miércoles, 29 de octubre de 2008

EL CABELLO

Una persona normal tiene entre 120 000 y 150 000 cabellos en la cabeza.
El cabello crece cerca de 20 centímetros por año, más rápidamente en el verano y en la noche que en invierno o durante el día. Después de tres años, el cabello será sustituido por otro que nace en el mismo poro.
La testosterona, una hormona masculina, estimula la secreción de la glándula sebácea a la cual está ligado el cabello, disminuyendo su vida y acentuando la caída. Por eso, la calvice afecta principalmente a los hombres.
Los cabellos están tan firmes en la cabeza que aguantan un peso de 80 kilos. Una trenza aguantaría entre 200 y 300 kilos.
En la antigüedad, los egipcios, para evitar la calvice, se aplicaban en el cuero cabelludo una mezcla de grasa de león, hipopótamo, cocodrilo, cabrito y cobra.
El emperador Julio César tenía otra fórmula: ratas quemadas, dientes de caballo, grasa de oso y vísceras de venado. Por supuesto que ni una ni otra, servía absolutamente para nada.

LA CAFETERA PARLANTE

En el año 2000 el cordobés Marcos Castagno, estudiante de ingeniería electrónica de 22 años, le contó al director de su ex colegio, que había ganado el premio de “El estudiante del siglo”, otorgado por la Fundación Motorota, gracias a su invento: una máquina de café que se ponía en funcionamiento con una orden en voz alta.
El director a su vez se lo contó al intendente, que a su vez se lo contó a un diputado y las cosas llegaron hasta oídos del gobierno provincial.
Días después, el entonces gobernador José Manuel de la Sota recibió al ilustre estudiante inventor, hubo fotos y notas en diarios y televisión. A esa altura ya se decía que la cafetera no sólo recibía órdenes sino que hablaba: Marcos había explicado que el sistema computarizado del aparato permitía hacerle añadidos, como la incorporación de un plano de la ciudad y los recorridos de los transportes, de modo que si se le indicaba a la máquina dónde estaba uno y dónde quería llegar, ésa le explicaba cómo hacerlo. Algo insólito e extraño para una cafetera, pero nadie cuestionó el asunto.
El Concejo Deliverante le hizo un homenaje otorgándole además un subsidio para realizar el viaje hasta la Fundación Motorota a recibir el afamado premio.
Para ese momento la prensa ya estaba siguiéndole en todo momento los pasos. Se suponía que Marcos debía viajar a Japón y querían todos tener la nota de su partida, misma que pensaban ilustrar con fotografías. Y en efecto, llegó Marcos al aeropuerto, le tomaron fotos, despidió a los periodistas y todo pareció en orden. Solo que varios días después regresó a la ciudad, ante la sorpresa de todos. A la prensa le comunicó que no logró llegar a Japón, parque en una de las escalas del avión, unos hombres de aspecto oriental lo habían atacado y obligado a darles “el códice de la máquina”, todo lo cual hacía pensar en la magia japonesa.
Pero esa fue la gota que derramó el vaso, no faltó quien dudara de todo aquél rollo, y tras una mínima investigación, descubrió que Marcos Castagno jamás había tomado avión alguno, y ni siquiera había nunca salido del país, y que en Motorota ni siquiera estaban enterados del sainete.
Marcos terminó por confesar todo, diciendo que solo fue una “mentirilla” que contó un día, la cual luego no pudo parar, ocasionando toda aquella desastrosa situación. Después de esto, ya no quiso hablar más del asunto de la cafetera, y por supuesto que los mandatarios que le entregaron premio y reconocimiento no encontraron la forma de ocultarse ante semejante vergüenza. Y todo por una simple mentirilla.

