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lunes, 5 de marzo de 2012

EL PESCADOR Y LA SERPIENTE

Un pescador dominguero estaba mirando por la borda de su barca, y vio a una serpiente que llevaba una rana entre los colmillos. Al pescador le dio pena la rana y alargó la mano, libró a la rana de las mandíbulas de la serpiente sin hacerle daño a esta, y la dejó en libertad. Pero entonces le dio lástima la serpiente, que también tendría hambre, y como no llevaba nada de comer, sacó una botella de aguardiente y derramó unas gotas en la boca del reptil. Este se largó muy satisfecho, y la rana se perdió muy contenta entre los tules de las orillas. Por supuesto que el pescador se sintió sumamente satisfecho con su buena obra.
Pero al rato, cuando más tranquilo estaba, oyó golpes en el costado de su barca y se asomó otra vez a mirar, y cuál no sería su asombro al ver que era la misma serpiente… que esta vez regresaba con dos ranas en sus mandíbulas.

miércoles, 21 de julio de 2010

EL SUEÑO DEL SULTAN

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. "¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad", dijo el sabio. "¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!", gritó el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: "¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes". Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: "¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo sabio respondió: "Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice.
Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos con delicadeza ciertamente será aceptada con agrado."

lunes, 8 de junio de 2009

EL MONASTERIO MAGICO

Un hombre culto y generoso ofrecía todas las semanas un banquete al cual solían acudir una buena cantidad de gentes importantes. A estas reuniones se les dio en llamar las Asambleas de los Cultos.
A dichas reuniones acudía un derviche, quien al llegar estrechaba las manos de los presentes, y luego se sentaba en un rincón de la mesa, comía lo que se servía, y al terminar se levantaba, se despedía cortésmente y con gran humildad, y luego se marchaba sin haber dicho mayor cosa.
Para todos, el derviche, era un extraño, realmente nadie lo conocía. La primera vez que llegó, fue aceptado en la reunión porque creyeron que era un santo, alguien muy importante que era poseedor de grandes conocimientos espirituales. Y semana tras semana todos los comensales esperaban con impaciencia a que aquél hombre se dignase dirigirles algunas sabias palabras de instrucción. E incluso buscaban la forma de sentarse a un lado de él, para escuchar sin problemas el mensaje que seguramente les entregaría; más fue pasando el tiempo y aquél hombre se mantenía sin decir más palabras que un breve saludo al llegar y una sencilla despedida.
Los integrantes de la Asamblea de los Cultos comenzaron a sospechar que aquél derviche era un farsante. No decía nada, no aportaba nada, parecía que su única finalidad era ir a saciar su hambre. Y aquél lugar no era ciertamente un comedor para mendigos. Era un club donde se compartía la sabiduría entre unos y otros. Por tanto la actitud del derviche con el tiempo comenzó a molestar a los asistentes. Pero nadie le dijo nada. Terminando por ignorarlo e incluso apartarse de él.
Más cierto día el derviche habló. “–Deseo invitarlos a una cena que será servida mañana por la noche en honor de ustedes en mi monasterio –“ dicho esto, se despidió con unas sencillas palabras y se marchó.
Las palabras de aquél hombre provocaron una enorme reacción en los miembros de la Asamblea de los Cultos. Alguien dijo que el derviche vestía en una forma tan miserable que seguramente la cena estaría pésima. Es más, a lo mejor ni cena habría, porque el derviche, por su aspecto, parecía más bien un loco que un hombre santo. No faltó la opinión de alguien que dijo que el derviche los había sometido durante mucho tiempo a una prueba y que ahora pretendía recompensarlos. Tampoco faltó la voz del alarmista, quien previno a todos del peligro que corrían si atendían a la invitación, porque podría tratarse de un personaje con misteriosos poderes para someterlos.
Pero la curiosidad venció los temores, y al día siguiente el grupo fue conducido por el dereviche desde la casa donde se reunían, hasta un apartado lugar del bosque, donde en un escondido lugar había un monasterio de tal magnitud y magnificencia que todos quedaron atónitos al contemplarlo.
