viernes, 11 de diciembre de 2009

FRAY ANTONIO ALCALDE

El año de 1786 brotaron en la ciudad de Guadalajara múltiples epidemias que cubrieron de muertos todas las casas y calles de la ciudad. La situación era desesperada. No había espacios suficientes para poder atender a tantos enfermos contagiados con ese terrible mal que la gente dio en llamar “la bola”. El año anterior la situación se había visto demasiado complicada para la enorme cantidad de pobres indígenas que habitaban la zona. Las lluvias no se presentaron en el otoño convirtiendo aquél año en “el año del hambre”, porque la mayoría de la gente no tuvo ni lo indispensable para llevarse a la boca.

Al llegar la temporada de invierno, unas terribles heladas azotaron sin clemencia la zona, provocando gran mortandad, pero esto fue solo el principio de la tragedia, porque apenas se dispersaron los vientos helados, llegó como ave de rapiña “la bola”, epidemia que pasaría a la historia como una de las más terribles que ha tenido que enfrentar nuestra ciudad.

Fray Antonio Alcalde había llegado a esta ciudad de Guadalajara el 12 de diciembre de 1771, al ser designado Obispo de la Diócesis. Este ilustre señor nació en Cigales, población de Valladolid, España y era de la orden de los Dominicos. Antes de su llegada a Guadalajara había realizado su ministerio eclesiástico como Obispo de Yucatán.

El Sr. Alcalde era un hombre dinámico, emprendedor y muy sensible ante las miserias que aquejaban a los pobres. Y aquella epidemia que estaba diezmando a su feligresía rebasaba todos los límites del dolor y el sufrimiento. Parecía como si Dios se hubiera ensañado con los suyos. No había sido suficiente el dolor que propició la escasez de lluvias, el hambre padecida por los pobres, ni las terribles heladas que se presentaron. Aún faltaba lo peor, y era necesario enfrentarlo.

El Sr. Obispo no se quedó con los brazos cruzados. Abrió las puertas de las casas religiosas para los enfermos y todo edificio disponible lo puso al servicio de los necesitados. Sacerdotes, religiosas y religiosos, fueron designados para atender a las víctimas de esta tragedia. Pero faltaban espacios, medicinas y doctores.

Fue así como surgió su gran propósito de hacer un hospital para los pobres. Habló con el Ayuntamiento y consiguió que le cedieran gratuitamente un terreno. Con limosnas y donativos inició la construcción el 26 de febrero de 1787.

El 14 de junio de 1792, aún cuando el hospital no estaba totalmente terminado, se le solicitó a Fray Antonio Alcalde que lo bendijera y realizara la apertura de sus puertas. En parte porque era mucha la necesidad, pero también porque el Sr. Obsipo estaba tan enfermo y anciano que podía morir sin ver en servicio su obra.

Aquél día de junio, después de la ceremonia, Fray Antonio Alcalde se dirigió a una de las camas, donde ya había un enfermo y personalmente le realizó una curación. Era un hombre austero, no buscaba realmente nada para sí. Su mayor satisfacción la encontraba en realizar obras para atender las necesidades de su comunidad.

No bien hubo tomado el mando de la Diócesis de la Nueva Galicia, como se le llamaba a esta zona de Guadalajara, movió sus influencias ante el rey de España, para que los bienes de la extinguida Compañía de Jesús, incluido el templo y el edificio del antiguo Colegio de Santo Tomás pasaran a la fundación de la Real y Literaria Universidad de Guadalajara, misma a la que dedicó con gran pasión todos sus esfuerzos. Donó además 60 mil pesos para establecer las cátedras y estimuló al cabildo catedralicio para que aportara los 10 mil pesos restantes necesarios para su fundación. El total del patrimonio original de la Universidad fue de 95,298 pesos y el señor Alcalde aportó casi las dos terceras partes de ello. La Universidad de Guadalajara recibió la cédula real de parte del rey Carlos IV el 18 de noviembre de 1791.

