viernes, 24 de junio de 2011

LAS VELAS


Parece ser que la vela se adoptó relativamente tarde para la iluminación casera. La más antigua descripción aparece en escritos romanos del siglo I d.C., y este nuevo invento se consideraba una obra de arte. Hechas de sebo, un extracto sólido casi incoloro e insípido de grasa de animal o vegetal, las velas eran también comestibles, y abundan los relatos acerca de soldados que, acosados por el hambre, devoraron sin titubear sus raciones de velas. Siglos más tarde, los guardianes de faros británicos, aislados durante períodos de varios meses, hicieron de la ingestión de velas una práctica profesional reconocida.
Incluso las velas de sebo más caras exigían que, cada media hora, se despabilara el extremo carbonizado de la mecha o pabilo, sin extinguir la llamar. Una vela que no se sometiera a esta operación, no sólo difundía una pequeña parte de su capacidad, sino que la llama, al arder muy baja, derretía rápidamente el sebo restante. De echo, en una vela que se dejara arder por sí sola, sólo se consumía el 5 por ciento del sebo, y el resto quedaba sin aprovechar. Sin que alguien las despabilara, ocho velas de sebo con un peso de una libra, se consumían en media hora. Un castillo en el que ardían cientos de velas de sebo por semana, requería un equipo de sirvientes encargados de despabilarlas.
Hasta el siglo XVII hubo compañías teatrales que contaban con un muchacho al que se confiaba esta tarea. Ducho en este arte, entraba de vez en cuando en escena, en ocasiones coincidiendo con un momento de tensión dramática, para recortar los pabilos carbonizados de las velas humeantes.
Aunque su entrada solía ser ignorada, si remataba con éxito la operación con todas las velas, el público le dedicaba un aplauso. Esta dif´cil tarea ya no tuvo objeto a partir de finales del siglo XVII, cuando se propagó el uso de las velas de cera de abeja, que se evaporaban parcialmente. La cera era tres veces más cara que el sebo, pero las velas fabricadas con ella ardían con una llama más viva.
La Iglesia católica ya había adoptado el lujo de los cirios de cera, y la gente muy rica los empleaba para las grandes ocasiones. Datos referentes a una de las grandes mansiones británicas muestran que, durante el invierno de 1765, sus habitantes consumieron mas de cien libras de velas de cera en un mes.
En el siglo siguiente, las velas de lujo serían la de cera blanquísimo y reluciente, la dura y amarilla de sebo vegetal, procedente de China, y la vela verde perfumada con laurel, utilizada en la costa nordeste de Norteamérica.
Se dice que las primeras velas fueron desarrolladas por los antiguos Egipcios, quienes  “Velas de Junco” o antorchas empapando los carrizos de sebo fundido, sin embargo, los romanos fueron los que mejoraron las velas utilizando pabilo, de esa manera  auxiliaban a los viajeros en la oscuridad, y proveían de lus a los hogares y sitios de culto. Al igual que los egipcios, los romanos utilizaban el sebo de las ovejas y vacas como principal ingrediente.
A finales del siglo XVIII, gracias al auge de la casa de ballenas, las velas comenzaron a hacerse con la esperma de las ballenas, el cual lo obtenían de la cabeza del animal. Tuvo gran éxito ya que las velas que se fabricaban con este material. No tenían olor desagradable, al prenderse, además de que no se reblandecían o deformaban con el calor del verano.
