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jueves, 25 de noviembre de 2010

LIBROS DE LA ANTIGUEDAD

En la antigüedad, cuando aún no había imprentas, los libros se hacían a mano. Era un sistema complejo y delicado, que requería de enorme pericia y grandes cualidades artísticas, ya que cada libro que se realizaba era una auténtica obra de arte.

Hasta el año 1200 en Europa se hacían casi exclusivamente libros religiosos, Biblias o salterios (libros de salmos), y estos eran realizados por monjes, encargados de preservar y transmitir los textos sagrados, de ahí que su trabajo debiese alcanzar la mayor perfección posible.


Los monasterios albergaban una biblioteca que contenía cientos de libros realizados a mano, en su mayoría copias transcritas línea a línea a partir de un original prestado por otro monasterio.


Un amanuense, o realizador de libros, pasaba por un largo proceso de formación, antes de recibir cualquier tipo de encomienda. Debía aprender a escribir con el estilo elegante requerido y ser un experto dibujante, para cumplir satisfactoriamente con su cometido.


Cada trabajo era una gran hazaña. Pasaban horas y horas del día y de la noche, encorvados en las mesas de trabajo, gastando la vista e ignorando el dolor de espalda y el cansancio que se presentaba en su vientre, su pecho y sus brazos, para hacer algo que fuera realmente digno. Los amanuenses terminaban por convertirse en gente jorobada y de vista desgastada.


Si usted ha visto uno de estos libros, aunque sea en foto, sabrá que eran libros muy caros. Las hojas eran de fino pergamino, elaboradas con pieles de oveja o de cabra, aunque también se utilizaba la piel de ternera, mismas que requerían de una compleja y esmerada preparación. En primer lugar se lavaban las pieles con agua fría y se dejaban en remojo durante diez días en cubas de madera o de piedra que contenían una solución de cal. Antes de lavar nuevamente la piel se raspaba ésta a conciencia para eliminar cualquier rastro de pelo y, una vez seca, se frotaba con yeso y piedra pómez hasta obtener una superficie perfectamente lisa y uniforme. Para producir un libro de 340 páginas, eran necesarias unas 200 pieles de ternera.


La realización de un libro nunca corría a cargo de una sola persona, siempre intervenían en su elaboración un equipo, generalmente de monjes. Los amanuenses más experimentados eran capaces de transcribir hasta cuatro caras de texto en un día. Siempre escritas en letra gótica. Después las hojas pasaban a manos del ilustrador, quien llenaba los espacios que le habían dejado, para poner esos hermosos dibujos y letras garigoliadas que tanto realce le dan a estas obras. Por ello cada tomo le llevaba meses de trabajo a un equipo.


No todos los libros que se hacían eran en exclusiva para las bibliotecas de los monasterios. Durante la Edad Media, fue común que los ricos mandaran hacer sus libros. Por lo general eran Vidas de Santos, devocionarios e incluso bestiarios, que son los libros de animales fantásticos.


Los textos eran ricamente ilustrados, dependiendo del tema, con santos en sus tronos, iluminados con bermellón, pan de oro y azur; caballeros con armaduras persiguiendo a dragones y serpientes, rosas, guirnaldas y florecillas silvestres. Todo ello con una asombrosa combinación de colores y gran delicadeza.


Hoy estos libros son valiosas joyas que aún pueden contemplarse en algunos museos de Europa. E incluso es posible conseguir copias, aunque hechas con fotografías e impresas en papel fino, y aún así, resultan extremadamente bellas.

viernes, 30 de octubre de 2009

LA BIBLIOTECA MAS GRANDE DEL MUNDO

La biblioteca del Congreso, en Washington es la más grande del mundo. Tiene aproximadamente 10 millones de libros, 20 millones de ilustraciones y 4 millones de atlas y cartas geográficas. Todo este material se alberga en tres edificios sobre una superficie de más de 26 hectáreas. El edificio de la biblioteca ocupa unas 26 hectáreas de superficie, con un 856 km de estanterías. Si se alinearan en fila todos los libros de la biblioteca sobre una carretera, tendríamos que correr durante siete días, noche y día, a una velocidad de cinco kilómetros por hora para llegar desde el primero al último libro.
¿Se imagina todo lo que ahí se encuentra?. Pero no crea que es difícil encontrar un libro. Todo lo tienen computarizado por títulos, autores y estilos; así que basta con que usted se acerque a cualquiera de las computadoras que ahí se encuentran y con facilidad sabrá el sitio exacto donde está la obra o el tipo de obras que busca, además de un personal totalmente especializado que le conducirá a la sala indicada.
Creo que en un lugar así, a los que nos encanta leer, nos sentiríamos más felices que un niño en una fábrica de chocolates.

