lunes, 8 de junio de 2009

CABALLITO DE MAR

El caballito de mar es un animalito que vive en el fondo del mar. Se le llama así porque su cabeza recuerda sorprendentemente a la de un caballo. Su cuerpo está totalmente embutido en una armadura de placas o anillos óseos.
Cada ojo se mueve con independencia del otro. Alcanza como máximo unos 30 cm, aunque un tamaño tan grande es poco común. Sus colas son prensiles, con ellas nadan y se sujetan a las algas entre las que viven.
Los caballitos presentan la característica única de tener la cabeza en ángulo recto con el cuerpo. No es raro que se reúnan varios adultos y entretejan sus colas en una extraña danza.
Es capaz de ostentar notables cambios de color para acomodarlo al del medio que le rodea. Es el macho el que posee una bolsa en el vientre donde incubará los huevos de la hembra. Un macho grande puede parir hasta 400 animalitos, cada uno de los cuales es una réplica, en pequeño, del adulto.
Se alimentan de diminutos organismos, que succionan con sus largos hocicos. Los caballitos de mar viven en las aguas cálidas, templadas y tropicales de todo el mundo pero su distribución es muy irregular y faltan en grandes tramos de la costa de África occidental.

NUMERO 13 DE LA MALA SUERTE

Hace unos días iba ensimismado en mis pensamientos, cuando al llegar a una esquina una chica muy bien vestida y de grata apariencia me pidió que le regalara una moneda. Lo primero que me vino a la mente es que le faltaba dinero para completar su pasaje del camión o del tren ligero, pero ella agregó. “Por favor, deme cualquier moneda. Puede ser una chiquita de a .10 centavos. Es que soy supersticiosa y necesito que me regale una moneda, pero quiero que me la de con la mano izquierda. Por supuesto que se la di, tal y como lo pedía. Si con eso resolvía su problema, estaba totalmente dispuesto a ayudarla.
La verdad es que hay pocas personas así. No cualquiera es un supersticioso a este nivel, pero todos tenemos algo de eso. Por ejemplo. Mucho se dice que el número 13 es de mala suerte, y que el viernes 13 es toda una calamidad. Pues bien. Que tal si es un viernes 13, y usted toma ese día un avión a las 13 hrs. (una de la tarde) y le toca el asiento número 13. ¿Qué pensaría?. ¿Qué trae el santo volteado?.
Si el avión trae otros asientos libres, ¿usted se cambiaría de lugar, para romper con la cadena de números 13 que le están persiguiendo. Y no vaya a ser que desencadene una tragedia.?.
Bueno, sea como sea, es interesante saber un poco la historia del número 13.
Dicen que todo esto se originó desde los tiempos de Cristo, ya que Jesús, fue el número 13 en la última cena, antes de que sobreviniera su trágica pasión y muerte. Y, según dicen, desde entonces se ha considerado que el 13 es número de mala suerte. Cosa que algunos consideran se extremisa cuando es martes, aunque otros dicen que lo peor llega cuando es viernes. A quienes le temen al número trece se les considera que tienen triscaidecafobia. Y no crea que esto es solo una creencia de incultos e ignorantes; no, es una creencia que la han padecido gente muy importante; desde el millonario Paul Getty, hasta Maradona o la Reina Isabel de Inglaterra; incluso el presidente norteamericano Delano Roosevelt tuvo esta creencia. Gente por supuesto educada.
Dicen que Roosvelt antes de participar en una reunión contaba a los asistentes, y si sumaban 13 con todo y él, no se sentaba hasta que no ingresara alguien más y se rompiera el maleficio. Y si no había nadie, mandaba llamar a su secretaria y asunto arreglado.
Por su lado, la reina Isabel, en un viaje que realizó por Alemania Federal, en donde utilizó como medio de transporte el tren; solicitó que se eliminara el no. 13 de todas las plataformas en las estaciones, para no tener accidentalmente la desdicha de bajar o abordar el tren en una de ellas. Y la orden fue cumplida. A todas se les puso el no. 12 ½.
Y está tan generalizado el miedo al número 13, que en los Estados Unidosy Europa, los edificios carecen de piso 13, los hoteles de cuarto 13 e incluso los aviones de asiento 13.
Pero como nunca faltan los incrédulos que están además dispuestos a desafiar las supersticiones. El 13 de enero de 1882, un grupo de distinguidos caballeros neoyorquinos, se reunieron a las 13 horas en el comedor no. 13 en un distinguido restaurante de Manhattan y fundaron el Club de los 13, cuya membresía costaba 13 centavos por mes o una cuota vitalicia por 13 dólares. El club fue creado para reirse de las supersticiones, por lo cual se reunían el día 13 de cada mes, realizando un banquete que era atendido por 13 meseros bizcos, que tiraban sal por todos lados y además rompían espejos.
El club tuvo un enorme éxito y se fundaron otros semejantes en diversas ciudades de los Estados Unidos y Europa, hasta alcanzar un total de 1313 miembros activos; pero se desacreditó a partir de 1886 cuando tuvieron la ocurrencia de convencer a la reina María Cristina de España, para que ya desde el bautismo nombrara a su hijo, recién nacido, Alfonso XIII . Cosa que la Reina aceptó. Por desgracia Alfonso fue un rey totalmente desafortunado e impopular y tuvo que abdicar precisamente un 13 de septiembre del año 1923. Mala suerte.

