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lunes, 7 de mayo de 2012

SISSI EMPERATRIZ DE AUSTRIA


Max era Duque de Baviera,  tipo bonachón, parrandero y muy alegre, quien tenía una hija muy hermosa que había heredado las mejores cualidades de su padre, superando quizás algunas de ellas. Siendo su pequeña Sissi su hija favorita, el Duque la cuidó con gran esmero fomentándole el amor por los niños, la protección de la naturaleza y el aprecio por los animales.

Max y Sissi pasaban tanto tiempo juntos y se divertían de tal manera que parecían un par de locos por dondequiera que fueran. Por esta razón fue que cierto día su padre le dijo a su adorada niña: “Si tú y yo no hubiéramos nacido nobles, por Dios que andaríamos de maromeros en un circo”.

Aquella niña con el tiempo llegó a convertirse en una bellísima jovencita, a la cual comprometieron en matrimonio, según la costumbre aristócrata, con Carlos Luis, hijo de su tía la archiduquesa Sofía de Habsburgo. Mientras que su estirada y pretensiosa hermana Elena, fue comprometida con el emperador Francisco José, hermano de Carlos Luís. O sea que Sissi y Elena debían casarse con sus primos Carlos Luís y Francisco José respectivamente.

Pero las cosas no sucedieron tal y como se habían planeado; en cuanto el emperador conoció a la hermosa Sissi, se enamoró perdidamente de ella, mostrando una total indiferencia hacia su prometida. Y haciendo a un lado todos los protocolos establecidos, en un suntuoso baile, le declaró su amor a la jovencita y pronto coronó aquél amor correspondido en un matrimonio que hizo época.

Por supuesto que Elena, hermana de Sissi, hizo el gran berrinche por el novio arrebatado, y con ello también le era quitada la corona.

Después de la tradicional luna de miel, Sissi descubrió que tras aquél guapísimo y deslumbrante marido, había un tipo refunfuñón y parrandero, pero ella no se amilanó y puso en juego todas sus astucias y encantos para pulir el  agrio carácter y los deslices del emperador Francisco José, quien al parecer terminó enmendando camino, y haciendo un poco mas soportables sus desplantes.

La unión muy pronto floreció con una niña, y poco tiempo después vino el heredero Rodolfo, que con el pasar del tiempo sería motivo de gran pena.

Pero antes de todo eso se hizo presente la bruja de esta historia, como en todos los tradicionales cuentos de hadas. Era la archiduquesa Sofía, madre del emperador Francisco José, quien representó el odioso papel de la temible suegra.

No dejaba en paz a Sissi ni un solo momento; buscaba todo tipo de pretextos para dañarla y criticarla, poniéndola siempre en mal con su hijo. Detestaba su espontaneidad y sencillez; odiaba sus risas y su felicidad de quinceañera; sin poder soportar que Sissi careciera de los modales propios de la realeza. Vivió aquella primera etapa de casada en sufrimiento y llanto.

 Pero con el tiempo Sissi aprendió a ignorarla y le dio por vivir su vida, tal y como ella lo sentía conviviendo sin reparo alguno con la servidumbre, al grado que se metía a la cocina a ayudarles a preparar la comida, cosa que le valió una tremenda cachetada de parte de su odiosa suegra.

Pero su libidinoso marido no tenía remedio, ya que pese a tener una princesa tan hermosa en el palacio, no perdía la oportunidad de tener sus amoríos con otras damas. Pero no cabe duda que Dios le dio al emperador una mujer más que tolerante, ya que la ocurrente Sissi se volvió su cómplice, ya que solía aconsejarle a su maridito cual mujer sería para él una estupenda amante. Muchas de las cuales incluso luego serían excelentes amigas suyas.

Siguiendo con la tradición de la nobleza, a Rodolfo, hijo de Sissi y Francisco José, lo casaron con una princesa a la que nunca amó. Y después surgió el problema, cuando Rodolfo pretendió divorciarse de su decepcionante esposa, para unirse con la joven y encantadora María Vetsera, a quien amaba con pasión arrebatadora. Pero su padre, el emperador Francisco José no estuvo de acuerdo y le ordenó que rompiera de inmediato aquella relación clandestina. El dolor y la impotencia de Rodolfo fue tan grande, que poco tiempo después aquello culminó en un pacto de amor suicida, que volvió loca de dolor a su madre.

El pueblo adoraba a Sissi, porque nunca perdía la oportunidad de realizar obras benéficas; pero ese amor iba mucho más allá de Austria, ya que hasta el mismo pueblo de Hungría le pidió que se convirtiera en su Reyna.

El 10 de Septiembre de 1898, Sissi salió de el hotel donde se hospedaba en Ginebra, donde pasaba su temporada de vacaciones; en el lago la esperaba un barco en el cual daría un recreativo paseo, cuando de pronto de detrás de un árbol, salió el anarquista italiano Luigi Lucheni, quien fingiendo un tropiezo cayó abruptamente sobre ella encajándole un filoso puñal en el pecho. A Sissy la herida no le pareció muy importante, y pese al incidente continuó con su proyectado paseo, pero vino una hemorragia y un dolor insoportable que la hizo volver sobre sus pasos, para morir poco después a consecuencia de aquella terrible puñalada.

domingo, 1 de abril de 2012

ALEXANDER FLEMING Y WINSTON CHURCHILL

Un agricultor pobre de Inglaterra se encontraba cierto día trabajando en el campo, cuando de pronto escuchó gritos provenientes desde el pantano de alguien que solicitaba ayuda. Dejó sus herramientas y corrió presuroso hacia donde se escuchaban los angustiosos gritos.

Hundiéndose en el pantanoso fango se encontró a un pequeño aterrorizado, que trataba infructuosamente de salir, pero entre más se movía más se hundía en el fango. El agricultor salvó al niño, más no sin grandes dificultades.

Al día siguiente, un pomposo carruaje llegó hasta el pequeño terreno del agricultor, y de él bajó un noble inglés elegantemente vestido, quien se identificó como el padre del pequeño que Fleming, el agricultor, había salvado.

El noble agradeció al agricultor el que salvara a su hijo y le ofreció una recompensa, más el campesino se negó rotundamente a aceptarla, porque le parecía más que suficiente el haber tenido la oportunidad de hacer un acto de esa índole.

En ese momento el hijo de aquél humilde hombre salió a la puerta de la casa de la familia. Y el noble le propuso llevarlo con él y pagarle una buena educación. Así estaría retribuyendo de alguna forma el que se hubiera salvado a su hijo.

El campesino aceptó la propuesta y su hijo con el paso del tiempo se graduó en la Escuela de Medicina y fue tan brillante que su nombre hoy es recordado: Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.

Por cierto que el hijo de aquél noble que estuvo a punto de perecer en el pantano cayó años después enfermo de pulmonía y por supuesto que fue salvado gracias a la Penicilina. O sea que una vez lo salvó el padre y otra vez lo salvó el hijo.

¿Su nombre? Sir Winston Churchil, uno de los hombres más ilustres de Inglaterra.

LEON TOLSTOI, REGAÑADO POR SU MUJER

El gran novelista ruso León Tolstoi se casó con una mujer muy bonita, pero muy regañona. Podrían haber creado un magnífico hogar, pero crearon, o ella creó, un infierno. Cuando tenía 82 años Tolstoi no se sintió capaz de seguir soportando la infelicidad de su hogar, y una noche de noviembre de 1910, en medio de una fuerte nevada, se marchó de casa en medio del frío y sin saber a dónde ir. Once días más tarde murió en una estación de ferrocarril, y la última petición fue que no permitieran a su esposa verlo.
Ella reconoció dolorosamente ante sus hijos que era la causante de la muerte de su marido, decía que estaba loca y jamás se dio cuenta del daño que le estaba provocando.
En cierta ocasión el escritor Mariano de Blas escribió por ahí estas palabras muy significativas y que hacen referencia a este problema: Prefiero tus besos a tus regaños que son como arañazos. Hago más caso a tus peticiones, si las haces con cariño. Pídeme lo que quieras, pero pídemelo con amor. No me regañes, cariño.

jueves, 27 de octubre de 2011

BART HUGES Y SUS AGUJEROS EN LA CABEZA

En 1962, un médico llamado holandés llamado Bart Huges, afirmó que el grado y el estado de la propia conciencia dependía principalmente del volumen de la sangre en el cerebro. Según el decir del doctor Hugues, las cosas eran diferentes cuando el hombre andaba a cuatro patas, antes de que adoptásemos la posición erguida que nos distingue de la mayoría de los animales. El problema fue que el cerebro quedó encerrado en una estructura envolvente rígida, y la gravedad redujo el caudal de oxígeno y de substancias nutritivas que afluyen al cerebro.

