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lunes, 5 de marzo de 2012

LA BACANAL ROMANA

Hace más de 2000 años, los griegos adoraban al dios Dionisio como su dios del vino y de la vegetación, al cual posteriormente los romanos llamaron Baco y le celebraban un ritual festivo-religioso que consistía en un gran festín, que disfrutaba la alta sociedad del imperio. Era una gran comilona en la cual los esclavos no dejaban de llevar manjares a la mesa. Una especie de cocina internacional, ya que la comida era muy variada, yendo desde ostras de Gran Bretaña hasta gambas españolas, pasando por pavos de la India y manjares procedentes de todos los países conquistados por Roma.. Todo esto se acompañaba de mucha fruta y por supuesto de buenos vinos.
A un lado de la sala donde acudían los comensales estaba un lugar llamado vomirotium, al cual iban los invitados cuando sus estómagos parecían reventar de tanto exceso de comida. Allí se introducían una pluma en la garganta, sus propios dedos o los dedos de un esclavo, para poder arrojar todo lo que habían ingerido previamente. Para luego regresar a la mesa y continuar con la orgía grastronómica.

jueves, 27 de octubre de 2011

CÓMODO, EL EMPERADOR ROMANO

En cuanto Cómodo se convirtió en Emperador, allá por el año 180, lo primero que se le ocurrió fue hacerse adorar como la encarnación de Hércules y Mitra, obligando a sus súbditos creer semejante tontería, hasta el punto de adoptar el divinizado título de Hérculus Romanus. Dicen que había matado a su padre, aunque esto no ha sido jamás probado, pero sí parece que violó a sus hermanas, llegando a tanto su depravación que le cambió el nombre a una de sus múltiples concubinas, por el de su progenitora, porque teniendo cierto parecido con ella, se daba el malévolo placer de lo que usted ya se imagina.

Pero el emperador Cómodo fue aún más lejos: mató a su hermana Sucilla y a una de sus esposas llamada Cripisca.

También le gustaba luchar con los gladiadores, pero bajo sus reglas, para no tener el final destinado a estos guerreros. Siempre salía victorioso porque les daba a sus contrincantes espadas de madera, mientras el bajaba a la arena pertrechado de todo arsenal de espadas de verdad, mazos y demás armas de muerte. Así que quien tenía que enfrentar al Emperador ya había perdido la contienda desde antes de comenzar.

Mas de 700 veces bajó el Emperador a la arena a ejercitarse en estas luchas, aunque en otras veces su crueldad iba mucho más lejos y superaba todo lo conocido. Abusando de su excelente condición física, destripaba animales y torturaba esclavos, además salía a las calles de Roma y blandiendo su maza de héroe griego, aporreaba con ella, hasta la muerte, a cuanto lisiado se encontraba en su camino.

Pese a la negativa de los miembros del Senado, puso en venta todos los cargos públicos en un afán de llenarse hasta saciar los bolsillos. No obstante, y por el terror que emanaba de sus decisiones caprichosas e inesperadas, en los momentos de su máximo poder, el Senado lo proclamó como “el más noble y más glorioso de los príncipes”. Ello a pesar de su vida disoluta y escandalosa, misma que no se preocupaba en lo absoluto de disimular. Todo lo contrario, ordenó, desde el inicio de su reinado, que se tomara constancia de todo lo que hacía en las Actas Públicas de Roma (una especie de gaceta oficial), sin que hubiera censura alguna, ya que Cómodo estaba convencido, de que la posteridad agradecería el poder conocer su glorioso paso por la vida.

En realidad los trabajos del Imperio ni le importaban, todo lo delegaba en Perennis, quien era el verdadero gobernante de Roma, lo cual dejaba a Cómodo en total libertad para dedicarse a los placeres y a las maldades. Aunque con ello despilfarrara todos los tesoros del Imperio.

Y sus excentricidades no tenían límite. Al tener noticia de un ciudadano llamado Onon (palabra que significa asno), lo mandó llamar y colmó de riquezas, nombrándolo además Gran Sacerdote de Hércules, al cual, por cierto, desnudaba para apreciar el miembro viril que le había obsequiado la madre naturaleza y que hacía mucho honor a su nombre.

