martes, 16 de junio de 2009

EL CADAVER DE LA REINA

El príncipe Pedro se casó con Doña Constanza de Castilla, pero no tardó mucho en enamorarse de Inés, una de las damas de su esposa.
Cuando murió su mujer en 1345, se dispuso a casarse con su amada; pero su padre se opuso. Aun así, Pedro se casó en secreto con Inés, y cuando se supo en la corte, desató la ira del rey que mandó asesinarla.
La reacción de Pedro no fue otra que alzarse en armas contra su padre, una lucha que no cesó hasta que éste murió. Y, una vez que fue coronado rey, Pedro I emprendió la venganza contra los asesinos de su esposa.
Ordenó que los capturaran, les sacaran el corazón en vida y que, finalmente los quemaran. Además, mandó desenterrar a doña Inés y la sentó en el trono para que todos los cortesanos besasen su mano como reina.

EL PROFETA DEL REY RICARDO

Un muchacho campesino de Cheshire, Inglaterra, en el siglo XV, llamado Robert Nixon, era un retrasado mental, que por lo general era demasiado callado. Aunque en ocasiones tenía explosiones de verborrea a las que nadie les prestaba realmente atención. Al fin que estaba loco.
Una tarde, mientras trabajaba en los campos, Nixon de pronto comenzó a decir una serie de cosas incomprensibles. Con mucho entusiasmo exclamó:
- ¡Ahora Dick!, ¡Ahora Harry! ¡Muy bien hecho Harry! ¡Harry ha ganado la batalla!.
Quienes lo escucharon rieron de buena gana con sus extrañas palabras, más no creyeron que estas tuvieras significado alguno. Pero al día siguiente, un correo que estaba de paso procedente de Londres informó que el rey Ricardo, a quien llamaban Dick, había muerto en combate contra las fuerzas del rey rival, Enrique Tudor, a quien llamaban Harry. La batalla había sucedido el día anterior y, al parecer en el mismo momento en que el loco Nixon había dicho aquellas extrañas palabras, que ahora todo mundo entendía a que se referían.
Cuando Enrique Tudor, convertido en Enrique VII de Inglaterra, se enteró del incidente, envió a buscar al visionario retrasado mental, pero Nixon se puso histérico cuando se le entregó la orden de presentarse ante el rey. Quedó petrificado ante la idea de tener que ir a Londres y suplicó que no le obligasen a ir. Si lo hacía, afirmó, seguramente moriría de hambre. Pero a pesar de sus protestas, muy pronto fue escoltado hasta el palacio, donde Enrique VII escondió un valioso diamante, alegando que lo había perdido. Sin embargo Nixon tenía mucho más talento que el que el rey había dado por supuesto. De una manera muy tranquila le dijo que quien esconde un objeto, es el más indicado para saber donde se encuentra, así que él no tenía ninguna necesidad de decirle a su Majestad dónde se hallaba el diamante.
El rey quedó sumamente impresionado, así que instaló a Nixon en el palacio, ordenando que se escribiera todo lo que aquél retrasado mental dijera. Fue así como predijo las guerras civiles inglesas y la guerra con Francia, al igual que las muertes y abdicaciones de varios reyes.
A pesar de su exitoso cargo al servicio del rey, Nixon se veía constantemente acosado por el miedo a morir de hambre. Y para evitarle dicho tormento, el rey ordenó que a Nixon se le diera de comer cuanto quisiera, lo que quisiera y a la hora que deseara. Por supuesto que esto no cayó en gracia de los cocineros de palacio, pero acataron al pie de la letra la orden del rey. Cuando el rey salía de palacio le encargaba a un funcionario que velara en todo momento por la seguridad de Nixon y le atendiera en todas sus necesidades. La orden era tan estricta que el funcionario sentía pavor de quedar mal con el rey, así que estaba muy al pendiente de todo cuanto Nixon necesitaba.
Pero en una de esas ocasiones en que el rey salió del palacio, el funcionario encargado de Nixon fue solicitado para una urgente encomienda, y para evitar problemas de riesgo con Nixon, lo encerró en un armario. Dando la orden a los guardianes de que lo alimentaran y cuidaran para que no le pasara nada. Pero los guardianes se olvidaron del encargo, y cuando el funcionario regresó encontró a Nixon muerto dentro del armario. No hubo quien le diera de comer.