Y para remediar la situación, el tal doctor Huges afirmó que la solución era tomar un taladro eléctrico y remover un pequeño círculo de hueso del cráneo. Cosa que hizo, logrando según él, una mayor afluencia de sangre y la capacidad del cerebro, ahora liberado, de palpitar rítmicamente con su corazón. Su conciencia volvió al estado infantil, según sus declaraciones, y la mente liberada permanecía en contacto con sus primitivos sueños, imaginación y sensaciones intensas, cosa que los adultos perdían al solidificarse lentamente su cráneo.

Las autoridades holandesas no pensaron lo mismo, y pronto encerraron a Huges en un manicomio para ser observado. Pero sus ideas fueron muy conocidas por los hippies, para quienes andando a la búsqueda de la nueva “conciencia”, creyeron que valía la pena intentarlo.

Sus seguidores tuvieron un solo problema por delante: ¿Quién se atrevería a realizarles la dichosa operación?. Bueno, si no hay quien se atreva a hacerla, “hágalo usted mismo”. Fue así como su discípulo Joseph Mellen, después de tres intentos fracasados, logró perforarse el cráneo con tanto “éxito” que más tarde escribió un libro sobre ella. Mellen declaró que la trepanación le había dado una nueva sensación de bienestar que, según afirma, conserva hasta la actualidad. Su amiga, Amanda Fielding, se sometió también después a esta “curación”, aunque en vez de escribir un libro, la filmó, titulando a su corta película “Latido del corazón en el cerebro”.

Actualmente, este par de iluminados, trabajan en una Galería de Lóndres. El problema es que cuando llueve tienes goteras en la cabeza.

PAUL WITTGENSTEIN, EL PIANISTA MANCO

En casa de la familia Wittgenstein la cultura estaba a la orden del día. Se trataba de una familia de gran poder económico que formaba parte de la alta burguesía vienesa. Desde tiempos de los abuelos la música era parte esencial de la familia. Adoptaron a un jovencito llamado Joseph Joachim a los doce años, y lo enviaron a estudiar con el afamado compositor Felix Mendelssohn, haciendo de él un gran violinista y compositor.
También frecuentaba la casa Johaness Brahms, quien fue profesor de piano de dos de las señoritas de la casa, e incluso el gran maestro estrenó en la casa de los Wittgenstein su delicioso Concierto para Clarinete. Músicos e intelectuales desfilaron por la mansión de los Wittgenstein
Así era la vida de Karl y Elise. El era un afamado magnate austriaco del acero y ella una dama encantadora, con una profunda vinculación con la música, juntos procrearon ocho hijos.
Pudiera parecer que todo era como un cuento de hadas, pero algo falló. Tres de los cinco hijos varones se suicidaron. Dicen que en parte se debió a Karl era tan exigente con sus hijos, que lo único que provocó fue que todos sus vástagos sufrieran grandes problemas psicológicos.
Karl se dedicó a la bebida, intentando olvidar la muerte de sus hijos y quizás a ello se debió el que muriera al caerse de un caballo. Elise tampoco duró mucho, ya que poco tiempo después fue víctima de la tuberculosis.
Tan solo quedaron dos hombres en casa, Ludwig y Paul. Ludwig estudió ingeniería, dedicándose luego a la investigación aeronáutica, pero después de leer a Russell, prosiguió por los caminos de la fundamentación de las matemáticas y, de ahí, a la lógica y a la filosofía, hasta convertirse en uno de los filósofos más importantes y reconocidos a nivel mundial.
Paul por su parte, sumido en una enorme depresión, se fue a vivir con su tío abuelo. Donde, para salir de esta horrenda catástrofe familiar, consagró toda su energía y pasión hacia el piano, logrando una fuerza tan espectacular que se convirtió en un auténtico virtuoso del instrumento.
En 1913 debutó en Viena, causando una impresión tan brillante que de inmediato se vio favorecido con el éxito social y los halagos profesionales que la comunidad vienesa vuelca sobre los instrumentistas virtuosos o los cantantes de moda.
Todo parecía volver a su cause original. Paul logró en muy poco tiempo colocarse como uno de los mejores pianistas europeos, pareciendo quedar muy atrás las historias desagradables de la vida familiar. Lamentablemente, el ciclo de Paul cambió de nuevo cuando apenas llevaba un corto tiempo de saborear las mieles del triunfo.
Vino la Primera Guerra Mundial y Paul debió de participar en un batallón de artillería, con tan mala suerte que fue gravemente lesionado de su brazo derecho, tras una feroz contienda, y el resultado final es que perdió su miembro tras una amputación. Además cayó prisionero y fue llevado a Siberia sufriendo vejaciones y la terrible inclemencia del mal tiempo.
Cuando Paul fue liberado, comenzó a deambular por los cafés de Viena ganándose la vida tocando el piano en cafés y salas de cine, donde era presentado grotescamente como el pianista manco, héroe de la guerra, que alguna vez había sido rico y famoso. Por que hay que aclarar, que además, la situación económica de la familia se vino a pique al unísono con su tragedia familiar.
Más Paul tenía una talla espiritual enorme, tal vez más grande de lo que él mismo se imaginaba, y decidió convertirse otra vez en un pianista de concierto, de talla internacional, a pesar de haber perdido su brazo derecho. Se puso a estudiar con un ahínco salvaje y una determinación fanática, producto tal vez de su frustración y su desesperación, y logró el asombroso resultado de dominar la mayoría de los procesos pianísticos básicos y tocar, con una sola mano, piezas destinadas a ser ejecutadas con dos manos.
Su notable virtuosismo le permitió manejar dificultades que resultaban formidables incluso para un pianista dotado de ambos brazos. El problema de alcanzar la velocidad necesaria para lograr el salto y ataque preciso que permitiera engañar al oído del oyente, era uno de gran magnitud. Pero Wittgenstein consiguió este asombroso resultado, permitiéndose circular de nuevo en el mundo profesional del concertismo europeo.
Solicitó además el apoyo de algunos de los grandes compositores amigos de su familia, siendo así como Strauss escribió dos obras para piano y orquesta especialmente para él. Prokofiev, le obsequió con su Cuarto Concierto para piano y orquesta para la mano izquierda, mientras que Ravel compuso especialmente para Paul el Concierto en Re, una pieza excelente que incremento la fama del compositor del Bolero y consagró definitivamente al pianista. Se cuenta incluso que en su estreno en Viena, dirigida por el mismo Ravel, el público le aplaudió a Paul Wittgenstein durante casi una hora luego de la ejecución.
El compositor mexicano Antonio Gomezanda conoció a Paul Wittgenstein en Paría, y quiso sumarse al apoyo para este talentoso pianista, componiendo para él una obra llamada Vieja Danza, para la mano izquierda.
Paul emigró a los Estados Unidos y se convirtió en maestro de una infinidad de alumnos deseosos de conocer su técnica. Ahí falleció el 3 de marzo de 1961.

CHALINO SANCHEZ, COMPOSITOR DE NARCOCORRIDOS

A Rosalino jamás le gustó su nombre, le parecía demasiado femenino, así que siempre prefirió que le llamaran Chalino y decía llamarse Marcelino.
Nació en un pueblo pequeño de Sinaloa y no asistió más que tres años a la escuela. Era de baja estatura y tan flaco que costaba trabajo entender como sujetaba a la cintura sus pantalones.