Las primeras velas y cirios se elaboraron con sebo, grasa animal que desprendía un humo negro poco atractivo; luego este ingrediente fue remplazado por la cera de abeja, un elemento de costo elevado que podría ser adquirido por los clérigos u las ricas minorías. A mediados del Siglo XIX, el desarrollo de la estearina como compuesto químico, originalmente producido a partir de la grasa (mineral) refinada que produjo grandes cambios en la técnica de hacer velas; se extendieron los tiempos de mayor duración, dureza y los colores se tornaron más opacos y de buen olor.
Hacia 1850 durante el proceso de refinación del petróleo, se descubrió una cera de color blanco azuloso que ardía limpiamente y no emitía olor desagradable, se le llamó cera parafina, que pronto sustituyó a los materiales que en ese entonces se utilizaban en la fabricación de las velas.
En la época colonial, se utilizó la cera que se obtenía hirviendo las bayas de árbol de la cera, si bien ardía limpiamente, el proceso de obtención era demasiado tedioso, , por lo que su popularidad disminuyó. Fue en el Siglo XIX, cuando se comienzan a fabricar las velas en maquinas de producción continua.
En la actualidad, las velas se encienden para crear un clima especial que según la ocasión, puede ser confortable, cálido, íntimo o romántico. Además constituyen un importante recurso decorativo muy usado durante las fiestas Navideñas y otras celebraciones especiales, en la que comenzamos a impregnarnos de esa energía de esa energía que transmiten, porque sin duda, un ambiente iluminado por velas está rodeado de un halo mágico que misteriosamente consiguen hechizarnos.
El origen de las velas es tan antiguo como la civilización humana, su utilización milenaria siempre ha sido asociada a fines místicos. En las diferentes culturas han sido usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo de la vela como cuerpo físico del ser humano, el pabilo se refiere a la mente  y la llama al espíritu.
No importa que tendencia religiosa se practique, las velas siempre han estado presentes en templos, altares, palacios, hogares, etc.
Las velas también han sido usadas para efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser amado, prosperidad, abundancia, salud entre otros.
Se ha dicho con frecuencia que cuando la llama de una vela es azul o sombría, hay un fantasma o espíritu en la casa  en las cercanías. En Alemania, una vela cuya llama se divida y parta, predice la muerte en la casa; una vela que suelte una chispa al aire, significa que pronto llegará una carta para aquél que esté sentado enfrente o más cerca de ella, había tres ocasiones principales en las que se encendían velas: En el nacimiento, para asegurar que los malos espíritus se mantuviesen alejados del recién nacido y en Roma esto ponía al niño bajo la protección personal de la diosa Vesta.
En el matrimonio, para impedir que “El mal de ojo” arruinará el futuro de la pareja, mientras que las velas encendidas en la muerte, eran una salvaguardia, pues ningún demonio se atrevería entonces a robar el alma del fallecido.
Las subastas de velas eran muy comunes en los siglos XVII y XVIII y se cree que aún existen algunas hoy en día. Se clavaba una aguja en una vela, a una pulgada bajo la mecha y la subasta continuaba hasta que caía la aguja, siendo la última oferta hecha antes de la caída de la aguja la que se aceptaba.
Contrariamente a lo que se diga, los ritos que se efectúan con velas son altamente efectivos. Ya que al prender una vela se está abriendo una puerta a otra dimensión, a otro plano astral superior, es muy importante que cuando prendamos una vela sea con un cerillo de madera para que la magia sea completa y cuando la apaguemos sea con la punta de los dedos mojados o con una campanita para sofocar la flama. Nunca debe soplarse ya que de lo contrario la magia será nula.

