sábado, 6 de julio de 2013
PUEDO PORQUE PUEDO!! (3)
jueves, 27 de octubre de 2011
PAUL WITTGENSTEIN, EL PIANISTA MANCO
viernes, 30 de septiembre de 2011
EL APLAUSO
El gran reto para cualquier encargado de personal es, sin lugar a dudas, el mantener motivado a su equipo de trabajo. Una labor nada fácil, que bien conocen quienes han enfrentado un puesto de esta naturaleza.Lo más común es que un jefe emplee su autoridad (fuerza) para lograr que se hagan las cosas. Muchos recurren a la presión constante, al regaño, a las amenazas y los castigos. Por supuesto que cuando se emplean estos métodos arcáicos, hasta los buenos elementos terminan por renunciar, provocando que la empresa jamás tenga un equipo de trabajo íntegro y eficaz, manteniéndose siempre con unos resultados bastante desalentadores.
Pues bien, cuenta un directivo de una empresa, que después de varios fracasos en sus intenciones por motivar e integrar a su gente, decidió cambiar su estrategia. Normalmente les hacía una junta semanal de dos horas. Más esta vez cambió su estrategia por una junta de diez, quince minutos máximo, pero todos los días. Si la junta semanal era siempre para reprochar y regañar, por todo lo que se hacia mal o se dejaba de hacer; la nueva junta tendría como base principal el resaltar los logros de cada día. Aún con tan sólo 15 minutos que se les pidió a los miembros del personal, contando con la notificación de que la junta semanal se cancelaba, no faltaron las caras malhumoradas.
Al comenzar la reunión era notorio el total desinterés de la mayoría, más el directivo les sorprendió con una pregunta:¿Qué cosa importante hicieron el día de hoy?. Todos le miraron desconcertados. Más el directivo continuó con el acoso.
viernes, 26 de noviembre de 2010
EL APLAUSO
El gran reto para cualquier encargado de personal es sin lugar a dudas el mantener motivado a su equipo de trabajo. Una labor que quienes hemos tenido un puesto de esta naturaleza sabemos lo difícil que es mantener el espíritu en alto, logrando conciliar a todos los integrantes del equipo. Hay personas que son inseguras, desconfiadas, resentidas o simplemente rebeldes por naturaleza.Lo más común es que un jefe emplee su autoridad (fuerza) para lograr que se hagan las cosas. Muchos recurren a la presión constante, al regaño, a las amenazas y los castigos. Por supuesto que cuando se emplean estos métodos arcáicos, hasta los buenos elementos terminan por renunciar haciendo que la empresa jamás un equipo de trabajo íntegro y eficaz, manteniéndose siempre con unos resultados bastante desalentadores.
Pues bien, cuenta un directivo de una empresa, que después de varios fracasos en sus intenciones por motivar e integrar a su gente decidió cambiar su estrategia. Normalmente les hacía una junta semanal de dos horas. Más esta vez cambió su estrategia por una junta de diez, quince minutos máximo, pero todos los días. Si la junta semanal era siempre para reprochar y regañar por todo lo que se hacia mal o se dejaba de hacer. La nueva junta tendría como base principal el resaltar los logros de cada día. Aún con tan sólo 15 minutos que se les pidió a los miembros del personal, contando con la notificación de que la junta semanal se cancelaba, no faltaron las caras malhumoradas.
Al comenzar la reunión era notorio el total desinterés de la mayoría, más el directivo les sorprendió con una pregunta:¿Qué cosa importante hicieron el día de hoy?. Todos le miraron desconcertados. Más el directivo continuó con el acoso.
-Piense cada uno de ustedes que fue lo más importante que hicieron el día de hoy’. No importa si parecen cosas pequeñas. Lo importante es que nos demos cuenta de esos detalles importantes que hicimos en este día.-
Después el directivo comenzó a interrogar a cada uno de ellos. Y poco a poco fue cada uno diciendo cada detalle que le pareció importante.
-Acomodé la mercancía- dijo uno
-Atendí muy bien y logré hacer buena venta a dos clientes- dijo otro.
-Me salió muy bien el corte de caja- dijo el cajero.
-Le conseguí un producto con el proveedor a uno de nuestros clientes- dijo alguien más.
Y así uno a uno fueron manifestando esos pequeños detalles sobresalientes.
Después de que haber concluido la participación de todos, el directivo agregó:
-Todos esos detalles son muy importantes, cada pequeña cosa que ustedes han realizado forma parte de un todo, y la suma de todo es lo que determina la grandeza de esta empresa.
-¿Hemos hecho cosas grandes este día? ¿Nos sentimos satisfechos?, ¿Mañana podremos ser mejores?. Bueno, pues por todo lo que hemos hecho hoy, creo que merecemos un aplauso.
Y fue así como se iniciaron las sesiones de aplausos. La primera vez no fueron muy emotivos, mas poco a poco el aplauso se convirtió en un gran estimulo. Dando como resultado un personal más satisfecho y por ende mayor productividad. La calidad del trabajo mejoró y el estado de ánimo también.
No cabe duda de que todos necesitamos de reconocimiento, todos requerimos de una palmadita en el hombro, todos estamos sedientos de que se reconozca nuestro trabajo. Padres e hijos, jefes y empleados, todos absolutamente todos debemos de ser reconocidos, por tanto hay que aprender a reconocer el trabajo de los demás, si queremos que se nos reconozca el nuestro.
