sábado, 8 de enero de 2011

LOS MONJES Y LA MUJER

Dos monjes budistas viajaban por un camino lodoso, bajo una fuerte lluvia. Al doblar un recodo, se encontraron con una hermosa doncella ataviada con quimono y ceñidor de seda, que no podía cruzar.
"Ven niña", le dijo uno de ellos. Tomándola e brazos, la llevó hasta el otro lado.

El otro monje no habló en toda la noche, hasta que llegaron a un templo. Entonces no pudo contenerse, y comentó.

-Nosotros, los monjes, no debemos acercarnos a las mujeres, especialmente a las jóvenes y bellas. ¿Porqué hiciste eso?.-

-Dejé a la muchacha allá, junto al camino- contestó el primer monje-. Tú, ¿aún la traes contigo?.

martes, 4 de enero de 2011

EL CURA Y EL PINTOR

Un cura recorría su parroquia un día de sábado santo bendiciendo las casas de sus feligreses según costumbre. En esto entró en la casa de un pintor rociando de agua bendita algunas de sus pinturas. Indignado el pintor se volvió hacia él y le dijo: -¿Por qué hacéis esta aspersión a mis pinturas? ... Entonces el cura le dijo que ésta era la costumbre, que era su deber hacerlo, que él hacía el bien y que quien hace el bien debe esperar bien y mejor, puesto que es el propio Dios quien ha dicho que por cada bien que se haga en la tierra, en el cielo nos será dado el ciento por uno.
Oyendo esto, el pintor esperó que el cura saliera de su casa y asomándose luego a la ventana volcó sobre su cabeza un gran cubo de agua, exclamando:
-¡Recibe lo que viene de lo alto para pagarte tu "ciento por uno", tal como asegurabas que sucedería con el bien que me has hecho con tu agua bendita que casi ha echado a perder todas mis pinturas! ... (C. A. 117, r.).

EL NIÑO PARALITICO

Cuenta una vieja historia chiapaneca, que en tiempos antiguos hubo una gran sequía que provocó grandes estragos en la zona. En los campos se secaron los sembradíos, los causes de los arroyos dejaron de cantar mostrando sus piedras al desnudo y los indígenas conocieron el hambre.
En aquellos angustiosos días llegó a la región una mujer, cuyos modales y apariencia revelaban que se trataba de una dama de buena posición económica. Llevaba consigo a un adolescente que padecía una extraña enfermedad. Había recurrido a todo tipo de médicos y curanderos, sin que nadie hubiese podido encontrar cura para el mal de su hijo. Lo llevó con los mejores especialistas acumulando decepción tras decepción, por ello, como último recurso fue a la búsqueda de shamanes, brujos y curanderos, esperando que alguno de ellos tuviera el poder suficiente para lograr que su muchachito caminara de nuevo.
Al llegar a Chiapas habló con los lugareños, buscaba a los afamados curanderos, y pronto alguien le indicó el camino hacia el más afamado de ellos, que estaba en Namandi-yuguá. El anciano examinó al joven, le impuso sus manos y dibujó en los aires unos pases mágicos, luego le recetó pócimas de hierbas y ordenó a la madre que llevara al chico a los baños de Cumbu-jujú, el lugar donde abunda el jabalí, y lo bañara en las aguas repetidas veces, aquello complementaría el tratamiento.
La madre cumplió al pie de la letra las indicaciones y poco después, como si se tratase de un milagro, el joven empezó a recobrar la movilidad de sus piernas.
La mujer no dejó de dar gracias al cielo cuando su hijo dejó la silla de ruedas y comenzó a caminar. Llena de agradecimiento, quiso recompensar en algo por tan grande don recibido y mandó traer desde lejanas tierras ganado y grandes cantidades de cereales para paliar el hambre de aquella gente. Ordenó que se destazara cada día una vaca en la plaza y la repartió en porciones a los indígenas, complementando con canastas de víveres y frutos.
Al llegar el mes de enero, en el día de San Sebastián, doña María de Angulo, que así se llamaba esta mujer, sacó a su hijo desnudo, como el santo, para que recorriera las calles en procesión, solicitando la clemencia divina para que acabaran las penurias del pueblo. Tiempo después la mujer y su hijo se marcharon hacia su lejano país. La situación de Chiapas cambió; volvieron las lluvias, reverdecieron los campos y se recogieron buenas cosechas.
A partir de entonces, el día de San Sebastián, los nativos recuerdan aquél hecho milagroso, haciendo una procesión con una muchacha y un joven vestidos como aquella madre y su hijo. Pasean por las calles rodeados de sus sirvientes, quienes reparten comida a la gente, para continuar ganándose el favor de la misericordia divina.

