jueves, 28 de agosto de 2008

EL SONAMBULO

En la década de 1750, vieron a un joven seminarista del seminario de Burdeos, en España, levantarse de su cama y caminar dormido rumbo a uno de los salones. Uno de sus superiores se dio cuenta que el joven estaba dormido y caminaba como sonámbulo. Conciente de que podía ser peligroso despertarlo, lo siguió para ver que hacía, enviando a otro de los seminaristas para que le llamara al Prefecto General.
El joven fue hasta su pupitre en el salón de clases, tomó unas hojas de papel y comenzó a redactar a oscuras un sermón, leerlo y realizar algunas correcciones, todo ello con los ojos perfectamente cerrados.
El prefecto pensó que el joven les estaba gastando una broma, así que colocaron una hoja de papel grueso entre su cara y el cuaderno, más el joven continuó escribiendo y realizando su trabajo.
Aquella situación se repitió en muchas ocasiones, aunque lo más admirable fue cuando se puso a escribir música. A este joven seminarista le gustaba mucho componer himnos religiosos, y componía música de la misma manera como lo hacía con los sermones. Aunque en esta ocasión utilizaba hojas pautadas, colocando con toda exactitud las notas en el pentagrama; primero las escribía como blancas y después retrocedía y las llenaba, convirtiéndolas en negras. Mientras la tinta estaba fresca, tenía sumo cuidado de no tocarla; aunque una vez que se secaba, eliminaba la precaución.
También en este caso, el Prefecto puso una cartulina frente a sus ojos, pero el seminarista curiosamente siempre supo con exactitud el sitio exacto de cada nota, y las rellenaba de negro sin problema alguno. ¿Cómo lo hacía? Un misterio que nunca nadie logró explicar.

lunes, 25 de agosto de 2008

CONTAGIANDO INDIOS

En 1763 las tropas inglesas se enfrentaron a grandes problemas con los indígenas del valle de Ohio. Por más estrategias que hicieron para apoderarse de sus tierras, siempre perdían las batallas. El coronel Henry Bouquet recibió una carta determinante de parte de lord Jeffery Amherst conminándole a que doblegara a como diera lugar a los indios norteamericanos, puesto que la situación le era totalmente insoportable.
El coronel Bouquet encontró la solución: envió un comunicado a los jefes de las tribus rebeldes y los citó en su fuerte para firmar un tratado de paz, comprometiéndose a no agredirlos y respetar sus tierras. Los jefes indios acudieron a la cita y el coronel en señal de buena voluntad les ofreció cobijas a todos ellos, incluso les dio muchas más para que se las entregaran a los miembros de sus tribus.
La estrategia resultó. Aquellas cobijas estaban infectadas de viruela y provocaron una auténtica mortandad en las tribus. Fue la primera vez en la historia que se utilizaron armas biológicas para ganar una guerra.

MASCOTAS A LA ALCANTARILLA

Un alacrán hambriento se entierra en las arenas del desierto, o se esconde en la grieta de una roca, permaneciendo inmóvil en una especie de catalepsia. Puede permanecer así, hasta dos años y sin comer. Y si esto le parece increíble, permítame decirle que hay quien supera la marca, y el ganador absoluto es el caracol del desierto, que puede pasarse hasta cinco años adormilado sin comer ni beber.
Y para continuar hablando de animales. En Estados Unidos se puso de moda tener animales extraños en casa… mientras eran pequeños. Serpientes, arañas, cocodrilos, iguanas y muchas otras especies propias de las selvas, bosques y pantanos se convierten día con día en mascotas de jovencitos en la Unión Americana. El problema se presenta cuando la serpiente se convierte en una enorme boa que se come al gato de casa, o al perrito adorado. O también cuando el pequeño caimán adquiere dimensiones alarmantes y peligrosas. ¿Qué hacer con estas mascotas que se han vuelto peligrosas y ya no pueden vivir en la tina de baño de la casa?
Una forma muy singular para resolver el problema es arrojarlos a las alcantarillas, donde muchos de ellos logran sobrevivir, sobre todo los cocodrilos, quienes se ponen gordos y cachetones alimentándose de las numerosas ratas que habitan por ahí. Por supuesto que esto se convierte en un gran problema para los encargados de darle mantenimiento a las tuberías del desagüe, ya que no es lo mismo andar caminando a oscuras por un lugar infestado de ratas que un lugar donde es posible toparse con uno que otro cocodrilo.

