viernes, 22 de mayo de 2009

EL VIOLIN DE FRITZ CHRYSLER

El gran sueño de todos los grandes violinistas es poseer un violín Stradivarius, aunque muchos, debido a la enorme fortuna que cuesta cada uno, tan solo se conformarían con tocar uno de ellos alguna vez. Así le pasaba al talentoso violinista Fritz Chrysler Más en cierta ocasión se enteró que un anciano inglés poseía uno de ellos, así que decidido fue a visitarlo. Y en efecto, aquél hombre de avanzada edad poseía un hermosísimo ejemplar que había pasado de generación en generación por su familia, sin que a la fecha tuviera mayor utilidad que la de un simple y caro adorno en la casa.
Chrysler le propuso al anciano comprarle aquél hermoso instrumento, pero el hombre se negó diciéndole que no estaba en venta. El violinista salió de la casa totalmente desanimado. Más tiempo después decidió visitar de nuevo al anciano y le preguntó si le permitía tocar el violín. El anciano aceptó la propuesta. Chrysler colocó el violín debajo de su quijada, y comenzó a mover el arco sobre las cuerdas. Con un instrumento tan maravilloso, el violinista tocó como jamás lo había echo en su vida. Mientras que los ojos del anciano, conforme iba transcurriendo la melodía, comenzaron a inundarse de lágrimas. Jamás había escuchado una sola nota de aquel violín magistral.
Fritz Chrysler pensó que después de aquello el anciano jamás aceptaría venderle el instrumento, más aún así le dijo: “Discúlpeme que insista, pero deseo que me venda este violín.” El anciano limpió las lágrimas de su rostro y con voz temblorosa le dijo: “No esta a la venta, pero… es suyo. Usted es un maestro y es digno de tener un instrumento como éste”.

LAS MANOS DEL MAESTRO

Se cuenta que en cierta ocasión se realizó en Londres una subasta de un violín maltrecho. El encargado mostró el violín a los asistentes, informando que era un genuino Stradivarius, pero nadie le creyó ni mostró el más mínimo interés en la pieza. Alguien por ahí ofreció 1 libra esterlina por él, una oferta realmente ridícula, entonces un experto en violines lo examinó y señaló que no tenía marca alguna que lo identificara como obra de Antonio Stradivari. El subastador explicó que los primeros violines fabricados por Stradivari no llevaban la marca del fabricante. Pero los asistentes siguieron totalmente desinteresados, así que la subasta se dio por concluida sin venderse el instrumento.
De pronto, un anciano se acercó a la mesa donde se encontraba el violín, lo afinó y tranquilamente comenzó a tocar. Apenas surgidas las primeras notas, todos se volvieron a él y atónitos escucharon aquella gloriosa música que brotaba del instrumento.
Cuando el anciano concluyo la pieza, hubo un prolongado y entusiasta aplauso. Todos mostraron en aquél momento un interés fuera de lo común por el viejo violín. Esta vez ofreciendo grandes sumas para quedarse con él.
El anciano que mostró la belleza de aquél instrumento viejo y maltratado fue ni más ni menos que el gran maestro Nicolo Paganini.
A veces la vida nos golpea y nos maltrata, quizás estemos en momentos desafinados, pero de pronto surge el toque maestro que pone a tono nuestras cuerdas y retomamos nuestro gloria original, siendo capaces de crear la más hermosa de las sinfonías. Al fin que estamos hechos para realizar con nuestras vidas una obra maestra.

