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martes, 4 de enero de 2011

EL NIÑO PARALITICO

Cuenta una vieja historia chiapaneca, que en tiempos antiguos hubo una gran sequía que provocó grandes estragos en la zona. En los campos se secaron los sembradíos, los causes de los arroyos dejaron de cantar mostrando sus piedras al desnudo y los indígenas conocieron el hambre.
En aquellos angustiosos días llegó a la región una mujer, cuyos modales y apariencia revelaban que se trataba de una dama de buena posición económica. Llevaba consigo a un adolescente que padecía una extraña enfermedad. Había recurrido a todo tipo de médicos y curanderos, sin que nadie hubiese podido encontrar cura para el mal de su hijo. Lo llevó con los mejores especialistas acumulando decepción tras decepción, por ello, como último recurso fue a la búsqueda de shamanes, brujos y curanderos, esperando que alguno de ellos tuviera el poder suficiente para lograr que su muchachito caminara de nuevo.
Al llegar a Chiapas habló con los lugareños, buscaba a los afamados curanderos, y pronto alguien le indicó el camino hacia el más afamado de ellos, que estaba en Namandi-yuguá. El anciano examinó al joven, le impuso sus manos y dibujó en los aires unos pases mágicos, luego le recetó pócimas de hierbas y ordenó a la madre que llevara al chico a los baños de Cumbu-jujú, el lugar donde abunda el jabalí, y lo bañara en las aguas repetidas veces, aquello complementaría el tratamiento.
La madre cumplió al pie de la letra las indicaciones y poco después, como si se tratase de un milagro, el joven empezó a recobrar la movilidad de sus piernas.
La mujer no dejó de dar gracias al cielo cuando su hijo dejó la silla de ruedas y comenzó a caminar. Llena de agradecimiento, quiso recompensar en algo por tan grande don recibido y mandó traer desde lejanas tierras ganado y grandes cantidades de cereales para paliar el hambre de aquella gente. Ordenó que se destazara cada día una vaca en la plaza y la repartió en porciones a los indígenas, complementando con canastas de víveres y frutos.
Al llegar el mes de enero, en el día de San Sebastián, doña María de Angulo, que así se llamaba esta mujer, sacó a su hijo desnudo, como el santo, para que recorriera las calles en procesión, solicitando la clemencia divina para que acabaran las penurias del pueblo. Tiempo después la mujer y su hijo se marcharon hacia su lejano país. La situación de Chiapas cambió; volvieron las lluvias, reverdecieron los campos y se recogieron buenas cosechas.
A partir de entonces, el día de San Sebastián, los nativos recuerdan aquél hecho milagroso, haciendo una procesión con una muchacha y un joven vestidos como aquella madre y su hijo. Pasean por las calles rodeados de sus sirvientes, quienes reparten comida a la gente, para continuar ganándose el favor de la misericordia divina.

domingo, 7 de septiembre de 2008

EL DERECHO DE PERNADA

El término pernada hace referencia a una realidad histórica medieval, que suponía que la mujer recién casada no era conocida sexualmente por su marido una vez celebrada la ceremonia nupcial, sino que lo era por otra persona, generalmente alguien con poder dentro de la comunidad.
En Libia, según nos refieren los historiadores greco-romanos Heródoto y Pomponio Mela, existía la costumbre de que la noche de bodas todos los convidados a la ceremonia tenían derecho a relacionarse sexualmente con la novia, tan solo había el requisito de llevarle un regalo. Mayor era la gloria y el prestigio de la novia cuanto mayor fuera el número de obsequios recibidos.
Según refiere el Talmud, libro sagrado de los judíos, los macabeos se revelaron contra Antíoco a consecuencia del nombramiento de los llamados cuestores que tenían la misión de desflorar a las novias. En tiempos del emperador Augusto el rey de Escocia concedió el derecho a la primera noche a todos sus jefes. Esta costumbre se mantuvo en vigor hasta bien entrada la Edad Media, cuando el rey Malcolm III la abolió y la sustituyó por el tributo de una moneda de oro a pagar al señor como rescate por la mujer a desposar.
En la China del siglo XIII, existía la costumbre en algunas regiones de que las mujeres casaderas tenían que pasar por una ceremonia legal y religiosa de desfloración denominada Tchin-Than, presidida por un sacerdote budista o taoísta. Las familias de estas mujeres debían hacer frente a los gastos que se ocasionaban con motivo de este ritual.
En la región hindú de Malabar cuando el monarca se casaba entregaba su mujer al sacerdote para que la desflorara y en pago de este servicio debía entregarle además 50 monedas de oro. Entre los indios de ciertas regiones del estado norteamericano de Nuevo Méjico los hombres debían comprar a sus futuras esposas a sus respectivos progenitores y luego presentarlas al jefe de la tribu para que tuviera una relación sexual si así lo deseaba