En el interior del imponente edificio había infinidad de monjes realizando múltiples tareas. Y al pasar por una sala de contemplación, un grupo de sabios de distinguido aspecto, se pusieron de pie para saludar respetuosamente al derviche con inclinaciones de cabeza. Lo mismo hacían todos los monges que encontraban a su paso; por lo cual los invitados quedaron convencidos que
su anfitrión era un hombre verdaderamente importante.
El banquete que se les sirvió fue indescriptible y sobrepasó toda expectativa. Jamás habían disfrutado de tantos y tan variados platillos, ni recibido una atención tan especial como en aquella ocasión. Así que con la barriga llena y el corazón contento, todos al unísono le suplicaron al derviche
que los aceptara como sus discípulos. Pero el derviche les dijo con sencillez: Esperen el día de mañana.
A la mañana siguiente, en lugar de despertar en aquellas hermosas habitaciones con camas de seda que les habían asignado la noche anterior, se encontraron tirados en el suelo, en el interior de una casona en ruinas, sin que el derviche apareciera por ningún lado.
Al darse cuenta de aquello, lo calificaron de brujo infame. Los había engañado con hechicerías. Se había burlado de ellos, más ahora lo habían desenmascarado. Seguramente no pudo completar su hechizo a causa de la virtud de todos los ahí presentes; porque de no ser así quizás el daño hubiera sido irreparable. Quizás los habría hubiera convertido en sus esclavos, mientras que ellos en su mente seguirían creyendo que estaban en el reino de los cielos.
Lo que todos ellos ignoraban era que, con los mismos medios con que el derviche los había hecho creer que estaban en un monasterio tan suntuoso, de la misma manera los había hecho creer que estaban en la más miserable de las situaciones, aunque la verdad es que ni una ni otra cosa habían sucedido.
Dentro de aquellos momentos de enorme confusión y lamentos, apareció el derviche, surgiendo de la nada y les dijo: Regresemos al monasterio. Hizo un misterioso movimiento con sus manos, y de nuevo todos ellos se encontraron en el majestuoso recinto de la noche anterior.
Ante aquella situación se sintieron arrepentidos de sus palabras y llenos de vergüenza. Se dieron cuenta de que aquella casa en ruinas donde habían despertado solo fue una ilusión para someterlos a prueba, pero el monasterio era la realidad. Lo bueno, según ellos, era que el derviche no había escuchado sus agrias quejas.
Mas de nuevo el derviche hizo un movimiento con sus manos y de pronto todos se encontraron sentados a la mesa en el mismo lugar donde siempre hacían sus reuniones. Y el derviche continuaba en su misma esquina de siempre, comiendo sin decir palabra su plato de arroz. Todos se quedaron mirando unos a otros. La experiencia no había sido un sueño, ni una ilusión de uno solo de ellos. ¡Todos la habían vivido!.
Quisieron interrogar al derviche, pero este se mantenía cabizbajo comiendo con humildad el arroz que había en su plato. Y nadie se atrevió a interrumpirlo. De pronto, la voz del derviche se escuchó al unísono dentro de cada uno de los corazones de los miembros de la Asamblea. Y les dijo: Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad; será imposible que un derviche pueda enseñarles algo, solo ilusiones. Aquellos que se alimentan de autoengaño y fantasía, solo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.
El derviche no había movido en lo más mínimo los labios, pero a todos hizo llegar su mensaje. Después se levantó y sin decir absolutamente nada se marchó.
En la siguiente reunión su lugar quedó vació; el derviche jamás volvió.

viernes, 18 de julio de 2008

EL ALACRAN Y EL MAESTRO

Había una vez un maestro oriental que vio cómo un alacrán se estaba ahogando. Decidió sacar al animalito del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Ante el dolor lo soltó, por lo que el animal de nuevo se estaba ahogando...entonces intentó sacarlo y otra vez lo volvió a picar. La escena se repitió varias veces: Sacarlo del agua, ser picado y soltarlo. Uno de sus discípulos que observa la situación le dijo:
"¡Es una necedad querer sacar ese alacrán! ¿No entiende que cada vez que lo saque del agua lo va a picar?".
Entonces el maestro oriental le respondió:
"La naturaleza del alacrán, que es picar... no va a cambiar mi naturaleza, que es ayudar"