EL BASILISCO

En algunos pueblos de Latinoamérica cuando una gallina pone un huevo pequeño la gente siente pánico y va y los quema en el fuego de inmediato. Estos casi siempre son producto de una gallina vieja o un gallo colorado. Son temidos porque dicen que de allí tan solo nace un gusano que va a meterse en algún oscuro rincón de la casa hasta que se convierte en el temible basilisco. Un culebrón con cabeza de gallo que emite un monótono canto y se adentra por las noches en los aposentos, subiéndose a las camas y acercándose hasta el rostro de las personas dormidas para absorberles el aliento… la energía. Después la víctima enflaquece, tose… se va secando y, finalmente muere.
En el viejo continente también se habla del basilisco. Con un origen casi idéntico. Solo que el basilisco europeo además de robar el aliento, quien tiene la desgracia de mirarlo directamente a los ojos se convierte en piedra. Y los entendidos en el tema dicen que cuando un basilisco aparece en una casa lo único que puede detenerlo es el fuego. Más como nadie sabe donde se esconde porque es extremadamente escurridizo, lo más aconsejable es quemar la casa e incluso todo el gallinero.
Quienes no se atreven a un remedio tan drástico, deberán recurrir a un brujo experimentado, quien habrá de colocar dos varas de mechay en forma de cruz en las cuatro esquinas de la casa. A continuación regará el piso con agua bendita hirviendo. Con esta receta se tiene la certeza de que cuando muera el enfermo también fallecerá el basilisco y con ello se salvará el resto de la familia.

lunes, 18 de mayo de 2009

LOS FAROLES DEL CENTRO COMERCIAL

Bajo el domo central de la mega plaza han colgado una enorme cantidad de faroles blancos. Casi ni se mueven. Están ahí colgados a diferentes alturas, cumpliendo con la sencilla función de ser un simple adorno. Y yo me siento día a día en una de las bancas a contemplarlos.
Me gustaría moverlos. Hacer que de pronto todos ellos comenzaran a girar en armonía, sin que hubiera una ráfaga de viento que los impulsara. Que se movieran con el solo impulso de mi pensamiento. Hacer que giraran de una forma uniforme de izquierda a derecha, y después, cuando yo lo quisiera, cambiaran su giro en sentido inverso. Y quisiera que esto lo vieran todos los que en ese momento transitan por el centro comercial. Que se quedaran con la boca abierta mirando extasiados semejante maravilla, sin que lograran entender de donde procedía la fuerza de su movimiento.
Los miro fijamente y les ordeno moverse, pero no responden a mi pensamiento. Ni de izquierda a derecha, ni de derecha a izquierda. Ni de arriba hacia abajo, ni de abajo hacia arriba. La verdad me sorprende que por más esfuerzos que hago día con día, jamás haya podido moverlos.
A veces cierro mis ojos y entonces veo como venzo su resistencia y hacen todo lo que ordeno. Entonces sonrío satisfecho. Más al abrir los ojos, veo que siguen ahí, tan estáticos como siempre. Es una lástima el que solo pueda moverlos en mi pensamiento, más no con mi pensamiento. Pero no desisto. Si hoy no pude hacerlo, quizás mañana pueda lograrlo. Continuaré en mi intento.

