Aquélla navidad era distinta, Hienriech Schliemann apenas había cumplido nueve años y ya había perdido a su madre; la ilusión de tener un hermanito quedó truncada; en el parto murió su madre y el bebé.
El padre de Hienriech, quien era el pastor del pueblo, se dio cuenta de la tristeza que anidaba en el corazón de su hijo y por ello le regaló un hermoso libro ilustrado, donde se relataba con lujo de detalles la historia de Troya. Uno de los grabados le impactó mucho: la ciudad ardiendo cuando fue tomada por los ejércitos de la antigua Grecia. ¿Aquella historia era cierta o solo una leyenda, una fantasía de Homero?. Hienriech siempre creyó que era verdad.
Su primer trabajo fue como ayudante de un tendero; ahorró cuanto pudo y de forma autodidacta comenzó a aprender idiomas, principiando por el griego, porque deseaba leer la Iliada de Homero en su idioma original. Era un chico bastante inteligente, con sus ahorros comenzó a realizar algunos negocios y le fue bien. Bastante bien!, tanto que se convirtió en hombre acaudalado que viajó a muchos países del mundo. A los cuarenta años, ya con una fortuna bastante cuantiosa, dejó todo, se fue a Estados Unidos y adquirió la ciudadanía estadounidense. El era alemán, pero en realidad se convirtió en ciudadano del mundo.
Se había casado con una mujer rusa, más la esposa le resultó con tan mal genio, que en cuanto le fue posible consiguió el divorcio y se separó de ella. Tiempo después viajó a Atenas y puso un anuncio en el periódico buscando una mujer griega. La solicitaba pobre, bella, de carácter amable y que conociera las obras de Homero. Muchos requisitos difíciles de reunir, Pero curiosamente fueron muchas las cartas recibidas de chicas que reunían los requisitos. Se decidió por una tal Sofía, una hermosa mujer de tan solo 16 años, que bien podía haber sido su hija, más logran tal entendimiento que la relación culminó en matrimonio, teniendo luego con ella un par de hijos, Agamenón y Andrómaca.
Una tarde de agosto del año 1868, Hienriech se encontraba sentado en la terraza de una casa, enfrascado en la lectura de la Iliada, en la ciudad de Yenitsheri, al noroeste de Turquía, cuando volvió a surgir su gran deseo de encontrar la ciudad de Troya. Schielmann estaba convencido de que las antiguas ruinas de la ciudad se hallaban enterradas bajo un pequeño montículo artificial próximo a la ciudad turca de Hissarlik. No pudo esperar más tiempo, solicitó el permiso correspondiente, mismo que le fue otorgado debiendo guardar ciertas restricciones. Sus excavaciones se iniciaron en abril del año siguiente. Por espacio de tres años, un ejército de 100 hombres, equipados únicamente con palas, cavaron enormes zanjas en un montículo de 10 m de altura, demoliendo paredes y otras estructuras que no despertaban el interés de su contratista.
Encontró ruinas, pero estas no tenían la antigüedad que el precisaba, así que siguió escarbando, creía que bajo aquellas ruinas yacían sepultadas al menos cuatro ciudades y que su Troya anhelada se encontraba en el segundo nivel, empezando desde abajo, pero las ruinas encontradas en ese nivel no tenían la extensión suficiente como para representar a la Troya descrita por Homero, con sus grandes torres y murallas. Por ello fue que prosiguió realizando la excavación.
El 14 de junio de 1873, al cabo de dos años de trabajo, se encontró con un fabuloso tesoro: un enorme acervo de 8.700 objetos de oro, copas, jarrones, pulseras, y la más grande maravilla: una diadema elaborada con 16.000 piezas de oro macizo.
Con lágrimas de emoción en los ojos coronó a su bella esposa con la diadema, la abrazó y gritó: «Cariño, este es el momento más bello de nuestras vidas. Luces la corona de Helena de Troya».
Schliemann no cumplió su solemne promesa de permitir a los funcionarios turcos que examinaran cualquier hallazgo de interés, y trasladó rápidamente a Atenas los tesoros descubiertos en Turquía.