CAMELLOS Y DROMEDARIOS

¿Sabe usted cual es la diferencia más notoria entre un dromedario y un camello?
El dromedario tiene una sola joroba y el camello tiene dos, pero patas más cortas. El dromedario es más alto que el camello y ambos son utilizados prácticamente para lo mismo. Estos animales han sido domesticados desde hace más de 3 000 años, utilizados como medio de carga y transporte. Aunque también se aprovecha su lana y su leche. La gestación de un dromedario o camello es de 12 a 13 meses, tienen una sola cría por vez y viven entre 30 y 40 años.
Para los habitantes del desierto, el camello es el más importante de sus animales. Es un animal muy resistente a las altas temperaturas. No se deshidratan con facilidad. Pueden resistir hasta 3 semanas caminando por el desierto y sin beber. Durante ese tiempo van consumiendo las reservas de grasa de su joroba, que no está llena de agua como muchos piensan. Cuando consumen la grasa de su joroba, esta se desinfla y cuelga a uno de sus costados. Más cuando vuelven a comer se infla y recupera su posición original. En cuanto al agua al llegar a un oasis son capaces de almacenar en su estómago más de 100 litros de agua.
Durante siglos fue el único medio de transporte en el desierto. Enormes caravanas de camellos cargados de mercancías preciosas, recorrieron las rutas desérticas, como la transahariana de alrededor de 4000 kilómetros. Aunque ahora han sido suplantados por los automóviles. Pero aún así continúa siendo un animal muy valioso en Asia y el norte de Africa. Los habitantes del desierto aprovechaban su carne y la leche de las camellas. Los esquilaban para confeccionar prendas de abrigo. Incluso las boñigas se aprovechan, ya que una vez secas sirven para alimentar el fuego. Las cabelleras de las hermosas mujeres del desierto toman gran brillo y lozanía cuando las lavaban con orina de camello.
Tanto los camellos, como dromedarios son animales herbívoros; los alimentan con hierba, trigo y avena, pero en el desierto comen lo que encuentren. Desde un arbusto espinoso hasta huesos, hojas secas, o la misma camisa de su dueño si se descuida.
Tienen músculos muy poderosos en sus piernas, lo cual les permite soportar pesadas cargas de hasta 450 kg, y llevarlas por muy largas distancias. Cuando un camello pone su pezuña en el suelo, se le ensancha evitando que se le hunda en la arena. Al caminar mueve ambas patas de un mismo lado de su cuerpo, después las del otro lado. Este modo de andar es semejante a los movimientos de un barco, por lo cual han dado en llamar al camello “barco del desierto”. Y es un barco poderoso, porque puede viajar hasta 100 km. En un solo día. Y tomemos en cuenta que hablamos de clima y circunstancias extremas.
Su cuerpo está cubierto de pelos y tiene la piel seca y gruesos callos aparecen en el pecho del camello y en las juntas de las rodillas. Estos parches de cuero ayudan a soportar el peso del animal cuando se arrodilla, descansa y se levanta. El color de los camellos va del marrón, y el crema, hasta casi negros.
Todos los camellos pierden su pelo en primavera, puede llegar a desprenderse de unos 2,5 kilos y estrenan nuevo traje en otoño. Y ese pelo ni crea que se tira, es muy solicitado en todo el mundo, para hacer chaquetas de alta calidad, prendas de vestir, pinceles para artistas y también para fabricar alfombras y tiendas de campaña.
Son animales que casi no transpiran, evitando la pérdida innecesaria de agua, cosa que ningún otro animal puede hacer. La temperatura de un camello es por regla general más baja que la de la temperatura ambiental y cuando descansan lo hacen unos junto a otros presionando sus cuerpos para evitar en exceso de calor.
Además de todo lo anterior, tienen un oído muy agudo. Sus orejas están cubiertas con pelos para frenar la arena y el polvo. Y sus grandes ojos tienen doble fila de grandes y largas pestañas con esta misma finalidad.
Uno de los deportes tradicionales de los beduinos en el desierto es la carrera con camellos, en la cual participan miles de competidores. Y ha llegado a tanto la afición que ya hasta se realizan en las pistas del hipódromo.
También se comen la carne del camello y las pieles son un magnífico negocio, porque son utilizadas para zapatos de calidad y accesorios de moda en Europa y muchas otras partes del mundo.
Los más raros ejemplares que existen, aunque no se sabe por cuanto tiempo más, porque están en vías de extinción; son los que habitan en las dunas de Kum Tagh, en China y en el desierto de Gobi, en Mongolia. Estos camellos, un poco diferentes de los dromedarios y camellos conocidos, son mucho más resistentes y tienen la peculiaridad de beber agua salada sin que les dañe su organismo. Lo cual tiene locos a los científicos, quienes quieren a toda costa saber de que forma el hígado, riñones y pulmones de estos animales salvajes procesan el agua salada sin que se les dañe su organismo.

