miércoles, 22 de septiembre de 2010

VARLAM SHALAMOV Y EL INFIERNO CONGELADO

A la caída de los zares, el pueblo Ruso esperaba que con la llegada del comunismo se terminara la opresión que había venido padeciendo. Más las cosas no fueron del todo favorables, especialmente para quienes se atrevieron a pensar diferente.
Varlam Shalámov, un poeta, novelista ruso y periodista fue víctima del proceso de purga para eliminar a los disidentes. Cualquier motivo era válido para condenar a los transgresores: un mal chiste, una opinión no muy clara, un comentario inapropiado… todo ello podía conducir al peor de los infiernos, donde los prisioneros no moraban entre las llamas, sino dentro de un ambiente de heladas temperaturas que les arrebataba toda dignidad y resistencia, enflaqueciendo su espíritu de tal manera que la única llama que quedaba en su interior era su anhelo por la muerte.
El año de 1926 Varlam Shalámov fue aceptado como estudiante en el Departamento de Derecho Soviético de la Universidad estatal de Moscú, donde se vinculo a un grupo trots-kista. En 1929 fue arrestado y sentenciado a tres años de cárcel, por distribuir la Carta al Congreso del Partido, que se conocía como el Testamento de Lenin. En ese documento, el dirigente soviético expresaba sus reticencias respecto a la elección de Stalin como su sucesor como Secretario general del partido.
Varlam Shalamov cumplió la condena, mas el duro castigo, en lugar de alinearle el pensamiento, le volvió un contrarrevolucionario. Grave pecado que incrementó su condena a más de 15 años de trabajos forzados en Kolymá, una de las regiones más heladas de Siberia. Consiguiendo la libertad hasta el año de 1953, tras el fallecimiento de Stalin.
Un año después, en 1954 Varlam Shalámov comenzó a escribir la gran obra de su vida: Relatos de Kolymá, misma que se publicaría en Londres en 1978 y donde se describe la vergonzosa historia de esclavitud y sufrimiento que le tocó vivir en su condena.
Shalamov escribió: ¿Cómo contar lo que no puede ser contado? Es imposible encontrar palabras. Morir tal vez habría sido lo mas sencillo”. Pero Shalamov decidió vivir, pues comprendió que la memoria es una forma de justicia, un modo de oponernos a la barbarie.
Kolymá se encuentra en el noreste de Siberia. Su nombre lo debe a un rio de 2.129 km de longitud, congelado hasta varios metros de profundidad la mayor parte del año, se deshiela a principios de junio, volviéndose a congelar en octubre. Este río es el hábitat del lucio, la parca, el salmón y el tímalo. En tierra habitan alces, osos, borregos cimarrones, renos salvajes, grullas blancas y grises y otras muchas clases de pájaros poco comunes. Desgraciadamente la cuenca del Kolymá es mas conocida por los campos de trabajo para esclavos (el GULAG) que estuvieron activos hasta 1956 y las minas de oro, sitio de tortura permanente para los prisioneros.
El GULAG estaba integrado por unos 120 campos, de los cuales 80 estaban dedicados a las labores en las minas. Era una región que en invierno llegaba a los -60º C, y un escupitajo se congelaba antes de llegar al suelo. Una canción popular de la época decía: “Kolyma, Kolyma, planeta encantado. El invierno dura doce meses, el resto es verano”. Por este clima tan riguroso a Kolyma se le conocía como “el crematorio blanco”.
