viernes, 13 de noviembre de 2009

LADY GODIVA

Allá por el año 1040, en la ciudad de Coventry, Inglaterra, una hermosa mujer llamada Godiva estaba casada con el duque Leofric. Eran una buena pareja. Juntos construyeron el Monasterio de Coventry, y el duque era tan buen administrador que logró que el pueblo fuese creciendo hasta convertirse en uno de los más importantes de la región. Pero la ambición fue corrompiendo poco a poco al duque Leofric, quien comenzó a elevar el monto de los tributos, hasta provocar el descontento de la población.
Godiva, no estaba al parecer no estaba muy al tanto de la situación; más siendo una mujer tan noble, gustaba de acercarse a la gente del pueblo, y fue así como se dio cuenta de la gravedad de lo que estaba pasando. Lady Godiva era muy apreciada y respetada, por ello los ciudadanos se acercaron a ella y le pidieron que influyera en el duque para que bajara los impuestos que los estaban colocando en una situación desesperada.
Ella prometió hacer cuanto pudiera, auque no tenía atribución alguna para cambiar por ella misma semejantes disposiciones. Más el compromiso moral que tenía con la gente humilde, la impulsó a buscar una solución favorable para el pueblo, ante su ambicioso marido. Más el duque no estuvo de acuerdo con la solicitud de su esposa. He incluso hizo mofa de la actitud benevolente y altruista de su mujer. Más ella no cedió, e insistió en el tema una y otra vez, pese a que Leofric se rehusaba a tratar el punto.
Harto de la cantaleta de su mujer, le dijo en tono irónico que aceptaría rebajar los impuestos, si ella se atrevía a pasear desnuda montada a caballo por la calle principal de la población. Obviamente el duque jamás creyó que Lady Godiva se atrevería a semejante cosa. Por supuesto que el reto era totalmente fuera de lugar para una dama, y mucho más para alguien de su posición, más ella lo aceptó.
La gente del pueblo supo lo que iba a hacer Lady Godiva en su favor. Y cuando ella salió a la calle totalmente desnuda y montada en su caballo blanco, cubriendo sus pechos y vientre con su largo pelo, todos se metieron a sus casas y cerraron puertas y ventanas en señal de respeto, para no avergonzarla.
Según cuentan, sólo la vio un indiscreto, a quien a partir de entonces le apodaron “Tom el fisgón”
Por su parte el duque, ante la audacia y atrevimiento de su mujer, se vio forzado a cumplir su promesa y se bajaron los impuestos.
Si esta es la forma de bajar los impuestos, creo que sería muy buena idea motivar a nuestras mujeres para que salieran desnudas a la calle para presionar la baja de impuestos. ¿No le parece?

viernes, 6 de noviembre de 2009

INOUE DAISUKE, CREADOR DEL KARAOKE

A principios del siglo pasado cualquier familia económicamente respetable tenía en casa un piano para amenizar las reuniones. Después llegó el fonógrafo, los tocadiscos y los modernos sistemas de reproducción de discos compactos.
Pero a la gente le gusta cantar, y para todos aquellos que no saben tocar un instrumento que les sirva para acompañarse, se inventaron las pistas, pero estas fueron rápidamente desplazadas por los famosos Karaokes; unos aparatitos que se conectan al televisor, y la gente puede cantar leyendo la letra de la canción en la pantalla. Así que ahora todo mundo canta en casa con el micrófono en la mano y sin temor a no saberse la letra. Pero ¿De donde surgió este aparato?
Karaoke es una palabra japonesa compuesta por las palabras Kara que significa vacío (sin palabras) y Oke (de orquesta). Este reproductor de pistas se convirtió en toda una moda en 1970 en Japón. Su creador fue Inoue Daisuke, baterista de una banda de rock.
Se dice que fue una ocurrencia que tuvo para hacer que la gente se divirtiera mientras ellos descansaban entre tanda y tanda, ya que tocaban en un centro nocturno. Para lograrlo contó con el apoyo de un especialista en electrónica, un carpintero y un ebanista. En tan solo tres meses realizaron el proyecto.
Inoue grabó las pistas en diferentes tonos para que se pudieran adaptar a diferentes voces; además agregó un aditamento especial para dar efectos y todo estuvo listo para que la diversión fuera total.
El karaoke fue todo un éxito. Los aficionados subían a la pista, colocaban una moneda de 100 yenes en el aparato y con micrófono en mano hacían la diversión de todos.
En un principio Inoue fabricó tan solo 11 máquinas, pero el invento se volvió tan popular que pronto tuvo que fabricar otras 10 000. El gran error de Inoue, lo cual es muy frecuente que suceda, fue que jamás patentó su invento y dejó que se le escaparan los millones del bolsillo, ya que el karaoke se convirtió en unos cuantos años en uno de los juguetes más vendidos a nivel mundial. Tan solo en Japón hay cerca de 50 millones de aficionados. Se calculan 14 000 negocios llamados Karaoque Box, donde la gente acude a toda hora a divertirse cantando las pistas musicales.
Inoue comprendió su gran error. Tuvo la fortuna en su mano y jamás se dio cuenta de ello. Ahora intenta seducir a la escurridiza diosa de la fortuna, con una trampa para cucarachas, misma que se instala dentro de la máquina karaoke, ya que en el 80 % de los casos los aparatos fallan porque anidan en ellos las cucarachas. ¿Usted cree que lo logre?

