lunes, 20 de julio de 2009

EL MAR MUERTO

Le llaman mar, pero no es un mar, es tan solo un lago de aproximadamente 280 kilómetros cuadrados y una profundidad de 330 metros. En este afamado lugar que los antiguos hebreos conocían bajo el nombre de Yam ha-Melah (mar de la sal) y los romanos lo nombraron Lacus Asphaltites (lago de asfalto), mientras que los árabes lo bautizaron como Bahr al-Mayyitt, que significa “mar de la muerte”; es quizás el lago más misterioso y apasionante del mundo. Su relación con hechos históricos, como la vida de Jesuscristo y las características tan especiales que posee lo han convertido en un sitio de gran relevancia dentro de la historia.
Para comenzar permítame decirle que el llamado Mar Muerto está a 400 metros abajo del nivel del mar, convirtiéndose con ello en el lugar más bajo en la superficie de la tierra. Está rodeado por un extenso territorio de áridas colinas erosionadas por el viento, que hacen de este lugar un sitio silencioso, hermoso y mágico. Sus aguas son seis veces más saladas que las del océano, y esta altísima concentración de sal en el agua, hace imposible casi cualquier tipo de vida en él. Si usted se mete en sus aguas le será prácticamente imposible el hundirse, incluso le sería posible acostarse sobre la superficie y ponerse a leer una revista, si así le place. Es una rareza única en el mundo.
En el Mar Muerto desemboca el río Jordán, que vierte en él aproximadamente siete millones de toneladas de agua, más el sol y el inmenso calor que se genera en la desértica zona que lo rodea, hacen que esta se evapore generando una neblina permanente, que se queda suspendida sobre el lago, otorgándole esa imagen de magia y misterio.
Aunque la vida no es posible dentro de estas aguas, se han descubierto grandes propiedades curativas en los 21 minerales que contienen, 12 de las cuales no se han podido encontrar en ningún otro sitio. El lodo negro que genera si es aplicado sobre todo el cuerpo, deja la piel limpia, mejora la circulación sanguínea y la función respiratoria. Por ello es que ahora se están comercializando muchos productos medicinales y cosméticos con base en el agua y el lodo del Mar Muerto.

LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO

En un descuido de Juma algunas de sus cabras comenzaron a subir demasiado alto por los acantilados, así que de mala gana decidió ir por ellas para traerlas de regreso. A las cabras no les pasaba nada, son animales impuestos a escalar riscos y transitar por lugares difíciles, pero la tarde caía y descpués sería un tanto difícil encontrarlas, así que mejor decidió ir de inmediato por ellas.
Poco a poco fue bajando a sus animales, no sin un sin fin de trabajos; y de pronto una de ellas se subió a unas rocas y emprendió el camino por una difícil ladera. Juma desatendió a las que ya habían emprendido el regreso y se fue tras la cabra rebelde. Cuando la alcanzó logró hacerla emprender el camino correcto y entonces descubrió una pequeña entrada a una cueva. Tomó una piedra y la arrojó con fuerza. ¿porqué lo hizo?. Nada más para descubrir su profundidad. Pero el golpe de la piedra sonó extraño. Pareció que pegó con algo y lo rompió. ¿Qué habría escondido ahí? La cara se le iluminó y de inmediato pensó que era un tesoro.
A gritos llamó a sus primos Khalil y Mohammed. No entendían lo que Juma les decía, pero por la forma como les gritaba bien pudieron darse cuenta que era algo importante, así que subieron presurosos por el peligroso acantilado. Al llegar Juma les contó lo que pasaba. Ellos se entusiasmaron, pero el sol ya se estaba ocultando y era muy difícil explorar el sitio en aquél momento. Además había que regresar con las cabras antes de que se hiciera demasiado tarde. Andar por el desierto tan noche no es nada bueno. Pero el día siguiente buscarían su tesoro.
Por el camino de regreso no pararon de hablar sobre la posibilidad de que en la cueva hubiese un tesoro escondido. ¡Dejarían de cuidar cabras!, ¡Se iban a hacer inmensamente ricos! Nada ni nadie parecía que podría quitarles el entusiasmo. La verdad es que en la cueva se encontraba uno de los más grandes tesoros jamás imaginados, aunque no era nada parecido a lo que ellos esperaban.
Era el mes de enero de 1947. Hacía demasiado frío, pero Mohammed, el más joven de los pastores, en cuanto despertó se fue con sus cabras a la búsqueda del tesoro. Ni siquiera pensó en esperar a sus primos. Al llegar a la cueva, entró emocionado por la pequeña abertura y vio que por dentro era más amplia. Al comenzar a explorarla sus pies iban pisando una gran cantidad de trozos de cerámica esparcidos por el suelo. Y de pronto sus ojos, ya acostumbrados a la penumbra, vieron una buena cantidad de jarras delgadas recargadas sobre una pared. Sintiendo que el corazón se le salía de la emoción, fue y tomó una de las jarras… pero no encontró en ella ningún tesoro. No había oro, ni monedas ni nada que pareciera de valor. Tan solo contenía unos viejos pergaminos amarrados con trapos, totalmente enegrecidos por el tiempo. Todas las jarras tenían lo mismo.
Poco después llegaron sus primos y les dio las malas nuevas: no había ningún tesoro. Pero Mohammed decidió llevarse algunos pergaminos; quizás alguien se atreviera a darle algunas monedas por ellos. Cuando llegó a casa, sus padre y hermanos se rieron de él, más a su madre le parecieron valiosos… para atizar el fuego. Pero no los quemó todos. El resto los dejaron colgados de un poste de su tienda de beduinos. Mucho tiempo después, y nomás como para no dejar de hacer el intento, el padre de Mohammed los llevó a Belén y ahí logró venderlos por separado a dos anticuarios árabes por una cantidad francamente ridícula. El primer cliente que los adquirió con estos anticuarios fue el arzobispo Athanasius Jesche Samuel, de la Iglesia Ortodoxa en Jerusalén del monasterio de San Marco.
Posteriormente estos antiguos manuscritos fueron examinados por personal especializado de la Escuela Americana de Investigación Oriental, y se llegó a la conclusión que los rollos pertenecían al período entre 200 años A.C. y 200 años D.C., reconociendo que eran los manuscritos más antiguos descubiertos hasta entonces.
Tres de los manuscritos encontrados fueron comprados por el arqueólogo Sukenik, de la Universidad Hebrea, y por diversas y poco a poco otros de aquellos manuscritos fueron siendo adquiridos por dicha institución.
Luego vino la guerra egipcio-israelita de 1947 a 1949, y el asunto de los rollos del Mar Muerto cayó en el olvido.
Tiempo después el padre del arqueólogo Sukenik, encontrándose en Nueva York, leyó un anuncio en que se ofrecían otra parte de aquellos mismos rollos; sabedor de la importancia de estos valiosos manuscritos, logró adquirirlos por una cantidad aproximada a los $ 250,000 dólares, para luego vendérselos por una cantidad mayor a la Universidad Hebrea, donde permanecen hasta hoy.
Al difundirse la noticia del precio alcanzado por aquellos rollos encontrados, todo mundo se fue a escarbar e investigar por cuevas y peñascos de la zona. Pronto se encontraron otras 10 cuevas adicionales que también contenían antiguos pergaminos. Se hallaron cerca de 200 manuscritos, la mayoría libros de la biblia, y algunos otros escritos que hablan de las costumbres y pensamiento de una secta llamada los escenios, misma que floreció entre los años 125 A.C. y 68 D.C., y quienes los escondieron antes de huir de la invasión del ejército romano, el cual se encontraba en Judea para acabar con la revuelta judía de los años 66 a 70 d.C.
Sería sumamente complejo explicar en este espacio, todo lo relacionado al contenido de los Rollos del Mar Muerto. Lo cierto es que en ellos se han encontrado informaciones sumamente valiosas en cuanto a las costumbres e ideas religiosas de los escenios, además de haber descubierto algunas pequeñas, pero significativas modificaciones que se han hecho a algunos pasajes de la Biblia. Quien sabe si fue a propósito o por errores de traducción.
Casi al mismo tiempo, que el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, en una región un tanto diferente, fueron encontrados otros antiguos manuscritos, por un hombre que buscaba en una cueva fertilizante natural para sus cultivos. Aquí se descubrió el llamado Evangelio de Santo Tomás, y en estos documentos se encuentran muchas frases y sentencias atribuidas a Jesucristo, mismas que no están contenidas en ninguno de los cuatro evangelios. De todas formas la Iglesia católica los dio por descalificados.
Quién sabe como sean las cosas, eso lo dejamos a los estudiosos de la materia. Lo cierto es que Juma, Mohammed y su primo, después de su valioso hallazgo continuaron cuidando chivas, porque nunca entendieron el auténtico valor de lo que habían descubierto.