lunes, 8 de junio de 2009

ISAAC TIGRET Y SU CAFE

Isaac Tigret procedía de una familia sureña de los Estados Unidos, en un pueblo donde el 90% de los habitantes eran negros. Conoció muy de cerca la segregación racial, cosa que siempre le molestó y jamás logró entender. Cuando sus padres se divorciaron, Isaac se decidió por su padre y se marchó con él a Inglaterra a trabajar en una fábrica que ahí tenían.
Pero el jovencito luego le dio un fuerte dolor de cabeza a su progenitor, porque lideró una huelga ilegal contra su misma empresa, apoyando a sus trabajadores por el exceso de ruido. Se provocó un gran distanciamiento entre él y su padre, pero aquello no le importó. Abandonó la fábrica y se dedicó a comprar Rolls Royce usados, mismos que luego enviaba a los Estados Unidos obteniendo buenas ganancias.
En Inglaterra volvió a enfrentarse con la diferencia de clases. Los ricos tenían sus lugares y los pobres los suyos. No se podían mezclar los grupos de diferente condición. Había restaurantes para unos y para otros, al igual que bares o centros de distracción. Pero en la mentalidad de los jóvenes había el cambio. Era la época del Peace & Love, en la década de los años 60’s e Isaac quiso hacer un restaurante donde pudieran entrar todos, sin importar raza ni condición. Un lugar donde el rock fuera la música ambiental y todo girara entorno a él.
Se asoció con otro americano, Peter Morton y realizaron un lugar lleno de informalidad, cubriendo las paredes de guitarras eléctricas, dibujos, fotografías y todo cuanto encontraron relativo al rock. La comida no fue problema, algo totalmente americano, con hamburguesas y cervezas. Y el nombre fue algo muy importante, porque debía expresar lo que realmente querían, así que le pusieron Hard Rock Café.
El éxito fue inmediato: banqueros, panaderos, ejecutivos, obreros, oficinistas, taxistas… gente importante y gente común. Todos hicieron cola para entrar al lugar. El sitio pronto se convirtió en el lugar donde se podía ver a las estrellas: Jimmy Hendrix, Paul McCartney, Mike Jagger, Eric Clapton y muchos más desfilaron por ahí.
Isaac no sabía nada de restaurantes, pero inventó el suyo propio, apartándose totalmente de los conceptos tradicionales. Escogió personal muy diverso, mezcló ingleses con africanos, españoles y orientales. Sus empleados provenían de 25 países diferentes. Le gustaba la diversidad y con ello mostraba que su sitio era para todos.
Además estableció su estrategia inculcando bondad, calidad a través de la cortesía, igual trato para cualquier cliente y amistad. Quería un sitio que destilara amor, como la filosofía hippie. Además estableció un sistema de reparto de utilidades por puntajes según la calidad de servicio y trabajo de los empleados. Y para él los hombres y las mujeres estaban en igualdad de condiciones. No le agradaba que nadie se sintiera superior. Todos sus empleados le hablaban a Isaac como a cualquier compañero y los atendía sin formalismos. Hasta tenían acceso a su número de teléfono personal para cualquier asunto que desearan tratar con él en cualquier momento.
Otra estrategia fue poner personal que atendiera a todos los clientes que hacían cola, sirviéndoles bebidas y haciéndoles el rato de espera más ameno. Los días de lluvia hasta paraguas repartían a los clientes.
Posteriormente su estrategia fue el realizar promocionales, como cajas de cerillos y otras chucherías. Todos ellos, además de llevar el logo del restaurante, tenían una frase positiva del tipo “Ama a todos, sirve a todos”, “Ayuda siempre, no dañes jamás”, “Comienza el día con amor”, “Haz el bien, ve el bien, piensa bien”, etc.
Tiunfó Isaac y su socio? Usted lo sabe. En 1990 vendieron la marca Hard Rock Café en $ 107 millones de dólares. Para entonces la cadena ya se había extendido a varios lugares del mundo. De los 107 millones de dólares recibidos, Isaac hizo un cuantioso donativo para obras sociales y con el resto creó un nuevo concepto de restaurante al cual llamó Blues Café.

