miércoles, 27 de mayo de 2009

EL TIPITAKA

¿Sabe usted cual es el libro más grande del mundo?. Se encuentra al pie de la colina de Mandalay, en Birmania. Esta dentro del recinto de la pagoda conocida popularmente como Pagoda Kuthodaw. Se trata del Tipitaka, o Canon de Pali, que es el escrito más antiguo que se conserva de la religión budista, escrito cinco siglos después de la muerte de Buda.
Este texto es el más importante para el budismo teravada. Y además de ser el libro más grande del mundo también es el más pesado, ya que sus páginas están hechas de mármol.
Fue realizado por orden del rey Mindon. Se nombró un comité de monjes para realizar el proyecto y asegurarse de que estuviera completamente libre de errores. El mármol se obtuvo de la cantera de la colina de Sagain, a 32 kilómetros de Mandalay. Tras su transporte, las placas de mármol eran pulidas y un escriba dibujaba el texto en ambos lados de la piedra. Luego se realizaba una revisión exhaustiva para prevenir cualquier error. Las letras eran finalmente talladas por expertos artesanos, tras lo que eran rellenadas con tinta dorada.
El trabajo inició el 14 de octubre de 1860 y finalizó el 4 de mayo de 1868. En total, el libro está formado por 729 "hojas", escritas por ambos lados. Cada hoja tiene 1.50 mts. de alto y 90 cms.de ancho. Cada página incluye entre 80 y cien renglones. El idioma del texto es pali, y está acompañado por su traducción al birmano.
Cada una de las 729 hojas fueron colocadas en el interior de un pequeño templo diferente dentro del recinto de la pagoda, que tiene 6 hectáreas de superficie.
Para dar una idea del tamaño de este libro, la versión impresa, realizada alrededor de 1900, estaba formada por 38 tomos de alrededor 400 páginas cada una, con un tamaño de letra regular.

LA MUERTE ME DA RISA

Al norte de Rumania, e la ciudad de Sapanta, existe un pueblo de cinco mil habitantes, que destaca por lo pintoresco y está situado cerca del río Tisa, en la frontera con Ucrania. Pero a pesar de que es un pueblo rústico y hermoso, lo que más llama la atención es su cementerio, al que llaman “Cementerio feliz” o “Cementerio alegre”, porque todo aquél que entra ahí, siempre termina por soltar la carcajada.
No es un cementerio cualquiera por supuesto, es único en el mundo, ya que está adornado con ricas tallas de madera, retratos de los muertos y epitafios alegres e irónicos en las lápidas.
Todos los domingos, jóvenes, adultos y viejos visten sus trajes típicos para celebrar los ritos de su religión ortodoxa. Son muy alegres y festivos, y dentro de su forma de ser no existe el miedo a la muerte, ya que la consideran un fenómeno natural que lo aceptan, aunque por supuesto que jamás van en busca de ella.
Esto se muestra a la perfección en la construcción de las tumbas en el cementerio. Como es una tierra de grandes ebanistas, todas las tumbas han sido talladas, pintadas de azul y decoradas con el retrato del difunto, representándolo en su trabajo o haciendo lo que más le gustaba en la vida. Bajo la talla pintada de la persona fallecida, sigue un epitafio siempre en primera persona.
Las hermosas cruces pintadas en colores claros –azul, blanco, verde y rojo- son auténticas obras de arte popular, únicas en Europa, creadas en su mayoría por un gran maestro artesano, llamado Stan Ioan Patras, que aunque ya cambió su residencia al alegre panteón, dejó sus grandes conocimientos a una buena cantidad de discípulos, quienes se encargan actualmente de realizar las tallas.
Un arte muy alegre sin duda, y para que usted se de cabal cuenta de este simpático y original cementerio, permítame leerle algunos de estos ocurrentes epitafios que ahí se encuentran:
“Aquí descansa mi suegra, si hubiera vivido otro año más, yo ocuparía su lugar”
“Y otra cosa que mucho me gustaba era sentarme al calor de una taberna acompañado de un vaso de vino y una mujer siempre que fuera la mujer de otro.”
“Aquí descanso yo me llamo BRAIC ILEANA, cinco hijos he tenido que Dios la vida les dio GICA, que tú seas perdonado si me apuñalaste cuando viniste borracho del pueblo.
“Aquí me tienes descansando, lo que nunca pude hacer en la vida.
Seguramente tú muy pronto vendrás a hacerme compañía”“Arde en el infierno, maldito taxi que viniste de Sibiu. Con todo lo grande que es Rumanía. ¿No pudiste encontrar otro lugar donde pararte?. ¿Tuvo que ser frente a mi casa, para matarme?”
Y algunos más, que son expresiones de quien estuvo cerca de ellos en vida:
«Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando»
«Ya estás en el paraíso, y yo también»
«Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también»
«Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas»
«Aquí yace mi mujer, fría como siempre»
«Aquí yace mi marido, al fin rígido»
«Aquí te espero»

