lunes, 20 de julio de 2009

LA ASPIRINA

Al lado de ríos, canales y bosques de clima húmedo se da el sauce blanco, un árbol que desde tiempos muy remotos se le han conocido sus propiedades medicinales. El físico griego Hipócrates recetaba remedios con hojas de sauce para aliviar problemas relacionados con el dolor, y muchos pueblos antiguos han utilizado las hojas y la corteza de esta planta, ricas en salicina para controlar el dolor y la fiebre.
La salicina fue obtenida por primera vez por Felix Hoffman, un químico que trabajaba para la compañía Bayer, hace cosa de cien años, y de ahí surgió la famosa aspirina. Uno de los medicamentos más conocidos en todo el mundo.
De esta pequeña pastilla que mide poco más de un centímetro de diámetro y 6 mm de grosor, se dice que se han fabricado más de 350 billones de píldoras, desde que comenzó a fabricarse y se consumen en la actualidad aproximadamente 2 500 aspirinas cada segundo en todo el mundo, mismas que si se colocaran una sobre otra, alcanzarían una altura de 30 metros. Tan solo en estados Unidos se consumen 16,000 toneladas de Aspirina al año. Y diariamente se consumen en todo el mundo unos 216 millones de ellas, que con esta cantidad se podría cubrir una superficie de 2.4 kilómetros cuadrados.
Según la revista Newsweek es uno de los cinco inventos más importantes del siglo XX, junto con el automóvil, el foco, el teléfono y el televisor. Hasta los tripulantes del Apolo XI, la primera nave tripulada que llegó a la Luna, la llevaban.
Es utilizada para curar la fiebre, el dolor o la inflamación, siendo además utilizada como valioso auxiliar para los resfriados comunes. Una aspirina al día puede prevenir ataques cardíacos y estudios recientes dicen que es gran auxiliar en los casos de los diabéticos, ya que mejora la capacidad de los enfermos para manejar la glucemia, además de que estimula la secreción de insulina.
Pero cuidado… en dosis altas es altamente tóxica. En los Estados Unidos se reportan anualmente más de 10 mil casos de intoxicación por aspirina. Muchos de estos casos finalmente mueren. Así que si usted la usa, tenga mucho cuidado y nunca la deje al alcance de los niños. Y no es apropiada, ni en dosis mínimas en menores de 4 años.

EL MUNDO INSÓLITO DE MANDEVILLE

En la Biblioteca Británica se conserva un antiguo manuscrito realizado a finales del siglo XIV, mismo que es una traducción directa del original cuyo título es “Los viajes de Sir John de Mandeville” y que según se cuenta fue escrito en Francia por el año de 1356. Este libro fue extremadamente popular en la edad media, mucho antes del descubrimiento de América.
En aquellos tiempos la ignorancia se cubría con la fantasía, provocada por el deseo de conocer lo hasta entonces desconocido, y si bien se hablaba de cosas maravillosas que había más allá de los mares, también su imaginación agregaba seres terroríficos que podían acabar con las pretensiones de aquellos que se adentraran en lo desconocido.
Fue por ello que al aparecer el libro de Sir John de Mandeville, la gente deseosa de adentrarse en lo desconocido, lo convirtió en un éxito fuera de lo común. El libro consta de dos partes. La primera es como una guía turística para peregrinos porque habla de Tierra Santa. La segunda es la descripción de un viaje a Oriente, que describe la travesía por islas lejanas, hasta llegar a la India y el Catay, lugar que hoy conocemos como China.
He aquí algunas de las cosas maravillosas que se narran en “Los viajes de Sir John de Mandeville”.
Antes del descubrimiento de América toda la atención y las fantasías de los europeos se centraban en el Oriente. Conocían las fantásticas historias escritas por Marco Polo. Despues Sir John de Mandeville les vino a llenar la cabeza de humo diciendo que en aquellos lugares había mucho oro y valiosas especies. También se encontraba la Fuente de la Eterna Juventud y el legendario Paraíso Terrenal. Pero no todo era miel sobre hojuelas: antes de llegar a estos idílicos lugares había que toparse con una buena cantidad de monstruos. Era imposible llegar ahí sin sufrir la embestida de los acéfalos (hombres sin cabezas pero con rostros en el pecho), los esciópodos (hombres con una sola pierna y un pie gigante), o las temidas amazonas (mujeres fuertes que se cortaban un pecho para poder usar el arco).
Una parte del libro dice: "A través del océano y más allá de muchas islas se llega a Nacumera, una isla hermosa y grande. Su perímetro mide más de mil millas. Todos los hombres y mujeres que la habitan tienen cabeza de perro y se les denomina cinocéfalos".
Dice Mandeville que aunque cualquiera puede emprender un viaje por el mundo entero, solo uno entre mil sería capaz de volver al punto de origen, pues debido a la inmensidad de la tierra y del mar se pueden tomar miles y miles de rutas. Pero nadie sabría dar con la ruta acertada para volver a su punto de origen, si no fuese por casualidad o por obra y gracia de Dios.
Sir John de Mandeville habla en su libro que la tierra es redonda, pero esto no era nada nuevo, ya se sabía desde mucho tiempo atrás, ya que Aristóteles, en el siglo IV a.C. lo sabía perfectamente, y hasta elaboró una teoría astronómica basada en la esfericidad del mundo.
Pero nadie estaba seguro de ello. Así que Cristobal Colón no fue quien pensó primero que nuestro mundo era esférico. Lo que sí es de admirársele es el hecho de que se atrevió a alejarse más de lo debido de las costas, aún con plena conciencia de que más allá lo esperaban monstruos y seres fantásticos dispuestos a arruinarle su objetivo.
Y volviendo a John de Mandeville, es necesario aclarar que el verdadero autor del libro se llamaba Jean de Bourgogne, un escritor francés del siglo XIV. Y de quien se dice que jamás emprendió viaje alguno a ningún lugar más allá de lo conocido. Todo fue producto de su imaginación. Y por supuesto que después del descubrimiento de América, su libro pasó totalmente de moda.