Este día seguramente necesitan un aplauso la esposa, los hijos, el padre, la madre y todos aquellos que a nuestro alrededor nos han venido apoyando en la vida.
miércoles, 21 de julio de 2010
LA ESPOSA DE NAT KING COLE
Eran como las 11:30 de la noche, cuando una mujer afroamericana de cierta edad se encontraba al borde de la carretera de Alabama, en medio de una fuerte tormenta. Su auto se había averiado y aunque estaba totalmente empapada, agitaba su abrigo con la mano intentando desesperadamente que alguien la auxiliara, más los automovilistas la ignoraban, mientras ella caía en una profunda depresión. Eran tiempos difíciles; los negros aún no eran muy bien vistos por los norteamericanos y esto dificultaba en gran medida su situación.viernes, 18 de septiembre de 2009
EL SEMBRADOR DE MANZANOS
Enormes extensiones del norte de los Estados Unidos están llenos de manzanos, se calcula que hay 160,000 kilómetros cubiertos con estos apreciados árboles. Abarcando gran parte de Massachusetts, Pennsylvania, las cercanías de Nueva York y Ohio. ¿Qué de novedad tiene esto?John Chapman era un tipo tan simple que fácilmente se podía confundir con un loco. Llamaba mucho la atención por lo excéntrico de su atuendo. Vestía con un burdo saco café en lugar de camisa, sus pantalones viejos, rotos y desgastados; los zapatos llenos de hoyos, una bolsa llena de biblias, y una cacerola por sombrero en la cabeza, en la que cocía sus alimentos.
A todos les hablaba de la palabra de Dios y les regalaba biblias, mismas que adquiría con las limosnas que le daban las personas que se encontraba a su paso. Era muy apreciado, porque todo en él era bondad y sencillez. Se dice que nació en Springfield, Massachusetts en 1774, aunque hizo de los caminos su lugar de residencia. A diario iba de uno a otro lugar teniendo como gran misión, además de hablar del reino de Dios, sembrando semillas de manzana.
Era mucho más grande su costal de semillas que de biblias. Se cansaba mucho con el peso de la carga, pero se sentía feliz con lo que hacía. Con el tiempo los campos, antes desnudos, se llenaron de manzanos, mismos que Chapman cuidaba con esmero, podándolos y apartando de ellos las hierbas.
John Chapman un día desapareció. Nadie sabe cuál fue el último camino por el que se marchó. Ahora las grandes extensiones de manzanos, que son el patrimonio de muchas familias, son un monumento al amor de este hombre por la tierra y sus semejantes.
Cómo hacen falta este tipo de locos en el mundo. ¿No le parece?
jueves, 13 de noviembre de 2008
EL AMIGO QUE PARTIO
Cuando los grupos se fusionaron en el sexto semestre de la prepa el ambiente se volvió un poco sofocante, ya que siempre había existido una cierta hostilidad entre un grupo y otro. Coco, Lorena y Laura, quizás por ser mujeres muy pronto se adaptaron. Pero Luís y Cristian, que ambos eran amigos de las chicas, se cayeron bastante mal desde el principio.Luís de plano era un presumido de marca y para colmo prepotente. Y esto lo volvía insoportable ante los ojos de Cristian. Así que ni uno ni otro hizo el menor intento por hacer algo de amistad.
Pero la vida tiene sus inexplicables caminos. Un día uno de sus maestros dejó una tarea un poco difícil y Coco, Lorena, Laura y los dos muchachos se reunieron para realizarla. Cuando Luís la terminó, Cristian le solicitó que se la prestara. Luís no dijo nada, simplemente dio la media vuelta, agarró el cuaderno que luego puso en sus manos para de inmediato darle la espalda y proseguir su plática con unos amigos.
Fue uno de los muchos desplantes soberbios de Luís, pero Cristian allanó los caminos. Soportando con paciencia palabras hirientes, actitudes indiferentes y marginales, así que cuando Luís reaccionó ya fue demasiado tarde. Cristian se había convertido sin darse cuenta en su mejor amigo.
Los dos eran totalmente diferentes. Cristian un chavo gigantón de 2 metros de estatura, con ropa holgada y mal combinada, siempre de tenis y gorra, mientras que Luís de tan sólo 1.80, no podía salir ni a la tienda de la esquina sin antes revisar su apariencia en el espejo y pasarse dos o tres veces el peine por los cabellos, aun sin que hubiera necesidad de ello.
Cristian bromista y juguetón, todo un amante del hip-hop, y Luís, con una personalidad contrastante entre la seriedad y la hironía, inclinado al soft rock, el pop y la música romántica. Aparentemente sin ninguna coincidencia, y sin embargo eran excelentes amigos.
Como la mayoría de los jóvenes de nuestra época, Cristian y Luís pasaban la tarde frente al televisor compitiendo en los video juegos, hasta que terminaban una contienda o cancelaban la partida para irse a su tradicional recorrido por los negocios de ropa y novedades de Sahuayo.
Mientras que a Luís le atraía una bonita camisa o un buen pantalón, Cristian podía pasarse horas mirando los juguetes. Pese a ser un gigantón en apariencia, tenía un corazón de niño, por ello es que jugaba con los carritos como lo haría cualquier chiquillo.
En su habitual recorrido entre las tiendas, con frecuencia aparecían entre ellos las visiones del futuro, aflorando los sueños a realizar para cuando terminara la pesada carga de sus estudios y se convirtieran en profesionistas.
“Me iré a vivir a un puerto - decía Cristian- donde pueda hacerla con mi carrera de Comercio Internacional. Y cuando comience a ganar mi buena lana, ya verás que hasta me compro mi camioneta Hummer”.
Hablara lo que hablara, Cristian siempre terminaba por decir lo mismo.