domingo, 10 de mayo de 2009

UNA CANCION PARA CARLITOS

Aquél hombre me miró desilucionado. Le habían dicho que seguramente yo resolvería su problema, más ahora se daba cuenta que era igual que todos los vendedores del ramo. Uno más del montón. Pese a tener cosa de diez años laborando en una tienda de discos, no tenía ni la más remota idea de lo que aquél cliente me estaba pidiendo.
-"¿Los Pekenikes?... No, definitivamente jamás en mi vida los había escuchado."-
La verdad me sorprendió la reacción de aquél hombre. Ante mi negativa, se le cayeron los hombros, y movió la cabeza de un lado a otro mientras bajaba la vista. Parecía como si le hubiere dado una muy mala noticia. Y esto me dejó totalmente desconcertado.
-¿No tiene idea de alguien que pudiera ayudarme a encontrar ese disco?- me dijo en tono suplicante. Pero yo no podía hacer absolutamente nada por él, ni sabía quien pudiera hacerlo.
Quizás por desahogo, más que por otra cosa, aquél abatido hombre me contó el motivo de su urgencia.
Era representante de ventas y durante muchos años viajó de una ciudad a otra, pasando la vida siempre entre hoteles y carreteras. Al regresar a casa, ambicionado un poco de descanso, su esposa le recibía con una larga letanía de quejas, cuyo protagonista casi siempre era su hijo adolescente.
-"Carlitos llega tarde a casa por andar con sus amigos. Carlitos reprobó matemáticas. Carlitos le tomó dinero del bolso..."
Esto enfurecía a su padre, quien lleno de rabia casi siempre terminaba por quitarse el cinto para intentar poner en su sitio a aquél muchacho rebelde. Pero al parecer la medida jamás dio buenos frutos, porque Carlitos se empeñó en mantener su errática conducta.
Fue así como se deterioró por completo la relación de padre e hijo, llegando a un extremo francamente insoportable.
Pero la vida dio de pronto un giro inesperado. Carlitos cayó enfermo y cuando esto aconteció, su padre andaba de ruta, y aunque su esposa le informó de la situación, el hombre estaba tan molesto que no le prestó mayor importancia al asunto. Más al recibir la segunda llamada, el agente viajero entendió que la situación era bastante seria. El médico especialista solicitó de inmediato una serie de análisis especiales, porque al parecer Carlitos presentaba síntomas de leucemia.
A partir de ese momento un drástico cambio afectó sus vidas. La confirmación de la enfermedad por parte del especialista, hizo que el padre cuestionara su actitud ante su hijo, dándose cuenta que realmente su papel había sido mediocre y decepcionante. Curiosamente había repetido en Carlitos las mismas actitudes que hacia él había tenido su padre. ¿Cuál palabra de cariño?, ¿Cuál diálogo?, ¿Cuál interesarse por sus pequeños problemas?... Jamás hubo una plática, jamás un juego y mucho menos una caricia o un reconocimiento.
Se sintió triste, decepcionado y frustrado por haber esperado a que pasara algo así para darse cuenta. Renunció a su trabajo y consiguió otro menos remunerado, pero que le permitió las suficientes libertades para dedicarle tiempo a su hijo.
Vinieron los tiempos de visitas al médico, tratamientos especiales, el miedo, la incertidumbre... Pero también el cambio de actitudes. Carlitos descubrió un padre que le animaba, que le hablaba con mucho cariño e incluso que comenzó a brindarle algunas caricias. Dentro de la angustia nacieron las sonrisas, las palabras dulces, las frases de apoyo... el amor que fue poco a poco llenado de florecillas el desierto. Aquél hombre descubrió que tenía un hijo sediento de cariño, mientras que Carlitos encontró toda la esperanza y fortaleza requerida para ese momento en su padre.
Cuando el dolor era fuerte o ante las consecuencias del ingrato tratamiento, el hombre intentaba darle algún apoyo a su hijo, prometiéndole unas buenas vacaciones a la playa, un viaje a Disneylandia y un sin fin de cosas más, pero el ánimo de Carlitos había decaído tanto, que en verdad nada quería, nada se le antojaba. Aún así con frecuencia aquél hombre le preguntaba a su hijo: ¿Qué quieres que te compre?, ¿Qué deseas que te traiga?. Y la respuesta era siempre la misma. -“Nada papá, no quiero nada”.- Más un día a Carlitos se le iluminó la cara y cambió su tradicional respuesta. -“Papá, ¿Te acuerdas de aquella canción que tocaban mucho en la radio y que nos gustaba tanto?...-
Claro que la recordaba, porque llevaba un corito que a Carlitos le gustaba mucho cantar y a sus padres les divertía. Le prometieron al niño comprarle el disco, e incluso anotaron el nombre de la canción, "Hilo de Seda", en una tarjeta que el padre guardó por mucho tiempo en la billetera. Pero jamás se cumplió la promesa. Ahora Carlitos la pedía de nuevo, porque esa canción era como un punto de unidad entre él y su padre. Fue así como se inició la búsqueda, hasta llegar conmigo.
Una vez que me contó la historia, el hombre agradeció el que hubiera prestado atención a sus palabras y se marchó totalmente desilusionado. En la tienda todos se enteraron de lo sucedido por boca de mi compañera Lupita, quien no se apartó un solo momento del mostrador cuando aquèl hombre contó su dramática historia.