Pero aún hay más. Realizaba banquetes a los que nadie quería ser invitado, aunque quien lo fuera debía ir si no deseaba acarrear sobre sí toda la furia del Emperador. Los sabrosísimos manjares que se servían incluían además excrementos y sangre menstrual, debiendo todo ello ser consumido sin exteriorizar el asco correspondiente.

Hartos sus súbditos de todas sus fechorías y depravaciones, algunos de sus allegados, entre ellos una de sus concubinas, lo envenenaron, y como esto no fue suficiente para darle muerte, lo estrangularon y hasta asfixiaron con su propio colchón.

El mismo Senado que le aplaudió por temor, lo describiría posteriormente como “más cruel que Domiciano y más impuro que Nerón”. Sus restos fueron enterrados en la fosa común a donde iban a parar los cuerpos destrozados de los gladiadores muertos en el circo.

sábado, 2 de julio de 2011

EL INCENDIO DE ROMA

Cuentan que Nerón, uno de los más polémicos emperadores de Roma, incendió la ciudad en el año 64, por una mera ocurrencia de diversión. Aquél incendio, que hoy es considerado el más famoso de la historia, arrasó con gran parte de la ciudad. Y mientras la gente corría aterrorizada intentando salvar sus vidas, el emperador se vistió con un vistoso traje de músico de anfiteatro y con un instrumento semejante al arpa, ejecutó el hermoso poema musical ilou persis, mientras reía como un poseído.
Esta leyenda, que hoy se da como verdadera, nació a partir de los escritos de Seutonio y Dion Casio quienes, paradójicamente, todavía no habían nacido durante el tiempo del incendio. Los expertos en este tema jamás se han puesto de acuerdo sobre la veracidad de los hechos, no obstante si tomamos en cuenta a los historiadores romanos Tácito y Plinio el Viejo, quienes fueron contemporáneos del siniestro, se puede deducir que esta leyenda es apócrifa, e incluso nos hacen saber que Nerón ni siquiera se encontraba en Roma, ya que estaba en la ciudad de Antium. Así mismo, y en contraste con la leyenda popular, según Tácito, al enterarse del incendio Nerón fue rápidamente a la ciudad a organizar el combate al fuego, abrió las puertas del palacio a quienes perdieron sus casas y ordenó la repartición de comida entre los ciudadanos para evitar la hambruna.
Los daños fueron cuantiosos: el incendio destruyó parte de la zona del Circo Máximo, el palacio personal de Nerón, el Templo de Vesta y el Templo de Júpiter así como la destrucción de 4 distritos y el daño extremo a otros 7. Peor aún fue la destrucción de la zona comercial de Roma, por lo que el daño económico resultó aún mayor que el material.
Tras el incendio, numerosos rumores sobre la autoría comenzaron a desperdigarse por toda la ciudad. Y para evitar ser considerado el actor intelectual del mismo, Nerón hizo recaer la culpa sobre los cristianos. Como castigo, mandó tirar a muchos de ellos a los perros y crucificó a docenas. Luego hizo recoger los escombros y se dedicó a construir magníficos templos, entre ellos un nuevo palacio, el Domus Aureus. A causa de esto, posteriormente nacería la leyenda que dice que Nerón causó el incendio, para justificar la construcción de nuevos templos y su palacio.