EL SACRIFICIO AZTECA

Hoy nos horrorizan las escenas de guerra, al ver tantas víctimas inocentes, entre ellos infinidad de niños, muertos, mutilados o traumatizados ante la violencia que se desata a su alrededor. Nuestro mundo ha cambiado, aunque por desgracia no lo suficiente.
En el nombre de Dios se han cometido demasiadas locuras. En épocas antiguas las personas enviaban a sus hijos para ser decapitados, quemados, estrangulados, ahogados o arrojados a los desfiladeros, como ofrenda a los dioses. Creencias absurdas, tal y como hoy nos damos cuenta. Tan absurdas como muchas de las que hoy tenemos y que nos llevan a realizar actos abominables.
Según la creencia de los Aztecas, el Sol, que era su dios, podía desaparecer si no se le alimentaba diariamente con una buena dosis de corazones y de sangre. Por ello emprendían guerras llamadas “floridas”, para capturar a muchos de sus enemigos y tener material necesario para alimentar el apetito insaciable de su dios Sol.
Los prisioneros eran llevados ante los altares de piedra, donde los sacerdotes les sacaban el corazón con un filoso cuchillo de obsidiana. Después la carne de los brazos era consumida como parte del rito, por quienes efectuaban el sacrificio. Amontonando  los cráneos de las víctimas en plataformas que contenían hasta 10 mil cabezas.
Más no solo se sacrificaba a sus enemigos, también eran llevados al sacrificio muchos niños llorones, porque sus lágrimas motivaban al dios de la lluvia a regar las cosechas. Mientras que a las muchachas vírgenes se les sacrificaba para deleite de la diosa del maiz.
En 1487, cuando el gran templo azteca de Tenochtitlan fue consagrado, ocho equipos de sacerdotes trabajaron durante cuatro días para sacrificar a 20 mil prisioneros, haciendo que la sangre derramada corriera por las calles.
La era del sacrificio terminó cuando los conquistadores españoles destruyeron las civilizaciones maya, inca y azteca.
Se entiende que los aztecas hayan sido así, porque esto era acorde con sus creencias, su cultura y su ignorancia, pero lo que no es posible entender es que en un mundo de gente “civilizada” hoy se sacrifiquen día a día infinidad de pobres, desprotegidos, mujeres ancianos y niños en aras del poder, de la economía, de la soberbia. Así que no crea que nuestro mundo ha cambiado demasiado.