martes, 26 de mayo de 2009

CLARO DE LUNA

Cuenta un biógrafo de Beethoven que una noche de invierno paseaba con el maestro a la luz de la luna por una estrecha calle de Bona, cuando de pronto se detuvo el gran compositor ante una casa de humilde apariencia, de cuya entreabierta puerta salían las notas de un piano. Beethoven exclamó: -¡Caramba! ¡es mi sonata en fa! ¡Y qué bien la tocan!.
Casi en ese mismo instante se interrumpió la melodía y se escuchó una voz sollozante que decía:
- No puedo tocar más. Es tan hermosa esta melodía que no la estoy interpretando debidamente. ¡Qué lástima!, si tan solo pudiera ir al concierto de Colonia.-
A esto respondió otra voz:
- Hermana, ¿porqué te aflige lo que no tiene remedio?, apenas si podemos pagar el alquiler –
Quien estuvo tocando el piano agregó:
- Tienes razón hermano. Y sin embargo, quisiera, al menos una vez en la vida, oír la música tal y como debe de ser –
Entonces Beethoven le dijo a su acompañante:
- Vamos entrando –
- ¿Para qué? – le dijo sorprendido su biógrafo.
- Tocaré el piano. La muchacha tiene sentimiento y talento –
Empujó Beethoven la puerta y entraron a la casa, en donde estaba un joven zapatero arreglando unos zapatos, mientras que su hermana estaba reclinada tristemente sobre el piano.
- Perdónenme – dijo Beethoven – Oí música y me vino la tentación de entrar. Soy músico y escuché accidentalmente un poco de su conversación. ¿Me podrían permitir tocar un poco el piano?-
- Muchas gracias – contestó el joven zapatero – pero nuestro piano ya es viejo y además no tenemos ninguna partitura –
- ¡No tienen partituras! Pues entonces ¿Cómo es que toca usted? ¿De oído?...-
En ese preciso momento Beethoven se da cuenta que la señorita era invidente y comenzó a disculparse.
-Perdón señorita, no había reparado en su invidencia. ¿Cómo es que sabe usted de música si no ha asistido nunca a un concierto? –
- Hemos vivido dos años en Bruhl – contestó ella – y tuve ocasión de escuchar a una señorita vecina. En verano abría las ventanas de su casa, y yo salía al patio para escucharla tocar –
Beethoven se sentó al piano. Puso sus manos sobre el teclado y comenzó a interpretar una de sus maravillosas obras. El viejo instrumento pareció rejuvenecerse, dejando escapar sonoridades jamás antes logradas en él. Mientras, los dos hermanos boquiabiertos escuchaban llenos de admiración. El raudal de armonías surgían con rítmicas cadencias, y en uno de los momentos más intensos, de pronto se apagó la vela, más el maestro siguió tocando como si nada hubiera pasado. El joven zapatero presuroso abrió la ventana y un brillante rayo de luna invadió la estancia, bañando en luz la figura del gran maestro.
Beethoven bajó la intensidad de la melodía que interpretaba, hasta dejar en total silencio la habitación.
Los dos hermanos expresaron aclamaciones de gran entusiasmo, pero el maestro pareció no prestarles mayor atención. En ese momento comenzó a improvisar una sonata. Todo un torrente de notas de infinita dulzura parecía derramarse sobre el teclado, tan suavemente como el rayo de luna que silenciosamente se colaba por la ventana.
Ese día, ahí en un hogar pobre, y con dedicatoria especial para una invidente y su hermano, nació su famosa sonata “Claro de Luna”