jueves, 21 de agosto de 2008

LOS CASTRATI

En el siglo XVI la iglesia Católica sancionaba con la excomunión, un castigo gravísimo para la época, a quien fuera descubierto practicando la castración ilegal, es decir, sin poder aparentemente justificarla como consecuencia de una enfermedad o accidente. Más en el siglo XVII, el Papa Pablo XVI, prohibió que las mujeres cantaran en San Pedro porque según su entender una de las epístolas de San Pablo dice claramente que “las mujeres deben mantener silencio en la iglesia”- Por ello niños y adultos castrados remplazaron a las voces femeninas.
Tiempo después, la medida se extendió también a los teatros de los estados pontificios donde se consideró inadmisible la presencia de mujeres en los escenarios y así muchos de estos notables cantantes de voz "angelical" lograron la admiración del público y colosales fortunas personales interpretando según el caso, tanto roles masculinos como femeninos.
Esta situación dio como resultado que muchos niños de voz privilegiada, y de condición humilde, fueran castrados por sus padres, esperando allegarse de esta manera un importante ingreso económico. Por supuesto que se inventaba un accidente, o historia que justificara el hecho, para no ser ajusticiados con la excomunión; aunque es bien sabido que la Iglesia estaba totalmente conciente de lo que sucedía con tantos accidentes, y se hacía la desentendida.
En Italia la castración de menores estuvo a la orden del día, dada su gran tradición musical. La castración se realizaba con menores que iban de los 7 a los 12 años de edad, es decir, antes de que la función glandular de los testículos diera lugar a la muda o cambio de voz.
La posibilidad de una importante carrera cantando en ceremonias religiosas, teatros o cortes, podía significar un considerable ingreso de dinero no solo para el artista sino también para su familia y los intermediarios en sus jugosas contrataciones. Intereses mezquinos forzaban frecuentemente a los niños a aceptar su castración, si bien una disposición hipócrita establecía que la misma no podía realizarse sin el consentimiento del infante. Lo que tal disposición no explicaba es cómo una criatura de 7 u 8 años podía comprender exactamente a lo que se exponía y aún oponerse a una presión paterna.
A menudo, el precio que los elegidos pagaban por someterse a tal intervención no era simplemente el no poder procrear en un futuro, sino la propia vida. Cuando los padres del menor no podían costear la atención de un médico, simplemente recurrían al barbero de la esquina, quien con todas sus deficiencias sanitarias hacia el trabajo, provocando en muchas ocasiones terribles infecciones que acababan con la vida del menor afectado.
Para realizar la castración al niño se le emborrachaba con ron, hasta dejarlo semi-inconciente, tomando brebajes con contenido de opio, o simplemente sufriendo una cierta compresión de las carótidas hasta provocarle un desmayo. La aplicación de agua helada en los genitales era también una forma muy utilizada entonces para lograr un cierto efecto anestésico.
Muchos niños pedían ser castrados, ilusionados por la fama y fortuna que veían en los llamados “castrati”; aunque cabe aclarar que no siempre se lograban resultados espectaculares, y la voces de muchos infantes sometidos a esta mutilación, no iban más allá de pertenecer indefinidamente al coro de la iglesia.
La castración fue aplicada desde tiempos muy remotos, muchas veces como castigo, otras como método curativo ante distintas enfermedades. Guerreros victoriosos castraban a sus prisioneros como medida ideal para doblegar sus espíritus y someterlos a la esclavitud, (se basaban en el hecho de que los animales castrados se vuelven de temperamento más dócil), asegurándose además que el odiado enemigo no tuviera la posibilidad de reproducirse.
Por otra parte se creía que algunas enfermedades como la hernia, la gota, la epilepsia, la lepra y la locura, podían eliminarse con la castración. Y durante varios siglos esta idea errónea se mantuvo en pie.
Si bien la castración producía ciertos cambios morfológicos muy variados según los individuos; como la ausencia de vello, tendencia a la obesidad, rasgos feminoides, etc. Y no pocos cambios psíquicos, la mayoría de los cantantes castrados podía mantener relaciones sexuales prácticamente normales, siendo en muchos casos objeto de adoración de las mujeres y protagonistas de romances tempestuosos.
Algunos castrati se hicieron sumamente ricos, favorecidos del clero y la nobleza, y buscados por las damas de la alta sociedad que deseaban tener un romance fugaz sin el riesgo de un embarazo. Son famosas las aventuras amorosas de los castrati Gasparo Pacchiarotti, Giusto Ferdinando Tenducci y Giovanni Battista Vellutti. Muchos de ellos se sentían felices de su condición, porque esta les había llevado a la fama, el dinero y una alta posición social. Otros en cambio, vivieron siempre resentidos, frustrados… y aprovechaban su posición para mostrarse caprichosos, intolerantes y autoritarios.
En Nápoles, donde existieron los más importantes conservatorios musicales de entonces, los pequeños castratis que ahí estudiaban, eran contratados para cantar en los velorios de niños, y para ello los vestían de ángeles. En cierta forma la gente de ese tiempo los consideraba como ángeles consagrados, ignorando las turbulentas historias sexuales en que se involucraban ya como adultos.
Vamos a escuchar ahora un poco de música y luego hablaremos del famoso Farinelli, para que conozca algo de la historia del más afamado de los castrati.

