jueves, 30 de octubre de 2008

SIXTO V, EL PAPA DE LOS CERDOS

Contra la voluntad de muchos Cardenales, Sixto Quinto fue nombrado Papa. NO les agradaba su origen humilde, y mucho menos el que comenzó a presionarlos con muchas exigencias, tal y como era su papel. El Papa había sido de pequeño un cuidador de cerdos, a quien un día encontraron los padres Franciscanos leyendo el catecismo mientras cuidaba sus animalitos. Esto llamó de inmediato la atención de los religiosos, quienes le preguntaron que deseaba ser, a lo cual el niño contestó que “un gran hombre de Dios”. Los Franciscanos lo admitieron en su orden costeando sus estudios y por su propio esfuerzo llegó a los mas altos puestos.
Para los Cardenales no era nada grato que un ex cuidador de cerdos ostentara el título de Papa y mucho menos que viniera a darles ordenes a ellos que provenían de familias de alto rango. Hay que recordar que en aquellos tiempos los Cardenales eran escogidos de entre las familias más ricas, y no eran precisamente gente muy santa que digamos.
Fue por ello que los Cardenales disgustados mandaron pintar un cuadro del Papa Sixto, rodeado de una docena de cerdos, mismo que una vez terminado se lo hicieron llegar. El Papa, en vez de disgustarse sonrió amablemente ante su atrevimiento y mandó al pintor que a cada cerdo le pusiera un vestido de Cardenal. Y con eso quedaba la obra completa. Por supuesto que el pintor obedeció el mandato papal.

miércoles, 29 de octubre de 2008

EL LAVADERO DE MUMBAY

Mumbay, la ciudad hindú antes conocida como Bombay, es una ciudad atestada de gente. Es, según el decir de quienes la conocen, una ciudad sucia y maloliente, llena de limitaciones y con una población que vive inmersa en un mundo de tradiciones ancestrales.
En el corazón de esta exótica ciudad existe el llamado Dhabi Gahts, que es una especie de barrio, circundado por un alto muro, donde existe la mayor lavandería del mundo. Es un mundo de casitas humildes, de tejabanes donde lo único que hay son piedras de lavar y montones de ropa, enormes montones de ropa. Ahí laboran aproximadamente 10,000 trabajadores enfrascados en una misma rutina: lavar, enjuagar, secar, planchar y entregar al cliente, para luego volver a empezar.
El oficio lo desempeñan lo desempeñan hombres que reciben casi nulo apoyo de sus esposas, algo totalmente inusual, ya que este oficio es por lo general exclusivo de las mujeres, más no así en Mumbay. Más ellos se sienten orgullosos de este oficio que han heredado de sus padres y abuelos.
Desde horas muy tempranas, antes de que comience a despuntar el alba, un mundo de hombres comienzan a desempeñar sus labores. Pasan prácticamente todo el día, durante toda su vida, mojando ropa, enjabonándola, arrancándole la mugre a golpes.
Aquél extraño barrio se convierte en un hervidero de personas moviendo prendas de ropa de uno a otro lado como si se tratase de un enorme hormiguero. Por todo aquél laberinto de techos maltratados se escucha un monótono y constante golpeteo proveniente de los lavaderos. Y de pronto a una determinada hora de la mañana todo parece aquietarse, todos hacen una pausa para comer su pequeña ración del día: un puñado de arroz o sopa de lentejas, acompañada de té. Proceso que se repite al mediodía donde volverá a comer lo mismo, o tal vez haga un poco de variedad con una mezcla de vegetales con salsa, algo de arroz y un pedazo de pan que llaman chapatis, el pan preferido de los hindúes. Ya cuando va cayendo el sol, se suspenden las labores para ir a su casa a dar una raquítica cena, charlar quizás un poco con la esposa, regañar a los chiquillos y caer luego rendido sobre su pobre camastro.
¿Cuánto gana una de estas personas por lavar y lavar todo el día?. No más del equivalente a 500 pesos mexicanos al mes. Y con eso viven contentos. Pero dentro de todas estas limitaciones existe algo difícil de soportar: la mafia.
Su líder se llama Munnabhai y es un buitre que ha sabido sacar de todo ello una gran tajada sin siquiera haberse mojado alguna vez las manos. Él es prácticamente el dueño de la mayoría de los lavaderos. Es el hombre al que todos conocen y respetan, el amo y señor absoluto que decide quien trabaja y quien no, así que todos se someten a sus caprichos con tal de mantenerse en el lavadero, pagando, por supuesto la cuota correspondiente.
Este enorme lavadero surgió en la época en que la India era una colonia británica. Los administradores británicos decidieron construir en la zona llamada Saat Rasta, una especie de lavandería gigantesca para cubrir sus propias necesidades y las del Ejército de su majestad. Así es como surgió este afamado barrio, donde hoy se lavan diariamente toneladas de ropa cobrando por ello un aproximado de $1.60 por cada prenda. Muy barato ciertamente. De lo cual si bien les va se quedarán con los .60ctvs. porque lo demás será para su cacique Munnabhai y el gasto del jabón y el pago de la luz que se necesita para desempeñar su trabajo.