viernes, 22 de mayo de 2009

EVGEN BAVCAR EL FOTOGRAFO INVIDENTE

Cuando Evgen Bavcar tenía 16 años le pidió la cámara fotográfica a su hermana para tomarle una foto a una chica que le gustaba. “¿Y quién va a tomar la foto?” fue la respuesta que le dio ante semejante petición. Y Evgen, muy seguro de sí mismo le contestó “Yo”. La hermana no pudo menos que reírse, aún con la certidumbre que ello lastimaría a su hermano.
La persona menos indicada para tomar una fotografía era Evgen, por la simple y sencilla razón de que él era un invidente desde los once años de edad. Primero perdió el ojo izquierdo en un accidente con una rama de un árbol; meses más tarde perdió el otro, debido a la explosión de una mina abandonada en un campo. Todo esto sucedió en su pueblo Lokavec, en Eslovenia, casi en la frontera con Italia.
Al parecer aquella primera foto tomada por Evgen resultó muy buena, y todos lo felicitaron por ello. Esto jamás lo olvidaría el jovencito invidente. Más la cámara quedó a un lado y él viajó en 1972 para estudiar filosofía estética en la Sorbona de París. Todos le recomendaron que se dedicara a la música, lo cual siempre ha sido uno de los mejores oficios para los invidentes, pero él se negó rotundamente a seguir los caminos reservados para quienes tienen esta discapacidad. Evgen era diferente y se sentía obligado a lograr lo que para todos los de su estado era algo imposible.
La carrera presentó serios obstáculos. El estudio de la filosofía del Arte, requiere de la vista para poder evaluar las grandes obras, tanto de la pintura como de la escultura. Evgen recurrió a lazarillos o cómplices, quienes le describían al detalle cada obra. Tomaba diversos puntos de vista y con la información acumulada realizaba su juicio. Esto le daba una idea intelectual, un sentimiento estético indirecto, y a través de ello desarrolló un intenso placer por el arte. Comenzó a amar algunos cuadros, sobre todo aquellos cuya descripción llevaba más tiempo, tal y como sucedía con las obras de El Bosco y El Greco. Con la escultura las cosas fueron más fáciles, siempre y cuando lo autorizaran a tocar las estatuas, lo cual no siempre ocurría. Aún así se volvió todo un experto en arte.
Y de pronto volvió su vieja inclinación por la fotografía, y aprendió todas las técnicas de manejo de cámaras, iluminación, enfoque y revelado. Tuvo la fortuna de aprender con un fotógrafo que le presentó el oficio como una profesión que él podía ejercer. De ahí en delante se volvió fotógrafo. Los resultados conseguidos fueron inusitados. Nadie sospecharía, viendo las fotos de Bavcar, que su autor es ciego. En primer lugar, sus encuadres son perfectos, hasta los más arriesgados. Muchas de sus fotografías son fruto de montajes por superposición, un procedimiento de por sí dificultoso, hasta para un vidente.
Ha expuesto sus fotografías en infinidad de lugares de Europa e incluso en la ciudad de México, sin que nadie logre entender como consigue sus asombrosos resultados. Ha impartido clases, conferencias sobre literatura, ha servido como traductor y escribió el prefacio para una novela de France Bevk. En 1991 se filmó un largometraje sobre una historia basada en su vida. También la novela “El cuento Mágico” del escritor David Hunt tiene como protagonista a un fotógrafo invidente, inspirado en Bavcar. El cineasta Joel Brisse, realizó un cortometraje de este fotógrafo invidente que fue presentado en el festival de Cannes. Y por si fuera poco participó como actor en un film sobre la vida de Gaudí.
El caso de Bavcar no es el único, existen otros tres fotógrafos invidentes en los Estados Unidos, aunque Bavcar es el más notable. Para terminar hay que agregar que la empresa Canon, una de las más prestigiadas en cámaras fotográficas, ha creado una asociación para fotógrafos invidentes, a los cuales apoya en todos los sentidos.
¿Qué podemos concluir de todo esto?. Que no hay límites de ninguna naturaleza. Cuando se quiere se puede, tan solo hay que poner toda la pasión en lo que se desea. El imposible no existe.

