jueves, 22 de diciembre de 2011

LA LECCIÓN DE MI MADRE

Hablando cierto día con mi anciana madre, de pronto, y no sé porqué, me dio por hacerle una buena cantidad de reclamos que surgían de otras tantas cosas amargas que me tocó vivir en la infancia. Ni siquiera podía imaginarme como habría de responderme, y quizás era lo que menos me importaba. Si he de ser sincero, lo único que pretendía era sacar todos aquellos resentimientos que traía cargando conmigo y para los cuales jamás había encontrado una salida.
-¿Porqué fueron tan fríos conmigo?. ¿Porqué nunca me dieron un abrazo?, ¿Porqué jamás me prestaron atención alguna?. Me pasaba días y días con la ropa sucia, como si a nadie le importara, como si nadie me quisiera.
No recibí jamás una caricia, ni una palabra de afecto, ni tuve fiestas de cumpleaños, ni jamás se me felicitó por nada. Solo escuché palabras frías, palabras duras, reproches y regaños.
Fui un niño triste, un niño solo, siempre lleno de frío. Jamás me sentí querido y esto me provocó grandes problemas cuando quise integrarme al mundo. Respondía con agresividad cuando alguien me tocaba, no toleraba las palabras amables, ni aceptaba regalos o favores. Fui durante mucho tiempo un desadaptado, y me costó demasiado logar un poco de equilibrio.
Mi madre escuchó sin decir palabra todas mis quejas. Y poco a poco sus ojos se fueron anegando de lágrimas. Aquella viejita en que se había convertido, aceptó con gran pesar todo el desfile de amargas quejas, y cuando terminé con toda mi monserga (palabra común en casa), carraspeó un poco para aclararse la garganta y con vos entrecortada me dijo: “hijo, que bueno que te haz dado cuenta de todos los errores que tu padre y yo cometimos contigo. Que bueno que haz aprendido que así como te creamos a ti, no es la forma correcta de hacerlo. Nosotros éramos unos  ignorantes, gente analfabeta e inculta. Lo bueno es que nada de eso les va a pasar a tus hijos (!).

jueves, 27 de octubre de 2011

TIPITAKA, EL LIBRO MAS GRANDE DEL MUNDO

¿Sabe usted cual es el libro más grande del mundo?. Se encuentra al pie de la colina de Mandalay, en Birmania. Esta dentro del recinto de la pagoda conocida popularmente como Pagoda Kuthodaw. Se trata del Tipitaka, o Canon de Pali, que es el escrito más antiguo que se conserva de la religión budista, escrito cinco siglos después de la muerte de Buda.

Este texto es el más importante para el budismo teravada. Y además de ser el libro más grande del mundo también es el más pesado, ya que sus páginas están hechas de mármol.

Fue realizado por orden del rey Mindon. Se nombró un comité de monjes para realizar el proyecto y asegurarse de que estuviera completamente libre de errores. El mármol se obtuvo de la cantera de la colina de Sagain, a 32 kilómetros de Mandalay. Tras su transporte, las placas de mármol eran pulidas y un escriba dibujaba el texto en ambos lados de la piedra. Luego se realizaba una revisión exhaustiva para prevenir cualquier error. Las letras eran finalmente talladas por expertos artesanos, tras lo que eran rellenadas con tinta dorada.

El trabajo inició el 14 de octubre de 1860 y finalizó el 4 de mayo de 1868. En total, el libro está formado por 729 "hojas", escritas por ambos lados. Cada hoja tiene 1.50 mts. de alto y 90 cms.de ancho. Cada página incluye entre 80 y cien renglones. El idioma del texto es pali, y está acompañado por su traducción al birmano.

Cada una de las 729 hojas fueron colocadas en el interior de un pequeño templo diferente dentro del recinto de la pagoda, que tiene 6 hectáreas de superficie.

Para dar una idea del tamaño de este libro, la versión impresa, realizada alrededor de 1900, estaba formada por 38 tomos de alrededor 400 páginas cada una, con un tamaño de letra regular.

BART HUGES Y SUS AGUJEROS EN LA CABEZA

En 1962, un médico llamado holandés llamado Bart Huges, afirmó que el grado y el estado de la propia conciencia dependía principalmente del volumen de la sangre en el cerebro. Según el decir del doctor Hugues, las cosas eran diferentes cuando el hombre andaba a cuatro patas, antes de que adoptásemos la posición erguida que nos distingue de la mayoría de los animales. El problema fue que el cerebro quedó encerrado en una estructura envolvente rígida, y la gravedad redujo el caudal de oxígeno y de substancias nutritivas que afluyen al cerebro.

