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miércoles, 22 de septiembre de 2010

FRANCISCO VELARDE, EL BURRO DE ORO

Francisco Velarde nació en los primeros años del siglo XIX aquí en Guadalajara. Como era hijo de gente noble y adinerada, cuando murieron sus padres le dejaron una inmensa fortuna, y aunque tenía un par de hermanas, todo quedó para él, porque ellas decidieron renunciar a su herencia a cambio de encontrar la salvación entre las paredes de un rústico convento.
Francisco, como no tenía quien le “jalara el mecate” se convirtió de la noche a la mañana en “El burro de oro”, mote que le pusieron las gentes, porque hacía derroche de ostentación, y era demasiado bruto. Con pésimo mal gusto para gastarse el dinero y cometía estupidez tras estupidez.
Le gustaba andar vestido siempre con casacas, a las cuales les colgaba hasta el molcajete, pero eso sí, de oro de 24 kilates, para impresionar a todos a su paso: botones, cadenas, medallas, escudos, estrellas y cuanta cháchara se le ocurrió que podía lucirse. Al grado que parecía uno de esos santos taquilleros a los que les cuelgan montones de milagritos.
Tenía además sus finos caballos, con buenas monturas, lujosos carruajes, magníficas residencias y fincas agrícolas, ubicadas en los Estados de Michoacán y Jalisco.
Siendo un personaje que se ufanaba de sus buenos modales y su gran refinamiento, acostumbraba enviar a sus sirvientes a Europa, para que fueran educados y se les enseñara la forma adecuada de atender debidamente a las personas de alto nivel. Así los invitados de Francisco Velarde, siempre recibían un nivel de atención a la altura de los mejores palacios europeos.
Queriendo hacer aún mayor gala de ostentación, en tiempos del Presidente Santa Anna, compró, a un alto precio, el grado de General, cosa que tan solo le sirvió para lucir vistosos uniformes, aunque no tuviera ni la más mínima noción de como se tomaba un arma.
Sus pretensiones fueron mucho más lejos aún, y por ello cuando se estableció la monarquía en México, Velarde quiso incrementar su nivel haciéndose amigo del emperador Maximiliano, por lo cual intentó granjeárselo enviándole valiosos obsequios e invitándolo a pasar algunos días de descanso en la casa que tenía en esta Perla Tapatía, y aunque al parecer jamás se le rechazaron las invitaciones, Maximiliano nunca vino a visitarlo debido a sus múltiples compromisos. Pero Francisco Velarde, creyendo que el Emperador vendría, gastó miles de pesos en preparativos. Invirtió mucho dinero para dejar en óptimas condiciones la residencia que tenía en la esquina de Hidalgo y Pino Suarez, donde hoy se encuentra el Palacio Legislativo. Importó muebles de Europa, adquirió vajillas hechas de plata con incrustaciones de oro y llenó la casa de un lujo chocante y excesivo para impresionar al dignatario.
En el colmo de su tontería, puso a trabajar dia y noche, sin descanso a un gran número de sastres y costureras, para hacer un enorme toldo, que pretendía cubriera al Emperador en su camino desde Gaudalajara a la barca, para que Maximiliano en su viaje no estuviera expuesto a los rayos del sol.
Por supuesto que todos sabían lo que estaba haciendo, y no entendían su proceder, porque nadie ignoraba que el gobierno de Maximiliano caería en cualquier momento y no era muy bueno andar tomando partido en su favor, y mucho menos llamarse su amigo. Pero era entendible que “el burro de oro” lo promulgara a los cuatro vientos. Porque todo lo que hacía se lo contaba a la gente en su afán de presunción.
El 25 de enero de 1867, cuando Maximiliano estaba sitiado en la ciudad de Querétaro, el general Don Ramón Corona, como jefe de la División de Occidente, ordenó, que se entregaran como prisioneros de guerra todos los imperialistas que radicaran en poblaciones y lugares dominados por los republicanos, y en caso de desobediencia, serían perseguidos, capturados y fusilados.
Cuando los republicanos avanzaban hacia La Barca, lugar donde se encontraba en ese momento Francisco Velarde, éste huyó hacia Zamora donde logró esconderse, hasta que fue denunciado. El burro de Oro intentó escapar. Al llegar el ejército a lugar donde se encontraba, corrió para escabullirse, pero como estaba bastante gordo, no pudo brincar una barda de un metro de altura y ahí lo atrapó Francisco Tolentino. Velarde suplicó que le perdonaran la vida, incluso le ofreció a Tolentino su peso en oro montado en su caballo, pero al general, le importaban más sus ideales que el oro, así que sacó la pistola y ahí mismo le dio muerte al afamado “Burro de Oro”.

