Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de abril de 2012

EL AVE FENIX

En los hermosísimos jardines del paraíso terrenal; ahí precisamente bajo el árbol de la sabiduría, creció un singular y hermosísimo rosal. Al abrirse la primera de sus rosas, de ella surgió un pájaro, cuyo vuelo era como un rayo de luz, su plumaje de luminosos y arrebatados colores y un canto arrobador que conducía al éxtasis a todo el que lo escuchaba.
A Eva le fascinaba aquélla ave majestuosa, por ello acudía con frecuencia a aquél rincón del Paraíso. La sabiduría no era de su mayor interés, para que no vaya a pensarse que le atraía demasiado el afamado árbol que propició tantos conflictos.
En una de aquellas escapadas que se daba para escuchar el canto de aquella ave maravillosa, apareció por ahí la serpiente provocando la historia que usted ya tiene por demás de conocida, y que como también usted lo sabe, terminó con la llegada de un ángel que con espada desenvainada, y que no era una espada cualquiera, porque era de fuego, echó fuera del bellísimo recinto a Eva por seductora y a Adan por alcahuete. Y no dude usted de que haya sido acuñada en aquél momento la frase de que “tanto peca el que mata la vaca, como el que le estira la pata”, misma que seguramente salió de la boca del ángel furibundo ante los reclamos del padre Adán cuando le alegó “y yo porqué?”.
Pero por favor no nos salgamos del tema. En uno de aquellos movimientos intimidatorios que hizo el colérico angelito, las chispas volaron aquí y allá desde su espada y una fue a caer directamente sobre el nido del hermoso pájaro que ardió de inmediato cual si hubiese caído sobre él todo el fuego del infierno. La pobre avecilla murió abrasada; pero por obra divina, porque no se explica de otra manera, estaba al parecer empollando un magnífico huevo; el cual con el fuego se puso al rojo vivo, y al romperse de él salió un ave aún más hermosa y reluciente: la llamada “Ave Fenix”.
Esta ave mitológica. Dicen que es semejante a un águila, de bellísimo plumaje color naranja, rojo y oro, y con una cresta que la hacía aún más fantástica. Relata Herodoto, el afamado historiador griego, que el jamás vio este maravillo pájaro, más que en pinturas, aunque no dudaba de su existencia. Decía que sólo visitaba el país cada 500 años; precisamente cuando el ave sentía que llegaba el momento de su muerte. Entonces realizaba un vuelo majestuoso que abarcaba todo el cielo conocido, viendo todos los bosques, que revisaba cuidadosamente hasta encontrar el árbol más alto para posarse y hacer su nido. Lo construía con hojas de plantas aromáticas: menta, ruda, eucalipto, casia, nardos, cinamoro, mirra y resina de pino. Después de realizada su hermosa obra, entonaba su hermosísimo canto invitando al sol para que enviara el fuego entre sus rayos.
El nido ardía como aromática y celestial ofrenda y el ave se consumía volviendo luego a resurgir renovada de sus cenizas, misas que tomaba entre sus garras, antes de emprender el vuelo, para luego dirigirse a la mítica ciudad de Helióplois, donde habría de depositarlas a manera de ofrenda en el altar del templo consagrado al sol.