LA BURUNDANGA

En el los Andes sudamericanos, parte de Colombia y Perú existe un árbol llamado Brugmansias, aunque popularmente lleva los nombres de Borrachero, Campanilla, Floripondio, Huanto, Huacacachu, Maicao, Tongo y otros.
De este árbol se extrae una sustancia muy especial que llaman científicamente escopo-lamina, misma que desde tiempos muy remotos la utilizaban los chamanes o curanderos de las tribus para el tratamiento de enfermedades. Los chibchas de Colombia la mezclaban con un fermento obtenido del maíz llamado chica, el cual le daban de beber a los esclavos y viudas de los líderes muertos para llevarlos a un estado de letargo antes de ser quemados vivos junto al cadáver de su amo o esposo.
En Perú era fermentada y agregada a otras sustancias para producir el medio ideal de comunicación con sus ancestros logrando una especie de hipnosis con alucinación colectiva. También se ha empleado esta sustancia en los rituales del vudú como parte de la manipulación o sugestión de sus seguidores o víctimas.
En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, una expedición alemana llevó muestras de la planta a la Alemania Nazi, donde el nefasto profesor Mengele, experimentó con ella en lo que denominó “suero de la verdad”
También al parecer fue una droga utilizada por la CIA para aplicarle en sus detenidos en proceso de investigación.
Pero en la actualidad, se le conoce como Burundanga, y es una terrible arma que ha caído desgraciadamente en manos de los delincuentes. Al parecer hacen que su víctima la consuma a través de un engaño, y poco después anulan totalmente su voluntad, convirtiéndolo en un ser del todo indefenso capaz de obedecer cualquier indicación que se le haga. Y bajo estas circunstancias le pueden inducir a cometer cualquier tipo de delito.
Quien consume burundanga comienza por tener visión borrosa, resequedad en la boca y estreñimiento. A nivel del sistema nervioso produce sedación, embotamiento, alucinaciones, confusión y alteración de la química.
De esta forma los delincuentes pueden violar mujeres sin que opongan ninguna resistencia, o le roban sus pertenencias a las personas, al grado de que hasta la misma víctima colabora ayudándoles a cargar las cosas, o yendo con ellos al cajero automático para sacar el dinero de su tarjeta.
Este problema se ha incrementado en los últimos años en Sudamérica. Vacían las casas y oficinas de sus víctimas, les dejan en ceros sus cuentas bancarias, y lo peor de todo es que cuando recobran la lucidez, no recuerdan absolutamente nada, les queda una enorme laguna mental, donde lo único que se recuerda es que comenzaron a sentir mareos y a partir de ese momento perdieron la conciencia.

