lunes, 8 de junio de 2009

LA LEYENDA DEL UNICORNIO

Según narra el libro del Génesis, Dios le dio a Adán la tarea de ponerle nombre a todas las cosas y animales creados. La Biblia antigua decía que el primer animal que recibió nombre fue el unicornio, posteriormente le borraron eso de “unicornio” y le pusieron “toro salvaje”. Pero según se cuenta antiguamente había siete referencias de él en el libro sagrado.
La antigua tradición decía que cuando fueron expulsados del Paraíso, el unicornio fue con ellos, por lo cual luego fue tomado como símbolo de castidad y pureza.
Para la gente de la edad media la existencia del unicornio era tan cierta como las historias de la Biblia. Todos creían en él.
En la edad media se pagaba su peso en oro por los cuernos del unicornio. Se decía que era un animal semejante a un ciervo, con un cuerno de hasta dos metros sobre la frente. Era, según cuentan las crónicas, un animal muy fiero y que solo las más bellas doncellas podían amansar. Su cuerno era un fabuloso antídoto contra todo veneno. Bastaba limar un poquito en la copa del rey antes de cada bebida para que nunca muriera envenenado. Incluso se realizaban copas con los cuernos de este animal para el servicio de los reyes. Algunas de esas copas han llegado hasta nuestros días. Aunque cabe aclarar que ahora se sabe que dichas copas fueron realizadas con un cuerno de narval. Un raro animal marino que tiene un cuerno muy peculiar y con el cual se estuvo engañando mucho tiempo a la gente al hacerlo pasar como de unicornio.
También se decía que con el cuerno de unicornio se curaban dolores de estómago, epilepsia y que quien lo poseía alcanzaba incluso la inmortalidad. ¡Hasta los muertos resucitaban!.
Y para evitar fraudes se decía que el verdadero cuerno:
- Hacía hervir el agua al que era arrojado, aunque sin calor y sin sonido.- Despedía un dulce aroma si era quemado- Al acercar plantas y animales ponzoñosos al cuerno, éstos morían- Sudaba en presencia de un veneno- Siempre era estriado, extremadamente duro, muy pesado, de color de la madera, y capaz de salvar la vida de una paloma envenenada con arsénico.- Si hacían con él un círculo y en éste encerraban una araña, el insecto no podía salir- Si se guardaba dentro de una vasija cerrada, junto con tres o cuatro escorpiones, estos morían al cabo de cuatro horas.
El Talmud habla del unicornio; la tradición judía dice que es el más fiero de los animales y capaz de matar un elefante con una sola estocada de su cuerno. También los escritos antiguos de Asia lo mencionan. Era honrado como el rey de los animales terrestres. Por su fuerza y sabiduría se podía comparar con el dragón y era representativo de la compasión, el amor y la paz. A veces lo representaban con escamas que reflejaban todos los colores del arcoiris.
Era un animal que siempre traía mensajes importantes a los humanos. Hace como 5000 años, se le presentó al emperador Fu Hsi para revelarle los secretos del lenguaje escrito y muchos otros conocimientos. Después otro unicornio se presentó ante el emperador Huang-ti, quien recibió la sabiduría de él e inventó luego los instrumentos musicales, enseñó a su gente a construir sus casas con ladrillos y unió a las tribus chinas por primera vez. Después el unicornio volvió al final de la vida de este emperador y lo llevó sobre sus lomos a la tierra de los muertos.
En la India dicen que hay montañas que son inaccesibles a los hombres y que están llenas de bestias salvajes. Entre ellas está el unicornio. Dicen, además, que tiene el tamaño de un caballo, crines como de león, patas de elefante y cola de cabra. Es extremadamente veloz. Entre sus sienes tiene un cuerno negro, lleno de anillos como en espiral. Es amable con las bestias que se le acercan, pero pelea con los de su raza, y no solo los machos entre sí, sino que contiende aún con las hembras y sus peleas son a muerte. Por supuesto que nadie jamás ha logrado capturar uno de ellos.