HISTORIA DEL SORBETE

La feria mundial de St.Louis se celebró en el año de 1904, conjuntamente con los Juegos Olímpicos. Cuarenta y dos estados y cincuenta y tres naciones tomaron parte en esta exposición.
Entre los vendedores de la feria, uno tomó la concesión de helados, y otro de wafles calientes. Con la muchedumbre que acudió a las exhibiciones, ambos negocios florecieron rápidamente; pero después de un día particularmente activo, la reserva de platos de cartón, donde el vendedor de wafles los servía con tres guarniciones diferentes, se agotó. Alarmado buscó afanosamente quien le vendiera platos en la feria, más nadie quiso hacerlo por temor a encontrarse luego en el mismo problema.
El vendedor de helados le propuso venderle con descuento parte de su nieve, para que al menos ganara algo y no fuera a perderlo todo.
El vendedor de wafles aceptó, aunque su inconformidad era grande porque el margen de utilidad en los helados era muy bajo, y aparte, no sabía que hacer con todos los ingredientes que ya tenía preparados para hacer wafles, ya que en ellos había invertido todos los ahorros de su vida.
De repente tuvo una brillante idea: hizo unos mil wafles; mientras estaban aún tibios los enrolló, según un patrón circular con la punta por abajo. A la mañana siguiente, vendió todo su helado, porque lo sirvió en el wafle enrollado, con lo cual había nacido el popular cono de la nieve.

EL TRUCO DEL PRESTAMISTA

Hace muchos años, cuando una persona que debía dinero podía ir a la cárcel, un mercader de Londres tuvo la desventura de acumular una enorme deuda. Al prestamista, que era viejo y feo, le gustaba la hermosa y joven hija del mercader, de modo que propuso un trato: cancelaría la deuda si podía quedarse con la muchacha.
Tanto el mercader como su hija quedaron horrorizados ante esta proposición, pero sabían que no tenían más remedio que se dejara en manos de la providencia la decisión. Así, que el prestamista indicó que colocaría una piedrecita negra y una blanca en un saco vacío, y que después la chica debeía tomar una de las piedras. Si ella escogía la piedra negra, se convertiría en su esposa y la deuda del padre quedaría cancelada. Si seleccionaba la blanca, se quedaría con su padre y la deuda sería perdonada. Pero si se rehusaba a tomar alguna de las piedras, su padre iría a la cárcel y ella quedaría sola y totalmente desprotegida.
El mercader aceptó con renuencia. El grupo se hallaba en una vereda de piedras, pero entonces la temerosa chica se dio cuenta de que él había tomado dos piedras negras y las había colocado en el saco. En seguida, el viejo pidió a la chica que tomara una de las piedras, la que decidiría su destino y el de su padre.
Ella se sintió aterrorizada en el momento en que el mercader le tendió la bolsa para que sacara la piedra, más de pronto su rostro se iluminó, metió la mano en la bolsa, y sin verla, al sacarla la dejó caer a la vereda, donde se perdió entre las demás.
-¡Qué torpe soy!- dijo-, pero no importa, si abren la bolsa verán qué piedra tomé por la colora de la que queda. Como la piedra restante era negra, se supuso que ella había tomado la blanca, ya que el prestamista no se atrevería a admitir su deshonestidad.
(Pintura del Pintor Español Ismael Prieto)