jueves, 21 de agosto de 2008

LA HISTORIA DEL MOLE

Cuenta la leyenda que en cierta ocasión Juan de Palafox, virrey de la Nueva España y arzobispo de Puebla, visitó su diócesis, y le fue ofrecido un banquete en un convento poblano. Para lo cual los cocineros de la comunidad religiosa pusieron muy especial empeño en la preparación del menú.
Fray Pascual, quien era el cocinero principal, corría de uno a otro lado dando órdenes a diestra y siniestra, empeñado en que los platillos quedaran a la altura de tan importante personaje. Fray Pascual no se midió en reprimendas para sus ayudantes, quienes hicieron un desorden total en la cocina. El mismo Pascual tomó una bandeja y amontonó en ella todos los ingredientes que estaban desparramados aquí y allá, para guardarlos de inmediato en la despensa. Y fue tal su prisa que dio un tropezón exactamente frente a la gran cazuela donde unos suculentos guajolotes estaban ya casi a punto.
Allí fueron a parar los chiles, trozo de chocolate y las más variadas especies echando a perder la comida que debía ofrecerse el virrey.
Fue tanta la angustia de Fray Pascual que éste comenzó a orar con toda su fe, justamente cuando le avisaron que los comensales estaban sentados a la mesa.
La verdad es que no pudo componerse ya el guisado, y se sirvió tal y como quedó. El mismo Fray Pascual no pudo entender lo que sucedió, porque a todos los invitados les encantó el platillo tal y como se sirvió, otorgando una gran calidad de elogios por lo exquisito que había resultado el banquete. Es por ello que en Puebla es muy común que las amas de casa, al preparar los alimentos digan “San Pascual Bailón, atiza mi fogón”.
Más esta leyenda dista mucho de ser cierta. Lo más seguro es que el mole no es producto de una casualidad, sino el resultado de un lento proceso culinario iniciado desde la época prehispánica y perfeccionado en tiempos de la Colonia, cuando la Cocina Mexicana se enriqueció con elementos asiáticos y europeos.
Cada región fue agregándole su toque personal y así surgieron el mole poblano, el mole negro de Oaxaca, el mole amarillito del sureste, el coloradito del Valle de México, y también, porque no decirlo, ese riquísimo mole de mi pueblo, por allá por Zacatecas, y que llaman “de piscas”, y que es el color anaranjado y que se prepara agregándole frijoles tiernos. Toda una delicia!!!!.

LOS CASTRATI

En el siglo XVI la iglesia Católica sancionaba con la excomunión, un castigo gravísimo para la época, a quien fuera descubierto practicando la castración ilegal, es decir, sin poder aparentemente justificarla como consecuencia de una enfermedad o accidente. Más en el siglo XVII, el Papa Pablo XVI, prohibió que las mujeres cantaran en San Pedro porque según su entender una de las epístolas de San Pablo dice claramente que “las mujeres deben mantener silencio en la iglesia”- Por ello niños y adultos castrados remplazaron a las voces femeninas.
Tiempo después, la medida se extendió también a los teatros de los estados pontificios donde se consideró inadmisible la presencia de mujeres en los escenarios y así muchos de estos notables cantantes de voz "angelical" lograron la admiración del público y colosales fortunas personales interpretando según el caso, tanto roles masculinos como femeninos.
Esta situación dio como resultado que muchos niños de voz privilegiada, y de condición humilde, fueran castrados por sus padres, esperando allegarse de esta manera un importante ingreso económico. Por supuesto que se inventaba un accidente, o historia que justificara el hecho, para no ser ajusticiados con la excomunión; aunque es bien sabido que la Iglesia estaba totalmente conciente de lo que sucedía con tantos accidentes, y se hacía la desentendida.
En Italia la castración de menores estuvo a la orden del día, dada su gran tradición musical. La castración se realizaba con menores que iban de los 7 a los 12 años de edad, es decir, antes de que la función glandular de los testículos diera lugar a la muda o cambio de voz.
