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viernes, 25 de julio de 2008

EL BILLETE AUTOGRAFIADO

Elvis Presley, el rey del rock & roll, era un tipo excéntrico y derrochador en todos los sentidos. En tan solo quince días se gastó 38 000 dólares en pistolas de todos los calibres y 80 000 dólares más en la compra de seis Mercedes Benz. Algo totalmente absurdo, ya que solía portar siempre la misma pistola, una 45 enjoyada, y utilizar el mismo carro, un Cadillac Amarillo que combinaba pésimamente con sus trajes de terciopelo morado, su color favorito junto con el blanco.
Un amigo de infancia, quien era sheriff de Memphis, le regaló una credencial que lo acreditaba como oficial de antinarcóticos. Y con ella en mano visitaba los antros buscando músicos que consumían droga. Entraba a los camerinos y los sermoneaba duramente amenazándolos que si continuaban así los metería a la cárcel, ya que su vicio acabaría destruyendo a los Estados Unidos. Lo que más molestaba a Elvis era que su credencial tan solo era válida en Memphis, así que fue directamente con el presidente para resolver el problema, y por supuesto que le resolviera el problema. Ni siquiera Nixon pudo negarle un favor al “Rey del Rock & Roll”
En esa visita a la Casa Blanca, uno de los guardias le solicitó un autógrafo, y como no traía ningún papel a la mano, el guardia sacó un billete de $ 50 dólares y Elvis ahí estampó su firma. Al llegar a casa, el guardia lo colocó en un marco, mismo que luego colgó en el centro de su sala, para presumir a sus amistades. Hasta que años después, su mujer, desesperada por una crisis económica, sacó la reliquia del marco y con ella pagó una cuenta en el supermercado.

sábado, 21 de junio de 2008

LENNON EN GETSEMANI


Según cuenta Robert Rosen en su libro “Nowhere Man”, John Lennon pasó los cinco últimos años de su vida en un agobiante reclutamiento. Lejos del ambiente musical y de la gente, se hundía en la desesperación sin encontrar que hacer ni a donde ir. Era constante su miedo al secuestro, sobre todo de su pequeño hijo Sean. Todo esto desde el día que fue amenazado telefónicamente por alguien que se hacía llamar el latino lunático.
Se veía a sí mismo como un drogadicto con sobrepeso, que pasaba días enteros tomando únicamente jugos intentando doblegar a la báscula, para luego, en un momento de debilidad ir a saquear el refrigerador hartándose con todo lo que encontraba. Y después volverse a sentir culpable y deprimido.
Su ambición más grande era alcanzar un estado de perfección espiritual siguiendo el camino de los grandes maestros: Jesús, Buda, Mahoma, Krishna y Gandhi. John creía que si meditaba bastante se conectaría con Dios y adquiriría poderes psíquicos, como la clarividencia y la capacidad de volar por el aire. Yoko lo animaba a lograrlo, porque según su opinión esta sería la herramienta perfecta para lograr acumular más riqueza.
Jonh y Yoko creían mucho en los horóscopos, los mediums y las videntes. Así que en cierta ocasión sus consejeros espirituales recomendaron que Lennon viajara a Jerusalem para recobrar las energías perdidas.
Fue a tierra santa y deambuló por las calles sintiendo la energía de Jesús que aún parecía estar presente en todos aquellos legendarios lugares. Al tercer día tomó un carro de sitio y pidió ser llevado al Monte de los Olivos. En Getsemaní se arrodilló en el suelo y se puso a hacer oración pidiendo perdón por sus pecados. Entonces se acercó a él una turista americana, quien le preguntó si se encontraba bien. El la invitó a su hotel, y sólo después de que se quitó el sombrero y las gafas de sol, ella descubrió quien era. La mujer quedó muda de asombro, pensó que nadie iba a creerle aquella historia.
En el hotel John le pidió que le permitiera lavarle los pies. Ella aceptó. El llenó una vasija con agua. Ella se sentó en una silla, mientras Lennon la despojaba de sus sandalias y le limpiaba con una esponja húmeda el polvo de los pies. Luego le dijo “Soy tu humilde servidor”. Ella no pudo pronunciar palabra. Después John agregó: “Esto es lo que debo de hacer”.