LA LEYENDA DEL UNICORNIO

Según narra el libro del Génesis, Dios le dio a Adán la tarea de ponerle nombre a todas las cosas y animales creados. La Biblia antigua decía que el primer animal que recibió nombre fue el unicornio, posteriormente le borraron eso de “unicornio” y le pusieron “toro salvaje”. Pero según se cuenta antiguamente había siete referencias de él en el libro sagrado.
La antigua tradición decía que cuando fueron expulsados del Paraíso, el unicornio fue con ellos, por lo cual luego fue tomado como símbolo de castidad y pureza.
Para la gente de la edad media la existencia del unicornio era tan cierta como las historias de la Biblia. Todos creían en él.
En la edad media se pagaba su peso en oro por los cuernos del unicornio. Se decía que era un animal semejante a un ciervo, con un cuerno de hasta dos metros sobre la frente. Era, según cuentan las crónicas, un animal muy fiero y que solo las más bellas doncellas podían amansar. Su cuerno era un fabuloso antídoto contra todo veneno. Bastaba limar un poquito en la copa del rey antes de cada bebida para que nunca muriera envenenado. Incluso se realizaban copas con los cuernos de este animal para el servicio de los reyes. Algunas de esas copas han llegado hasta nuestros días. Aunque cabe aclarar que ahora se sabe que dichas copas fueron realizadas con un cuerno de narval. Un raro animal marino que tiene un cuerno muy peculiar y con el cual se estuvo engañando mucho tiempo a la gente al hacerlo pasar como de unicornio.
También se decía que con el cuerno de unicornio se curaban dolores de estómago, epilepsia y que quien lo poseía alcanzaba incluso la inmortalidad. ¡Hasta los muertos resucitaban!.
Y para evitar fraudes se decía que el verdadero cuerno:
- Hacía hervir el agua al que era arrojado, aunque sin calor y sin sonido.- Despedía un dulce aroma si era quemado- Al acercar plantas y animales ponzoñosos al cuerno, éstos morían- Sudaba en presencia de un veneno- Siempre era estriado, extremadamente duro, muy pesado, de color de la madera, y capaz de salvar la vida de una paloma envenenada con arsénico.- Si hacían con él un círculo y en éste encerraban una araña, el insecto no podía salir- Si se guardaba dentro de una vasija cerrada, junto con tres o cuatro escorpiones, estos morían al cabo de cuatro horas.
El Talmud habla del unicornio; la tradición judía dice que es el más fiero de los animales y capaz de matar un elefante con una sola estocada de su cuerno. También los escritos antiguos de Asia lo mencionan. Era honrado como el rey de los animales terrestres. Por su fuerza y sabiduría se podía comparar con el dragón y era representativo de la compasión, el amor y la paz. A veces lo representaban con escamas que reflejaban todos los colores del arcoiris.
Era un animal que siempre traía mensajes importantes a los humanos. Hace como 5000 años, se le presentó al emperador Fu Hsi para revelarle los secretos del lenguaje escrito y muchos otros conocimientos. Después otro unicornio se presentó ante el emperador Huang-ti, quien recibió la sabiduría de él e inventó luego los instrumentos musicales, enseñó a su gente a construir sus casas con ladrillos y unió a las tribus chinas por primera vez. Después el unicornio volvió al final de la vida de este emperador y lo llevó sobre sus lomos a la tierra de los muertos.
En la India dicen que hay montañas que son inaccesibles a los hombres y que están llenas de bestias salvajes. Entre ellas está el unicornio. Dicen, además, que tiene el tamaño de un caballo, crines como de león, patas de elefante y cola de cabra. Es extremadamente veloz. Entre sus sienes tiene un cuerno negro, lleno de anillos como en espiral. Es amable con las bestias que se le acercan, pero pelea con los de su raza, y no solo los machos entre sí, sino que contiende aún con las hembras y sus peleas son a muerte. Por supuesto que nadie jamás ha logrado capturar uno de ellos.
En Persia el shad-hahvar (un tipo de unicornio), era una criatura parecida al antílope que poseía un solo cuerno hueco, mismo que producía las más hermosas melodías cuando soplaba el viento a través de él. Los animales que escuchaban esta canción eran seducidos y llamados por su dulzura. Aquél unicornio persa entonces los devoraba.
Pese a que no se ha encontrado jamás el esqueleto de uno de ellos, muchos creen que el unicornio si existió, al igual que los dinosaurios, el mamut, el Yeti o el monstruo del Lago Ness. Y no falta quien diga que aún existe, pero solo logrará verlo o atraparlo aquél hombre que sea todo pureza y virtud. ¿Reunirá algún mortal semejantes atributos?