EL HOMBRE QUE SE COMIÓ UNA CARRETA

A mediados del siglo XVIII, se corrió la voz, entre la alta sociedad europea, de que un médico rural suizo, Michael Schupach, practicaba un tipo diferente de medicina: utilizaba polvos sanadores obtenidos de fuentes naturales, para llevar a cabo curaciones milagrosas. Muy pronto gran cantidad de personas acaudaladas de todo el continente, afectadas de enfermedades tanto serias como banales, hacían el difícil peregrinaje hasta la villa alpina de Langnau, donde vivía y trabajaba el doctor Schuppach.
Durante su dificultosa caminata por las montañas, los visitantes tenían oportunidad de conocer los más espléndidos paisajes naturales de toda Europa. Cuando llegaban a Langnau, ya se sentían transformados y camino a la curación.
Schuppach, a quien llamaban simplemente el “Doctor de las Montañas”, tenía una pequeña farmacia en el poblado. El lugar fue convirtiéndose en todo un espectáculo: multitudes provenientes de los países más diversos se agolpaban en el pequeño recinto, en cuyas paredes, cubiertas con estanterías, se exhibían las coloridas botellitas que contenían las medicinas hechas a base de hierbas. Mientras que la mayoría de los médicos de la época recetaban pociones de sabor espantoso y nombres que nada significaban (como ocurre hoy en día), mientras que los remedios de Schuppach ostentaban nombres como “El aceite de la alegría”, “Florecillas para el corazón” o “Antipesadillas”, y todas tenían sabor dulce y agradable.
Los visitantes debían esperar con paciencia para lograr una consulta con el Doctor de las Montañas, dado que a diario llegaban a la farmacia unos ochenta mensajeros para entregar frascos de orina de pacientes de toda Europa. Schuppach afirmaba que podía diagnosticar una enfermedad con sólo observar una muestra de orina. Cuando al fín disponía de algún rato libre (ya que el estudio de las muestras de orina le consumía la mayor parte del tiempo), comenzaba a recibir a los visitantes en su consultorio de la farmacia.
Decía el Doctor de las Montañas que su sabiduría le venía de la existencia simple y plácida del campesino, que no sabía de complicaciones de la vida urbana, y sus consultas incluían también una charla sobre cómo lograr una mayor armonía entre el espíritu y la naturaleza.
Empleaba diversas formas de tratamiento. Por ejemplo, creía en la terapia del shock eléctrico. Explicaba que la electricidad es un fenómeno natural, y que el no hacía más que imitar la fuerza del rayo. Uno de sus pacientes afirmó que lo habitaban los demonios; el médico lo curó con shocks eléctricos, y mientras se los administraba, el doctor emocionado exclamaba que podía ver a los demonios saliendo, uno a uno, del cuerpo del enfermo.
Otro hombre dijo que se había tragado un carro cargado con paja, con todo y conductor incluido, lo que le causaba intensos dolores en el pecho. El doctor de las Montañas lo escuchó con paciencia, y poniendo luego su oído en el abdomen del enfermo le dijo que podía escuchar el chasquido del látigo en su interior, y le administro un sedante y un purgante. El hombre se durmió en una silla, ante la puerta de la farmacia. En cuanto se despertó se puso a vomitar. En ese momento pasó a toda velocidad un carro cargado de paja, que el doctor había contratado, haciéndole creer al enfermo que su mal estaba totalmente solucionado. Y en efecto, así fue.
Con el Doctor de las Montañas todo era un espectáculo. Lo cual siempre lograba mejorar el ánimo del paciente, quienes estaban convencidos de sus habilidades curativas. En lugar de burlarse el médico de las explicaciones irracionales que muchos le daban acerca de su malestar, Schuppach les seguía la corriente y con ello lograba excelentes resultados.