Luís, un poco más serio y reservado, moderaba en este punto sus expresiones. Le costaba, así de pronto, revelar sus sueños. Tenía sus metas a lograr como ingeniero en sistemas computacionales; pero no era muy dado a hablar sobre sus pretensiones. Prefería dejar que Cristian sacara una y otra vez a bailar sus sueños, para luego tener la deliciosa oportunidad de apaciguarlos con su carrilla.
Lo que ni uno ni otro llegó a pensar jamás, es que lo que estaban viviendo en ese momento era más valioso que la suma de todo cuanto soñaban. El tesoro invaluable que habían encontrado juntos era algo de lo que todos hablan, y de lo que muchos carecen, eso que comúnmente llaman: Amistad.
Pero a veces las grandes cosas no son para siempre y aquella amistad tampoco lo fue. Una mañana de este pesado diciembre, Luís recibió la terrible noticia de que su amigo había fallecido por un paro cardiaco. No le fue fácil entender lo que sucedía. Aquello no era posible. Después del aturdimiento vino el desconcierto, luego una marejada de emociones extremas que al final desembocaron en la rabia.
¿Quién maneja la vida?, ¿Quién se encarga de tomar este tipo de decisiones?, ¿Porqué habiendo tanta gente perversa, criminal, dañina para la sociedad, se escogió para morir al mejor de sus amigos?. No es justo que un joven lleno de sueños, que se esfuerza por salir adelante día a día aferrado a los libros, luchando por obtener una buena calificación… de pronto alguien o algo decida quitarle le vida.
Torbellino de emociones, de sentimientos, algo muy difícil de soportar para Luís en aquellos momentos. No hubo nadie que pudiera ayudarlo a cargar con su pena, porque las penas, al igual que el dolor y la muerte son caminos que deberás caminar a solas. Amargo licor que se bebe a pequeños sorbos y cuyo sabor amargo perdura para siempre.
En la misa de cuerpo presente, Luís sintió que no podía más con su carga y quiso descargar su pena reprochándole a gritos a Dios su mala decisión al arrebatarle a su amigo, pero ni siquiera pudo exclamar una sola palabra, todas se atoraron en su garganta y no hubo una sola que escapara de su boca.
Después de aquél día se sumió tanto en su pena que se olvidó de familia, se olvidó de amigos, y aquél ¿porqué? Aferrado a su cabeza, daba vueltas y vueltas en todo momento, generando más frustración y rabia sin saber como abrirle paso para que descansara su alma.
Anhelaba encontrar alguna persona, cualquier tipo que se cruzara en su camino y tuviera la desdicha de provocarlo aunque fuera un poco, para descargar en él su ira. Y recordó a alguien que era el candidato perfecto para desquitar su rabia, y encaminó sus pasos para ir en su búsqueda, pero al final desistió recobrando la cordura, porque en el fondo sabía muy bien que aquello no resolvería absolutamente nada. Así que nuevamente regresó a casa a encerrarse en su cuarto para volver a sumirse en su tristeza.
Pasaron los días y llegó la navidad. Su familia y sus amigos quisieran sacarlo de su deplorable estado de ánimo intentando que participara en las posadas, en las reuniones de amigos, en la cena navideña; pero Luís se negó a incorporarse al ambiente, a todos les dijo que no había motivo alguno que festejar ni celebrar. La navidad para él carecía de total sentido.
Y llegó el año nuevo, con su brote de esperanza, con una pequeña luz que solo se encendía a ratos y luego parecía extinguirse, para retornar después con un poco más de fuerza.
Luís sonrió con desgano ante semejante pensamiento. Aquella idea que le llegaba no correspondía en nada a sus ideas. Pero la inquietud persistió y poco a poco se fue agrandando hasta apoderarse de su voluntad, hasta convertirse en una ola reiterativa en su mente.
Tomó entonces la decisión. Buscaría algún lugar donde aceptaran la donación de su cuerpo, para que cuando él muriera, a otros le sirvieran sus ojos, sus riñones, o que se yo. Y tal vez hasta su corazón, para que esto sirviera de verdadera ofrenda a su gran amigo que partió y que a él le dio el alma entera.
Cuando un amigo se va siempre deja al descubierto los grandes valores de nuestra vida.
viernes, 24 de octubre de 2008
DISCAPACITADOS CON CAPACIDAD DE AMAR
Al sonido de la pistola, todos empezaron a correr, no como unos corredores normales, más sí con el deseo de dar lo mejor de sí, poniendo todo su esfuerzo en la competencia. La gente reunida en el estadio los animaba con una buena cantidad de ovaciones, y todos ellos se sentían sumamente motivados. Pero de pronto, uno de los niños competidores, tropezó y cayó al suelo, para luego romper a llorar.
Los otros niños, al oír el llanto del niño que resbaló, se detuvieron al percatarse de lo sucedido. Entonces, para sorpresa de todos los espectadores, todos los niños regresaron ante su compañero caído. Una niña con el síndrome Down se agachó y besándole le dijo: “Esto te hará sentir bien”, lo ayudaron a levantarse y juntos, abrazados unos con otros, se fueron contentos hacia la meta. Esa vez, todos ganaron.
El público asistente les brindo una estruendosa ovación. Aquella tarde esos niños mostraron al mundo lo que es tener un corazón de oro.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
LA HAZAÑA DE TERRY FOX
Terry tenía escasos 18 años cuando comenzó a sentir una fuerte molestia en la rodilla derecha. El era un apasionado corredor de maratón, así que pensó que de alguna manera se había provocado una lesión. Con un poco de reposo, quizás sedería. Mas no fue así. Aquella molestia comenzó a empeorar, por lo cual se vio obligado a realizarse una revisión médica. El diagnóstico fue demoledor: Tenía osteosarcoma, un cáncer en los huesos. Inició de inmediato el difícil tratamiento de quimioterapia, pero aún así fue necesario amputarle la pierna.Para nadie es fácil emprender con valor una situación de esta naturaleza; tampoco para Terry lo fue, pasó por una etapa inicial depresiva, hasta que un amigo le llevó una revista, que incluía un artículo que reavivó todas las fuerzas internas que se anidaban en su interior. Leyó una y otra vez la historia de Dick Traum, un atleta que con tan solo una pierna corrió el maratón de Nueva York… Si otro lo había hecho ¿Porqué él no?.
