miércoles, 25 de febrero de 2009

LOS INDIOS TABAJARAS

Atenor y Natalicio, dos jovencitos indígenas, caminaban un día por la selva cuando descubrieron un extraño objeto abandonado cerca de un árbol. Pensaron que era una desconocida arma de guerra, más luego desecharon la idea y terminaron llevando consigo aquella cosa rara a su casa. El misterioso objeto permaneció colgado durante un buen tiempo del techo de su jacal, sin que le encontraran utilidad alguna. Era un objeto bonito que valía la pena conservar.
Cierto día la tribu vio interrumpida su habitual monotonía ante la presencia de un ejército de extraños. Un grupo de hombres blancos, totalmente diferentes a ellos y con armas desconocidas, se acercaron a su comunidad. Se sintieron inicialmente amenazados, más luego se dieron cuenta que aquél destacamento de soldados no tenían intenciones agresivas, por lo cual los aceptaron en la comunidad e incluso se volvieron sus amigos. Aquél fue el primer contacto que estos indígenas brasileños tuvieron con el mundo exterior.
Atenor tuvo de pronto una luminosa idea y corrió a su casa para traer el extraño objeto que habían encontrado en el bosque; quizás ellos podrían despejarles sus dudas al respecto. Y en efecto los soldados lo conocían muy bien, dijeron que era una guitarra, e incluso uno de ellos, la tomó en sus manos y tocó para ellos una buena cantidad de melodías y canciones, que hechizó a todos los indígenas.
Atenor y Natalicio se dieron cuenta que tenían un tesoro en sus manos, y que debían de aprovecharlo a como diera lugar, así que tomaron las primeras lecciones de guitarra de aquél improvisado maestro que había llegado hasta ellos.
Seis meses después el ejército se retiró de la zona, y Atenor y Natalicio decidieron irse con ellos, para no perder a su maestro de guitarra. Su familia no se quiso quedar atrás y también se agregaron al grupo.
Jamás imaginaron Atenor y Natalicio que su decisión les cambiaría drásticamente la vida.
Aquella familia indígena que acompañaba al ejército descubrió asombrada que existían cosas jamás imaginadas. Cierto día llegaron a una extensión inmensa de agua llamada “mar”. ¿La crearon los soldados o la hizo Dios?” se preguntó Atenor. El asombro aumentó cuando llegaron a la primer población. Era de noche, y maravillados se dieron cuenta que los blancos sabían atrapar estrellas, ya que todos tenían una en su casa. Por supuesto que los soldados jamás terminaban de reírse ante la inocencia sus ignorantes amigos. Resultando muy difícil el explicarles cosas tan simples como la luz eléctrica.
Cuando el ejército llegó a su cuartel, la familia indígena tuvo que seguir la aventura por su cuenta. Los mayores trabajaban realizando aquí y allá algunas pequeñas labores para sobrevivir, pero llegó el día en que no hubo nada que comer, ni trabajo por realizar para conseguir dinero, así que a pesar del llanto de Atenor y Natalicio, la guitarra fue cambiada por cuatro kilos de frijoles.
Se unieron luego a una caravana que iba rumbo al sur, en búsqueda de una ciudad maravillosa llamada Río de Janeiro y además prometían que después de ahí había otro lugar hermosísimo llamado Sao Paulo. Así que llenos de alegría y hambre prosiguieron su aventura, llegando días después a un lugar llamado Río Grande do Norte, donde se toparon con un grupo de guitarristas callejeros, que llamaron tanto la atención de Atenor y Natalicio que permanecieron por horas escuchándolos. Su padre se dio cuenta que debía conseguirle a sus muchachos una guitarra a como diera lugar, así que con los primeros centavos que logró conseguir, en lugar de comprar frijoles, adquirió una destartalada guitarra para que la felicidad volviera de nuevo a sus hijos.
Sabiendo que con una guitarra se podía ganar dinero, Atenor y Natalicio se pusieron a tocar en las calles y la estrategia dio resultado. La gente les daba dinero más por lástima que por admiración./// Cuando llegaron a Rio de Janeiro ya eran poseedores de dos guitarra y su repertorio incluía varias canciones tradicionales brasileñas que habían aprendido por el camino, y hasta habían mejorado un poco su forma de tocar. Así que comenzaron a actuar en bares de mala muerte, carpas y ferias de barrio en los alrededores de Río.
Cierto día encontraron entre sus cosas sus atuendos indígenas que hacía tiempo habían olvidado, y decidieron ponérselos y actuar con ellos. Esto acrecentó su fama. Eran malos músicos, pero eran raros y muy simpáticos, así que valía la pena verlos. Con el tiempo tocaron en mejores lugares, incluso se llegó a escribir de ellos en los periódicos y fueron invitados a participar en algunos programas de radio. Por supuesto que sin saber ni como habían comenzado a tocar un poco mejor.
Quizás no hubieran pasado de ahí, salvo que en cierta ocasión un maestro de ceremonias los presentó como “indios ignorantes de la música pero con una técnica maravillosa”. Aquello los molestó tanto, que se decidieron a aprender profesionalmente la guitarra, costara lo que les costara. Y con este hecho surgió el más grande milagro que pudieran esperar de la vida.
Todos los que han intentado ser profesionales de la guitarra saben el precio que se tiene que pagar por semejante atrevimiento. Muchos quedan en el camino y se conforman con ser buenos y nada más. Este no fue el caso de Atenor y Natalicio. Se destrozaban los dedos día a día intentando llegar al más alto nivel. Su única distracción ajena era ir al cine, algo que siempre los había hechizado. Fue así como un día, en una película sobre la vida de Chopin conocieron la música clásica. Y al día siguiente fueron y compraron un disco e intentaron imitar las piezas de Chopin con la guitarra. De igual manera que los loros aprenden a hablar. Se dieron cuenta que era necesario modificar la guitarra, así que mandaron construir una especial con 26 trastes, ya que las ordinarias solo tienen 19, y colocar una cuerda más gruesa de lo usual para dar los bajos. Con las dos guitarras adaptadas lograron dar juntos la totalidad de las notas que tiene un piano.
En 1957 alguien los descubrió y los llevó a Estados Unidos para grabar un disco de canciones populares, aparecieron en varios programas de TV e incluso trabajaron en algunos centros nocturnos, más luego la suerte los abandonó y tuvieron que regresar a Brasil sin haber logrado prácticamente nada. En Norteamérica su disco fue descontinuado ante las escasas ventas y pronto pasaron al olvido.
En 1963, un programador de radio, en Nueva York, descubrió el disco arrumbado, y se le ocurrió incluir uno de los temas en su programa. De inmediato comenzaron las llamadas y pronto la canción se convirtió en un auténtico éxito.
Atenor y Natalicio fueron traídos de inmediato del Brasil y esta vez el triunfo no les fue negado. De inmediato adquirieron contratos en todo Estados Unidos, Canadá, Europa y hasta Japón. Continuaron grabando discos, de los cuales vendieron varios millones, siendo uno de los más famosos el llamado “Casualmente clásicos”, donde abordan la música de los grandes maestros. Y hoy en día todo mundo conoce a Los Indios Tabajaras.