Su expresión era dura, prácticamente jamás sonreía. Hablaba torpemente y de forma atropellada, con esa forma cantadita y nasal que tienen los de la costa de Sinaloa. Además de todo lo anterior era tímido y pudiéramos decir que insignificante en apariencia, más aún así se convirtió en toda una leyenda.

Cuando Chalino tenía once años, su hermana Juana fue violada por dos hombres quienes después de su fechoría la arrojaron a la calle desnuda. Uno de ellos era un valentón del pueblo conocido como el Chapo Pérez. Chalino no podía hacer nada, porque era tan solo un niño, así que guardó su rabia esperando mejores tiempos para cobrar venganza…

Recién cumplidos los tenía quince años, un 20 de noviembre, fue a la fiesta que se hacía en la escuela del pueblo para celebrar la Revolución Mexicana. Ahí encontró a Chapo Pérez, el violador de su hermana. No le dijo nada, tan solo se acercó hasta él, desenfundó la pistola que traía escondida bajo la ropa y le metió varios tiros a bocajarro. A todos los tomó por sorpresa. Cuando los amigos del Chapo desenfundaron las pistolas Chalino ya estaba entre los matorrales de un campo cercano, y aunque le hicieron varias descargas, no lograron hacerle nada. Se escondió en las montañas y después se fue a los Estados Unidos.

En Los Angeles se quedó en casa de una tía. Por un tiempo trabajó en granjas, y fue levantando cosechas de frutas y verduras desde California hasta Oregon. Con el tiempo se estableció en Inglewood en el condado de los Angeles, y se dedicó a ayudar a su hermano Armando, quien era de esos “coyotes” que llevan ilegales de Tijuana a Los Estados Unidos. Más dejó todo aquello en 1984 cuando Armando fue muerto a tiros mientras dormía en un hotel de Tijuana.

Un día, estando en Tijuana, agarraron a Chalino y lo metieron a la cárcel, acusado de diversos delitos de poca relevancia. Ahí se encontró a su primo Ismael, quien tocaba la guitarra y a otros hombres de Sinaloa que purgaban condenas relacionadas con el narcotráfico. Todos ellos tenían sus historias y a Chalino le dio por hacer corridos con todo aquello que le contaban.

Cuando salió regresó a Los Angeles. Ahí lavó coches por un tiempo y se metió en negocios turbios, trabajando de chofer y ayudante del dueño de un restaurante que estaba envuelto en el tráfico de drogas y quien fue luego asesinado por sus rivales. Sobre esta historia también Chalino compuso un corrido.

Con el tiempo comenzó a componer corridos por encargo. Muchos mexicanos radicados en Estados Unidos llegaban a él y le contaban sus historias, para que Chalino les compusiera su corrido, dándole a cambio relojes de oro, pistolas y buenos regalos, porque inicialmente Chalino no aceptaba dinero como pago. Cierto día le pidió a un grupo norteño que le grabara unos de esos corridos que compuso por encargo, más el día de la grabación el cantante no se presentó, así que Chalino decidió cantar sus composiciones, aún cuando estaba conciente de que su voz no era la deseada para lograr buenos resultados.

En cuatro horas grabaron quince corridos y se hicieron quince copias de la grabación, mismas que entregó a quienes les había compuesto los corridos. Más días después ya tenía solicitadas otras trescientas copias, y así comenzó la historia.

La primera grabación de Chalino provocó una buena cantidad de encargos. Se incrementó el número de gente que deseaba tener su propio corrido, y muchas más que demandaban copias de lo grabado. Sus narco corridos no los tocaba la radio, pero en los tianguis de Los Angeles los vendían por alteros.

Era increíble lo que sucedía. Chalino cantaba mal, su vos era realmente desagradable: áspera, aguda, nasal. Incluso enredaba las palabras, tenía mala dicción y decía cosas como “Te fuites” en lugar de “Te fuiste”. Era un ranchero de lo más rústico y desgarbado. Y quizás fue esta la razón por la que comenzó a vender discos por montones y a provocar localidades agotadas en todos los bailes y eventos donde se presentaba.

El 20 de enero de 1992 Chalino fue contratado para cantar en la fiesta de una quinceañera en un pueblo desértico a dos horas de Los Angeles. Esa noche un tipo llamado Eduardo Gallegos se subió al estrado y le disparó a quemarropa. Resultaron heridos, además de Chalino, el acordeonista del grupo y cinco personas más. Al agresor alguien le quitó la pistola y lo liquidó en ese momento.

Aquél escándalo hizo que las grabaciones de Chalino se vendieran mejor que nunca.

En mayo de ese mismo año Chalino fue invitado a regresar a Culiacán Sinaloa, para participar en un evento. Sus amigos le dijeron que no fuera. Pero el pago era bastante tentador y aceptó la propuesta.

Después del evento, Chalino salió del club acompañado de sus hermanos, un primo y varias muchachas. Poco después, en una glorieta fueron detenidos por hombres armados que venían en una Suburban. Detuvieron a Chalino, quien aceptó irse con los desconocidos, pidiendo únicamente que dejaran libres a sus acompañantes.

Pocas horas después encontraron a Chalino Sánchez tirado en un canal cercano a la carretera, con los ojos vendados, las manos atadas y dos disparos en la cabeza. ¿Cuestiones de narcotráfico?, ¿Cobraron la deuda de sangre que tenía?.

Después de su muerte no faltó alguien que se pusiera como nombre artístico Chalinillo y otros más que le compusieran su corrido.

viernes, 8 de julio de 2011

CRISTINA ONASSIS, UNA POBRE MILLONARIA

Cuando el sábado 15 de marzo de 1975 falleció el naviero y multimillonario griego Aristóteles Onassis, su hija Cristina pasó a ser la joven más rica del planeta, ya que su acaudalado padre le dejó una fortuna de más de 500 millones de dólares, además de una flota formada por cincuenta y dos barcos, entre balleneros, cruceros y petroleros. Uno de ellos, un yate de cien metros de eslora, llevaba el nombre de Cristina, y era un regalo que su padre le había hecho cuando cumplió tres años de vida.
Aristóteles Onassis llegó a Argentina provisto de tan solo una maleta y doscientos dólares. Y comenzó trabajando de vendedor de fruta, peón de albañil, empleado de una compañía telefónica y lavaplatos de un restaurante donde iba con frecuencia a comer Carlos Gardel.
Onassis era demasiado cuidadoso con su dinero, así que con sus ahorros logró poner una pequeña tabaquería donde vendía tabaco turco de contrabando. Y fue ahí donde inició toda una serie de estrategias fuera de la legalidad para enriquecerse. Plagió una marca muy conocida, bañó con agua salada pacas de tabaco para cobrar indemnizaciones del seguro y hacía cuanta triqueñuela se le venía en mente para acumular dinero.
Con el tiempo se convirtió en cónsul británico, posición que aprovechó para desviar sustanciosas sumas de dineros oficiales hacia sus negocios privados.
En tiempos de la segunda guerra mundial, compró barcos a precios ridículos y comenzó a negociar con petróleo, incrementando escandalosamente su fortuna día a día.
Ya como todo un gran magnate petrolero, realizó una fuerte inversión en Montecarlo y de nuevo incrementó su fortuna. Era todo un experto en amasar dinero.
De uno de sus tantos amoríos, Aristóteles tuvo un par de hijos, Alejandro y Cristina. Más su heredero falleció en un accidente de avión el año de 1973, por lo cual a la muerte de Onassis, pasó toda la fortuna a manos de su hija Cristina. Ella apenas tenía 24 años.
Su madre había muerto, su hermano también, así que era una huérfana poseedora de una inmensa fortuna.
Cristina tenía la desgracia de parecerse físicamente a su padre, era demasiado obesa, e intentaba enmascarar su desproporcionado cuerpo con ropas muy caras y valiosas joyas. Más siempre se sintió fea y esto la sumía en total depresión.
Antes de la muerte de su padre, cuando tenía tan solo 20 años se casó con un “don nadie”, pero el matrimonio tan solo duró seis meses. Tres meses después de la muerte de su padre, contrajo segundas nupcias con Alejandro Andreadis, heredero de una buena fortuna. Pero pronto se aburrió de él y se divorció. Pocos meses después se casó con un agente de la KGB, más pronto también decidió abandonarlo, dándole como indemnización un buque petrolero y suficiente dinero para pasar bien el resto de su vida.
Pese a su enorme fortuna la joven Cristina se convirtió en una alocada personalidad internacional adicta a toda clase de drogas. Bebía hasta 30 botellas de Coca Cola al día, bebida que le servía para tragarse puños de barbitúricos. Para colmo de males era una adicta sexual, por lo cual pagaba a los hombres para que la llevaran a la cama.
En 1980 realizó un intento de suicidio encontrándose en Nueva York. Y en 1985 se casó por cuarta vez con Thierry Roussel, el padre de su hija Athina. A pesar de que Roussel era hijo de un rico empresario, cuando Cristina le solicitó el divorcio lo indemnizó con 75 millones de dólares.
En noviembre de 1988 Cristina llegó a Buenos Aires, y fue a visitar a una amiga llamada Marina Dodero. Se quedó a pasar la noche con ella. Al día siguiente fue encontrada sin vida en el baño. Dicen que se quitó la vida tomando una sobredosis de barbitúricos.
Qué triste debió de ser la vida de Cristina. Un poco antes de morir había dicho: "Soy tan pobre que solo tengo dinero...".