Estando en el hospital, Terry vivió la impresionante experiencia de lo que era el sufrimiento del cáncer: había demasiados pacientes compartiendo su agonía, muchos de ellos niños que muy poco sabían de lo que era la vida. Por ello Terry decidió levantarse de su cama e ir tras su mayor victoria. Debía volver a correr. Cruzaría todo Canadá, de costa a costa para recaudar fondos en pro de la investigación y combate de tan terrible enfermedad. Así se inició lo que fue llamado “El Maratón de la Esperanza”.
18 meses le llevó prepararse para semejante hazaña, para lo cual tuvo que correr 5,000 kilómetros de preparación. El 12 de abril de 1980, con una pierna amputada y suplida por una prótesis, partió de la población costera de St. John’s, ante una multitud que lo aclamaba, llenándolo de bendiciones y buenos deseos para que cumpliera su cometido. Tras de él iba una ambulancia para brindarle todo tipo de apoyo.
El sufrimiento mostrado en su rostro parecía insoportable, más demostró en todo momento un heroísmo totalmente inusitado. Durante 144 días, corrió un promedio de 42 kilómetros diarios. Lo más doloroso para Terry fue la indiferencia de la gente en muchas poblaciones, donde recaudaron tan solo unos cuantos dólares. Más su entusiasmo crecía donde la generosidad se tendía a su paso.
El 1 de Septiembre de 1980, después de haber recorrido 5,373 kilómetros y haber recaudado más de 24 millones de dólares canadienses, Terry fue doblado por el sufrimiento. De inmediato se le trasladó a un hospital y se descubrió que sus pulmones estaban totalmente invadidos de cáncer. El 28 de junio de 1981 fue la última página del libro de su vida.
Su mayor logro, aparte de los fondos recolectados, fue el despertar de la conciencia de muchos canadienses a través de lo que se llamó "Maratón de Esperanza" y el surgimiento de la Fundación Terry Fox. Hoy día este Maratón se lleva a cabo en 59 países y se han recolectado más de 300 millones de dólares para apoyar las investigaciones contra el cáncer. Todo el dinero que se recauda en cada país es entregado a las fundaciones locales. Beneficiando con ello a los enfermos de todo el mundo.
Terry Fox, un valeroso joven que dio lo último de su vida para que otros tuvieran vida.
http://www.mediafire.com/?mkmtomly3mq
miércoles, 20 de agosto de 2008
MENSAJE EN UNA BOTELLA I
El viaje no era nada barato. Tendrían que pagar $3,000 dólares al inicio y $ 7,000 al llegar a su destino. Les prometieron demasiadas cosas. Sería un viaje cómodo y placentero. Dormirían en camarotes y tendrían buena comida y atención, algo totalmente inusual en este tipo de situaciones, pero si cobraban tan caro, lógico era que ofrecieran algo especial. Así que 45 ecuatorianos y 43 peruanos, hicieron el sacrificio, para dejar atrás sus historias llenas de hambre, miseria y sufrimiento. Por ello cada uno por su lado, y como Dios les dio a entender, consiguieron el dinero necesario para emprender la aventura e ir a la búsqueda de una mejor oportunidad en los Estados Unidos.Era el 21 de mayo del 2005. Pero aquello no era un buque, ni un yate, ni nada por el estilo. Lo que encontraron estos pobres ilusos fue una embarcación pesquera toda destartalada, cuyo máximo cupo de pasajeros eran 11 personas, y ellos eran 88, más la tripulación que manejaría el bote. En total 101 personas a bordo. Así que el escenario estaba dispuesto para desencadenar una tragedia.
Los metieron inicialmente en la bodega, donde normalmente se guarda el pescado. Aquello apestaba a rayos, pero había que ocultar su partida. Después, ya en alta mar, les permitieron salir, pero como eran tantos, se turnaban para salir a cubierta.
Más los problemas apenas habían comenzado. El primer día como desayuno les dieron únicamente una manzana. De comer, arroz con carne, pero después ya ni les importó darles a sus horas los alimentos y siempre se era insuficiente, así que vivieron aquellos días con hambre permanente. Pero había otro terrible problema: para hacer sus necesidades fisiológicas, solo disponían de unas cubetas en la bodega, mismas que debían luego llevarse a cubierta para vaciarse al mar. Y con este detalle, usted ya se podrá imaginar a que comenzó a oler toda aquella embarcación; una pestilencia insoportable, que provocó vómitos, enfermedades estomacales e infecciones cutáneas en la mayoría de aquellos pobres pasajeros.
Al tercer día de haber salido del puerto de Montañita en Ecuador, la embarcación comenzó a hacer agua y lo peor es que no había sistema para achicarla, así que se organizó una cadena humana para sacar el agua con las cubetas multiusos. Se turnaban de día y de noche para mantener el agua a raya. La tensión entre los pasajeros subió de nivel, pero aún les faltaban los tragos más amargos. El quinto día el motor del barco empezó a fallar y finalmente dejó de funcionar por completo. Los encargados de manejar aquella barcasa intentaron arreglarlo, pero todo fue en vano.