EL VIOLIN DE FRITZ CHRYSLER

El gran sueño de todos los grandes violinistas es poseer un violín Stradivarius, aunque muchos, debido a la enorme fortuna que cuesta cada uno, tan solo se conformarían con tocar uno de ellos alguna vez. Así le pasaba al talentoso violinista Fritz Chrysler Más en cierta ocasión se enteró que un anciano inglés poseía uno de ellos, así que decidido fue a visitarlo. Y en efecto, aquél hombre de avanzada edad poseía un hermosísimo ejemplar que había pasado de generación en generación por su familia, sin que a la fecha tuviera mayor utilidad que la de un simple y caro adorno en la casa.
Chrysler le propuso al anciano comprarle aquél hermoso instrumento, pero el hombre se negó diciéndole que no estaba en venta. El violinista salió de la casa totalmente desanimado. Más tiempo después decidió visitar de nuevo al anciano y le preguntó si le permitía tocar el violín. El anciano aceptó la propuesta. Chrysler colocó el violín debajo de su quijada, y comenzó a mover el arco sobre las cuerdas. Con un instrumento tan maravilloso, el violinista tocó como jamás lo había echo en su vida. Mientras que los ojos del anciano, conforme iba transcurriendo la melodía, comenzaron a inundarse de lágrimas. Jamás había escuchado una sola nota de aquel violín magistral.
Fritz Chrysler pensó que después de aquello el anciano jamás aceptaría venderle el instrumento, más aún así le dijo: “Discúlpeme que insista, pero deseo que me venda este violín.” El anciano limpió las lágrimas de su rostro y con voz temblorosa le dijo: “No esta a la venta, pero… es suyo. Usted es un maestro y es digno de tener un instrumento como éste”.

LAS MANOS DEL MAESTRO

Se cuenta que en cierta ocasión se realizó en Londres una subasta de un violín maltrecho. El encargado mostró el violín a los asistentes, informando que era un genuino Stradivarius, pero nadie le creyó ni mostró el más mínimo interés en la pieza. Alguien por ahí ofreció 1 libra esterlina por él, una oferta realmente ridícula, entonces un experto en violines lo examinó y señaló que no tenía marca alguna que lo identificara como obra de Antonio Stradivari. El subastador explicó que los primeros violines fabricados por Stradivari no llevaban la marca del fabricante. Pero los asistentes siguieron totalmente desinteresados, así que la subasta se dio por concluida sin venderse el instrumento.
De pronto, un anciano se acercó a la mesa donde se encontraba el violín, lo afinó y tranquilamente comenzó a tocar. Apenas surgidas las primeras notas, todos se volvieron a él y atónitos escucharon aquella gloriosa música que brotaba del instrumento.
Cuando el anciano concluyo la pieza, hubo un prolongado y entusiasta aplauso. Todos mostraron en aquél momento un interés fuera de lo común por el viejo violín. Esta vez ofreciendo grandes sumas para quedarse con él.
El anciano que mostró la belleza de aquél instrumento viejo y maltratado fue ni más ni menos que el gran maestro Nicolo Paganini.
A veces la vida nos golpea y nos maltrata, quizás estemos en momentos desafinados, pero de pronto surge el toque maestro que pone a tono nuestras cuerdas y retomamos nuestro gloria original, siendo capaces de crear la más hermosa de las sinfonías. Al fin que estamos hechos para realizar con nuestras vidas una obra maestra.

EL BASILISCO

En algunos pueblos de Latinoamérica cuando una gallina pone un huevo pequeño la gente siente pánico y va y los quema en el fuego de inmediato. Estos casi siempre son producto de una gallina vieja o un gallo colorado. Son temidos porque dicen que de allí tan solo nace un gusano que va a meterse en algún oscuro rincón de la casa hasta que se convierte en el temible basilisco. Un culebrón con cabeza de gallo que emite un monótono canto y se adentra por las noches en los aposentos, subiéndose a las camas y acercándose hasta el rostro de las personas dormidas para absorberles el aliento… la energía. Después la víctima enflaquece, tose… se va secando y, finalmente muere.
En el viejo continente también se habla del basilisco. Con un origen casi idéntico. Solo que el basilisco europeo además de robar el aliento, quien tiene la desgracia de mirarlo directamente a los ojos se convierte en piedra. Y los entendidos en el tema dicen que cuando un basilisco aparece en una casa lo único que puede detenerlo es el fuego. Más como nadie sabe donde se esconde porque es extremadamente escurridizo, lo más aconsejable es quemar la casa e incluso todo el gallinero.
Quienes no se atreven a un remedio tan drástico, deberán recurrir a un brujo experimentado, quien habrá de colocar dos varas de mechay en forma de cruz en las cuatro esquinas de la casa. A continuación regará el piso con agua bendita hirviendo. Con esta receta se tiene la certeza de que cuando muera el enfermo también fallecerá el basilisco y con ello se salvará el resto de la familia.