El crudo invierno es una referencia permanente en todos los escritos de Varlam Shalamov. Apunta que el sueño de todo recluso era calentarse, librarse de aquel frio helador que penetraba todo el cuerpo y detenía la actividad del cerebro. Los dedos de las manos y de los pies zumbaban de dolor. La piel de los dedos, de un rosado encendido, así se quedaba, rosada y quebradiza ante cualquier rasguño. Se protegían los dedos manteniéndolos envueltos en cualquier trapo sucio que evitaba las heridas, pero no les evitaba las infecciones. De los dedos gordos de ambos pies fluía pus, un pus que no tenia fin.
A las inclemencias del clima se sumaban las durísimas condiciones del trabajo. Los reclusos estaban obligados a laborar de 13 a 16 horas al día, eso sin contar las horas extras que seguido les ordenaban. El plan de extracción de oro se realizaba no importaba a qué precio. Los planes se mantenían a costa de la salud y la vida de los detenidos. Además de trabajar en las minas y los bosques, construían sus barracas, así como caminos y pueblos para el personal que los custodiaba.
A eso se sumaba la mala alimentación. Cada preso recibía diariamente entre 300 y 400 gramos de pan, un plato de sopa (muy aguado), un jarro de agua caliente, al que llamaban té y, en algunas ocasiones, medio arenque salado. Por esa razón, tenían siempre un hambre devoradora, persistente, que nada podía saciar.
Shalamov soñaba con frecuencia que en el aire flotaban barras de pan que llenaban las casas, las calles, la tierra toda. Porque su vida, como la de todos los prisioneros se resumía, en hambre, cansancio extremo y mucho frio. Demasiado frio.
Aunque tenían un hambre insaciable, todos estaban asqueados de la comida que se les daba. Cada día era el mismo espectáculo de los peroles de cinc con la sopa que traían al barracón colgando de unas varas. Deseaban que la sopa fuera espesa, algo que les llenara, pero casi siempre era un caldo caliente que en nada les alimentaba; y aunque llenaran sus estómagos con aquella sopa tan aguada, no se apagaba el zumbido del dolor el en estomago; por llevar tanto tiempo el hambre atrasada. Y aunque todos parecían cadáveres vivientes, que se arrastraban penosamente entre la nieve, los médicos, sin embargo, no podían diagnosticar desnutrición, pues en la patria del socialismo nadie moría de inanición.
Las raciones, por otro lado, dependían del rendimiento del preso, pues en la medida en que éste trabajase mejor, más útil era y por eso se le daba una ración mayor. Por el contrario, quienes no cumplían la norma o se enfermaban recibían menos comida. Sufrían además vejaciones e insultos, y existían castigos para los "remolones".
La violencia era parte integrante esencial de la vida cotidiana del GULAG. Cuando alguien llegaba al extremo de no querer ya dar un paso, dos vigilantes lo levantaban de manos y pies y tras zarandearlo lo arrojaban ladera abajo, para que el preso fuera dando tumbos unos trescientos metros, abajo lo esperaba una escolta, y si el preso no se levantaba le daban de patadas para que intentara incorporarse, y si ni aun así lo lograba, era arrastrado por los caballos hasta su lugar de trabajo. En Kolyma, al igual que en los otros campos de concentración, imperaba una arbitrariedad ilimitada y un sadismo preciso, que estaban destinados a materializar la campaña de exterminio social que con Stalin alcanzó niveles difícilmente superables.