PAN Y CIRCO

Por el año 530 a de C. surgieron en la campiña italiana los espectáculos con gladiadores, como parte del homenaje que se realizaba a una persona importante recién fallecida. De la campiña italiana pasaron a Roma, donde se volvieron sumamente populares.
Inicialmente tan solo se trataba de una especie de competencia, un medir fuerzas entre gladiadores, perdiendo la contienda el que tocaba el suelo con la espalda. Más pronto aquél espectáculo se convirtió en favorito de multitudes, subiendo de nivel y volviéndose cada vez más exigente. Tanto furor causó esta diversión entre el público romano que en el año 29 a.C. Estacilio Tauro, construyó el primer circo dedicado en exclusiva a promover este tipo de funciones. Los políticos encontraron en esta forma de diversión un acertado medio para mantener entretenido al pueblo y dejarlo contento. Ya que entre más se divirtiera el pueblo, menos atendían de cuestiones políticas y de esta manera ellos se mantenían en paz.  Y para lograr redondear todo este asunto, a medias o al final de la función, una carreta llena de pan era arrojada entre los presentes. De ahí surgió la expresión “Al pueblo pan y circo”, porque de esta manera el pueblo se mantenía contento y perdonaba o pasaba por alto todas las tonterías cometidas por sus mandatarios.
César y Pompeyo se distinguieron en el arte de complacer a las masas, fue así como dieron en presentar animales exóticos, casi todos ellos traídos de Africa. En el año 74 Julio César presentó la primera jirafa, más luego fueron leones, osos y cuanto animal exótico se encontraron.
Dieron en hacerlos pelear entre sí. Y luego trajeron a los prisioneros y a los Cristianos haciéndolos pelear contra las bestias salvajes. La gente gritaba eufórica sedienta de sangre, y cada vez pedía más y más, pretendiendo que la emoción subiera hasta límites inimaginables. Y había que complacerlos.
El espectáculo que presentó Augusto pasó a la historia. En ocho días intervinieron 10,000 gladiadores y, a medida que avanzaba el combate, los esclavos apilaban los cadáveres y renovaban la arena empapada de sangre.
Los animales sacrificados en estos espectáculos también sumaron una cantidad bastante considerable. Fueron tantos los animales utilizados, que en algunas zonas de Africa se extinguieron varias especies.  Con Nerón se sacrificaron 400 osos y 300 leones en una sola jornada, mientras que en los cien días que duraron los juegos ofrecidos por Tito para la inauguración del Coliseo Romano, en el año 80, murieron 5,000 bestias y centenares de gladiadores.
Llegó a tal la exageración de quienes promovían y preparaban estos espectáculos, que incluso el Emperador Augusto, mandó construir gigantescos estanques de casi dos kilómetros, donde se ofreció al público una auténtica batalla naval, con barcos reales y la participación de 3000 actores que peleaban a muerte unos contra otros, ante el alarido de placer de los espectadores.
La fama que alcanzaron algunos gladiadores que siempre salían victoriosos, solo es equiparable a la de las estrellas pop de hoy en día. Fue por esta razón que no faltaron emperadores que se atrevían a lanzarse al ruedo intentando ganarse el favor de la gente, aunque cabe aclarar, que estos combates siempre estaban amañados.
Nerón tuvo la genial ocurrencia de enfrentar a un león, aunque previamente le habían limado los dientes y cortado las garras. El público lo sabía, pero se hacía de la vista gorda y le aplaudía a su gobernante.
Por su parte el Emperador Cómodo prefería enfrentarse a los gladiadores, aunque a estos les daban espadas de plomo blando que se doblaban con facilidad, y de esta forma eran vencidos sin mayor problema. Hasta el día que unos de sus enemigos prepararon bien la jugada, y lograron que uno de los gladiadores acabara con él estrangulándolo.
Cuando el Cristianismo se difundió en Roma, todo este tipo de sangrientos espectáculos empezaron a ser muy mal vistos. En el año 326 d.C. el Emperador Constantino, emitió una serie de leyes tendientes a evitar su celebración y así terminó todo aquello de que al pueblo pan y circo. Aunque en la actualidad muchos gobiernos siguen utilizando la estrategia.