Y para remediar la situación, el tal doctor Huges afirmó que la solución era tomar un taladro eléctrico y remover un pequeño círculo de hueso del cráneo. Cosa que hizo, logrando según él, una mayor afluencia de sangre y la capacidad del cerebro, ahora liberado, de palpitar rítmicamente con su corazón. Su conciencia volvió al estado infantil, según sus declaraciones, y la mente liberada permanecía en contacto con sus primitivos sueños, imaginación y sensaciones intensas, cosa que los adultos perdían al solidificarse lentamente su cráneo.

Las autoridades holandesas no pensaron lo mismo, y pronto encerraron a Huges en un manicomio para ser observado. Pero sus ideas fueron muy conocidas por los hippies, para quienes andando a la búsqueda de la nueva “conciencia”, creyeron que valía la pena intentarlo.

Sus seguidores tuvieron un solo problema por delante: ¿Quién se atrevería a realizarles la dichosa operación?. Bueno, si no hay quien se atreva a hacerla, “hágalo usted mismo”. Fue así como su discípulo Joseph Mellen, después de tres intentos fracasados, logró perforarse el cráneo con tanto “éxito” que más tarde escribió un libro sobre ella. Mellen declaró que la trepanación le había dado una nueva sensación de bienestar que, según afirma, conserva hasta la actualidad. Su amiga, Amanda Fielding, se sometió también después a esta “curación”, aunque en vez de escribir un libro, la filmó, titulando a su corta película “Latido del corazón en el cerebro”.

Actualmente, este par de iluminados, trabajan en una Galería de Lóndres. El problema es que cuando llueve tienes goteras en la cabeza.

CÓMODO, EL EMPERADOR ROMANO

En cuanto Cómodo se convirtió en Emperador, allá por el año 180, lo primero que se le ocurrió fue hacerse adorar como la encarnación de Hércules y Mitra, obligando a sus súbditos creer semejante tontería, hasta el punto de adoptar el divinizado título de Hérculus Romanus. Dicen que había matado a su padre, aunque esto no ha sido jamás probado, pero sí parece que violó a sus hermanas, llegando a tanto su depravación que le cambió el nombre a una de sus múltiples concubinas, por el de su progenitora, porque teniendo cierto parecido con ella, se daba el malévolo placer de lo que usted ya se imagina.

Pero el emperador Cómodo fue aún más lejos: mató a su hermana Sucilla y a una de sus esposas llamada Cripisca.

También le gustaba luchar con los gladiadores, pero bajo sus reglas, para no tener el final destinado a estos guerreros. Siempre salía victorioso porque les daba a sus contrincantes espadas de madera, mientras el bajaba a la arena pertrechado de todo arsenal de espadas de verdad, mazos y demás armas de muerte. Así que quien tenía que enfrentar al Emperador ya había perdido la contienda desde antes de comenzar.

Mas de 700 veces bajó el Emperador a la arena a ejercitarse en estas luchas, aunque en otras veces su crueldad iba mucho más lejos y superaba todo lo conocido. Abusando de su excelente condición física, destripaba animales y torturaba esclavos, además salía a las calles de Roma y blandiendo su maza de héroe griego, aporreaba con ella, hasta la muerte, a cuanto lisiado se encontraba en su camino.

Pese a la negativa de los miembros del Senado, puso en venta todos los cargos públicos en un afán de llenarse hasta saciar los bolsillos. No obstante, y por el terror que emanaba de sus decisiones caprichosas e inesperadas, en los momentos de su máximo poder, el Senado lo proclamó como “el más noble y más glorioso de los príncipes”. Ello a pesar de su vida disoluta y escandalosa, misma que no se preocupaba en lo absoluto de disimular. Todo lo contrario, ordenó, desde el inicio de su reinado, que se tomara constancia de todo lo que hacía en las Actas Públicas de Roma (una especie de gaceta oficial), sin que hubiera censura alguna, ya que Cómodo estaba convencido, de que la posteridad agradecería el poder conocer su glorioso paso por la vida.

En realidad los trabajos del Imperio ni le importaban, todo lo delegaba en Perennis, quien era el verdadero gobernante de Roma, lo cual dejaba a Cómodo en total libertad para dedicarse a los placeres y a las maldades. Aunque con ello despilfarrara todos los tesoros del Imperio.

Y sus excentricidades no tenían límite. Al tener noticia de un ciudadano llamado Onon (palabra que significa asno), lo mandó llamar y colmó de riquezas, nombrándolo además Gran Sacerdote de Hércules, al cual, por cierto, desnudaba para apreciar el miembro viril que le había obsequiado la madre naturaleza y que hacía mucho honor a su nombre.