sábado, 27 de marzo de 2010

LAS PALETAS DE TOCUMBO

Tocumbo, es un pueblo michoacano que no se parece a ningún otro pueblo mexicano. Es, en primer lugar, el pueblo más rico de México. Es increíble la cantidad de casas ostentosas y extravagantes que encuentran por cualquier colonia. Todo mundo tiene televisión por cable, antenas parabólicas, automóviles, casas con pisos de mármol y todos los lujos de la gente bien acomodada.
Este pueblo es el único en todo México que tiene todas las calles pavimentadas y cuenta con todo tipo de servicios. Aquí nadie puede quejarse de falta de agua, electricidad, drenaje y cosas por el estilo.
Además de todo lo anterior tienen una auténtica joya arquitectónica: la iglesia del Sagrado Corazón. Una obra moderna creada por el arquitecto Pedro Ramírez Vásquez, el mismo que construyó la nueva basílica de Guadalupe en la ciudad de México, el estadio Azteca y el templo de la hermosa Provincia en Guadalajara.
Aquí es totalmente obvio que la gente tiene dinero. ¿Cómo lo hicieron?.
Claro que tienen su secretito, y es de lo más simple que se pueda imaginar. Le voy a contar esta sorprendente historia de como a veces basta una idea muy sencilla y unas ganas enormes de trabajar para triunfar en este mundo. Porque también en México de que se puede, se puede.
Allá por los años cuarenta Agustín Andrade, quien había quedado huérfano cuando tenía seis años de edad, se fue de Tocumbo buscando nuevos horizontes. Tenía trece años de edad cuando llegó a León, Guanajuato, y encontró empleo en una paletería de la ciudad. Ahí aprendió el oficio. Seis años más tarde se fue a la ciudad de México, donde con $ 600.00 ahorrados abrió su primera paletería, a la cual le puso por nombre “La Michoacana”.
Casi al mismo tiempo, también salió de Tocumbo un primo de Agustín, llamado Ignacio Alcázar. Lo habían expulsado de la escuela por sus vagancias y esto le ocasionó demasiados problemas con su padre, así que decidió venirse a Guadalajara, aunque no traía un solo centavo en el bolsillo.En nuestra ciudad trabajó vendiendo periódicos, después en una paletería, - aunque él ya conocía el oficio porque había trabajado un poco con el único paletero de su pueblo -. Y como no logró gran cosa en Guadalajara decidió irse a la ciudad de México, donde vendió rebanadas de fruta, revistas viejas y cosas por el estilo. Cansado de tanto esforzarse sin conseguir nada, se marchó rumbo a los Estados Unidos. Juntó unos pocos centavos y se regresó a la capital, porque no le agradó vivir en el vecino país. ¿Y qué cree que hizo con los pocos centavos ahorrados?. Puso una paletería y le llamó… “La Michoacana”.
Ignacio no sabía lo que había hecho su primo Agustín. Habían caído en el mismo negocio; casi al mismo tiempo: los dos en la capital del país y habían curiosamente utilizado el mismo nombre “La Michoacana”.
Pero lo más grande de todo fue lo que sucedió después.Los negocios de Agustin e Ignacio pronto dieron lo suficiente para comenzar a abrir muchas otras paleterías por toda la ciudad de México. Agustín abrió ciento setenta y siete paleterías. Era un hombre mujeriego, con varias esposas y amantes. Tuvo 18 hijos y pronto sus hijos, esposas, amantes y empleados fieles pasaron a ser los dueños de aquél naciente imperio. Agustín había encontrado la fórmula para hacer dinero, y compartía su buena suerte con sus empleados fieles vendiéndoles las paleterías con facilidades de pago, mientras que él abría y abría nuevos negocios.
Ignacio primero invitó a sus hermanos y al comenzar a crecer a lo grande su cadena de paleterías, fue a su pueblo e invitó a sus amigos, primos, parientes y todo aquél que quisiera iniciarse en el negocio, a sumarse a su esfuerzo. A todo mundo lo apoyaban con un préstamo para que abriera una paletería, cobrando únicamente el 2 por ciento de interés. Esto les permitía pagar su deuda en un par de años y salir exitosos de la aventura.
¿Cuántos participaron en el negocio de “La Michoacana”. Prácticamente todos los del pueblo. En la actualidad hay un aproximado de 20 mil paleterías de “La Michoacana” en todo el país. Habiendo logrado colocar al menos una paletería en cada pueblo de México mayor a los mil habitantes. Y ha sido tan fuerte su crecimiento que han comenzado a invadir el mercado americano.
A veces una sencilla idea puede rendir grandes frutos, sobre todo cuando se pone calidad, buena atención y mucho trabajo.

MONJA O PROSTITUTA

La mística región del Tibet es una zona aguijoneada por la pobreza. Los hombres ganan no más de un dólar diario en sus labores, mientras que las mujeres carecen totalmente de cualquier oportunidad. El nivel de escolaridad es prácticamente nulo, y aunque los hombres marchan a la ciudad dejando abandonados los campos, en búsqueda de algún medio honesto de conseguir el sustento para su familia, la verdad es que su falta de educación, les margina a realizar labores deplorables y mal pagadas. Esto es, cuando logran conseguir algún trabajo.

En cambio para las mujeres solo hay dos caminos posibles, ambos totalmente contrastantes. Con Dios o con el diablo. Quienes eligen la senda divina se marchan a Lhasa y van de convento en convento hasta encontrar algún espacio disponible. Ahí habrán de dedicarse a rezar y realizar labores manuales. No importa tanto la fe, lo que importa es la subsistencia.

Quienes eligen al diablo se marchan a Shigatse. Ahí no hay reglamentos, ni horarios, ni trabajos manuales y mucho menos rezos y más rezos, como es el caso de las monjas de Lhasa. En Shigatse, las mujeres llegan de los campos y se adueñan de las esquinas. Ahí, de pronto surgen los hombres amparados por la oscuridad de los callejones para solicitar sus servicios. Y ellas se marchan con ellos para pasar un rato de placer por unas miserables monedas. Una cantidad tan raquítica, que no alcanzaría ni siquiera para que nuestros hijos se compraran una golosina en el recreo.

lunes, 17 de agosto de 2009

GENOCIDIO ARMENIO

La tragedia del pueblo Armenio se inició en 1896. Armenia es una de las poblaciones más antiguas ubicadas entre Turquía y la Unión Soviética. Vivieron en el sur de la región del Cáucaso durante 3,000 años habiéndose convertido al Cristianismo en el primer milenio. El pueblo armenio vivía en relativa paz, tan solo con algunos incidentes aislados. Hasta que cayeron en el dominio del pueblo turco, a finales del siglo XIX. El Sultán Abdul Hamid II, no vio con muy buenos aojos a los armenios, y temiendo una rebelión en su contra emprendió una campaña de asesinato masivo, arrasando por lo menos con 200 000 armenios.

Aquella masacre caló muy fuerte en el pueblo armenio y nació en ellos un fuerte rechazo al poder turco que los dominaba. Pero en 1906 cayó el antiguo régimen, y los armenios respiraron tranquilos sintiendo que todo cambiaría ante un grupo de jóvenes turcos que, habiendo llegado al poder, estaban dispuestos a provocar un cambio radical. Pero jamás se imaginaron que la situación por venir superaría totalmente en sufrimiento a lo antes vivido.

Un grupo de fanáticos, encabezados por el triunvirato Enver Pasha, Cemal Pasha y Talat Pasha, comenzaron de inmediato a tramar el exterminio total de la población armenia, por considerarlos traidores a su causa.

A la llegada de la Primera Guerra Mundial, Turquía se alineó al lado de Alemania, Austria y Hungría, contra Inglaterra, Francia y Rusia. La situación tan revuelta a nivel mundial propició el escenario para que los turcos emprendieran su genocidio contra los armenios, sin que la comunidad internacional reparara demasiado en el asunto.

Uno de los ideólogos del movimiento, el Dr. Nazim, dijo en una sesión del Comité Central, en febrero de 1915: “Si no hacemos una purga total de los armenios, estos nos acarrearán graves problemas. Por consiguiente es necesario exterminar a esta población de manera integral. Hoy estamos en guerra y es la mejor oportunidad para hacerlo”.

Poco después Talaat Pasha firmó y expresó el siguiente decreto: “El Consejo Supremo de los jóvenes Turcos, ha decidido destruir completamente a todos los armenios que viven en Turquía. Aquellos de nuestro pueblo que se opongan a esta medida no podrán pertenecer más a nuestro Imperio. Debe ponerse fin a la existencia de los armenios, cualesquiera sean los metodos sangrientos a tomar, sin reparar en sexos o escrúpulos de conciencia. Con respecto a esto, el gobierno toma toda la responsabilidad y ordena no hacer excepciones de ninguna especie, incluyendo las criaturas recién nacidas”.

Actuar en contra del pueblo armenio se convirtió para los turcos en un acto de patriotismo, en un acto de fe en el que todos estaban obligados a participar. Dos fuerzas se conjugaban: el patriotismo y la fe. Dos fuerzas aniquiladoras que ante sus ojos les daba perfecta justificación para derramar hasta la última gota de sangre de los armenios, sin importar ancianos, mujeres, niños o criaturas recién nacidas.