FRANCISCO VELARDE, EL BURRO DE ORO

Francisco Velarde nació en los primeros años del siglo XIX aquí en Guadalajara. Como era hijo de gente noble y adinerada, cuando murieron sus padres le dejaron una inmensa fortuna, y aunque tenía un par de hermanas, todo quedó para él, porque ellas decidieron renunciar a su herencia a cambio de encontrar la salvación entre las paredes de un rústico convento.
Francisco, como no tenía quien le “jalara el mecate” se convirtió de la noche a la mañana en “El burro de oro”, mote que le pusieron las gentes, porque hacía derroche de ostentación, y era demasiado bruto. Con pésimo mal gusto para gastarse el dinero y cometía estupidez tras estupidez.
Le gustaba andar vestido siempre con casacas, a las cuales les colgaba hasta el molcajete, pero eso sí, de oro de 24 kilates, para impresionar a todos a su paso: botones, cadenas, medallas, escudos, estrellas y cuanta cháchara se le ocurrió que podía lucirse. Al grado que parecía uno de esos santos taquilleros a los que les cuelgan montones de milagritos.
Tenía además sus finos caballos, con buenas monturas, lujosos carruajes, magníficas residencias y fincas agrícolas, ubicadas en los Estados de Michoacán y Jalisco.
Siendo un personaje que se ufanaba de sus buenos modales y su gran refinamiento, acostumbraba enviar a sus sirvientes a Europa, para que fueran educados y se les enseñara la forma adecuada de atender debidamente a las personas de alto nivel. Así los invitados de Francisco Velarde, siempre recibían un nivel de atención a la altura de los mejores palacios europeos.
Queriendo hacer aún mayor gala de ostentación, en tiempos del Presidente Santa Anna, compró, a un alto precio, el grado de General, cosa que tan solo le sirvió para lucir vistosos uniformes, aunque no tuviera ni la más mínima noción de como se tomaba un arma.
Sus pretensiones fueron mucho más lejos aún, y por ello cuando se estableció la monarquía en México, Velarde quiso incrementar su nivel haciéndose amigo del emperador Maximiliano, por lo cual intentó granjeárselo enviándole valiosos obsequios e invitándolo a pasar algunos días de descanso en la casa que tenía en esta Perla Tapatía, y aunque al parecer jamás se le rechazaron las invitaciones, Maximiliano nunca vino a visitarlo debido a sus múltiples compromisos. Pero Francisco Velarde, creyendo que el Emperador vendría, gastó miles de pesos en preparativos. Invirtió mucho dinero para dejar en óptimas condiciones la residencia que tenía en la esquina de Hidalgo y Pino Suarez, donde hoy se encuentra el Palacio Legislativo. Importó muebles de Europa, adquirió vajillas hechas de plata con incrustaciones de oro y llenó la casa de un lujo chocante y excesivo para impresionar al dignatario.
En el colmo de su tontería, puso a trabajar dia y noche, sin descanso a un gran número de sastres y costureras, para hacer un enorme toldo, que pretendía cubriera al Emperador en su camino desde Gaudalajara a la barca, para que Maximiliano en su viaje no estuviera expuesto a los rayos del sol.
Por supuesto que todos sabían lo que estaba haciendo, y no entendían su proceder, porque nadie ignoraba que el gobierno de Maximiliano caería en cualquier momento y no era muy bueno andar tomando partido en su favor, y mucho menos llamarse su amigo. Pero era entendible que “el burro de oro” lo promulgara a los cuatro vientos. Porque todo lo que hacía se lo contaba a la gente en su afán de presunción.
El 25 de enero de 1867, cuando Maximiliano estaba sitiado en la ciudad de Querétaro, el general Don Ramón Corona, como jefe de la División de Occidente, ordenó, que se entregaran como prisioneros de guerra todos los imperialistas que radicaran en poblaciones y lugares dominados por los republicanos, y en caso de desobediencia, serían perseguidos, capturados y fusilados.
Cuando los republicanos avanzaban hacia La Barca, lugar donde se encontraba en ese momento Francisco Velarde, éste huyó hacia Zamora donde logró esconderse, hasta que fue denunciado. El burro de Oro intentó escapar. Al llegar el ejército a lugar donde se encontraba, corrió para escabullirse, pero como estaba bastante gordo, no pudo brincar una barda de un metro de altura y ahí lo atrapó Francisco Tolentino. Velarde suplicó que le perdonaran la vida, incluso le ofreció a Tolentino su peso en oro montado en su caballo, pero al general, le importaban más sus ideales que el oro, así que sacó la pistola y ahí mismo le dio muerte al afamado “Burro de Oro”.

MARK INGLIS, SIN PIERNAS, CONQUISTA EL EVEREST

A Mark Inglis siempre le agradó subir montañas. Se convirtió con el tiempo en guía y maestro de noveles alpinistas y de esta forma mantenía a su familia. Pero el año de 1982, intentando alcanzar la cima del Monte Cook, el monte más alto de Nueva Zelandia, él y su compañero fueron atrapados por una fuerte tormenta. Intentaron encontrar un refugio, pero Mark resbaló cayendo a una profunda grieta.
La drástica situación del clima hizo que todos los esfuerzos por rescatarlo en los siguientes días fueran totalmente inútiles. Llegar hasta donde Mark se encontraba implicaba demasiado riesgo. Pero la empresa parecía totalmente imposible mientras el mal tiempo continuara azotando la cumbre.