EL BUFON

Se cuenta que en tiempos remotos, en la antigua Italia, para evitar que el publico se aburriera mientras s se cambiaban los decorados en las funciones de teatro, saláin a escena unos cómicos con los cachetes inflados de aire, que hacían gestos exagerados y muchas gracejadas, y que se daban unos a otros de bofetadas haciendo que el aire fuera expulsado bufando de su boca de una forma ruidosa y divertida, provocando las carcajadas del público. De ahí nació la palabra bufón, viene de la palabra italiana “buffare” que significa soplar, y al cómico que salía con la boca llena de aire y recibía de bofetadas lo comenzaron a llamar a partir de entonces “bufón”. Término que ahora se aplica a la persona que se pone en ridículo para hacer reír a los demás.
Pero es en la edad media cuando el bufón adquiere un papel extremadamente relevante, ya que formaron parte de las cortes de palacio. Muchos piensan que el papel de bufón en esos tiempos era únicamente hacer gracejadas para el rey, y que ese papel podía ser ocupado por cualquier persona con ciertas habilidades y gracia. Casi como cualquier payaso común, pero no es así. Ser bufón de la corte requería de mucha astucia, inventiva, creatividad y tacto. El Rey no siempre estaba de buenas y había que andarse con cuidado.
Cuando el bufón era llamado ante el rey, debía mostrar toda su astucia, para atenderlo con ingenio, teniendo siempre una respuesta audaz, inteligente y para colmo, generalmente se le exigía que hablara siempre rimando las frases. Por lo cual se requería de suma habilidad y agudez de pensamiento. Muchos de los malos humores del rey siempre tuvieron su escape en el bufón y no faltaron bufones que terminaron sus días en la cárcel, torturados o asesinados por culpa de un mal chiste, falta de tacto o mala interpretación.
El bufón por lo general usaba un gorro con crestas, o con orejas y cascabeles. Su vestimenta era de colores brillantes y portaban bastones que tenían la empuñadura tallada con la cabeza del bufón.
Los bufones formaban parte de la servidumbre, aunque no faltaron aquellos que su papel fue tan destacado que gozaban de grandes privilegios y tratos especiales de parte de sus amos. El rey francés Francisco I tenía un bufón llamado Triboulet, al que apreciaba demasiado y lo llevaba a todas partes a donde iba, incluso a las batallas, más el bufón era tan asustadizo, que ante los cañonazos iba a meterse debajo de la cama. En una ocasión fue amenazado de muerte, y se lo contó al rey. Este le dijo en tono tranquilizador: “No te preocupes, el que se atreva a matarte será asesinado media hora después”, ante lo cual el ingenioso bufón le solicitó: ¿No podría su majestad hacerlo ejectura media hora antes?”
Jeffery Hudson, un hombrecillo de menos de medio metro de altura, fue el último bufón de la corte de Inglaterra. En una ocasión, mientras el rey Carlos I y la reina Enriqueta María estaban comiendo con el duque de Buckingham, y ya se disponían a partir un enorme pastel que habían traído los sirvientes,, ante su sorpresa Jeffery salió de él dando brincos. Esa fue la primera vez que alguien salió de un pastel, costumbre que se ha seguido haciendo hasta nuestros días.
Pero además de todo, en muchas ocasiones el bufón era un hábil consejero al que su majestad recurría en momentos de gran apuro. Con su agudo ingenio y cabeza fría, por lo general daba consejos muy acertados y por ello se les tenía en gran valía.
Esta tradición se perdió con el tiempo, y el bufón pasó a formar parte de los cuentos e historias fantásticas. Pero en el verano del 2005, la corte de Inglaterra, en un intento de recuperar las viejas tradiciones, seleccionó, entre cientos de aspirante, un bufón para la corte, mismo que debió vestirse y comportarse como los antiguos bufones de la corte.
Pero los bufones no solo fueron tradición de las cortes medievales. Hace como unos cuatro mil años, en la antigua China, un bufón llamado Yuze, trabajaba en la corte del emperador Chiiu Shih Huang-ti, a quien se le debe la construcción de la gran muralla china. Desde esa época ya se le había otorgado a este personaje el privilegio de burlarse del rey, hacerle sugerencias, e influir contundentemente en sus decisiones, aunque ello debería de realizarlo con tacto y cautela, pues de sobrepasarse o equivocarse, el chistoso personaje podía pagar con su propia vida.
Se sabe que para construir la muralla china fue necesario que muchas personas sacrificaran su vida. El emperador, no contento con esto, tuvo la idea de pintarla, poniendo con ello a temblar al pueblo, porque ya sabían lo que esto significaría. Más el bufón Yuste salvó la situación, sugiriéndole al emperador, medio en serio, medio en broma, que lo mejor era no pintar la muralla, y seguramente lo hizo muy bien, porque el Emperador cambió de opinión, ahorrándose con ello muchos años de trabajo y muchas más muertes.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA I