lunes, 9 de febrero de 2009

EL TEATRO DEGOLLADO DE GUADALAJARA

Pasada la primera década de 1800 surgió entre la sociedad tapatía la inquietud por construir un teatro digno de la ciudad de Guadalajara. Se hicieron varios intentos, surgieron diversas iniciativas, más todo desembocaba siempre en el fracaso debido a la carencia de fondos suficientes y los diversos problemas sociales que brotaron en aquellos años.
Fue hasta el año de 1855 cuando Antonio Pérez Verdía motivó al gobernador Santos Degollado para que se construyera ese teatro tan soñado, logrando que el gobernador firmara el decreto y autorizara su construcción el 12 de diciembre de 1855, procediendo luego a lanzar la convocatoria para que los arquitectos de la ciudad presentaran en el término de un mes, un plano para su realización, otorgando al que resultara ganador un premio de cien pesos. Más el único que presentó su plan fue el arquitecto Jacobo Gálvez.
La verdad es que ni falta que hicieron otras propuestas. El plano diseñado por Gálvez era realmente único, cubriendo a la perfección con las expectativas del gobernador y la sociedad jalisience.
¿Pero quien era Jacobo Gálvez? Nació en Guadalajara el año de 1821. Desde pequeño le gustó mucho el dibujo, la geometría, la escultura y la pintura. Posteriormente tuvo la oportunidad de estudiar todo ello obteniendo el título profesional en pintura y arquitectura en Bellas Artes de San Carlos y de Minas.
Su desarrollo profesional no estuvo carente de obstáculos, incluso se sabe que trabajó como dependiente de una mercería al dificultársele el desarrollo de su profesión, hasta que el profesor José Castro lo motivó a dejar la mercería y dedicarse por completo a su profesión.
En su oficio como pintor, realizaba miniaturas y retratos, efectuando posteriormente un viaje de estudios a Europa, donde tuvo la oportunidad de entrar en contacto con magníficas obras arquitectónicas, muchas de las cuales se dio a la tarea de dibujar, para traerlas consigo.
Incluyó dentro de su equipaje, cuando regresó a Guadalajara la primera cámara oscura para fijar imágenes llamada Daguerrotipo, con lo cual se convirtió en el “Padre de la fotografía” en la ciudad de Guadalajara.
Construyo también los Mausoleos para la familia Cuervo en el panteón de Belén. Realizó retratos al óleo de los obispos Pedro Espinosa e Ignacio Mateo Guerra, que se conservan en la catedral, y una gran pintura del Santo Cristo en la Capilla de la Fábrica Textil de Atemajac.
Más nada comparable a la majestuosidad del Teatro Degollado. Originalmente se pensó en construirlo en los terrenos de lo que hoy es el Mercado Corona, más al final se decidieron por edificarlo en el patio que estaba dentro de la plaza de San Agustín, que era algo así como un Parián. Una plazoleta donde se reunían personas de poblaciones vecinas para efectuar un tianguis cada cinco días, donde se comercializaban animales, verduras y artículos de manufacturación casera. Y como no había dinero suficiente, el Ayuntamiento vendió los Portales y algunos terrenos, comercios y ejidos urbanos para solventar los gastos.
El 5 de marzo de 1856 se coloca la primera piedra, y el 30 de abril, Jacobo Gálvez firma el contrato con el Ayuntamiento de Guadalajara para hacer todos los proyectos, desarrollar los planos y realizar la ejecución del teatro. Se acordó pagarle por la obra diez mil pesos, abonándole sesenta pesos mensuales, durante el tiempo que la obra estuviera en construcción, y el resto, en el momento en que la obra se concluyera.
Los primeros dos meses la obra avanzó a muy buen ritmo, pero los movimientos políticos hicieron que el poder cayera en manos de los conservadores, y el proyecto del teatro quedó en el abandono. Hasta el año de 1859, en que el gobernador Leonardo Márquez, decidió continuarla, en vista de que lo ya construído se estaba deteriorando.
Llamó de nuevo al arquitecto Gálvez, ofreciéndole toda clase de garantías, y éste decidió volver como responsable de la obra, confiando en el total apoyo del gobernador.