EL MAR MUERTO

Le llaman mar, pero no es un mar, es tan solo un lago de aproximadamente 280 kilómetros cuadrados y una profundidad de 330 metros. En este afamado lugar que los antiguos hebreos conocían bajo el nombre de Yam ha-Melah (mar de la sal) y los romanos lo nombraron Lacus Asphaltites (lago de asfalto), mientras que los árabes lo bautizaron como Bahr al-Mayyitt, que significa “mar de la muerte”; es quizás el lago más misterioso y apasionante del mundo. Su relación con hechos históricos, como la vida de Jesuscristo y las características tan especiales que posee lo han convertido en un sitio de gran relevancia dentro de la historia.
Para comenzar permítame decirle que el llamado Mar Muerto está a 400 metros abajo del nivel del mar, convirtiéndose con ello en el lugar más bajo en la superficie de la tierra. Está rodeado por un extenso territorio de áridas colinas erosionadas por el viento, que hacen de este lugar un sitio silencioso, hermoso y mágico. Sus aguas son seis veces más saladas que las del océano, y esta altísima concentración de sal en el agua, hace imposible casi cualquier tipo de vida en él. Si usted se mete en sus aguas le será prácticamente imposible el hundirse, incluso le sería posible acostarse sobre la superficie y ponerse a leer una revista, si así le place. Es una rareza única en el mundo.
En el Mar Muerto desemboca el río Jordán, que vierte en él aproximadamente siete millones de toneladas de agua, más el sol y el inmenso calor que se genera en la desértica zona que lo rodea, hacen que esta se evapore generando una neblina permanente, que se queda suspendida sobre el lago, otorgándole esa imagen de magia y misterio.
Aunque la vida no es posible dentro de estas aguas, se han descubierto grandes propiedades curativas en los 21 minerales que contienen, 12 de las cuales no se han podido encontrar en ningún otro sitio. El lodo negro que genera si es aplicado sobre todo el cuerpo, deja la piel limpia, mejora la circulación sanguínea y la función respiratoria. Por ello es que ahora se están comercializando muchos productos medicinales y cosméticos con base en el agua y el lodo del Mar Muerto.

LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO

En un descuido de Juma algunas de sus cabras comenzaron a subir demasiado alto por los acantilados, así que de mala gana decidió ir por ellas para traerlas de regreso. A las cabras no les pasaba nada, son animales impuestos a escalar riscos y transitar por lugares difíciles, pero la tarde caía y descpués sería un tanto difícil encontrarlas, así que mejor decidió ir de inmediato por ellas.
Poco a poco fue bajando a sus animales, no sin un sin fin de trabajos; y de pronto una de ellas se subió a unas rocas y emprendió el camino por una difícil ladera. Juma desatendió a las que ya habían emprendido el regreso y se fue tras la cabra rebelde. Cuando la alcanzó logró hacerla emprender el camino correcto y entonces descubrió una pequeña entrada a una cueva. Tomó una piedra y la arrojó con fuerza. ¿porqué lo hizo?. Nada más para descubrir su profundidad. Pero el golpe de la piedra sonó extraño. Pareció que pegó con algo y lo rompió. ¿Qué habría escondido ahí? La cara se le iluminó y de inmediato pensó que era un tesoro.
A gritos llamó a sus primos Khalil y Mohammed. No entendían lo que Juma les decía, pero por la forma como les gritaba bien pudieron darse cuenta que era algo importante, así que subieron presurosos por el peligroso acantilado. Al llegar Juma les contó lo que pasaba. Ellos se entusiasmaron, pero el sol ya se estaba ocultando y era muy difícil explorar el sitio en aquél momento. Además había que regresar con las cabras antes de que se hiciera demasiado tarde. Andar por el desierto tan noche no es nada bueno. Pero el día siguiente buscarían su tesoro.
Por el camino de regreso no pararon de hablar sobre la posibilidad de que en la cueva hubiese un tesoro escondido. ¡Dejarían de cuidar cabras!, ¡Se iban a hacer inmensamente ricos! Nada ni nadie parecía que podría quitarles el entusiasmo. La verdad es que en la cueva se encontraba uno de los más grandes tesoros jamás imaginados, aunque no era nada parecido a lo que ellos esperaban.
Era el mes de enero de 1947. Hacía demasiado frío, pero Mohammed, el más joven de los pastores, en cuanto despertó se fue con sus cabras a la búsqueda del tesoro. Ni siquiera pensó en esperar a sus primos. Al llegar a la cueva, entró emocionado por la pequeña abertura y vio que por dentro era más amplia. Al comenzar a explorarla sus pies iban pisando una gran cantidad de trozos de cerámica esparcidos por el suelo. Y de pronto sus ojos, ya acostumbrados a la penumbra, vieron una buena cantidad de jarras delgadas recargadas sobre una pared. Sintiendo que el corazón se le salía de la emoción, fue y tomó una de las jarras… pero no encontró en ella ningún tesoro. No había oro, ni monedas ni nada que pareciera de valor. Tan solo contenía unos viejos pergaminos amarrados con trapos, totalmente enegrecidos por el tiempo. Todas las jarras tenían lo mismo.
Poco después llegaron sus primos y les dio las malas nuevas: no había ningún tesoro. Pero Mohammed decidió llevarse algunos pergaminos; quizás alguien se atreviera a darle algunas monedas por ellos. Cuando llegó a casa, sus padre y hermanos se rieron de él, más a su madre le parecieron valiosos… para atizar el fuego. Pero no los quemó todos. El resto los dejaron colgados de un poste de su tienda de beduinos. Mucho tiempo después, y nomás como para no dejar de hacer el intento, el padre de Mohammed los llevó a Belén y ahí logró venderlos por separado a dos anticuarios árabes por una cantidad francamente ridícula. El primer cliente que los adquirió con estos anticuarios fue el arzobispo Athanasius Jesche Samuel, de la Iglesia Ortodoxa en Jerusalén del monasterio de San Marco.
Posteriormente estos antiguos manuscritos fueron examinados por personal especializado de la Escuela Americana de Investigación Oriental, y se llegó a la conclusión que los rollos pertenecían al período entre 200 años A.C. y 200 años D.C., reconociendo que eran los manuscritos más antiguos descubiertos hasta entonces.
Tres de los manuscritos encontrados fueron comprados por el arqueólogo Sukenik, de la Universidad Hebrea, y por diversas y poco a poco otros de aquellos manuscritos fueron siendo adquiridos por dicha institución.
Luego vino la guerra egipcio-israelita de 1947 a 1949, y el asunto de los rollos del Mar Muerto cayó en el olvido.
Tiempo después el padre del arqueólogo Sukenik, encontrándose en Nueva York, leyó un anuncio en que se ofrecían otra parte de aquellos mismos rollos; sabedor de la importancia de estos valiosos manuscritos, logró adquirirlos por una cantidad aproximada a los $ 250,000 dólares, para luego vendérselos por una cantidad mayor a la Universidad Hebrea, donde permanecen hasta hoy.
Al difundirse la noticia del precio alcanzado por aquellos rollos encontrados, todo mundo se fue a escarbar e investigar por cuevas y peñascos de la zona. Pronto se encontraron otras 10 cuevas adicionales que también contenían antiguos pergaminos. Se hallaron cerca de 200 manuscritos, la mayoría libros de la biblia, y algunos otros escritos que hablan de las costumbres y pensamiento de una secta llamada los escenios, misma que floreció entre los años 125 A.C. y 68 D.C., y quienes los escondieron antes de huir de la invasión del ejército romano, el cual se encontraba en Judea para acabar con la revuelta judía de los años 66 a 70 d.C.
Sería sumamente complejo explicar en este espacio, todo lo relacionado al contenido de los Rollos del Mar Muerto. Lo cierto es que en ellos se han encontrado informaciones sumamente valiosas en cuanto a las costumbres e ideas religiosas de los escenios, además de haber descubierto algunas pequeñas, pero significativas modificaciones que se han hecho a algunos pasajes de la Biblia. Quien sabe si fue a propósito o por errores de traducción.
Casi al mismo tiempo, que el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, en una región un tanto diferente, fueron encontrados otros antiguos manuscritos, por un hombre que buscaba en una cueva fertilizante natural para sus cultivos. Aquí se descubrió el llamado Evangelio de Santo Tomás, y en estos documentos se encuentran muchas frases y sentencias atribuidas a Jesucristo, mismas que no están contenidas en ninguno de los cuatro evangelios. De todas formas la Iglesia católica los dio por descalificados.
Quién sabe como sean las cosas, eso lo dejamos a los estudiosos de la materia. Lo cierto es que Juma, Mohammed y su primo, después de su valioso hallazgo continuaron cuidando chivas, porque nunca entendieron el auténtico valor de lo que habían descubierto.