A los diecisiete años Miguel era un adolescente tímido y tartamudo, su padre era cirujano barbero, una combinación de oficios propia de esos tiempos, pero el Sr. Rodrigo, que así se llamaba, era un hombre amante de la cultura, así que mandó a su hijo a estudiar en la ciudad de Córdoba con los Jesuitas, quienes tenían fama de proporcionar una excelente educación. No hay constancia que hubiese asistido a la universidad, pero en 1568 su nombre aparece en una antología de poemas, firmando cuatro composiciones, dedicada a Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II. El editor del libro, Juan López de Hoyos, fue quien probablemente motivó a Miguel a leer a los grandes clásicos de la literatura griega: Virgilio, Horacio, Séneca y Cátulo.
Sabrá Dios que habrá pasado, pero el año de 1569, en la ciudad de Madrid, Miguel se metió en problemas. Al parecer se peleó e hirió a un tal Antonio de Segura, y ha de haber sido de la residencia real, porque le quisieron aplicar una dura ley que implicaba el arresto y amputación de la mano derecha. Así que Miguel huyó rápidamente de España para evitar el arresto y cumplimento de sentencia, y se fue por allá a la zona de Italia en donde había algunos dominios españoles. Y como seguramente no encontró mejor oficio, se reclutó como soldado en la compañía de Diego de Urbina.
En 1571, Venecia, Roma y España formaban la Santa Alianza, y la emprendieron contra los turcos, intentando arrebatarles territorios conquistados. La batalla de Lepanto fue todo un éxito, vencieron a los turcos, pero Miguel recibió tres heridas, una de las cuales dicen que inutilizó su mano izquierda y al parecer por ello le comenzaron a llamar “el manco de Lepanto”.
Después, junto con su hermano menor, Rodrigo, Miguel entró de nuevo en una batalla cerca de la ciudad de Corfú, y por ahí encontró una jovencita que le llenó la pupila enamorándose perdidamente de ella. Le dedicó algunos hermosos poemas, donde la llamó con el nombre de Silena. Fruto de aquella relación hubo un hijo llamado Promontorio. Pero Miguel, ya entusiasmado con la milicia, se propuso hacer carrera dentro de ella para elevar su situación social y nivel económico, para lo cual consiguió dos cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de Austria, quien había dirigido los combates donde salieron victoriosos, y por el Virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente actuación en la batalla de Lepanto.
Con estos valiosos papeles, Miguel y su hermano se embarcaron en Nápoles con la intención de regresar a su patria, más poco después una fuerte tormenta los hizo perder el rumbo y su barco fue tomado por tres corsarios beberiscos. La batalla fue dura, más fueron doblegados y Miguel y Rodrigo cayeron prisioneros. Intentando salvarse, Miguel mostró las cartas y en efecto, le fue perdonada la vida, pero el corsario jefe consideró que Miguel era un hombre valioso y de recursos, así lo mantuvo como su prisionero por bastante tiempo, mientras que a los demás los canjearon y de él se pidió una fuerte recompensa. Pero su familia era de escasos recursos y les fue imposible pagar el rescate solicitado.
Sus hermanas, Andrea y Magdalena, quienes eran al parecer concubinas de un rico madrileño, le entablaron una fuerte demanda a este hombre, porque se casó y no les dio la dote correspondiente. El pleito fue ganado y las dotes recibidas fueron encausadas al rescate de Rodrigo. Pero Miguel siguió cautivo en la ciudad de Argel.
En dos ocasiones intentó fugarse, más fue atrapado y puesto de nuevo en cautiverio. En el tercer intento, Miguel contrató a un mensajero para que llevara una carta al gobernador español de Orán. Por desgracia el mensajero fue interceptado y por su atrevimiento fue condenado a muerte, mientras que a Miguel se le condenó a recibir dos mil azotes, lo cual equivalía a la muerte. Pero la sentencia no fue aplicada porque era considerado hombre poderoso, por el que se podía recibir un fuerte rescate.
Pero las ansias de libertad no se extinguían en Miguel, aunque pasaban los años y sus pretensiones siempre se veían frustradas. Lo intentó de nuevo con el apoyo de otro compañero de prisión, más fueron delatados y Miguel fue encadenado y encerrado durante cinco meses. Mientras tanto su madre había hecho todos los trámites necesarios para el rescate. El rey Hassán pidió seiscientos ducados por Miguel, una cantidad realmente exorbitante. Pero doña Leonor, como toda buena madre, fingiéndose viuda, reunió dinero, obtuvo préstamos y garantías, incluso solicitó el apoyo de dos frailes para que le apoyaran recogiendo limosnas. Al final, el 19 de septiembre de 1580, fue liberado. Pero Miguel, lejos de regresar a casa de inmediato, se enroló en el ejército y combatió contra los turcos por un mes más, con la sola intención de limpiar su nombre. Luego, el 24 de octubre el ilustre creador de El Quijote de la Mancha, se embarcó a España, para iniciar una nueva etapa en su vida.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA II