EL BASURERO EN EL ESPACIO

Fue el año de 1957 cuando se lanzó al espacio el Sputnik, el primer satélite espacial, y hasta la fecha se han colocado en el espacio entre 6,000 y 7,000 satélites, de los cuales poco menos que la mitad están funcionando. El resto está desactivado, y gira permanentemente en una órbita alrededor de la tierra, pasando a formar parte de la chatarra espacial. Muchos de ellos de despedazan por múltiples razones, convirtiéndose en miles de fragmentos que peligrosamente giran alrededor de la tierra. Se encuentran a una altura aproximada de 500 a 600 kilómetros de nuestro planeta, convirtiéndose en un auténtico dolor de cabeza para el buen desempeño de los satélites espaciales que cumplen con valiosas misiones.
La chatarra es producto mayormente de la explosión de unos 180 cohetes y satélites en los últimos 40 años, a las que se suman motores consumidos de cohetes y herramientas perdidas por astronautas durante misiones espaciales. Según la Naza, hay aproximadamente 8,000 objetos mayores de 10 centímetros, unos 100,000 fragmentos de entre 1 y 10 centímetros y decenas de millones de partículas menores de un centímetro. O sea que estamos hablando de que alrededor de la órbita terrestre hay un auténtico chatarral de gran peligrosidad.
En algunas ocasiones parte de esa chatarra se precipita a tierra, y por la fuerza de la enorme velocidad alcanzada en su precipitación, se incendian, presentándose ante nuestra vista como si fueran estrellas fugases, pero nada más lejano a la realidad. Por fortuna prácticamente todos los fragmentos de chatarra que se precipitan, se desintegran antes de tocar la tierra, por lo cual la probabilidad de que un pedazo de chatarra caiga sobre una persona es de una en un trillón.
El 24 de julio del año pasado, unos agricultores del norte de Brazil, miraron caer una gran bola de fuego cerca de donde se encontraban. El suceso les provocó un enorme susto. Lo primero que pensaron fue que se trataba de un OVNI, pero al acercarse al lugar descubrieron que tan solo era un bloque de chatarra caído del espacio. Se trataba de una esfera de 30 kilos y 50 centímetros de diámero, uno de los tanques de combustible del cohete Delta II, como despúes se logró saber.
En una zona rural de Argentina de la provincia de Corrientes, el 21 de enero del 2004 también se precipitó a tierra un objeto metálico de grandes dimensiones. La chatarra espacial ingresó como una gran bola de fuego a 400 metros de una casa en el campo. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales, emitió desde Buenos Aires un comunicado de prensa, informando que según consultas efectuadas con la NASA, el objeto era la cubierta del motor de la tercera fase de un cohete Detla II lanzado en 1983 desde Cabo Cañaveral.
La abuelita Otelma Pollini ya estaba dormida en su casa de Quinteros en La Playa, Argentina, cuando de pronto sintió una gran explosión cerca de su casa. Miró por la ventana y descubrió un objeto tirado en su jardín. Como la mujer ya es una anciana enferma con grandes dificultades para caminar, no pudo salir de la casa para ver de que se trataba. Al día siguiente le habló a uno de sus nietos para que fuera a ver aquella cosa caída del cielo. Su nieto, al escuchar la historia, consideró que la abuela ya estaba deschavetándose de la cabeza, pero tanto insistió, que no tuvo más remedio que ir a ver de que se trataba. Al llegar al jardín de la abuela, vio, que en efecto, había un artefacto extraño ahí tirado. Se acercó y lo levantó y para su sorpresa, aún se podía leer en aquél fragmento la palabra NASA.
Este tipo de situaciones se han presentado en diversas ocasiones y en muy diversas partes del mundo. Porque es tanta la basura que los hombres han depositado en el espacio, que cae y seguirá cayendo por cientos y quizás miles de años a la tierra si no se hace algo al respecto.
Lo más grave de todo esto, es que toda esa chatarra que anda flotando en el espacio, puede chocar con alguna nave espacial a velocidades muy altas llamadas hipervelocidades. Hablamos de una velocidad promedio del orden de los 10 kilómetros por segundo, una velocidad que multiplica por 12 a la de una bala común y corriente.
Esta chatarra es un peligro constante para los satélites en operación y para los nuevos lanzamientos ya que hasta un impacto de una hojuela de pintura causa graves daños.
Una pequeña partícula, un pequeño tornillo, viajando a una velocidad superior a la de cualquier disparo, es un proyectil que si impacta sobre otro satélite puede llegar a destruirlo. En particular podemos llegar a decir que si un pedazo de chatarra de unos 10 centímetros o de ese orden, colisiona contra un satélite lo destruye totalmente”.
La marca más pequeña de una regla es de 1mm., una cáscara de pintura que medía la quinta parte de un milímetro hizo un cráter de 4mm en una ventana del trasbordador espacial.
De hecho, en 1999 la Estación Espacial Internacional, tripulada por humanos que se mueve por el espacio permanentemente, estuvo a punto de perderse en el espacio. Rusos, estadounidenses, chinos y europeos, se estuvieron echando la culpa unos a otros, mientras desde Moscú y Houston intentaban evitar la colisión con un viejo cohete ruso desechado. Finalmente el choque se evitó.Otro dato curioso: desde 1981, se tuvo que cambiar más de 60 ventanillas de los transbordadores espaciales, que salen alrededor de 40.000 dólares cada una, por los impactos que reciben en el espacio de pequeños fragmentos de basura espacial.
En 1981, el satélite soviético Cosmos 1275 explotó después de chocar con un fragmento de cohete. En 1997, el satélite francés Cerise empezó a dar tumbos por el espacio después de impactar con un fragmento del Arianne. En ese mismo choque, una tuerca perforó uno de los paneles que alimentaban al Hubble, el telescopio que abrió una nueva era para la Astrofísica al permitir observar el espacio sin las interferencias atmosféricas.
En 1982, una de ellas perforó el casco de la estación espacial Salyut. En junio de 1996 una sección del cohete Pegaso se rompió; este accidente provocó 700 objetos mayores a 10 cm. y 300,000 con tamaños entre 4mm y 10 cm.
En marzo del año 2000 un cohete experimental chino explotó luego de haberse estrellado con los restos de un viejo cohete estadounidense, que circulaba desde hace 31 años
Tornillos, tanques de nafta, pedazos de satélites o, incluso, un guante que perdió el astronauta Edgard White en 1965, mismo que se ha convertido, según la opinión de los expertos, en un objeto peligrosísimo, ya que viaja a una velocidad de 28,000 kilómetros por hora. Siendo de esta forma capaz de provocar un grave daño a cualquier nace espacial.
Se dice que la Tierra se convertirá en el quinto planeta del Sistema Solar en tener su propio anillo. Claro, un anillo de naturaleza muy diferente y mucho más peligroso. Un anillo de chatarra, formado por millones de diminutas partículas de restos de cohetes y satélites.