viernes, 24 de junio de 2011

PAN Y CIRCO

Por el año 530 a de C. surgieron en la campiña italiana los espectáculos con gladiadores, como parte del homenaje que se realizaba a una persona importante recién fallecida. De la campiña italiana pasaron a Roma, donde se volvieron sumamente populares.
Inicialmente tan solo se trataba de una especie de competencia, un medir fuerzas entre gladiadores, perdiendo la contienda el que tocaba el suelo con la espalda. Más pronto aquél espectáculo se convirtió en favorito de multitudes, subiendo de nivel y volviéndose cada vez más exigente. Tanto furor causó esta diversión entre el público romano que en el año 29 a.C. Estacilio Tauro, construyó el primer circo dedicado en exclusiva a promover este tipo de funciones. Los políticos encontraron en esta forma de diversión un acertado medio para mantener entretenido al pueblo y dejarlo contento. Ya que entre más se divirtiera el pueblo, menos atendían de cuestiones políticas y de esta manera ellos se mantenían en paz.  Y para lograr redondear todo este asunto, a medias o al final de la función, una carreta llena de pan era arrojada entre los presentes. De ahí surgió la expresión “Al pueblo pan y circo”, porque de esta manera el pueblo se mantenía contento y perdonaba o pasaba por alto todas las tonterías cometidas por sus mandatarios.
César y Pompeyo se distinguieron en el arte de complacer a las masas, fue así como dieron en presentar animales exóticos, casi todos ellos traídos de Africa. En el año 74 Julio César presentó la primera jirafa, más luego fueron leones, osos y cuanto animal exótico se encontraron.
Dieron en hacerlos pelear entre sí. Y luego trajeron a los prisioneros y a los Cristianos haciéndolos pelear contra las bestias salvajes. La gente gritaba eufórica sedienta de sangre, y cada vez pedía más y más, pretendiendo que la emoción subiera hasta límites inimaginables. Y había que complacerlos.
El espectáculo que presentó Augusto pasó a la historia. En ocho días intervinieron 10,000 gladiadores y, a medida que avanzaba el combate, los esclavos apilaban los cadáveres y renovaban la arena empapada de sangre.
Los animales sacrificados en estos espectáculos también sumaron una cantidad bastante considerable. Fueron tantos los animales utilizados, que en algunas zonas de Africa se extinguieron varias especies.  Con Nerón se sacrificaron 400 osos y 300 leones en una sola jornada, mientras que en los cien días que duraron los juegos ofrecidos por Tito para la inauguración del Coliseo Romano, en el año 80, murieron 5,000 bestias y centenares de gladiadores.
Llegó a tal la exageración de quienes promovían y preparaban estos espectáculos, que incluso el Emperador Augusto, mandó construir gigantescos estanques de casi dos kilómetros, donde se ofreció al público una auténtica batalla naval, con barcos reales y la participación de 3000 actores que peleaban a muerte unos contra otros, ante el alarido de placer de los espectadores.
La fama que alcanzaron algunos gladiadores que siempre salían victoriosos, solo es equiparable a la de las estrellas pop de hoy en día. Fue por esta razón que no faltaron emperadores que se atrevían a lanzarse al ruedo intentando ganarse el favor de la gente, aunque cabe aclarar, que estos combates siempre estaban amañados.
Nerón tuvo la genial ocurrencia de enfrentar a un león, aunque previamente le habían limado los dientes y cortado las garras. El público lo sabía, pero se hacía de la vista gorda y le aplaudía a su gobernante.
Por su parte el Emperador Cómodo prefería enfrentarse a los gladiadores, aunque a estos les daban espadas de plomo blando que se doblaban con facilidad, y de esta forma eran vencidos sin mayor problema. Hasta el día que unos de sus enemigos prepararon bien la jugada, y lograron que uno de los gladiadores acabara con él estrangulándolo.
Cuando el Cristianismo se difundió en Roma, todo este tipo de sangrientos espectáculos empezaron a ser muy mal vistos. En el año 326 d.C. el Emperador Constantino, emitió una serie de leyes tendientes a evitar su celebración y así terminó todo aquello de que al pueblo pan y circo. Aunque en la actualidad muchos gobiernos siguen utilizando la estrategia.