LOUIS BRAILLE Y SU ESCRITURA PARA CIEGOS

Louis Braille nació a principios del siglo Diecinueve en un pueblito cerca de París. Su padre tenía un taller de talabartería; fabricaba arneses y otros utensilios de cuero, por lo cual utilizaba afiladas herramientas para cortar y perforar el cuero.
Un día, el pequeño Louis estaba jugando con uno de los punzones de su papá, cuando se resbaló y accidentalmente se picó uno los ojos. Al principio, la lesión no parecía seria, pero la herida se infectó. Pocos días después, el otro ojo se contagió y el niño perdió la vista de ambos ojos.
Los primeros días de ceguera fueron muy difíciles, más poco a poco Louis aprendió a adaptarse y a llevar una vida normal. Fue a la escuela junto con sus amiguitos y le fue bien en los estudios. Era inteligente y creativo y se propuso no permitir que su discapacidad lo frenara en lo más mínimo, pero, al no poder leer ni escribir su nivel como estudiante comenzó a dejar mucho que desear.
Sus padres conocieron de una escuela en París, especial para estudiantes ciegos. No lo pensaron dos veces, aunque ello significara grandes sacrificios, lo enviaron de inmediato, aunque Louis solo contaba con 10 años de edad.
Las condiciones de la escuela eran muy duras. El edificio era húmedo e insalubre y la disciplina era severa. Los alumnos que se portaban mal eran golpeados, encerrados y alimentados con pan duro y agua. Por ello era común que los niños abandonaran los estudios y se dedicaran a lo que fuera posible para sobrevivir, incluso mendigar.
En la escuela para ciegos, los alumnos eran adiestrados en algunos oficios como la fabricación de pantuflas, para que al salir pudieran ser capaces de ganarse la vida. Tan solo les era permitido salir una vez por semana, aunque lo hacían en grupo y atados unos a otros por una cuerda.
La escuela tenía únicamente catorce libros para invidentes. Eran demasiado voluminosos y pesados. Tenían letras muy grandes, realzadas con alambre prensado. A Louis le interesaron mucho, pero eran demasiado difíciles de manejar y leer. Tardaba varios segundos en terminar cada palabra y cuando llegaba al final de la oración, casi había olvidado que qué se trataba el principio. Louis pensó que debía haber una mejor opción.
Tenía que existir una manera de que una persona ciega pudiera sentir rápidamente las palabras de una página, para poder leer tan veloz y fácilmente como una persona con vista. Pero como un método así no existía, decidió buscar la forma de realizarlo.
Louis Braille, nuestro jovencito de esta historia, había aprendido desde pequeño a tocar el cello y el órgano. Incluso fue organista en varias iglesias de París. Era muy inteligente y creativo, por ello confiaba en que lograría encontrar la forma de resolver el problema.
Un día, un soldado visitó la escuela y les llevó a los pequeños ciegos un código alfabético que estaba siendo usado por el ejército francés para enviar mensajes nocturnos de los oficiales a los soldados. Los mensajes no podían ser escritos en un papel, porque el soldado tendría que encender un cerillo para leerlo y esa luz lo convertiría en un blanco fácil para los disparos del enemigo. Por lo tanto, el código consistía en una serie de puntos y guiones que se escribían en relieve sobre el papel, para que los soldados pudieran descifrarlos al pasar sus dedos sobre los símbolos. Una vez que todos comprendían los símbolos, funcionaba más o menos bien.
Louis probó entusiasmado el código. Era mucho mejor que leer los gigantescos libros con grandes letras en relieve. Sin embargo, el código militar seguía pareciéndole lento y engorroso. Los puntos ocupaban mucho espacio en cada página, por lo que sólo cabían una o dos frases. Él sabía que podía mejorar de alguna manera ese alfabeto.
Cuando regresó a casa, en tiempo de vacaciones, tomó uno de los punzones del taller de su padre y afanosamente se dedicó a construir un nuevo sistema de lectura para ciegos. Pasó varios días trabajando en un alfabeto hecho completamente con una base de seis puntos, colocándolos en diferente posición para formar las letras. Y el método funcionó. Aún pasó varios años perfeccionando su sistema, más en 1827, cuando tenía 18 años de edad, fue publicado el primer libro en el sistema Braille.
Louis Braille se convirtió en maestro de la escuela donde había estudiado. Era admirado y respetado por sus alumnos, pero desafortunadamente murió muy joven, a los 43 años, víctima de la tuberculosis. Pero su herencia se ha mantenido para siempre.