EL LAGO QUE DESAPARECIO

Como casi todas las mañanas, un grupo de pescadores de Bolotnikovo, en Rusia, se dirigieron al lago cercano a su aldea para ponerse a pescar. Esta era la tradición que se había mantenido de generación en generación. Los hombres del pueblo se iban por la mañana al lago a pescar y regresaban cerca de mediodía con los peces atrapados, para que la mujer de la casa preparara la comida.
El lago era hermoso, con aguas limpias y cristalinas. ¡Cuántas historias se habían forjado en él!, era una parte esencial de sus vidas.
Más aquél grupo de pescadores, al llegar al lugar solo encontraron un enorme cráter de barro. Parecía, como dijo uno de ellos, que se tratara de una bañera gigante a la que le quitaron el tapón. Pronto llegaron todos los del pueblo y con gran angustia pudieron comprobar que su lago, tan querido había desaparecido de ahí.
Pronto llegaron periodistas y cámaras de TV, y no faltaron los funcionarios que se hicieron presentes para rendir su declaración, elaborando la primera hipótesis: el lago probablemente fue absorbido por una cueva subterránea.
Dicen que cuando el agua fue absorbida, llegó a tanto su fuerza que hasta arrancó árboles de las orillas con todo y raíces, dejando enormes huecos por doquier. Y no faltó quien recordara que 70 años antes, un grupo de casas que estaban a sus orillas desaparecieron en circunstancias similares.
Entre los vecinos comenzaron pronto a circular todo tipo de explicaciones. Se cuenta que el lago apareció en los tiempos de Ivan el Terrible y desde entonces estuvo rodeado de misterio. Los jóvenes acostumbraban ir a nadar ahí, pero siempre existió el temor de que algo terrible podía pasar; incluso se hablaba de que una iglesia estaba oculta bajo las aguas. Se dijeron demasiadas cosas cuando los habitantes del lugar fueron entrevistados por las cámaras de TV. Pero de todo lo que se dijo, quizás lo que más llamó la atención fue el comentario de una sonriente anciana que dijo: “Yo pienso que se lo llevaron los gringos”