Pero Schliemann estaba en un error. Aquella ciudad no era Troya, sino otra aún más antigua. Y la diadema, que pertenecía aproximadamente al año 2300 antes de J.C., correspondía a otra princesa que vivió más de 1.000 años antes del nacimiento de Helena.
Hoy se sabe que la Troya de Humero fue destruida hacia el año 1250 antes de J.C. y que Schliemann había pasado sobre sus cenizas al excavar las 57 capas. El tesoro que había encontrado pertenecía a otra ciudad. Antes de morir, Schliemann tuvo noticia de su error.
Sin embargo, los arqueólogos posteriores le reconocen la gloria de haber hallado el emplazamiento de la famosa ciudad y de haber demostrado, ante un mundo escéptico, que Troya no era una fantasía. Hizo mucho este hombre, para haber iniciado como un simple mocito de una tienda.
A principios del siglo XX, la teoría de la evolución de Darwin había ganado demasiados adeptos; no pareció nada descabellada la idea de que el hombre fuera un descendiente de los primates, pero había algo que hacía falta. Hasta la fecha no se había encontrado ningún resto paleontológico que confirmara la veracidad de esta tesis. Los evolucionistas venían deseando, desde que se formuló la teoría de la evolución, encontrar el eslabón perdido, más este no aparecía en ninguna parte. Más en 1912 se realizó en pleno centro de Inglaterra, en una cantera de grava situada en Piltdown, Sussex un hallazgo totalmente revelador.
Charles Dawson, paleontólogo aficionado y recolector de fósiles para el Museo Británico, encontró un cráneo que inequívocamente pertenecía a un homínido, en un terreno que supuestamente databa de comienzos del Pleistoceno (la edad adecuada para encontrar un "eslabón perdido"). Inmediatamente, otros paleontólogos, entre los cuales se encontraba el joven Teilhard de Chardin se unieron a las excavaciones, y el Hombre de Piltdown, pasó a ocupar un lugar de honor en nuestra, por aquel entonces, exigua lista de antepasados.
En aquellos años, los restos fósiles de homínidos se reducían a algunos restos de Neanderthal y de Cro-Magnon, que claramente estaban mucho más próximos al hombre moderno que el cráneo hallado en Piltdown. Éste presentaba una mandíbula simiesca, unida a un cráneo con una capacidad cerebral comparable a la del Homo sapiens, es decir, exactamente lo que cabía esperar, según las teorías de la época, para el deseado eslabón perdido.
El Hombre de Piltdown provocó la admiración de los paleontólogos más brillantes de la época, aunque, 40 años después, se comenzó a sospechar que no encajaba con los hallazgos posteriores y genuinos de Australopithecus en Africa y Homo erectus en China. Los antropólogos comenzaron a desconfiar de la veracidad del cráneo de Piltdown, de modo que, armados con las nuevas herramientas de datación (en concreto, la determinación del flúor y del contenido en materia orgánica remanente en los huesos), descubrieron la verdad.
El supuesto fósil era un hábil engaño. Alguien había unido un cráneo de hombre moderno (posiblemente perteneciente a un indio Ona de unos 620 años de antigüedad) con una mandíbula de orangután (de unos 500 años de edad), los había sometido a un proceso de envejecimiento mediante productos químicos y había enterrado el conjunto en la cantera de Sussex, en donde había sido encontrado por Dawson.
Posiblemente, nadie sabrá nunca quién fue el autor del engaño, ni siquiera los motivos por los que se llevó a cabo. Los distintos estudiosos del tema han propuesto como sospechosos a prácticamente todas las personas involucradas de una u otra forma en el hallazgo o en el estudio inicial de los huesos, e incluso a personas relacionadas de refilón con el caso, como el escritor Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, aficionado a la Paleontología, pero también muy dado a los misterios y a las bromas.