Pero aún hay más. Realizaba banquetes a los que nadie quería ser invitado, aunque quien lo fuera debía ir si no deseaba acarrear sobre sí toda la furia del Emperador. Los sabrosísimos manjares que se servían incluían además excrementos y sangre menstrual, debiendo todo ello ser consumido sin exteriorizar el asco correspondiente.

Hartos sus súbditos de todas sus fechorías y depravaciones, algunos de sus allegados, entre ellos una de sus concubinas, lo envenenaron, y como esto no fue suficiente para darle muerte, lo estrangularon y hasta asfixiaron con su propio colchón.

El mismo Senado que le aplaudió por temor, lo describiría posteriormente como “más cruel que Domiciano y más impuro que Nerón”. Sus restos fueron enterrados en la fosa común a donde iban a parar los cuerpos destrozados de los gladiadores muertos en el circo.

EL PEYOTE

Cuando Fray Bernardino de Sahagún llegó al norte del país, allá en los tiempos de la conquista, descubrió que los indígenas se comían una especie de cactus pequeño, a la que llamaban peyotl. Y quienes la comían o bebían, veían visiones espantosas o irrisibles; según sus primeros testimonios; además dijo que la intoxicación les duraba de dos a tres días, y que el comerlo era una cosa muy común, porque les daba ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre y se sentían protegidos de todo peligro.

Se considera que el uso del peyote entre los indígenas del norte de la República Mexicana y los Estados Unidos, data de por lo menos 3,000 años.

Esta planta es un cacto sagrado, cuyo consumo ha perdurado hasta nuestros días, pese a la llegada de los europeos y la imposición de sus creencias y costumbres. Los indios Coras, Tarahumaras, Tepehuinais, Huicholes y varias tribus estadounidenses, lo han consumido siempre con fines rituales, ya que consideran que los hace entrar en contacto con fuentes divinas.

El nombre de peyote le vine de la palabra náhuatl peyotl, aunque recibe diversos nombres, según la comunidad indígena: ciguri, kamba, hikuri o wokov.

El peyote es un cactus muy pequeño con un diámetro que va entre los 2 y los 15 centímetros. Crece en pequeños grupos bajo los arbustos o plantas espinosas, que lo protegen de las heladas y de los depredadores. Es de color verde grisáceo y sus raíces en forma de cono se hunden con profundidad en la tierra. Crece muy lentamente. Tarda como 15 años para llegar a la madurez.

Puede tener el peyote entre 5 y 13 gajos. Los más apreciados son los de cinco estrellas, porque, según se dice, son los que provocan un efecto alucinógeno más fuerte.

Sus flores, blancas con una aureola rosácea, miden cerca de 2,5 cm. Se recoge antes del tiempo de lluvias que antecede a la floración cortándose al raz del suelo (para que de la raíz brote una nueva cabeza). Cuando se seca, se encoge y adquiere un color gris oscuro, entonces se le conoce como "botón de peyote".

¿Cómo lo consumen? En estado natural los gajos del peyote se mastican solos o en compañía de algún líquido, preferentemente jugos cítricos pues su sabor es bastante amargo. Cuando el cacto se deshidrata retiene la mezcalina indefinidamente y puede reducirse a polvo para prepararse en té o añadirse a un jugo de fruta.  Los efectos del peyote comienzan entre los 60 y 90 minutos después de la ingestión y duran entre 7 y 10 horas. La mezcalina que contiene el peyote provoca alteraciones en la conciencia y en la percepción, principalmente a nivel visual.

El cultivo del peyote esta prohibido. En los Estados Unidos, allá por 1810 se unieron 50 tribus y fundaron la Native American Peyote Church, cuya meta es "Proteger y promover la creencia en el Todopoderoso, estimulando la moralidad, la sobriedad, la industriosidad y el correcto vivir, mediante un uso sacramental del peyote." En la actualidad se afirma que sus miembros sobrepasan los 250,000 y han conseguido que el gobierno más poderoso del mundo les reconozca su derecho a consumir peyote como una extensión del derecho a la libertad de culto que protege la Constitución estadounidense. Gracias a ello, los miembros de esta iglesia pueden cultivarlo, adquirirlo y distribuirlo legalmente. En el caso de México, el gobierno muestra tolerancia únicamente a ciertos grupos de indígenas que pueden recogerlo y consumirlo en lugares de difícil acceso propios de su geografía teológica. El resto de la población está sujeta a la aplicación de la ley (o a la extorsión).