sábado, 27 de marzo de 2010

SAN JORGE Y EL DRAGON

Cerca de Silca, en la provincia de Libia, había un lago muy grande donde moraba un peligroso dragón de tamaño descomunal, que tenía atemorizadas a las gentes de toda la comarca. No faltaron los valientes que se atrevieron a enfrentarlo, pero todos terminaron devorados o huyeron despavoridos ante su tremenda agresividad y astucia.
Además, este terrible animal apestaba tanto, que su hediondez llegaba hasta la ciudad volviendo el ambiente insoportable.
Para mantener aplacada a la bestia, cada día los habitantes arrojaban al lado un par de ovejas para que el dragón comiera y los dejara tranquilos, porque de no hacerlo, el dragón se metía en la ciudad provocando destrozos y mortandad.
Pero, al cabo de cierto tiempo, las ovejas comenzaron a escasear, así que se reunieron de emergencia los habitantes de Silca y en acalorada reunión decidieron que a partir de ese momento arrojarían al agua, para comida de la bestia, una sola oveja y a una persona, misma que sería diariamente designada bajo sorteo, sin excluir absolutamente a nadie. Y así se hizo; pero llegó el momento en que la mayoría de los habitantes habían sido devorados por el dragón y entonces.. la suerte recayó en la hija única del rey.
Entonces éste, profundamente afligido les propuso a sus súbditos darles todo su oro y toda su plata, y hasta la mitad de su reino con tal de que hiciera una excepción con su hija. Más el pueblo indignado se negó a aceptar la propuesta, haciéndole ver que había sido el mismo soberano quien había propuesto aquella medida. Ellos ya habían perdido a sus padres, hermanos e hijos y ahora le tocaba a él compartir con ellos el sufrimiento. Si se negaba a entregar a su hija para que fuera arrojada al lago y comiera el dragón, lo quemarían y prenderían fuego a su palacio.
Ante semejante actitud, el rey comenzó a dar alaridos de dolor, más el pueblo no se conmovió con su pena. ¿Acaso él se había conmovido de la de ellos?
Lo único que logró el rey fue convencerlos que aplazaran ocho días la entrega de la princesa, para poder llorar durante ese tiempo su desgracia.
El pueblo aceptó la petición; pero cumplidos los ocho días nuevamente se reunieron frente al palacio exigiendo que les fuera entregada la joven princesa. El rey se negaba a entregarla, más viendo la furia que los invadía, y sabiendo que aquello ya era impostergable, se convenció que no podía salvarla y la vistió con ricas y suntuosas galas.
Empapado el rey en llanto, se lamentaba ante su hija por todos los sueños que en ese momento se derrumbaban. Siempre soñó con el día de la boda de su hija, en el gran banquete que ofrecería, en su palacio adornado desde la torre hasta los cimientos por miles de margaritas. Pensaba invitar a reyes y príncipes al festejo, hacer una enorme fiesta llena de música y danzas. Pero ahora... todo se perdía.
La doncella consoló a su padre y le rogó que la bendijera antes de emprender el funesto viaje. Fue muy difícil la separación, más ella, abandonó al rey anegado en llanto y salió decidida del palacio dirigiéndose al lago. Sobre las murallas de la ciudad se apretujaba la gente para contemplar desde primera fila el trágico final de la princesa.
Ella ni siquiera volteó a verlos. Llorosa y cabizbaja caminó a cumplir su destino. Fue entonces cuando le salió al paso un joven caballero, quien le preguntó el porqué de tan copiosas lágrimas.
Ni siquiera levantó se atrevió a mirarlo, tan solo le pidió que se marchara. Que huyera de inmediato de ahí, porque si no lo hacía también él sería alcanzado por la muerte. Más el joven no la dejó continuar con su camino. La sujetó del brazo y le dijo que no le permitiría partir hasta que le contara totalmente aquella historia.
Ante semejante actitud, la joven terminó contándole su gran problema. Más apenas si le terminó de contar la historia, cuando el dragón sacó la cabeza de debajo de las aguas, nadó hasta la orilla del lago, salió a tierra y empezó a avanzar hacia ellos. La princesa al ver que el dragón se acercaba, le suplicó temerosa al joven para que se marchara.
Jorge, que así se llamaba el joven, de un salto subió a su caballo, se santiguó encomendándose a Dios, enristró su lanza, y, haciéndola vibrar en el aire y espoleando a su cabalgadura, se dirigió hacia la bestia a toda carrera. Cuando la tuvo a su alcance hundió en su cuerpo la lanza, haciendo que la bestia callera estrepitosamente.
Jorge le dijo entonces a la joven que se quitara el cinturón y sujetara al monstruo por el pescuezo. Una vez que la joven hizo lo que se le mandaba, Jorge le indicó que jalara el cinturón y sin voltear atrás, caminara de frente a la ciudad. Cuando ella obedeció se levantó el dragón y comenzó a seguirla como cualquier perrito faldero. Al acercarse a las murallas, la gente corrió aterrorizada a esconderse, temiendo que aquella bestia acabara definitivamente con sus vidas.
Jorge a gritos intentó detenerlos y tranquilizarlos. Les dijo que Dios lo enviaba a liberarlos de aquella horrible pesadilla, que en cuanto todos ellos se bautizaran, él mataría al dragón. Y en efecto, después que el rey y el pueblo se convirtieron y bautizaron, Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón, cuyo cuerpo, arrastrado por cuatro parejas de bueyes, fue sacado de la población amurallada y tirado en un campo a muy lejana distancia.
El rey, agradecido, hizo construir una iglesia enorme, en la cual, al pie del altar, brotó una fuente abundante de agua que cuantos enfermos bebían de ella quedaban curados milagrosamente.
También ofreció el rey una inmensa cantidad de dinero a Jorge, quien por supuesto que no lo aceptó, aunque si rogó al monarca que distribuyera la fabulosa suma entre los pobres.
Esta es una de las leyendas más populares en Europa.