La posibilidad de una importante carrera cantando en ceremonias religiosas, teatros o cortes, podía significar un considerable ingreso de dinero no solo para el artista sino también para su familia y los intermediarios en sus jugosas contrataciones. Intereses mezquinos forzaban frecuentemente a los niños a aceptar su castración, si bien una disposición hipócrita establecía que la misma no podía realizarse sin el consentimiento del infante. Lo que tal disposición no explicaba es cómo una criatura de 7 u 8 años podía comprender exactamente a lo que se exponía y aún oponerse a una presión paterna.
A menudo, el precio que los elegidos pagaban por someterse a tal intervención no era simplemente el no poder procrear en un futuro, sino la propia vida. Cuando los padres del menor no podían costear la atención de un médico, simplemente recurrían al barbero de la esquina, quien con todas sus deficiencias sanitarias hacia el trabajo, provocando en muchas ocasiones terribles infecciones que acababan con la vida del menor afectado.
Para realizar la castración al niño se le emborrachaba con ron, hasta dejarlo semi-inconciente, tomando brebajes con contenido de opio, o simplemente sufriendo una cierta compresión de las carótidas hasta provocarle un desmayo. La aplicación de agua helada en los genitales era también una forma muy utilizada entonces para lograr un cierto efecto anestésico.
Muchos niños pedían ser castrados, ilusionados por la fama y fortuna que veían en los llamados “castrati”; aunque cabe aclarar que no siempre se lograban resultados espectaculares, y la voces de muchos infantes sometidos a esta mutilación, no iban más allá de pertenecer indefinidamente al coro de la iglesia.
La castración fue aplicada desde tiempos muy remotos, muchas veces como castigo, otras como método curativo ante distintas enfermedades. Guerreros victoriosos castraban a sus prisioneros como medida ideal para doblegar sus espíritus y someterlos a la esclavitud, (se basaban en el hecho de que los animales castrados se vuelven de temperamento más dócil), asegurándose además que el odiado enemigo no tuviera la posibilidad de reproducirse.
Por otra parte se creía que algunas enfermedades como la hernia, la gota, la epilepsia, la lepra y la locura, podían eliminarse con la castración. Y durante varios siglos esta idea errónea se mantuvo en pie.
Si bien la castración producía ciertos cambios morfológicos muy variados según los individuos; como la ausencia de vello, tendencia a la obesidad, rasgos feminoides, etc. Y no pocos cambios psíquicos, la mayoría de los cantantes castrados podía mantener relaciones sexuales prácticamente normales, siendo en muchos casos objeto de adoración de las mujeres y protagonistas de romances tempestuosos.
Algunos castrati se hicieron sumamente ricos, favorecidos del clero y la nobleza, y buscados por las damas de la alta sociedad que deseaban tener un romance fugaz sin el riesgo de un embarazo. Son famosas las aventuras amorosas de los castrati Gasparo Pacchiarotti, Giusto Ferdinando Tenducci y Giovanni Battista Vellutti. Muchos de ellos se sentían felices de su condición, porque esta les había llevado a la fama, el dinero y una alta posición social. Otros en cambio, vivieron siempre resentidos, frustrados… y aprovechaban su posición para mostrarse caprichosos, intolerantes y autoritarios.
En Nápoles, donde existieron los más importantes conservatorios musicales de entonces, los pequeños castratis que ahí estudiaban, eran contratados para cantar en los velorios de niños, y para ello los vestían de ángeles. En cierta forma la gente de ese tiempo los consideraba como ángeles consagrados, ignorando las turbulentas historias sexuales en que se involucraban ya como adultos.
Vamos a escuchar ahora un poco de música y luego hablaremos del famoso Farinelli, para que conozca algo de la historia del más afamado de los castrati.