FRANCESCO GUISEPPE BORRI

En 1653, un milanés de 27 años llamado Francesco Giuseppe Borri, comenzó a recorrer las calles de la ciudad diciendo a todos que se le había aparecido el arcángel Miguel, para anunciarle que él había sido elegido como capitán general del ejército del nuevo Papa, un ejército que ocuparía y revitalizaría la tierra. Además el arcángel Gabriel le había otorgado ciertos poderes divinos que le permitían ver el interior de las almas de la gente, e incluso luego le sería revelada la piedra filosofal, una sustancia buscada desde tiempos inmemoriales, capaz de transformar los metales básicos en oro.
Quienes lo conocían quedaron impresionado con Borri, no tanto por lo que decía, sino porque este personaje había llevado una vida dedicada al vino, las mujeres y los juegos de azar. Más de pronto había dejado todo eso para sumergirse en el estudio de la alquimia y hablar solo de lo místico y oculto. Esta transformación fue tan repentina y milagrosa, y sus palabras tan pletóricas de entusiasmo, que Borri generó pronto un buen grupo de seguidores.
También llamó la atención de la Inquisición Italiana, quienes por aquellos años buscaban por todos lados alguien para alimentar su hoguera. Así que Borri se fue a recorrer Europa, desde Austria hasta Holanda, prometiendo a sus seguidores que vivirían la plenitud del conocimiento y la alegría. Su enorme entusiasmo y la vivacidad de sus palabras le ganaron infinidad de seguidores por todas partes. Todo aquél que pretendía agregarse a su grupo primero debía estar en su presencia para que Borri, una vez entrado en trance, pudiera mirar su alma y descubrir si había nobleza y los atributos necesarios para integrarse a su grupo de fieles devotos. No todos eran aceptados, por lo cual se convertía en un gran honor el que Borri los considerara aptos para seguirle.
El culto constaba de siete grados o niveles, a los cuales los discípulos eran asignados de acuerdo con lo que Borri había visto en sus almas. Mediante el trabajo y una devoción total podían graduarse y pasar a un nivel superior. La prueba más difícil de superar era que debían entregarle a Borri todos sus bienes; más esto no pareció ser un gran obstáculo, ya que Borri les prometía que muy pronto terminaría sus estudios químicos y descubriría la piedra filosofal, con lo cual podrían obtener todo el oro que quisieran.
Con su creciente fortuna Borri comenzó a cambiar su estilo de vida. Se hizo llamar “Su Excelencia” o “Doctor Universal”; acostumbraba alquilar lujosas viviendas en las ciudades donde se encontraba temporalmente, amuebladas con lujo y costosas obras de arte que comenzó a coleccionar. Recorría la ciudad en un carruaje adornado con piedras preciosas y tirado por seis magníficos caballos negros. Nunca permanecía mucho tiempo en cada lugar, y cuando desaparecía, con la excusa de ir a buscar más almas para su rebaño, su ausencia con su ausenincrementaba aún más su fama.
De toda Europa llegaban hasta él los ciegos, los tullidos y los desesperados, porque se había corrido la voz de que poseía poderes curativos. Borri no cobraba por sus servicios. ¿Acaso le hacía falta?, y con ello lograba que la gente hablara maravillas de él. El hecho de que se manejara con tanto lujo, hacía que se rumorara que ya había descubierto la piedra filosofal, pero que aún no consideraba oportuno participar de ello a sus seguidores, porque todavía no estaban lo suficientemente preparados. Aunque el derroche de dinero que hacía era producto de los donativos de sus seguidores.
La Inquisición trataba por todos los medios a su alcance de acorralarlo, más sus discípulos los defendían y protegían. Para ellos el Papa era el Anticristo. Hasta que en cierta ocasión abandonó la ciudad de Amsterdam, donde se había instalado durante un tiempo, llevando consigo enormes sumas de dinero prestado y diamantes cuya custodia le habían confiado (Borri afirmaba que podía hacer desaparecer las fallas de los diamantes, gracias a sus poderes mentales).
La Inquisición lo atrapó poniéndolo en prisión por los últimos 20 años de su vida. Pero la fe de la gente era tan grande, que hasta el día de su muerte lo visitaron acaudalados feligreses, entre los que se contaba la reina Cristina de Suecia. Y con semejante apoyo logró liberarse al menos de morir en la hoguera como el caso de tantos otros sabios, iluminados y charlatanes.