Lo cierto es que el fraude de Piltdown consiguió engañar a los científicos porque cumplía todos los requisitos para encajar en la teoría de la época, que suponía que la capacidad craneal del hombre habría aumentado antes de que abandonara su aspecto simiesco. Los hallazgos posteriores vendrían a echar por tierra esta teoría sin ninguna base.
Así que el eslabón perdido sigue así: perdido.
La tradición romana cuenta que en el año 363 a.C. surgió repentinamente una enorme grita en el suelo de Foro. De aquella fosa surgía un enorme calor como si un gran fuego se encontrara en el fondo. De inmediato se reunieron todos los sacerdotes para preguntar a la divinidad el paso a seguir para resolver semejante y peligrosa situación. Poco después le comunicaron a la comunidad que únicamente se cerraría la fosa si se arrojaba a su interior el más precioso de los tesoros de Roma.
Todos comenzaron a preguntarse cuál sería el tesoro más valioso que poseían. Se pensó en el oro y las joyas, en arrojar sus mejores estatuas, de las cuales tenían una buena cantidad y muy bien realizadas; no faltó quien propusiera arrojar todas sus armas, porque aquello era demasiado valioso, ya que les servía para defenderse… Y así, todo mundo fue dando su opinión para resolver el problema y aplacar la ira de los dioses.
Entonces apareció el joven patricio Marco Curcio, quien ante la multitud congregada manifesto que Roma no poseía tesoro más valioso y digno que un generoso y valiente ciudadano. Por ello, montó luego sobre su caballo y se lanzó al fondo del abismo, el cual se cerró inmediatamente sobre él.
Excavaciones recientes descubrieron en el Foro de Roma un pozo sagrado llamado lago de Curcio.
El escritor inglés, Bulwer Lytton, más conocido por su novela “Los últimos días de Pompeya”, publicó en 1871 un curioso libro titulado: “La raza que vendrá”, y en él cuenta sobre un extraño viaje al interior de la Tierra, ocurrido a principio del siglo XIX, comenzado en unas minas abandonadas en Inglaterra, desde las cuales, y a partir de una galería subterránea secreta, el protagonista de su novela llega a un mundo subterráneo, habitado por unos hombres de una mente súper-desarrollada que el protagonista llega a considerar como semidioses, y que poseen una energía que supera lo imaginable, denominada energía Vrill.
Según la novela de Lytton, su capital Shamballah, se hallaba en el interior de la Tierra. Los antepasados de esos seres procederían de la superficie exterior de la tierra, habiendo encontrado el acceso a su interior tras terribles terremotos y cataclismos en la superficie exterior del planeta.
En 1816 todos los miembros del Congreso de los Estados Unidos, los rectores de muchas universidades y varios letrados y licenciados de varios estados, recibieron una extraña carta. Estaba firmada el día diez de Abril de 1816 en Saint Louis territorio de Missoury por el capitán de infantería John Cleves Symnes y, se dirigía a los más altos estamentos de la joven nación, en los siguientes términos:
Aunque obviamente, el “Mundo” rechazó la generosa oferta de Symnes, éste popularizó numerosas conferencias y tuvo un gran impacto en la opinión pública de la época e incluso llegó a hacer una modesta carrera política; dejando a su muerte numerosos apuntes y un pequeño modelo de madera de la “Tierra Hueca”, que se exhibe actualmente en la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia.
Hasta el momento nadie ha dedicado ni el más mínimo esfuerzo para corroborar lo dicho por Symnes. La gente supuso que lo único que estaba hueco era su cabeza.
En 1966 Wangari regresó a Kenia, su tierra natal, después de haber permanecido casi seis años en los Estados Unidos atendiendo una beca que se le había concedido en la Universidad de Pittsburg, donde obtuvo un máster de Biología. A la llegada a su comunidad se quedó espantada al ver como habían talado gran parte de los bosques. Las fuertes lluvias se habían llevado las capas fértiles del suelo, el cieno atascaba los ríos y los fertilizantes estaban eliminando los nutrientes de la tierra. Estaba totalmente segura que se avecinaba una gran catástrofe ecológica para su pueblo. Había que detener de inmediato la tala inmoderada de los bosques y proceder a reforestar las tierras dañadas.