El martes 7 de agosto de 1972 falleció Fray Antonio Alcalde a los 91 años, después de 21 años ejerciendo su labor espiritual y humanitaria en nuestra ciudad. Como gran herencia suya, quedó el Hospital Civil, fundo la Universidad de Guadalajara, estableció la primer imprenta tapatía, el Real Consulado de Comercio, 100 industrias de artefactos de algodón, construyó el Santuario de Guadalupe, el beatario de Santa Clara y el Sagrario Metropolitano; todo esto además de abrir las puertas para la educación de los indígenas, en un tiempo en que no se les prestaba la más mínima atención.

Los restos del ilustre obispo fueron depositados en el Santuario de Guadalupe, pero su corazón siempre palpitará entre nosotros, mientras exista la ciudad de Guadalajara.

viernes, 27 de noviembre de 2009

LA CATEDRAL DE DON JUSTO

Justo quiso ser monje, entregarse toda la vida al servicio de Dios, así que ingresó desde muy joven al monasterio soriano de Santa María de Huerta en España, pero poco tiempo después, en el año de 1961, antes de hacer los votos, enfermó de tuberculosis y se vio obligado a dejar la vida religiosa.
Después, cuando logró recuperarse, siguió su vida de campesino, más su corazón seguía obsesionado con Dios. Siendo así como un día surgió la idea de construirle una grandiosa catedral a su Señor y comenzó a vender todo cuanto poseía para iniciar la obra. Pero que sabía justo de arquitectura… nada. Ni siquiera de albañilería, porque él era tan solo un humilde trabajador del campo. Aún así puso manos a la obra. Visitó infinidad de templos, viajó a muchos lugares para conocer las catedrales, leyó cuanto libro se encontró a mano sobre arquitectura y catedrales y con la sola bendición de Dios, inició la construcción de su catedral.
La gente de su pueblo, Mejorada del Campo, cerca de Madrid, lo consideró un loco, un pobrecito deschavetado por la iluminación divina, y Justo se dio muy bien cuenta de lo que pensaban de él, pero no le importó. Vendió hasta la humilde casita que tenía para juntar un poco más de dinerito y se fue a vivir con su hermana, a una casa cercana al terreno que compró para construir su catedral. Desde entonces han pasado 44 años.
Lo que en un principio provocó risa, ahora provoca expresiones de admiración. Ni un solo día Justo ha dejado de trabajar en su obra. Continuamente la ha pasado recorriendo las calles, visitando los basureros, los lugares donde hay alguna demolición, para recoger pedazos de ladrillo, de bloque, fierro, plástico y todo lo que considere util para realizar su obra. Jamás ha tenido el apoyo de la iglesia católica, ni siquiera tiene los permisos correspondientes para construir la obra, pero Justo ha seguido adelante.
Con el tiempo, al ver que la cosa iba en serio, comenzó a llegar un poco de ayuda: una carretilla de arena, un par de sacos de cemento, un puñado de ladrillos y así es como hoy Justo ha levantado una enorme catedral cuya cúpula se alza a 40 metros del suelo. Ya está casi terminada toda la obra negra, hasta luce unas hermosísimas puertas que hace poco le regaló uno de sus tantos admiradores. Sí admiradores, porque ahora Don Justo y su catedral se han vuelto tan famosos, que a diario llega demasiada gente de toda España para contemplar la obra. Y es que debe usted saber que una cierta compañía hizo un comercial para un refresco teniendo a Don Justo como protagonista, así que ahora Mejorada del Campo, se ha convertido en un pueblo atiborrado de turistas que llegan a contemplar la obra.
Mucho se avanzó con los 30.000 euros que este humilde devoto recibió como pago por el comercial realizado y además los turistas depositan en una urna alguna que otra moneda. Así que Don Justo está mucho mejor que antes. Su catedral, aunque inconclusa luce demasiado original y hermosa. Hecha con chatarra y desperdicios, pero al fin de cuentas es una catedral y esto la hace majestuosa. Y más aún sabiendo todo lo que ello significa.
Dicen que han ido a ver la catedral más de 50 mil turistas. Y casi todos toman infinidad de fotos y quieren retratarse con Don Justo. A él quienes más le agradan son los estudiantes que llegan con el verano, porque en lugar de quitarle el tiempo, se ponen con él a trabajar.
Según cálculos de los entendidos, al paso que va la obra, llevará cosa de 15 o 20 años para terminarla. Le preguntan a Don Justo si logrará terminarla, porque ya tiene más de 80 años. Y ante semejante pregunta siempre sonríe y dice que a él solo le toca construir, lo demás se lo deja a Dios para que él decida.
Me encantó el comentario que hizo un periodista que realizó un reportaje sobre la catedral de Don Justo. Después de elogiar la obra de este humilde hombre, terminaba su artículo diciendo: ¿Porqué no hay más locos como este en el mundo, pero que en lugar de construír catedrales, hagan un montón de viviendas para los pobres, o dediquen su vida a resolver esos problemas tan grandes de nuestras comunidades.