EL SOL

A ese maravilloso Sol que diariamente brilla sobre nuestras cabezas le han cantado los hombres, le han dedicado su arte e inspiración, e incluso lo han convertido en objeto de su adoración. Pero ¿Qué sabemos realmente del Sol?
· En primer lugar nuestro Sol, no es único, es una estrella de las cuales existen millones en el Universo, aunque es la estrella más cercana que hay a nuestra tierra. Se cree que existe desde hace 4,600 millones de años y podrá durar unos 5,000 millones de años más. O sea que va en poco menos de la mitad de su vida.
· Se encuentra a 149.6 millones de kilómetros de distancia de nosotros.
· La masa del Sol es aproximadamente 300,000 veces superior a la masa de la tierra. No es un cuerpo sólido, sino gaseoso, pero pesa un millón de veces más que la tierra, y su diámetro es 109 veces mayor.
· La luz del Sol tarda 8 min y 18 seg en llegar a la tierra.
· Aunque para nosotros el Sol nos parece enorme, en realidad es una estrella enana del tipo G2; este tipo de estrellas es de color amarillo, con temperatura superficial de alrededor de 6 000°C. Tiene alrededor de 1'400.000 kilómetros de diámetro, lo cual lo coloca en una posición media, porque hay otras estrellas que son 30 millones de veces más grandes que nuestro Sol ¿se imagina como será un sol de ese tamaño?, aunque también hay muchas otras que son extremadamente más pequeñas.
· Las llamadas manchas solares es un fenómeno que ha llamado mucho la atención de los científicos, aún desde antes de la invención del telescopio. Estas manchas continuamente cambian de forma y tamaño. Tienen dimensiones muy variadas, y algunas pueden llegar a ser incluso más grandes que la misma tierra Estas manchas aparecen en grupos de varias decenas y con tamaños muy diferentes entre sí. En Octubre de 1957 se observó un conjunto de 263 manchas en el Sol.
· Durante mucho tiempo se pensó que estas manchas eran un tipo de agujeros, como si el Sol fuera un enorme queso gruyere, pero hoy se sabe que el calor del astro rey no es parejo y a ello se deben los cambios continuos en forma, tamaño y número. Como dato adicional, cabe decir que las manchas aparecen por pares, y su duración no va más allá de los diez días. De pronto puede haber demasiadas y poco tiempo después no encontrarse ninguna.
· El primero que se dio cuenta de que el Sol tenía manchas fue Teofrasto de Atenas, alrededor del año 350 a.C. Galileo, en el año 1610, lo observó con un telescopio y se dio cuenta de las manchas, realizando un minucioso e interesante estudio de ellas. Por desgracia aquellas observaciones en directo terminaron dañándole la vista y dejándolo ciego. En esa misma época, el alemán Johannes Fabricius, también utilizó un telescopio para observar el Sol, solamente que él, de una forma muy ingeniosa proyecto la imagen solar en una pantalla, y de esa forma no lo vio directamente, evitando ser dañado.
· El fraile jesuita Christopher Scheiner, también en Alemania, en el año de 1611, también se dio cuenta de las manchas solares. Y se le ocurrió contarle de su descubrimiento a su superior, quien le dijo: "He leído los escritos de Aristóteles de principio a fin y puedo asegurarte que en ninguna parte de ellos he encontrado nada similar a lo que tú mencionas; así que hijo mío ve en paz y tranquilízate; puedes estar seguro de que lo que tomaste como manchas en el Sol, son fallas de tus lentes o de tus ojos." Pero Christopher no hizo caso y siguió investigando, dejando una valiosa documentación que sirvió de guía para los científicos de las siguientes generaciones.
· Pero el Sol, al igual que todas las cosas, no es algo eterno, su energía un día habrá de terminar. Poco a poco irá sufriendo algunos cambios. El núcleo del Sol, con el paso del tiempo contará con menos hidrógeno y más helio, lo cual subirá su temperatura haciéndolo mucho más brillante. Se calcula que su calor y luminosidad se incrementarán progresivamente, hasta alcanzar un diámetro tres veces mayor al actual.
· ¿Qué provocará todo esto en la tierra? O más bien, la pregunta es ¿Qué no pasará en la tierra?. Para comenzar subirá tanto la temperatura que se derretirán los casquetes polares y el agua de los mares entrará en punto de ebullición hasta evaporarse por completo.
· El núcleo, del Sol, iniciará un proceso de extinción y con ello habrá de contraerse su dimensión total, provocando un aumento mayor de la temperatura, que propiciará una enorme explosión, arrojando una tercer parte de su masa al espacio Todo esto dentro de unos 1500 millones de años, después de lo cual el Sol se reducirá a una décima parte de su tamaño actual, adquiriendo un color profundamente anaranjado. Mercurio será tragado por el Sol en esta etapa y la superficie de la Tierra será lava fundida.