miércoles, 27 de mayo de 2009

LOS ESCLAVOS ROMANOS

Se estima que en los tiempos del Imperio Romano, uno de cada tres habitantes era esclavo, algunos en manos de particulares, los otros bajo el control del Estado. En tiempos más antiguos, el amo tenía derecho sobre la vida y las posesiones de su esclavo, incluyendo su mujer e hijos, al grado que podía deshacerse de estos si nacían con deformidades, o simplemente si así lo deseaba. Al esclavo lo podía tratar como a cualquier otra propiedad – regalarlo, venderlo o alquilarlo e incluso quitarle hasta la vida. Aunque en tiempos del emperador Claudio las cosas habían cambiado en este sentido, salvo que encontraran al esclavo robando, entonces podía pagarlo hasta con la misma vida. El esclavo era considerado como una simple cosa, y si alguien dañaba a alguno debía pagarle una indemnización a su dueño.
El mercado de esclavos en Roma estaba siempre muy bien surtido gracias a las continuas guerras en que estaban metidos los romanos para expandir su imperio. Tras la toma de Tarento en el año 209 A.C., durante la guerra final contra Anibal, se hicieron de 30,000 esclavos entre sus habitantes. En su batalla contra los griegos, en el año 68 A.C., su vencedor Emilio Paulo, vendió 150 000 prisioneros. Julio César, de una sola batalla en su conquista de las Galias logró 53,000 prisioneros que luego vendió en el mercado romano. Se calcula que el emperador César logró más de un millón de prisioneros galos, haciendo que se vendieran un promedio de 10,000 esclavos diarios en el mercado de Roma.
Y sabe usted cuánto valía un esclavo?. Si no tenía algo en especial y solo habría de servir para labores duras en el campo o las minas, su precio oscilaba entre seiscientos y dos mil sestercios. Y para que se de una idea del valor de los sestercios, un burro valía como quinientos. Los buenos esclavos, fuertes o con algún atractivo especial, valían como dos mil quinientos sestercios, o sea igual que cinco burros. Y como eran épocas de bonanza, cualquier familia de respeto tenía su buen puñado de esclavos en casa, aunque no fuera dueña de ningún burro.

viernes, 5 de diciembre de 2008

MARCO CURCIO

La tradición romana cuenta que en el año 363 a.C. surgió repentinamente una enorme grita en el suelo de Foro. De aquella fosa surgía un enorme calor como si un gran fuego se encontrara en el fondo. De inmediato se reunieron todos los sacerdotes para preguntar a la divinidad el paso a seguir para resolver semejante y peligrosa situación. Poco después le comunicaron a la comunidad que únicamente se cerraría la fosa si se arrojaba a su interior el más precioso de los tesoros de Roma.
Todos comenzaron a preguntarse cuál sería el tesoro más valioso que poseían. Se pensó en el oro y las joyas, en arrojar sus mejores estatuas, de las cuales tenían una buena cantidad y muy bien realizadas; no faltó quien propusiera arrojar todas sus armas, porque aquello era demasiado valioso, ya que les servía para defenderse… Y así, todo mundo fue dando su opinión para resolver el problema y aplacar la ira de los dioses.
Entonces apareció el joven patricio Marco Curcio, quien ante la multitud congregada manifesto que Roma no poseía tesoro más valioso y digno que un generoso y valiente ciudadano. Por ello, montó luego sobre su caballo y se lanzó al fondo del abismo, el cual se cerró inmediatamente sobre él.
Excavaciones recientes descubrieron en el Foro de Roma un pozo sagrado llamado lago de Curcio.