Los trabajos se reanudaron con bastante intensidad, más luego, por la falta de presupuesto, la construcción se tornó pesada como una historia sin fin. En abril de 1859 llega el general Adrian Woll, quien fungió como gobernador. Mandó suspender la obra y se apoderó de los fondos que le estaban destinados.
Fueron demasiados los problemas que enfrentó nuestro amado teatro para llegar a su conclusión. Los continuos movimientos políticos pararon la obra en diversas ocasiones, y por supuesto que la falta de recursos fue otra enorme dificultad para su edificación.
El 13 de septiembre de 1866, aún sin terminarlo por completo, se realiza la inaguración del Degollado con la presentación de la Compañía de Ópera Italiana de Annibale Bianchi, cuya primera figura era Angela Peralta, apodada “El ruiseñor Mexicano”
Originalmente el Teatro fue llamado Alarcón en honor del dramaturgo mexicano Don Juan Ruiz de Alarcón, aunque posteriormente se cambió de nombre a la muerte de su promotor, el Gobernador Santos Degollado. Esto sucedió en 1861, aunque en 1864, se suspendió su construcción, a la llegada de los franceses, y de nuevo se le cambia el nombre al teatro por el de Alarcón, siendo hasta 1866, cuando se toma de nuevo el gobierno de la ciudad, que nuestro amado recinto de las artes recobra el nombre de Degollado, tal y como se le conoce hasta el día de hoy.
Fue aproximadamente por 1880 cuando se dieron los últimos toques al teatro, se colocó la famosa águila en el centro del arco del escenario, se doraron las molduras y Felipe Castro pinto los murales del “Tiempo y las horas” y “Las Famas”.
El arquitecto Ignacio Díaz Morales colocó un verso del himno de Maitines en la fachada principal que dice "QUE NUNCA LLEGUE EL RUMOR DE LA DISCORDIA".
El 30 de abril de 1909 se incendian los portales que estaban alrededor del Degollado, más por fortuna esto no afectó al teatro, ya que existía un pasillo sin construír entre el teatro y los portales. Al contrario, terminó esta situación por favorecerlo, ya que fue luego se retiraron los escombros y se dejó libre el espacio para que luciera en Teatro en toda su plenitud.
El Teatro Degollado tuvo cinco inaguraciones: la primera el 13 de septiembre de 1866, la segunda el 30 de octubre de 1880, la tercera el 15 de septiembre de 1910, la cuarta el 28 de junio de 1941 y la quinta el 8 de septiembre de 1964.
Algunas anécdotas curiosas que puedo contarle sobre este teatro, es que el arquitecto Jacobo Galvez demandó al Ayuntamiento por falta de pagos y... ¡perdió la demanda!, ya que no le fue posible comprobar el convenio al que había llegado inicialmente por haber extraviado los papeles. Aún así, continuó con la obra.
El telón original, que costó $ 800 pesos y las decoraciones, fueron obra del notable pintor y escenógrafo italiano Carlos Fontana. Por desgracia un lamentable incendio acabó con esta belleza.
En 1966 fue celebrado su primer centenario, con la presentación del tenor Plácido Domingo.
Y para terminar, permítame contarle un detalle demasiado curioso:
Hace un par de años se inició un proceso de restauración de los interiores en el Teatro Degollado, y el restaurador, Alberto Rodríguez, y su equipo, se dieron a la tarea de quitar gruesas capas de pintura que había sobre columnas, capiteles y cornisas del recinto, descubriendo con gran asombro que estas estaban originalmente recubiertas por láminas de oro de 23 kilates.
El restaurador manifestó que probablemente hace muchos años el oro fue cubierto por error, ya que el personal de mantenimiento, totalmente ignorante de la situación, consideró que echándole manos de pintura se vería más bonito, con lo que fue quedando sepultado el oro.
Se considera que el trabajo realizado con este laminado de oro tiene un valor de varios millones de dólares. Y se espera que continúe en su sitio como herencia para las futuras generaciones.
Así que ya lo sabe usted. Tenemos en Guadalajara un teatro de auténtico lujo. Un escenario de las Bellas Artes que vale Oro.