En verdad que viendolo desde este punto de vista, en este mundo en verdad que nos hacen falta locos.

LOS SHADUS

Hace como tres mil años, surgió en la India una casta de nómadas que por su propia voluntad vivía en los bosques y cuevas o caminaba sin parar, alimentándose de las limosnas que la gente les dispensaba.
La gente suponía que a su paso, estos místicos llamados sadhus, irradiaban energía, derramando bendiciones para la gente y el planeta, por lo cual eran bien recibidos en todas partes, recibiendo gran veneración de parte de todas las personas que se cruzaban a su paso.
Estos hombres místicos, impregnados de santidad, practicaban la austeridad física, incluido el celibato y largos periodos de ayuno. Sus cabellos colgaban en forma de mechones largos y enmarañados, con la piel siempre cubierta de arena o cenizas, y solo portaban unos cuantos harapos o andaban desnudos.
Pero estos santones no son cosa del pasado, infinidad de ellos deambulan por todo el territorio de la India. Estos ascetas lo han dejado todo: su casa, su esposa y hasta sus hijos para ir en búsqueda de la verdad. Ni siquiera vuelven a mencionar su nombre. Se olvidan por completo de su pasado y caminan como mendígos sin cortarse nunca más la barba y el cabello. Consagrados eternamente a su dios Brahamán, el cual les exige un riguroso ascetismo y un autodominio total, excluyendo hasta el más mínimo pensamiento de odio, violencia, hipocresía o deseo carnal.
Muchos de ellos se mantienen en las selvas, cuevas y montañas, alimentándose de hierbas y raíces. Otros deambulan por las aldeas y ciudades, viviendo de limosnas. La gran mayoría practica el yoga, siempre a la búsqueda de la plena conciencia y de la autorrealización.
Aunque no todos los ven con buenos ojos. Los sacerdotes brahmines son sus acérrrimos enemigos y desaconsejan a todos el tener contacto con ellos.

Y no crea que son pocos los sadhus, se dice que hay aproximadamente 11 millones de ellos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

GERARD CROISET

Gerard Croiset nació el 10 de marzo de 1909 en la pequeña ciudad de Laren, en la provincia de Holanda Septentrional. Fue un niño infeliz, sus padres, ambos de origen judío, eran actores de teatro y se la pasaban en continuos viajes, por los que pasó los primeros años de su infancia, ignorado y mal atendido en casa de familiares. Cuando tenía ocho años sus padres se divorciaron y fue a parar a un orfanato, donde continuaron los maltratos y los abusos.

Toda esta situación le provocó a Gerard profundos sentimientos de inseguridad y abandono, conduciéndole a una existencia desdichada. Convivió con seis parejas distintas de padres adoptivos, más tanto maltrato emocional recibido, lo convirtieron en un chico resentido ay agresivo. Uno de sus padres en turno, no encontrando mejor forma de controlarlo, encadenó una de sus piernas a una estaca.