domingo, 13 de julio de 2008

EL REY Y EL MENTIROSO


Había una vez en Armenia un rey que, como era muy curioso y necesitaba una nueva diversión, envió a sus heraldos por todo el país para que hicieran la siguiente proclama: “¡Escuchen todos! Aquél hombre, de entre todos ustedes, que demuestre ser el más grande de todos los mentirosos de Armenia, recibirá una manzana de oro puro, de las manos de su Majestad el Rey!”
Comenzó a llegar al palacio gente de cada ciudad y aldea del país, de todos los rangos y condiciones, príncipes, mercaderes, campesinos, sacerdotes, ricos y pobres, altos y bajos, gordos y flacos. Por cierto, no había escasez de mentirosos en el país, y cada uno contó su mentira al rey. Éste, sin embargo, había escuchado casi todo tipo de mentiras, y ninguna de las que ahora contaban lo convenció de ser la mejor.
El rey comenzó a cansarse de su nuevo deporte, y ya estaba pensando en cancelar la competencia sin declarar ganador alguno, cuando ante él se presentó un hombre pobre, vestido con harapos, que llevaba una jarra de barro bajo el brazo.
“¿Qué puedo hacer por tí?” preguntó su majestad.
“¡Su excelencia! – exclamó el pobre hombre, ligeramente cohibido -. Sin duda usted me recuerda. Usted me debe un cofre de oro, y he venido a cobrar la deuda.”
El rey muy molesto le replico: “Eres un perfecto mentiroso!, yo no te debo dinero alguno”. El pobre hombre sonrió triunfante y le dijo al rey: “”¡Ah! ¿Conque soy un perfecto mentiroso? ¡Entonces déme la manzana de oro!. El rey, al darse cuenta de que el hombre quería tenderle una trampa, trató de defenderse. –“No, no!, No eres ningún mentiroso”
El pobre, entonces triunfante agregó: “En tal caso, págueme el cofre de oro que me debe, Señor”.
El rey comprendió que no tenía escapatoria y le entregó la manzana de oro.

domingo, 15 de junio de 2008

LA HORCA PARA MI HIJO (0008)

Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran estancia, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero. Lo que más le gustaba al hijo era hacer fiestas, estar con sus amigos y ser adulado por ellos.
Su padre siempre le advertía que sus amigos sólo estarían a su lado mientras él tuviese algo que ofrecerles; después, le abandonarían. Un día, el viejo padre, ya avanzado en edad, ordenó a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “PARA QUE NUNCA DESPRECIES LAS PALABRAS DE TU PADRE”
Mas tarde, llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo: - Hijo mío, yo ya estoy viejo y, cuando yo me vaya, tú te encargarás de todo lo que es mío... Y yo sé cual será tu futuro.
- Vas a dejar la estancia en manos de los empleados y vas a gastar todo el dinero con tus amigos. - Venderás todos los bienes para sustentarte y, cuando no tengas más nada, tus amigos se apartarán de ti. - Sólo entonces te arrepentirás amargamente por no haberme escuchado. - Fue por esto que construí esta horca.¡Es para ti!
- Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te dije, te ahorcarás enella. El joven se rió, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a supadre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así comosu padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió susamigos y hasta la propia dignidad.
- Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:Ah, padre mío... Si yo hubiese escuchado tus consejos... Pero ahora esdemasiado tarde.
- Apesadumbrado, el joven levantó la vista y vio el establo. Con pasos lentos, se dirigió hasta allá y entrando, vio la horca y la placa llenas de polvo, y entonces pensó:
- Yo nunca seguí las palabras de mi padre, no pude alegrarle cuando estabavivo, pero al menos esta vez haré su voluntad. Voy a cumplir mi promesa. No me queda nada más...
- Entonces, subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad...
- Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta... Era el fin. Sin embargo, la viga de la horca era hueca y se quebró fácilmente, cayendo el joven al piso.
- Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, perlas, rubíes, zafiros y brillantes,muchos brillantes... La horca estaba llena de piedras preciosas. Junto con todo ello cayó una nota. En ella estaba escrito: “Esta es tu nueva oportunidad. ¡Te amo mucho! Con amor, tu viejo padre.”
- Pese a todos los errores que un hijo comete, un padre siempre dará otra oportunidad a su hijo.