lunes, 8 de junio de 2009

LA LEYENDA DEL UNICORNIO

Según narra el libro del Génesis, Dios le dio a Adán la tarea de ponerle nombre a todas las cosas y animales creados. La Biblia antigua decía que el primer animal que recibió nombre fue el unicornio, posteriormente le borraron eso de “unicornio” y le pusieron “toro salvaje”. Pero según se cuenta antiguamente había siete referencias de él en el libro sagrado.
La antigua tradición decía que cuando fueron expulsados del Paraíso, el unicornio fue con ellos, por lo cual luego fue tomado como símbolo de castidad y pureza.
Para la gente de la edad media la existencia del unicornio era tan cierta como las historias de la Biblia. Todos creían en él.
En la edad media se pagaba su peso en oro por los cuernos del unicornio. Se decía que era un animal semejante a un ciervo, con un cuerno de hasta dos metros sobre la frente. Era, según cuentan las crónicas, un animal muy fiero y que solo las más bellas doncellas podían amansar. Su cuerno era un fabuloso antídoto contra todo veneno. Bastaba limar un poquito en la copa del rey antes de cada bebida para que nunca muriera envenenado. Incluso se realizaban copas con los cuernos de este animal para el servicio de los reyes. Algunas de esas copas han llegado hasta nuestros días. Aunque cabe aclarar que ahora se sabe que dichas copas fueron realizadas con un cuerno de narval. Un raro animal marino que tiene un cuerno muy peculiar y con el cual se estuvo engañando mucho tiempo a la gente al hacerlo pasar como de unicornio.
También se decía que con el cuerno de unicornio se curaban dolores de estómago, epilepsia y que quien lo poseía alcanzaba incluso la inmortalidad. ¡Hasta los muertos resucitaban!.
Y para evitar fraudes se decía que el verdadero cuerno:
- Hacía hervir el agua al que era arrojado, aunque sin calor y sin sonido.- Despedía un dulce aroma si era quemado- Al acercar plantas y animales ponzoñosos al cuerno, éstos morían- Sudaba en presencia de un veneno- Siempre era estriado, extremadamente duro, muy pesado, de color de la madera, y capaz de salvar la vida de una paloma envenenada con arsénico.- Si hacían con él un círculo y en éste encerraban una araña, el insecto no podía salir- Si se guardaba dentro de una vasija cerrada, junto con tres o cuatro escorpiones, estos morían al cabo de cuatro horas.
El Talmud habla del unicornio; la tradición judía dice que es el más fiero de los animales y capaz de matar un elefante con una sola estocada de su cuerno. También los escritos antiguos de Asia lo mencionan. Era honrado como el rey de los animales terrestres. Por su fuerza y sabiduría se podía comparar con el dragón y era representativo de la compasión, el amor y la paz. A veces lo representaban con escamas que reflejaban todos los colores del arcoiris.
Era un animal que siempre traía mensajes importantes a los humanos. Hace como 5000 años, se le presentó al emperador Fu Hsi para revelarle los secretos del lenguaje escrito y muchos otros conocimientos. Después otro unicornio se presentó ante el emperador Huang-ti, quien recibió la sabiduría de él e inventó luego los instrumentos musicales, enseñó a su gente a construir sus casas con ladrillos y unió a las tribus chinas por primera vez. Después el unicornio volvió al final de la vida de este emperador y lo llevó sobre sus lomos a la tierra de los muertos.
En la India dicen que hay montañas que son inaccesibles a los hombres y que están llenas de bestias salvajes. Entre ellas está el unicornio. Dicen, además, que tiene el tamaño de un caballo, crines como de león, patas de elefante y cola de cabra. Es extremadamente veloz. Entre sus sienes tiene un cuerno negro, lleno de anillos como en espiral. Es amable con las bestias que se le acercan, pero pelea con los de su raza, y no solo los machos entre sí, sino que contiende aún con las hembras y sus peleas son a muerte. Por supuesto que nadie jamás ha logrado capturar uno de ellos.
En Persia el shad-hahvar (un tipo de unicornio), era una criatura parecida al antílope que poseía un solo cuerno hueco, mismo que producía las más hermosas melodías cuando soplaba el viento a través de él. Los animales que escuchaban esta canción eran seducidos y llamados por su dulzura. Aquél unicornio persa entonces los devoraba.
Pese a que no se ha encontrado jamás el esqueleto de uno de ellos, muchos creen que el unicornio si existió, al igual que los dinosaurios, el mamut, el Yeti o el monstruo del Lago Ness. Y no falta quien diga que aún existe, pero solo logrará verlo o atraparlo aquél hombre que sea todo pureza y virtud. ¿Reunirá algún mortal semejantes atributos?