En Persia el shad-hahvar (un tipo de unicornio), era una criatura parecida al antílope que poseía un solo cuerno hueco, mismo que producía las más hermosas melodías cuando soplaba el viento a través de él. Los animales que escuchaban esta canción eran seducidos y llamados por su dulzura. Aquél unicornio persa entonces los devoraba.
Pese a que no se ha encontrado jamás el esqueleto de uno de ellos, muchos creen que el unicornio si existió, al igual que los dinosaurios, el mamut, el Yeti o el monstruo del Lago Ness. Y no falta quien diga que aún existe, pero solo logrará verlo o atraparlo aquél hombre que sea todo pureza y virtud. ¿Reunirá algún mortal semejantes atributos?

LA OREJA DE VINCEN VAN GOGH

Un día de invierno, Vincent encontró a una mujer que vagaba por las calles, estaba alcoholizada, embarazada, más aún así luchaba por conseguir algún cliente que quisiera pagarle un poco de dinero por un rato de malsano placer. A Vincent le dio lastima. Pese a su condición la mujer le pareció atractiva. La noche era tan fría que calaba hasta lo insoportable, por ello decidió llevarla consigo.
Vincent había intentado de muchas formas relacionarse amorosamente con una mujer, pero solo había sufrido desprecios y decepciones. Ahora tenía a su lado a un ser desprotegido y hambriento y por ello no titubeó en darle su abrigo.
Cuando su familia se enteró puso el “grito en el cielo”. Ya bastantes problemas les había ocasionado con su carácter tan inestable y agresivo; ellos eran religiosos, incluso el mismo Vincent había sido misionero, hijo y nieto de pastores protestantes… aquello era el colmo, algo insoportable, un total escándalo. ¡Vincent vivía en concubinato con una prostituta!
Pero Vincent no amaba carnalmente a Sien, ante sus ojos ella era solo una mujer desvalida necesitada de protección y cariño. El era su salvador. Y tanto le inspiró que comenzó a utilizarla como modelo para sus trabajos. Tomó el pliego y el carboncillo e inició los trazos de aquella figura maltratada y desvalida. Dibujos que nadie compraría, porque… ¿a quién le interesa tener en casa un retrato de una prostituta en decadencia?.
Los dibujos que Sien le inspiraba eran de una belleza profunda. Incluso uno de ellos se lo dedicó a su hermano Théo, quien fue siempre el más grande apoyo para el pintor, más para Théo también era inaceptable aquella relación. Cuando su hermano recibió el dibujo se sintió totalmente decepcionado. Era el retrato de una mujer con el cabello suelto, el cuerpo demacrado, usado, los senos flácidos, como una flor totalmente marchita…
A mediados del año Vincent ingresó al hospital, no para tratarse de sus frecuentes ataques de locura, sino para curarse de una enfermedad venérea que le había regalado su cándida protegida. Pero a Vincent ni le importó. Ese día Sien había dado a luz a una chiquilla raquítica, que provocó las más emotivas reacciones de Vincent. Por primera vez en la vida se sentía padre, y el hombre más feliz de la tierra.
Momento agridulce ciertamente, ya que Vincent pasaba grandes penurias económicas. No lograba vender ninguno de sus cuadros y su familia insistía en que debía abandonar a aquella mujer. Ella siguió bebiendo y prostituyéndose, incluso tiempo después volvió a quedar embarazada y tuvo un nuevo hijo. ¿De Vincent?. Quien sabe. Pero él le perdonaba todo. Se sentía engañado, burlado, humillado, pero ¿qué importa?. Sentía tanta lástima por ella que sus faltas carecían de importancia.
Al fín decidió separarse de ella. No porque se hubiera cansado de su conducta, sino porque estaba en tantos problemas que ya le era imposible ayudarla. Y así terminó esa historia, más no el enfermizo placer de Van Gogh por relacionarse con mujeres de la noche.
Tiempo después se cortó el lóbulo de una oreja. Le sobrevino una hemorragia tan fuerte que empapó varias de sus toallas, esparciéndose la sangre por el piso. Como Dios le dio a entender se vendó la cabeza, puso el fragmento de oreja cortada en un sobre y fue a llevárselo a una mujer. Dicen que era una damicela de la vida galante. Al entregarle el sobre le dijo: “Guarda este recuerdo mío”. Después volvió presuroso a su casa, se acostó y se durmió.