· Al final, el Sol terminará convertido en una pequeña estrella, con un diámetro semejante al de la Tierra. Mientras que nuestro planeta se enfriará, y las enormes nubes provocadas por la evaporación de los mares, volverán a dejar caer su lluvia.
· ¿Qué habrá pasado para entonces con el hombre?. Seguramente habrá avanzado tanto la tecnología, que el hombre ya no vivirá en la tierra. Tendrá un moderno paraíso, lejos de esta catástrofe, en un lejano planeta del Universo.
· Bueno, todo esto será posible si es que antes no se convierte en su propio verdugo.

MI MADRE

Mi madre era una mujer sencilla, de esas mujeres de reboso y escapulario, que a diario van a misa y por las noches reúnen a sus hijos para rezar el rosario. Mal sabía leer y escribir, ya que nunca tuvo la oportunidad de ir a una escuela, pero jamás encontró impedimento alguno que la desalentara para realizar cuanto se proponía en la vida.
Pasaba sus días en quehaceres ordinarios: iniciaba en la cocina metiendo leños en la hornilla, los suficientes para cocer la enorme hoya de frijoles que se precisaba para darle el almuerzo a sus trece chiquillos; y mientras la hoya cocía el tradicional alimento de la gente humilde; mi madre se marchaba hacia el corral con su balde en mano para ordeñar a la pinta y a la paloma, dos hermosas vacas que daban muy buena leche para los chiquillos, y todavía sobraba lo suficiente para hacer algunos quesos.
Después había que moler el nixtamal en el rústico molino, tortear la masa, servir el almuerzo, mandar los niños a la escuela y quien sabe cuantas cosas más. Toda esa sarta de faenas que solo Dios sabe como realizan todos los días las madres.
Fue una mujer que nunca se doblegó ante nada, jamás la escuché quejarse, y ante los más graves infortunios siempre mantuvo en pie la esperanza. No sabía de abrazos, ni de frases cariñosas; jamás nos dijo un “te quiero”, pero la verdad que nunca hizo falta. Hacia tanto y tanto por nosotros que en cada uno de sus actos lo demostraba. Difícil entender el como en una mujer tan pequeña cabía un corazón tan grande.
Por razones extrañas de la vida, entre ella y yo un día se nos metió la distancia. Jamás dejó de escribirme, aunque casi nunca contestaba sus cartas, y cuando Dios permitía que la viera, se metía las manos a los bolsillos, esculcaba tras de sus santos y sacaba cuanto dinero tenía y siempre todo me daba.
Para ella siempre fui como un niño, al que había que darle mucho de comer, y cuidar para que no se enfermara. Me preparaba el caldo de res y el arroz con leche que tanto me fascinaban. Le agradaba verme feliz y era tal su pesar cuando me veía triste, que en cierta ocasión que tenía problemas en el trabajo, me dijo que lo dejara, que me dedicara a pintar mis cuadros, a componer mis canciones, a leer mis libros y a hacer lo que yo quisiera, que al fin ella podía mantenerme con algo de la pensión que el gobierno le otorgaba (por fortuna jamás acepté la propuesta).
Fue una mujer ordinaria y sencilla, como suelen ser muchas de las madres. No le faltó por hacer nada, cumplió calladamente con su misión en la vida. Quizás otros hayan tenido madres destacadas, que emprendieron negocios, que fueron gente culta, que leyeron a Cervantes, a Shakespeare o Gohete, y fueron educadas en las ciencias y en las artes. Pero mi madre nunca supo de gran cosa, solo sabía entregarse día con día a las cosas más comunes y ordinarias. A lo que no parece importante, por lo que no se reciben diplomas ni medallas; más aún así, era mi madre, tal vez muy semejante a la tuya. Mujeres que nos dieron la vida sin recibir nunca un reconocimiento. Pero vivieron siempre orgullosas de que Dios les otorgó el privilegio de ser madres.