El chico no comía, se volvió flaco y desnutrido, apartándose de todos y dedicándose a hablar consigo mismo o con personajes producto de sus fantasías. Entonces comenzó a tener visiones, y al enterarse su padre adoptivo, como recompensa le dio una buena paliza para que se quitara de alusinaciones.

Para evadirse de aquella catastrófica situación, comenzó el muchachito a escribir cartas a personas desconocidas. ¿De donde tomaba las direcciones? Nadie lo sabía. Más no eran personas ficticias, porque con frecuencia recibía respuestas, y estas provenían de muy distantes lugares.

A los trece años dejó el orfanato y los estudios y comenzó a desempeñarse en una serie de oficios de bajo nivel y mano de obra no calificada. Parecía que estaba encaminado a ser simplemente uno entre tantos.

En 1934 Gerad Croíset se casó con Gerda, una mujer inculta hija de un carpintero, con la cual tuvo 4 hijos. La economía se le complicó, así que intentando salir adelante puso un tendejón, pero era tan mal administrador, que pronto se llenó de deudas sin encontrar forma alguna de resolverlas.

Platicando un día con uno de sus clientes, le contó sobre sus continuas visiones y aquél hombre luego lo presentó a unos espiritualistas, quienes le ayudaron a desarrollar sus facultades psíquicas. Gerard Croíset experimentaba sus visiones en forma simbólica, por lo cual tuvo que aprender a interpretarlas.

En la década de los 40’s su fama se extendió rápidamente. Su reputación psíquica le permitió trabajar como psicometrista, localizando personas, objetos y animales, además de manifestarse su habilidad para sanar a los enfermos con la imposición de las manos. Muchos de los soldados heridos durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1940 Holanda fue ocupada por los nazis, Gerard fue obligado, como todos los judíos, a portar un brazalete con la estrella de David. En 1941, la policía alemana ses presentó en su casa y lo arrestó, para su fortuna, no estaban su mujer y sus hijos. Gerard fue conducido a Alemania en donde permaneció prisionero hasta 1943, de donde milagrosamente fue dejado en libertad. El 17 de Octubre del mismo año, fue nuevamente detenido junto a otros compatriotas. Estuvo en un campo de prisioneros, durante algunos meses, y luego liberado sin explicación alguna.

En diciembre de 1945, Croíset asistió a una conferencia sobre parapsicología, ofrecida en su ciudad por el maestro Willem Tenhaeff, de la Universidad de Utrecht. Tanto se entusiasmó Croíset con la sabiduría del maestro, que pronto comenzaron a realizar algunos proyectos e investigaciones juntos.

Tras varios meses de pruebas, Tenhaeff concluyó que Croíset era uno de los psíquicos más notables que había conocido, por lo cual decidió apoyarlo y promoverlo ante la comunidad internacional, logrando que parapsicólogos de todo el mundo acudieran a conocer sus proesas.

Resolvió crímenes por lo menos en media docena de países, localizó documentos perdidos para oficiales públicos y ayudó a eruditos a identificar artefactos y manuscritos históricos. Cabe destacar que cuando había crímenes que la policía holandesa no podía solucionar, acudían a Crosiet, como lo hacían INTERPOL y el FBI, ayudándoles a resolver muchos casos a los que no se les había encontrado soluciones. Aún cuando fue solicitado por la policía de lugares lejanos, pagó el mismo sus gastos de viaje y siempre rehusó hacer predicciones acerca del mercado bursátil, o adivinar el ganador de una carrera de caballos.

Su gran pasión era encontrar niños perdidos. Realizó muchas lecturas psíquicas por teléfono, el cual decía le ayudaba a reducir el número de imágenes mentales confusas a un mínimo.