Vincent fue llevado al hospital, ahí lo atendió el doctor Rey, a quien luego en agradecimiento le obsequió uno de sus cuadros.
Una mañana, Vicent fue al hospital y encontró al doctor Rey afeitándose en su aposento, con una de aquellas tradicionales navajas tipo cuchilla. Vicent se le acercó y quedó viendo con malicia la navaja, luego le preguntó:
-¿Qué hace doctor?
- Me estoy afeitando como ves…-
-Vicent sonríe y le propone: -Si quiere yo lo afeito –
El doctor enfurecido le gritó - ¡Lárgate de aquí inmediatamente! –

KEVIN MITNICK EL HACKER

Desde muy pequeño Kevin Mitnick sintió una auténtica fascinación por las computadoras. Otros niños se obsesionan con los videojuegos, más no fue el caso de Kevin. Mostró tal audacia en este campo, que en 1980, cuando tan solo contaba con 16 años, encontró la forma de romper las normas de seguridad del sistema administrativo de su colegio e ingresó directamente hasta el archivo donde estaban sus calificaciones. Todo ello desde la computadora que tenía en casa. Pero no hizo ninguna alteración, ni había necesidad, sus calificaciones ya eran buenas.
Aquella primera experiencia le llenó de una onda satisfacción, así que a partir de entonces encontró el máximo placer en explorar y apropiarse de la valiosa información de las compañías conectadas a la red. Había nacido el más afamado Hacker de nuestro tiempo.
En 1981, junto con un par de amigos, se introdujo físicamente a las oficinas de Cosmos Pacific Bell, una base telefónica central utilizada por la mayoría de las compañías telefónicas norteamericanas, misma que controla el registro de llamadas y de ahí se robaron una lista de claves de seguridad, la combinación de las puertas de acceso de varias sucursales y manuales del sistema. Aquella información robada tenía un valor de 200 mil dólares. El chiste no les salió perfecto porque la novia de uno de ellos los delató, aunque por ser menor de edad, una corte juvenil lo sentenció a tres meses de cárcel y a un año bajo libertad condicional.
El custodio que fue comisionado para vigilar a Kevin, de pronto se dio cuenta que su teléfono personal estaba muerto. Reclamó a la compañía telefónica y ahí le reportaron que ni siquiera existía un registro a su nombre en el sistema. Señal de que Kevin continuaba haciendo de las suyas.
La venganza le parecía dulce, así que ingresó a los sistemas de la compañía telefónica y colocó una serie de números telefónicos para su servicio, los cuales eran imposibles de facturar. El nombre con el que los dio de alta, James Bond y todos ellos con terminación 007. Después ingresó a un sistema de tarjetas bancarias y se apropió de 20 mil números. Se robó el software de más de media docena de fabricantes de celulares y tenía el control de tres oficinas centrales de teléfonos en Manhatan y de todos los centros de conmutación de California, teniendo la posibilidad de escuchar cualquier conversación telefónica; o haciendo diabluras como alterar el registro de un teléfono particular, para que cada vez que el usuario levantara la bocina se escuchara una grabación que pedía depositara una moneda de .25 ctvs.
Al darse cuenta del robo sufrido se reportó de inmediato la situación al FBI. Un año más tarde fue arrestado de nuevo. Para entonces ya había accedido a la computadora del Pentágono. Lo sentenciaron a seis meses de cárcel en una prisión juvenil de California. No podían hacer más porque seguía siendo menor de edad.
Una vez libre continuó con sus fechorías e invadió el sistema de la compañía Microcorp System. Lo atraparon y sentenciaron a tres años de libertad condicional, más luego su expediente desapareció de la computadora de la policía local.