sábado, 27 de diciembre de 2008

JUAN SOLDADO

Al anochecer del 13 de febrero de 1938, desapareció de frente a su casa la menor de ocho años Olga Camacho Martínez. En ese tiempo la ciudad de Tijuana era pequeña, contaba con no más de 19,000 habitantes, razón por lo cual todos los vecinos se conocían. Al día siguiente de la desaparición, la pequeña ciudad era un caos, todos los vecinos estaban buscando la niña y hacia las diez de la mañana del día siguiente unos niños encontraron el cuerpecito degollado y ultrajado de la menor.
Era tan pequeña la ciudad que fue fácil para la policía detener sospechosos, en el esclarecimiento del crimen contribuyó el agente Ed Dieckmann, jefe de dactilografía del condado de San Diego. En cuanto el investigador vio la escena del crimen se dio cuenta que era un crimen fácil de resolver ya que el homicida había dejado huellas por doquier. Incluso había huellas del calzado del asesino que tenían una especial particularidad, la huella marcaba un diamante en el centro de la suela del zapato.
Entre los sospechosos estaba Juan Castillo Morales, un soldado raso quien al ser encarado se desplomó, lloró y pidió perdón, confesó que había cometido el crimen bajo la influencia del alcohol y la mariguana. Su mujer relató al investigador que una semana antes había sorprendido a Juan en el intento de violar a una sobrina suya.
La noche en que desapareció la niña Olga Camacho, el soldado Juan apareció en la casa de su amasia manchado de sangre, se quitó la ropa y le pidió que la lavara. Al revisar la ropa la policía encontró fibras de tela que correspondían con las encontradas en las uñitas de la niña asesinada.
De alguna manera toda esa información se filtró y los vecinos se amotinaron exigiendo se les entregara a Juan para lincharlo, durante la revuelta fue incendiada la jefatura de policía y la oficina de gobierno de la ciudad, se habla de que hubo más de 100 detenidos que participaron en la revuelta.
De alguna manera la policía local se deslindó de los hechos, bajo el argumento de que el asesino era un militar y el crimen estaba fuera de su jurisdicción, la justicia cambió de rango, por lo tanto fue el Comandante de la plaza militar, el General Contreras en quien recayó el hacer justicia. Con las pruebas a la vista, la justicia militar optó por hacerle juicio militar sumario al asesino Juan Castillo Morales, a la vista del grave crimen que cometió y la confesión que hizo sin ningún tipo de presión, fue encontrado culpable y sentenciado a muerte por el tribunal militar
La ley fuga fue un tipo de ejecución muy utilizado en México durante el periodo de la
Revolución Mexicana que sacudió al país hace ya casi cien años. Dicha ejecución consiste en juzgar y sentenciar a muerte en forma expedita al reo, llevarlo al lugar de su ejecución, liberarlo de las ataduras y vendas, y darle la oportunidad de huir, si las balas del pelotón de fusilamiento no lo alcanzan durante la huida es hombre libre. Las posibilidades de salir con vida son casi nulas.
En cumplimiento de dicha ley el reo fue trasladado la mañana del 17 de Febrero de 1938 al panteón municipal, dando oportunidad al preso de correr en búsqueda de su salvación antes de ser abatido. Eso ocurrió a la vista de los vecinos de la ciudad que se congregaron en las partes altas del panteón para atestiguar la muerte de Juan.