miércoles, 29 de junio de 2011

ANTONIO ZEPEDA, SU HISTORIA

Antonio Zepeda, pregona en su figura ser descendiente de indígenas mexicanos, y al preguntarle sobre ello, reconoce orgulloso que tiene sangre otomí por parte de su madre y chatino por parte de su padre, aunque entre sus antepasados está el ilustre compositor cubano Ernesto Lecuona de quien muchos conocen su nombre y casi nada de su obra, y el inventor Don Jesús Lecuona de quien nadie conoce su nombre pero todos conocemos y disfrutamos de su obra ya que inventó la máquina para hacer tortillas.
Antonio ama profundamente a México, y parece como si jamás hablara de otra cosa que del amor por las tradiciones de su tierra, y de esa música que los antiguos espíritus metieron dentro de sus venas.

Aparenta ser un personaje extraño por su forma de vestir, siempre tendiente al folklorismo, y su abultada melena, que al caminar va lastimando los aires. Más en realidad es un hombre demasiado sencillo, ante quien hay que cerrar la boca y abrir muy bien los oídos, porque habla y habla sin que nadie lo pare, dejando siempre al escucha  sepultado en un mundo de interesantes historias.

Antonio nació a finales de la década de los 40’s y pasó su infancia en la popular colonia Doctores de la Ciudad de México, mostrando desde pequeño sus habilidades para el baile, lo cual con el tiempo le permitió alguna vez participar en una coreografía con Perez Prado. Después, ya cuando contaba con 16 años, coqueteó con la actuación colaborado con grupos universitarios, donde conoció a Aldo Zarelli con quien inició una gran amistad y posteriormente formaron el trio de baile The Dancing Shoes, con Gloria Lilia Aguilera.

La iniciativa dio buenos resultados, ya que pronto participaron en eventos importantes como el sorteo del Universal en 1964 y en una temporada con Pérez Prado en el Teatro Blanquita. Llegando a su punto culminante en una presentación realizada en el día del boceador, cuando  bailaron cumbia con la orquesta de Ramón Márquez y  Mikey Laure ante 15 mil espectadores en el Auditorio Nacional.

El espíritu inquieto de Antonio le llevó lejos de México, en plan de aventura, más que cualquier otra cosa, y en sus andares conoció a Lísskulla, una diseñadora escandinava de quien se enamoró y casó luego con ella. Pasaron su vida matrimonial viviendo en Washington, Nueva York, París y Estocolmo.

Para mantenerse diseñaban ropa dedicada a la burguesía alocada de la época. Iban a las peleterías de cada lugar, compraban pieles y hacían pantalones ajustados y acampanados y chalecos llenos de tiritas. Complementaban los atuendos con collares de diseños indígenas y algunos sombreros apropiados para hippies adinerados.

Sus creaciones fueron muy bien recibidas, al grado que muchos pintores mexicanos e intelectuales de la época se convirtieron en sus clientes habituales: Cuevas, Góngora, Felipe Ehrenberg, Arnaldo Cohen, entre muchos otros.

Estando en Nueva York, Antonio y Lísskulla decidieron separarse después de seis años de alocado matrimonio. Amortiguó la soledad al entrar en contacto con el museo de la Cultura Portorriqueña, llamado Museo del Barrio, donde residía un grupo de danza y música al cual se integró como bailarín, al ritmo de Bomba, un tipo de mambo a la Perez Prado aderezado con el acompañamiento del golpeteo de un ring de coche.

La percusión se convirtió en parte vital de su vida. Se dio cuenta que tenía demasiada facilidad para ello, lo cual le permitió formar luego la agrupación Astracarnaval, al lado de varios percusionistas brasileños. Le tocó aprender y foguearse con figuras de muy alto nivel, como Guilherme Franco, percusionista de McTyner, Nacho Mena, percusionista de Ornette Coleman, Lula Nacimento, percusionista de la Sinfónica de Bahía, Tutti Moreno, percusionista de María Bethania y Caetano Veloso, y Joao Palma, baterista de Antonio Carlos Jobim, entre otros. Toda una conjunción de brillantes estrellas que le permitieron aprender el arte del buen percusionista.

En Nueva York tocó mucho con músicos de free jazz, donde se valía de todo, lo importante era la originalidad y creatividad de cada músico; así que logró una libertad absoluta para manejarse con cualquier tipo de tambores. Las percusiones fueron un espejo de su existencia, llena de una libertad sin límites, donde podía hacer lo que quisiera encaminándose siempre a conseguir en su vida y en su música una auténtica obra de arte.

La música se convirtió en su pasión. Nació sumergido en el mambo, el cha cha cha, la guaracha, el danzón y los boleros. Aprendió a amar al Son Clave de Oro, Los Panchos, Perez Prado y en su disipada juventud a Los Beatles, Los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Cream, a quienes tuvo la oportunidad de ver en algunos conciertos en San Francisco y diversos lugares de la Unión Americana. Pero también se apasionó con las grandes figuras del jazz y el blues. Desde Muddy Waters hasta Miles Davis.

Ni cuenta se dio cuando se convirtió en un amante de la mexicanidad. Su desmedido amor por los instrumentos musicales, le llevaron a coleccionar tambores e instrumentos de muy diversas partes del mundo. Cualquier objeto tradicional que fuera capaz de producir música le provocaba un incontrolable deseo de posesión. Así fue como se llenó de ocarinas, flautas, caracoles, silbatos y por supuesto una enorme cantidad de instrumentos de percusión.

Con aquella enorme riqueza instrumental que poseía, lógico es que decidió realizar sus creaciones, inclinándose paulatinamente por la música prehispánica a través del estudio de las corrientes musicales más antiguas de nuestro México.

Los instrumentos antiguos siempre le han provocado enorme respeto y devoción. Ante ellos se siente humilde e indigno de utilizarlos. La primera vez que intentó tocar el caracol se le dificultó demasiado. Hasta que cierta noche, estando arriba de la pirámide de El Sol, en un ambiente de profundo misticismo y unidad con los espíritus ancestrales, su amiga Susana lo tocó y luego se lo pasó para que lo intentara. Antonio denegó la propuesta, pero su amiga le dijo que lo hiciera con humildad y él accedió. Al soplar surgió el sonido, como un lamento en sublime invocación. En aquél momento se sintió iluminado por los dioses y a partir de entonces nunca volvió a tener problemas para tocarlo.