Mark totalmente malherido sabía que estaba a un paso de la muerte. Conforme fueron pasando los días, sus pies comenzaron a entumirse, y por más intentos que realizó, frotándolos frecuentemente con sus manos, éstos comenzaron a ennegrecerse, convirtiéndose en pedazos de carne congelada. Mark entendía muy bien lo que estaba pasando, pero no podía hacer absolutamente nada por remediar la situación.
Catorce días después del accidente, cuando la tempestad amainó y el clima se volvió benigno, Mark fue rescatado. Los médicos que lo examinaron en el hospital, se dieron cuenta que la situación de Mark era demasiado grave, y por ello aquél día, decidieron por unanimidad cortarle las piernas, un poco más arriba de ambas rodillas. Mark fue notificado de la decisión y la aceptó; tenía que aceptarla, no había otra salida, ya que de no hacerlo moriría a causa de la gangrena.
Definitivamente fue un golpe duro, y aquél día lloró; cosa rara en él, que siempre se había mostrado como un hombre inquebrantable. Y fue un hecho tan extraño, que después, reflexionando, no pudo recordar que hubiera llorado otra vez en su vida.
Quién se sintió quizás aún más abatida fue su esposa. Mark siempre había sido un hombre fuerte, atrevido, arriesgado e indomable. Y aquella seguridad que su esposo había mostrado siempre, le permitió escalar hasta la cumbre de muchas montañas, manifestando que no había nada que pudiera doblegarlo. Y ahora… ahí estaba tirado en una cama de hospital con las piernas amputadas.
Su vida jamás sería la misma. ¿Cómo podría un hombre como su esposo, todo un conquistador del mundo, aceptar sin derrumbarse aquél golpe bajo de la vida?
Pero a Mark ni su esposa lo conocía lo suficiente. Apenas sanaron las heridas y le pusieron sus prótesis, agarró su mochila y caminando con bastantes dificultades se fue rumbo a la montaña. Todos se dieron cuenta que a Mark le habían cortado las piernas, pero no le pudieron cercenar las alas.
Día con día, mostrando una entereza y coraje sin medida, Mark intentó subir las pendientes y los riscos, tal y como lo hacía antes del fatal accidente. Hubo necesidad de reaprender lo antes aprendido, y de dominar con aquellos pies de metal los caminos antes recorridos.
En el 2002 se sacó la espina colocando su bandera en la cumbre del Monte Cook, el mismo que diez años atrás había parecido vencerle. Y dos años después alcanzó la cumbre del Cho Oyu. Más nada de todo esto fue suficiente. El primero de abril del 2006, Mark Inglis, llegó al Tibet. Con toda la intención y el firme propósito de realizar la más grande hazaña de su vida. A nadie quería demostrarle nada. Ni pretendía anotar un record nunca antes logrado. Simplemente buscaba dar cumplimiento al más grande sueño que alimentaba su vida: “escalar el monte Everest”.
Cientos de alpinistas sin problemas físicos han fallado en el intento. Incluso muchos de ellos han muerto intentando escalar la cumbre más alta del planeta. Mark estaba totalmente conciente de todos esos riesgos; pero no había nada que pudiera detenerlo. Ni la angustia de su esposa, ni el pesimismo de ciertos amigos. Así que después de una semana de aclimatación; formando parte de un grupo de expertos alpinistas, emprendió el ascenso.
La escalada estuvo plagada de dificultades, aunque todo ello dentro de lo previsto. Mark Inglis se cansó demasiado, pero su ánimo se mantuvo siempre de pie obligándolo a seguir adelante. A los 6.400 metros de altitud se le dañó una de las prótesis diseñada en fibra de carbón. Le pidió a sus compañeros que siguieran adelante, que lo dejaran ahí a medias del camino. Para todos fue doloroso el ver que Mark quedara ahí por una falla de su prótesis, pero ellos no podían detenerse, y Mark muy bien que lo entendía, así que, después de desearle la mejor de las suertes continuaron su ascenso hacia la cumbre.
Pero Mark no pensó en ningún momento en regresar. Poco después, mientras sus compañeros descansaban en su siguiente refugio, hablando precisamente de la pena que les provocaba que Mark se hubiese quedado en el camino, de pronto lo vieron llegar arrastrándose hasta el refugio. La verdad es que jamás detuvo su camino. Se vino tras de ellos, a veces cojeando, a veces de rodillas e incluso arrastrándose, pero no hubo absolutamente nada que pudiera detenerle. Para todos aquellos alpinistas aquél momento quedaría en sus mentes como uno de los momentos memorables de sus vidas.
Para fortuna de Mark y alivio de todos, se logró solucionar temporalmente el problema de la prótesis y continuar con todos los del equipo el ascenso.
Después de 40 días de haber iniciado la peligrosa aventura, el 15 de mayo del 2006, Mark Inglis le llamó a su esposa para decirle: “Ann, estoy en la cumbre del Himalaya. Lo he logrado. Ahora iniciamos el descenso”. La recepción de la señal fue muy mala, pero su esposa entendió muy bien el mensaje.
En Nueva Zelanda la noticia fue todo un suceso. El primero que llegó a la cumbre del Monte Everest fue Edmund Hillary, también de Nueva Zelanda. Era el año de 1953. 53 años después, Mark Inglis, originario de este país, repitió la hazaña, siendo el primero en llegar a esta cumbre tan alta, teniendo amputados sus pies. Algo que no fue imposible sencillamente porque era un hombre con alas.