martes, 3 de febrero de 2009

LOS ZURDOS

Dice el libro del Apocalipsis que el día del juicio final, los benditos serán colocados a la derecha del Padre y los malditos a la izquierda. Tal vez por ello es que en los tiempos de la Edad Media a los zurdos se les consideraba sirvientes del demonio y las mujeres zurdas eran tildadas de brujas. Más de una mujer fue quemada viva por usar la mano izquierda. En tiempos de la inquisición, la mujer acusada de brujería, si era zurda, ni se pensaban dos veces para mandarla a la hoguera. Y para muestra ahí tienen el caso de Juana de Arco. Era zurda y además decía que escuchaba voces y cosas por el estilo, así que hubo argumentos más que suficientes para quemarla. Aunque como usted ya lo sabe, luego se arrepintieron y hasta la convirtieron en Santa.
Por una extraña razón los zurdos fueron víctimas de muchos atropellos en la antigüedad, y aún hasta fechas recientes; porque seguramente usted recordará como los maestros les pegaban a los niños zurdos con l regla, para que usaran la derecha al escribir, o incluso se las amarraban para corregirles esta supuesta anomalía.
En el Islam, lo que provenga de la mano izquierda se considera impuro. En Japón las mujeres zurdas tenían que ocultar su situación porque ningún hombre respetable se casaría con ellas sabiendo su anomalía.
Quién sabe porqué lo derecho se consideraba correcto y lo izquierdo malo o torcido. Pitágoras recomendaba entrar a los lugares sagrados, “siempre por el lado derecho”, decía que era disoluto entrar por el lado izquierdo. Y Aristóteles afirmaba que “lo bueno está a la derecha y lo malo a la izquierda”.
Pero no pasa todo esto de ser creencias infundadas y supersticiones. Escuche usted los nombres de algunos personajes que han sido zurdos. Los presidentes de Estados Unidos: Harry Truman (el que lanzó las bombas atómicas en Japón, Gerald Ford, Ronal Regan, Gerge Bush padre y Hill Clinton, entre otros.
Además ha habido todo tipo de personajes: Desde el faraón egipcio Ramsés II, hasta los césares romanos Tiberio y Julio César. Además del conquistador macedonio Alejandro Magno, el afamado Napoleón Bonaparte, Leonardo Da Vinci, Albert Einstein, Miguel Angel, Henry Ford, Fidel Castro, Pablo Picasso, Alberto Durero, Sergio Rachamaninoff, Mauricio Ravel, Marylin Monroe, Marcel Marceau. O gente muy popular, como Jimmy Hendrix, Paul McCartney, Cole Porter, Tom Cruise, Paul Simon, Judy Garland, Kart Cobain, Paul Simon, Seal Cary Grant, Ryan O Neal, Robert De Niro, Steve Moqueen, Silvestre Stallone, Rock Hudson, Charles Chaplin, Rex Harrison, Whoopie Goldberg…
E incluso futbolistas como Maradona, Romario y el mismísimo Pelé. Buenos y malos, héroes y villanos, de todo tipo de zurdos han abundado en la viña del Señor. Según el decir de los expertos, lo que determina ser diestro o zurdo es nuestro cerebro. Como ya es conocido, el cerebro está dividido en dos hemisferios: el derecho que controla la mano izquierda y el izquierdo que controla la mano derecha. Los dos hemisferios se dividen el control de las funciones del cuerpo.
Ahora se sabe que una persona es diestra o zurda desde el momento mismo de su nacimiento. Y según las estadísticas, cuando el padre es zurdo, su hijo tiene alrededor de un 10 % de posibilidades de serlo, mientras que si su madre es zurda aumentan las posibilidades hasta un 20 %, y si ambos padres son zurdos, los hijos tienen un 50 % de posibilidades de serlo.
Pero aparte de la herencia genética, también existen otros factores:
La abundancia de una hormona llamada testosterona, que suele ser mucho mayor en los hombres que en las mujeres, y que provoca que los varones tengan más posibilidades de ser zurdos.
Cuando siendo feto hay un mayor riego sanguíneo en el hemisferio derecho, puede determinar que el bebé utilice la mano izquierda preferentemente.
A un niño zurdo jamás se le debe forzar a que utilice con predominio la mano derecha, esto le provocaría una enorme confusión cerebral y un gran problema en su educación. Al niño zurdo se le debe aceptar tal y como es haciéndole ver que su condición es algo común y no representa problema de ningún tipo.
Está demostrado que los zurdos poseen mayor habilidad con la mano derecha que los diestros con la izquierda. Y esto se debe precisamente por vivir en un mundo de diestros.