jueves, 27 de noviembre de 2008

EL EMPERADOR CLAUDIO I

Desde su infancia, Claudio sufrió el desprecio de los miembros de su familia, no le agradaba ni a su madre. Ella lo menospreciaba en todo momento, diciendo que rea una caricatura de hombre, un aborto de la naturaleza. Incluso cuando censuraba a alguien solía decir: “es más necio que mi hijo”. Y Tampoco era querido por sus abuelas, ninguna de las dos le dirigía la palabra, si acaso una de ellas se comunicaba con él, y solo lo indispensable, a través de algún escrito. Y su hermana lo veía como un ser totalmente despreciable. ¿porqué pasaba todo esto?
Simplemente porque Claudio, con sus deficiencias físicas lesionaba el nivel aristocrático de tan distinguida familia. Una familia de nobles, políticos, conquistadores… Pero Claudio, aunque era de buena estatura y rostro agraciado, tenía una buena cantidad de limitaciones físicas: era cojo y de piernas débiles, constantemente le escurría la nariz, era epiléptico, tenía una enfermedad nerviosa crónica, un tic nervioso, y esclerosis, padecía de migraña y además era tartamudo. Para colmo su carácter era bastante desagradable. Con todo este cúmulo de deficiencias muy pronto fue tomado como alguien estúpido por todos los que lo rodeaban, más esto al final de cuentas se convirtió para Claudio en un medio de salvar su vida. Porque los tiempos eran tan difíciles en Roma, que todo aquél que constituía una amenaza o era candidato al poder, corría grandes riesgos de ser eliminado. Pero como Claudio era tan deficiente y tan “tarado”, ¿a quien podía amenazar un tipo así?
Pero Claudio no era ningún tonto. Se volvió muy aplicado en el estudio, hablaba griego con mucha fluidez, aprendió geometría y se volvió docto en medicina, aunque su más grande pasión fue la historia: escribió varios libros: una crónica de los cartagineses, una de los fenicios, una obra sobre el alfabeto latino; redactó un tratado sobre juego de dados y una completa autobiografía. Aunque quizás lo más importante y controversial fueron los 13 volúmenes que escribió sobre la historia de las guerras civiles.
No obstante su gran inteligencia, fue rodeado de desprecio y de vergüenza. Claudio fue apartado de la vida pública, de los honores y de los trabajos políticos que le hubieran correspondido por su linaje y condición. Ocupó ciertamente algunos puestos, pero no de gran relevancia y en nada acordes a su linaje, pero esto le ayudó en cierta medida a lograr posteriormente una mejor posición.Lo cierto es que el 24 de enero del año 41 D.C. se encontraba en el circo romano con el emperador Calígula cuando éste fue separado del resto del séquito y asesinado por la guardia pretoriana. Claudio logró esconderse tras una cortina, pero fue descubierto por uno de los soldados, quien alcanzó a mirar los pies que asomaban bajo la tela. Al ser sorprendido imploró que no le dieran muerte. Y entonces sucedió algo insólito. La guardia pretoriana, lo llevó a su campamento, y Claudio, el cojo, el tartamudo, el tonto aparente, fue designado emperador en sustitución del recién asesinado Caligula, cuando tenía la edad de 51 años.