A la mañana siguiente llegó un español preguntando por el encargado de compras. Lo atendí y este hombre sacó de su portafolio un paquete de LPs de música española ofreciéndolos en venta. Eran muy buenos discos. Todos ellos fuera de catálogo en México, pero cuando me dijo el precio, no pude contener mi expresión de asombro. El costo era demasiado elevado y esto haría imposible su venta. Más seguramente no fui muy correcto en mi actitud, porque el vendedor se molestó conmigo y tomando con presipitación los discos que había puesto sobre el mostrador, quiso meterlos con fuerza nuevamente en su maletín; más
un puñado de discos sencillos que traía dentro, le estorbaron la maniobra. Entonces sacó los sencillos, los puso en el mostrador y metió el paquete de LPs. Fue en ese momento cuando asombrado descubrí entre los discos a Los Pekenikes. Ni siquiera lo pensé. De inmediato lo tomé y con una sonrisa de oreja a oreja le dije: -“Este sí quiero que me lo venda”.-
El hombre me miró con enfado y me dijo “No, no le voy a vender ninguno, usted no sabe apreciar las cosas”, y tendió la mano para que se lo regresara. Pero no estaba dispuesto a perder la partida.

-“Por favor, véndame este disco”- le volví a insistir, más él reiteró su negativa. Así que abrí el cajón del mostrador, arrojé dentro el disco y lo cerré de inmediato. No estaba dispuesto a perder la batalla.
Por supuesto que se molestó aún más. Asi que en un intento de lograr mi cometido. Le expliqué la historia. El hombre me escuchó con incredulidad. Después simplemente cerró su maletín, mientras me decía con demasiadas frialdad: -"Está bien, se lo regalo".- Luego, sin esperar una palabra de agradecimiento, dio media vuelta y se marchó.
Ya tenía el disco para Carlitos pero… y dónde encontrar a aquél padre afligido. Ni siquiera se me ocurrió pedirle su dirección o teléfono… Es más… tampoco sabía como se llamaba el hombre. Lo único que sabía era que su hijo enfermo se llamaba Carlitos.
Una de mis compañeras me sugirió que pegara el disco en el vidrio del aparador, y me pareció buena idea. Incluso lo colocamos sobre una cartulina amarilla para hacerlo que resaltara. ¿Pero… acaso volvería a pasar por ahí el papá de Carlitos?.
Pasaron dos, tres o cuatro días. La verdad ya no recuerdo. Y un día por la mañana, me encontraba molesto porque Lupita, de nueva cuenta llegaría tarde y ya estaba cansado de tanto llamarle la atención. Cuando de pronto llegó a la carrera, tremendamente agitada y ni siquiera me dio tiempo para que le dijera nada. Me soltó de inmediato un montón de palabras atropelladas, que no justificaban su retardo. Me dijo totalmente emocionada: -“Allá va por la acera de enfrente, llegando al banco el papá del niño que quiere el disco”.- Miré hacia donde me decía, y de inmediato arranqué la cartulina y con ella y el disco salí a la carrera para darle alcance.
El hombre se sorprendió cuando llegué corriendo hacia él. Ni siquiera pude decirle nada. Sería por la emoción, o lo agitado de la carrera. Asi que me limité a despegar el disco de la cartulina y mostrárselo. Lo miró con incredulidad. Le temblaron las manos para tomarlo. Apretó los labios y pude ver como sus ojos se pusieron brillosos por las lágrimas. Sabía que no podía hablar en ese momento. Así que le dí una palmada en el hombro y me di la media vuelta, pero me detuvo para preguntarme cómo lo había conseguido. Yo me reí y le dije -“A veces suceden milagros”.- Asintió con un movimiento de cabeza, y luego logró hacerme otra pregunta ¿Cuánto te debo?.
-“Nada”- fue mi inmediata respuesta. -"Es un regalo para Carlitos."-
Ya no esperé más, sencillamente me di la vuelta y regresé a la tienda. Al día siguiente volvió aquél hombre trayéndome una caja de chocolates envinados de parte de Carlitos.