EL GRAN TENOR ENRICO CARUSO

Enrico nació en Nápoles, Italia, en 1873. Fue el decimoctavo de 20 hijos de una familia muy pobre. Desde pequeño le gustó el canto; cantaba todo el tiempo y en cualquier lugar, por ello a los nueve años ingresó al coro de su parroquia. Aquello era dicha y felicidad, solo que tuvo un conflicto con un compañero, que llegó hasta los golpes. Después vino el director a sancionar al par de chiquillos. Enrico al parecer no estuvo muy de acuerdo y mostró su rebeldía. Fue llamado su padre para exponerle la queja, y este, con esa autoridad propia de los padres chapados a la antigua, le exigió a Enrico que se arrodillara y besara los pies del padrecito que dirigía el coro. Enrico no aceptó pasar por esta humillación, huyendo de inmediato de ahí, prefiriendo quedar fuera de aquél amado coro de niños.
Los conflictos con su padre eran cosa de rutina. Más con su madre siempre se sintió protegido. Su padre lo puso a trabajar en el oficio de la familia: la mecánica, pero al fallecer su madre, Enrico decidió dedicarse exclusivamente a cantar, cosa que acarreó la furia de su padre y terminó por correrlo de la casa. Logró entonces el apoyo del maestro Gug-lielmo Vergine, quien le dio su primera educación musical formal. Después de tres años de estudio y preparación, hizo su debut operístico en el Teatro Nuovo de Nápoles. Fue así como a los 21 años surgió la gran figura de Enrico Caruso.
La fama le acompañó prácticamente desde el primer día. Pronto pisó los escenarios de Moscú, San Petersburgo, Buenos Aires y la afamada Scala de Milán.
El año de 1901, participó en El Elixir de Amor, pero su actuación fue recibida con bastante frialdad por el público napolitano, por lo cual Enrico Caruso juró no volver a cantar nunca en Nápoles, su ciudad natal... ¡Y cumplió su promesa!.
El reconocimiento mundial llegó después de que cantó "La Bohemia" en Monte Carlo , así como "Rigoletto" en el Covent Garden de Londres y la Metropolitan Opera House de Nueva York. En este último escenario se presentó durante 18 temporadas consecutivas, ofreciendo 607 funciones de 37 óperas diferentes. Su última aparición pública fue precisamente en ese teatro, el 24 de diciembre de 1920.
Enrico Caruso era todo un profesional y solamente canceló dos funciones en toda su carrera, pese a tener graves problemas de salud. Padecía de una enfermedad pulmonar que lo llevó a la muerte en 1921, a los 48 años.
Grabó aproximadamente 200 fragmentos de ópera y canciones; muchas de estas piezas siguen publicándose, un siglo después de haber sido grabadas. Sus grabaciones, aunque bastante rústicas y deterioradas, siguen vendiéndose en todas las principales ciudades del mundo.