EL MONASTERIO MAGICO

Un hombre culto y generoso ofrecía todas las semanas un banquete al cual solían acudir una buena cantidad de gentes importantes. A estas reuniones se les dio en llamar las Asambleas de los Cultos.
A dichas reuniones acudía un derviche, quien al llegar estrechaba las manos de los presentes, y luego se sentaba en un rincón de la mesa, comía lo que se servía, y al terminar se levantaba, se despedía cortésmente y con gran humildad, y luego se marchaba sin haber dicho mayor cosa.
Para todos, el derviche, era un extraño, realmente nadie lo conocía. La primera vez que llegó, fue aceptado en la reunión porque creyeron que era un santo, alguien muy importante que era poseedor de grandes conocimientos espirituales. Y semana tras semana todos los comensales esperaban con impaciencia a que aquél hombre se dignase dirigirles algunas sabias palabras de instrucción. E incluso buscaban la forma de sentarse a un lado de él, para escuchar sin problemas el mensaje que seguramente les entregaría; más fue pasando el tiempo y aquél hombre se mantenía sin decir más palabras que un breve saludo al llegar y una sencilla despedida.
Los integrantes de la Asamblea de los Cultos comenzaron a sospechar que aquél derviche era un farsante. No decía nada, no aportaba nada, parecía que su única finalidad era ir a saciar su hambre. Y aquél lugar no era ciertamente un comedor para mendigos. Era un club donde se compartía la sabiduría entre unos y otros. Por tanto la actitud del derviche con el tiempo comenzó a molestar a los asistentes. Pero nadie le dijo nada. Terminando por ignorarlo e incluso apartarse de él.
Más cierto día el derviche habló. “–Deseo invitarlos a una cena que será servida mañana por la noche en honor de ustedes en mi monasterio –“ dicho esto, se despidió con unas sencillas palabras y se marchó.
Las palabras de aquél hombre provocaron una enorme reacción en los miembros de la Asamblea de los Cultos. Alguien dijo que el derviche vestía en una forma tan miserable que seguramente la cena estaría pésima. Es más, a lo mejor ni cena habría, porque el derviche, por su aspecto, parecía más bien un loco que un hombre santo. No faltó la opinión de alguien que dijo que el derviche los había sometido durante mucho tiempo a una prueba y que ahora pretendía recompensarlos. Tampoco faltó la voz del alarmista, quien previno a todos del peligro que corrían si atendían a la invitación, porque podría tratarse de un personaje con misteriosos poderes para someterlos.
Pero la curiosidad venció los temores, y al día siguiente el grupo fue conducido por el dereviche desde la casa donde se reunían, hasta un apartado lugar del bosque, donde en un escondido lugar había un monasterio de tal magnitud y magnificencia que todos quedaron atónitos al contemplarlo.
En el interior del imponente edificio había infinidad de monjes realizando múltiples tareas. Y al pasar por una sala de contemplación, un grupo de sabios de distinguido aspecto, se pusieron de pie para saludar respetuosamente al derviche con inclinaciones de cabeza. Lo mismo hacían todos los monges que encontraban a su paso; por lo cual los invitados quedaron convencidos que
su anfitrión era un hombre verdaderamente importante.