domingo, 12 de septiembre de 2010

DAMON Y PITIAS. UNA HISTORIA DE AMISTAD

Cicerón, el orador romano que vivió por el siglo IV antes de Cristo, cuenta que Damón y Pitias eran grandes amigos y ambos seguidores del filósofo Pitágoras. Tanto la amistad que había entre ambos como sus creencias filosóficas, eran algo que valía mucho más que la vida. Y esto quedó perfectamente bien demostrado en los siguientes hechos narrados por Cicerón.

Dionisio, rey de Sirausa, montó en cólera cuando conoció las predicaciones que hacía en público Pitias. El joven afirmaba que ningún hombre debía ejercer poder ilimitado sobre otro, y que los tiranos eran reyes injustos. Y aunque Pitias en realidad jamás mencionó el nombre del rey, este se sintió aludido e hizo traer ante su presencia a Pitias, pero como ahí se encontraba también Damón, ambos amigos fueron a parar ante la presencia del rey.


El monarca no se anduvo con rodeos. De inmediato encaró a Pitias reclamándole su actitud y de donde procedía su autoridad para sembrar el descontento entre la gente. Pitias ni se inmutó. “Yo solo digo la verdad – le respondió el joven – y no encuentro nada de malo en ello”.


“Y tu verdad sostiene que los reyes tenemos demasiado poder y que nuestras leyes no son buenas para nuestros súbditos?” le cuestionó el rey a Pitias. A lo cual el joven contestó: “Si un Rey ha tomado el poder sin autorización del pueblo, podrían aplicarse perfectamente bien esas palabras…”


El rey reaccionó violentamente acusándolo de traición y le ordenó a Pitias que se retractara de sus palabras o enfrentara las consecuencias. Pero el joven no quiso retractarse de una sola de ellas. Y en ese momento el Rey lo condenó a muerte. Pero en un detalle de “generosidad”, el Rey le preguntó a Pitias: “Cuál es tu última voluntad”.


Pitias le dijo: “Dejadme ir a casa para despedirme de mi esposa y de mis hijos, y para poner mis cosas en orden.”


El Rey rió en tono burlón y le dijo a Pitias: “Además de injusto me crees estúpido. Si te dejo salir de Siracusa, seguramente jamás volveré a verte”.


Con seriedad y aplomo Pitias agregó: “Te haré un juramento”.


Pero el Rey se negó a creerle. Para él no había juramento alguno que pudiera garantizarle su regreso.


En ese momento, Damón, quien había permanecido hasta ese momento en silencio se dirigió al Rey para decirle: “Yo seré su garantía. Podéis tenerme como prisionero, hasta el regreso de Pitias. Nuestra amistad es conocida de todos, y eso es una garantía de que mi amigo regresará. Porque él es incapaz de una traición.


El Rey se mofó de la inocencia de Damón, pero aceptó la propuesta, no sin antes advertirle a Damón: “Si deseas tomar el lugar de tu amigo, debes estar dispuesto a aceptar su sentencia si él rompe su promesa. Si Pitias no regresa a Siracusa, morirás en su lugar”


Damón ni se inmutó ante la advertencia del Rey. “Pitias mantendrá su palabra, no tengo la menor duda de ello”.


Fue así como Pitias salió del palacio, mientras que Damón fue de inmediato conducido a la prisión.


Comenzaron a pasar los días y como Pitias no aparecía, el rey Dionisio no resistió la tentación de ir a mofarse de Damón.


-“Tu tiempo se está acabando- se mofó el monarca de Siracusa- Y no servirá de nada que solicites piedad. Fuiste un necio en confiar en la promesa de tu amigo. ¿De veras creíste que sacrificaría su vida por ti o por cualquier otro?”.