Después, en un viaje a Guatemala, llevó consigo algunas flautas indígenas que había conseguido a través de Jorge Daré, un musicólogo que tenía un basar en el DF a finales de los 70’s. Llegó hasta Panahachel, en la rivera del lago Atichal .Ahí frente a los dos volcanes que se reflejaban en la superficie del lago, comenzó a tocar en serio sus instrumentos de aliento. Entonces surgió el compromiso de por vida de dedicarse a ello. Se dio cuenta que estaba llamado a promover la música de los ancestros. A través de esta música obtuvo luego la libertad, la independencia económica y un verdadero sentido para su vida.

En 1973 Antonio realiza su primera grabación con la música para la película Shak, filmada en los altos de Chiapas y la selva Lacandona. Una cinta de culto, hablada en maya y actuada por actores no profesionales.

Después vinieron una tras otra las grabaciones y presentaciones. Su presencia fue requerida en diversos sitios de América y Europa. La música le trajo grandiosas experiencias de todo tipo. La conexión con fuerzas espirituales, la comunión con los indígenas, la unidad con la tierra…

A encontrado la luz y colores de la música, el camino que le acerca al espíritu de las personas, las propiedades que tiene el sonido para curar o dañar.

En cierta ocasión estaba haciendo un dueto con Jerome Cooper, baterista del Revolutionarian Ensamble, un importante grupo de jazz de los 70’s, cuando de pronto y de la nada, surgió un extraordinario eco de voces infinitas, que interpretó como el canto de las ánimas, que realizaban un arco sonoro de hermosa belleza. Estaba tocando con los ojos cerrados y la boca abierta y cuando cerró sus labios las voces se apagaron, dándose cuenta que era a través de su boca que era a través de él como se estaba proyectando aquél sonido. Abrió los ojos para ver quien estaba a su lado, miró hacia atrás, para ver si alguien estaba cantando a sus espaldas y solo encontró a Jerome, quien también estaba sorprendido de lo que sucedía.

Cuando la interpretación concluyó Jerome le dijo: “Jamás había escuchado que surgiera una melodía de los tambores”. Antonio no dijo nada, se sentía totalmente desconcertado. Se levantó, fue al baño y se miró en el espejo. Le sorprendió ver su pelo, que era totalmente negro como el de los indígenas, esta vez totalmente plateado, al igual que su barba, como si hubiese envejecido 50 años, y había un triángulo luminoso tras de él. La música se había convertido para él en un crisol que minimizaba su cuerpo material y hacía florecer la plenitud de su espíritu.

Tiempo después le invitaron a realizar un concierto en la casa de la comunidad indígena norteamericana cerca de Nueva York. Antonio había venido padeciendo de una extraña urticaria que los médicos no le habían podido resolver. Los indígenas le solicitaron un concierto curativo y él pensó que aquello le vendría bien, ya que él mismo estaba enfermo. Colocó un círculo de veladoras azul y blanco y se colocó con todos sus instrumentos en el centro. Los indígenas, llenos de profundo respeto se colocaron alrededor del círculo en total silencio. Antonio comenzó a tocar y el sonido de sus tambores y flautas fue poco a poco envolviendo a todos los presentes. Un enorme poder se hizo presente llevando a todos hacia el éxtasis, brotando de los labios de aquellos indígenas un murmullo semejante a un mantra que adormilaba los sentidos haciendo que todos se fusionaran en un solo espíritu. Después de aquella mística reunión, Antonio sanó de la urticaria.

Antonio dice que lo sagrado tiene muchas caras, lo cual puedes percibir cuando te sensibilizas y sabes reconocer lo sagrado en todo aquello que lo tiene, apartándote de ideologías y sectarismos. Para él la música es un extraordinario puente que une al hombre con las divinidades.

En México existen ciertos grupos que a través de la música se hermanan con el Gran Espíritu, como los Kakis, los mareños de Oaxaca, los tamborileros de Tabasco, los Voladores de Papantla que tienen mucho que ver con la música de los ancestros. El Espíritu musical los anima a expresarse a través de él. Es un espíritu refinado y animalezco, donde el cuerpo y el espíritu se convierten en una sola unidad.

Antonio Zepeda nunca ha catalogado su música como prehispánica, solo dice que hace música con instrumentos prehispánicos o mesoamericanos. Está plenamente conciente que sus creaciones distan mucho de las que realizaban los antiguos nativos mexicanos de antes de la conquista. Aunque los sonidos son los mismos y la unidad espiritual sea semejante.

Respecto a su participación musical en la película Apocalipto, manifiesta una tremenda desilusión. Desde todos los puntos de vista la película fue un auténtico desastre, ya que Mel Gibson cometió errores de guión imperdonables. Y para colmo de males, James Horner, quien le solicitó a Zepeda unos temas, al final solo se aprovechó de ellos para realizar su propia música que no respeto en nada la esencia de nuestra música ancestral.

MAURICE TILLET: EL ORIGEN DE SHREK

Seguramente usted ha visto la película Shrek, una cinta de animación realizada por la compañía Dream Works. Ya sabe que se trata de una historia de ficción donde un ogro de buen corazón es rechazado por su aspecto físico. La producción es muy buena y le ha proporcionado grandes dividendos a la compañía. Pero, no crea que todo es una simple fantasía, la verdad es que Shrek está inspirada en un personaje real llamado Maurice Tillet, de quien tomaron la personalidad y el físico, porque Tillet era igual, o perdone usted, más feo que el famoso Shrek.
Maurice Tillet nació en Francia en 1910 y tuvo la desgracia de sufrir una enfermedad endocrinológica que altera en exceso la producción de la hormona del crecimiento, llevando a una desproporción a las extremidades y la cabeza.

Además de las deformidades físicas, la enfermedad provoca una muerte prematura y una vida de dolores físicos, al derivar en artritis, migrañas, hipertensión, diabetes y problemas cardíacos así como renales.
Todo esto lo padeció Tillet, pero jamás se doblegó. Pese a su apariencia de monstruo, con todas sus deformidades y lo peor, sus grandes dolencias, fue un apasionado del estudio y jamás dejó de aprender, al grado que hablaba 14 idiomas y escribía poesía.
Tenía un enorme deseo de llegar a ser actor, más fue rechazado una y otra vez en su país, sufriendo humillaciones y hostilidades. Así que no le quedó otra que escapar rumbo a los Estados Unidos, donde no encontró un trabajo de su agrado y terminó por convertirse en luchador profesional, siendo conocido como “el ogro del cuadrilátero”, y luego como “el ángel francés”. Y seguramente fue bueno en la lucha, porque se hizo bastante famoso.
Jamás encontró una dama lo suficientemente fea y de buen corazón para entregarle su amor, así que permaneció soltero, únicamente rodeado de unos cuantos amigos. En 1955, acosado por los problemas cardíacos de su enfermedad, ya en su lecho de muerte, realizaron tres moldes de su cara y después se hizo un busto de Tillet. De ahí se inspiraron para hacer a Shrek.
Lo único que Maurice Tillet nunca tuvo deforme fue su corazón, porque quienes lo conocieron afirmaron que era un amigo inigualable.