Croiset escogía por intuición los trabajos en que le solicitaban sus servicios. Decía que sentía una vibración que le inundaba por dentro. Un problema serio generaba una imagen de muchos colores, los cuales giraban hasta formar cuadros definidos que parecían dispararse contra él como las imágenes de una película tridimensional.

Croíset no aceptaba pago por sus visiones psíquicas, aunque sí aceptaba donaciones para su clínica de curaciones, donde trataba más de cien pacientes al día. Al ver a un paciente, sabía instantáneamente si lo podía ayudar o no y en qué forma. Algunas veces veía que las condiciones o enfermedades tenían un origen psíquico, asociado con experiencias pasadas. Ocasionalmente trataba también animales enfermos.

En 1953 se creó el Parapsychology Institute en la Universidad de Utrecht y el maestro Tenhaeff fue nombrado su director. En 1956 Croíset y su familia se mudaron de Enschede a Utrecht para estar más cerca de Tenhaeff.

Fueron múltiples las pruebas a que fue sometido Gerard Croíset. Adivinaba como sería la persona que se sentaría en una determinada silla, elegida al azar, en una reunión que se efectuaría un mes después en un lugar que ni siquiera conocía. Y su colaboración con la policía en múltiples casos fue algo verdaderamente sorprendente.

Uno de los casos más sonados en que participó el año de 1972, fue cuando cayó el avión uruguayo en lo alto de los Andes en Chile, mismo que transportaba a jugadores de Fútbol. Después de una intensa búsqueda, el avión fue dado por perdido. Las familias de los jugadores, gente adinerada, agotaron todas las posibilidades. Más después de 60 días de la tragedia, alguien sugirió a una familia de los jóvenes uruguayos solicitar la ayuda de la Sociedad Chilena de Parapsicología. Fue así como a través de ellos se contactaron con Gerard Croíset.

La familia de uno de los jóvenes accidentados fue hasta Holanda, al encontrarse con Gerard Croíset y presentarle el caso, éste solicitó un mapa de Chile. Después de un largo rato de concentración, les indicó el lugar exacto donde había caído la nave y agregó “hay sobrevivientes”. Fue así como lograron localizar el avión perdido.

Croiset murió el 20 de julio de 1980. Desde entonces, su clínica para las curaciones continúa bajo la dirección de su hijo.

COUSTEAU, EXPLORADOR DE LOS MARES

Antes de Cousteau no se conocía más que la superficie del océano, y sus profundidades constituían un mundo desconocido y amenazador. Más él logró descubrir para la humanidad toda la belleza paradisíaca que se escondía en el fondo de los mares. Una sinfonía de peces y plantas hasta entonces jamás vistas por los hombres que dio a conocer a través de sus numerosas películas y libros.
Jacques-Yves Cousteau se mantuvo navegando por los mares durante cuarenta años, convirtiéndose en el más grande apasionado y acérrimo defensor de nuestro planeta y la ecología. Logrando en vida innumerables reconocimientos y el respeto de los dirigentes de numerosos países, a quienes acudía en su búsqueda incansable de apoyo para proteger la tierra, los océanos y las especies que en ellos habitan, de las locuras asesinas de nuestro tiempo.
Este renombrado investigador de los mares nació en Francia el año de 1910, y su primera gran experiencia con las profundidades la realizó intentando filmar los restos de un barco y los magníficos fondos marinos del Mediterráneo. Todo ello con una cámara metida dentro de un frasco.
Con la ayuda de un amigo suyo, inventó un equipo de respiración submarina basado en aire comprimido dentro de una botella; este novedoso invento eliminó las pesadas escafandras unidas por un tubo de aire a la superficie y les permitió ganar una buena fortuna con los derechos de fabricación del aparato, además de iniciar a lo grande la filmación de buques hundidos y restos arqueológicos en las profundidades.
En 1950 lord Guinness, un mecenas inglés, le obsequia un antiguo dragaminas británico, que una vez transformado se convirtió en el Calypso; navío que serviría de valioso aliado en la realización de sus investigaciones.
Con un selecto equipo de submarinistas-cineastas revoluciona las técnicas de filmación submarinas, realizando una excelente película con el apoyo del cineasta Louis Malle, misma que fue llamada “El mundo del silencio”, la cual les hace merecedores a la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1956.
El Calypso recibió a científicos de las más diversas disciplinas: geólogos, geofísicos, biólogos, zoólogos, arqueólogos y ecologistas, mismos que contribuyen al descubrimiento y estudio de los mares. De todo ello surgieron una cincuentena de libros, dos enciclopedias, varias películas y un centenar de documentales que fueron transmitidos por televisoras de todos los países.
Además de todos sus valiosos estudios y descubrimientos, fue ampliamente conocido por sus protestas contra la contaminación de los mares, llevando incluso sus quejas hasta el mismo recinto de la ONU y fundando organizaciones para la defensa del medio ambiente en diversas partes del mundo.El 8 de enero de 1996 el Calypso zozobra en el puerto de Singapur. Casi acompañó hasta el final de su viaje a Cousteau, ya que este falleció el año siguiente, el 25 de junio de 1997 a la edad de ochenta y siete años.