lunes, 20 de julio de 2009

EL MUNDO INSÓLITO DE MANDEVILLE

En la Biblioteca Británica se conserva un antiguo manuscrito realizado a finales del siglo XIV, mismo que es una traducción directa del original cuyo título es “Los viajes de Sir John de Mandeville” y que según se cuenta fue escrito en Francia por el año de 1356. Este libro fue extremadamente popular en la edad media, mucho antes del descubrimiento de América.
En aquellos tiempos la ignorancia se cubría con la fantasía, provocada por el deseo de conocer lo hasta entonces desconocido, y si bien se hablaba de cosas maravillosas que había más allá de los mares, también su imaginación agregaba seres terroríficos que podían acabar con las pretensiones de aquellos que se adentraran en lo desconocido.
Fue por ello que al aparecer el libro de Sir John de Mandeville, la gente deseosa de adentrarse en lo desconocido, lo convirtió en un éxito fuera de lo común. El libro consta de dos partes. La primera es como una guía turística para peregrinos porque habla de Tierra Santa. La segunda es la descripción de un viaje a Oriente, que describe la travesía por islas lejanas, hasta llegar a la India y el Catay, lugar que hoy conocemos como China.
He aquí algunas de las cosas maravillosas que se narran en “Los viajes de Sir John de Mandeville”.
Antes del descubrimiento de América toda la atención y las fantasías de los europeos se centraban en el Oriente. Conocían las fantásticas historias escritas por Marco Polo. Despues Sir John de Mandeville les vino a llenar la cabeza de humo diciendo que en aquellos lugares había mucho oro y valiosas especies. También se encontraba la Fuente de la Eterna Juventud y el legendario Paraíso Terrenal. Pero no todo era miel sobre hojuelas: antes de llegar a estos idílicos lugares había que toparse con una buena cantidad de monstruos. Era imposible llegar ahí sin sufrir la embestida de los acéfalos (hombres sin cabezas pero con rostros en el pecho), los esciópodos (hombres con una sola pierna y un pie gigante), o las temidas amazonas (mujeres fuertes que se cortaban un pecho para poder usar el arco).
Una parte del libro dice: "A través del océano y más allá de muchas islas se llega a Nacumera, una isla hermosa y grande. Su perímetro mide más de mil millas. Todos los hombres y mujeres que la habitan tienen cabeza de perro y se les denomina cinocéfalos".
Dice Mandeville que aunque cualquiera puede emprender un viaje por el mundo entero, solo uno entre mil sería capaz de volver al punto de origen, pues debido a la inmensidad de la tierra y del mar se pueden tomar miles y miles de rutas. Pero nadie sabría dar con la ruta acertada para volver a su punto de origen, si no fuese por casualidad o por obra y gracia de Dios.
Sir John de Mandeville habla en su libro que la tierra es redonda, pero esto no era nada nuevo, ya se sabía desde mucho tiempo atrás, ya que Aristóteles, en el siglo IV a.C. lo sabía perfectamente, y hasta elaboró una teoría astronómica basada en la esfericidad del mundo.
Pero nadie estaba seguro de ello. Así que Cristobal Colón no fue quien pensó primero que nuestro mundo era esférico. Lo que sí es de admirársele es el hecho de que se atrevió a alejarse más de lo debido de las costas, aún con plena conciencia de que más allá lo esperaban monstruos y seres fantásticos dispuestos a arruinarle su objetivo.
Y volviendo a John de Mandeville, es necesario aclarar que el verdadero autor del libro se llamaba Jean de Bourgogne, un escritor francés del siglo XIV. Y de quien se dice que jamás emprendió viaje alguno a ningún lugar más allá de lo conocido. Todo fue producto de su imaginación. Y por supuesto que después del descubrimiento de América, su libro pasó totalmente de moda.