SOCRATES, EL FILOSOFO GRIEGO

Sócrates, el gran filósofo griego se casó con una mujer llamada Santippe. Cuentan que era tan malhumorada, que el gran maestro andaba por las plazas, no con la intención de filosofar, sino para huir de la mujer a quien no soportaba. Al parecer era capaz de hacer razonar a todo
mundo, menos a la mujer que tenía en casa. ¡Sabrá Dios cómo haya sido!.
En el ágora de la ciudad, que era el lugar de los grandes foros, se reunían los sofistas, personajes eminentes que provenían de todas las regiones de la península, atraídos por el esplendor de Atenas. Se presentaban en público vestidos con ricas vestimentas y mantos color púrpura, luciendo su destreza en la retórica, como elocuentes oradores, discurriendo su supuesta sabiduría sobre cualquier tema, que enseñaban a los jóvenes mediante una propina, lo cual les permitía vivir holgadamente y con fortuna. Su actitud soberbia les hacía presentarse como si todo lo supieran, siendo capaces de enfrentar y salir abantes sobre cualquier tema.
A Sócrates le parecían unos personajes nefastos, mostraba una actitud desafiante hacia ellos y los metía en serios predicamentos. Mientras que los sofistas creían ser dueños de la verdad absoluta, Sócrates por el contrario afirmaba totalmente seguro de sí mismo: “Yo sólo sé que no se nada”. Daba sus enseñanzas paseándose por la plaza. Utilizaba la ironía, y fingía en todo momento “ignorancia”. Jamás mostraba la verdad, en cambio motivaba a sus discípulos a encontrarla por ellos mismos. Tal y como pregonaba la máxima inscrita en el frontón del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.
Esa era la finalidad fundamental de la filosofía, encontrar la naturaleza de la virtud y del vicio, el modo conducente a lograr la fuerza del carácter, el dominio de sí y la justicia para con los semejantes.
La enseñanza socrática iba encaminada a la búsqueda de la verdad, considerando que es necesaria la sabiduría para adquirir la virtud. Y se convirtió en la conciencia de Atenas, descubriéndole sus vicios e incitándola a buscar el cambio, más sin embargo la verdad resulta muchas veces amarga para los hombres. Y aquella actitud le ganó enemigos a diestra y siniestra. Meleteo, Licone y Anito, tres personajes importantes de la sociedad de Atenas, presentaron la denuncia. Sócrates fue acusado de ser culpable por no reconocer a los dioses de la ciudad y por introducir nuevos. Además por corromper con sus discursos a la juventud. Solicitando para él la pena de muerte. Sócrates pudo haber huido, como alguna vez lo hizo Protágora o Anasságora, quienes pasaron por algo semejante, pero no lo hizo. Y fue condenado casi por unanimidad por los jueces a morir envenenado.
Recluido en la prisión, sus discípulos van a verle. Se hicieron presentes Felón, Apolodoro, Critóbulo y su padre, Hermógenes, Epígenes, Antístenes, Cebes, Redondas y varios más. Faltaron, su ilustre discípulo Platón, que estaba enfermo, y por supuesto, los cobardes, que negaron aquél día hasta haberlo conocido. El mismo cuento de siempre.
Encontraron al maestro sentado en su estrecha prisión, frotándose las piernas, bastante adoloridas por las ingratas cadenas que cargó antes de la fatídica sentencia. Cuando su mujer Xantipa, ve llegar a los discípulos, prorrumpe en gritos desaforados, haciendo más ingrata la situación. “¡Ay Sócrates, este es tu último día”!, decía la mujer a grito abierto, y luego continuaba: “¡Ya no verás más a tus amigos” , y así proseguía con sus desaforados lamentos. Sócrates, harto ya de la situación suplicó a Critón, que como hombre rico que era se había hecho acompañar de sus esclavos, que le acabaran aquella pena, echando de inmediato a su mujer fuera de la celda, petición que no se le puede negar a un condenado a muerte, y mucho menos a un maestro y amigo; así que cumplida la petición el filósofo respiró con gran alivio.
En compañía de sus discípulos, el gran maestro se olvidó que la muerte impaciente le esperaba, e inició amena conversación y atinado doctrinaje. La plática subió de tono, y con ello la emoción, así que el buen Critón, le dijo a su maestro, que el verdugo recomendaba que no se excitara demasiado, porque el veneno tardaría mucho más en hacer efecto. Más Sócrates, con su característica ironía, recomendó no hacerle caso – que se preocupe de su menester – dijo el maestro – y que prepare lo que haga falta, aunque sea ración doble y aún triple”.
Poco después llegó el carcelero encargado de darle el veneno y le dijo al maestro: “Sócrates, no guardaré rencor ni pensaré mal de tí como sucede con otros que me maldicen porque les traigo el veneno que ordenan los magistrados. De tí ya he conocido que eres un hombre noble, paciente y
bueno como no he conocido otro. Y si te enojas, sé que no lo harás contra mí sino contra quienes son los culpables, que ya bien conoces. Procura pues, soportar sencillamente lo inevitable”.
Después de decir lo anterior, el carcelero se marchó llorando. Sócrates, antes de que partiera, le dijo: “Salud también a tí, y yo haré cuanto me dices”. Después le dice a sus discípulos: “Que amable es este hombre. Todo el tiempo solía visitarme y a veces hablaba conmigo, y era un hombre excelente, y ahora, qué noblemente me llora... Vayan a traerme el veneno si ya está molido, y si no, que lo muela de una vez este hombre”.
Cuando trajeron la copa, Sócrates la tomó muy serenamente, sin temblar ni alterársele ni el color ni el rostro. La mayoría de sus amigos, que hasta entonces habían logrado contenerse, al ver que su maestro tomaba el mortal veneno, comenzaron a llorar. Sócrates viendo la situación les dijo: “¿Que hacéis, hombres desconcertantes? Precisamente por eso no quise que estuvieran aquí las mujeres, para evitar estos excesos. Así pues no alborotéis y conteneos”.
Poco después Sócrates dijo que le pesaban las piernas y se acostó boca arriba, tal y como se lo habían mandado. Antes de morir, llamó a Critón y de dijo: “A Esculapio le debemos un gallo, pagádselo y no lo descuidéis”. Critón le prometió que cumpliría con el mandato. Instantes después los ojos de Sócrates se paralizaron y sus discípulos se dieron cuenta que el maestro había muerto.