EL EMPERADOR CLAUDIO II

En una de sus primeras comparecencias ante el Senado, ahora como emperador, Claudio dijo: “Ya sé que me consideráis un pobre necio. Pero no lo soy. He fingido serlo. Y por esto hoy estoy aquí”.
Los pretorianos fueron recompensados por Claudio, ya que les dio 15,000 sestercios a cada uno por el favorcito de nombrarlo emperador. Con ello compraba su lealtad e impedía un conflicto civil. Aquello sentó un mal precedente, porque a partir de entonces, el peso del ejército fue decisivo para designar a los nuevos emperadores, y el importe que cobraban por ello fue cada vez mayor.
Claudio inició su mandato aboliendo algunas de las leyes más absurdas promulgadas por su antecesor Calígula. Decretó una amnistía general y presidió trece años de tolerancia y expansión. Pero no todo fue positivo durante su mandato. Claudio no pudo sustraerse al temor de la conspiración y en poco más de un decenio, 35 senadores y unos 300 miembros de la orden ecuestre fueron condenados a muerte acusados de traición y conspiración.
Por otro lado, pese a su inteligencia, era demasiado influenciable, y un auténtico títere en manos de sus esposas. Se casó cuatro veces. La primera de ellas fue Plaucia Urgu-lanila, hija de un militar. Se divorció de ella por su conducta licenciosa y sospecha de homicidio. Después se casó con Elia Petina, hija de un cónsul. Fue el matrimonio más tranquilo de todos. Se divorciaron por pequeñas diferencias, y fue, por decirlo así, el gran amor del emperador.
Luego se casó con Valeria Mesalina, hija de uno de sus primos. Ella tenía 15 años, Claudio 30. Al ser Mesalina la esposa del emperador, la jovencita se sintió con todos los derechos del mundo. Comenzó por dominar a su marido y rodearse de amantes, siendo tal su apetito sexual que se disfrazaba para salir del palacio e ir a uno de los burdeles más miserables de Roma, donde tenía permanentemente alquilada una celda. Ahí ejercía la prostitución, pagando, como cualquier otra mujer galante, su comisión al encargado. Por las mañanas volvía al palacio a ejercer sus funciones de primera dama.
Todos sus desmanes eran ocultados al Emperador, hasta que llegó el colmo de los colmos, cuando Mesalina se fijó en el atractivo cónsul Cayo Silio, con quien celebró una especie de esponsales y declaró su intención de engendrar hijos con dicho galán, lo cual constituía un peligro para el poder de Claudio. Ante dicha situación los hombres de confianza del Emperador, le notificaron a Claudio y presionaron para que tomara cartas en el asunto. La pareja fue detenida y condenada a muerte.
Pero después de todo el emperador no aprendió la lección y contrajo nuevas nupcias con Agripina, quien era por cierto su sobrina, por ser hija de su hermano Germánico. Su nueva esposa traía un hijo consigo, fruto de un matrimonio anterior. Se llamaba Nerón. Y escuche usted lo que pasó a continuación.
Agripina, no menos dominante que Mesalina, mangoneó todo lo necesario la situación hasta que logró que Claudio reconociera a Nerón como su hijo, para que de esta forma pudiera ser designado emperador a su muerte. Y una vez que logró su cometido, lo único que faltaba para ver a su hijo coronado, era deshacerse de Claudio, así ideó un plan para matarlo.
Al emperador le encantaban los hongos, y llegaba a tanto su afición, que hacía que le trajeran ejemplares frescos desde todos los rincones del imperio. Su mujer aprovechó esta debilidad para servirle un buen platillo de hongos envenenados. Cuando los ingirió el Emperador se sintió tan mal, que de inmediato llamó a su médico para evitar la muerte.
Pronto acudió el galeno a atender a Claudio, para lo cual sacó una pluma, misma que le introdujo por la boca para hacerlo vomitar. Aquello hubiera solucionado el problema, solo que Agripina había previamente convencido al médico para que impregnase la pluma con veneno y, este fue el toque decisivo que ocasionó la muerte del Emperador.
Cuentan que era tal la obsesión de Agripina por lograr que su hijo obtuviera el trono imperial, que cuando consultó a los oráculos, la respuesta fue: “tu hijo será emperador, pero cuando lo sea, asesinará a su madre”. Ante esto, Agripina exclamó: “Que se cumpla, aunque me asesine”.
A la muerte de Claudio, tal y como se esperaba, su hijo adoptivo Nerón subió al trono, aunque apenas contaba con 17 años de edad. Tras unos comienzos positivos, pronto cometió todo tipo de crímenes. Se hizo de una amante llamada Popea Sabina, misma que no fue nada del agrado de su madre, quien le expresó duras críticas por dicha relación. Aquello provocó la furia de Nerón y decidió eliminarla. Hizo el intento de envenenarla tres veces, pero ella tomó el antídoto y se salvo. Luego intentó que un falso techo se derrumbara sobre su cama, pero Agripina fue avisada a tiempo. Posteriormente hizo que cayera al agua durante un paseo en barca, pero Agripina resultó buena nadadora y llegó hasta la orilla.
Harto de sus fracasos, envió a un centurión, que la golpeó en la cabeza pero solo logró herirla. La mujer sangrando se arrancó el vestido y, enseñando los senos, exclamó: “golpea aquí, en estos pechos que fueron capaces de alimentar a un monstruo como Nerón”, fue entonces cuando el centurión le dio muerte. Cuando el Emperador la vio desnuda y muerta meneando la cabeza dijo: “De haber sabido que era tan bella…” vaya usted a saber que demonios estaba pensando.
Dicen que Nerón quemó Roma en el año 64 y mientras ardía se puso a tocar la lira y recitaba un poema, para luego culpar a los cristianos. Tal vez esta historia no sea del todo cierta. Pero llegaron a tanto sus desmanes, que al final fue derrocado e incapaz de soportar la humillación terminó por suicidarse.