La masacre empezó el 24 de abril de 1915, con la detención en Estambul de 600 armenios, gente culta, y de buena posición, todos varones, que sin miramientos de ninguna clase fueron de inmediato asesinados. Antes de que empezaran las caravanas, se empezó con la práctica regular de separar a los hombres jóvenes de las familias, atarlos juntos en grupos de cuatro, llevarlos a las afueras y dispararles o simplemente los colgaban en sitios públicos sin juicio previo.

Al día siguiente, sacaron a todos los armenios de Turquía y los deportaron del Imperio al Medio Oriente, Siria y las tierras de lo que es hoy Irak. Cientos de miles de personas fueron expulsadas sin permitírseles llevar absolutamente nada, más que la ropa que traían puesta. Mientras los turcos como buitres se apropiaban de las pertenencias abandonadas.

Aquél enorme contingente fue escoltado por la tropa rumbo al desierto. El único propósito de mandar a estos hombres fuera a la ciudad abierta era que deberían ser masacrados. A fin de que pudieran no tener fuerza para resistir o escapar, estas pobres criaturas fueron sistemáticamente privadas de comida. Los agentes del gobierno fueron a la cabeza en el camino, notificando a los curdos que la caravana se acercaba y ordenándoles llevar a cabo la masacre. Todos participaban, hasta las mujeres salían de las poblaciones con cuchillos en mano a fin de ganar méritos, a los ojos de Alá matando un cristiano. Las mujeres armenias eran ultrajadas a la vista de todos, para luego ser sacrificadas.

Muchos árabes, musulmanes y cristianos se esforzaron logrando salvar a algunos de ellos, pero la mayoría fueron masacrados.

Los armenios empezaron a morir por centenares. Incluso por hambre y sed. Cuando llegaban a los ríos, los gendarmes, solo por atormentarlos, a veces no les permitían beber. El calor del sol del desierto quemó sus cuerpos escasamente vestidos y sus pies desnudos mientras caminaban por la arena caliente del desierto, sufrieron tantas heridas que miles cayeron y murieron o fueron asesinados en donde caían. Así, en pocos días, lo que había sido una procesión de seres humanos normales se volvió una horda de tambaleantes esqueletos cubiertos de polvo, buscando vorazmente trozos de comida, comiendo cualquier cosa que estuviera en su camino, enloquecidos por las vistas horrorosas que llenaron cada hora de su existencia, enfermos, con todas las enfermedades que acompañan a tales penalidades y privaciones, pero aún instigados por los látigos y bayonetas de sus ejecutores. Las mujeres que se quedaron atrás fueron acribilladas con bayonetas en el camino, o arrojadas hacia los precipicios, o desde lo alto de los puentes. Todo como si se tratase de una auténtica diversión.

Los gendarmes seguían delante de la siniestra caravana, notificando a los campesinos turcos que su oportunidad de vengarse había llegado. La gran oportunidad de bendecir a Alá derramando sangre. Todos, por doquier, respondían con un entusiasmo inusitado. El gobierno incluso abrió las prisiones y dejó libres a los convictos, en el entendido de que deberían derramar la sangre de los armenios que se aproximaban.

En un recoveco del río Eufrates, fue tal la matanza que realizaron, que el amontonamiento de cadáveres cambió el curso mismo del río.

En uno de los valles, un grupo de campesinos turcos los recibió con martillos, hachas, guadañas, picos y sierras. Con tales instrumentos provocaron una auténtica carnicería. Provocándoles una muerte más espantosa y prolongada. Luego los turcos se reunieron en una taberna del pueblo a alardear sobre el número de infieles que cada uno de ellos había eliminado para la gloria de Alá.

Por todas partes se presentaron estas horripilantes masacres. En Trebizond reunieron a todos los varones armenios, los pusieron en un barco y luego los siguieron en botes, divirtiéndose con una original cacería. Con sus armas fueron eliminándolos hasta que no quedó ninguno vivo y todos fueron luego arrojados al agua.

Se considera que más de millón y medio de armenios murieron en aquél genocidio. Solo una tercera parte logró salvarse buscando refugio en los países vecinos. Se exterminó a más de tres cuartas partes de toda la población Armenia Otomana.

Aún hoy en día los turcos siguen orgullosos de este acto tan vergonzoso que realizaron. Mientras que el pueblo Armenio sigue disperso por el mundo, sin haber logrado el pleno reconocimiento de sus derechos, porque entre turcos y rusos han hecho trisas a este pobre pueblo.

Muchos de los armenios han hecho su vida fuera de su tierra, destacando en la ciencia, en los negocios y en las artes.

lunes, 20 de julio de 2009

EL HOMBRE QUE SE COMIÓ UNA CARRETA

A mediados del siglo XVIII, se corrió la voz, entre la alta sociedad europea, de que un médico rural suizo, Michael Schupach, practicaba un tipo diferente de medicina: utilizaba polvos sanadores obtenidos de fuentes naturales, para llevar a cabo curaciones milagrosas. Muy pronto gran cantidad de personas acaudaladas de todo el continente, afectadas de enfermedades tanto serias como banales, hacían el difícil peregrinaje hasta la villa alpina de Langnau, donde vivía y trabajaba el doctor Schuppach.
Durante su dificultosa caminata por las montañas, los visitantes tenían oportunidad de conocer los más espléndidos paisajes naturales de toda Europa. Cuando llegaban a Langnau, ya se sentían transformados y camino a la curación.
Schuppach, a quien llamaban simplemente el “Doctor de las Montañas”, tenía una pequeña farmacia en el poblado. El lugar fue convirtiéndose en todo un espectáculo: multitudes provenientes de los países más diversos se agolpaban en el pequeño recinto, en cuyas paredes, cubiertas con estanterías, se exhibían las coloridas botellitas que contenían las medicinas hechas a base de hierbas. Mientras que la mayoría de los médicos de la época recetaban pociones de sabor espantoso y nombres que nada significaban (como ocurre hoy en día), mientras que los remedios de Schuppach ostentaban nombres como “El aceite de la alegría”, “Florecillas para el corazón” o “Antipesadillas”, y todas tenían sabor dulce y agradable.
Los visitantes debían esperar con paciencia para lograr una consulta con el Doctor de las Montañas, dado que a diario llegaban a la farmacia unos ochenta mensajeros para entregar frascos de orina de pacientes de toda Europa. Schuppach afirmaba que podía diagnosticar una enfermedad con sólo observar una muestra de orina. Cuando al fín disponía de algún rato libre (ya que el estudio de las muestras de orina le consumía la mayor parte del tiempo), comenzaba a recibir a los visitantes en su consultorio de la farmacia.
Decía el Doctor de las Montañas que su sabiduría le venía de la existencia simple y plácida del campesino, que no sabía de complicaciones de la vida urbana, y sus consultas incluían también una charla sobre cómo lograr una mayor armonía entre el espíritu y la naturaleza.
Empleaba diversas formas de tratamiento. Por ejemplo, creía en la terapia del shock eléctrico. Explicaba que la electricidad es un fenómeno natural, y que el no hacía más que imitar la fuerza del rayo. Uno de sus pacientes afirmó que lo habitaban los demonios; el médico lo curó con shocks eléctricos, y mientras se los administraba, el doctor emocionado exclamaba que podía ver a los demonios saliendo, uno a uno, del cuerpo del enfermo.
Otro hombre dijo que se había tragado un carro cargado con paja, con todo y conductor incluido, lo que le causaba intensos dolores en el pecho. El doctor de las Montañas lo escuchó con paciencia, y poniendo luego su oído en el abdomen del enfermo le dijo que podía escuchar el chasquido del látigo en su interior, y le administro un sedante y un purgante. El hombre se durmió en una silla, ante la puerta de la farmacia. En cuanto se despertó se puso a vomitar. En ese momento pasó a toda velocidad un carro cargado de paja, que el doctor había contratado, haciéndole creer al enfermo que su mal estaba totalmente solucionado. Y en efecto, así fue.
Con el Doctor de las Montañas todo era un espectáculo. Lo cual siempre lograba mejorar el ánimo del paciente, quienes estaban convencidos de sus habilidades curativas. En lugar de burlarse el médico de las explicaciones irracionales que muchos le daban acerca de su malestar, Schuppach les seguía la corriente y con ello lograba excelentes resultados.