lunes, 13 de julio de 2009

ARROJADO A LOS PERROS

Una historia árabe, de un libro escrito allá por el siglo XIII, dice que un visir había servido a su amo durante unos treinta años y era reconocido y admirado por su lealtad, su sinceridad y su devoción a Dios. Su sinceridad, sin embargo, le había ganado en la corte muchos enemigos, que difundieron falsas historias sobre su ambigüedad y perfidia. Día y noche le llenaron los oídos al sultán, hasta que éste también comenzó a desconfiar del inocente visir y al fin condenó a muerte al hombre que le había servido fielmente durante tantos años.En aquél lugar era costumbre que los condenados a muerte fuesen atados de pies y manos y arrojados al corral en el cual el sultán tenía encerrados sus más feroces perros de caza, que de inmediato se abalanzaban sobre la víctima y la desgarraban.Sin embargo, antes de ser arrojado a los perros, el visir pidió que se le concediera un último deseo; “Me gustaría que me dieran diez días de gracia, para que pueda pagar mis deudas, cobrar lo que me deben, devolver los objetos cuya guarda me fue encomendada por la gente, distribuir mis bienes entre los miembros de mi familia y mis hijos, y designar un tutor para estos últimos”.Después de asegurarse de que el visir no se fugaría, el sultán concedió su pedido. El visir corrió a su casa, recogió cien monedas de oro y fue a visitar al cazador que cuidaba los perros del sultán. Le ofreció las cien monedas de oro y le dijo: “Déjame cuidar a los perros durante diez días”. El cazador aceptó y, durante los diez días que siguieron, el visir cuidó de las bestias con suma atención, limpiándolas, cepillándolas y alimentándolas de lo mejor. Al final del décimo día, los perros comían de sus manos. Al undécimo día, el visir fue llamado ante la presencia del sultán; se repitieron los cargos y el gobernante observó como ataban de pies y manos al visir y lo arrojaban a los perros.Sin embargo, en contra de lo que todos esperaban, cuando los perros lo vieron, corrieron hacia él meneando la cola. Le lamieron afectuosamente los hombros y comenzaron a juguetear a su alrededor. El sultán y los demás testigos del hecho quedaron pasmados. Cuando el sultán le preguntó por qué los perros le habían perdonado la vida, el visir contestó: “Estuve cuidando de estos perros durante diez días. Usted ha visto los resultados con sus propios ojos. Al sultán lo he cuidado durante treinta años, ¿y cual es el resultado? Me condenan a muerte sobre la base de las acusaciones de mis enemigos”.El sultán se sonrojó, avergonzado. No solo le perdonó la vida al visir, sino que le obsequió lujosas vestimentas nuevas y le entregó, prisioneros, a los hombres que lo habían calumniado. El noble visir los puso en libertad y siguió tratándolos con amabilidad.

