domingo, 10 de mayo de 2009

LOS COMETAS

La palabra cometa proviene del latín “Stella cometa”, o estrella con cabellera. Son cuerpos celestes que poseen una larga y luminosa cola que surge en los momentos en que orbitan cerca del Sol. Cuando un cometa se acerca al astro rey, la luz solar evapora, o sublima, el hielo que compone al cometa, porque es preciso saber que los cometas llevan consigo una enorme cantidad de diversos tipos de hielo, mezclado con rocas, polvo y materiales orgánicos.
Y decía que al acercarse el cometa al Sol, se descompone el hielo, provocándole una cola de brillante luminosidad. Mientras el cometa se va acercando al Sol, la cola queda detrás de él, pero al alejarse, la cola cambia hacia el lado opuesto, o sea que el núcleo del cometa se desplaza detrás de la cola, como si fuera hacia atrás.
El largo de esta brillante y hermosísima cola depende del tipo de órbita del cometa. A una órbita más larga corresponde una mayor longitud de cola, dándose el caso de algún cometa conocido cuya cola ha excedido los 320 millones de kilómetros de largo. Mientras que otros, tienen colas tan cortas que apenas pueden ser observadas a través de potentes telescopios. Conforme el cometa se va alejando del Sol, las colas comienzan a decrecer hasta que desaparecen por completo. Y también, conforme va pasando el tiempo van perdiendo su esplendor, porque se va quedando parte de su estructura regada por el espacio.
De los más de 2000 cometas conocidos, menos de la mitad tienen colas visibles a simple vista, y menos del diez por ciento son realmente llamativos.
Los cometas tienen órbitas elípticas y algunas de ellas son tan prolongadas que se dice que algunos de estos cuerpos celestes tardan en recorrerlas de 2 000 hasta 30 millones de años para completar el viaje alrededor del Sol, así que si de casualidad nos tocara ver a uno de estos cometas, sería un caso único en nuestra vida.
En enero de 2004, la nace Stardust de la NASA fue tras el cometa Wild 2, capturando miles de partículas de polvo de su cola. Dos años después, en enero de 2006, Stardust regresó a la tierra con su valioso tesoro, y de inmediato los científicos se dieron a la tarea de analizar las muestras. Hasta el momento no han llegado a ninguna conclusión en específico, solo teorías y más teorías.