HENRY FORD Y EL V8

Henry Ford era un tipo fuera de serie. Sus contribuciones en el terreno automotriz hicieron historia y contribuyeron al florecimiento de esta industria. Pero en cierta ocasión se topó en el “imposible”. Su mente le permitió idear un motor de 8 cilindros en un solo bloque, así que llamó a sus ingenieros y les expuso el plan para realizar su proyecto. Los ingenieros escucharon con atención lo que Ford les solicitaba, se miraron unos a otros y el más atrevido de ellos expresó su opinión.
-Lo que usted nos solicita es “imposible” – pero Ford, que no se amilanaba a la primera, le dijo con voz firme y decidida. “No importa si esto es un “imposible” quiero que se pongan a trabajar y lo hagan”.
Los ingenieros salieron aquél día bastante molestos de su oficina, porque ya sabían lo que esto significaba: el patrón no aceptaba jamás un “no” como respuesta, debían de hacer lo que les pedía, o podían ir metiendo su cabeza en la guillotina.
Hicieron bastantes intentos. Elaboraron planos de muy diversa índole, realizaron una buena cantidad de pruebas, pero el “imposible” continuaba manteniéndose en sus cabezas.
Tiempo después Henry Ford convocó de nuevo a una reunión para analizar los progresos realizados en este terreno, y los ingenieros, llenos de apuración y cabizbajos le dijeron al patrón de nuevo que lo que estaba solicitando realmente era un “imposible” y por tanto irrealizable.
Subieron de tono las palabras. La discusión se volvió bastante acalorada. Llevaban meses trabajando en el proyecto, descuidando muchas otras cosas importantes, y no se midieron para hacerle saber a Ford que lo único que habían logrado hasta entonces era perder el tiempo.
De nuevo habló el atrevido diciéndole – Señor, llevamos meses en el proyecto, hemos analizado todas las opciones y es simplemente imposible embutir ocho cilindros en un solo bloque.
Ford sonrió con su característica ironía y con voz decidida les ordenó. “Prodúzcanlo de todas maneras!. La palabra imposible no existe. Esta es olo una palabra para los fracasados y ustedes no son unos fracasados, así que salgan de aquí y regresen cuando lo logren!”. Con esto estaba dicho todo. Ford se puso de pie, tomó sus cosas y salió de la sala de juntas rumbo a su oficina. Los ingenieros menearon la cabeza. Lo consideraron injusto, intransigente, autoritario y muchas cosas más. Pro sabían que no había otro camino a seguir. Tenían que proseguir su trabajo emprendido, hasta que alcanzaran ese “imposible”.
Continuaron las pruebas, las investigaciones. Y de pronto, como por arte de magia lograron que posible lo “imposible”. El motor de 8 cilindros fue realizado, dando de esta manera un empuje definitivo a la industria automotriz.
Henry Ford era así. Entendía muy bien el poder que existe dentro de los sueños. “Lo que tu mente puede creer, tu lo puedes conseguir”, sin importar lo que digan los expertos. Porque como él bien decía “La palabra imposible no existe. Esta es solo una palabra para los fracasados que se justifican para no luchar.
Sueña en grande y a pesar de lo que te digan los demás, tú puedes convertir tus sueños en realidad.”