viernes, 24 de junio de 2011

FRANCESCO GUISEPPE BORRI

En 1653, un milanés de 27 años llamado Francesco Giuseppe Borri, comenzó a recorrer las calles de la ciudad diciendo a todos que se le había aparecido el arcángel Miguel, para anunciarle que él había sido elegido como capitán general del ejército del nuevo Papa, un ejército que ocuparía y revitalizaría la tierra. Además el arcángel Gabriel le había otorgado ciertos poderes divinos que le permitían ver el interior de las almas de la gente, e incluso luego le sería revelada la piedra filosofal, una sustancia buscada desde tiempos inmemoriales, capaz de transformar los metales básicos en oro.
Quienes lo conocían quedaron impresionado con Borri, no tanto por lo que decía, sino porque este personaje había llevado una vida dedicada al vino, las mujeres y los juegos de azar. Más de pronto había dejado todo eso para sumergirse en el estudio de la alquimia y hablar solo de lo místico y oculto. Esta transformación fue tan repentina y milagrosa, y sus palabras tan pletóricas de entusiasmo, que Borri generó pronto un buen grupo de seguidores.
También llamó la atención de la Inquisición Italiana, quienes por aquellos años buscaban por todos lados alguien para alimentar su hoguera. Así que Borri se fue a recorrer Europa, desde Austria hasta Holanda, prometiendo a sus seguidores que vivirían la plenitud del conocimiento y la alegría. Su enorme entusiasmo y la vivacidad de sus palabras le ganaron infinidad de seguidores por todas partes. Todo aquél que pretendía agregarse a su grupo primero debía estar en su presencia para que Borri, una vez entrado en trance, pudiera mirar su alma y descubrir si había nobleza y los atributos necesarios para integrarse a su grupo de fieles devotos. No todos eran aceptados, por lo cual se convertía en un gran honor el que Borri los considerara aptos para seguirle.
El culto constaba de siete grados o niveles, a los cuales los discípulos eran asignados de acuerdo con lo que Borri había visto en sus almas. Mediante el trabajo y una devoción total podían graduarse y pasar a un nivel superior. La prueba más difícil de superar era que debían entregarle a Borri todos sus bienes; más esto no pareció ser un gran obstáculo, ya que Borri les prometía que muy pronto terminaría sus estudios químicos y descubriría la piedra filosofal, con lo cual podrían obtener todo el oro que quisieran.
Con su creciente fortuna Borri comenzó a cambiar su estilo de vida. Se hizo llamar “Su Excelencia” o “Doctor Universal”; acostumbraba alquilar lujosas viviendas en las ciudades donde se encontraba temporalmente, amuebladas con lujo y costosas obras de arte que comenzó a coleccionar. Recorría la ciudad en un carruaje adornado con piedras preciosas y tirado por seis magníficos caballos negros. Nunca permanecía mucho tiempo en cada lugar, y cuando desaparecía, con la excusa de ir a buscar más almas para su rebaño, su ausencia con su ausenincrementaba aún más su fama.
De toda Europa llegaban hasta él los ciegos, los tullidos y los desesperados, porque se había corrido la voz de que poseía poderes curativos. Borri no cobraba por sus servicios. ¿Acaso le hacía falta?, y con ello lograba que la gente hablara maravillas de él. El hecho de que se manejara con tanto lujo, hacía que se rumorara que ya había descubierto la piedra filosofal, pero que aún no consideraba oportuno participar de ello a sus seguidores, porque todavía no estaban lo suficientemente preparados. Aunque el derroche de dinero que hacía era producto de los donativos de sus seguidores.
La Inquisición trataba por todos los medios a su alcance de acorralarlo, más sus discípulos los defendían y protegían. Para ellos el Papa era el Anticristo. Hasta que en cierta ocasión abandonó la ciudad de Amsterdam, donde se había instalado durante un tiempo, llevando consigo enormes sumas de dinero prestado y diamantes cuya custodia le habían confiado (Borri afirmaba que podía hacer desaparecer las fallas de los diamantes, gracias a sus poderes mentales).
La Inquisición lo atrapó poniéndolo en prisión por los últimos 20 años de su vida. Pero la fe de la gente era tan grande, que hasta el día de su muerte lo visitaron acaudalados feligreses, entre los que se contaba la reina Cristina de Suecia. Y con semejante apoyo logró liberarse al menos de morir en la hoguera como el caso de tantos otros sabios, iluminados y charlatanes.

SOCRATES, EL FILOSOFO GRIEGO

Sócrates, el gran filósofo griego se casó con una mujer llamada Santippe. Cuentan que era tan malhumorada, que el gran maestro andaba por las plazas, no con la intención de filosofar, sino para huir de la mujer a quien no soportaba. Al parecer era capaz de hacer razonar a todo
mundo, menos a la mujer que tenía en casa. ¡Sabrá Dios cómo haya sido!.
En el ágora de la ciudad, que era el lugar de los grandes foros, se reunían los sofistas, personajes eminentes que provenían de todas las regiones de la península, atraídos por el esplendor de Atenas. Se presentaban en público vestidos con ricas vestimentas y mantos color púrpura, luciendo su destreza en la retórica, como elocuentes oradores, discurriendo su supuesta sabiduría sobre cualquier tema, que enseñaban a los jóvenes mediante una propina, lo cual les permitía vivir holgadamente y con fortuna. Su actitud soberbia les hacía presentarse como si todo lo supieran, siendo capaces de enfrentar y salir abantes sobre cualquier tema.
A Sócrates le parecían unos personajes nefastos, mostraba una actitud desafiante hacia ellos y los metía en serios predicamentos. Mientras que los sofistas creían ser dueños de la verdad absoluta, Sócrates por el contrario afirmaba totalmente seguro de sí mismo: “Yo sólo sé que no se nada”. Daba sus enseñanzas paseándose por la plaza. Utilizaba la ironía, y fingía en todo momento “ignorancia”. Jamás mostraba la verdad, en cambio motivaba a sus discípulos a encontrarla por ellos mismos. Tal y como pregonaba la máxima inscrita en el frontón del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.
Esa era la finalidad fundamental de la filosofía, encontrar la naturaleza de la virtud y del vicio, el modo conducente a lograr la fuerza del carácter, el dominio de sí y la justicia para con los semejantes.
La enseñanza socrática iba encaminada a la búsqueda de la verdad, considerando que es necesaria la sabiduría para adquirir la virtud. Y se convirtió en la conciencia de Atenas, descubriéndole sus vicios e incitándola a buscar el cambio, más sin embargo la verdad resulta muchas veces amarga para los hombres. Y aquella actitud le ganó enemigos a diestra y siniestra. Meleteo, Licone y Anito, tres personajes importantes de la sociedad de Atenas, presentaron la denuncia. Sócrates fue acusado de ser culpable por no reconocer a los dioses de la ciudad y por introducir nuevos. Además por corromper con sus discursos a la juventud. Solicitando para él la pena de muerte. Sócrates pudo haber huido, como alguna vez lo hizo Protágora o Anasságora, quienes pasaron por algo semejante, pero no lo hizo. Y fue condenado casi por unanimidad por los jueces a morir envenenado.
Recluido en la prisión, sus discípulos van a verle. Se hicieron presentes Felón, Apolodoro, Critóbulo y su padre, Hermógenes, Epígenes, Antístenes, Cebes, Redondas y varios más. Faltaron, su ilustre discípulo Platón, que estaba enfermo, y por supuesto, los cobardes, que negaron aquél día hasta haberlo conocido. El mismo cuento de siempre.
Encontraron al maestro sentado en su estrecha prisión, frotándose las piernas, bastante adoloridas por las ingratas cadenas que cargó antes de la fatídica sentencia. Cuando su mujer Xantipa, ve llegar a los discípulos, prorrumpe en gritos desaforados, haciendo más ingrata la situación. “¡Ay Sócrates, este es tu último día”!, decía la mujer a grito abierto, y luego continuaba: “¡Ya no verás más a tus amigos” , y así proseguía con sus desaforados lamentos. Sócrates, harto ya de la situación suplicó a Critón, que como hombre rico que era se había hecho acompañar de sus esclavos, que le acabaran aquella pena, echando de inmediato a su mujer fuera de la celda, petición que no se le puede negar a un condenado a muerte, y mucho menos a un maestro y amigo; así que cumplida la petición el filósofo respiró con gran alivio.
En compañía de sus discípulos, el gran maestro se olvidó que la muerte impaciente le esperaba, e inició amena conversación y atinado doctrinaje. La plática subió de tono, y con ello la emoción, así que el buen Critón, le dijo a su maestro, que el verdugo recomendaba que no se excitara demasiado, porque el veneno tardaría mucho más en hacer efecto. Más Sócrates, con su característica ironía, recomendó no hacerle caso – que se preocupe de su menester – dijo el maestro – y que prepare lo que haga falta, aunque sea ración doble y aún triple”.
Poco después llegó el carcelero encargado de darle el veneno y le dijo al maestro: “Sócrates, no guardaré rencor ni pensaré mal de tí como sucede con otros que me maldicen porque les traigo el veneno que ordenan los magistrados. De tí ya he conocido que eres un hombre noble, paciente y
bueno como no he conocido otro. Y si te enojas, sé que no lo harás contra mí sino contra quienes son los culpables, que ya bien conoces. Procura pues, soportar sencillamente lo inevitable”.
Después de decir lo anterior, el carcelero se marchó llorando. Sócrates, antes de que partiera, le dijo: “Salud también a tí, y yo haré cuanto me dices”. Después le dice a sus discípulos: “Que amable es este hombre. Todo el tiempo solía visitarme y a veces hablaba conmigo, y era un hombre excelente, y ahora, qué noblemente me llora... Vayan a traerme el veneno si ya está molido, y si no, que lo muela de una vez este hombre”.
Cuando trajeron la copa, Sócrates la tomó muy serenamente, sin temblar ni alterársele ni el color ni el rostro. La mayoría de sus amigos, que hasta entonces habían logrado contenerse, al ver que su maestro tomaba el mortal veneno, comenzaron a llorar. Sócrates viendo la situación les dijo: “¿Que hacéis, hombres desconcertantes? Precisamente por eso no quise que estuvieran aquí las mujeres, para evitar estos excesos. Así pues no alborotéis y conteneos”.
Poco después Sócrates dijo que le pesaban las piernas y se acostó boca arriba, tal y como se lo habían mandado. Antes de morir, llamó a Critón y de dijo: “A Esculapio le debemos un gallo, pagádselo y no lo descuidéis”. Critón le prometió que cumpliría con el mandato. Instantes después los ojos de Sócrates se paralizaron y sus discípulos se dieron cuenta que el maestro había muerto.