Decidió corregirse y buscó empleo en el Security Pacific Bank, pero al conocer sus antecedentes fue rechazado. En venganza entró a su sistema, modificó su balance y los hizo aparecer con pérdidas de mas de 400 millones de dólares. Más el administrador de la red se dio cuenta de la violación y detuvo a tiempo el informe. De haberse publicado había provocado una catástrofe.
Ese mismo año se inició el escándalo que lo llevó a la fama. Durante meses observó secretamente el correo electrónico de los miembros del departamento de seguridad de MCI Comunications y Digital Equipment Corporation, para conocer como estaban protegidos las computadoras y el sistema electrónico de ambas compañías. Luego de conocer suficiente información se apoderó de 16 códigos de seguridad de MCI y junto a su amigo, Lenny DiCicco, entraron en la red del laboratorio de Investigaciones de Digital Corporation, obteniendo una copia del prototipo del nuevo sistema operativo de seguridad. La compañía se dio cuenta del ataque y dieron aviso al FBI, quien comenzó a rastrear a los hackers.
Pero Mitnick fue un boquiflojo, le contó al jefe lo que habían hecho, y este de inmediato los denunció a Digital y al FBI.
Ambos fueron arrestados. La empresa afectada los acusó por un daño de 4 millones de dólares por el robo de su sistema operativo. Fue declarado Mitnik culpable de fraude en computadoras y posesión ilegal de códigos de acceso de larga distancia, prohibiéndole el uso del teléfono en la prisión, ya que a través de cualquier teléfono podía obtener acceso a las computadoras. Tan solo se le autorizó llamar a su abogado, a su esposa, a su madre y a su abuela y solo bajo supervisión de un oficial de la prisión.
El caso fue ampliamente difundido en los Estados Unidos. Su abogado convenció al juez que Mitnik sufría de adicción a las computadoras, al igual que un alcohólico, un drogadicto o un apostador. Gracias a esta maniobra, Mitnick fue tan solo sentenciado a un año de prisión, más el seguimiento de un programa de rehabilitación posterior de seis meses.
En 1991, Mitnick, ya era toda una gran figura que incluso había aparecido en la primera página del New York Times. John Markoff, escribió un libro con la historia y aventuras del hacker, cosa que le molestó bastante, ya que su cuenta de correo electrónico fue sobresaturada con tantos admiradores que logró a nivel mundial.
En 1992, Mitnick ingresó a trabajar a una agencia de detectives, donde hizo un manejo ilegal de la base de datos, interviniendo de inmediato el FBI quien determinó que había violado los términos de su libertad condicional. Allanaron su morada, pero Mitnick no fue encontrado convirtiéndose en prófugo de la justicia.
El Departamento de Vehículos de California ofreció una recompensa de 1 millón de dólares a quien arrestara a Mitnick, por algunas fraudulentas maniobras que realizó en su sistema. Parecía un imposible atraparlo, porque había perfeccionado al máximo su forma de operar a través de teléfonos celulares.
En la navidad de 1994 Mitnick invadió la computadora de Tsutomu Shimomura, un físico computista y experto en sistemas de seguridad del San Diego Supercomputer Center, quien era un excelente hacker, pero dentro de la legalidad. Le sorprendió ver como alguien había invadido su sistema con un método muy sofisticado, que jamás había visto. El intruso le había robado su cuenta de correo, software para el control de teléfonos celulares y varias herramientas de seguridad. Shimomura, herido en su orgullo personal, decidió ir a la caza del culpable.
Posteriormente Shimomura descubrió que Mitnick había creado una cuenta fantasma en la compañía The Well y desde ahí lanzaba con las herramientas de Shimomura ataques contra los sistemas de Motorola, Apple y Qualcomm. Shimomura se puso en contacto con los jefes de sistemas de estas compañías y uniendo fuerzas lograron detectar que las llamadas provenían de Raleigh, California.
Con el apoyo del FBI, más un equipo de rastreo creado por Shimomura, y después de sortear infinidad de problemas, lograron encontrar el departamento donde se escondía el infractor. El FBI tocó a la puerta y Mitnick abrió sin sospechar que había caído nuevamente en poder de la justicia. Le decomisaron una enorme cantidad de material de cómputo y equipo telefónico.