miércoles, 16 de febrero de 2011

EL UNICORNIO

Según narra el libro del Génesis, Dios le dio a Adán la tarea de ponerle nombre a todas las cosas y animales creados. La Biblia antigua decía que el primer animal que recibió nombre fue el unicornio, posteriormente le borraron eso de “unicornio” y le pusieron “toro salvaje”. Pero según se cuenta, antiguamente había siete referencias de él en el libro sagrado.
La tradición decía que cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, el unicornio fue con ellos, por lo cual luego fue tomado como símbolo de castidad y pureza.
Para la gente de la edad media la existencia del unicornio era tan cierta como las historias de la Biblia. Todos creían en él. Y aunque ahora se duda de su existencia, se dice que en tiempos remotos era un animal común en Siria.
En la edad media se pagaba por los cuernos del unicornio su peso en oro. Se decía que era un animal semejante a un ciervo, con un cuerno de hasta dos metros sobre la frente. Era, según cuentan las crónicas, un animal muy fiero y que solo las más bellas doncellas podían amansar. Su cuerno era un fabuloso antídoto contra todo veneno. Bastaba limar un poquito en la copa del rey antes de cada bebida para que nunca muriera envenenado. Incluso se realizaban copas con los cuernos de este animal para el servicio de los reyes. Algunas de esas copas han llegado hasta nuestros días. Aunque cabe aclarar que ahora se sabe que dichas copas fueron realizadas con un cuerno de narval. Un raro animal marino que tiene un cuerno muy peculiar y con el cual se estuvo engañando mucho tiempo a la gente al hacerlo pasar como de unicornio.
También se decía que con el cuerno de unicornio se curaban dolores de estómago, epilepsia y que quien lo poseía alcanzaba incluso la inmortalidad. Hasta los muertos resucitaban!.
Y para evitar fraudes se decía que el que:
- El verdadero cuerno hacía hervir el agua al que era arrojado, aunque sin calor y sin sonido.
- El verdadero cuerno despedía un dulce aroma si era quemado
- Al acercar plantas y animales ponzoñosos al cuerno, éstos morían
- El verdadero cuerno sudaba en presencia de un veneno
- El verdadero cuerno siempre era estriado, extremadamente duro, muy pesado, de color de la madera, y capaz de salvar la vida de una paloma envenenada con arsénico.
- Si hacían con el cuerno un círculo y en él encerraban una araña, esta no podía salir
- Si se guardaba el cuerno dentro de una vasija cerrada, junto con tres o cuatro escorpiones, estos morían al cabo de cuatro horas.
El Talmud habla del unicornio; la tradición judía dice que es el más fiero de los animales y capaz de matar un elefante con una sola estocada de su cuerno. También los escritos antiguos de Asia lo mencionan. Era honrado como el rey de los animales terrestres. Por su fuerza y sabiduría se podía comparar con el dragón y era representativo de la compasión, el amor y la paz. A veces lo representaban con escamas que reflejaban todos los colores del arcoiris.
Era un animal que siempre traía mensajes importantes a los humanos. Hace como 5000 años, se le presentó al emperador Fu Hsi para revelarle los secretos del lenguaje escrito y muchos otros conocimientos. Después otro unicornio se presentó ante el emperador Huang-ti, quien recibió la sabiduría de él e inventó luego los instrumentos musicales, enseñó a su gente a construir sus casas con ladrillos y unió a las tribus chinas por primera vez. Después el unicornio volvió al final de la vida de este emperador y lo llevó sobre sus lomos a la tierra de los muertos.
En la India dicen que hay montañas que son inaccesibles a los hombres y que están llenas de bestias salvajes. Entre ellas está el unicornio. El de la india dicen que tiene el tamaño de un caballo, crines como de león, patas de elefante y cola de cabra. Es extremadamente veloz. Entre sus sienes tiene un cuerno negro, lleno de anillos como en espiral. Es amable con las bestias que se le acercan, pero pelea con los de su raza, y no solo los machos entre sí, sino que contienden aún con las hembras y sus peleas son a muerte. Por supuesto que nadie jamás ha logrado capturar uno de ellos.
En Persia el shad-hahvar era una criatura parecida al antílope que poseía un solo cuerno hueco, mismo que producía las más hermosas melodías cuando soplaba el viento a través de él. Los animales que escuchaban esta canción eran seducidos y llamados por su dulzura. Aquél unicornio persa entonces los devoraba.
Pese a que no se ha encontrado jamás el esqueleto de uno de ellos, muchos creen que el unicornio si existió, al igual que los dinosaurios, el mamut, el Yeti o el monstruo del Lago Ness. Y no falta quien diga que aún existe, pero solo logrará verlo o atraparlo aquél hombre que sea todo pureza y virtud. Así que esto es prácticamente imposible.

miércoles, 12 de enero de 2011

PABLO PICASSO



El nombre completo de Pablo Picasso era: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno Crispín Crispiano de la Santísima Trinidad RUIZ y PICASSO.


Se calcula que produjo unas 13.500 pinturas o diseños, 100.000 impresiones o grabados, 34.000 ilustraciones para libros y 300 esculturas o cerámicas. Muchos de los dibujos más asombrosos de Picasso fueron hechos con una sola línea.