miércoles, 12 de enero de 2011

PABLO PICASSO



El nombre completo de Pablo Picasso era: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno Crispín Crispiano de la Santísima Trinidad RUIZ y PICASSO.


Se calcula que produjo unas 13.500 pinturas o diseños, 100.000 impresiones o grabados, 34.000 ilustraciones para libros y 300 esculturas o cerámicas. Muchos de los dibujos más asombrosos de Picasso fueron hechos con una sola línea.

jueves, 25 de noviembre de 2010

ALBERTO SANTOS

A mediados del siglo XIX, Francois Dumont, un reconocido joyero, decidió dejar Francia, para trasladarse al nuevo mundo. Se decidió por Brasil, donde llegó a convertirse en el más grande hombre de negocios cafetaleros. Ahí nació su hijo Alberto Santos, quien desde los 17 años mostró gran inclinación por la ciencia y la tecnología.

Siendo Alberto hijo de un hombre millonario, se le permitió gastar cuanto fuese necesario en el diseño y construcción de cuanta máquina le venía a la imaginación. Pero Brasil era un lugar muy estrecho para sus ambiciones, así que, a la inversa que su padre, Alberto Santos decidió irse a Francia, donde sabía que encontraría una forma más adecuada de realizar sus sueños.

De entre tantas cosas que descubrió en Francia, Alberto Santos se apasionó con los globos aerostáticos. Como era un joven inventor, de inmediato se dio a la tarea de construirlos y volarlos, ganando diversos premios y estableciendo récords de todo tipo.

Pero los diseños que había hasta entonces no cubrían con todas sus expectativas. Se dio cuenta que el principal problema de los globos era la dificultad que representaba el manejarlos, ya que con gran facilidad eran juguetes manejados a capricho por el viento. Alberto Santos Dumont dedicó bastante tiempo a meditar sobre el problema, hasta que en 1901, aplicó en ellos la tecnología de los recién inventados motores de combustión interna, adaptando uno de ellos a un globo y dotándolo de timones y una hélice.

Todos pensaron que estaba loco: en aquella época, los globos eran de hidrógeno, altamente explosivo, y colocar un motor de explosión interna tan cerca de los miles de metros cúbicos de gas, a todos pareció como ir derecho al suicidio. Sin embargo, Santos Dumont aisló perfectamente el motor del resto del aparato, y nada sucedió.

Los parisinos se acostumbraron a verlo cruzar diariamente los cielos en globo o dirigible, sonriendo, quizás, irónicamente de todos los que lo tildaron de loco.

Ganó, entre muchos otros reconocimientos, la distinción de ser el primero en darle la vuelta a Paría en menos de media hora, y cuando se enteró que el Aeroclub francés otorgaba un premio de 1.500 francos al primer aparato más pesado que el aire que fuese capaz de recorrer el espacio de cien metros por sus propios medios, de inmediato puso manos a la obra, la cual presentó varios meses después; un prototipo llamado 14bis, mismo que levantó el vuelo en el Parque La Bagatelle, el 23 de octubre de 1906.

El 14bis era un verdadero avión, con estructura de bambú y aluminio y cobertura de lona y finísima seda japonesa. Dicen los testigos que se levantó con un ruido espantoso, despegó sin ayuda y, a unos dos metros de altitud, recorrió 60 metros en línea recta, lo cual no fue suficiente para ganar el premio, pero obtuvo una copa que se otorgaba por cubrir 25 metros.

De esta manera, Alberto Santos Dumont se convirtió en el primer piloto de avión verdadero, así como en el primer diseñador de aviones, y el 14bis en el primer avión verdadero en despegar, volar y aterrizar por sí mismo.


Pero quizás usted se esté preguntando qué pasa con los hermanos Wright, quienes realizaron un vuelo en 1903, es decir, tres años antes que Santos Dumont?


Lo que sucede es que el artefacto de los hermanos Wright no era un verdadero avión, sino un planeador a motor. La diferencia estriba en que los aviones despegan por sus propios medios, y los planeadores requieren de una fuerza externa., ya bien sea viento de proa o remolque. En realidad, el prototipo norteamericano requirió de ambas. Y además la hazaña de los Wright se produjo sólo ante algunos amigos y familiares, sin la presencia de la prensa y sin el aval de ninguna entidad aeronáutica. Aunque el artefacto de los estadounidenses hubiese sido un avión verdadero, Santos Dumont sigue siendo el primer ser humano en despegar y volar un avión en un evento certificado y homologado por una Asociación Aeronáutica oficial (el Aeroclub de France), cubierto por la prensa de todo el mundo y con la entera población de una ciudad como testigo.


Santos Dumont continuó perfeccionando su invento hasta que, en 1909, decidió regresar a Brasil. Siempre pensó en que sus aviones servirían para impulsar un mundo de paz y progreso, pero fue un gran golpe para él, ver como fueron utilizados como bombarderos en la Primera Guerra Mundial. No para que trasportar carga, pasajeros o correo. Dumont soñaba con que servirían sus aviones para rescates, traslado de enfermos y heridos, viajes turísticos, en fin... pero la realidad le llenó de dolor y aflicción. Jamás previó que contribuiría a la realización de un arma de destrucción y crimen. Todo ello le provocó una enorme crisis emocional, que aunada a sus enfermedades, le llevaron a suicidarse ahorcándose con su propia corbata el 23 de julio de 1932.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

GANDHI, DOS PEQUEÑAS GRANDES HISTORIAS

1. Cuentan que en cierta ocasión, cuando Mahatma Gandhi estaba subiendo a un tren, una de sus sandalias cayó a la vía, y aunque no faltó quien hiciera el intento por recuperarla, la labor fue inútil, ya que el tren se había puesto en marcha. En ese momento Gandhi se apresuró a quitarse la otra sandalía y la arrojó con fuerza igualmente a la vía. Quienes le acompañaban le miraron con gran extrañeza, y una vez pasada la sopresa, alguien de los presentes se atrevió a preguntarle: ¿Porqué has hecho esto?, a lo cual el contestó con la mas grande naturalidad: Seguramente algun pobre hombre encontrará la primera sandalia, así que arrojé la otra para que las pueda usar.