UN VASO DE AGUA PARA TERRY

Terry Schiavo tenía sobrepeso, así que decidió evitar en todo lo posible los alimentos. Por desgracia cayó en la terrible bulimia. Acudió a una clínica para ser atendida pero los médicos se equivocaron. No diagnosticaron una deficiencia de potasio y su negligencia desembocó en un paro cardíaco. Como consecuencia de ello, su cerebro se daño al no recibir por algunos minutos la debida oxigenación. Y esto desembocó a que Terry entrara en lo que llaman un “estado vegetativo”. Era el año de 1990. Y las esperanzas de una recuperación fueron prácticamente nulas.
Los años pasaron y Terry no dio el menor indicio de volver a la normalidad. Su esposo, como suele suceder en muchos de estos casos, rehizo su vida: se buscó otra mujer y con ella formó nueva familia. Aunque legalmente Terry continuó bajo la custodia de su marido. Pero tal y como sucedieron las cosas, conforme fueron pasando los años, que de tantos que pasaron sumaron hasta 15, Michael Schiavo, ex-esposo de Terry, se cansó de la obligación y emprendió un juicio legal para desconectarla de la máquina que la mantenía con vida. Su alegato era que alguna vez Terry le había manifestado que de llegar a un estado así, ella prefería la muerte.
¿Sería cierto esto?... ¿o lo único que pretendía era librarse para siempre de aquella mujer que ya le estorbaba en su vida?
Los padres de Terry, gente muy religiosa, se enfrascaron en un pleito legal con el yerno, que llegó hasta alturas insospechadas. La prensa tomó la nota y fue conocida ampliamente a nivel mundial. Intervino el Vaticano, el presidente Bush, y presionaron muchas organizaciones civiles y religiosas para que se respetara la vida de Terry. Pero Michael logró que los jueces de Florida fallaran en su favor. Y se ordenó que la enferma fuera privada de todo alimento, inclusive de agua, para provocar de esta manera el fatídico desenlace.
Mientras los padres de Terry desesperados acudían incluso hasta la suprema corte intentando apelar la sentencia, afuera del hospital una multitud gritaba protestas y acusaba de criminales a todos los responsables.
Scott Heldreth estaba con su familia viendo el televisor, cuando pasaron un reportaje sobre lo que estaba sucediendo con Terry. Joshua, su hijo de 10 años, le pidió a su padre que fueran a llevarle de comer. Scott sonrió benevolente y le explicó a su pequeño que aquello era imposible. La policía custodiaba el ingreso al hospital y no podían acercarse a Terry de ninguna manera. Más Joshua insistió tanto que su padre aceptó llevarlo al hospital, al menos para que se uniera a todos aquellos manifestantes que estaban en contra de la sentencia de muerte que se le había aplicado a Terry.
A las afueras del hospital había más gente de lo previsto. Familias enteras con pancartas gritaban protestas sin cesar. Scott ni cuenta se dio cuando Joshua se perdió entre la muchedumbre. Desesperado lo buscaron, pero el chiquillo había desaparecido. Poco después lo vió. Un grupo de policías lo sacaron del hospital esposado y lo subieron a una patrulla. Su delito... intentó pasar con un vaso de agua a la habitación de Terry.
Joshua fue obligado a redactar una carta de disculpa y a cumplir con 25 horas de servicio a la comunidad. En cuanto a Terry, después de casi dos semanas sin agua, ni alimentos, expiró.
Al parecer el único motivo que llevó a su marido a solicitar que fuera privada de la alimentación, fue que si se divorciaba de ella, perdía la mitad de los bienes, mientras que si Terry moría él se quedaba con todo