Así terminó sus días el violador y asesino Juan Castillo Morales, pero la historia no terminó ahí. Hay un antiguo rito moro en el que los agresores lanzan piedras a la tumba de la víctima pidiéndole perdón, eso fue lo que pasó con Juan, la gente comenzó a lanzar piedras a la tumba, de alguna forma sentían que de esta manera aplacaban su sentimiento de culpa, más luego no faltó quien dijera que Juan hacía milagros; agregando alguien más que Juan era inocente y que el verdadero culpable era un Capitán del ejército. Así nació el culto a Juan Soldado, el santo de los inmigrantes.
Actualmente en el viejo panteón de Puerta Blanca existen dos pequeñas capillas dedicadas a Juan Soldado, la primera está el fondo del panteón, sobre el lugar en donde murió abatido, la segunda capilla está por el pasillo principal, casi al ingresar y es donde se dice que está sepultado, en ambas capillas le rinden culto personas que tienen problemas para ingresar a
Estados Unidos o se dedican al tráfico de personas en la frontera. Ambas capillitas están repletas de ex-votos y cartas de agradecimiento por supuestos favores y milagros recibidos.
En cambio, la tumba de la niña Olga Camacho Martínez permanece en el olvido. Por alguna razón tanto la niña como su victimario fueron sepultados en el mismo panteón, posteriormente la familia de la niña Olga cambió su restos al panteón número dos de Tijuana en donde aún yacen y su tumba se conoce entre quienes conocen la historia de su muerte como la "tumba olvidada".

martes, 28 de octubre de 2008

LA JUSTICIA DE CHELM

El zapatero del poblado de Chelm era un personaje de sobra conocido por todos los de la comunidad. No había uno solo de los habitantes de la población que no calzara zapatos surgidos de sus manos. Hacia zapatos finos para los ricos y zapatos humildes para los pobres. Y cuando los zapatos se deterioraban, volvían a las manos del zapatero para ser reparados: les cambiaba las suelas, ponía tacones nuevos e incluso les hacía remiendos, con tanta habilidad que dejaba los viejos zapatos casi, casi como nuevos.
Pero un día llegó la desgracia. Uno de los vecinos lo ofendió, le insultó y llegó a los golpes con aquél hombre que había mantenido siempre una conducta recta y apacible. Aunque su agresor era una persona corpulenta, el zapatero, al ir perdiendo la pelea, tomó su navaja de cortar las pieles y de un certero golpe la encajó en el pecho de su agresor. Aquél hombre murió en el acto. Y el zapatero fue llevado a juicio acusado de asesinato.
Todo el pueblo acudió al juicio, donde después de los trámites de rigor, el juez leyó ante la gran audiencia el veredicto: el zapatero era declarado culpable y sentenciado a morir en la horca.
Un murmullo de desaprobación se levantó en aquella atestada sala. Pero uno de los presentes se puso de pie y valientemente le dijo al juez: “Su señoría, ¡usted ha sentenciado a muerte a nuestro único zapatero! ¿Quien va a hacer ahora nuestros zapatos y a repararlos cuando ya estén deteriorados?”. Todos los presentes apoyaron la protesta. Y fue tan fuerte la reclamación que al juez le costó trabajo callar a la concurrencia.
Después de hacer callar a la gente, y meditar un poco, el juez consideró válida la queja y reconsideró su veredicto. Luego dirigiéndose con calma a los presentes les dijo: “Tienen ustedes razón, el zapatero es indispensable y sin él tendríamos un grave problema, porque no hay otra persona que ejerza su oficio. Así que en su lugar, y como tenemos dos techadores en la ciudad, en lugar del zapatero ahorquemos a uno de ellos y asunto arreglado”.
Poco después uno de los techadores fue llevado a la horca y el asunto quedó zanjado.