HISTORIA DEL SORBETE

La feria mundial de St.Louis se celebró en el año de 1904, conjuntamente con los Juegos Olímpicos. Cuarenta y dos estados y cincuenta y tres naciones tomaron parte en esta exposición.
Entre los vendedores de la feria, uno tomó la concesión de helados, y otro de wafles calientes. Con la muchedumbre que acudió a las exhibiciones, ambos negocios florecieron rápidamente; pero después de un día particularmente activo, la reserva de platos de cartón, donde el vendedor de wafles los servía con tres guarniciones diferentes, se agotó. Alarmado buscó afanosamente quien le vendiera platos en la feria, más nadie quiso hacerlo por temor a encontrarse luego en el mismo problema.
El vendedor de helados le propuso venderle con descuento parte de su nieve, para que al menos ganara algo y no fuera a perderlo todo.
El vendedor de wafles aceptó, aunque su inconformidad era grande porque el margen de utilidad en los helados era muy bajo, y aparte, no sabía que hacer con todos los ingredientes que ya tenía preparados para hacer wafles, ya que en ellos había invertido todos los ahorros de su vida.
De repente tuvo una brillante idea: hizo unos mil wafles; mientras estaban aún tibios los enrolló, según un patrón circular con la punta por abajo. A la mañana siguiente, vendió todo su helado, porque lo sirvió en el wafle enrollado, con lo cual había nacido el popular cono de la nieve.

EL TRUCO DEL PRESTAMISTA

Hace muchos años, cuando una persona que debía dinero podía ir a la cárcel, un mercader de Londres tuvo la desventura de acumular una enorme deuda. Al prestamista, que era viejo y feo, le gustaba la hermosa y joven hija del mercader, de modo que propuso un trato: cancelaría la deuda si podía quedarse con la muchacha.
Tanto el mercader como su hija quedaron horrorizados ante esta proposición, pero sabían que no tenían más remedio que se dejara en manos de la providencia la decisión. Así, que el prestamista indicó que colocaría una piedrecita negra y una blanca en un saco vacío, y que después la chica debeía tomar una de las piedras. Si ella escogía la piedra negra, se convertiría en su esposa y la deuda del padre quedaría cancelada. Si seleccionaba la blanca, se quedaría con su padre y la deuda sería perdonada. Pero si se rehusaba a tomar alguna de las piedras, su padre iría a la cárcel y ella quedaría sola y totalmente desprotegida.
El mercader aceptó con renuencia. El grupo se hallaba en una vereda de piedras, pero entonces la temerosa chica se dio cuenta de que él había tomado dos piedras negras y las había colocado en el saco. En seguida, el viejo pidió a la chica que tomara una de las piedras, la que decidiría su destino y el de su padre.
Ella se sintió aterrorizada en el momento en que el mercader le tendió la bolsa para que sacara la piedra, más de pronto su rostro se iluminó, metió la mano en la bolsa, y sin verla, al sacarla la dejó caer a la vereda, donde se perdió entre las demás.
-¡Qué torpe soy!- dijo-, pero no importa, si abren la bolsa verán qué piedra tomé por la colora de la que queda. Como la piedra restante era negra, se supuso que ella había tomado la blanca, ya que el prestamista no se atrevería a admitir su deshonestidad.
(Pintura del Pintor Español Ismael Prieto)