El banquete que se les sirvió fue indescriptible y sobrepasó toda expectativa. Jamás habían disfrutado de tantos y tan variados platillos, ni recibido una atención tan especial como en aquella ocasión. Así que con la barriga llena y el corazón contento, todos al unísono le suplicaron al derviche
que los aceptara como sus discípulos. Pero el derviche les dijo con sencillez: Esperen el día de mañana.
A la mañana siguiente, en lugar de despertar en aquellas hermosas habitaciones con camas de seda que les habían asignado la noche anterior, se encontraron tirados en el suelo, en el interior de una casona en ruinas, sin que el derviche apareciera por ningún lado.
Al darse cuenta de aquello, lo calificaron de brujo infame. Los había engañado con hechicerías. Se había burlado de ellos, más ahora lo habían desenmascarado. Seguramente no pudo completar su hechizo a causa de la virtud de todos los ahí presentes; porque de no ser así quizás el daño hubiera sido irreparable. Quizás los habría hubiera convertido en sus esclavos, mientras que ellos en su mente seguirían creyendo que estaban en el reino de los cielos.
Lo que todos ellos ignoraban era que, con los mismos medios con que el derviche los había hecho creer que estaban en un monasterio tan suntuoso, de la misma manera los había hecho creer que estaban en la más miserable de las situaciones, aunque la verdad es que ni una ni otra cosa habían sucedido.
Dentro de aquellos momentos de enorme confusión y lamentos, apareció el derviche, surgiendo de la nada y les dijo: Regresemos al monasterio. Hizo un misterioso movimiento con sus manos, y de nuevo todos ellos se encontraron en el majestuoso recinto de la noche anterior.
Ante aquella situación se sintieron arrepentidos de sus palabras y llenos de vergüenza. Se dieron cuenta de que aquella casa en ruinas donde habían despertado solo fue una ilusión para someterlos a prueba, pero el monasterio era la realidad. Lo bueno, según ellos, era que el derviche no había escuchado sus agrias quejas.
Mas de nuevo el derviche hizo un movimiento con sus manos y de pronto todos se encontraron sentados a la mesa en el mismo lugar donde siempre hacían sus reuniones. Y el derviche continuaba en su misma esquina de siempre, comiendo sin decir palabra su plato de arroz. Todos se quedaron mirando unos a otros. La experiencia no había sido un sueño, ni una ilusión de uno solo de ellos. ¡Todos la habían vivido!.
Quisieron interrogar al derviche, pero este se mantenía cabizbajo comiendo con humildad el arroz que había en su plato. Y nadie se atrevió a interrumpirlo. De pronto, la voz del derviche se escuchó al unísono dentro de cada uno de los corazones de los miembros de la Asamblea. Y les dijo: Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad; será imposible que un derviche pueda enseñarles algo, solo ilusiones. Aquellos que se alimentan de autoengaño y fantasía, solo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.
El derviche no había movido en lo más mínimo los labios, pero a todos hizo llegar su mensaje. Después se levantó y sin decir absolutamente nada se marchó.
En la siguiente reunión su lugar quedó vació; el derviche jamás volvió.

