo. Años después este maestro comentaba que mientras fue su alumno, no logró percibir su gran ingenio y grandeza, ya que era un alumno de muy bajo rendimiento e inferior a sus compañeros de clase.
La madre de Edison se enfureció ante la opinión del maestro y fue a reclamarle airadamente. Hecha una furia obligó a que fuera aceptado nuevamente en clase. Edison siempre reconoció la grandeza de su progenitora. Una mujer entusiasta y decidida que no se amedrentaba con nada. Y sin lugar a dudas que esto fue un gran aliciente para el futuro gran inventor.
Al igual que Beethoven tuvo dificultades auditivas, una sordera que empeoró con el paso de los años. Más Edison no se preocupó gran cosa. Se volvió un tanto retraido y más centrado en las cosas que deseaba hacer. Pasaba horas enteras dedicado a la lectura en la biblioteca de Detroit. Ahí, comenzaba por leer el primer libro que se encontraba en el anaquel inferior y seguía por orden con los demás hasta terminar con toda la hilera.
¡Y nosotros que muchas veces no somos capaces de leer ni siquiera un libro completo!. El conocimiento es poder. Un poder que nos llena de grandeza para lograr con menor dificultad los objetivos que nos trazamos en la vida.

miércoles, 16 de julio de 2008

ALBERT EINSTEIN UN HOMBRE EXTRAÑO

Según la opinión del canal de TV Mundo Olé, Albert Einstein es el personaje más importante del siglo 20. Este notable científico nació en Alemania el 14 de mayo de 1879, y fue, como casi siempre suele suceder, un hombre extraño y solitario, que no puedo ser buen esposo, ni padre y además de todo ello fue considerado un pésimo estudiante, llegando incluso a reprobar las matemáticas.
Su viejo maestro Benkovski jamás pudo entender como alcanzó tal grandeza si nunca ponía atención a las clases; se aburría demasiado, se dormía y faltaba con frecuencia. Más aún así, y de forma totalmente inexplicable Einstein revolucionó a la ciencia y sus hallazgos derribaron infinidad de teorías y falsas creencias.
Fue un científico que no gustaba de guardar las apariencias. Jamás usaba calcetines, sus sweters solían estar rotos de los codos; su cabello largo y desaliñado y se comportaba como un auténtico hippie y pese a ello, se le invitó a ser el presidente de Israel, lo cual declinó por estar muy lejos de sus pretensiones. En realidad jamás se sintió cómodo con la fama conseguida, ya que se le consideraba como una estrella de cine y lo abrumaban en todo momento con entrevistas, autógrafos y fotografías.
Todo mundo sabe que su famosa fórmula E: mc2 dio pie a la creación de la bomba atómica, más él fue un pacifista declarado, que se opuso a Hitler y a la guerra. Y muchas de las maravillas modernas surgieron en base a sus descubrimientos, como los rayos láser que lo mismo se utilizan para guiar misiles que en la cirugía. Además descubrió la energía solar y sus conocimientos derivaron en cosas tan útiles y simples como los códigos de barras, transistores, chips y las mismas computadoras.
Podríamos decir que jamás nadie ha provocado una revolución científica y tecnológica como la que desencadenó Albert Einstein. Sus hallazgos estremecieron a la ciencia, y hasta el día de su muerte en 1955 realizó campañas para la abolición de las armas nucleares.
Para él la ciencia debía engrandecer el mundo no provocar su extinción. Aunque muchos lo han entendido de otra manera.

jueves, 19 de junio de 2008

LA GENIALIDAD DE MOZART

Jamás ha existido en este mundo un ser tan prodigioso, dentro del mundo de la música, como Mozart. Han existido grandes figuras, maestros indiscutibles creadores de obras excepcionales. Pero nadie, absolutamente nadie que haya tenido un don tan excepcional para componer música como Wolfgang Amadeus Mozart.
Comenzó a tocar el clavicordio cuando solo tenía tres años de edad. No requería de grandes explicaciones, todo lo hacía de una manera instintiva. Su oído era tan sensible que podía descubrir hasta un octavo de nota en la afinación de la cuerda de un violín.
El padre de Mozart tocaba en un cuarteto de cuerda. Y un día el segundo violín no se presentó. Ante la desesperación de su padre, el pequeño Amadeus cogió el violín y tomó el lugar vacante. Ni su padre, ni los otros músicos pudieron dar crédito a lo que veían y escuchaban. El pequeño de tan solo cinco años se sabía a la perfección el tema que iban a interpretar. Sin tener que leer ninguna partitura. Todo lo había aprendido de puro oído.
Pero esto no fue todo, porque a partir de ese momento comenzó a componer su propia música y para los ocho años de edad ya había realizado su primera sinfonía. El viejo Mozart no perdió la oportunidad de presentarlo como un gran fenómeno musical por todo Europa. Y doquiera que iba, el pequeño deslumbraba con sus maravillosas actuaciones. Era capaz de leer y tocar las más complicadas partituras. Se le vendaban los ojos, y aún así identificaba sin fallas todos los elementos de un acorde. Componía e improvisaba sin mayor problema, e incluso fue retado por grandes músicos de su tiempo.
En Roma, durante las celebraciones de la Semana Santa, el coro papal solía interpretar el Miserere de Gregorio Allegri. El Papa había prohibido que se ejecutara esta obra en cualquier otro lugar, por lo que no existían más partituras que la que tenía el Vaticano y la cual era celosamente guardada en las bóvedas de la Basílica de San Pedro. Era tan dura la restricción, que cualquier intento de reproducir dicha obra era penado con la excomunión.
El citado Miserere era una composición contrapuntísitca larga y compleja. Mozart la oyó interpretar una sola vez. De regreso a su habitación, transcribió la partitura entera de memoria. Cuando el Papa lo supo, se sintió tan asombrado que en lugar de aplicarle la excomunión, lo hizo llevar a su presencia y le otorgó la Cruz de la Orden de la Espuela de Oro.
Mozart murió a los 35 años de edad, dejando una obra tan basta, que es muy difícil de cuantificar. Y pese a su invaluable legado musical, sus restos terminaron en la fosa común, porque su mujer no tuvo el dinero necesario para hacer los pagos de la tumba.

domingo, 15 de junio de 2008

UN NIÑO PROBLEMA


Albert era un auténtico problema. A sus cuatro años su lenguaje era tan deficiente que apenas lograba pronunciar correctamente algunas cuantas palabras, cuando otros niños a esa edad son capaces de construir frases completas. Al ingresar a la escuela, la verdad es que no le fue nada bien, su deficiente forma de comunicarse y su lentitud para asimilar el conocimiento le ocasionaron múltiples problemas.

Era un chico realmente extraño, no le gustaban los deportes, prefería arrinconarse por ahí, sin hacer amistad con nadie y le daba por hablar solo. Todo esto le fue reportado a su padre, quien le llamó fuertemente la atención a su pequeño. Nadie logró imaginar que ese niño problemático e inadaptado se convertiría con el tiempo en el genial Albert Einstein