miércoles, 20 de agosto de 2008

SANGRE DERRAMADA

Mucho antes de que se describiera y se comprendiera el funcionamiento del sistema circulatorio, se advirtió que la pérdida de sangre disminuía la vitalidad. Por consiguiente la sangre debía de ser la esencia vital y se supuso que podía transferirse la vida con ayuda de un poco de ese ingrediente mágico. Y esto no fue cosa de la cultura de un pueblo, sino que se dio en muchos lugares y en épocas muy distantes, desde tiempos inmemoriales. De ahí nace la práctica aborigen de abrirse una vena para dejar gotear sangre sobre una piedra simbólica, o chiringa, a la cual supuestamente, se le confería poder y vida.
Recordemos la alianza entre Dios y Moisés que se produjo rociando sangre de un buey sacrificado sobre un altar, y el tabú, aún habitual en muchas partes de Africa, que impide recoger las cosechas, sin antes haber realizado el sacrificio de algún animal y rociar su sangre por todo el sembradío.
En cada caso se da por sentado que la sangre vivifica o hace revivir aquello sobre lo cual se vierte. Cuando se construye una casa o santuario en Africa occidental, se mata un gallo y se coloca su cuerpo dentro del pilar principal. En Grecia, los albañiles derraman una gota de sangre simbólica en los cimientos de las nuevas casas..
En 1963, en una antigua casa londinense, en un hueco cerrado con ladrillos se encontraron los cadáveres de cuatro gallos, dos de los cuales habían sido decapitados y los restantes, emparedados vivos. También se enterraban gatos, a veces con algún pájaro o un ratón para hacerles compañía.
Más inquietante aún fue el haber encontrado amuletos y zapatos viejos enterrados en los cimientos y paredes en más de 700 construcciones en lugares que van de Turquía a Australia. Los zapatos presumiblemente fueron de los constructores. Algunos tienen grabados símbolos místicos, pero hubo algunos que incluso incluían el pie del dueño.
En mi pueblo, en Juchipila, Zac, corría la leyenda que cuando se construyó la presa del Chiquen, se perdió un niño, mismo que al parecer fue enterrado en la cortina de la presa, para que cuando corriera el riesgo de romperse, el niño llorara y se pudiera evitar la tragedia.