martes, 19 de agosto de 2008

LOS KAPPA, DEMONIOS DE LOS LAGOS

Los Kappas son demonios, que según la tradición, viven en las aguas japonesas. Quienes afirman haberlos visto aseguran que tienen el tamaño de un niño, el cuerpo semejante al de una rana y traen una caparazón de tortuga sobre sus espaldas, mientras que en sus manos y pies poseen enormes garras.
Una antigua leyenda cuenta que estas criaturas llegaron del espacio y establecieron una ciudad artificial bajo el agua, y volaban alrededor de la tierra con sus naves.
Las historias que se cuentan sobre ellos siempre los representan como seres malvados. Su presencia se detecta por su gran pestilencia a pescado podrido, aunque, como si esto fuera poco, suelen tirar constantes flatulencias de nauseabundo olor. Gustan de espiar a las muchachas mientras se desvisten, y roban niños y mujeres.
Hay dos manjares que son irresistibles para ellos: los pepinos y los niños. Se dice que absorben la energía de sus víctimas chupándoles la sangre y comiéndose el hígado y las entrañas.
Para ahuyentarlos se utiliza el fuego. Incluso, aún hoy en día, se acostumbra realizar anualmente, en algunas aldeas del Japón, una celebración con fuegos artificiales para asustar a los malos espíritus, entre ellos los kappas. Aunque, en la antigüedad las mujeres procuraban llevar un pepino en su bolsillo por si se topaban con uno de estos temibles monstruos. Más si esto no era posible, aún existía un recurso adicional. Se dice que los kappas tienen un huevo en su cabeza, que se mantiene siempre lleno de agua, misma que provee de todo el poder a su organismo. Como estos seres entienden perfectamente el japonés, e incluso pueden hablarlo y además de ello siguen a la perfección el código de conducta de los japoneses, basta con hacerles una reverencia, para que ellos se vean obligados a responder al saludo, logrando que de esta forma se derrame el agua que llevan sobre la cavidad de su cabeza, y con ello pierdan temporalmente todos sus poderes.
Para evitar cualquier tipo de conflicto con estos malévolos seres, las familias japonesas lanzaban pepinos a los lagos cercanos a sus casas para saciarles el hambre y evitar que se comieran a sus niños.
En la actualidad los kappas son tan solo parte de una de las innumerables leyendas del Japón, y sólo aparecen en muchos de los videojuegos de moda, donde representan a los villanos de la historia.