EL NIÑO Y EL CHIMPANCÉ

El año de 1931, el psicólogo norteamericano Winthrop Niles Kellog, tuvo, según él, una brillante idea. Adoptó un chimpancé de siete meses al que llamó Gua, y lo integró a su familia como un miembro más. Esto quiere decir que sus intenciones no eran que Gua fuera una mascota, sino un auténtico hijo. La idea de Winthrop era comprobar científicamente la evolución paralela de dos criaturas en su propia casa: su pequeño hijo Donald, de tan solo diez meses y el chimpancé de siete.
De esta forma, el niño y el simio fueron criados como si fueran hermanos, sin diferencia: se les trataba igual, con idéntico afecto, usaban la misma ropa, cucharas, platos, juguetes y todo lo que es propio de un niño.
El chimpancé tardo menos que el niño en aprender a comer con cuchara y a no mojar los pañales. Al final el niño comenzó a imitar a Gua y a los 14 meses emitía una especie de ladrido para indicar que tenía hambre. Lamía los restos de comida del suelo y al año y medio comenzó a mordisquearse los zapatos.
A los 19 meses, edad en que los niños saben decir medio centenar de palabras, Donald solo pronunciaba seis. Pero las complementaba con una serie de gruñidos, gritos y ladridos que había aprendido del chimpancé..
Al darse cuenta el psicólogo que en muchos aspectos el chimpancé superaba al niño, y que este tenía un nivel muy inferior en desarrollo respecto a los demás niños de su edad, decidió terminar con el experimento y echó el chimpancé fuera de casa.
Afortunadamente el experimento no trastornó el desarrollo del niño: décadas más tarde Donald se licenció en Medicina por la Universidad de Harvard con buenas calificaciones.

DONANDO EL CABELLO AL DIOS VISHNU

Al sur de la India, en la ciudad de Tirupati, hay un templo dedicado al dios Vishnu. Cada día recibe la visita de, aproximadamente, 50,000 peregrinos, número que se incrementa al doble en las fiestas especiales, lo que ha convertido a este templo en un centro de peregrinación religiosa tan importante como La Meca, Jerusalén o el Vaticano.
Los fieles acuden masivamente al templo con la intención de agradecer o solicitar favores a la venerada imagen de Lord Shri Venkates-wara, una de las reencarnaciones de Vishnu, que junto con Brahama y Shiva conforma la trinidad suprema de la religión Hindú.
Cuenta la leyenda que cuando Venkates-wara organizó sus bodas con la diosa Padma-vathi, quedó tan endeudado, que Kubera, tesorero de los dioses, le estableció que el monto del préstamo, más los intereses, deberían ser pagados durante cientos de generaciones por los siglos venideros.
Por ese motivo, llegan los peregrinos con su donativo de dinero en efectivo, joyas o flores, como parte fundamental de su vista al templo. Ya que con ello ayudan a su dios a cubrir la deuda, y además logran obtener sus favores.
Pero hay que recordar que en La India, existen alrededor de 400 millones de personas que viven en la absoluta pobreza, por ello dan como donativo su pelo. Sí, así como lo escuchó, el que no tiene nada va con los peluqueros del templo a que lo rapen, para ofrendar su pelo a su dios endeudado.
El templo cuenta con 600 peluqueros que trabajan en 18 habitaciones destinadas para este fin, y trasquilan diariamente a un promedio de 25,000 fieles, en turnos ininterrumpidos de 24 horas.
El libro Guinness de los records, atestigua una marca máxima registrada en este lugar, de 72,000 personas rapadas en 24 horas. Y se recolecta cada mes hasta 18,000 kilos de pelo humano.
¡Y que hacen con todo el cabello recolectado?. Hay empresas que entran a la subasta pujando por los lotes disponibles. Gracias a la venta de pelo, el templo recibe anualmente como 7 millones de dólares, una cantidad realmente raquítica si se toma en cuenta que recibe por concepto de ofrendas y donaciones cerca de los 100 millones de dólares anuales. Siendo el santuario más rico del mundo.
Este dinero, además utilizarse para atender las necesidades elementales de los peregrinos, sostiene cinco hospitales, doce colegios, una leprosería e instituciones de caridad.
El cabello indio es vendido a industrias de China y Europa, para elaborar pelucas y todo tipo de aplicaciones, mismas que luego son adquiridas por el público en general en salones de belleza y establecimientos de Estados Unidos y Europa.