La gente desesperada habló con el capitán para pedirle que solicitara auxilio, pero este les dijo que el teléfono “satelital” estaba descargado y no tenía batería. Algunos le sugirieron conectarlo directamente al sistema eléctrico del barco, pero el capitán no aceptaba ningún tipo de sugerencias. Le importaron un comino los reclamos, y para no estar escuchando a los quejosos, fue y se encerró en su camarote.
Pero el capitán y su tripulación ya habían planeado su jugada. El teléfono si funcionaba y a escondidas solicitaron apoyo a sus cómplices en tierra.
Al día siguiente los náufragos vieron la luz de una embarcación que se les acercaba. Aquella visión elevó sus ánimos y esperanza, pero el capitán ordenó de inmediato a los pasajeros que se ocultaran en la bodega, diciéndoles que aquella embarcación podía traerles grandes problemas y lo mejor era que se escondieran. Si todo estaba bien, él les avisaría.
Cuando el navío se acercó hasta ellos, el capitán y los miembros de su tripulación subieron rápidamente a él, llevando consigo los sistemas de comunicación y sus pertenencias personales. Los pasajeros se dieron cuenta que pretendían abandonarlos y salieron gritando solicitando misericordia. Pero aquellos miserables no tuvieron oídos para ellos, ni siquiera hicieron caso del llanto y los gritos desesperados de las mujeres. Simplemente se fueron sin voltear la vista atrás. Uno de los pasajeros tomó una fotografía de la embarcación en la que huyeron aquellos coyotes marinos.
Cuando quedaron solos, se dieron cuenta que sobrevivir en alta mar y en aquellas condiciones sería prácticamente imposible. Iban a la deriva y lo peor de todo es que los dejaron sin alimentos, agua potable y cualquier cosa que pudiera servirles para su supervivencia. En aquél momento todos se dieron cuenta que habían sido sentenciados a muerte.
MENSAJE EN UNA BOTELLA II
Una depresión general invadió a todo el grupo de náufragos. Las mujeres rezaban, los hombres maldecían impotentes y desesperados. Pero nada podían hacer. Por supuesto que semejante panorama trajo hasta ellos el miedo y veían como único destino la muerte. Para colmo de males, en su primer día de abandono les tocó ver a varios tiburones acercarse a su barca. Nadie quería morir ahogado, ni mucho menos destrozado por aquellos terroríficos animales marinos.Pasaron tres días de terrible angustia. Hambre, sed, miedo, desesperación… era lo único que les quedaba. Fue entonces cuando descubrieron una cuerda en el mar. Era una línea de pesca que podía ser vista a poca profundidad bajo el agua y que era sostenida por ciertas pelotas que la hacían flotar. ¿Podían sujetarse de ella y permanecer ahí hasta que vinieran a recoger aquellas cuerdas de pesca. Imposible. ¿Qué hacer?. Seguramente quien pescaba de aquella manera, regresaría aquél mismo día a recoger su captura, pero el oleaje tan fuerte imposibilitaba a su barca mantenerse en aquél sitio.
Una de las mujeres sugirió amarrarle a la cuerda una botella con un mensaje solicitando auxilio. De inmediato se dieron a la tarea. Sacaron un papel, un lápiz, y por fortuna también encontraron una botella por ahí. Luego que todo estuvo preparado, sujetaron fuertemente con una cuerda la botella y la abandonaron ahí en el mar. Y para hacerla más llamativa, le colocaron una banderita. ¿Funcionaría?
Horas más tarde, Juan Venegas, con su embarcación “Rey de Reyes” fue a recoger la línea de pesca que había tirado de madrugada. Cuando la fue jalando, de pronto se dio cuenta que traía amarrada una botella. Al leer el mensaje, lo primero que hizo fue ir en búsqueda de aquél grupo de náufragos, porque se daba cuenta que la situación era desesperada. Más no olvidó hacer una llamada solicitando apoyo al grupo ecologista Marviva.
Cuando Juan llegó con su barco hasta ellos, los náufragos se volvieron locos. Las mujeres creyeron que era un milagro, los hombres un espejismo, pero en cuanto el barco estuvo a su alcance, todos intentaron subirse a él como desesperados. Juan a gritos y gritos logró contenerlos. Su barco era pequeño y podían hacerlo naufragar.
Les hizo ver que ya había solicitado ayuda y pronto serían rescatados. Prometió no abandonarlos. Se iba a quedar ahí con ellos hasta el momento en que fueran rescatados.
Los náufragos se tranquilizaron. Juan compartió con ellos los escasos alimentos y el agua que traía consigo. La gente lloraba y Juan incluso lloró con ellos.
Poco después una embarcación de MarViva pasó a rescatarlos. No lograron llegar a su destino. Seguirán siendo pobres y vivirán siempre llenos de apuraciones, pero aquella terrible experiencia, donde su vida estuvo en peligro, les hizo cancelar cualquier pretensión de volver a intentarlo.
Y sobre aquellos tipos que los abandonaron en el mar. Al parecer poco tiempo fueron unos de ellos capturados, gracias a la fotografía que tomó uno de los náufragos.
jueves, 31 de julio de 2008
PAPÁ, ESTOY CONTIGO
Para Tony Valle las cosas iban bien en la vida. Al menos parecían comenzar a componerse después de su fracaso matrimonial. Su trabajo como representante de ventas de una exitosa compañía, le había permitido salir airosamente de cualquier problema económico, y aunque vivía con cierta comodidad, algo le tenía insatisfecho, sin saber concretamente que era. Una buena vida, pero en cierta forma un tanto descolorida.Pero un día las cosas cambiaron, descubrió que se le había formado una pequeña bola en una pierna. La tocó, la presionó, pero no sintió nada. Le pareció un tanto extraño, pero no le prestó la mayor atención. Pasó el tiempo y la bola persistía, creciendo al parecer un poco cada día.