sábado, 26 de julio de 2008

LA ESPADA DE DAMASCO

Cuenta la leyenda que un día el rey Ricardo Corazón de León se encontró en Palestina, con el sultán Saladino su gran enemigo en la guerra de las Cruzadas. En una manifestación de poder, Ricardo tomó su enorme espada: tosca, pesada, con majestuoso decorado, digna de un rey y la dejó caer con fuerza sobre una maza de acero. Al impacto aquella maza saltó hecha pedazos.
El sultán sonrió, y sacó su hermosa espada de Damasco, pidió un mullido cojín de pluma, la colocó sobre él y jaló con suavidad la espada. El cojín quedó partido en dos como si fuera mantequilla. Ricardo y sus acompañantes miraron aquello con ojos de incredulidad. Más luego el sultán arrojó un velo hacia arriba y, cuando flotaba en el aire, lo cortó suavemente con su espada.
Se dice que las espadas de Damasco eran ligeras, de un azul opaco, con un beteado compuesto de millones de curvas oscuras sobre un fondo blanco. Y eran tan duras que se podían afilar como una navaja de afeitar, teniendo la propiedad de resistir los duros golpes en el combate sin que llegaran a romperse.
Reyes y conquistadores estaban dispuestos a dar cuantiosas fortunas por conocer el secreto de fabricación, pero estaba tan celosamente guardado, que a lo único que podían aspirar era a quedarse con una de aquellas espadas de algún enemigo caído en combate. Conocer el secreto de los aceros de Damasco les llevó a los europeos siglos.
El trabajo metalúrgico comenzó en China tres mil años antes de Cristo, más el desarrollo artesanal de los herreros surgió en el valle del río Indo, en Pakistán. Un grupo de herreros fabricaba pequeños crisoles de arcilla del tamaño de tazones de arroz y los llenaba con trocitos de hierro forjado y el ingrediente mágico: una pporción de hojas de plantas cuidadosamente elegidas. Luego se sellaban los crisoles con arcilla y se colocaban en el fondo de un horno en el piso, a cierta profundidad. El pozo se revestía de carbón vegetal, se encendía y con un chorro de aire proveniente de un sencillo fuelle se mantenía ardiente durante horas.
El carbón vegetal de aquellas hojas misteriosas, se mezclaba con el hierro derretido y se distribuía en forma regular. Cuando se sacaban los recipientes y se partían, aquella mezcla se vertía en moldes de piedra para formar pastillas redondas y planas mismas que luego eran vendidas por fuertes sumas en Oriente Medio, donde aquel material era transformado en las temidas y admiradas espadas de Damasco.
Para adornar estas espadas se empleaba un método muy elaborado mezclando aquellas pastas con acero y hierro fundido. Introduciendo las hojas en un líquido corrosivo que no atacaba el acero blanco, pero que enegrecía las zonas de hierro y producía los típicos diseños adamascados.
Todo aquél proceso culminaba con un templado final que consistía en atravesar con la espada de hierro candente el cuerpo de un esclavo vivo. Aquél bautismo de sangre confería el carácter de sagrado a las espadas de Damasco, afirmando que tenían poder independientemente de sus dueños. Por ello eran trofeos sagrados que se lograban de los enemigos caídos, ya que se consideraba que al obtener una de estas espadas se entraba en posesión de la fuerza vital de un enemigo respetado.

sábado, 21 de junio de 2008

MARCO CURSIO



La tradición romana cuenta que en el año 363 a.C. surgió repentinamente una enorme grieta en el suelo de Foro. De aquella fosa surgía tal calor como si un gran fuego se encontrara en el fondo. De inmediato se reunieron todos los sacerdotes para preguntar a la divinidad el paso a seguir para resolver semejante y peligrosa situación. Poco después le comunicaron a la comunidad que únicamente se cerraría la fosa si se arrojaba a su interior el más precioso de los tesoros de Roma.
Todos comenzaron a preguntarse cuál sería el tesoro más valioso que poseían. Se pensó en el oro y las joyas, en arrojar sus mejores estatuas, de las cuales tenían una buena cantidad y muy bien realizadas; no faltó quien propusiera arrojar todas sus armas, porque aquello era demasiado valioso, ya que les servía para defenderse… Y así, todo mundo fue dando su opinión para resolver el problema y aplacar la ira de los dioses.
Entonces apareció el joven patricio Marco Cursio, quien ante la multitud congregada manifestó que Roma no poseía tesoro más valioso y digno que un generoso y valiente ciudadano. Por ello, montó luego sobre su caballo y se lanzó al fondo del abismo, el cual se cerró inmediatamente sobre él.
Excavaciones recientes descubrieron en el Foro de Roma un pozo sagrado llamado lago de Curcio.