La grandeza de los hombres se presenta hasta en los más mínimos detalles.

2. En otra ocasion una madre llevó a su hijo ante Mahatma Gandhi solicitándole que lo reprendiera por comer azúcar. Gandhi cayó unos momentos. Después, moviendo asintiendo con suavidad con un movimiento de cabeza, le dijo a la madre: Tráigame a su hijo dentro de dos semanas.

Aquella mujer no entendió el porqué de la petición, más sabiendo que venía de un hombre sabio, acató la dispposición y se marcho a casa. Dos semanas después volvió ante Ghandi llevando a su hijo. el gran Mahatma miro con benevolencia, pero con la autoridad que le confería su edad, y le dijo: "Hijo, ya no comas tanta azúcar". El muchacho aceptó la indicación y su madre, perpleja, pero agradecida le pregunto a Ghandi: ¿Porqué debió de haber esperado dos semanas, si eso pudo habérselo dicho desde el momento en que lo traje por vez primera?. A lo cual Gandhi respondió: Es que dos semanas atrás, yo estaba comiendo azúcar.
El buen juez, por su casa empieza!

miércoles, 22 de septiembre de 2010

VARLAM SHALAMOV Y EL INFIERNO CONGELADO

A la caída de los zares, el pueblo Ruso esperaba que con la llegada del comunismo se terminara la opresión que había venido padeciendo. Más las cosas no fueron del todo favorables, especialmente para quienes se atrevieron a pensar diferente.
Varlam Shalámov, un poeta, novelista ruso y periodista fue víctima del proceso de purga para eliminar a los disidentes. Cualquier motivo era válido para condenar a los transgresores: un mal chiste, una opinión no muy clara, un comentario inapropiado… todo ello podía conducir al peor de los infiernos, donde los prisioneros no moraban entre las llamas, sino dentro de un ambiente de heladas temperaturas que les arrebataba toda dignidad y resistencia, enflaqueciendo su espíritu de tal manera que la única llama que quedaba en su interior era su anhelo por la muerte.
El año de 1926 Varlam Shalámov fue aceptado como estudiante en el Departamento de Derecho Soviético de la Universidad estatal de Moscú, donde se vinculo a un grupo trots-kista. En 1929 fue arrestado y sentenciado a tres años de cárcel, por distribuir la Carta al Congreso del Partido, que se conocía como el Testamento de Lenin. En ese documento, el dirigente soviético expresaba sus reticencias respecto a la elección de Stalin como su sucesor como Secretario general del partido.
Varlam Shalamov cumplió la condena, mas el duro castigo, en lugar de alinearle el pensamiento, le volvió un contrarrevolucionario. Grave pecado que incrementó su condena a más de 15 años de trabajos forzados en Kolymá, una de las regiones más heladas de Siberia. Consiguiendo la libertad hasta el año de 1953, tras el fallecimiento de Stalin.
Un año después, en 1954 Varlam Shalámov comenzó a escribir la gran obra de su vida: Relatos de Kolymá, misma que se publicaría en Londres en 1978 y donde se describe la vergonzosa historia de esclavitud y sufrimiento que le tocó vivir en su condena.
Shalamov escribió: ¿Cómo contar lo que no puede ser contado? Es imposible encontrar palabras. Morir tal vez habría sido lo mas sencillo”. Pero Shalamov decidió vivir, pues comprendió que la memoria es una forma de justicia, un modo de oponernos a la barbarie.
Kolymá se encuentra en el noreste de Siberia. Su nombre lo debe a un rio de 2.129 km de longitud, congelado hasta varios metros de profundidad la mayor parte del año, se deshiela a principios de junio, volviéndose a congelar en octubre. Este río es el hábitat del lucio, la parca, el salmón y el tímalo. En tierra habitan alces, osos, borregos cimarrones, renos salvajes, grullas blancas y grises y otras muchas clases de pájaros poco comunes. Desgraciadamente la cuenca del Kolymá es mas conocida por los campos de trabajo para esclavos (el GULAG) que estuvieron activos hasta 1956 y las minas de oro, sitio de tortura permanente para los prisioneros.
El GULAG estaba integrado por unos 120 campos, de los cuales 80 estaban dedicados a las labores en las minas. Era una región que en invierno llegaba a los -60º C, y un escupitajo se congelaba antes de llegar al suelo. Una canción popular de la época decía: “Kolyma, Kolyma, planeta encantado. El invierno dura doce meses, el resto es verano”. Por este clima tan riguroso a Kolyma se le conocía como “el crematorio blanco”.
El crudo invierno es una referencia permanente en todos los escritos de Varlam Shalamov. Apunta que el sueño de todo recluso era calentarse, librarse de aquel frio helador que penetraba todo el cuerpo y detenía la actividad del cerebro. Los dedos de las manos y de los pies zumbaban de dolor. La piel de los dedos, de un rosado encendido, así se quedaba, rosada y quebradiza ante cualquier rasguño. Se protegían los dedos manteniéndolos envueltos en cualquier trapo sucio que evitaba las heridas, pero no les evitaba las infecciones. De los dedos gordos de ambos pies fluía pus, un pus que no tenia fin.
A las inclemencias del clima se sumaban las durísimas condiciones del trabajo. Los reclusos estaban obligados a laborar de 13 a 16 horas al día, eso sin contar las horas extras que seguido les ordenaban. El plan de extracción de oro se realizaba no importaba a qué precio. Los planes se mantenían a costa de la salud y la vida de los detenidos. Además de trabajar en las minas y los bosques, construían sus barracas, así como caminos y pueblos para el personal que los custodiaba.
A eso se sumaba la mala alimentación. Cada preso recibía diariamente entre 300 y 400 gramos de pan, un plato de sopa (muy aguado), un jarro de agua caliente, al que llamaban té y, en algunas ocasiones, medio arenque salado. Por esa razón, tenían siempre un hambre devoradora, persistente, que nada podía saciar.
Shalamov soñaba con frecuencia que en el aire flotaban barras de pan que llenaban las casas, las calles, la tierra toda. Porque su vida, como la de todos los prisioneros se resumía, en hambre, cansancio extremo y mucho frio. Demasiado frio.
Aunque tenían un hambre insaciable, todos estaban asqueados de la comida que se les daba. Cada día era el mismo espectáculo de los peroles de cinc con la sopa que traían al barracón colgando de unas varas. Deseaban que la sopa fuera espesa, algo que les llenara, pero casi siempre era un caldo caliente que en nada les alimentaba; y aunque llenaran sus estómagos con aquella sopa tan aguada, no se apagaba el zumbido del dolor el en estomago; por llevar tanto tiempo el hambre atrasada. Y aunque todos parecían cadáveres vivientes, que se arrastraban penosamente entre la nieve, los médicos, sin embargo, no podían diagnosticar desnutrición, pues en la patria del socialismo nadie moría de inanición.
Las raciones, por otro lado, dependían del rendimiento del preso, pues en la medida en que éste trabajase mejor, más útil era y por eso se le daba una ración mayor. Por el contrario, quienes no cumplían la norma o se enfermaban recibían menos comida. Sufrían además vejaciones e insultos, y existían castigos para los "remolones".
La violencia era parte integrante esencial de la vida cotidiana del GULAG. Cuando alguien llegaba al extremo de no querer ya dar un paso, dos vigilantes lo levantaban de manos y pies y tras zarandearlo lo arrojaban ladera abajo, para que el preso fuera dando tumbos unos trescientos metros, abajo lo esperaba una escolta, y si el preso no se levantaba le daban de patadas para que intentara incorporarse, y si ni aun así lo lograba, era arrastrado por los caballos hasta su lugar de trabajo. En Kolyma, al igual que en los otros campos de concentración, imperaba una arbitrariedad ilimitada y un sadismo preciso, que estaban destinados a materializar la campaña de exterminio social que con Stalin alcanzó niveles difícilmente superables.