A su regreso a España, Miguel de Cervantes Saavedra, ya con treinta y tres años, de los cuales los últimos diez los había pasado en cautiverio, se encontró con su familia empobrecida y endeudada, en gran parte por el rescate pagado. Cervantes renunció a la carrera militar; se entusiasmó con ocupar un puesto como funcionario de Indias, y por desgracia fracasó en su intento impidiendo la posibilidad de que viniese a América. Más encontró consuelo en los brazos de una mujer casada llamada Ana de Villafranca y de esta relación nació su hija Isabel, criada por su madre y el marido de esta mujer.
Tenía 37 años cuando Miguel se casó con Catalina de Salazar y Palacios, una muchachita campesina de tan solo 18 años. Debió sin duda haberse sentido orgulloso de haber logrado un compromiso de esta magnitud. Un hombre maduro que consigue una jovencita hermosa y sencilla, más por desgracia, y al parecer, el amor no fue la característica de esta unión. Fue en ese tiempo cuando Cervantes escribió su primera obra importante, La Galatea, una novela pastoril con un estilo que se había puesto de moda 50 años atrás. Su editor le pagó 1 336 reales por el manuscrito. Fue una cantidad modesta, pero respetable. Y por fortuna el libro tuvo muy buena acogida, lo cual animó a Cervantes a dedicarse a escribir comedias, terreno en el cual logró cierto éxito. Escribió 20 o 30 obras, de las que se conocen tan solo nueve de ellas, pero el éxito arrollador de Lope de Vega en este terreno, pareció desanimarlo y dejó de realizar esta actividad, misma que retomaría al final de sus días.
En 1585 se integró a un círculo literario en Madrid, donde alternaba con los escritores de su tiempo y leía sus obras, manteniendo una constante rivalidad con Lope de Vega. Consiguió además el puesto de comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible, y esta actividad le acarreó demasiados problemas, por su desmedido celo en el cumplimiento de su deber. Se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo racaudatorio y fue excomulgado, después fue encarcelado acusado de vender parte del trigo recaudado. Y los problemas siguieron, porque apenas salió de la cárcel, murió su madre y partió d Andalucía a Madrid, donde fue nombrado recaudador de impuestos, para su mala fortuna quebró el banquero a quien entregó importantes sumas de lo recaudado y fue a dar de nueva cuenta con sus huesos en prisión, esta vez en Sevilla, donde permaneció detenido por cinco meses.
Con una vida tan difícil y ajetreada, resulta difícil pensar que Miguel de Cervantes se haya puesto en esos tiempos a escribir, pero lo hizo y a principios de 1605, apareció en Madrid “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Cervantes era por ese tiempo un personaje descolorido, flaco, empobrecido, con una familia llena de problemas y una pésima situación en todos los sentidos. Por ese entonces tenía cincuenta y ocho años y su mundo era problema tras problema. Pero su famoso Quijote gustó desde el principio dándole pronta fama, aunque económicamente no fue grande lo recibido.
Sus hermanas, quienes ya hemos dicho que no eran tan pulcras y santas, se vieron envueltas en un serio problema, ya que un caballero a quien ellas atendían, tras ser herido murió a las puertas de su casa. Y fue tal el escándalo que la policía vino y arrestó a todos los de la casa, incluyendo a Miguel de Cervantes, quien unas horas después fue liberado. Mientras tanto su Quijote de la Mancha día con día iba cobrando más fama. Y de pronto, gran sorpresa le provocó el saber que apareció una segunda parte del Quijote, proclamada como auténtica continuación de su obra, y realizada por un tal Avellanada. Aquél fue un golpe duro, ni siquiera había leyes que defendieran sus derechos, por lo que fácilmente aquél vivales se aprovechó de la popularidad de su obra para hacerse de algo de dinero, sin que nadie pudiese hacer absolutamente nada.
Por ese tiempo Miguel de Cervantes estaba completamente enfermo, pero escribía a un ritmo imparable. Fruto de ello surgieron las Novelas ejemplares, el Viaje al Parnaso, Las Ocho comedias y ocho entremés nuevos nunca antes representados, y acabo aquél año de 1615 la segunda parte del Quijote, que aparecería en el curso del mismo año.
El 19 de abril de 1616 totalmente acabado y enfermo recibió la extremaunción. En aquél momento estaba terminando su novela Los Trabajos de Persiles y Segismundo. Al día siguiente redactó la dedicatoria de la obra al conde de Lemos donde decía lo siguiente: “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir…”
Antes de morir, Miguel de Cervantes Saavedra se dio cuenta que había escrito una gran obra, comenzaron a circular traducciones al inglés y al francés del Quijote. Parecía como si el mundo quisiera otorgarle una respetable despedida, ya que el éxito de su obra se incrementó desmesuradamente en esos días. Pero ya no había tiempo para festejos y celebraciones. Miguel de Cervantes Saavedra, murió el 22 de Abril de 1616, asistido por su esposa y una de sus sobrinas; vestido con hábito franciscap y enterrado en un convento, sin que nadie hoy en día sepa en donde quedó exactamente su tumba.