En el campo golf se encontró con Carlos, su amigo, el doctor; así que para disiparse las dudas, decidió mostrarle aquella anomalía.
El doctor la miró, la tocó y luego le dijo simplemente que fuera a su consultorio para hacer un reconocimiento en forma y determinar la causa que estaba provocando aquella protuberancia. Tony esperaba una respuesta simple, quizás que le recetara unas pastillas y punto. Pero no fue así. El mundo se le vino encima cuando, una vez realizados los correspondientes análisis, se descubrió que aquello era un tumor canceroso.
La noticia fue para Tony como una sentencia de muerte. No hay ser humano preparado para enfrentar con tranquilidad una noticia de esta índole.
Después le extirparon el tumor, y vino el penoso tratamiento de la terrible quimioterapia. Al principio pareció sencillo más después de un par de semanas, no podía ni pasar saliva y todo su cuerpo comenzó a manifestar los estragos que provoca el tratamiento. Pero lo más penoso fue cuando una mañana, después del baño, al pasar el cepillo por su cabeza, los mechones de pelo quedaron enredados entre las cerdas, quedando tan solo un poco de su pelo aquí y allá, dejándole enormes lunares de calvice en su cabeza. Ese día no pudo reprimir la angustia y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero solo fue algo momentáneo; decidió que iba a enfrentarlo todo con entereza, así que cogió el rastrillo y se rasuró totalmente la cabeza, decidido a continuar la vida, aunque su alma se ahogaba por la pena.
Sus amigos, su familia… todos le mostraron su apoyo. Con palabras torpes y como Dios les dio a entender, le dijeron que estaban con él. Pero Tony, pese a todo ello siguió sintiendo que la lucha era únicamente de él y de nadie más y caía con bastante frecuencia en momentos depresivos, sabiendo que estaba completamente solo para enfrentar su incierto destino.
Días después, cuando llegó a casa por la noche, se sorprendió al ver a su hijo, un adolescente de escasos 16 años, con la cabeza totalmente rapada, a imagen y semejanza de su padre.
Tony, sin entender bien lo que pasaba, le preguntó a su muchacho porqué había hecho semejante cosa. Y su hijo, con cierta timidez y palabras titubeantes le dijo: “Papá, lo hice porque quiero que sepas que yo también estoy contigo”
Tony salió adelante, los más recientes estudios señalan que no existe rastro alguno de cáncer en su organismo. Pero de toda esta terrible experiencia le quedó un enorme amor por la vida y el recuerdo de aquella escena donde descubrió el corazón solidario de su hijo.
lunes, 28 de julio de 2008
EL FILANTROPO DEL TRICICLO
Wang Kuan-ying nació en China el año de 1905. Era hijo de una humilde familia de campesinos, por lo cual tan solo pudo estudiar cuatro años con un maestro de su pueblo, luego tuvo que ir a servir al ejército. El año de 1949 llegó a Taiwan con las tropas nacionalistas y unos años después se dio de baja. Tenía ya 50 años, y siendo un hombre pobre, la única forma que encontró para mantenerse fue dedicarse a la recolección de basura. Así que adquirió un triciclo y todos los días, desde horas muy tempranas, salía por las calles e iba a las fábricas a juntar el cartón y los desperdicios que pudieran luego comprarle en alguna otra parte.Como Wang Kuang-ying era un hombre modesto y humilde, sus gastos se reducían al mínimo, así que comenzó a ahorrar todo lo que le sobraba. Teniendo además como invaluable tesoro, una buena colección de libros viejos recolectados de la basura, con los cuales fue dando forma a su biblioteca personal. Le encantaba dedicar su tiempo libre a leer, ya que con ello cubría las privaciones iniciales de estudio que le estableció la vida.
Posteriormente se dio cuenta que muchos a su alrededor también necesitaban aprender, así que abrió las puertas de su casa permitiendo que cualquier persona tuviera acceso a su apreciada biblioteca.
Fue tal la cantidad de personas que acudían en busca de sus libros, que compraba con sus ahorros nuevos libros y así su colección se incrementó de tal forma hasta no quedar el más mínimo espacio disponible en su pequeña habitación. El jefe de zona, con el consentimiento de los vecinos, le prestó un sótano vacío de un edificio multifamiliar público para trasladar allí su biblioteca.
Más su esfuerzo no terminó allí; al enterarse de la enorme cantidad de niños que requerían de libros para proseguir sus estudios, le dio por utilizar sus ahorros y trabajar más intensamente para suplir hasta donde fuera posible esta necesidad.
Un ejemplo sobresaliente fue la donación de una enciclopedia y otros juegos de libros para la Biblioteca del Distrito de Penghu, un archipiélago situado al sudoeste de Taiwan. Siendo uno de los distritos más apartados y pobres del área de Taiwan, su gobierno no tenía recursos para invertir en aspectos culturales en los años setenta. Wang les dio lo que necesitaban, aunque ello le costó el equivalente a tres meses de sueldo de un trabajador común.
Más sus donaciones de libros no sólo estuvieron limitadas al área de Taiwan. Bibliotecas e instituciones públicas y privadas del Reino Unido, Alemania, Francia, Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Canadá, Australia y Argentina también recibieron sus donaciones por intermedio de la Biblioteca Nacional Central y la Comisión para los Asuntos de los Chinos de Ultramar. Durante todo el transcurso de su vida, Wang donó más de 400 mil libros.
En 1985, Wang entregó tres mil dólares al Fondo Cultural y Educativo Confucio en Estados Unidos para la construcción de un templo al famoso filósofo y maestro chino.