LA MALDICION DE LA PRINCESA

Cuatro jóvenes ingleses adinerados, fueron a Egipto a finales de la década de 1890. En aquella época aún era algo demasiado aventurado el adentrarse por las exóticas tierras de norte de Africa. Era un privilegio que solo los aventureros o gente de dinero podía concederse; y ellos estaban en este último nivel.
Las hermosas pirámides llenaron de fantasías su cabeza, haciendo surgir en ellos el absurdo deseo de llevarse algo de aquél extraño mundo a casa. Aunque sabían que lo único que les era permitido era una buena cantidad de souvenir y fotografías. Más de pronto algo insólito sucedió: un extraño personaje se acercó a ellos y les hizo una propuesta muy especial, que cambiaría drásticamente su destino. Les dijo que un grupo de amigos suyos tenía en su poder una momia, misma que estaban dispuestos a vender a un precio bastante razonable, y quizás fuera de su interés.
Los cuatro jóvenes se miraron unos a otros, totalmente incrédulos de la oferta, y decidieron ir con el desconocido a ver “la mercancía”. Y en efecto, un grupo de mercenarios egipcios y franceses habían exhumado clandestinamente algunos tesoros, junto con aquél hermoso sarcófago en cuyo interior había una momia.
Los cuatro británicos se mostraron vivamente interesados en adquirirla, pero siendo tan amigos, y ante lo razonable del precio, decidieron echar suertes, siendo el más joven de ellos quien tuvo “la fortuna” de adquirirla. Desembolsó pues lo convenido e hizo los arreglos pertinentes para que su valioso tesoro fuera trasladado de inmediato a la habitación del hotel donde se hospedaba, pensando en llevarla luego consigo en su regreso a Londres. Tenía en su poder la momia de la sacerdotisa Amén-Ra, a quien luego dieron en llamar la Princesa Egipcia, y con ello se desencadeno una serie de tragedias.
Nadie sabe que pasó, pero los testigos afirman que a media noche se abrió precipitadamente la puerta de la habitación de este joven, y salió corriendo perdiéndose en la oscuridad del desierto.
Al día siguiente fue buscado por sus amigos y un grupo de personas, pero todo fue inútil. El joven británico nunca fue encontrado. Las cosas se complicaron aún más cuando el segundo de los amigos, en el mismo día de la búsqueda recibió un disparo de rifle que le hizo accidentalmente su sirviente egipcio. La herida fue tan grave que tuvieron que amputarle el brazo izquierdo.
Después de estos graves sucesos regresaron a Inglaterra, solo para toparse otro de ellos con que el banco donde tenía depositada la fortuna familiar había quebrado, dejándolo totalmente en ruina.
El cuarto de ellos cayó víctima de una enfermedad muy extraña y prolongada que le hizo gastar todo su dinero y vender sus bienes para gastarlo en médicos y curaciones y cuando finalmente logró recuperarse, no pudo conseguir ni el más mísero empleo, de tal manera que terminó vendiendo cajas de cerillos en la calle.
La momia, a quien se comenzó a culpar de los hechos, fue vendida a un excéntrico comerciante de Gran Bretaña, quien aún conociendo lo que había sucedido no dio crédito a la supuesta maldición que encerraba. Más luego su propia casa se incendió bajo circunstancias muy extrañas y tres de sus parientes cercanos sufrieron accidentes, así que de inmediato se deshizo de la princesa egipcia donándola al Museo Británico. Y pese a la reputación que acompañaba a la dama egipcia, el curador del museo, acostumbrado a desechar leyendas y supersticiones, aceptó de muy buena gana el obsequio.
Y los desconcertantes hechos continuaron sucediendo: el camión de mudanzas en que fue transportada la momia, una vez estacionado y sin motivo aparente, dio marcha atrás y atropelló a un peatón. Uno de los cargadores tropezó y el ataúd le rompió una piedra, mientras que el otro, un hombre de escasos 30 años, falleció dos días después por un infarto. La momia fue instalada en la Sala de Egiptología del museo.
Aquella noche los guardias escucharon golpeteos y sollozos que parecían provenir del interior del ataúd. Todo el personal del museo comenzó a tenerle miedo a la tenebrosa princesa egipcia, al grado que no deseaban ni sacudirle el polvo a la vitrina. Mas nunca falta un valentón, quien haciendo burla de todos los cobardes, fue y pasó el plumero con fanfarronería por el rostro de la momia. El castigo no se hizo esperar y dos días después su hijo murió de sarampión.
Ante semejantes hechos, el personal de seguridad y mantenimiento hicieron una protesta ante la dirección, exigiendo que la momia fuese retirada de exhibición. Y curiosamente la petición fue aceptada, ya que mandaron a Amen-Ra, la sacerdotisa egipcia a las frías bóvedas del museo, bajo la única supervisión del jefe de bodega.
Los hechos continuaron, la maldición llegó hasta uno de los peones que efectuaron la mudanza, quien cayó seriamente enfermo, y el mismo encargado de la bodega fue encontrado sin vida en su despacho.
Un reportero gráfico, conocedor de los rumores, se aventuró a tomar una fotografía de la tapa del sarcófago y cuando la reveló descubrió para su sorpresa y horror que el bello rostro de la princesa, tallado en la parte superior, se había transfigurado en una cara de facciones repulsivas. Aquello le trastornó tanto que entró en una terrible crisis nerviosa que le llevó al suicidio disparándose un balazo en el corazón.
Este último drama colmó la paciencia del director del museo y por ello le vendió la momia a un coleccionista privado.
Su nuevo dueño, muy interesado en las ciencias ocultas, comenzó a sufrir toda una serie de vicisitudes en su vida privada, por lo cual optó por encerrar la momia en el altillo de su residencia. Como los problemas continuaban, decidió invitar a su hogar a la ilustre fundadora de la teosofía, Madame Blavatsky.
La célebre huésped, quien ignoraba que la tenebrosa momia estaba encerrada en el desván, sintió repentinamente un gran desasosiego y le dijo al hombre que había en la casa una tenebrosa presencia. El la llevó por toda la casa, sin confesarle aún de su adquisición, más ella detectó la siniestra momia y le dijo que ella era la causante de todo, que tenía que deshacerse de ella de inmediato.
No faltó cliente para la princesa, un escéptico arqueólogo norteamericano que pagó por ella un precio exorbitante y se embarcó de inmediato con su preciada momia rumbo a Los Estados Unidos. Pero nunca llegó a su destino. El barco elegido fue el famoso Titanic que se hundió en el océano Atlántico el 15 de abril de 1912 luego de chocar con un iceberg. En esta espantosa tragedia perdieron la vida 1502 personas. La momia egipcia se hundió con todas ellas.