DIOGENES EL FILOSOFO

El filósofo Diógenes nació en la ciudad de Sínope alrededor del año 412 a. de C. Era hijo del tesorero de la ciudad quien un día fue acusado de apropiarse de fondos públicos y luego encarcelado. Diógenes fue desterrado. Antes de la salir de la ciudad Diógenes gritó a la multitud que se agrupó para verlo partir: “Ellos me condenan a irme, yo los condeno a quedarse”:
Se fue a Esparta, después marchó hacia Corinto y terminó por ir hasta Atenas donde le pareció bueno ofrecerse como discípulo del filósofo Antístenes. Este maestro enseñaba a huir de la tentación de los placeres y lo inútil de las convenciones sociales. Cuando llegó Diógenes ante Antístenes, el maestro lo miró con desprecio negándose a recibirlo. Pero Diógenes se quedó ahí, callado y en actitud humilde. Antístenes volvió hacia él, le dijo palabras duras y le ordenó que se marchase. Más Diógenes no se movió de su sitio. Antístenes cogió entonces su bastó y comenzó a golpearlo, más Diógenes, sin proferir queja alguna, ni mostrar el más mínimo desaliento, se mantuvo firme en su postura. El sabio maestro, viendo su actitud persistente, sonrió y lo admitió como discípulo.
Diógenes fue un excelente alumno, el mejor de los discípulos de Antístenes. Con él aprendió la filosofía de los Cínicos, como se hacían llamar, una palabra que ha trascendido hasta nuestros días y que enseñaba el vivir de forma semejante a la de los animales para alcanzar la autosuficiencia y con ello la felicidad.
El nombre de Cínico proviene de la palabra griega Kynós, que significa “perro”, lo cual ejemplificaba la forma de vida que deberían llegar todos los adeptos del cinismo. Diógenes no perdió tiempo para vivir de una manera austera y despreocupada de las cosas del mundo. Se vestía con telas toscas, dormía en los pórticos de los templos y se comportaba como un auténtico desquiciado. Para protegerse de la lluvia, el frío y las inclemencias del tiempo, adoptó como vivienda un viejo barril abandonado. Comiendo siempre de lo que le daban algunas manos caritativas.
No tenía nada, porque nada necesitaba, incluso desechó un día el tasón que llevaba consigo, cuando vio a un jovenzuelo que tomaba el agua de una fuente con el cuenco de sus manos.
Diógenes era un tipo tan especial, que hacía sus necesidades fisiológicas en cualquier parte sin recato alguno, y para el escándalo de todo mundo hasta se masturbaba delante de la gente. Cuando se lo recriminaban argumentaba que si comer no es absurdo, tampoco era absurdo hacer ese tipo de cosas en una plaza pública.
Pronto se volvió sumamente popular. Sus discursos eran breves, pero sus palabras hirientes y mordaces. Se volvió acérrimo crítico de los letrados de la época quienes se sabían de memoria los sufrimientos de Odiseo, tal y como fueron relatados por Homero, pero ignoraban y despreciaban los sufrimientos de sus propios conciudadanos. Criticaba igualmente a los oradores que predicaban la verdad, pero no la practicaban.
Hay buena cantidad de anécdotas que le han hicieron famoso:
Aristipo un filósofo que vivía con comodidades a expensas de la corte ateniense, vio a Diógenes comiendo en la calle un plato de lentejas, y con aires de superioridad le dijo: “Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer lentejas”. Diógenes replicó: “Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.
Célebre es la historia de la ocasión que le vieron salir a la calle con una lámpara encendida a pleno día. Al preguntarle la razón de este acto, contestaba: “Busco un hombre honesto”. –La ciudad está llena de hombres- le dijeron. A lo que él respondió: “Busco a un hombre de verdad, uno que viva por si mismo”.
Cuando vió cierto día que unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: “Los grandes ladrones han apresado al pequeño”.
En otra ocasión le pidió limosna a un individuo de mal carácter. Éste le dijo: “Te daré una moneda, si logras convencerme de que lo haga”. Y Diógenes le dijo: “Si yo fuera capaz de persuadirte, te persuadiría para que te ahorcaras”
Cierto personaje lo invitó a su mansión, advirtiéndole que no fuera a escupir en cualquier parte. No bien se lo acababan de advertir, cuando Diógenes le lanzó un gran escupitajo e la cara del anfitrión, diciéndole enseguida que no había encontrado lugar más inmundo para arrojar su flema en toda la casa.
Un día Alejandro Magno se encontraba en Corintio recibiendo honores por haber conseguido el liderazgo de las fuerzas griegas para enfrentarse a los persas. En la reunión se encontraban grandes personalidades de Grecia y se asombró al no encontrar entre ellos a Diógenes, cuya fama había llegado hasta sus oídos, así que deseoso de conocerlo fue luego en su búsqueda, y lo encontró tomando el sol. Entonces se acercó y le dijo: “Soy Alejandro de Macedonia; dime en qué te puedo servir”. A lo cual Diógenes respondió: “Hazte a un lado, que me tapas el sol”. Alejandro se soprendió ante aquella reacción del filósofo, por lo cual dijo a sus amigos: “Si yo no fuera Alejandro, desearía ser Diógenes”.
Siendo ya un anciano, se embarcó rumbo a Egina, pero fue capturado por los piratas, quienes lo llevaron a Creta para ser vendido como esclavo. Se le preguntó que sabía hacer, y él respondió: “Sé gobernar a los hombres, por lo tanto véndeme a quien necesite un amo”. Esta respuesta fue escuchada por Xeníades, un acaudalado hombre de Corinto, quien impresionado, compró a Diógenes y le concedió la libertad. Luego le solicitó que sirviera de maestro de sus hijos. El filósofo demostró tanta sabiduría y fidelidad que Xeníades no se cansaba de decir que los dioses habían enviado un genio a su casa.
Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda. Lo cierto es que muchas de sus anécdotas y palabras han permanecido hasta nuestros días; y sobre todo fue el responsable de que hasta hoy en día se continúe aplicando la palabra cínico a determinadas personas.