miércoles, 20 de agosto de 2008

FARINELLI EL CASTRATI

Los más famosos castrati del siglo XVIII fueron Farinelli y Caffarelli. Ambos nombres fueron sus nombres artísticos, ya que Caffarelli se llamaba realmente Gaetano Majorano, y cambió su nombre en honor a su primer maestro Caffaro; mientras que el famoso Farinelli se llamaba Carlo Broschi, y su cambio a Farinelli obedeció a una muestra de agradecimiento a los hermanos Farina, mecenas que pagaron durante muchos años sus estudios y manutención. Así era la costumbre.
Farinelli logró una celebridad tan extraordinaria debido a su asombroso talento que fue literalmente idolatrado por cuantos le escucharon. Dotado de cultura, simpatía y distinción, tuvo la amistad y protección de reyes, emperadores y el mismo Papa.Llamado a la corte de Felipe V de España, permaneció en ella durante más de veinte años como cantante personal del monarca logrando tal amistad e influencia sobre éste, al punto de poder decidir cuestiones de estado. Prácticamente co-gobernó España con el rey, y muchos sabían que para obtener un favor del monarca, era fundamental convencer a Farinelli.
Todo esto se inició cuando el rey sufrió una terrible depresión. La reina, intentando sacarlo delante de aquella profunda melancolía, hizo traer al cantante más famoso del mundo, Farinelli, para intentar calmar esa angustia, lo cual resultó totalmente eficaz; por ello se le instaló en una hermosa mansión de Bologna, colmada de preciosas obras de arte, donde atendía a famosas personalidades.
Dicen que Farinelli pese a todo era un hombre modesto y religioso. A su residencia llegaron reyes y gobernantes, al igual que músicos de gran renombre como Mozart, Gluck y Rossini, aunque también recibía a jóvenes principiantes que anhelaban algún consejo y orientación para sus carreras.
Farinelli tenía su propia capilla, donde acostumbraba rezar todas las mañanas, más también era su costumbre hacer numerosas peregrinaciones a distintos santuarios. No faltó quien le pidiera que escribiera sus memorias, más él humildemente respondía: “¿para qué? Me basta con que se sepa que no he perjudicado a nadie. Y tan solo lamento el no haber podido hacer todo el bien que hubiera deseado”.
La residencia de Farinelli era realmente muy hermosa. Tenía, entre muchas otras maravillas, un violín Stradivarius, otro Amati, y una colección de 10 clavecines, cada uno de los cuales llevaba el nombre de un pintor ilustre.
Si tanto se le dio fue porque este hombre tenía una voz realmente sorprendente, como ningún otro castrati la logró tener jamás. Se dice que era capaz de hacer proezas vocales increíbles, aunque evitaba abusar de ellas y caer musicalmente en el mal gusto. La extensión natural de su voz superaba las tres octavas, podía sostener un sonido durante más de un minuto ampliando o disminuyendo el volumen a voluntad y en un aria especialmente escrita para él por su hermano, realizaba vocalizaciones durante catorce compases con una sola toma de aire. Según testigos de la época, la emotividad de su canto era prodigiosa.
En una época en que el promedio de vida no superaba los treinta años, Farinelli vivió hasta los setenta y siete años. Su mansión fue demolida para instalar una refinería, e incluso su tumba desapareció destruida por las fuerzas de Napoleón.
Hacia fines del siglo XVIII numerosos intelectuales, escritores y pensadores alzaron sus voces airadas contra la práctica de la castración, que consideraban aberrante. Voltaire y Rousseau la condenaron llamando este último "padres bárbaros" a los progenitores que la consentían para sus hijos y "verdaderos monstruos" a quienes la habían sufrido. Pero fueron sobre todo las ideas libertarias de la Revolución Francesa y más tarde el propio Napoleón, lo que dio comienzo al inevitable fin de dicha práctica.
En efecto, si bien el emperador admiraba y protegía al castrado Crescentini, el único, según se cuenta, que logró arrancarle lágrimas de emoción, su opinión al respecto no podía dejar dudas. Conquistada Roma, estableció en esta ciudad la pena capital para quien la practicara e instruyó a su hermano José, rey de Nápoles para que en ninguna escuela ni conservatorio napolitano se admitiera el ingreso de niños mutilados. También la Iglesia modificó su actitud permitiendo a partir de 1798 que las mujeres actuaran en los escenarios teatrales y declarando el papa Benedicto XIV que nunca era legal la amputación de cualquier parte del cuerpo, salvo en caso de absoluta necesidad médica.
No obstante, la castración se siguió practicando aún durante un tiempo aunque en muy menor cantidad de casos. El último castrati de que se tiene noticia y quien dejó algunas grabaciones, que aún se pueden conseguir, fue Alessandro Moreschi, quien trabajó en el Vaticano y se retiró el año de 1913.

SANGRE DERRAMADA

Mucho antes de que se describiera y se comprendiera el funcionamiento del sistema circulatorio, se advirtió que la pérdida de sangre disminuía la vitalidad. Por consiguiente la sangre debía de ser la esencia vital y se supuso que podía transferirse la vida con ayuda de un poco de ese ingrediente mágico. Y esto no fue cosa de la cultura de un pueblo, sino que se dio en muchos lugares y en épocas muy distantes, desde tiempos inmemoriales. De ahí nace la práctica aborigen de abrirse una vena para dejar gotear sangre sobre una piedra simbólica, o chiringa, a la cual supuestamente, se le confería poder y vida.
Recordemos la alianza entre Dios y Moisés que se produjo rociando sangre de un buey sacrificado sobre un altar, y el tabú, aún habitual en muchas partes de Africa, que impide recoger las cosechas, sin antes haber realizado el sacrificio de algún animal y rociar su sangre por todo el sembradío.
En cada caso se da por sentado que la sangre vivifica o hace revivir aquello sobre lo cual se vierte. Cuando se construye una casa o santuario en Africa occidental, se mata un gallo y se coloca su cuerpo dentro del pilar principal. En Grecia, los albañiles derraman una gota de sangre simbólica en los cimientos de las nuevas casas..
En 1963, en una antigua casa londinense, en un hueco cerrado con ladrillos se encontraron los cadáveres de cuatro gallos, dos de los cuales habían sido decapitados y los restantes, emparedados vivos. También se enterraban gatos, a veces con algún pájaro o un ratón para hacerles compañía.
Más inquietante aún fue el haber encontrado amuletos y zapatos viejos enterrados en los cimientos y paredes en más de 700 construcciones en lugares que van de Turquía a Australia. Los zapatos presumiblemente fueron de los constructores. Algunos tienen grabados símbolos místicos, pero hubo algunos que incluso incluían el pie del dueño.
En mi pueblo, en Juchipila, Zac, corría la leyenda que cuando se construyó la presa del Chiquen, se perdió un niño, mismo que al parecer fue enterrado en la cortina de la presa, para que cuando corriera el riesgo de romperse, el niño llorara y se pudiera evitar la tragedia.