jueves, 4 de junio de 2009

UN VERANO CELTA

La tarde anterior de la fiesta Beltane, inicio del verano celta, todos los fuegos han sido apagados. El verano debe iniciarse con un ritual en completa oscuridad. Es el día en que se forman las nuevas parejas y se renuevan las ya formadas. La noche de Beltane es una noche mágica, la más grande fiesta celta, es la noche del ritual del amor.
El frío huye de los montes y las colinas, la Tierra se llena de luz y comienza a reverdecer en su tradicional proceso de generar la vida.
Mucho tiempo atrás, en una noche como aquella, llegaron los antepasados a aquellas tierras del Erin, los llamados Tuatha Dé Danaan, quienes quemaron sus naves, confirmando con ello su plena intención de establecer su dominio en aquellas tierras color esmeralda.
A la puesta del Sol, comienza la etapa de Samos, el fin del invierno, y con ello surge la magia. Los oráculos eligieron a una joven doncella sacerdotisa, bendecida por los dioses para que encarne a la Diosa en la Tierra. El más grande honor que puede recibir una doncella.
Cuando los fuegos se han apagado y en medio de la total oscuridad, la joven doncella sale de su casa y va directamente a una cabaña donde la esperan el resto de las sacerdotisas, quienes la engalanan con hermosas vestiduras blancas, colocando sobre sus sienes una bellísima corona de flores. Todas se arrodillan ante la Diosa del amor y llenas de alegría le piden que huya, que corra por el bosque y se ponga a salvo.
En otra parte, un poco lejos de ahí, una semejante situación se realiza con el joven de sangre real que los oráculos eligieron para que se convierta aquella noche en el rey de la naturaleza, convirtiéndose en el amo y señor de todas las cosas y animales salvajes. Los druidas lo han vestido con hermosas pieles, colocando unos cuernos sobre su cabeza.
Con voces animadas, llenas de júbilo, lo apresuran para que vaya a la búsqueda de la joven diosa, la Doncella en Flor, y transforme a la hermosa doncella virgen en madre.
A ella y a él sacerdotisas y druidas les han dado a tomar las bebidas sagradas. Cuando salen al bosque presurosos, todo es diferente: giran los árboles, giran las estrellas en el firmamento, la tierra se mueve; pero ellos no detienen su afanosa carrera. Bajan y suben las colinas, se internan por entre los arbustos como si todos los espíritus los persiguieran. La joven doncella, sintiendo que su corazón late con tanta fuerza como para salirse de su pecho, de pronto descubre con alivio la cabaña que ha sido preparada para ella en medio del bosque, ahí a un lado del manantial sagrado.
Entra en ella y cae exhausta sobre un mullido lecho de pieles que se ha preparado con anticipación. El rey ciervo llega poco después, jadeante y sudoroso. La cabaña está a oscuras. El rey Ciervo no sabe quién es ella, ni ella logra distinguirle el rostro, pero aquello no importa; hombre y mujer, rey y diosa se entregan en un apasionado encuentro a hacer el ritual divino del amor.
Mientras tanto, allá en el pueblo, en medio de música, algarabía y danza, se efectúa la fiesta de le fertilidad y la liberación, celebrando la unión de las nuevas parejas o su casamiento. Las nuevas parejas tendrán un periodo de prueba de un año. En la siguiente fiesta de Beltane confirmarán su unión o podrán desunirla si no hubo entendimiento entre ellos. Tanto los que se unen en etapa de prueba, como los que confirman su casamiento, luego de un hermoso ritual, se van al bosque, donde en algún lugar apartado harán su entrega de amor.
Antes de que llegue el alba, el rey ciervo sale de la cabaña, dejando a la Diosa del amor aún tendida sobre su lecho de pieles. Jamás sabrán ella y él su identidad. Por una noche no fueron humanos, sino dioses. Si de aquella unión surge un hijo, el pequeño deberá ser entregado a los druidas para que lo instruyan como sacerdote.
Ella, después de quedarse sola, abandona la choza y se lava cuidadosamente en el manantial, luego se dirige a la colina cercana donde toda la tribu se ha congregado para ver juntos la salida del sol y bañarse de luz con aquellos rayos purificadores.
Al despuntar el alba, de nueve puntos diferentes, vienen los portadores de la madera para encender el fuego nuevo. Nueve maderas de nueve árboles distintos componen la hoguera. De ahí surgirá el fuego dedicado al dios Belenos, el Señor del Verano que trae consigo la bendición y poderes sanadores a través de los rayos del Sol. De ahí, todos tomarán el fuego para sus hogares.
Hombres, mujeres y niños, cruzan las fogatas para recibir con el humo su purificación. Luego todos juntos van hacia el manantial sagrado, para sumergirse en sus aguas que ya han sido bendecidas por los primeros rayos purificadores del Sol del Verano. Los Druidas aconsejan que todos tomen de aquella agua, que se laven con el rocío de la mañana y se coronen de flores, para luego irse todos juntos a bailar alrededor del árbol de mayo.
Los Druidas mientras tanto van recogiendo aquí y allá el rocío acumulado sobre el pasto, mismo que servirá luego para sus sagrados rituales.
Después vendrán los jefes de las tribus vecinas y formarán las alianzas, porque aquél día es el día de la paz, de la reconciliación. Por ello surge el perdón entre unos y otros. Los abrazos, los buenos deseos y con ello una felicidad total en la comunidad.
Así era la fiesta de Beltane, la máxima celebración del pueblo celta, algo muy digno de imitarse.