HISTORIA DEL LAPIZ

El año de 1564, una violenta tempestad derribó un enorme árbol en una población llamada Borrowdale en Inglaterra. La caída del árbol dejó al descubierto una masa de cierta sustancia negra de aspecto mineral. Los pastores de la localidad utilizaron pedazos de aquél material para marcar sus ovejas. Otros lugareños más astutos comenzaron a cortarlo en forma de varitas, que luego vendieron en las calles de Londres con el nombre de “piedras de marcar”, mismas que fueron utilizadas por los tenderos para hacer sus letreros en las cajas de frutas y mercancías.
No tardó el rey Jorge II en incautar el lugar y comenzar a explotar el mineral, que no era otra cosa que grafito. Mismo que fue utilizado para dar forma precisa a las balas de los cañones. El rey fue muy estricto con aquel valioso mineral. Y se registraba a los trabajadores meticulosamente para que no se lo robaran. Pero, como siempre suele suceder, la gente se las ingeniaba de una y mil formas para poder llevárselo a casa.
Aquellas barritas de grafito utilizadas para marcar y escribir tenían grandes deficiencias: se rompían con facilidad y manchaban las manos. Algún genio desconocido resolvió el problema enredando un cordel a todo lo largo de la varita y de esta forma se realizó el antecesor del lápiz, tan común hoy en día.
Un francés llamado Jacques Conté, un químico de reconocida fama, fue comisionado por Napoleón para que encontrara la forma de fabricar lápices, los cuales eran algo exclusivo de Inglaterra y Alemania. Pero el grafito de Francia era de inferior calidad, así que Conté le añadió arcilla a modo de complemento y coció su mezcla en el horno. Aquélla fórmula dio resultados espectaculares, ya que resultó ser mucho más eficaz que el grafito puro, logrando una mayor dureza que impidió el que se quebrara con facilidad.
El trabajo lo completó un carpintero e inventor de Massachussets, quien fabricó en su taller una máquina capaz de moldear la madera para introducir en ellas los pequeños cilindros de grafito y a continuación pegar dos secciones de ellas para darle forma a los lápices. Tal y como hoy los conocemos.
Ahora se consigue el mejor grafito del mundo en Sri Lanka, Madagascar y México; mientras que la arcilla para darle la dureza requerida, la mejor es de Alemania; la goma de borrar proviene de Malasia; y la madera más adecuada para los lápices es de cedro de California.
En la actualidad se producen más de 300 tipos de lápices diferentes. Y su uso es tan generalizado, que todos los grandes sueños y proyectos del hombre han comenzado con uno de estos pequeños utensilios en la mano.