ESCRIBIENDO CON LA MENTE

En la pasada exposición que se realizó en el Salón Mundial de Alta Tecnología Cenit que se celebró en Alemania, en la ciudad de Hanover, se presentaron dos prototipos de ordenadores que pueden ser manejados con el pensamiento. Así como usted lo escucha. La computadora obedece a la mente del hombre. Solo que es una tecnología en proceso, porque en primer lugar tiene el molesto inconveniente de que hay que ponerse un casco lleno de cables que van conectados al procesador y para colmo de males es tan malo el sistema que hasta el momento solo sirve para escribir textos, y es un sistema demasiado lento ya que para formar una frase se necesitan varios minutos.
No obstante este enorme inconveniente, es una auténtica maravilla, y nos habla de que estamos ante uno de esos geniales avances de la tecnología, que podrá deslumbrarnos dentro de muy poco tiempo.
¿Cómo funciona este sistema?. El casco tiene varios sensores que miden la actividad cerebral, de la misma manera como lo realiza un electroencefalograma. Estas señales eléctricas del cerebro, son transmitidas al ordenador por medio de los cables y éste transforma estas señales en órdenes. Pero no crea usted que piensa la frase y ésta se comienza a escribir en la pantalla; no, nada de esto, el sistema aún está en pañales, porque lo único que hace es mover un cursor, demasiado lentamente por cierto, e ir seleccionando letras de un teclado que aparece en la pantalla. Así por supuesto que no sirve de nada, pero esto es solo el principio, porque esto será el inicio de un proceso verdaderamente revolucionario.

LOS COMETAS

La palabra cometa proviene del latín “Stella cometa”, o estrella con cabellera. Son cuerpos celestes que poseen una larga y luminosa cola que surge en los momentos en que orbitan cerca del Sol. Cuando un cometa se acerca al astro rey, la luz solar evapora, o sublima, el hielo que compone al cometa, porque es preciso saber que los cometas llevan consigo una enorme cantidad de diversos tipos de hielo, mezclado con rocas, polvo y materiales orgánicos.
Y decía que al acercarse el cometa al Sol, se descompone el hielo, provocándole una cola de brillante luminosidad. Mientras el cometa se va acercando al Sol, la cola queda detrás de él, pero al alejarse, la cola cambia hacia el lado opuesto, o sea que el núcleo del cometa se desplaza detrás de la cola, como si fuera hacia atrás.
El largo de esta brillante y hermosísima cola depende del tipo de órbita del cometa. A una órbita más larga corresponde una mayor longitud de cola, dándose el caso de algún cometa conocido cuya cola ha excedido los 320 millones de kilómetros de largo. Mientras que otros, tienen colas tan cortas que apenas pueden ser observadas a través de potentes telescopios. Conforme el cometa se va alejando del Sol, las colas comienzan a decrecer hasta que desaparecen por completo. Y también, conforme va pasando el tiempo van perdiendo su esplendor, porque se va quedando parte de su estructura regada por el espacio.
De los más de 2000 cometas conocidos, menos de la mitad tienen colas visibles a simple vista, y menos del diez por ciento son realmente llamativos.
Los cometas tienen órbitas elípticas y algunas de ellas son tan prolongadas que se dice que algunos de estos cuerpos celestes tardan en recorrerlas de 2 000 hasta 30 millones de años para completar el viaje alrededor del Sol, así que si de casualidad nos tocara ver a uno de estos cometas, sería un caso único en nuestra vida.
En enero de 2004, la nace Stardust de la NASA fue tras el cometa Wild 2, capturando miles de partículas de polvo de su cola. Dos años después, en enero de 2006, Stardust regresó a la tierra con su valioso tesoro, y de inmediato los científicos se dieron a la tarea de analizar las muestras. Hasta el momento no han llegado a ninguna conclusión en específico, solo teorías y más teorías.