martes, 5 de mayo de 2009

JOSEF MENGELE, EL ANGEL DE LA MUERTE

Josef, pese a ser el primogénito, no tenía el más mínimo interés en apoyar la floreciente industria de implementos agrícolas de su padre. Era la más importante de la región, y esto le había dado a la familia una gran posición dentro de la sociedad de Bavaria, en Alemania, pero Josef tenía otras intenciones.
El señor Karl, padre de Josef, pasaba largo tiempo en su laboratorio, inventando máquinas que permitieran automatizar todas las labores agrícolas. Esto sí le agradaba al primogénito. La investigación era algo que lo seducía, pero le aburría realizar otras labores en la empresa.
El padre de Josef era de duro carácter. Cuando llegaba a la fábrica lo hacía gritando; y su madre parecía estar hecha con el mismo molde. Era una devota católica, piadosa, aunque muy recta de carácter y de dura disciplina. Josef creció prácticamente sin cariño, y lo único que le interesaba era hacer algo muy grandioso que lo destacara en la vida.
Su familia era poderosa económicamente; en su fábrica laboraban 1200 personas, así que hubo los suficientes recursos para enviarlo, en 1930, a la universidad de Münich, ciudad que se convertiría en un centro de agitación política. Allí escuchó por primera vez a Hitler, con un discurso sobre la superioridad de la raza germana. Infinidad de estudiantes lo apoyaron de inmediato. Entre ellos estaba Josef Mengele. Se hablaba mucho de que el pueblo alemán jamás podría florecer, mientras los parásitos judíos, gitanos y otros indeseables lo estuvieran contaminando.
Se hablaba de la “herencia” y la “eugenia”, términos utilizados por la comunidad científica que apoyaba a Hitler. La eugenesia se convirtió en una palabra sagrada, un término creado por el primo de Charles Darwin, Francis Caultin, que literalmente significaba “buenos genes”. Los estudios realizados con animales, por este hombre, iban en el sentido de mejorar la raza. Y según él, esto podía aplicarse a la raza humana, para crear una mejor sociedad, con gente más exitosa: gente superior. Sin que Caultín se lo hubiera propuesto, preparó con sus ideas el campo para una de las más grandes tragedias de la humanidad.
En 1934, Josef Mengele, se unió al Partido Nazi, pero siguió sus estudios y recibió un doctorado en Filosofía, para luego aprobar los exámenes de ingreso a Medicina. Se trasladó a la Universidad de Frankfurt y comenzó a investigar en el Instituto de Herencia Biológica e Higiene Racial bajo la tutela del doctor Ottmar von Verschuer, ardiente nazi y especialista en la ciencia eugenésica, mediante la cual se crearía la raza superior.
Al concluir sus estudios de medicina, Josef Mengele, hizo el juramento de Hipócrates, Padre de la Medicina: "El régimen que adopto será para el bien de mis pacientes, y no para su perjuicio. No administraré drogas a ningún paciente ni entraré a casa alguna, sino para beneficio de los enfermos".
Mengele se hizo miembro del cuerpo de elite Waffen SS, una organización que exigía pureza racial en sus miembros, cónyuges y familiares hasta la cuarta generación. Cuando decidió casarse con Irenna, hubo un interrogante acerca de sus antepasados, porque uno de ellos fue hijo extramatrimonial y había dudas acerca de sus ancestros. Mengele debió redactar documentos afirmando que no existían rastros de impurezas raciales ni sangre judía, algo que sería un pecado imperdonable para un oficial nazi de su jerarquía.