LA OREJA DE VINCEN VAN GOGH

Un día de invierno, Vincent encontró a una mujer que vagaba por las calles, estaba alcoholizada, embarazada, más aún así luchaba por conseguir algún cliente que quisiera pagarle un poco de dinero por un rato de malsano placer. A Vincent le dio lastima. Pese a su condición la mujer le pareció atractiva. La noche era tan fría que calaba hasta lo insoportable, por ello decidió llevarla consigo.
Vincent había intentado de muchas formas relacionarse amorosamente con una mujer, pero solo había sufrido desprecios y decepciones. Ahora tenía a su lado a un ser desprotegido y hambriento y por ello no titubeó en darle su abrigo.
Cuando su familia se enteró puso el “grito en el cielo”. Ya bastantes problemas les había ocasionado con su carácter tan inestable y agresivo; ellos eran religiosos, incluso el mismo Vincent había sido misionero, hijo y nieto de pastores protestantes… aquello era el colmo, algo insoportable, un total escándalo. ¡Vincent vivía en concubinato con una prostituta!
Pero Vincent no amaba carnalmente a Sien, ante sus ojos ella era solo una mujer desvalida necesitada de protección y cariño. El era su salvador. Y tanto le inspiró que comenzó a utilizarla como modelo para sus trabajos. Tomó el pliego y el carboncillo e inició los trazos de aquella figura maltratada y desvalida. Dibujos que nadie compraría, porque… ¿a quién le interesa tener en casa un retrato de una prostituta en decadencia?.
Los dibujos que Sien le inspiraba eran de una belleza profunda. Incluso uno de ellos se lo dedicó a su hermano Théo, quien fue siempre el más grande apoyo para el pintor, más para Théo también era inaceptable aquella relación. Cuando su hermano recibió el dibujo se sintió totalmente decepcionado. Era el retrato de una mujer con el cabello suelto, el cuerpo demacrado, usado, los senos flácidos, como una flor totalmente marchita…
A mediados del año Vincent ingresó al hospital, no para tratarse de sus frecuentes ataques de locura, sino para curarse de una enfermedad venérea que le había regalado su cándida protegida. Pero a Vincent ni le importó. Ese día Sien había dado a luz a una chiquilla raquítica, que provocó las más emotivas reacciones de Vincent. Por primera vez en la vida se sentía padre, y el hombre más feliz de la tierra.
Momento agridulce ciertamente, ya que Vincent pasaba grandes penurias económicas. No lograba vender ninguno de sus cuadros y su familia insistía en que debía abandonar a aquella mujer. Ella siguió bebiendo y prostituyéndose, incluso tiempo después volvió a quedar embarazada y tuvo un nuevo hijo. ¿De Vincent?. Quien sabe. Pero él le perdonaba todo. Se sentía engañado, burlado, humillado, pero ¿qué importa?. Sentía tanta lástima por ella que sus faltas carecían de importancia.
Al fín decidió separarse de ella. No porque se hubiera cansado de su conducta, sino porque estaba en tantos problemas que ya le era imposible ayudarla. Y así terminó esa historia, más no el enfermizo placer de Van Gogh por relacionarse con mujeres de la noche.
Tiempo después se cortó el lóbulo de una oreja. Le sobrevino una hemorragia tan fuerte que empapó varias de sus toallas, esparciéndose la sangre por el piso. Como Dios le dio a entender se vendó la cabeza, puso el fragmento de oreja cortada en un sobre y fue a llevárselo a una mujer. Dicen que era una damicela de la vida galante. Al entregarle el sobre le dijo: “Guarda este recuerdo mío”. Después volvió presuroso a su casa, se acostó y se durmió.
Vincent fue llevado al hospital, ahí lo atendió el doctor Rey, a quien luego en agradecimiento le obsequió uno de sus cuadros.
Una mañana, Vicent fue al hospital y encontró al doctor Rey afeitándose en su aposento, con una de aquellas tradicionales navajas tipo cuchilla. Vicent se le acercó y quedó viendo con malicia la navaja, luego le preguntó:
-¿Qué hace doctor?
- Me estoy afeitando como ves…-
-Vicent sonríe y le propone: -Si quiere yo lo afeito –
El doctor enfurecido le gritó - ¡Lárgate de aquí inmediatamente! –