El consumo del peyote fue condenado por instrucción del Santo Oficio, e incluso a los habitantes de la zona norte en el momento en que se iban a confesar, el sacerdote les preguntaba: ¿Has comido carne de hombre? ¿Has comido peyote? ¿Eres tú adivino? ¿Has anunciado eventos futuros mediante la lectura de augurios, interpretando sueños o trazando figuras en el agua? ¿Has adornado con guirnaldas de flores los sitios donde hay ídolos? ¿Has chupado la sangre de otros? ¿Has caminado durante la noche convocando la ayuda de los demonios? ¿Has bebido peyote o se lo has dado a beber a otros para descubrir secretos o el lugar donde se encuentran objetos perdidos o robados?

En su estudio etnobotánico de la Nueva España, Francisco Hernández, médico personal del rey Felipe II de España, aseguró que "proporciona alivio cuando se aplica machacado en las articulaciones doloridas." En la actualidad varias personas con conocimientos herbolarios suelen macerarlo en alcohol y utilizarlo como remedio contra el reumatismo. Los indígenas norteamericanos afirman que "si el peyote se usa correctamente, todas las demás medicinas son superfluas."

Se ha demostrado que el extracto de peyote tiene actividad antibiótica, justificando su uso para tratar heridas y como analgésico.

Ludwig Lewin, el primer farmacólogo que estudió los alcaloides del peyote consumió varias veces el peyote y asegura que “No hay en el mundo una planta que provoque en el cerebro modificaciones funcionales tan prodigiosas”. Quien lo consume, asegura, se siente transportado a un mundo nuevo de sensibilidad e inteligencia.

Richard Heffern, por su parte,  cuenta en su experiencia con este cactus alucinógeno, que 40 minutos después de haberlo consumido, caminó por el campo y se encontró un nopal y de pronto tuvo la extraña sensación que sería muy descortés pasar junto a la planta sin saludarla. En esos momentos, la planta le pareció tan importante como él. Agrega que la droga genera una tremenda empatía por todas las cosas pequeñas: una piedra, una flor, un insecto. De tal manera que sería imposible provocar un daño a un ser, animal o cosa, bajo el efecto del peyote. Que ni siquiera se puede cortar una flor.

En los años 80’s, ciertas compañías de “ecoturismo” organizaban “tours” a los lugares de poder huicholes, ofreciendo además experiencias al lado de chamanes indígenas. Esta situación provocó grandes problemas, porque los soldados que patruyaban el desierto, no entendían nada de estos grupos que venían tras una “búsqueda espiritual”  y acusaban de vender drogas a los “jipis gringos”. Lo cual no era totalmente cierto, porque los indígenas únicamente utilizan el peyote para ceremonias rituales.

Lo cierto es que tras la fama del peyote, en los años de la sicodelia, llegaron al desierto los “seudojipis” provenientes de Coyoacán, que sin ningún respeto o conocimiento sobre las tradiciones de los huicholes, fueron a comerse cuando cactus encontraban en el desierto “nomás pa’ ver que se siente”. Ahora no es posible encontrar uno solo de la especie en muchos kilómetros a la redonda; sobre todo alrededor de Real de Catorce.