SOR JUANA INES DE LA CRUZ

Juana Inés nació en un pueblito del estado de México llamado Nepantla, un 12 de noviembre de 1648. Cuando tenía tres años de edad, acompañaba a su hermana mayor a tomar clases. Desde el primer momento en que la pequeña Juana estuvo en contacto con el conocimiento, ella deseó con todo su corazón adquirir ese poder; más tan solo era una pequeñita con una edad inapropiada para recibir enseñanza.
Los padres de Juana Inés le pagaban a aquella maestra para que le enseñara a su hermana mayor, así que la niña le dijo a la maestra, que su madre ordenaba que a ella también se le dieran clases, cosa que por supuesto no era cierta, más la maestra obedeció y comenzó a enseñar a leer y escribir a la pequeña Juana Inés, sin que hubiese cumplido aún la edad apropiada para ello.
La niña aprendió con rapidez desarrollando a partir de entonces una enorme afición por el estudio. Dos o tres años después, Juana fue enviada a casa de su abuelo en Panoava. Era un pueblo indígena, y la niña seguramente era muy agradable y simpática, porque se ganó con facilidad el afecto de los indios y los pobres, de los cuales aprendió sin mayor problema el idioma náhuatl. Cuando no dedicaba su tiempo a platicar con los indígenas corría por el campo o jugaba con los animales. Hasta que descubrió los libros del abuelo. A partir de ese momento pasaba horas y horas disfrutando de la lectura, pero aquello no fue en lo absoluto del agrado del anciano. No logró jamás entender el porqué su pequeña nieta prefería pasar la mayor parte del tiempo enfrascada en la lectura; mientras otros niños jugaban prácticamente todo el día sin poner atención en nada que no fuera divertirse. La regañaron y castigaron, pero, aunque era una niña buena y noble, jamás entendió razón.
A los 12 años llegó a la capital, a casa de unos parientes de su madre. Como se dieron cuenta del interés desmedido de Juana Inés por el estudio, la mandaron a estudiar latín. Le bastaron tan solo 20 lecciones para aprender la lengua, lo cual le permitió leer una buena cantidad de libros de ciencia y filosofía que se encontró por ahí.
Era tal la pasión de Juana Inés por aprender que dicen que se fijaba un límite de tiempo para aprender algo, y si no lo lograba se iba recortando el pelo, pues no le parecía, según sus palabras, que “… estuviera vestida de cabellos, una cabeza que estaba tan desnuda de conocimiento…”
Su esfuerzo por adquirir el conocimiento pronto le ganó la admiración y el respeto de quienes la rodeaban. Fue así como cuando tenía trece años. Juana Inés fue llamada a la corte virreinal para servir como dama de la virreina doña Leonor Carreto, Marquesa de Mancera, quien era una dama muy culta y sentía un gran amor por las letras. El ambiente de la corte influyó definitivamente en la formación de Juana Inés, pues los virreyes la apoyaron y protegieron de manera decidida.
Un buen día, el virrey don Sebastián de Toledo, admirado ante la variedad de conocimientos que la joven demostraba, dispuso que fuera examinada en público ante cuarenta sabios. En aquella ocasión fue tal el despliegue tan admirable de conocimientos realizado por Juana Inés, que los sabios quedaron mudos de asombro, incrementando con ello la admiración y respeto que se le profesaba.
Más eran tiempos muy difíciles para las mujeres, su papel en la sociedad era muy limitado, lo cual las incapacitaba para seguir alguna carrera profesional; fue por ello que Juana Inés tomó una importante decisión: en lugar contraer matrimonio, tal y como era el camino tradicional de las mujeres de su época, eligió ingresar al convento de San José de las Carmelitas Descalzas, ya que era la única opción válida que tenían las mujeres para dedicarse al estudio. Más la disciplina era tan rígida, que a tan solo tres meses de su ingreso, se vio forzada a abandonar el convento por los estragos que todo ello ocasionaba en su salud.