El proceso fue largo y penoso, en primer lugar intentó convencer a su gente sobre la gravedad del daño que se había ocasionado, solicitando su apoyo para realizar la enmienda. Poco caso le hicieron los hombres de la comunidad, más las mujeres fueron más sensibles a la situación, sobre todo porque siendo la mujer la encargada de preparar los alimentos en el hogar, con la deforestación se vio obligada a recorrer mayores distancias para encontrar la leña necesaria para hacer el fuego del hogar, lo cual les estaba ocasionando mayores problemas para atender a sus hijos y recolectar los frutos requeridos para su alimentación.
Wangari fundó una organización a la que llamó Movimiento Cinturón Verde, apoyado casi exclusivamente por las mujeres de Kenia. Al frente de esta organización se dio a la tarea de plantar miles de árboles en los campos deteriorados. Dicho programa, combina desarrollo comunitario y protección ambiental y propaga entre los miles de kenianos que viven en la pobreza la simple idea de que plantar árboles mejorará sus vidas, la de sus hijos y sus nietos.
El gran problema fue que mientras Wangari promovía la reforestación, los depredadores continuaban con su tala inmoderada, así que hicieron una fuerte oposición para detener el daño. Por supuesto que esto le acarreó grandes problemas. Se enfrentó al mismo presidente de su país, Daniel Arap Moi, quien estaba tras de todo aquél daño ecológico.
Wangari fue difamada, enfrentando una fuerte campaña en su contra. Más esto no bastó para disuadirla, así que luego fue detenida, golpeada y encarcelada. Sin embargo, se negó a ceder en su convicción de que el pueblo debía ser el encargado de cuidar sus recursos naturales, en lugar de los corruptos compinches del Gobierno, que recibían y saqueaban grandes extensiones de tierra.
En 1986, el movimiento de Wangari Maathai impulsó una Red Panafricana, logrando que se expandieran sus planes de replantación de árboles en más de 30 países de Africa, entre ellos Etiopía, Malawi, Tanzania, Uganda y Zimbawe.
En 1982 apoyó la formación del grupo Foro para la Restauración de la Democracia en su país y esto le acarreó un sinnúmero de problemas, por oponerse al gobierno. Pero continuó la lucha. En 1992 se puso en huelga de hambre exigiendo la liberación de algunos presos políticos, y el gobierno respondió a sus exigencias con palos.
Se opuso en 1998 a la realización de un importante proyecto de construcción en Africa, porque esto dañaría gravemente la ecología. La situación se tornó grave y complicada, tan solo que esta vez la revista Time escribió un extenso reportaje sobre ella, llamándole “Héroe del Planeta”, lo cual colocó su lucha ante los ojos de la comunidad internacional cambiando drásticamente el panorama.
Su proyección fue más lejos aún al levantar su voz defendiendo la condonación de la deuda externa del Tercer Mundo.
El año 2002 triunfó el grupo opositor en su Kenia y de inmediato el presidente Mwai KIbaki la nombró viceministro de Medio Ambiente, Recursos Humanos y Vida Salvaje. La verdad es que a Wangari jamás le interesó la política, pero encontró en ello un excelente medio para cumplir con sus objetivos.
Hasta la fecha, esta mujer de 65 años, ha logrado que se planten más de 20 millones de árboles en Africa. El 10 de diciembre del 2004, en Oslo, Noruega, le fue concedido el premio Nobel de la Paz a esta africana, Wangari Maathai, por su gran esfuerzo en pro de la ecología y el bienestar del continente africano.
Reflexionando un poco sobre todo esto quisiera preguntarle ¿Usted ya plantó un árbol?. Aunque sea uno solo. Si no lo ha hecho, por favor aún es tiempo, ay se lo encargamos.