viernes, 26 de noviembre de 2010

APLAUSOS

EL APLAUSO

El gran reto para cualquier encargado de personal es sin lugar a dudas el mantener motivado a su equipo de trabajo. Una labor que quienes hemos tenido un puesto de esta naturaleza sabemos lo difícil que es mantener el espíritu en alto, logrando conciliar a todos los integrantes del equipo. Hay personas que son inseguras, desconfiadas, resentidas o simplemente rebeldes por naturaleza.

Lo más común es que un jefe emplee su autoridad (fuerza) para lograr que se hagan las cosas. Muchos recurren a la presión constante, al regaño, a las amenazas y los castigos. Por supuesto que cuando se emplean estos métodos arcáicos, hasta los buenos elementos terminan por renunciar haciendo que la empresa jamás un equipo de trabajo íntegro y eficaz, manteniéndose siempre con unos resultados bastante desalentadores.


Pues bien, cuenta un directivo de una empresa, que después de varios fracasos en sus intenciones por motivar e integrar a su gente decidió cambiar su estrategia. Normalmente les hacía una junta semanal de dos horas. Más esta vez cambió su estrategia por una junta de diez, quince minutos máximo, pero todos los días. Si la junta semanal era siempre para reprochar y regañar por todo lo que se hacia mal o se dejaba de hacer. La nueva junta tendría como base principal el resaltar los logros de cada día. Aún con tan sólo 15 minutos que se les pidió a los miembros del personal, contando con la notificación de que la junta semanal se cancelaba, no faltaron las caras malhumoradas.


Al comenzar la reunión era notorio el total desinterés de la mayoría, más el directivo les sorprendió con una pregunta:¿Qué cosa importante hicieron el día de hoy?. Todos le miraron desconcertados. Más el directivo continuó con el acoso.


-Piense cada uno de ustedes que fue lo más importante que hicieron el día de hoy’. No importa si parecen cosas pequeñas. Lo importante es que nos demos cuenta de esos detalles importantes que hicimos en este día.-


Después el directivo comenzó a interrogar a cada uno de ellos. Y poco a poco fue cada uno diciendo cada detalle que le pareció importante.


-Acomodé la mercancía- dijo uno


-Atendí muy bien y logré hacer buena venta a dos clientes- dijo otro.


-Me salió muy bien el corte de caja- dijo el cajero.


-Le conseguí un producto con el proveedor a uno de nuestros clientes- dijo alguien más.


Y así uno a uno fueron manifestando esos pequeños detalles sobresalientes.


Después de que haber concluido la participación de todos, el directivo agregó:


-Todos esos detalles son muy importantes, cada pequeña cosa que ustedes han realizado forma parte de un todo, y la suma de todo es lo que determina la grandeza de esta empresa.


-¿Hemos hecho cosas grandes este día? ¿Nos sentimos satisfechos?, ¿Mañana podremos ser mejores?. Bueno, pues por todo lo que hemos hecho hoy, creo que merecemos un aplauso.


Y fue así como se iniciaron las sesiones de aplausos. La primera vez no fueron muy emotivos, mas poco a poco el aplauso se convirtió en un gran estimulo. Dando como resultado un personal más satisfecho y por ende mayor productividad. La calidad del trabajo mejoró y el estado de ánimo también.


No cabe duda de que todos necesitamos de reconocimiento, todos requerimos de una palmadita en el hombro, todos estamos sedientos de que se reconozca nuestro trabajo. Padres e hijos, jefes y empleados, todos absolutamente todos debemos de ser reconocidos, por tanto hay que aprender a reconocer el trabajo de los demás, si queremos que se nos reconozca el nuestro.


Este día seguramente necesitan un aplauso la esposa, los hijos, el padre, la madre y todos aquellos que a nuestro alrededor nos han venido apoyando en la vida.