De regreso a su hotel, Shimomura escuchó los mensajes de la contestadora telefónica de su residencia en San Diego. Y para su sorpresa encontró varios mensajes dejados por Mitnick, todos ellos con acento oriental y en tono de burla. El último había sido recibido ocho horas después de su arresto. ¿Cómo lo Hizo?. Nadie ha podido hasta hoy dar la respuesta.

ANITA Y EL MARAHAJA DE LA INDIA

Anita Delgado era una de las bailarinas del café-concierto Central-Kursaal de Madrid, un sitio frecuentado por artistas e intelectuales. Era una chica muy sensual y atractiva, por lo cual, pese a sus dieciséis años, recibió repetidas propuestas de pintores como Romero de Torres para posar, más ella siempre las rechazó. Era originaria de Málaga, donde su padre tenía un pequeño café; pero un día la situación se les presentó muy difícil y la familia se vio obligada a vender lo poco que tenían y emigrar a la capital.
A Anita y su hermana Victoria les encantaba la poesía y su padre les pagó cursos de declamación, pero con la llegada de los malos tiempos, se acabaron los privilegios y hubo la necesidad de que las jovencitas se pusieran a trabajar. Lo peor de todo, desde el punto de vista de su padre, fue que en Madrid Anita y Victoria, al no encontrar otra oportunidad, entraron a aquél cafetín a desempeñarse como bailarinas. Pero el hambre y la necesidad eran más grandes que el orgullo, y su padre terminó por aceptarlo a regañadientes.
Dos años después, una de aquellas noches en que Anita desplegaba los encantos de su figura al vaivén de la música seductora, sintió la penetrante mirada de un hombre muy peculiar, que estaba entre la concurrencia. Aquél hombre de porte distinguido y personalidad fuera de lo común, seguía como hechizado cada uno de sus delicados movimientos. Cuando su número terminó, el extraño caballero se puso de pie y aplaudió más que ninguno, luego fue a seguirla hasta el camerino y la invitó a venir a su mesa.
Aquél novel admirador era el príncipe Jegait Singh, maharajá de Kapurtala, una región del norte de la India, y quien estaba en Madrid como invitado a la boda del rey Alfonso XIII y Ana Battemberg.
El maharajá hizo hasta lo imposible por conquistar a Anita, pero la jovencita se sintió tan acosada por el extraño personaje que hizo cuanto puedo por alejarse de él. No era el primero que la anhelaba; ya había tenido demasiadas propuestas de hombres ricos que iban a embriagarse y de paso buscaban una aventura, y ella no tenía el menor deseo de ser la aventurilla de nadie.
El príncipe volvió a buscarla e insistió con su propuesta noche tras noche, más ella fue firme en todo momento con su negativa. Poco después el maharajá tuvo que salir presuroso de Madrid rumbo a París, debido a que se presentó un atentado contra los reyes de España de parte de un anarquista. Más no perdió la esperanza y desde la capital francesa envió a su mensajero para intentar una respuesta afirmativa de la hermosa muchachita.
Ella continuó resistiéndose, pero su grupo de amigos, quienes conocían de la propuesta, la animaron a darle el “sí” al príncipe, y Anita, después de evaluar la situación, y más que por otra cosa, pensando en que esto ayudaría económicamente a su familia, al final terminó por acceder, dirigiéndose a París para formalizar el compromiso. Posteriormente él partió hacia la India, dejándola al cuidado de un grupo de sirvientes, mientras se solucionaban los papeles que eran requeridos para el viaje. Más en cuanto se completaron las formalidades se embarcó rumbo a la India para concretar el matrimonio.
Cuatro semanas después, Anita llegó en barco a Bombay; era el mes de noviembre del año 1907. Un tren la esperaba para llevarle a Kapurtala. El vagón del maharajá era de un lujo increíble. Las paredes de caoba, las lámparas de bronce, la vajilla inglesa y el conjunto tapizado en terciopelo azul y plata. En cuanto a bebida y comida, todo estaba a la altura de un alto monarca. Además el séquito de sirvientes la atendió como a una auténtica princesa, aunque ella era de una condición verdaderamente humilde.