LA LEYENDA DE LA CASA DE LOS PERROS

Cuentan los viejos libros que en Guadalajara había un rico cafetalero llamado Jesús Flores, quien tenía su casa en la calle de Santo Domingo, hoy llamada Av. Alcalde. Don Jesús, en el momento en que iniciamos esta historia, era un viejo viudo de setenta años, que harto de su soledad buscaba con afán el tener una compañía.
Ahí en la esquina, de lo que es hoy Alcalde y San Felipe vivía una viuda con tres hijas muy hermosas, dedicadas a realizar trabajos finos de costura, en lo cual habían hecho buena fama. Una de las hijas de aquella costurera, debido a su gracia y belleza pronto fue desposada por un apuesto y acomodado caballero. Pero el rico viejito se derretía por Elodía, otra de las hermanas, aunque ella no le hizo jamás el menor caso y terminó contrayendo matrimonio con un rico alfarero de Tlaquepaque.
Ana, la última de las hijas, no vio con malos bigotes a Don Jesús, y aunque él jamás la había pretendido, pronto se vio seducido por su coquetería, a todas luces manifiesta; y sin pensarlo demasiado, le propuso a la jovencita matrimonio. A falta de pan, buenas son semas. Quizás en sus años mozos Don Jesús fue un joven atractivo, pero en esos tiempos ya no quedaba absolutamente nada digno de verse en aquel anciano, excepto su fortuna, que le borraba hasta las arrugas y lo encorvado.
Anita no perdió tiempo. Ante la insistencia de aquél hombre, que sentía se le acababa el tiempo; ella le hizo ver que la única forma de casarse con él era que le hiciera a la casa un segundo piso; porque solo las gentes adineradas tenían una así, y ella pretendía mostrar una excelente imagen ante la sociedad.
Don Jesús ni tardo ni perezoso, llamó de inmediato al ingeniero Arnulfo Villaseñor y le encargó la remodelación de la casa. Una vez terminada, y después de haber contraído matrimonio la desigual pareja, Doña Ana, y la llamo ahora así, porque ya era la “gran señora”, completó la decoración exterior con un par de esculturas que vio en una revista de decoración, y las cuales tuvieron que ser traídas directamente desde Nueva York. Dando con ello el toque final, y el motivo para que aquella finca a partir de entonces fuera conocida como “la casa de los perros”.
Al frente de sus negocios, Don Jesús, tenía a un honrado caballero llamado José Cuervo, quien con gran habilidad le multiplicaba día con día la fortuna, lo cual después de pasada la emoción de tener de nuevo compañera, para Don Jesús se convirtió en la única ilusión en la vida.
Pero el reloj de arena se quedó sin granos y Don Jesús falleció dejando a Doña Ana sola, quien para no sufrir aquél terrible mal de la viudez, muy pronto encontró consuelo a su tristeza en los brazos del fiel mayordomo, quien prosiguió afanosamente acrecentando la fortuna con el buen manejo de los negocios.
Y como el dinero fluía por todas partes, Doña Ana y Don José hicieron una casa nueva, la cual se aprecia aún el la esquina de Colón y Libertad, donde se fueron a vivir su insólito romance, dejando atrás aquella casona que Doña Ana ya no vio con simpatía porque estaba llena de recuerdos no del todo gratos.
Poco tiempo después vendieron la “casa de los perros”, pero quien sabe que pasó con el nuevo dueño, porque la finca duró mucho tiempo abandonada y aquello dio pie a una gran leyenda.
Se corrió el rumor de que quien rezara un novenario en el mausoleo de Don Jesús Flores, recibiría en premio las escrituras de la “Casa de los Perros”. Era requisito que los rezos se efectuaran a las 12 en punto de la noche, llevando como única compañía una vela. Dicen que lo intentaron una buena cantidad de gentes, hombres y mujeres. Que hasta se hizo una gran vendimia noche a noche afuera del panteón de Mezquitán. Por todas partes surgieron los valientes, que vieron en aquella situación una forma fácil de hacerse de fortuna. Pero todos fracasaron. Algunos salían antes de cinco minutos, corriendo como alma que lleva el diablo, otros se tardaban tanto en salir, que cuando los iban a buscar los encontraban desmayados.
Con el tiempo pasó la euforia, o se acabaron los valientes. Se dice que el problema de todo ello estaba en que una voz de ultratumba se empeñaba en contestar cada uno de los rezos. Y así, hasta el hombre más valiente se cuartea.