-“Solo ha sufrido una demora – respondió Damón sin inmutarse- Los vientos le han impedido navegar, o tal vez ha sufrido un accidente en la carretera. Pero si es humanamente posible, él regresará a tiempo. Creo en su amistad y virtud tanto como en mi existencia”.


El Rey no pudo menos de admirar la confianza de su prisionero. Así que dio la media vuelta confundido ante tanta seguridad, pero totalmente seguro de que Pitias jamás regresaría.


Y Pitia no llegó. El día fatal Damón fue sacado de la prisión y conducido ante el verdugo. El rey Dionisio lo saludó con una sonrisa socarrona.


- Parece que tu amigo no ha llegado - rió -. ¿Qué piensas ahora de él ?


- Es mi amigo - respondió Damón -. Confío en él.


Y mientras hablaba, las puertas se abrieron y Pitias entró tambaleándose. Estaba pálido y magullado, y apenas podía hablar de cansancio. Se arrojó en brazos de su amigo.


- Estás a salvo, loados sean los dioses - jadeó -. Parece que los hados conspiraban contra nosotros. Mi barco naufragó en una tormenta, y luego me atacaron salteadores. Pero me negué a abandonar mis esperanzas, y logré llegar a tiempo. Estoy dispuesto a cumplir mi sentencia de muerte.


Dionisio quedó atónito al oír estas palabras, y sus ojos y su corazón se abrieron. Era imposible resistir el poder de semejante constancia.


- La sentencia queda revocada - declaró -. Nunca creí que tanta fe y lealtad
pudieran existir en la amistad. Me has demostrado cuán equivocado estaba, y es justo que seas recompensado con tu libertad. Pero a cambio os pediré un gran servicio.


- ¿ A qué te refieres ? - preguntaron los amigos.


- Enseñadme a formar parte de una amistad tan noble.

EL ORIGEN DE LOS VIDEOJUEGOS

En los años 50 a un científico de los laboratorios BrookHeaven se le ocurrió hacer menos aburridas las presentaciones de capacitación que hacían de sus enormes máquinas computadoras, que eran armastrotes que ocupaban toda una habitación, conectando a un osciloscopio unos primitivos “joystick”, para simular un juego de tenis. El asunto resultó extremadamente divertido y cumplió con el propósito para el que fue creado. La clase fue más amena, aunque luego todo aquél artefacto fue desarmado y olvidado, sin que jamás fuera patentado el jueguito.

Estos laboratorios contaban con varias patentes muy importantes, pero no vieron en aquél jueguito nada de importancia. ¿A quien se le podría ocurrir patentar un jueguito estúpido, que para realizarlo requería de una enorme máquina con valor de varios millones de dólares?


Pero con el tiempo las computadoras se hicieron cada vez más pequeñas y baratas, hasta que a fines de los años setentas el fundador de Atari fabricó un pequeño aparato con el primer videojuego, al que llamó “Pong”, que era exactamente una réplica del creado en décadas anteriores por el científico de los laboratorios BrookHeaven.


El producto se convirtió en una locura a nivel mundial y el dueño de Atari ganó cientos de millones de dólares con él. Atari recibió una fuerte demanda de la empresa Magnavox, quienes alegaban que la idea original había sido de ellos, lo cual Atari reconoció, pero, como no había ninguna patente de por medio, la demanda resultó improcedente y Magnavox se quedó con ganas de fortuna.

LOS ABORIGENAS AUSTRALIANOS

Los aborígenes australianos forman pueblos nómadas que se dedican a la caza y la recolección de frutos silvestres. Su sistema de creencias es bastante complejo e interesante, relacionado con seres provenientes del espacio, con poderes mágicos y quienes fueron los que le dieron forma a la tierra.

Con la llegada de los europeos se provocaron numerosas guerras, hasta que al final terminaron por someterse llegando a un acuerdo pacífico. En la actualidad Australia tiene un Consejo Territorial Aborigen, que se encarga de mantener vivas las tradiciones ancestrales y el respeto a las formas de vida de los nativos.


Tal y como es de suponerse, los aborígenes australianos tienen costumbres y rituales muy especiales para los diferentes acontecimientos de la vida. Incluso varían de una zona a otra.