Wang vertió hasta la última gota de su sudor para engrandecer su obra, logrando hazañas que parecieran imposibles de alcanzar para un humilde recolector de basura. Al final, cuando ya no pudo continuar, se topó con la triste realidad de que no tenía un solo centavo para vivir los últimos días de su existencia. El Gobierno Municipal de Taipei le asigno una pequeña pensión al ser designado “un anciano en extrema pobreza”
En 1998, este humilde filántropo falleció a la edad de 94 años. Su muerte fue lamentada por los ciudadanos comunes y los funcionarios del Gobierno.
Al año de su fallecimiento, una biblioteca de la ciudad de Taipei fue rebautizada a la memoria del recolector de basura. A la vez, se inauguró un pequeño jardín conmemorativo en una esquina del edificio.
En el jardín, hay una docena de bancos colocados bajo la sombra de varios árboles frondosos que ofrecen un sitio para que las personas descansen, reflexionen acerca de sus vidas y, tal vez, contemplen los logros de Wang.
domingo, 27 de julio de 2008
CORRIENDO POR LA VIDA
Terry tenía escasos 18 años cuando comenzó a sentir una fuerte molestia en la rodilla derecha. El era un apasionado corredor de maratón, así que pensó que de alguna manera se había provocado una lesión. Con un poco de reposo, quizás sedería la lesión. Mas no fue así. Aquella molestia comenzó a empeorar, por lo cual se vio obligado a realizarse una revisión médica. El diagnóstico fue demoledor: Tenía osteosarcoma, un cáncer en los huesos. Iniciaron de inmediato los demoledores tratamientos de quimioterapia, pero aún así fue necesario amputarle la pierna.Para nadie es fácil emprender con valor una situación de esta naturaleza; tampoco para Terry lo fue, pasó por una etapa inicial depresiva, hasta que un amigo le llevó una revista, que incluía un artículo que reavivó todas las fuerzas internas que se anidaban en su interior. Leyó una y otra vez la historia de Dick Traum, un atleta que con tan solo una pierna corrió el maratón de Nueva York… Si otro lo había hecho ¿Porqué él no?.
Estando en el hospital, Terry vivió la impresionante experiencia de lo que era el sufrimiento del cáncer. Había demasiados pacientes compartiendo su agonía, muchos de ellos niños que muy poco sabían de lo que era la vida. Por ello Terry decidió levantarse de su cama e ir tras su mayor victoria. Debía volver a correr. Cruzaría todo Canadá, de costa a costa para recaudar fondos en pro de la investigación y combate de tan terrible enfermedad. Así se inició lo que fue llamado “El Maratón de la Esperanza”.
18 meses le llevó prepararse para semejante hazaña, para lo cual tuvo que correr 5,000 kilómetros de preparación. El 12 de abril de 1980, con una pierna amputada y suplida por una prótesis, partió de la población costera de St. John’s, ante una multitud que lo aclamaba, llenándolo de bendiciones y buenos deseos para que cumpliera su cometido. Tras de él iba una ambulancia para brindarle todo tipo de apoyo. El sufrimiento mostrado en su rostro parecía insoportable, más demostró en todo momento un heroísmo totalmente inusitado. Durante 144 días, corrió un promedio de 42 kilómetros diarios. Lo más doloroso para Terry fue la indiferencia de la gente en muchas poblaciones, donde recaudaron tan solo unos cuantos dólares. Más su entusiasmo crecía donde la generosidad se tendía a su paso.
El 1 de Septiembre de 1980, después de haber recorrido 5,373 kilómetros y haber recaudado más de 24 millones de dólares canadienses, Terry fue doblado por el sufrimiento. De inmediato se le trasladó a un hospital y se descubrió que sus pulmones estaban totalmente invadidos de cáncer. El 28 de junio de 1981 fue la última página del libro de su vida.
Su mayor logro, aparte de los fondos recolectados, fue el despertar de la conciencia de muchos canadienses a través de lo que se llamó "Maratón de Esperanza" y el surgimiento de la Fundación Terry Fox. Hoy día la Carrera de la Esperanza se lleva a cabo en 59 países y se han recolectado más de 300 millones de dólares para apoyar las investigaciones contra el cáncer. Todo el dinero que se recauda en cada país es entregado a las fundaciones locales. Beneficiando con ello a los enfermos de todo el mundo.
Terry Fox, un valeroso joven que dio lo último de su vida para que otros tuvieran vida.
sábado, 26 de julio de 2008
EL VIEJO VIOLIN
Se cuenta que en cierta ocasión se realizó en Londres una subasta de un violín maltrecho. El encargado mostró el violín a los asistentes, informando que era un genuino Stradivarius, pero nadie le creyó ni mostró el más mínimo interés en la pieza. Alguien por ahí ofreció 1 libra esterlina por él, una oferta realmente ridícula, entonces un experto en violines lo examinó y señaló que no tenía marca alguna que lo identificara como obra de Antonio Stradivari. El subastador explicó que los primeros violines fabricados por Stradivari no llevaban la marca del fabricante. Pero los asistentes siguieron totalmente desinteresados, así que la subasta se dio por concluida sin venderse el instrumento.De pronto, un anciano se acercó a la mesa donde se encontraba el violín, lo afinó y tranquilamente comenzó a tocar. Apenas surgidas las primeras notas, todos se volvieron a él y atónitos escucharon aquella gloriosa música que brotaba del instrumento.
Cuando el anciano concluyo la pieza, hubo un prolongado y entusiasta aplauso. A causa de los sucedido, surgió entre los presentes un interés fuera de lo común por el viejo violín. Esta vez ofreciendo grandes sumas para quedarse con él.