Volvió de nuevo al Palacio donde permaneció por año y medio, después regresó a la vida religiosa, ésta vez en el convento de San Jerónimo, donde tomó los votos definitivos el 24 de febrero de 1669, convirtiéndose en Sor Juana Inés de la Cruz.
Sor Juana Inés fue una monja devota y rigurosa con sus obligaciones, sin embargo, el estudio de la ciencia y las letras fueron siempre para ella “su mayor delicia”. Esto le trajo constantes regaños por parte de su confesor, quien pensaba que esto no era correcto para una monja. Para su fortuna, en el convento fue encargada de atender la biblioteca y la contaduría.
En 1674, el virrey marqués de Mancera y su esposa regresaron a España. El 8 de mayo de 1680 se designa nuevo virrey, el marqués de Laguna. Él y su esposa, María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, conocieron a Juana Inés y fue tanta su admiración por la religiosa, que la apoyaron y protegieron, propiciando que durante ese tiempo Sor Juana produjera la mayor parte de su obra.
Logró una posición tan respetable, que en dos ocasiones fue nominada como priora del convento, más ella, que amaba más las letras que la autoridad, rechazó sin titubear la propuesta.
Gracias a la protección de los virreyes, sus poemas fueron bien recibidos para los festejos y ceremonia oficiales, lo que le trajo beneficios económicos, influencia y prestigio. Pronto su fama se extendió por toda España y América del Sur.
El convento se convirtió, gracias a ella, en un salón donde se hablaba toda clase de asuntos: literarios, teológicos y filosóficos. Sor Juana poseía una gran cantidad de libros, se dice que tenía 4,000 volúmenes; además, poseía instrumentos científicos y musicales. Su celda era una especie de apartamento con varias piezas espaciosas, de altos techos, en donde cómodamente podía dedicarse a la lectura y el estudio.
Sor Juana Inés fue tan creativa e inteligente que escribió numerosas obras musicales, realizó experimentos científicos, escribió cinco obras para teatro, más de doscientas poesías y prosa. Gran parte de su obra fue creada por encargo para ocasiones especiales. Por desgracia muchas de sus creaciones se perdieron. Dentro de las obras de prosa está la llamada Carta Atenagórica, donde analiza un sermón del jesuita Antonio Vieira, señalando de una forma muy sutil los errores teológicos de dicho sermón.
Cuando este trabajo llegó a manos del arzobispo de México fue tan grande su enojo que le exigió a Sor Juana sumisión y renuncia a sus intereses intelectuales. En respuesta, Sor Juana defiende su gusto por el conocimiento y también su posición de mujer, manifestando que no se arrepiente de lo que es ni de lo que ha sido.
Las presiones de sus superiores no se hicieron esperar orillando a Sor Juana Inés de la Cruz a vender todo cuanto poseía, incluyendo libros e instrumentos musicales y donando lo obtenido a los pobres. La crítica y reprimenda le afectó tanto que a partir de ese momento renunció a todo y se consagró por completo a la vida religiosa.
Antes de estos lamentables hechos, sus habitaciones eran su cielo, su más preciado paraíso. Más cuando todo fue vendido, las paredes desnudas le lastimaban, le parecían frías y molestas y por ello procuraba mantenerse alejada de sus habitaciones.
Un año más tarde, en 1695, apareció una epidemia de peste en la ciudad de México, y ésta se coló por las puertas del convento. Volcó Sor Juana toda su dedicación al cuidado de sus hermanas enfermas. Aunque todo era inútil, en aquél momento no había tratamiento eficaz contra ese mal. Y ella se contagió. Murió el 17 de abril de 1695.
Tras su muerte se reconoció ampliamente su grandeza. Se le llamó “La Décima musa”, “El Fénix de México”…
Fue Sor Juana Inés de la Cruz, la primera mujer que pugnó para que el papel de la mujer fuera tomado en cuenta.