sábado, 15 de noviembre de 2008

LOS HOMBRES AZULES

Alguna vez le conté acerca de los Celtas, quienes para parecer más fieros en los campos de batalla, se paraban los cabellos con cal, se pintaban de azul y arremetían desnudos contra el enemigo. De ahí se inspiró el dibujante francés Peyo para la creación de sus famosos pitufos, los exitosos hombrecitos diminutos que tanto gustaron a los niños de hace un par de décadas.
También se habla de que los de la nobleza son de “Sangre Azul”, pero todos sabemos que su sangre no es más azul que la de cualquiera de nosotros, tan solo se emplea el término para decir que su poder los ha colocado en un nivel superior al nuestro.
Pero si hay gente de sangre azul, aunque esto le parezca increíble. Les llaman The Fugate Blue y no son una raza, sino una familia que habita en los montes Apalaches, en Estados Unidos. Todos los miembros de esta familia son descendientes de Martin Fugate, un hombre que vino a establecerse en Troublesom Creek, Kentucky, alrededor del año 1800, y cuya esposa, llamada Mary, era portadora de una extraña enfermedad genética, llamada methe-moglo-binemia
La methe-moglo-binemia es la deficiencia de una enzima, que hace que la sangre tenga una capacidad reducida para transportar oxígeno. Como consecuencia, la sangre es bastante oscura, casi parda, en lugar de rojo brillante. En la piel, esta enfermedad se manifiesta como cianosis, o sea una coloración azulada anormal de la piel. Aparte de esto, la methe-moglo-binemia no amenaza la salud.
Es enfermedad hereditaria, causada por un gen recesivo. Esto quiere decir que cuando una persona que la padece se une a alguien que no la lleva en sus genes, los hijos probablemente no la padecerán. Además, se puede ser portador de este gen sin que se produzca la enfermedad. Sin embargo, si ambos padres son portadores de este gen, hay una buena probabilidad de que sus hijos manifiesten la enfermedad.
Ninguno de los descendientes de Martin y Mary Fugate habrían padecido seguramente la methe-moglo-binemia, si sus hijos no se hubieran casado con los miembros de una familia cercana, los Smiths, descendientes de Richard Smith y Alicia Combs, uno de los cuales, aparentemente, era también portador del gen defectuoso. Viviendo en un aislamiento casi total, los Fugate y los Smith se casaban con frecuencia con primos.
El primer Fugate azul nació en 1832, y después de esto personas azules empezaron a nacer con frecuencia en esta familia. Para 1890 había una buena cantidad de personas azules en este lugar, y el número varió poco a través de los años. El caso más reciente fue reportado en 1975.
En 1960 un médico llamado Madison Cawein oyó hablar de los Fugate azules. Interesado, consiguió localizarlos y estudiar su caso. Recientemente se había estudiado la methe-moglo-binemia entre los nativos de Alaska, y Cawein logró así diagnosticar la enfermedad de los Fugate con bastante rapidez. Además, también podía ofrecerles una cura temporal, el methylene azul, que remplazaba por un tiempo la enzima faltante en la sangre. Pocos minutos después de administrar una dosis, los Fugate azules lograban recobrar, por un tiempo, un color normal.
En la actualidad los miembros de esta familia viajan por todas partes, y han comenzado a casarse con personas totalmente normales en sus genes, lo cual esta dando fin a esta tradición de gente de sangre azul en la familia de los Fugate.

martes, 11 de noviembre de 2008

ROBANDO MUCHACHAS

En los tiempos en que los marcianos llegaron "bailando cha cha cha", y "la luna se ponía rete grandota como una pelotota allá en el calléjón", en mi pueblo solo existía un carro y era de Don José, de quien por cierto todo mundo olvidó su apellido y a partir de entonces se le llamo “Don José del Carro”.
Por esos años los novios salían corriendo como locos endemoniados brincando las cercas, cuando el papá de la novia descubría a la parejita por allá en un rincón del corral en actitud acaramelada. En ese momento el suegro ofendido, sacaba la pistola y echaba de balazos, aunque por supuesto siempre al aire, para que no fuera a quedar su santa niña para vestir santos.
Y como era un auténtico lío pedir la mano de la novia, muchos simplemente se quitaban de problemas robàndose a la muchacha alguna de aquellas tardes cuando iba al pozo de doña Brígida al agua, llegaban trotando con su caballo y la jalaban y subían en ancas para llevársela al monte y cometer su fechoría, así que una vez "quebrado el cántaro", ya no había ni quien se opusiera a la boda. Aunque por supuesto el padre de la novia se mostraba tan ofendido, que ni siquiera se dignaba asistir a la misa del casorio, mucho menos a probar el pollo con mole y sopa que se servía en la boda. Y así se mantenía el coraje hasta que llegaba el nietecito, entonces todas las cosas se arreglaban. Y por cierto, era obligación de los novios ir a casa de los padres de ella a pedir “perdón”, aunque solo lo pedía la novia, porque el pobre muchacho debía de quedarse en la puerta si no quería escuchar de nuevo una descarga de pistola.
Las muchachas de aquellos tiempos debían de cuidarse, ya que si alguien se las robaba, aunque no fuera su novio, terminaba casánndose con el sinvergüenza.
Estas costumbres bárbaras formaban parte de la tradición de los pueblos. Y no sólo en México, sino en muchas partes del mundo. Una gran cantidad de tribus tenían como tradición robarse las muchachas de sus enemigos para hacerlas sus esposas, mientras que los jóvenes se hacían hombres cortándoles las cabezas a los varones de sus rivales.
Entre los godos, un hombre se casaba con una mujer perteneciente a su propia comunidad. Cuando escaseaban las mujeres, capturaba a su futura esposa en un poblado vecino. Y no crea que la escogía, solamente se robaba, acompañado con un amigo, a la primera doncella que anduviese solita por ahí.
Entre los germanos cuando un muchacho se robaba a una chica, el amigo que lo acompañaba, que era su padrino de boda, se plantaba a la puerta de la iglesia bien armado para proteger a los novios, ya que los familiares de la novia venían a intentar rescatarla a como diera lugar. Incluso bajo los altares de las iglesias se ponían lanzas y demás armas, disponibles para el enfrentamiento con los amigos y familiares de la novia.
También de esos tiempos surgió el detalle de que la novia deba de ir del lado izquierdo del novio, ya que éste debía de estar con la mano derecha siempre puesta sobre la espada, y listo para actuar en caso de un ataque.
Cuentan que los primeros en utilizar un anillo de compromiso fueron los de la III dinastía del Imperio Egipcio, hace aproximadamente 4,800 años. Para los egipcios, el círculo, carente de principio y de final, significaba eternidad... y eso era en cierto modo, el compromiso del matrimonio.
Respecto a las dichosas amonestaciones, en tiempos de Carlomagno, los hombres eran tan coscolinos que tenían hijos por dondequiera, propiciando con ello que hubiera un alto índice de matrimonios entre parientes, por lo cual el emperador prescribió que todos los matrimonios debían de ser públicamente proclamados al menos siete días antes de la ceremonia. Esta práctica resultó tan satisfactoria que luego fue regla dentro de otros credos religiosos, como el catolicismo.
El arroz que se les arroja a los novios a la salida del templo, también es una práctica pagana para desearle a la pareja abundancia. Y el colmo de los colmos, era que en Europa, en tiempos muy remotos, parte de la diversión era arrojar pastel a la novia, la cual terminaba hasta la coronilla embarrada de pan.