Después de dos placenteros días de viaje, Anita despierta en el Punjab, una de las regiones más bellas y fértiles de la India: campos dorados de trigo y cebada, prados floridos cercados de álamos, un mar ondulante de maíz, de mijo y de caña de azúcar, atravesado por ríos de aguas plateadas y poblado de campesinos enturbantados que empujaban afanosamente sus arados tirados por bueyes descarnados. Había tanto tráfico por los caminos cercanos que se formaban largas caravanas de carros de bueyes repletos de frutas y verduras.
El tren que transportaba Anita se detuvo en Jalandar, un acotamiento británico donde la esperaba el maharajá. La pareja continuó su camino en un elegante Rolls Rollce.
Fueron recibidos en Kapurtala por la gente del pueblo, con una devoción que ralló en el fanatismo. Anita fue tratada como una reina, la gente le besaba las manos y los pies y todos se inclinaban a su paso juntando las manos como en señal de oración. Una doble hilera de elefantes se extendía hasta el porche de la entrada, en perfecto orden de formación, para darles la bienvenida. Adentro, el palacio era tal y como cualquier cenicienta hubiese soñado. Había tantos sirvientes, que el interior parecía una ciudad, tan solo baste decir que los suntuosos jardines eran atendidos por 500 jardineros.
La boda rebasó todos los límites de lo imaginado. Anita fue vestida de la más fina seda y aromada de mirra. A la ceremonia llegó montada sobre un deslumbrante elefante previamente engalanado con ricas vestiduras bordadas. A partir de entonces Anita se convirtió en una de las mujeres más envidiadas del planeta.
El palacio del maharajá era realmente impresionante. Todo como de ensueño, pero como este no es un cuento de hadas, debo decir que tras el matrimonio, Anita descubrió que su flamante marido tenía cuatro esposas más y un hijo con cada una de ellas, algunos de su misma edad. Más a pesar de la dura competencia, Anita supo imponerse, manteniéndose como la esposa favorita de príncipe. Aunque su familia política desaprobó el matrimonio y la consideró una intrusa, causándole enormes problemas. El principe era un hombre amante de los placeres y la vida, sobre todo muy inclinado a las mujeres pero aún así Anita aprendió a amarlo.
El monarca gustaba de las joyas, la comida, la bebida, los caballos, los Rolls Royce, la cacería de tigres, el buen vestir, viajar a Europa... todos los lujos de un príncipe. Disfrutaba al máximo los placeres de la vida.
Con gran paciencia el príncipe Jegait la instruyó en las costumbres hindúes y la educó y refinó sus modales para que se condujera con corrección representando su nuevo papel de princesa. Pronto se convirtieron en la pareja de moda. Continuamente viajaban por toda Europa, Estados Unidos y Sudamérica, siendo perseguidos por fotógrafos y reporteros de los cinco continentes.
Anita no tardó en adaptarse a su nueva vida. Lo mismo vestía el sari hindú que espectaculares modelos diseñados en la capital francesa. Amo a la gente del pueblo y ese amor fue ampliamente correspondido.
La princesa andaluza alumbró a un hijo, al que llamó Ajit. Lo educó con gran esmero inculcándole el amor por sus raíces, dándole clases de castellano, y fue tal el éxito de su progenitora en este sentido, que ya de grande se aficionó el muchacho a los toros y platillos españoles.
A la llegada de la I Guerra mundial el príncipe participa en el conflicto apoyando a los ingleses. Se marcha con Anita a Europa y hace importantes donativos a los hospitales franco-británicos. Y fue durante ese tiempo que surgieron los conflictos entre la pareja. Anita obtuvo el divorcio y fue expulsada de la India junto con su hijo. Se quedó a radicar en París, en un piso de 500 metros cuadrados, con doncellas y chofer. Disfrutando de una espléndida pensión otorgada por el maharajá, con quien jamás perdió la amistad.