El anciano que mostró la belleza de aquél instrumento viejo y maltratado fue ni más ni menos que el gran maestro Nicolo Paganini.
A veces la vida nos golpea y nos maltrata, quizás estemos en momentos desafinados, pero de pronto surge el toque maestro que pone a tono nuestras cuerdas y retomamos nuestro gloria original, siendo capaces de crear la más hermosa de las sinfonías. Al fin que estamos hechos para realizar con nuestras vidas una obra maestra.
domingo, 8 de junio de 2008
MIGUEL Y MARIANA (0005))
Miguel era conocido de todos en la colonia. Traía siempre consigo un buen puñado de credenciales que supuestamente lo acreditaban como policía, lo cual le daba autoridad para notificarles a quienes se encontraba a su paso que si se portaban mal los llevaría a la cárcel. Por supuesto que todos le afirmaban ser buenos chicos, así que no había problema alguno.También era muy común verlo con una revista de modas bajo el brazo, misma que le mostraba a todos los amigos, haciéndoles ver cuál sería el vestido que compraría para casarse con su amor eterno, Mariana, una guapa chica a la que adoraba y a quien jamás dejó de expresarle sus sentimientos.
Mariana lo quería mucho. Aunque era 20 años más joven que él, y además Mariana… tenía novio. Lo cual por supuesto no era muy del agrado de Miguel, quien se encelaba cuando la veía con el otro chico y amenazaba con traer una patrulla para que lo arrestaran, más las palabras dulces de Mariana, y su sonrisa cautivadora lograban aplacar el ánimo de su eterno enamorado y todo quedaba en paz.
Miguel nunca puso fecha para su boda con Mariana, siempre pregonaba que se casaría con ella, qué tipo de vestido le compraría e incluso invitaba a todos a la boda, más jamás les dijo cuando.
Un día a Miguel le detectaron cáncer y fue su enfermedad tan fulminante que en muy poco tiempo se consumió. Cuando ya se encontraba agonizante, Mariana llegó casa de Miguel acompañada de su mamá. Se acercó al lecho de su eterno enamorado y le hizo una pregunta: ¿Miguel quieres casarte conmigo?. La mirada de Miguel se iluminó cual si volviera a recobrar su plenitud de vida. Y apenas balbuceó un "Sí". Ella sacó de su bolso un par de anillos y en un momento lleno de emotividad, tomó la mano del moribundo y puso el anillo matrimonial en uno de sus dedos, mientras le decía: "Miguel, yo Mariana, te aceptó como mi esposo y prometo serte fiel por todos los días de mi vida". Después le dió a Miguel el otro anillo para que lo colocará en el dedo de Mariana. Él no fue capaz de pronunciar la promesa de matrimonio, solo balbuceó una frase ininteligible, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Después Mariana le dió un beso en la frente y así quedó sellado su compromiso. No hubo ningún ministro, ni juez, ni sacerdote presente. Ellos se unieron en matrimonio por la ley de su amor, hasta que la muerte los separara.
Miguel fue muy feliz aquél día, porque se cumplió su más grande anhelo. Al día siguiente falleció, cuando tenía 47 años de edad. Nunca llegó a viejo, porque siempre fue un niño a pesar de su edad. Era un niño Dawn.
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EL TUBERCULO (0004)
Hace algunos años, me topé en una de las avenidas más concurridas de la ciudad, con una indígena que vendía una planta de una flor hermosísima. No sé nada de jardinería, pero heredé cierto gusto de mi madre por las flores, así que no resistí la tentación de preguntar cuánto valía semejante maravilla. El precio era bastante alto, pero había la opción de comprar uno de los tubérculos de la especie, por un precio auténticamente razonable, así que me decidí por el tubérculo y con mi preciada joya proseguí mi camino.Al llegar aquella noche a casa, saqué de su mazeta a una malva maltratada que tenía, y revolviendo muy bien la tierra, puse con cariño el tubérculo, esperando que todo fuera propicio para que en fecha no muy lejana tuviera ante mi vista una de aquellas hermosas flores que tanto me habían cautivado.
Comencé a regarlo con frecuencia. Pasó una semana y nada sucedía. Pensé que era menester un poco más de tiempo. Después de quince días floreció en mí la impaciencia. Había regado la mazeta con frecuencia, entonces no entendía lo que pasaba, así que con cuidado metí mi dedo en la tierra, hasta que comprobé que ahí seguía el tubérculo. Luego volví a cubrir el pequeño hoyo y decidí esperar más tiempo. Paso un par de meses y todo seguía igual.
Mi ánimo decayó, así que boté en un rincón del patio la mazeta y me olvidé por completo de ella. Me sentí defraudado, así que ya no quise hacer el mayor caso del asunto.
Pasaron los meses y un día, viendo la vieja mazeta arrumbada, decidí emplearla para otra cosa. Comencé a picar fuertemente con una cuchilla la tierra apelmazada y de pronto me di cuenta que ahí estaba aún el tubérculo. Al quitarle por completo la tierra descubrí que durante todo ese tiempo había echado hermosas raíces y ya venía surgiendo un magnífico brote que anunciaba la más grandiosa de sus etapas. Por desgracia con la cuchilla dañé tan fuerte el tubérculo que cegué para siempre aquella maravillosa manifestación de vida.
Desde entonces he pensado que a veces con ciertas cosas hay que tener demasiada paciencia. Lo vano, lo superfluo, lo que carece de auténtico valor se logra de un momento a otro. Lo grande, lo maravilloso, lo que en verdad vale la pena, siempre lleva mucho más tiempo. No pierdas jamás la esperanza, porque de ser así quizás sin que te des cuenta estés destruyendo la vida.