¿Que sucede, por ejemplo, cuando llega la muerte?. Si se trata de un guerrero, la costumbre es dejar su cadáver a la intemperie, sobre una plataforma de madera, para que la naturaleza se encargue de sus restos. Cuando no quedan más que los huesos, los recogen y los depositan en el agujero de un árbol. Este mismo procedimiento es empleado con los bebes que mueren apenas recién nacidos.


Si se trata de un hombre de respeto dentro de la tribu, toman su cadáver y lo colocan entre dos hogueras para que se reseque; al día siguiente lo untan con grasa y ocre y lo vuelven a dejar junto al fuego por un par de días más.


Con este procedimiento el cadáver se reseca totalmente, entonces lo colocan en una cabaña, con la puerta abierta para que todo el mundo llegue a ofrecerle sus respetos. Mientras, alrededor de la casa, se congregan las mujeres para llorar y gritar desconsoladas.


Cuando uno de ellos muere asesinado, sus amigos interrogan al cadáver para averiguar quien es el responsable de su muerte. Duermen cada noche junto a él hasta que, al fin, reciben en sueños la respuesta a su pregunta. A partir de entonces, no descansan hasta que han conseguido la venganza.


Es común que al enfermo agonizante, sus parientes y amigos lo saquen de su cabaña y lo tiendan sobre la hierba, sin importar las condiciones meteorológicas. Así que si está lloviendo, el pobre moribundo recibe su buena refrescada antes de partir. Junto a él colocan sus armas favoritas y objetos rituales, esperando pacientemente hasta que expire. Cuando esto sucede, le amarran un lazo al cuello como si fueran a ahorcarlo y proceden a colocarlo en posición fetal para terminar de amarrarlo con la cuerda.


Después proceden a quemar un círculo de hierba, donde luego cavarán su tumba. Cuando la fosa está terminada, la recubren con hojas secas y depositan el cadáver, así sentado en la posición fetal, junto con sus principales pertenencias. Lo cubren totalmente de ramas y hojas y sobre ellas tierra. Luego los familiares encienden una gran hoguera sobre la tumba.

EL CUERPO HUMANO

El cuerpo humano es algo verdaderamente maravilloso. Nuestras células tienen un ciclo de vida y luego se renuevan, con excepción de las células del cerebro. Con la edad, el cerebro va perdiendo sus células y esto va provocando pérdida de memoria y otros daños irreversibles.

Los glóbulos rojos de la sangre viven entre diez y treinta horas. Las células del estómago duran de uno a dos días y las de la piel se renuevan cada tres o cinco semanas. Las células de los huesos tienen mayor duración ya que se renuevan cada dos años aproximadamente. Por lo cual podemos decir que cada dos años estrenamos esqueleto.


La piel se renueva constantemente, remplazando las células viejas por células nuevas. Las células muertas de la piel se nos van desprendiendo todos los días, así que por dondequiera que pasamos vamos dejando algo de nosotros mismos. Se ha calculado que una persona pierde a lo largo de su vida unos 18 kg. de piel.


Conforme vamos envejeciendo, las células se renuevan con mayor lentitud o dejan de renovarse, como es el caso de las células nerviosas. Estas células se encargan de transportar mensajes hacia el cerebro y desde éste a otras partes del cuerpo. Y se mueven a una velocidad tan extraordinaria que en menos de un segundo recorren una distancia del tamaño de un campo de fut bol.


Nuestro corazón bombea unos 7,000 litros de sangre a través de 100,000 km de vasos sanguíneos, aproximadamente. Y late nuestro apreciado corazón aproximadamente 100,000 veces cada día.


La sangre recorre nuestro cuerpo a diferentes velocidades. En un minuto recorre nuestro cuerpo más de una vez. Si estamos sentados lo hace a menor velocidad, pero cuando corremos la sangre puede recorrer nuestro cuerpo hasta unas cinco veces en un minuto.


Los bebés tienen más de 300 huesos, pero un adulto cuenta con solo 206. ¿Qué pasó aquí? Lo que sucede es que el cráneo de un bebé está formado por 29 huesos que poco a poco se van solando hasta quedar en uno solo, cosa que termina de concretarse entre los 20 y 25 años.


Casi la mitad de nuestros huesos están en las manos y los pies. Cada mano está formada por 27 huesos y gracias a ellos nos es posible realizar movimientos extremadamente precisos. ¿Qué le parece? Increíble! No?