KEVIN MITNICK EL HACKER

Desde muy pequeño Kevin Mitnick sintió una auténtica fascinación por las computadoras. Otros niños se obsesionan con los videojuegos, más no fue el caso de Kevin. Mostró tal audacia en este campo, que en 1980, cuando tan solo contaba con 16 años, encontró la forma de romper las normas de seguridad del sistema administrativo de su colegio e ingresó directamente hasta el archivo donde estaban sus calificaciones. Todo ello desde la computadora que tenía en casa. Pero no hizo ninguna alteración, ni había necesidad, sus calificaciones ya eran buenas.
Aquella primera experiencia le llenó de una onda satisfacción, así que a partir de entonces encontró el máximo placer en explorar y apropiarse de la valiosa información de las compañías conectadas a la red. Había nacido el más afamado Hacker de nuestro tiempo.
En 1981, junto con un par de amigos, se introdujo físicamente a las oficinas de Cosmos Pacific Bell, una base telefónica central utilizada por la mayoría de las compañías telefónicas norteamericanas, misma que controla el registro de llamadas y de ahí se robaron una lista de claves de seguridad, la combinación de las puertas de acceso de varias sucursales y manuales del sistema. Aquella información robada tenía un valor de 200 mil dólares. El chiste no les salió perfecto porque la novia de uno de ellos los delató, aunque por ser menor de edad, una corte juvenil lo sentenció a tres meses de cárcel y a un año bajo libertad condicional.
El custodio que fue comisionado para vigilar a Kevin, de pronto se dio cuenta que su teléfono personal estaba muerto. Reclamó a la compañía telefónica y ahí le reportaron que ni siquiera existía un registro a su nombre en el sistema. Señal de que Kevin continuaba haciendo de las suyas.
La venganza le parecía dulce, así que ingresó a los sistemas de la compañía telefónica y colocó una serie de números telefónicos para su servicio, los cuales eran imposibles de facturar. El nombre con el que los dio de alta, James Bond y todos ellos con terminación 007. Después ingresó a un sistema de tarjetas bancarias y se apropió de 20 mil números. Se robó el software de más de media docena de fabricantes de celulares y tenía el control de tres oficinas centrales de teléfonos en Manhatan y de todos los centros de conmutación de California, teniendo la posibilidad de escuchar cualquier conversación telefónica; o haciendo diabluras como alterar el registro de un teléfono particular, para que cada vez que el usuario levantara la bocina se escuchara una grabación que pedía depositara una moneda de .25 ctvs.
Al darse cuenta del robo sufrido se reportó de inmediato la situación al FBI. Un año más tarde fue arrestado de nuevo. Para entonces ya había accedido a la computadora del Pentágono. Lo sentenciaron a seis meses de cárcel en una prisión juvenil de California. No podían hacer más porque seguía siendo menor de edad.
Una vez libre continuó con sus fechorías e invadió el sistema de la compañía Microcorp System. Lo atraparon y sentenciaron a tres años de libertad condicional, más luego su expediente desapareció de la computadora de la policía local.
Decidió corregirse y buscó empleo en el Security Pacific Bank, pero al conocer sus antecedentes fue rechazado. En venganza entró a su sistema, modificó su balance y los hizo aparecer con pérdidas de mas de 400 millones de dólares. Más el administrador de la red se dio cuenta de la violación y detuvo a tiempo el informe. De haberse publicado había provocado una catástrofe.
Ese mismo año se inició el escándalo que lo llevó a la fama. Durante meses observó secretamente el correo electrónico de los miembros del departamento de seguridad de MCI Comunications y Digital Equipment Corporation, para conocer como estaban protegidos las computadoras y el sistema electrónico de ambas compañías. Luego de conocer suficiente información se apoderó de 16 códigos de seguridad de MCI y junto a su amigo, Lenny DiCicco, entraron en la red del laboratorio de Investigaciones de Digital Corporation, obteniendo una copia del prototipo del nuevo sistema operativo de seguridad. La compañía se dio cuenta del ataque y dieron aviso al FBI, quien comenzó a rastrear a los hackers.