Con el ataque de los nazis a Rusia, Mengele y su unidad fueron movilizados al frente; poco después fue herido en combate, lo cual luego le mereció condecoraciones: la Cruz de Hierro en Primer Grado, y luego la Cruz de Hierro en Segundo Grado, un honor al que muy pocos accedían. Cuando sus heridas sanaron fue declarado no apto para combate. Por ello se ofreció voluntariamente como médico de campamento: es decir, como médico en los campos de concentración.
¿Porqué le interesaba a alguien de su nivel, con sus altas decoraciones y deslumbrantes antecedentes ir a un sitio como Auschwitz?. Josef Mengele tenía en mente una de las más terroríficas ideas que lo llevarían a convertirse en “El Ángel de la Muerte”.
Los médicos del campamento se hacían cargo de los judíos que llegaban en los trenes, para ser confinados en aquél terrible campo de concentración.
Estos doctores tenían un poder terrorífico. Separaban a los prisioneros, enviando a unos a la cámara de gas, y a otros, que les parecían adecuados, los seleccionaban para sus experimentos.
Mengele estaba totalmente empeñado en encontrar la forma de crear una raza aria pura. Y la mejor forma de lograrlo, desde su punto de vista, era experimentar con aquellos pobres infelices.
Sentía predilección especial por los gemelos y los enanos, pensando que en ellos encontraría la respuesta para incrementar la raza aria. Por ello los sometía a torturantes experimentos. Se preguntaba si provocándole dolor a uno, el otro también lo sentía. Estaba dispuesto a entender en su totalidad el mundo de la genética. Pero también quería crear niños perfectos con ojos azules. Así que a sus pobres víctimas les inyectaba tintes en los ojos para ver si podía hacérselos de color, provocándoles ceguera y otros daños mayores. Mas esto no era problema que le quitara el sueño, porque todos sus fracasos terminaban siempre en la cámara de gas.
En la pared de su sala de experimentación exhibía muestras de ojos, desde el amarillo pálido hasta el azul claro. “Estaban clavados como mariposas...” dijo uno de los sobrevivientes.
Contó para sus maléficas prácticas con más de 200 gemelos de entre los 2 y 18 años. Y podía hacer lo que quisiera con ellos. Sus resultados los enviaba al Instituto Kaiser de Berlín, a su maestro Von Verschuer, quien trabajaba con el mismo propósito.
Mengele paseaba por el campo de concentración provocando el terror. La tensión invadía por igual a prisioneros, guardias y médicos. Era el rey absoluto del lugar. Siempre se presentaba con un uniforme impecable y sus botas de cuero perfectamente lustradas, muy elegante, como un caballero refinado. Más tras aquella pulcra apariencia se ocultaba una bestia terrorífica que actuaba de una forma totalmente impredecible. En cierta ocasión llevaron ante él a un jovencito prisionero que había robado un poco de carbón para calentarse. Mengele sacó su pistola y le disparó a ambas rodillas, luego lo tomó del cabello y la disparó a la cabeza. “Robar está prohibido, y ustedes deben respetar las reglas de este lugar”, dijo a todos los presentes, para luego salir caminando como si nada hubiera ocurrido.
Mengele era un excelente pianista (incluso existe una grabación suya, cantando y tocando), y solía seleccionar a las jovenes judías más hermosas para pasar con ellas noches de música y placer, entre bebidas y notas de piano, más al final, por la mañana, todas sus bellas acompañantes terminaban en la camara de gas.