sábado, 8 de noviembre de 2008

EL CURANDERO Y EL NIÑO PARALITICO

Cuenta una vieja historia chiapaneca, que en tiempos antiguos hubo una gran sequía que provocó grandes estragos en la zona. En los campos se secaron los sembradíos, los causes de los arroyos dejaron de cantar mostrando sus piedras al desnudo y los indígenas conocieron el hambre.
En aquellos angustiosos días llegó a la región una mujer, cuyos modales y apariencia revelaban que se trataba de una dama de buena posición económica. Llevaba consigo a un adolescente que padecía una extraña enfermedad. Había recurrido a todo tipo de médicos y curanderos, sin que nadie hubiese podido encontrar cura para el mal de su hijo. Lo llevó con los mejores especialistas acumulando decepción tras decepción, por ello, como último recurso fue a la búsqueda de shamanes, brujos y curanderos, esperando que alguno de ellos tuviera el poder suficiente para lograr que su muchachito caminara de nuevo.
Al llegar a Chiapas habló con los lugareños, buscaba a los afamados curanderos de Chiapa, y pronto alguien le indicó el camino hacia el más afamado de ellos, que estaba en Namandi-yuguá. El anciano examinó al joven, le impuso sus manos y dibujó en los aires unos pases mágicos, luego le recetó pócimas de hierbas y ordenó a la madre que llevara al chico a los baños de Cumbu-jujú, el lugar donde abunda el jabalí, y lo bañara en las aguas repetidas veces, aquello complementaría el tratamiento.
La madre cumplió al pie de la letra las indicaciones y poco después, como si se tratase de un milagro, el joven empezó a recobrar la movilidad de sus piernas.
La mujer no dejó de dar gracias al cielo cuando su hijo dejó la silla de ruedas y comenzó a caminar. Llena de agradecimiento, quiso recompensar en algo por tan grande don recibido y mandó traer desde lejanas tierras ganado y grandes cantidades de cereales para paliar el hambre de aquella gente. Ordenó que se destazara cada día una vaca en la plaza y la repartió en porciones a los indígenas, complementando con canastas de víveres y frutos.
Al llegar el mes de enero, en el día de San Sebastián, doña María de Angulo, que así se llamaba esta mujer, sacó a su hijo desnudo, como el santo, para que recorriera las calles en procesión, solicitando la clemencia divina para que acabaran las penurias del pueblo. Tiempo después la mujer y su hijo se marcharon hacia su lejano país. La situación de Chiapas cambió; volvieron las lluvias, reverdecieron los campos y se recogieron buenas cosechas.
A partir de entonces, el día de San Sebastián, los nativos recuerdan aquél echo milagroso, haciendo una procesión con una muchacha y un joven vestidos como aquella madre y su hijo. Pasean por las calles rodeados de sus sirvientes, quienes reparten comida a la gente, para continuar ganándose el favor de la misericordia divina.

NAUFRAGIO EN CORNUALLES

En una aldea en la costa de Cornualles, Inglaterra, dicen que cierta mañana el pequeño templo de la comunidad se encontraba lleno de feligreses, quienes escuchaban a su vicario enjaretándoles una variante más de su prédica de siempre; cuando de pronto se escuchó un grito desaforado proveniente del exterior. “Naufragio!!!, Naufragio”. Todos se levantaron de inmediato de sus asientos y corrieron presurosos hacia la puerta, mientras el cura gritaba desesperado ordenando sin éxito que lo esperasen a cambiarse de ropa. La verdad no es que le interesara demasiado la salvación de aquellas pobres almas en desgracia, sino que al igual que a todos los de la comunidad, su interés se centraba en el cargamento que pudiera traer el buque en desgracia, que bien pudiera tratarse de metales preciosos y toda clase de joyas que se transportaban por aquellos mares. Así que también el padrecito anhelaba su tajada en el saqueo.
Eran tan frecuentes los naufragios en aquél lugar, que hasta incluían dentro de sus rezos diarios uno que decía: “Te rogamos Señor, no que ocurran los naufragios, sino que, si han de suceder, los guíes hasta nuestras costas, para beneficio de esta comunidad”
Allá por el siglo XVIII, cuando no existían los modernos aparatos de navegación, las traicioneras costas llenas de riscos y fuertes oleajes provocaron innumerables desgracias a los navíos, convirtiendo a los moradores de las pueblos costeños en auténticas aves de rapiña.
Una vez que se avistaba un barco en apuros, se reunían multitudes de hombres y mujeres con hachas, palancas, sacos y carretillas, y lo seguían a veces días enteros por toda la costa. Esto indujo a algunos marineros a creer que la gente de Cornualles en realidad dirigía los barcos contra las rocas al encender luces falsas o apagar faros conocidos. Sin embargo, son contadas las pruebas que respaldan tales suposiciones; como en muchos casos similares, es factible que se hayan exagerado al transmitirse de boca en boca.
Tan pronto los saqueadores llegaban al barco, bajaban el botín sin pérdida de tiempo. Se llevaban todos los objetos de valor: oro, plata, joyas, toneles de vino. Hasta cargaban con la madera del casco. Luego escondían todo ello en cuevas y posos para evitarse problemas.
Aunque los saqueadores cometieran tales actos, también es cierto que muchas veces la gente de Cornualles arriesgó su vida por salvar a los náufragos. Gracias a su frecuente práctica, eran diestros en maniobrar pequeños botes en la costa rocosa, y tenían fama por el heroísmo de sus rescates y su posterior generosidad con los sobrevivientes.
Cuando llegaba la autoridad a investigar, todos se hacían las blancas palomitas y si les tocaba la de malas que les encontraran algo del botín, eso les era decomisado. Tal y como pasó en 1739, cuando de por allá del fondo de la sacristía le sacaron al cura cuatro grandes barricadas de fino cogñac, así que el pobre se quedó sin su buen vino para consagrar. Porque ése si que era de muy buena cosecha.