Pero Mitnick fue un boquiflojo, le contó al jefe lo que habían hecho, y este de inmediato los denunció a Digital y al FBI.
Ambos fueron arrestados. La empresa afectada los acusó por un daño de 4 millones de dólares por el robo de su sistema operativo. Fue declarado Mitnik culpable de fraude en computadoras y posesión ilegal de códigos de acceso de larga distancia, prohibiéndole el uso del teléfono en la prisión, ya que a través de cualquier teléfono podía obtener acceso a las computadoras. Tan solo se le autorizó llamar a su abogado, a su esposa, a su madre y a su abuela y solo bajo supervisión de un oficial de la prisión.
El caso fue ampliamente difundido en los Estados Unidos. Su abogado convenció al juez que Mitnik sufría de adicción a las computadoras, al igual que un alcohólico, un drogadicto o un apostador. Gracias a esta maniobra, Mitnick fue tan solo sentenciado a un año de prisión, más el seguimiento de un programa de rehabilitación posterior de seis meses.
En 1991, Mitnick, ya era toda una gran figura que incluso había aparecido en la primera página del New York Times. John Markoff, escribió un libro con la historia y aventuras del hacker, cosa que le molestó bastante, ya que su cuenta de correo electrónico fue sobresaturada con tantos admiradores que logró a nivel mundial.
En 1992, Mitnick ingresó a trabajar a una agencia de detectives, donde hizo un manejo ilegal de la base de datos, interviniendo de inmediato el FBI quien determinó que había violado los términos de su libertad condicional. Allanaron su morada, pero Mitnick no fue encontrado convirtiéndose en prófugo de la justicia.
El Departamento de Vehículos de California ofreció una recompensa de 1 millón de dólares a quien arrestara a Mitnick, por algunas fraudulentas maniobras que realizó en su sistema. Parecía un imposible atraparlo, porque había perfeccionado al máximo su forma de operar a través de teléfonos celulares.
En la navidad de 1994 Mitnick invadió la computadora de Tsutomu Shimomura, un físico computista y experto en sistemas de seguridad del San Diego Supercomputer Center, quien era un excelente hacker, pero dentro de la legalidad. Le sorprendió ver como alguien había invadido su sistema con un método muy sofisticado, que jamás había visto. El intruso le había robado su cuenta de correo, software para el control de teléfonos celulares y varias herramientas de seguridad. Shimomura, herido en su orgullo personal, decidió ir a la caza del culpable.
Posteriormente Shimomura descubrió que Mitnick había creado una cuenta fantasma en la compañía The Well y desde ahí lanzaba con las herramientas de Shimomura ataques contra los sistemas de Motorola, Apple y Qualcomm. Shimomura se puso en contacto con los jefes de sistemas de estas compañías y uniendo fuerzas lograron detectar que las llamadas provenían de Raleigh, California.
Con el apoyo del FBI, más un equipo de rastreo creado por Shimomura, y después de sortear infinidad de problemas, lograron encontrar el departamento donde se escondía el infractor. El FBI tocó a la puerta y Mitnick abrió sin sospechar que había caído nuevamente en poder de la justicia. Le decomisaron una enorme cantidad de material de cómputo y equipo telefónico.
De regreso a su hotel, Shimomura escuchó los mensajes de la contestadora telefónica de su residencia en San Diego. Y para su sorpresa encontró varios mensajes dejados por Mitnick, todos ellos con acento oriental y en tono de burla. El último había sido recibido ocho horas después de su arresto. ¿Cómo lo Hizo?. Nadie ha podido hasta hoy dar la respuesta.