El padre de Louis era un alcohólico desobligado que se pasaba largas temporadas fuera de casa, así que su madre trabajaba en lo que podía: lavando trastes, de recamarera, e incluso algunos afirman que de “mujer galante”. Así que el chiquillo se la pasaba de juerga por las calles de su natal Nueva Orleáns, conviviendo con la pandilla del barrio y dedicándose a realizar infinidad de diabluras. Sorteaba la hora de la comida con un pedazo de pan duro, café, y si le iba bien, alguna cosa que encontraba en los botes de basura. Su situación era realmente lamentable.
Pero con los amigos el hambre se disipaba. Entre ellos había que presumir de arriesgado y valiente, así que cuando Louis encontró la vieja pistola que su padre abandonó bajo el raído colchón, se le hizo muy fácil sacarla para festejar la noche de fin de año. Con ella realizó unos disparos al aire en presencia de sus amigos, más para su desgracia en aquellos momentos apareció un policía que lo capturó y llevó a los tribunales. Su madre nada pudo hacer. Aunque lo quisiera. La gente pobre y de raza negra no tenían prácticamente ningún derecho en los tribunales. Así que el pequeño Louis, de tan solo doce años, fue a parar a una cárcel para menores infractores.
Louis se sintió triste y asustado, así que decidió portarse bien, y lo hizo. La vida era monótona y aburrida en el reclusorio, así que se esforzó cuanto pudo para ser admitido en la banda del lugar. El director musical, viendo su gran empeño, decisión y buena conducta le cedió una corneta, luego comenzó a enseñarle la forma de usarla.
El chico se sintió fascinado, como niño con juguete nuevo. A partir de ese momento la corneta se volvió su inseparable. Al maestro Meter Davis le fascinaba ver el entusiasmo y entrega de Louis. Pronto se convirtió en el más destacado de sus alumnos.
Cuando se cumplió la sentencia y Louis debió ser liberado, el jovencito se llenó de tristeza, ya que sabía que al salir le sería muy difícil conseguirse otra corneta. Pero su maestro tuvo un gran detalle. Le dijo que podía llevársela, con la condición de que cuando ganara algo de dinero y pudiera comprarse una, volviera y se la regresara.
Louis salió a la calle lleno de felicidad y con una meta en su vida. Sería un gran músico, y ganaría dinero, mucho dinero. Los negros hacían dinero tocando en los burdeles del puerto. Había bandas musicales incluso en los barcos que navegaban en el Mississippi. Así que Louis sintió que había encontrado la forma de pasarla bien.
Tocaba en la mañana, tocaba a medio día, tocaba por las noches, olvidándose por completo de sus amigos. Solo le importaba su corneta, y su madre vio aquello con buenos ojos, porque descubrió que su hijo se había vuelto alguien diferente.
A la usanza de la tradición francesa, en Nueva Orleáns se acostumbraba llevar a los muertos al cementerio con música, siendo esta otra fuente interesante de trabajo. Kid Ory y su banda eran con frecuencia contratados para dicho menester, siendo así como un día que prestaban este servicio, de pronto Kid descubrió que un jovencito salió de por ahí y se les unió con su corneta. El chiquillo tocaba de una forma maravillosa, así que Kid Ory, quien era un trompetista de gran renombre, supo apreciar el enorme talento de Louis y de inmediato lo contrató para su banda.
La dichosa orquesta tocaba en el barrio chino de New Orleáns llamado Storville. Era un lugar de tugurios de mala muerte, nido de prostitutas y vagos, el cual se saturaba de marineros noche a noche. Louis tocaba con tanta furia y pasión que pronto llamó la atención del trompetista King Oliver, quien lo invitó a formar parte de su grupo, con el cual realizaría su primera grabación en el año de 1923.
Eran tiempos de la Primera Guerra Mundial, y Nueva Orleáns tenía una base militar, pero al ministro de marina no le agradaba que la gente a su cargo le estuviera provocando tantos problemas debido a sus correrías nocturnas por los antros de vicio, así que consiguió la orden y de inmediato cerró todos los tugurios de Storville, dejando sin trabajo a miles de personas: meseros, músicos, prostitutas y demás. Aquello acarreó grandes problemas económicos en la región, por lo cual los músicos, en el año de 1917, emigraron rumbo a Chicago en búsqueda de nuevos horizontes.