La mente de Mengele operaba como la de un científico, concentrándose en sus estudios sin que intervinieran en él los más mínimos sentimientos. Su mente de científico parecía justificarlo todo. Les inyectaba de todo a sus víctimas: cloroformo, nafta, insecticidas... quería saber que pasaba. Algunas veces lo hacía directamente sobre el corazón de la gente, teniendo un promedio de 60 víctimas diarias. Una de sus acciones más monstruosas era el realizar vivisecciones, que es lo mismo que una autopsia, pero con la gente viva y sin ninguna anestesia. Le urgía saber cuales eran los límites de tolerancia que podía tener una persona al dolor.
El 26 de noviembre de 1944, Einrich Himmer, máximo jefe de la SS, telegrafió a todos los comandantes de Campo ordenando suspender las muertes. Estaban perdiendo la guerra y había que desmantelar los campamentos. Pero a Mengele le faltaba un poco más de diversión, así que escogió a 461 de los prisioneros recién llegados y los mandó directamente a la cámara de gas. Aquello sucedió mientras se escuchaban cada vez más cerca los cañones rusos que se acercaban a ellos. En cuanto se cometió su último crimen, Mengele tomó todos sus escritos e inició la huída.
Poco tiempo después fue detenido por una unidad norteamericana, pero era tanto el desbarajuste de la posguerra, que fue liberado mostrando una falsa identificación.
Mengele recogió todos sus papeles relacionados con los experimentos humanos. Permaneció un tiempo en Alemania con un nombre falso y luego salió de Europa al enterarse por sus contactos que varios de los líderes nazis habían huido rumbo a América para salvarse.
Se fijaron 3.4 millones de dólares de recompensa por su captura. Pero Mengele siempre supo escurrirse con documentación falsa, encubierto por muchos de sus simpatizantes. Así deambuló por diversos países sud americanos hasta llegar a Brasil. Vivía siempre lleno de miedo. Dormía en una pequeña habitación, con una pistola al alcance. En 1976 recibió la visita de su hijo, a quien le aseguró nunca haber hecho nada incorrecto, que solo seleccionaba a los prisioneros para encomendarles faenas. Por supuesto que su hijo le creyó.
Nunca pasó nada, nadie logró jamás dar con su paradero. En 1979 fue invitado a pasar un día en la playa, a 50 millas de Sao Paulo. Mengele se introdujo al mar, hasta que el agua alcanzó sus rodillas. En ese momento desapareció. Sufrió un ataque cardíaco, cayó al agua y se ahogó.
En 1985 sus perseguidores llegaron hasta su tumba y solicitaron la exhumación. Expertos forenses de estados Unidos, Alemania e Israel se encargaron de las investigaciones. Se enviaron muestras óseas a Inglaterra, donde existen bancos de datos para su comparación. Esa comparación se retrasó muchos años debido a que la ex esposa de Mengele, Irenna, y su hijo Rolf, se negaban a dar muestras de sangre. Frente a la fábrica Mengele, propiedad de los herederos, se armó una gran manifestación de los sobrevivientes del holocausto. Su grito era “Nosotros entregamos la sangre de millones en Aushwitz. ¡Cómo pueden negarse a dar una simple gota, para el estudio de la verdad.
Las autoridades alemanas presionaron a Rolf y su madre, y se obtuvieron las muestras requeridas. El examen de ADN confirmó que aquél hombre sepultado en Brasil era Josef Mengele. A pesar de todo ello, muchas de las víctimas o sus descendientes quedaron inconformes con la forma de su muerte. Sintieron que después de todas sus atrocidades, la muerte fue sumamente benévola con él. Hubieran preferido una muerte lenta y dolorosa, pero murió prácticamente como cualquier anciano. Y nadie pudo cambiar en lo más mínimo el destino.