sábado, 26 de julio de 2008

NERON Y EL INCENDIO DE ROMA

Cuentan que Nerón, uno de los más polémicos emperadores de Roma, incendió la ciudad en el año 64, por una mera ocurrencia de diversión. Aquél incendio, que hoy es considerado el más famoso de la historia, arrasó con gran parte de la ciudad. Y mientras la gente corría aterrorizada intentando salvar sus vidas, el emperador se vistió con un vistoso traje de músico de anfiteatro y con un instrumento semejante al arpa, ejecutó el hermoso poema musical Ilou Persis, mientras reía como un poseído.
Esta leyenda, que hoy se da como verdadera, nació a partir de los escritos de Seutonio y Dion Casio quienes, paradójicamente, todavía no habían nacido durante el tiempo del incendio. Los expertos en este tema jamás se han puesto de acuerdo sobre la veracidad de los hechos, no obstante si tomamos en cuenta a los historiadores romanos Tácito y Plinio el Viejo, quienes fueron contemporáneos del siniestro, se puede deducir que esta leyenda es apócrifa, e incluso nos hacen saber que Nerón ni siquiera se encontraba en Roma, ya que estaba en la ciudad de Antium. Así mismo, y en contraste con la leyenda popular, según Tácito, al enterarse del incendio Nerón fue rápidamente a la ciudad a organizar el combate al fuego, abrió las puertas del palacio a quienes perdieron sus casas y ordenó la repartición de comida entre los ciudadanos para evitar la hambruna.
Los daños fueron cuantiosos: el incendio destruyó parte de la zona del Circo Máximo, el palacio personal de Nerón, el Templo de Vesta y el Templo de Júpiter así como la destrucción de 4 distritos y el daño extremo a otros 7. Peor aún fue la destrucción de la zona comercial de Roma, por lo que el daño económico resultó aún mayor que el material.
Tras el incendio, numerosos rumores sobre la autoría comenzaron a desperdigarse por toda la ciudad. Y para evitar ser considerado el actor intelectual del mismo, Nerón hizo recaer la culpa sobre los cristianos. Como castigo, mandó tirar a muchos de ellos a los perros y crucificó a docenas. Luego hizo recoger los escombros y se dedicó a construir magníficos templos, entre ellos un nuevo palacio, el Domus Aureus. A causa de esto, posteriormente nacería la leyenda que dice que Nerón causó el incendio, para justificar la construcción de nuevos templos y su palacio.

sábado, 12 de julio de 2008

LA BACANAL ROMANA

Hace más de 2000 años, los griegos adoraban al dios Dionisio como su dios del vino y de la vegetación, al cual posteriormente los romanos llamaron Baco y le celebraban un ritual festivo-religioso que consistía en un gran festín del que disfrutaba la alta sociedad del imperio. Era una gran comilona en la cual los esclavos no dejaban de llevar manjares a la mesa. Una especie de cocina internacional, ya que la comida era muy variada, yendo desde ostras de Gran Bretaña hasta gambas españolas, pasando por pavos de la India y manjares procedentes de todos los países conquistados por Roma. Todo esto se acompañaba de mucha fruta y por supuesto de buenos vinos.
A un lado de la sala donde acudían los comensales estaba un lugar llamado vomirotium, al cual iban los invitados cuando sus estómagos parecían reventar de tanto exceso de comida. Allí se introducían una pluma en la garganta, sus propios dedos o los dedos de un esclavo, para poder arrojar todo lo que habían ingerido previamente. Para luego regresar a la mesa y continuar con la orgía grastronómica.

domingo, 15 de junio de 2008

EL OBELISCO DEL VATICANO



Cuando Calígula conquistó Egipto trajo consigo a Roma, como trofeo de guerra, un obelisco tallado durante el reinado de Neb-kaure Amene-meth II, mismo que fue colocado frente al templo del Sol (la Heliópolis).
Cuando el cristianismo fue instituido como la religión oficial, su legalización coincidió con la caída del Imperio Romano, derribándose muchos monumentos, entre los cuales se encontraba el obelisco que quedó abandonado en un terreno dispuesto para su destrucción. Fue en ese entonces cuando se construyó una iglesia sobre la tumba de San Pedro, muy cerca del circo de Nerón.
En el siglo XVI, Roma cobra vida gracias al Renacimiento, deseando los nobles que volviera a ser la gran capital que fue, así que empezaron a construir bellos monumentos para engrandecer la ciudad. Uno de los personajes que revitalizó esta ciudad fue el Papa Julio II, encargado de la construcción de la nueva basílica de San Pedro que se terminó 120 años más tarde.
A finales del siglo XVI, cuando la basílica estaba en plena construcción, el Papa Sixto V, viendo el obelisco tirado en uno de los campos, decidió que se levantara y fuera colocado justo frente a la basílica. Fue el año de 1585 cuando dio la orden de mover y erigir las 30 toneladas de granito de Aswan al arquitecto Domenico Fontana. Para ello se requirieron 900 hombres y 72 caballos, con los cuales se trabajó durante 5 meses, sorteando enormes dificultades, hasta que la acción quedó realizada