EL CABELLO

Una persona normal tiene entre 120 000 y 150 000 cabellos en la cabeza.
El cabello crece cerca de 20 centímetros por año, más rápidamente en el verano y en la noche que en invierno o durante el día. Después de tres años, el cabello será sustituido por otro que nace en el mismo poro.
La testosterona, una hormona masculina, estimula la secreción de la glándula sebácea a la cual está ligado el cabello, disminuyendo su vida y acentuando la caída. Por eso, la calvice afecta principalmente a los hombres.
Los cabellos están tan firmes en la cabeza que aguantan un peso de 80 kilos. Una trenza aguantaría entre 200 y 300 kilos.
En la antigüedad, los egipcios, para evitar la calvice, se aplicaban en el cuero cabelludo una mezcla de grasa de león, hipopótamo, cocodrilo, cabrito y cobra.
El emperador Julio César tenía otra fórmula: ratas quemadas, dientes de caballo, grasa de oso y vísceras de venado. Por supuesto que ni una ni otra, servía absolutamente para nada.

LA CAFETERA PARLANTE

En el año 2000 el cordobés Marcos Castagno, estudiante de ingeniería electrónica de 22 años, le contó al director de su ex colegio, que había ganado el premio de “El estudiante del siglo”, otorgado por la Fundación Motorota, gracias a su invento: una máquina de café que se ponía en funcionamiento con una orden en voz alta.
El director a su vez se lo contó al intendente, que a su vez se lo contó a un diputado y las cosas llegaron hasta oídos del gobierno provincial.
Días después, el entonces gobernador José Manuel de la Sota recibió al ilustre estudiante inventor, hubo fotos y notas en diarios y televisión. A esa altura ya se decía que la cafetera no sólo recibía órdenes sino que hablaba: Marcos había explicado que el sistema computarizado del aparato permitía hacerle añadidos, como la incorporación de un plano de la ciudad y los recorridos de los transportes, de modo que si se le indicaba a la máquina dónde estaba uno y dónde quería llegar, ésa le explicaba cómo hacerlo. Algo insólito e extraño para una cafetera, pero nadie cuestionó el asunto.
El Concejo Deliverante le hizo un homenaje otorgándole además un subsidio para realizar el viaje hasta la Fundación Motorota a recibir el afamado premio.
Para ese momento la prensa ya estaba siguiéndole en todo momento los pasos. Se suponía que Marcos debía viajar a Japón y querían todos tener la nota de su partida, misma que pensaban ilustrar con fotografías. Y en efecto, llegó Marcos al aeropuerto, le tomaron fotos, despidió a los periodistas y todo pareció en orden. Solo que varios días después regresó a la ciudad, ante la sorpresa de todos. A la prensa le comunicó que no logró llegar a Japón, parque en una de las escalas del avión, unos hombres de aspecto oriental lo habían atacado y obligado a darles “el códice de la máquina”, todo lo cual hacía pensar en la magia japonesa.
Pero esa fue la gota que derramó el vaso, no faltó quien dudara de todo aquél rollo, y tras una mínima investigación, descubrió que Marcos Castagno jamás había tomado avión alguno, y ni siquiera había nunca salido del país, y que en Motorota ni siquiera estaban enterados del sainete.
Marcos terminó por confesar todo, diciendo que solo fue una “mentirilla” que contó un día, la cual luego no pudo parar, ocasionando toda aquella desastrosa situación. Después de esto, ya no quiso hablar más del asunto de la cafetera, y por supuesto que los mandatarios que le entregaron premio y reconocimiento no encontraron la forma de ocultarse ante semejante vergüenza. Y todo por una simple mentirilla.