viernes, 1 de mayo de 2009

LA HISTORIA DE TONY

Para Tony Valle las cosas iban bien en la vida. Al menos parecían comenzar a componerse después de su fracaso matrimonial. Su trabajo como representante de ventas de una exitosa compañía establecida en Guadalajara, le habían permitido salir airosamente de cualquier problema económico, y aunque no vivía con grandes problemas en este sentido, había algo en su vida que le hacia sentirse vacío. Como nos sucede a tantos, quienes creemos que la vida es así… descolorida, desabrida, sin gran atractivo. Viviendo solamente por vivir.
Pero un día las cosas cambiaron, al estarse bañando, descubrió que se le había formado una pequeña bola en una pierna. La tocó, la presionó, pero no sintió nada. Le pareció un tanto extraño, pero no le prestó la mayor atención. Pasaron los días y la bola persistía, creciendo al parecer un poco cada día.
En el campo de juego, a donde acudía semanalmente para hacer algo de deporte, se encontró con Carlos, su amigo, el doctor; así que para disiparse las dudas, decidió mostrarle aquella anomalía, para de una vez por todas quitarse la inquietud que le venía provocando.
El doctor la miró, hizo un ligero reconocimiento y le pidió que fuera a su consultorio para hacer un reconocimiento en forma y determinar la causa que estaba provocando aquella anomalía. Tony esperaba una respuesta simple, quizás que le recetara unas pastillas y punto. Pero no fue así. Y el mundo se le vino encima cuando, una vez que se realizaron los correspondientes análisis, se descubrió que aquello era un tumor canceroso.
La noticia fue para Tony como una sentencia de muerte. Ninguno de nosotros sabemos lo que es recibir una noticia de esta índole, solo aquellos que han pasado por ese amargo trago saben lo que esto significa.
Después le extirparon el tumor, y vino el penoso tratamiento de la terrible quimioterapia. Al principio pareció sencillo, pero después de un par de semanas, no podía ni pasar la saliva y todo su cuerpo comenzó a manifestar los estragos que provoca el tratamiento. Pero lo más penoso de todo fue cuando una mañana, después del baño, al pasar el cepillo por su cabeza, los mechones de pelo quedaron enredados entre las cerdas, quedando tan solo un poco de su pelo aquí y allá, dejándole enormes lunares de calvice en su cabeza. Ese día no pudo reprimir la angustia y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero solo fue algo momentáneo; decidió que iba a enfrentarlo todo con entereza, así que cogió el rastrillo y se rasuró totalmente la cabeza y salió decidido a continuar la vida, aunque su alma estaba totalmente llena de pena.
Sus amigos, su familia… todos le mostraron su apoyo. Con palabras torpes y como Dios les dio a entender, le dijeron que estaban con él. Pero Tony, pese a todo ello siguió sintiendo que la lucha era únicamente de él y de nadie más y caía en momentos depresivos con bastante frecuencia sabiendo que estaba completamente solo para enfrentar su incierto destino.
Días después, cuando llegó a casa por la noche, se sorprendió al ver a su hijo, un adolescente de escasos 16 años, y quien siempre andaba super bien arreglado, como cualquier chico de moda; y quien aquél día, había mandado al traste su hermosa cabellera y ahora se mostraba totalmente rasurado de la cabeza, a imagen y semejanza de su padre.
Tony, sin entender bien lo que pasaba, le preguntó a su muchacho porqué había hecho semejante cosa. Y su hijo, con cierta timidez y palabras titubeantes le dijo: “Papá, lo hice porque quiero que sepas que yo también estoy contigo”
Tony salió adelante, los más recientes estudios señalan que no existe rastro alguno de cáncer en su organismo. Pero de toda esta terrible experiencia le quedó un enorme amor por la vida y el recuerdo de aquella escena donde descubrió el corazón solidario de su hijo.

lunes, 27 de abril de 2009

ORIGEN DEL CHICLE

El año de 1860, el General Antonio López de Santa Anna se hospedó en la casa de Thomas Adams. López de Santa Anna había sido expulsado de México debido a su polémico periodo de mandato al frente de nuestro gobierno, y fue así como llegó hasta Nueva York.
Como es común en este tipo de situaciones, el Sr. Adams y su invitado pasaron largo rato charlando sobre muy diversos temas de su interés, siendo en uno de esos momentos cuando Thomas Adams le comentó a López de Santa Anna su deseo de realizar algo realmente grande. Había desempeñado diversos oficios totalmente improductivos, entre ellos el de fotógrafo, más ahora Adams y su hijo se habían propuesto encontrar la fórmula para fabricar neumáticos a bajo costo.
Fue entonces cuando el ex mandatario mexicano le sugirió a su anfitrión que experimentara con el chicle para intentar sustituir el caucho. Hasta ese momento, el chicle era totalmente desconocido fuera de México. Se trataba de una goma natural extraída de un árbol llamado chico zapote, originario de la península de Yucatán (al sur de México), y desde tiempos inmemoriales había sido utilizado por los mayas y aztecas para limpiar sus dientes y soportar el hambre y la sed en sus faenas o recorridos.
A Thomas Adams le pareció una excelente idea y con el apoyo de Santa Anna, logró conseguir una tonelada de esta resina, misma que le fue enviada directamente desde México. Más la idea no prosperó. Lo intentaron una y otra vez y de muy diversas maneras, más siempre desembocaban en el fracaso.
A Thomas Adams le costaba mucho trabajo aceptar el fracaso. Aquella enorme cantidad de goma amontonada en un rincón de su casa le exigía una respuesta, más los caminos parecían haberse agotado y, aunque doliera tomar la decisión, parecía haber llegado el momento de tirar el proyecto y la goma a la basura.
Fue entonces cuando cierto día miró a una niña comprar una goma de mascar de parafina en una farmacia. Su rostro se iluminó de inmediato. Recordó que López de Santa Anna mascaba continuamente una bola de chicle y le comentó que los indígenas mexicanos lo hacían. ¿Acaso no sería mejor el chicle que la goma de parafina?.
De inmediato regresó a su casa y lleno de entusiasmo le comentó a su hijo la idea. ¡El chicle podía utilizarse como goma de mascar!. Así que de inmediato se dieron a la tarea de hacer bolitas de chicle y envolverlo en papel de seda de colores, para luego ofrecerlo como un novedoso producto al dueño de la farmacia de la esquina. El negocio creció y fructificó de tal manera, que Thomas Adams patentó en 1871 una máquina para manufacturar goma de mascar y poco después fundó su propia compañía, logrando con ello el negocio más grandioso que jamás haya imaginado.