ANITA Y EL MARAHAJA DE LA INDIA

Anita Delgado era una de las bailarinas del café-concierto Central-Kursaal de Madrid, un sitio frecuentado por artistas e intelectuales. Era una chica muy sensual y atractiva, por lo cual, pese a sus dieciséis años, recibió repetidas propuestas de pintores como Romero de Torres para posar, más ella siempre las rechazó. Era originaria de Málaga, donde su padre tenía un pequeño café; pero un día la situación se les presentó muy difícil y la familia se vio obligada a vender lo poco que tenían y emigrar a la capital.
A Anita y su hermana Victoria les encantaba la poesía y su padre les pagó cursos de declamación, pero con la llegada de los malos tiempos, se acabaron los privilegios y hubo la necesidad de que las jovencitas se pusieran a trabajar. Lo peor de todo, desde el punto de vista de su padre, fue que en Madrid Anita y Victoria, al no encontrar otra oportunidad, entraron a aquél cafetín a desempeñarse como bailarinas. Pero el hambre y la necesidad eran más grandes que el orgullo, y su padre terminó por aceptarlo a regañadientes.
Dos años después, una de aquellas noches en que Anita desplegaba los encantos de su figura al vaivén de la música seductora, sintió la penetrante mirada de un hombre muy peculiar, que estaba entre la concurrencia. Aquél hombre de porte distinguido y personalidad fuera de lo común, seguía como hechizado cada uno de sus delicados movimientos. Cuando su número terminó, el extraño caballero se puso de pie y aplaudió más que ninguno, luego fue a seguirla hasta el camerino y la invitó a venir a su mesa.
Aquél novel admirador era el príncipe Jegait Singh, maharajá de Kapurtala, una región del norte de la India, y quien estaba en Madrid como invitado a la boda del rey Alfonso XIII y Ana Battemberg.
El maharajá hizo hasta lo imposible por conquistar a Anita, pero la jovencita se sintió tan acosada por el extraño personaje que hizo cuanto puedo por alejarse de él. No era el primero que la anhelaba; ya había tenido demasiadas propuestas de hombres ricos que iban a embriagarse y de paso buscaban una aventura, y ella no tenía el menor deseo de ser la aventurilla de nadie.
El príncipe volvió a buscarla e insistió con su propuesta noche tras noche, más ella fue firme en todo momento con su negativa. Poco después el maharajá tuvo que salir presuroso de Madrid rumbo a París, debido a que se presentó un atentado contra los reyes de España de parte de un anarquista. Más no perdió la esperanza y desde la capital francesa envió a su mensajero para intentar una respuesta afirmativa de la hermosa muchachita.
Ella continuó resistiéndose, pero su grupo de amigos, quienes conocían de la propuesta, la animaron a darle el “sí” al príncipe, y Anita, después de evaluar la situación, y más que por otra cosa, pensando en que esto ayudaría económicamente a su familia, al final terminó por acceder, dirigiéndose a París para formalizar el compromiso. Posteriormente él partió hacia la India, dejándola al cuidado de un grupo de sirvientes, mientras se solucionaban los papeles que eran requeridos para el viaje. Más en cuanto se completaron las formalidades se embarcó rumbo a la India para concretar el matrimonio.
Cuatro semanas después, Anita llegó en barco a Bombay; era el mes de noviembre del año 1907. Un tren la esperaba para llevarle a Kapurtala. El vagón del maharajá era de un lujo increíble. Las paredes de caoba, las lámparas de bronce, la vajilla inglesa y el conjunto tapizado en terciopelo azul y plata. En cuanto a bebida y comida, todo estaba a la altura de un alto monarca. Además el séquito de sirvientes la atendió como a una auténtica princesa, aunque ella era de una condición verdaderamente humilde.
Después de dos placenteros días de viaje, Anita despierta en el Punjab, una de las regiones más bellas y fértiles de la India: campos dorados de trigo y cebada, prados floridos cercados de álamos, un mar ondulante de maíz, de mijo y de caña de azúcar, atravesado por ríos de aguas plateadas y poblado de campesinos enturbantados que empujaban afanosamente sus arados tirados por bueyes descarnados. Había tanto tráfico por los caminos cercanos que se formaban largas caravanas de carros de bueyes repletos de frutas y verduras.