En Francia, después de divorciada entabló una oculta relación con un agente de bolsa llamado Ginés Rodríguez, quien estaba casado con una prima de Anita. Hombre culto, inteligente y reservado. La relación se mantuvo totalmente en secreto, a ninguno convenía que aquello se divulgara. Él por evitar problemas con su mujer y ella por temor a que su ex marido le redujera o eliminara la cuantiosa pensión que le permitía vivir como una auténtica reina.
Con los años, Anita se fue apagando. Vivió sus últimos días en Madrid, donde falleció el 7 de julio de 1962.

REINHOLD MESSNER, EL ALPINISTA

En 1980, Reinhold Messner, se propuso escalar el Monte Everest sin los tradicionales sherpas, los hombres que ayudan con la carga. Sin un equipo de alpinistas de apoyo, decidió hacerlo solo, pero además no quiso llevar prácticamente nada, ni oxígeno, ni radio, ni escalera de aluminio o cuerdas. Su único equipo de montaña consistió en unos palos de esquí, un pico y una clavija para sujetar su propio cuerpo al suelo en caso de tormenta.
Su ascenso fue lento, muy lento, pero avanzó seguro y constante. La empresa no fue nada fácil, pero su determinación arrasó con los obstáculos. Más logró llegar a la cima, arrastrándose como un reptil y a punto de perder el sentido, más aún así completó su hazaña. Ahí en el picacho más alto del Everest descubrió la bandera dejada por los chinos en 1975. A su lado se sentó buen rato intentando recuperar un poco de sus fuerzas. Después sacó su cámara y se tomó algunas fotografías, cada una de las cuales le exigió un esfuerzo sobrehumano. En una de ellas aparece con toda la barba llena de hielos, con un par colgando de los bigotes que le dan toda la apariencia de foca.
Durante unos breves instantes contempló el cielo, sintió lo profundo de la soledad de las alturas y con un hondo suspiro inició el dificultoso descenso.
Tiempo después, ya en casa, aceptó dar una entrevista para la TV. El periodista, intentando lograr del alpinista unas frases de impacto le preguntó:
-“¿En que pensó usted cuando en el momento en que llegó a la cumbre del Everest?-
La respuesta que el entrevistador esperaba era quizás, que se sintió como quien toca a las puertas del cielo, o que fue el momento más grandioso de su vida y se sintió más cerca de Dios que nunca, o algo por el estilo. Pero aquél hombre pareció desconcertado ante la pregunta, se encogió de hombros, hizo un momento de silencio con una pausa que pareció más larga de lo debido y después lentamente respondió:
- “En nada, me sentía muy cansado” –
El entrevistador sintió pánico ante semejante respuesta. No era por supuesto lo que esperaba y por ello presionó a su entrevistado.
- Claro que estaba cansado, pero algo grande debías de haber pensado, o deseado con toda tu alma, porque era un momento muy especial, dime al menos lo que deseabas –
El alpinista, totalmente ajeno a la presión que se le ejercía, contestó con toda honestidad:
- Lo único que deseaba era volver a casa –
Años después Messner llegó a la cumbre del Lhoste, la cuarta montaña más alta del mundo, y se convirtió en el primer alpinista en la historia que escalaba las catorce montañas superiores a 8 000 metros, los catorce picos conocidos por los alpinistas con el nombre de “ochomiles” y que están todos en el Himalaya. Cuando bajó del Lhoste, mismo que escaló de la misma forma que el Everest, sin equipo de montañismo, un reportero le pregunto:
-¿Qué viste en lo alto de la montaña?-
Y él, con su misma simpleza de siempre le respondió:
- Nada, allí arriba no había nadie”

DEMÓSTENES

Demóstenes era hijo de un poderoso fabricante de armas, pero su padre murió cuando apenas contaba con tan solo siete años de edad, por lo cual toda la cuantiosa fortuna heredada quedó en manos de sus tutores, quienes hicieron muy buen uso de ella… en su propio provecho, despojando al pequeño de todo lo que le pertenecía.