lunes, 20 de abril de 2009

LA BICICLETA DE CASIUS CLAY

Cuando Cassius Clay (Muhammad Alí) tenía 12 años, acudió, en compañía de un amigo, al Columbia Auditorium, en Louisville a la celebración de un congreso. La verdad es que a ninguno de los dos jovencitos le interesaba en lo más mínimo el evento que se realizaba, el único interés que los movía era el comer hasta hartarse las palomitas y helados que ahí se obsequiaban a los asistentes. Cassius llevó su flamante bicicleta nueva de color rojo y negro, misma que dejó por ahí, debidamente estacionada en un lugar especial.
Tal y como lo habían planeado, comieron palomitas de maíz y helados hasta la saciedad, así que una vez totalmente satisfechos, decidieron regresar a casa. Más ¡Oh sorpresa!, la bicicleta de Cassius Clay había desaparecido. Lleno de coraje y frustración, fue al sótano del edificio del auditorio y habló con Joe Martin, quien además de ser policía, tenía un programa de boxeo en la televisión local. Exigió que de inmediato se localizara su bicicleta y amenazó con darle una buena golpiza al responsable del robo.
Era tanto el coraje y determinación de Cassius Clay, que Joe le preguntó si sabía pelear, a lo cual él contestó que no, pero que de todas formas le arrimaría una buena paliza el ladrón. Ante ello, Joe Martin lo invitó a incorporarse a su gimnasio para aprender de boxeo y él jovencito aceptó de buena gana. La bicicleta jamás fue recuperada, más ahí nació para el deporte el que se convertiría en el más afamado campeón de boxeo. Aclaro que no soy en lo absoluto partidario del box, pero hay que reconocer la entrega y logros obtenidos de Muhammad Ali.