miércoles, 29 de octubre de 2008

EL LAVADERO DE MUMBAY

Mumbay, la ciudad hindú antes conocida como Bombay, es una ciudad atestada de gente. Es, según el decir de quienes la conocen, una ciudad sucia y maloliente, llena de limitaciones y con una población que vive inmersa en un mundo de tradiciones ancestrales.
En el corazón de esta exótica ciudad existe el llamado Dhabi Gahts, que es una especie de barrio, circundado por un alto muro, donde existe la mayor lavandería del mundo. Es un mundo de casitas humildes, de tejabanes donde lo único que hay son piedras de lavar y montones de ropa, enormes montones de ropa. Ahí laboran aproximadamente 10,000 trabajadores enfrascados en una misma rutina: lavar, enjuagar, secar, planchar y entregar al cliente, para luego volver a empezar.
El oficio lo desempeñan lo desempeñan hombres que reciben casi nulo apoyo de sus esposas, algo totalmente inusual, ya que este oficio es por lo general exclusivo de las mujeres, más no así en Mumbay. Más ellos se sienten orgullosos de este oficio que han heredado de sus padres y abuelos.
Desde horas muy tempranas, antes de que comience a despuntar el alba, un mundo de hombres comienzan a desempeñar sus labores. Pasan prácticamente todo el día, durante toda su vida, mojando ropa, enjabonándola, arrancándole la mugre a golpes.
Aquél extraño barrio se convierte en un hervidero de personas moviendo prendas de ropa de uno a otro lado como si se tratase de un enorme hormiguero. Por todo aquél laberinto de techos maltratados se escucha un monótono y constante golpeteo proveniente de los lavaderos. Y de pronto a una determinada hora de la mañana todo parece aquietarse, todos hacen una pausa para comer su pequeña ración del día: un puñado de arroz o sopa de lentejas, acompañada de té. Proceso que se repite al mediodía donde volverá a comer lo mismo, o tal vez haga un poco de variedad con una mezcla de vegetales con salsa, algo de arroz y un pedazo de pan que llaman chapatis, el pan preferido de los hindúes. Ya cuando va cayendo el sol, se suspenden las labores para ir a su casa a dar una raquítica cena, charlar quizás un poco con la esposa, regañar a los chiquillos y caer luego rendido sobre su pobre camastro.
¿Cuánto gana una de estas personas por lavar y lavar todo el día?. No más del equivalente a 500 pesos mexicanos al mes. Y con eso viven contentos. Pero dentro de todas estas limitaciones existe algo difícil de soportar: la mafia.
Su líder se llama Munnabhai y es un buitre que ha sabido sacar de todo ello una gran tajada sin siquiera haberse mojado alguna vez las manos. Él es prácticamente el dueño de la mayoría de los lavaderos. Es el hombre al que todos conocen y respetan, el amo y señor absoluto que decide quien trabaja y quien no, así que todos se someten a sus caprichos con tal de mantenerse en el lavadero, pagando, por supuesto la cuota correspondiente.
Este enorme lavadero surgió en la época en que la India era una colonia británica. Los administradores británicos decidieron construir en la zona llamada Saat Rasta, una especie de lavandería gigantesca para cubrir sus propias necesidades y las del Ejército de su majestad. Así es como surgió este afamado barrio, donde hoy se lavan diariamente toneladas de ropa cobrando por ello un aproximado de $1.60 por cada prenda. Muy barato ciertamente. De lo cual si bien les va se quedarán con los .60ctvs. porque lo demás será para su cacique Munnabhai y el gasto del jabón y el pago de la luz que se necesita para desempeñar su trabajo.

EL LAGO QUE DESAPARECIO

Como casi todas las mañanas, un grupo de pescadores de Bolotnikovo, en Rusia, se dirigieron al lago cercano a su aldea para ponerse a pescar. Esta era la tradición que se había mantenido de generación en generación. Los hombres del pueblo se iban por la mañana al lago a pescar y regresaban cerca de mediodía con los peces atrapados, para que la mujer de la casa preparara la comida.
El lago era hermoso, con aguas limpias y cristalinas. ¡Cuántas historias se habían forjado en él!, era una parte esencial de sus vidas.
Más aquél grupo de pescadores, al llegar al lugar solo encontraron un enorme cráter de barro. Parecía, como dijo uno de ellos, que se tratara de una bañera gigante a la que le quitaron el tapón. Pronto llegaron todos los del pueblo y con gran angustia pudieron comprobar que su lago, tan querido había desaparecido de ahí.
Pronto llegaron periodistas y cámaras de TV, y no faltaron los funcionarios que se hicieron presentes para rendir su declaración, elaborando la primera hipótesis: el lago probablemente fue absorbido por una cueva subterránea.
Dicen que cuando el agua fue absorbida, llegó a tanto su fuerza que hasta arrancó árboles de las orillas con todo y raíces, dejando enormes huecos por doquier. Y no faltó quien recordara que 70 años antes, un grupo de casas que estaban a sus orillas desaparecieron en circunstancias similares.
Entre los vecinos comenzaron pronto a circular todo tipo de explicaciones. Se cuenta que el lago apareció en los tiempos de Ivan el Terrible y desde entonces estuvo rodeado de misterio. Los jóvenes acostumbraban ir a nadar ahí, pero siempre existió el temor de que algo terrible podía pasar; incluso se hablaba de que una iglesia estaba oculta bajo las aguas. Se dijeron demasiadas cosas cuando los habitantes del lugar fueron entrevistados por las cámaras de TV. Pero de todo lo que se dijo, quizás lo que más llamó la atención fue el comentario de una sonriente anciana que dijo: “Yo pienso que se lo llevaron los gringos”

martes, 28 de octubre de 2008

LOS GITANOS

Por todo el mundo anda como judío errante un pueblo al que se le ha dado en llamar “gitano”. Aunque reciben muchos otros nombres, según el país y la región.
Los gitanos son originarios del Punjab y Sinth, dos regiones de la India, que en el siglo IX fueron atacadas por los musulmanes, provocando la huída de sus habitantes hacia el oeste. Posteriormente, en el siglo XIII, los gitanos salieron definitivamente de su país ante la llegada del ejército mongol. Y desde entonces, no han tenido un lugar en el mundo. Andan de aquí para allá sin tener techo propio.
Los hay en el medio oriente, en muchas regiones de Africa; al igual que en toda Europa y América. Y como hace tantos siglos que se dispersaron, en la actualidad conservan muy pocos rasgos culturales o religiosos que los unan. Forman pequeños grupos por regiones, que se van desplazando como pueblos ambulantes, y cada grupo tiene sus propias creencias e ideologías, mismas que siempre se han visto influidas por las creencias de las regiones donde se mueven.
En México es común verlos desplazándose en camiones de gran colorido, cada uno de los cuales es una auténtica casa rodante. Arreglados con telas y montones de cachivaches a la usanza oriental. Aunque en tiempos más remotos viajaban en caravanas de carros o carretas, montados a caballo, burros o camellos, según fuera la región.
Sus oficios para mantenerse han sido de lo más variado que podamos imaginar. Siempre dentro de la informalidad. Han sido vendedores de telas, zapatos, utensilios de cocina o artesanías. O también se le conoció ampliamente con sus espectáculos, donde cantaban, bailaban o presentaban algún número con animales. También, y sobre todo en México, donde son llamados por muchos “húngaros”, se han dedicado a pasar películas viejas de rancho en rancho, con unos proyectores que parecen haber sido sacados del museo.
Y por supuesto que la forma más común de apoyarse económicamente es a través de sus mujeres, quienes recorren las calles buscando “güeros” para leerles la suerte.
En cuanto a sus costumbres hay que resaltar la de sus matrimonios. Más que relaciones de noviazgos, son acuerdos que se dan entre las familias.
Siendo un pueblo con demasiadas limitaciones, desde que son niños se concretan las alianzas, consumándose los matrimonios cuando los novios llegan a la adolescencia.