lunes, 26 de enero de 2009

EL CAFE RARO O CACA-CAFE

Si usted es de los grandes amantes del café, seguramente ya tiene noticia del llamado “Caffe Raro”, producido por la marca italiana DeLonghi y que es considerado el más caro del mundo. Esta a la venta en el bar Peter Jones Jones, en un centro comercial de la ciudad de Londres, y cuesta 50 libras (unos 60€) la taza.
Por supuesto que una persona en su sano juicio jamás se gastaría semejante cantidad en una simple tasa de café, aunque un verdadero amante de esta aromática bebida, haría hasta lo imposible por disfrutar, aunque fueran tan solo unas cuantas gotas de este néctar de los dioses. Más estoy plenamente seguro que muchos no nos atreveríamos a probar esta exquisitez ni aún cuando nos sirvieran gratuitamente una tasa. ¿Por qué?
El Caffe Raro es una creación de David Cooper, mezclando las dos variedades más exclusivas del mundo, el Jamaican Blue Mopuntain y el Kopi Luwak. Los granos de ésta última variedad mencionada, proceden de Indonesia. Para que adquieran su sabor tan especial, deben ser ingeridos por el gato de Algalia, o civeta, el cual solo digiere la cáscara y defeca las semillas, mismas que se abren antes de ser desechadas y las enzimas del sistema digestivo del animal hacen que los granos adquieran su sabor “tan especial”.
Los trabajadores recogen los excrementos, separando cuidadosamente las semillas, mismas que posteriormente pasan a ser tostadas para luego molerse y ser enviadas al centro de empaque que las hará llegar a los sitios de distribución exclusivos de Europa.
¿Gusta usted una tasa de caca-fe?
En Youtube hay un video muy ilustrativo al respecto.
http://mx.youtube.com/watch?v=wCG31fSAr4M

lunes, 12 de enero de 2009

LOS NIÑOS DE LA CALLE

No hay un solo país en el mundo donde no haya niños y niñas viviendo en las calles. Se estima que en tan solo América Latina hay un aproximado de 40 millones de menores de edad viviendo como indigentes. Estamos hablando, para que se de una ligera idea, de una cantidad semejante a casi la mitad de ciudadanos que tiene México, por lo cual, si estos menores formaran un país, tendrían su propio gobierno, su asiento en las Naciones Unidas y préstamos del Banco Mundial. Pero como se encuentran dispersos en barrios bajos y basureros de todas las principales ciudades de nuestro continente, no tienen ni voz ni voto. Son simplemente un desecho más de las sociedades que los han producido. Una auténtica vergüenza.