Cuando Demóstenes cumplió la mayoría de edad entabló una demanda contra estos sinvergüenzas que se habían apropiado de su herencia, pero tan solo logró recuperar una pequeña parte de lo que le pertenecía, más sin embargo aquél triunfo le dio ánimos para incursionar en la política de Atenas, más el día de su primera intervención, su nerviosismo y tartamudez provocaron la burla de todos los presentes, consiguiendo una verdadera humillación.
Demóstenes había sufrido una dura derrota, pero no se dio por vencido. Tenía un portentoso talento, un carácter enérgico, espíritu tenaz y una fuerza de voluntad inquebrantable. Nada ni nadie impediría que construyera su propio camino. Lo que más le molestaba era su tartamudez. Su cabeza estaba llena de ideas que debía comunicar adecuadamente a su gente, pero ¿quién le presta atención a un tartamudo?. Por muy inteligente que seas, si no te expresas con propiedad, la gente no tan solo ignorará tu mensaje, sino que mostrará desprecio hacia tí. Demóstenes comprendió que para convencer y emocionar a las masas, debía corregir aquél impedimento y darle a su rostro y sus ademanes la movilidad y expresión necesarias para que valorizaran adecuadamente el contenido de sus palabras. Por ello se dedicó apasionadamente a construir su propio método de corrección, sometiéndose a duros y prolongados ejercicios de pronunciación. Se encerró en su casa y se rapó la mitad de la cabeza para no tener la tentación de salir a la calle prometiéndose no volver a hablar en público hasta que pudiera hacerlo correctamente. Frente a un espejo ensayaba las contracciones de su rostro, la posición de su cabeza, la postura de su busto, el movimiento de sus brazos, la soltura de sus ademanes, la entonación de cada una de sus palabras. Con humildad, paciencia y perseverancia comenzó poco a poco a construir la personalidad de un auténtico orador.
Después le dio por subir corriendo a la cima de los montes sometiendo sus pulmones a la prueba del cansancio, y una vez arriba recitaba en voz alta las composiciones de los grandes poetas de su tiempo, o se iba a la orilla del mar, donde se llenaba la boca de piedrecitas, para luego hacer sus prácticas de dicción intentando dominar el ruidoso sonido de las olas.
Con gran tenacidad y esfuerzo Demóstenes fue venciendo su tartamudez, dándole fluidez a sus palabras, ritmo y emotividad. Al final logró tal emotividad, fuerza, fluidez y poder de convencimiento en sus palabras que se convirtió en el más grande orador de su tiempo.

LOS CHILES

Cuando Cristóbal Colón se hizo a la mar no iba en búsqueda de tesoros, ni tierras por conquistar, sus intenciones eran encontrar otra ruta hacia el Lejano Oriente, la tierra rica en especie. Iba tras la pimienta, el clavo, la olorosa canela y el comino. De América llevó muchas cosas, que no eran ciertamente las pretendidas especies tan codiciadas, pero llevó consigo el chile, que con el paso del tiempo se convertiría en parte esencial de muchos platillos regionales de todo el mundo.
Todas las variedades de chiles, desde los más picantes hasta los más dulces, son originarias de América. Y alrededor del noventa por ciento de los chiles que se consumen en el mundo son de origen mexicano. Unas pocas variedades provienen de Centroamérica y Sudamérica, sobre todo del Perú y de la Cuenca Amazónica.
El chile recorrió prácticamente todos los caminos del mundo durante el siglo XVI y se arraigó de manera impresionante en países muy lejanos a nuestra Patria. En la India y Sri Lanka preparan el curry, una especie de mole oriental hecho con especies, que incluye los chiles. En Etiopía, el platillo nacional, llamado wat, es a base de chile; y lo mismo se preparan infinidad de platillos con nuestros legendarios chiles en Indonesia, Melanesia y Polinesia; además de China, India, Singapur, Vietnam, Corea, Tailandia, Europa, Canadá y por supuesto Los Estados Unidos. Ni siquiera la lejana Australia se resistió a este exótico condimento.
Pero además los chiles son utilizados en medicina, colorantes y hasta cosméticos. México enriqueció la cocina mundial con tres deliciosos manjares: el aguacate, el chocolate y el chile.