jueves, 12 de marzo de 2009

LA ZONA DEL SILENCIO

En el vértice fronterizo que se forma con los estados de Durango, Coahuila y Chihuahua existe un lugar llamado la Zona del Silencio. Se trata de una sucesión de montañas y planicies áridas que constituyen uno de los sitios más misteriosos y mágicos de nuestro país. Alguna vez en el tiempo, esta gran extensión de tierra estuvo bajo las aguas del llamado Mar de Thetis, y por ello es posible encontrar muchos fósiles marinos en la zona y fósiles de dinosaurios.
Curiosamente también en la Zona del Silencio, existen áreas con gran concentración de fragmentos de aerolitos; nadie puede explicarse el porque caen demasiados en ese lugar. En el lugar habitan especies animales muy especiales, como es el caso de la tortuga del desierto, que posee un metabolismo que no necesita agua , e inverna para protegerse del frío. Hay reptiles únicos en el mundo y una gran abundancia de nopales de tonalidades violeta. También el lugar es habitado por liebres, conejos, ratones y ratas canguro, zorros, coyotes y búhos, alacranes, venados de cola blanca y pumas. Todos ellos con adaptaciones muy especiales para sobrevivir a las condiciones adversas de la región.
Un amigo que visitó la zona dice que una noche en este desierto le regalo con una visión celeste de lo más extraordinario que uno pueda imaginarse. El cielo muestra sin ningún pudor tal cantidad de estrellas que puede verse perfectamente el lugar con la sola luz de ellas. Y al salir la luna la impresión que se recibe es que esta luna es totalmente distinta a la que uno logra ver en las ciudades. Al grado que al comenzar a salir, mi amigo pensó que se trataba de un incendio que estaba sucediendo en la lejanía.
En un cielo tan limpio y despejado, carente de nubes, porque es rarísimo que llegue a caer lluvia en la zona; es muy fácil ver estrellas fugaces, planetas distantes e incluso los mismos satélites artificiales que giran alrededor de la tierra.
Pero la magia va mucho más allá de lo previsto. El gran misterio que la envuelve comenzó el año de 1963, cuando el ingeniero químico de Pemex, Harry de la Peña se internó por este desierto para detectar posibles fallas en el oleoducto La Laguna-Chihuahua.
En las inmediaciones del Cerro de San Ignacio pretendió usar el radio para comunicarse a Torreón, sin conseguirlo. Revisó el equipo hasta asegurarse que no había fallas y luego pudo comprobar que la Zona del Silencio posee algunas particularidades, como una gran concentración de hierro en el subsuelo, que genera un campo magnético que hace que brújulas y relojes que no son antimagnéticos, se vuelvan locos.
El Instituto de Investigaciones de Coahuila decidió estudiar el área y localizar estas franjas de silencio radial que corren de oriente a poniente y en las que el funcionamiento de aparatos radiorreceptores, transmisores o televisores es imposible.El asunto armó cierto revuelo y acaparó la atención de los Estados Unidos.
El fenómeno no es tan fácil de explicar de manera satisfactoria, hay varios hechos insólitos, que requieren de mucho más estudio científico; por ejemplo el hecho de la caída de un elevado número de meteoritos, de los que han llegado a contarse hasta 38 en tres horas.
La Zona del Silencio es frecuentemente comparada con el Triángulo de las Bermudas, con las Pirámides Egipcias, las Ciudades Sagradas del Tibet, todas localizándose entre los paralelos 26 y 28.
Se dice que hay un lugar muy semejante al otro lado del mundo, en algún lugar del Tíbet o Nepal, y que este par de puntos, tanto el mexicano como el oriental, son polos donde se concentra la energía terrestre. Mucho se dice de la Zona del Silencio. Que es un sitio extraño, místico, y sorprendente. Libros, revistas sensacionalistas, místicos de la nueva era y un sin fin de personas hablan de energías paranormales, ovnis y extraterrestres que rondan la región como si anduvieran de pic nic. Hasta hablan de que hay en la zona una ciudad subterránea bajo el desierto. Por ello muchos han dado en llamar al sitio La Puerta del Universo.
En 1970, la cabeza de un cohete espacial de la NASA sufrió una avería en el sistema de dirección y fue a caer a 6 kilómetros del Cerro de San Ignacio, exactamente en la Zona del Silencio. Algunos dicen que los gringos dejaron caer a propósito la nave en ese lugar, ya que luego, y con el pretexto de recuperar la nave, científicos de la NASA realizaron durante un mes un estudio geofísico del lugar pero la información jamás fue dada a conocer.
Se cuenta que no les fue nada fácil encontrar el cohete, porque los aparatos de radar utilizados no aportaban dato alguno, e incluso el rastreo desde el aire resultó infructuoso.
Cuando al fin fue localizado el cohete, se tendió un tramo de vía férrea desde Estación Carrillo, para llevarse los restos de esa nave.
La población cree que los especialistas no sólo se llevaron el cohete, sino también varias toneladas de arena del desierto, con el pretexto de que estaba contaminada, dejando un daño ecológico tan grande como el espacio que ocupa la laguna de Sayula.