LA SANTA HERMANDAD

20 años antes de que Colón viniera a América, los reinos de Castilla, en la madre Patria se habían convertido en lugar de auténtico desorden. Al termino de la llamada guerra de sucesión, había gran inestabilidad en el reino, y los caminos se habían llenado de bandidos y barvajanes que cometían todo tipo de ultrajes a los viajeros. Lo viajeros que se aventuraban a internarse por los caminos, procuraban agruparse para protegerse unos a otros, pero esto jamás fue garantía de seguridad. Los boques y barrancas estaban plagados de salteadores y asesinos que liquidaban a los hombres, violaban brutalmente a las mujeres y se posesionaban de sus pertenencias.
La unión matrimonial de Fernando V de Aragón e Isabel de Castilla, permitió la unificación de ambos reinos, más esto provocó ciertas revueltas que crearon inestabilidad en el poder, cosa que aprovecharon ciertos personajes para incrementar su influencia y dominio. Por lo cual, ante la situación tan problemática, los Reyes Católicos, como le llamaban a Fernando e Isabel, decidieron actuar con mano firme para controlar a los poderosos abusivos, los enemigos del reino ,y toda aquella sarta de bandidos y sinvergüenzas, que tenían aterrorizados a los viajeros.
Así surgió el año de 1476 la llamada Santa Hermandad. Esta organización establecida por el rey Fernando colocó un jinete por cada 100 habitantes y un hombre de armas por cada 150, dándoles poder para juzgar y ajusticiar a los delincuentes y restablecer el orden con mano firme en toda la comarca. Estos hombres de casaca blanca y cruz roja en pecho y espalda, peinaron palmo a palmo las zonas amenazadas y ajusticiaron sin miramientos a cuanto bandido encontraron, logrando con ello el respaldo total del pueblo.
Su papel fue tan efectivo, que pronto se terminó la inseguridad en los caminos, y se logró el control de toda la zona; además incrementar el poder y popularidad de los Reyes Católicos, quienes de un solo tajo controlaron totalmente la situación.
Unos años después, en 1480, siguiendo la misma fórmula, establecieron la Inquisición, para imponer la unidad religiosa y reprimir cualquier disidencia. Y en 1492 conquistaron el último reducto musulmán en la Península Ibérica con la toma de Granada.
Nada más con estos hechos realizados, los Reyes católicos hubieran cubierto una página relevante en la historia. Ciertamente La Santa Hermandad tuvo muchos puntos desagradables que la convirtieron con el tiempo en una carga insoportable para el pueblo, y ni que decir de la Inquisición cuyo papel es algo que la Iglesia bien quisiera no se volviera recordar, pero estos puntos en contra pasaron a segundo término, con el simple detalle que tuvo la reina Isabel de entregarle a Colón un puñado de joyas para que se adentrara en los mares en busca de una nueva ruta rumbo a las Indias. Pero esa es otra historia que abordaremos a detalle en próxima ocasión.