viernes, 2 de enero de 2009

LA CHINA POBLANA

El año de 1621, el virrey de la Nueva España, marqués de Gélves expresó su deseo de tener a su servicio una joven chinita que fuese tan exótica como un papagayo en su jardín. Por ello, un mercader que trajinaba entre Acapulco y Manila, enterado de semejante capricho trajo en la Nao de China a una niña hindú de unos doce o catorce años. Sin embargo el mercader cambió de opinión y en lugar de entregársela al virrey la vendió como esclava al rico capitán Miguel de Sosa, que vivía en Puebla, y quien pagó diez veces más de lo que pretendía pagar el marqués.
La muchachita se llamaba Mirra y era una princesa de las remotas tierras del Gran Mogol en la India. Así que aunque todos le decían “china”, porque así se usaba entonces decirle a la servidumbre femenina y joven, Mirra no era china, sino de la India. En su tierra natal, cuando Mirra tenía diez años de edad, sus padres tuvieron que abandonar su ciudad y se fueron a vivir a un puerto cerca de los portugueses. Un día arribaron los piratas y la niña fue raptada y despojada de sus ricos vestidos y joyas y encerrada en una bodega. Así, de princesa pasó a ser esclava.
Al llegar a Cochín, un estado al sur de la India, evangelizado por Francisco Javier, Mirra logró escapar y refugiarse en una misión de padres jesuitas que la cristianizaron y bautizaron con el nombre de Catarina de San Juan. Años más tarde, regresaron los piratas al subcontinente indostánico y, al reconocerla, volvieron a capturarla y la vendieron en Manila como esclava donde la entregaron al mercader que la llevó a la Nueva España.
Don Miguel Sosa no había logrado tener hijos con su esposa y por ello compró a la chinita para adoptarla como hija, aunque siguió siendo esclava. Así, quedó en casa de los Sosa entre ahijada y sierva. Mirra era bellísima, aprendió con sus padres adoptivos a hablar el español, a cocinar y a hacer primorosas labores de aguja, pero se negó a aprender a leer y a escribir. Catarina se hizo muy popular por su belleza y manera muy peculiar de vestir, a la usanza hindú. Cuando salía a la calle siempre llevaba un manto que le cubría la cabeza y parte de la cara y doblándolo de mil formas distintas, como el sari de las mujeres en la India. Desde esta época, Mirra gozó de la piadosa estimación de buena parte de la sociedad poblana y contó con el apoyo de la prestigiada Compañía de Jesús así como con la de otros clérigos.
Don Miguel Sosa murió en diciembre de 1624 y en su testamento dio la libertad a Mirra quien se quedó, propiamente, en la calle. La recogió el clérigo Pedro Suárez y vivió en la pobreza haciendo vida ascética y siempre vestida con su indumentaria de saya, manto y toca. Desde ese momento, comenzó a revelarse una nueva faceta de la "china" Catarina, empezó a tener visiones místicas. Decía que jugaba al escondite con el niño Jesús, que veía a ángeles y a la Vírgen, que una escultura de Jesús Nazareno le hablaba largamente y que los demonios la acosaban. Si al principio la consideraban loca, con el tiempo fue respetada y hasta llegó a ser venerada. Cientos, miles de personas veían en Catarina a una profetisa y entre esos miles se contaban desde el obispo de Puebla hasta los sacristanes de la Compañía de Jesús, pasando por todos los jesuitas de la época.
Mirra vivió 82 años y murió el 5 de enero de 1688. La muchedumbre que fue a su velorio la besaban y arrancaba pedazos de su mortaja para conservarlos como reliquia. Tal fue la veneración que inspiró Mirra, que desde 1691 el tribunal de la Santa Inquisición tuvo que prohibir la reproducción de sus retratos para que no se le venerara como santa. El sepulcro de Catarina de San Juan se conserva en la sacristía de la iglesia de la Compañía de Jesús en Puebla bajo una lápida de azulejos.
Precisamente de esta niña hindú surgió el llamado traje de china poblana.