Todo gitano tiene la obligación de conseguir dinero o alimentos para ponerlos a disposición de su familia. Lo que logran juntar aquí y allá lo entregan a la cabeza de la familia, que casi siempre es la “abuela” y ella se encarga de distribuirlo de la manera más conveniente.
Los gitanos han tenido la mala fama de ladrones, más su punto de vista es totalmente diferente al nuestro, ya que según su filosofía todo lo que existe es para el placer y deleite de la humanidad. Por lo cual ellos no tienen ningún problema en tomar cualquier cosa que esté al alcance de su mano y pueda satisfacer sus necesidades o su deleite. Aunque esto sea propiedad de otra persona.
Sobre su religión y creencias, los que viven en el medio oriente creen en Alá, y los que viven en Europa y América son cristianos, aunque sus creencias están condimentadas con demasiadas supersticiones, que han terminado por extinguir sus creencias originales. Creen en espíritus lagartos y serpientes capaces de dañar a los seres humanos. También creen en el “mal de ojo” o el poder que ciertas personas tienen para sanar a los enfermos a través de rituales u oraciones.
Tienen la creencia que cuando nace una niña con un lunar está predestinada a ser sabia. La llaman Shuvani y durante su crecimiento es educada por las ancianas Shuvani. Mientras que su madre es muy respetada por haber dado a luz a un ser distinguida por el altísimo. Las mujeres Shuvani son sumamente respetadas y se les atribuyen poderes totalmente fuera de lo normal.
Existen entre los gitanos múltiples creencias sobre los espíritus de la tierra, el agua, el aire, el bosque y el campo. Los espíritus del aire se deleitan causando daño a los hombres y disfrutan haciéndoles travesuras. En cambio los espíritus de la tierra, son nobles y amistosos, incluso son excelentes consejeros. Pero los espíritus del agua son muy inestables, a veces ayudan y si están de mal genio pueden provocar daño.
A los gitanos no les ha sido fácil su vida nómada. En el siglo XV se les llegó a considerar brujos o hechiceros. Y ellos fomentaron esta creencia, misma que les sirvió para ganarse la vida, haciendo creer a la gente que tenían poderes mágicos y eran expertos en ciencias ocultas. Aunque, como es lógico, esto les resultó contraproducente en muchas ocasiones y fueron víctimas de maltratos y vejaciones en algunas comunidades a donde llegaban. Se les apedreaba por considerar que tenían pacto con el demonio.
Cuando hay un agonizante entre los gitanos, lo bañan con agua salada y lo visten con ropas nuevas. Así consideran que está bien preparado para el viaje final. Y mientras llega el fatal desenlace, ellos se comportan con toda normalidad, como si nada sucediera, más en cuanto la persona fallece, en ese momento se inician los desgarradores lamentos y los llantos, mostrando una enorme tristeza por el familiar o miembro de su comunidad que ha partido.
Esto dura varias horas, luego los gritos, llantos y lamentos dan paso a los cantos de resignación y gozo. Al colocar al muerto en su ataúd se agregan sus joyas y algunas monedas de oro. Muchas veces también incluyen algunas de sus pertenencias favoritas.
Proceden a bañar luego el ataúd con cerveza o ron, acción que vuelven a repetir sobre la tumba. Al bajar el féretro vuelven los cantos o tocan en sus instrumentos canciones muy antiguas que han pasado de generación en generación.
El entierro lo realizan en algún lugar desolado, lejos totalmente de cualquier población. Y sobre la tumba plantan algún arbusto para que son su raíces haya cierta protección contra los animales.

LA CIUDAD DE LOS ESPEJOS

De noviembre a febrero, la ciudad austriaca de Rattenberg, vive prácticamente en las tinieblas. Es un lugar que en esta temporada se vuelve oscuro y frío, por lo cual la población poco a poco va disminuyendo. La ciudad fue levantada en el siglo XIV junto a la colina de Rat, de 900 metros de altura, con la intención de protegerla de los invasores, pero la colina que la cubre impide que los rayos solares alcancen la ciudad en los meses de otoño e invierno, por ello la ciudad tiene ahora una enorme cantidad de casas vacías. La gente emigra a regiones menos inhóspitas y frías.
La falta de luz solar incide en el estado de ánimo de las personas. Diversos estudios científicos han demostrado que la luz solar es saludable para el ser humano, porque modifica determinadas sustancias cerebrales que juegan un papel importantísimo en los trastornos efectivos. La luminosidad mejora en definitiva nuestros estados de ánimo.
La carencia de luz solar lleva a la melancolía y la depresión y en Rattenberg están dispuestos a solucionar este problema, utilizando para ello tecnología avanzada.
El proyecto, presentado por una empresa austriaca, consiste en instalar 30 heliostatos o espejos rotatorios, que se situarán a un lado de la colina de Rat, y que atrapará los rayos solares para enfocarlos a los edificios de ciudad, y que con dicho reflejo esté de nuevo totalmente iluminada durante el día.
Un heliostato es un dispositivo capaz de rastrear el movimiento del sol. Se utiliza para orientar un espejo, durante el día, con el fin de que éste reflecte la luz del sol en una dirección concreta. Cuando se unen varios helióstatos para que trabajen a la vez, la luz que se emite puede generar una gran cantidad de luminosidad y calor orientados hacia un mismo objetivo.
En principio, los heliostatos fueron creados como instrumentos de observación, que permitían estudiar puntos que se hallaban a cierta distancia. Estos artefactos pueden ser utilizados para generar luz interior, en observatorios solares y también para generar energía solar.
Un heliostato básico utiliza un mecanismo de relojería para girar el espejo en sincronía con la rotación de la Tierra. Artefactos más complejos pueden seguir el cambio de la posición del sol durante cada año solar e incluso rastrear el sol a diario, de manera que conocen su situación exacta en cada momento.
De esta forma, el calor y la luz permanecerán durante más tiempo sobre la ciudad, lo que evitará que la gente emigre y permitirá que sea más feliz en su lugar de origen. A menos de un kilómetro de Rattemberg, al otro lado de la colina que proyecta su sombra sobre la ciudad, se encuentran poblaciones que no tienen este problema, y que disfrutan de más tiempo de luz natural cada día. Resulta muy fácil, por tanto, que la población vaya yéndose de allí en busca de un lugar donde la luz brille más y por más tiempo durante los largos meses de invierno.
Este sistema ya está siendo utilizado en diversas partes del mundo, aunque jamás se ha empleado para iluminar una ciudad entera. Pero no será barato. La Unión Europea solventará la mitad del costo de 2,4 millones de dólares y la empresa dice que aportará los 600.000 dólares que insumirá la planificación del proyecto, apostando a que el éxito les generará muchos otros clientes, ya que tan solo en la región del Tirol, en los Alpes, 60 poblaciones tienen el mismo problema que Rattenberg, aunque otras ciudades austriacas y suizas están a la espera de ver la funcionalidad del proyecto para aventurarse a iluminar sus poblaciones con este sistema.