LAS CANICAS

Cuando era pequeño como regalo de navidad solo recibía una bolsita llena de canicas, acompañada de unos dulces y en otras ocasiones un pequeño camioncito de hoja de lata. Sin duda que los niños de ahora chillarían furibundos si Santa Claus les hiciera semejante jugada, porque ahora todos esperan los carísimos juegos electrónicos y muñecos robotizados que se anuncian en la tele.

Pero yo no tuve semejante problema. Me encantaba recibir aquél puñado de canicas de barro, y, si me había portado bien, quizás hasta fueran de vidrio de hermosos colores. Algunas con hermosos diseños de gajitos que eran todo un lujo para los chiquillos de la época.


Con aquél valioso tesoro, pasábamos horas y horas de grandiosa diversión a la salida de la escuela. Después pasaba la temporada y las canicas las guardábamos en botellas vacías de refresco y las enterrábamos para resguardarlas, en un lugar escondido donde nadie pudiera encontrarlas. De esta forma era como todos los niños teníamos un tesoro escondido para sacarlo cuando volviera a ser temporada de jugar con ellas.


Para muchos este parece ser un juego propio de los tiempos medievales, y seguramente piensan que ya no hay niños que se diviertan con ellas. Yo también lo creía; hasta hace poco que con gran sorpresa me enteré que las canicas aún no han podido ser desplazadas por los sofisticados y caros juegos electrónicos.


Mientras que en Estados Unidos son censuradas por considerarse un peligro latente para los niños, y Latinoamérica han venido cayendo en desuso, los europeos continúan enseñando a sus niños a jugar canicas, siendo una tradición muy arraigada. Porque el juego de canicas tiene muchas cualidades pedagógicas: enseñan al niño a jugar en grupo, a someterse a reglas de juego, a realizar truques con sus compañeros y a coordinar diversos movimientos del cuerpo. Si nuestros niños ya no juegan canicas es porque nosotros, en nuestra pretensión de “darles lo mejor”, los hemos venido llenando de juguetes sofisticados que deterioran las capacidades de imaginación y creatividad de los pequeños, además de nuestros bolsillos.


Los arqueólogos han descubierto en sus excavaciones, guijarros, pequeñas conchas redondas, huesos de frutas y semillas que parecen ser los antecedentes de las canicas. Se dice que los niños romanos las jugaban con nueces y los judíos con avellanas. En Latinoamérica se han descubierto montoncitos de canicas como ofrendas mortuorias.


Es a partir del siglo XVIII, cuando el viejo entretenimiento de rodar canicas, impactando unas contra otras e introducirlas a un hoyo tomó forma. Primero fueron de barro crudo y después cocido, para luego evolucionar a las de piedra y posteriormente de vidrio.


Durante mucho tiempo fueron un trabajo artesanal, más ahora las cosas han cambiado drásticamente.


En 1930 nació en la Ciudad de México la empresa que hoy en día es la fábrica de canicas más importante del mundo. En sus inicios, producía 35 000 canicas de barro al día, más en vista de la demanda diez años después producía 80 000 piezas diarias. O sea que la producción se ha acrecentado en estos últimos años.


Vacor de México, la empresa a que hago referencia, dio un gran paso en el mercado internacional, gracias a la calidad e innovación de sus canicas, logrando competir e incluso desplazar a los fabricantes europeos. Hoy en día exporta el 80% de su producción a más de 42 países y fabrica la increíble cantidad de 20 millones de canicas diariamente.


La fábrica que se encuentra establecida aquí en Guadalajara, además de canicas de juguete, fabrica canicas para uso industrial, como las que se ponen dentro de los aerosoles, además de muchos otros usos un tanto insólitos. Actualmente produce esta planta 60 tipos de canicas en 13 medidas diferentes que van desde los 12 a los 55 mm. Así que aunque usted no lo crea, las canicas siguen y seguirán rodando por mucho, mucho tiempo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

ALBERTO SANTOS

A mediados del siglo XIX, Francois Dumont, un reconocido joyero, decidió dejar Francia, para trasladarse al nuevo mundo. Se decidió por Brasil, donde llegó a convertirse en el más grande hombre de negocios cafetaleros. Ahí nació su hijo Alberto Santos, quien desde los 17 años mostró gran inclinación por la ciencia y la tecnología.