EL HOMBRE QUE JAMAS DURMIO

En la década de los 40’s comenzó a correr un rumor por todo Nueva Jersey y lugares circunvecinos. La curiosidad es algo que requiere atenderse de forma inmediata para muchos, así que poco a poco comenzó a llegar una buena cantidad de gente hasta el poblado de Trenton en búsqueda de un anciano llamado Alphonce Herpin. Este hombre, de oficio albañil, vivía en una pobre casa a las afueras del pueblo.
Los vecinos lo conocían muy bien y siempre habían sabido lo que le pasaba. Aquél hombre no dormía. Jamás había dormido. Y aunque esto se antoja increíble, don Alphonce jamás supo lo que era el sueño.
Por su casa comenzaron a desfilar los médicos deseosos de comprobar por sí mismos la veracidad de aquél insólito caso. Eso era algo realmente imposible. El ser humano no puede sobrevivir mucho tiempo sin dormir. El sueño es un alimento vital para el organismo, no solo para darle descanso al cuerpo, sino para alimentar la mente. Dormir equivale a comer, beber, respirar y no es posible prescindir de ello. Más los médicos comprobaron que don Alphonce era un caso excepcional. Se turnaron especialistas para vigilarlo, pero el anciano ni siquiera dió jamás una pestañeada. Es más, ni siquiera tenía cama, ni catre, ni colchón ni nada que se le pareciera. Tan solo tenía una mecedora, donde pasaba un tiempo de reposo, sin cerrar jamás los ojos. Después volvía a su trabajo, como si hubiera dormido el tiempo suficiente.
Los cientos de turistas que fueron atraídos por el caso, comenzaron a generar una buena derrama económica en la comunidad. Los habitantes del lugar hicieron su agosto alquilando albergues, abriendo fondas y tabernas, guiando a los visitantes y vendiéndoles souvenirs, que incluían frasquitos de tierra de ese poblado.
Al anciano los visitantes lo trataban con gran afecto. El hombre era muy noble y sencillo y jamás se opuso a que llegaran a su casa y a todas horas los visitantes, incluyendo, por supuesto las altas horas de la madrugada. Pero nadie jamás logró encontrar un fraude en la historia.
Todo terminó el 3 de enero de 1947. Don Alphonse tenía 94 años de edad, y aquél día y por primera vez aquél hombre cerró sus ojos y al fin se durmió para no despertar jamás. Nadie jamás ha podido explicar este caso.