Louis se quedó en Nueva Orleáns, más luego, en 1922, marchó también rumbo a Chicago, invitado por King Oliver, quien había logrado gran éxito en ese lugar con su banda de jazz.
Para 1920, el jazz se había convertido en el gran ritmo de Chicago. Se prohibió el consumo de alcohol, pero los gangsters, como Al Capone, tenían sus sitios clandestinos, centros nocturnos disfrazados, donde todo mundo podía ir a echarse un trago, escuchar música y encontrar pareja. La tensión provocada por la incursión de Los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, hacía que la gente buscara una forma de escape, e ir a aquellos sitios de alcohol y jazz fue una salida muy aceptada y exitosa.
Louis Armstrong se convirtió en la sensación. Su emotividad, fraseo y protagonismo acapararon de inmediato la atención y se volvió una figura muy popular en poco tiempo. Nadie tocaba la trompeta como él. Ni nadie jamás había hecho jazz de esa forma. Originalmente en las bandas de jazz todos tocaban la misma línea musical. Armstrong construyó la imagen de solista. La orquesta quedó doblegada a lo que él hacía. Se convirtió en la gran estrella a la que atendían el resto de los músicos de la banda.
Pero no solo fue un gran trompetista, también se convirtió en un destacado cantante gracias a su voz aguardientosa e inconfundible. En cierta ocasión al interpretar uno de sus famosos temas, olvidó la letra, y para salir del paso realizó una serie de onomatopeyas vocales, dando paso a un estilo que luego se denominó “scat”, mismo que luego fue base esencial para figuras como Ella Fitzgerald.
Luois perteneció luego a la banda de Fletcher Henderson, la más afamada banda de Chicago. Posteriormente fundo sus propios proyectos musicales, bajo el nombre de Hot Five y Hot Seven, con la participación de Kid Ory, aquél hombre que lo descubrió tocando en las calles de Nueva Orleáns.
La fama y el dinero acompañaron a Louis durante toda su vida. Canto al lado de todas las figuras importantes de su época. Fue acompañado por todas las mejores orquestas; recorrió Europa y muchos países del mundo realizando presentaciones. Cuando ya no pudo tocar la trompeta por cuestiones de la edad, triunfó como crooner, logrando éxitos memorables como Hello Dolly, C’est si bon, Cabarte, La Vida en Rosa y varias más. En 1964, cuando los Beatles se apropiaron del Hit Parde nortemericano y nadie parecía poder desbancarlos, Louis Armstrong colocó su tema Hello Dolly en primer lugar y permaneció ahí durante varias semanas, poniendo a Los Beatles en los siguientes sitios.
Falleció a los 71 años, pero 17 años después de su muerte el tema “What a Wonderfoul World”, logró llegar al primer sitio de popularidad gracias a su inclusión dentro de una película. Y el éxito del álbum “Classics” de Kenny G, salido a la venta hace un par de años, se debe en gran parte a que incluye este mismo tema, en la voz original de Louis Armstrong, aunque con el acompañamiento de este afamado saxofonista.
¿Sabe usted cual es la diferencia más notoria entre un dromedario y un camello?
Muy sencillo, el dromedario tiene una sola joroba y el camello tiene dos, pero patas más cortas. El dromedario es más alto que el camello y ambos son utilizados prácticamente para lo mismo.
Estos animales han sido domesticados desde hace más de 3 000 años, siendo empleados como medio de carga y transporte. Aunque también se aprovecha su lana y su leche.
La gestación de un dromedario o camello es de 12 a 13 meses, tienen una sola cría por vez y viven entre 30 y 40 años.
Para los habitantes del desierto, el camello es el más importante de sus animales. Es muy resistente a las altas temperaturas. No se deshidrata con facilidad. Puede resistir hasta 3 semanas caminando por el desierto y sin beber. Durante ese tiempo va consumiendo las reservas de grasa de su joroba, que no está llena de agua como muchos piensan. Cuando consumen la grasa acumulada, ésta se desinfla y cuelga a uno de sus costados. Más cuando vuelven a comer se infla y recupera su posición original. En cuanto al agua al llegar a un oasis son capaces de almacenar en su estómago más de 100 litros de agua.