Siendo Alberto hijo de un hombre millonario, se le permitió gastar cuanto fuese necesario en el diseño y construcción de cuanta máquina le venía a la imaginación. Pero Brasil era un lugar muy estrecho para sus ambiciones, así que, a la inversa que su padre, Alberto Santos decidió irse a Francia, donde sabía que encontraría una forma más adecuada de realizar sus sueños.

De entre tantas cosas que descubrió en Francia, Alberto Santos se apasionó con los globos aerostáticos. Como era un joven inventor, de inmediato se dio a la tarea de construirlos y volarlos, ganando diversos premios y estableciendo récords de todo tipo.

Pero los diseños que había hasta entonces no cubrían con todas sus expectativas. Se dio cuenta que el principal problema de los globos era la dificultad que representaba el manejarlos, ya que con gran facilidad eran juguetes manejados a capricho por el viento. Alberto Santos Dumont dedicó bastante tiempo a meditar sobre el problema, hasta que en 1901, aplicó en ellos la tecnología de los recién inventados motores de combustión interna, adaptando uno de ellos a un globo y dotándolo de timones y una hélice.

Todos pensaron que estaba loco: en aquella época, los globos eran de hidrógeno, altamente explosivo, y colocar un motor de explosión interna tan cerca de los miles de metros cúbicos de gas, a todos pareció como ir derecho al suicidio. Sin embargo, Santos Dumont aisló perfectamente el motor del resto del aparato, y nada sucedió.

Los parisinos se acostumbraron a verlo cruzar diariamente los cielos en globo o dirigible, sonriendo, quizás, irónicamente de todos los que lo tildaron de loco.

Ganó, entre muchos otros reconocimientos, la distinción de ser el primero en darle la vuelta a Paría en menos de media hora, y cuando se enteró que el Aeroclub francés otorgaba un premio de 1.500 francos al primer aparato más pesado que el aire que fuese capaz de recorrer el espacio de cien metros por sus propios medios, de inmediato puso manos a la obra, la cual presentó varios meses después; un prototipo llamado 14bis, mismo que levantó el vuelo en el Parque La Bagatelle, el 23 de octubre de 1906.

El 14bis era un verdadero avión, con estructura de bambú y aluminio y cobertura de lona y finísima seda japonesa. Dicen los testigos que se levantó con un ruido espantoso, despegó sin ayuda y, a unos dos metros de altitud, recorrió 60 metros en línea recta, lo cual no fue suficiente para ganar el premio, pero obtuvo una copa que se otorgaba por cubrir 25 metros.

De esta manera, Alberto Santos Dumont se convirtió en el primer piloto de avión verdadero, así como en el primer diseñador de aviones, y el 14bis en el primer avión verdadero en despegar, volar y aterrizar por sí mismo.


Pero quizás usted se esté preguntando qué pasa con los hermanos Wright, quienes realizaron un vuelo en 1903, es decir, tres años antes que Santos Dumont?


Lo que sucede es que el artefacto de los hermanos Wright no era un verdadero avión, sino un planeador a motor. La diferencia estriba en que los aviones despegan por sus propios medios, y los planeadores requieren de una fuerza externa., ya bien sea viento de proa o remolque. En realidad, el prototipo norteamericano requirió de ambas. Y además la hazaña de los Wright se produjo sólo ante algunos amigos y familiares, sin la presencia de la prensa y sin el aval de ninguna entidad aeronáutica. Aunque el artefacto de los estadounidenses hubiese sido un avión verdadero, Santos Dumont sigue siendo el primer ser humano en despegar y volar un avión en un evento certificado y homologado por una Asociación Aeronáutica oficial (el Aeroclub de France), cubierto por la prensa de todo el mundo y con la entera población de una ciudad como testigo.


Santos Dumont continuó perfeccionando su invento hasta que, en 1909, decidió regresar a Brasil. Siempre pensó en que sus aviones servirían para impulsar un mundo de paz y progreso, pero fue un gran golpe para él, ver como fueron utilizados como bombarderos en la Primera Guerra Mundial. No para que trasportar carga, pasajeros o correo. Dumont soñaba con que servirían sus aviones para rescates, traslado de enfermos y heridos, viajes turísticos, en fin... pero la realidad le llenó de dolor y aflicción. Jamás previó que contribuiría a la realización de un arma de destrucción y crimen. Todo ello le provocó una enorme crisis emocional, que aunada a sus enfermedades, le llevaron a suicidarse ahorcándose con su propia corbata el 23 de julio de 1932.