El tren que transportaba Anita se detuvo en Jalandar, un acotamiento británico donde la esperaba el maharajá. La pareja continuó su camino en un elegante Rolls Rollce.
Fueron recibidos en Kapurtala por la gente del pueblo, con una devoción que ralló en el fanatismo. Anita fue tratada como una reina, la gente le besaba las manos y los pies y todos se inclinaban a su paso juntando las manos como en señal de oración. Una doble hilera de elefantes se extendía hasta el porche de la entrada, en perfecto orden de formación, para darles la bienvenida. Adentro, el palacio era tal y como cualquier cenicienta hubiese soñado. Había tantos sirvientes, que el interior parecía una ciudad, tan solo baste decir que los suntuosos jardines eran atendidos por 500 jardineros.
La boda rebasó todos los límites de lo imaginado. Anita fue vestida de la más fina seda y aromada de mirra. A la ceremonia llegó montada sobre un deslumbrante elefante previamente engalanado con ricas vestiduras bordadas. A partir de entonces Anita se convirtió en una de las mujeres más envidiadas del planeta.
El palacio del maharajá era realmente impresionante. Todo como de ensueño, pero como este no es un cuento de hadas, debo decir que tras el matrimonio, Anita descubrió que su flamante marido tenía cuatro esposas más y un hijo con cada una de ellas, algunos de su misma edad. Más a pesar de la dura competencia, Anita supo imponerse, manteniéndose como la esposa favorita de príncipe. Aunque su familia política desaprobó el matrimonio y la consideró una intrusa, causándole enormes problemas. El principe era un hombre amante de los placeres y la vida, sobre todo muy inclinado a las mujeres pero aún así Anita aprendió a amarlo.
El monarca gustaba de las joyas, la comida, la bebida, los caballos, los Rolls Royce, la cacería de tigres, el buen vestir, viajar a Europa... todos los lujos de un príncipe. Disfrutaba al máximo los placeres de la vida.
Con gran paciencia el príncipe Jegait la instruyó en las costumbres hindúes y la educó y refinó sus modales para que se condujera con corrección representando su nuevo papel de princesa. Pronto se convirtieron en la pareja de moda. Continuamente viajaban por toda Europa, Estados Unidos y Sudamérica, siendo perseguidos por fotógrafos y reporteros de los cinco continentes.
Anita no tardó en adaptarse a su nueva vida. Lo mismo vestía el sari hindú que espectaculares modelos diseñados en la capital francesa. Amo a la gente del pueblo y ese amor fue ampliamente correspondido.
La princesa andaluza alumbró a un hijo, al que llamó Ajit. Lo educó con gran esmero inculcándole el amor por sus raíces, dándole clases de castellano, y fue tal el éxito de su progenitora en este sentido, que ya de grande se aficionó el muchacho a los toros y platillos españoles.
A la llegada de la I Guerra mundial el príncipe participa en el conflicto apoyando a los ingleses. Se marcha con Anita a Europa y hace importantes donativos a los hospitales franco-británicos. Y fue durante ese tiempo que surgieron los conflictos entre la pareja. Anita obtuvo el divorcio y fue expulsada de la India junto con su hijo. Se quedó a radicar en París, en un piso de 500 metros cuadrados, con doncellas y chofer. Disfrutando de una espléndida pensión otorgada por el maharajá, con quien jamás perdió la amistad.
En Francia, después de divorciada entabló una oculta relación con un agente de bolsa llamado Ginés Rodríguez, quien estaba casado con una prima de Anita. Hombre culto, inteligente y reservado. La relación se mantuvo totalmente en secreto, a ninguno convenía que aquello se divulgara. Él por evitar problemas con su mujer y ella por temor a que su ex marido le redujera o eliminara la cuantiosa pensión que le permitía vivir como una auténtica reina.
Con los años, Anita se fue apagando. Vivió sus últimos días en Madrid, donde falleció el 7 de julio de 1962.