Durante siglos fue el único medio de transporte en el desierto. Enormes caravanas de camellos cargados de mercancías preciosas, recorrieron las rutas desérticas, como la transahariana de alrededor de 4000 kilómetros. Aunque ahora han sido suplantados por los automóviles. Pero aún así el camello continúa siendo un animal muy valioso en Asia y el norte de Africa. Los habitantes del desierto aprovechaban su carne y la leche de las camellas. Con su pelo se confeccionan prendas de abrigo. Incluso las boñigas se aprovechan, ya que una vez secas sirven para alimentar el fuego. Y hasta los orines de estos animales son útiles, ya que las mujeres del desierto se lavan el pelo con ellos para lucir una hermosa y brillante cabellera
Tanto camellos como dromedarios son animales herbívoros; los alimentan con hierba, trigo y avena, pero en el desierto comen lo que encuentren. Desde un arbusto espinoso hasta huesos, hojas secas, o la misma camisa de su dueño si se descuida.
Tienen músculos muy poderosos en sus piernas, lo cual les permite soportar pesadas cargas de hasta 450 kg, y llevarlas por muy largas distancias. Cuando un camello pone su pezuña en el suelo, se le ensancha evitando que se le hunda en la arena. Al caminar mueve ambas patas de un mismo lado de su cuerpo, después las del otro lado. Este modo de andar es semejante a los movimientos de un barco, por lo cual han dado en llamar al camello “barco del desierto”. Y es un barco poderoso, porque puede viajar hasta 100 km. En un solo día. Y tomemos en cuenta que hablamos de clima y circunstancias extremas.
Su cuerpo está cubierto de pelos y tiene la piel seca y gruesos callos aparecen en el pecho del camello y en las juntas de las rodillas. Estos parches de cuero ayudan a soportar el peso del animal cuando se arrodilla, descansa y se levanta. El color de los camellos va del marrón, y el crema, hasta casi negros.
Todos los camellos pierden su pelo en primavera, puede llegar a desprenderse de unos 2,5 kilos y estrenan nuevo traje en otoño. Y ese pelo ni crea que se tira, es muy solicitado en todo el mundo, para hacer chaquetas de alta calidad, prendas de vestir, pinceles para artistas y también para fabricar alfombras y tiendas de campaña.
Son animales que casi no transpiran, evitando la pérdida innecesaria de agua, cosa que ningún otro animal puede hacer. La temperatura de un camello es por regla general más baja que la de la temperatura ambiental y cuando descansan lo hacen unos junto a otros presionando sus cuerpos para evitar en exceso de calor.
Además de todo lo anterior, tienen un oído muy agudo. Sus orejas están cubiertas con pelos para frenar la arena y el polvo. Y sus grandes ojos tienen doble fila de grandes y largas pestañas con esta misma finalidad.
Uno de los deportes tradicionales de los beduinos en el desierto es la carrera con camellos, en la cual participan miles de competidores. Y ha llegado a tanto la afición que ya hasta se realizan en las pistas del hipódromo.
También se comen la carne del camello y las pieles son un magnífico negocio, porque son utilizadas para zapatos de calidad y accesorios de moda en Europa y muchas otras partes del mundo.
Los más raros ejemplares que existen, aunque no se sabe por cuanto tiempo más, porque están en vías de extinción; son los que habitan en las dunas de Kum Tagh, en China y en el desierto de Gobi, en Mongolia. Estos camellos, un poco diferentes de los dromedarios y camellos conocidos, son mucho más resistentes y tienen la pecularidad de beber agua salada sin que les dañe su organismo. Lo cual tiene locos a los científicos, quienes quieren a toda costa saber de que forma el hígado, riñones y pulmones de estos animales salvajes procesan el agua salada sin que se les dañe su organismo.