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL HORNO DE MICROONDAS

El año de 1947, el ingeniero Percy Spencer realizaba investigaciones con un generador de altas frecuencias, en la empresa Rayhteon Corporation, para usarlo como radar, cuando después de un rato de estar probando un nuevo tubo al vacío llamado magnetrón, se llevó una mano al bolsillo de su bata para darle un mordisco al chocolate que traía guardado, más para su sorpresa se dio cuenta que este se encontraba totalmente derretido. Aquello le provocó una gran sorpresa. A Spencer le gustaba mucho el chocolate y con frecuencia traía una barra consigo, más era la primera vez que esta se le derretía de esa manera en el taller. No estaba haciendo calor, el clima era bastante fresco. Entonces ¿Que había pasado?.
Pensando, pensando llegó a la conclusión que aquél efecto lo había provocado el generador de frecuencias. Y para comprobar su teoría, fue y consiguió un puñado de maíz, mismo que colocó cerca del generador. Al poco rato empezaron a explotar como cuando se hacen palomitas.

A la mañana siguiente, el científico decidió colocar el magnetrón cerca de un huevo de gallina. Le acompañaba un colega curioso, que atestiguó cómo el huevo comenzó a vibrar debido al aumento de presión interna originada por el rápido incremento de la temperatura de su contenido. El curioso colega se acercó justamente cuando el huevo explotaba, salpicándole la cara con yema caliente. Mientras que el afectado se quitaba molesto los residuos del huevo de la cara, el científico brincaba de gusto, pensando que si aquello sucedía con la barra de chocolate, el maíz y el huevo, esto se debía a la exposición de energía de baja densidad de las microondas. Y si se podía cocinar tan rápidamente un huevo, ¿porqué no probar con otros alimentos?.

Días después el ingeniero Spencer diseñó una caja metálica con una abertura en la que introdujo energía de microondas. Esta energía, dentro de la caja, no podía escapar y por lo tanto creaba un campo electromagnético de mayor densidad. Cuando se le colocaba alimento se producía energía de microondas y la temperatura del alimento aumentaba rápidamente. El ingeniero Spencer había inventado un artefacto que revolucionaría la forma de cocinar y sentaba las bases de una industria multimillonaria. A finales de 1946, la Raytheon Company solicitó la patente e inició el proceso de su comercialización.

Más no se imagine que su primer artefacto fue del tipo de honro que usted tiene en casa: cuadradito y portátil. No, la creación del ingeniero Spencer fue un tiliche que medía dos metros de alto y pesaba 80 kg. Y si costaba trabajo cargarlo, mucho más le costó trabajo le costó venderlo. Además el precio era demasiado elevado: 5,000 dólares. Y se enfriaba el magnetón con agua, de modo que era necesario instalar una tubería especial.

Las ventas iniciales fueron desalentadoras, sin embargo, las mejoras y refinamientos ulteriores produjeron un horno más confiable y liviano, menos caro y con un nuevo magnetón enfriado por aire, eliminando la necesidad de las engorrosas tuberías.

Para 1975 las ventas de hornos de microondas rebasaron el número de estufas de gas vendidas, y hoy en día es tomado como uno de los instrumentos esenciales en cualquier cocina del mundo.

El doctor Percy Spencer, el inventor, continuó en Raytheon como consultor jefe hasta su muerte a la edad de 76 años. Fue autor de más de 100 patentes y se le consideraba uno de los principales expertos en el campo de las microondas, no obstante que carecía de instrucción secundaria.