PAUL WITTGENSTEIN, EL PIANISTA MANCO

En casa de la familia Wittgenstein la cultura estaba a la orden del día. Se trataba de una familia de gran poder económico que formaba parte de la alta burguesía vienesa. Desde tiempos de los abuelos la música era parte esencial de la familia. Adoptaron a un jovencito llamado Joseph Joachim a los doce años, y lo enviaron a estudiar con el afamado compositor Felix Mendelssohn, haciendo de él un gran violinista y compositor.
También frecuentaba la casa Johaness Brahms, quien fue profesor de piano de dos de las señoritas de la casa, e incluso el gran maestro estrenó en la casa de los Wittgenstein su delicioso Concierto para Clarinete. Músicos e intelectuales desfilaron por la mansión de los Wittgenstein
Así era la vida de Karl y Elise. El era un afamado magnate austriaco del acero y ella una dama encantadora, con una profunda vinculación con la música, juntos procrearon ocho hijos.
Pudiera parecer que todo era como un cuento de hadas, pero algo falló. Tres de los cinco hijos varones se suicidaron. Dicen que en parte se debió a Karl era tan exigente con sus hijos, que lo único que provocó fue que todos sus vástagos sufrieran grandes problemas psicológicos.
Karl se dedicó a la bebida, intentando olvidar la muerte de sus hijos y quizás a ello se debió el que muriera al caerse de un caballo. Elise tampoco duró mucho, ya que poco tiempo después fue víctima de la tuberculosis.
Tan solo quedaron dos hombres en casa, Ludwig y Paul. Ludwig estudió ingeniería, dedicándose luego a la investigación aeronáutica, pero después de leer a Russell, prosiguió por los caminos de la fundamentación de las matemáticas y, de ahí, a la lógica y a la filosofía, hasta convertirse en uno de los filósofos más importantes y reconocidos a nivel mundial.
Paul por su parte, sumido en una enorme depresión, se fue a vivir con su tío abuelo. Donde, para salir de esta horrenda catástrofe familiar, consagró toda su energía y pasión hacia el piano, logrando una fuerza tan espectacular que se convirtió en un auténtico virtuoso del instrumento.
En 1913 debutó en Viena, causando una impresión tan brillante que de inmediato se vio favorecido con el éxito social y los halagos profesionales que la comunidad vienesa vuelca sobre los instrumentistas virtuosos o los cantantes de moda.
Todo parecía volver a su cause original. Paul logró en muy poco tiempo colocarse como uno de los mejores pianistas europeos, pareciendo quedar muy atrás las historias desagradables de la vida familiar. Lamentablemente, el ciclo de Paul cambió de nuevo cuando apenas llevaba un corto tiempo de saborear las mieles del triunfo.
Vino la Primera Guerra Mundial y Paul debió de participar en un batallón de artillería, con tan mala suerte que fue gravemente lesionado de su brazo derecho, tras una feroz contienda, y el resultado final es que perdió su miembro tras una amputación. Además cayó prisionero y fue llevado a Siberia sufriendo vejaciones y la terrible inclemencia del mal tiempo.
Cuando Paul fue liberado, comenzó a deambular por los cafés de Viena ganándose la vida tocando el piano en cafés y salas de cine, donde era presentado grotescamente como el pianista manco, héroe de la guerra, que alguna vez había sido rico y famoso. Por que hay que aclarar, que además, la situación económica de la familia se vino a pique al unísono con su tragedia familiar.
Más Paul tenía una talla espiritual enorme, tal vez más grande de lo que él mismo se imaginaba, y decidió convertirse otra vez en un pianista de concierto, de talla internacional, a pesar de haber perdido su brazo derecho. Se puso a estudiar con un ahínco salvaje y una determinación fanática, producto tal vez de su frustración y su desesperación, y logró el asombroso resultado de dominar la mayoría de los procesos pianísticos básicos y tocar, con una sola mano, piezas destinadas a ser ejecutadas con dos manos.
Su notable virtuosismo le permitió manejar dificultades que resultaban formidables incluso para un pianista dotado de ambos brazos. El problema de alcanzar la velocidad necesaria para lograr el salto y ataque preciso que permitiera engañar al oído del oyente, era uno de gran magnitud. Pero Wittgenstein consiguió este asombroso resultado, permitiéndose circular de nuevo en el mundo profesional del concertismo europeo.
Solicitó además el apoyo de algunos de los grandes compositores amigos de su familia, siendo así como Strauss escribió dos obras para piano y orquesta especialmente para él. Prokofiev, le obsequió con su Cuarto Concierto para piano y orquesta para la mano izquierda, mientras que Ravel compuso especialmente para Paul el Concierto en Re, una pieza excelente que incremento la fama del compositor del Bolero y consagró definitivamente al pianista. Se cuenta incluso que en su estreno en Viena, dirigida por el mismo Ravel, el público le aplaudió a Paul Wittgenstein durante casi una hora luego de la ejecución.
El compositor mexicano Antonio Gomezanda conoció a Paul Wittgenstein en Paría, y quiso sumarse al apoyo para este talentoso pianista, componiendo para él una obra llamada Vieja Danza, para la mano izquierda.
Paul emigró a los Estados Unidos y se convirtió en maestro de una infinidad de alumnos deseosos de conocer su técnica. Ahí falleció el 3 de marzo de 1961.

CHALINO SANCHEZ, COMPOSITOR DE NARCOCORRIDOS

A Rosalino jamás le gustó su nombre, le parecía demasiado femenino, así que siempre prefirió que le llamaran Chalino y decía llamarse Marcelino.
Nació en un pueblo pequeño de Sinaloa y no asistió más que tres años a la escuela. Era de baja estatura y tan flaco que costaba trabajo entender como sujetaba a la cintura sus pantalones.

Su expresión era dura, prácticamente jamás sonreía. Hablaba torpemente y de forma atropellada, con esa forma cantadita y nasal que tienen los de la costa de Sinaloa. Además de todo lo anterior era tímido y pudiéramos decir que insignificante en apariencia, más aún así se convirtió en toda una leyenda.

Cuando Chalino tenía once años, su hermana Juana fue violada por dos hombres quienes después de su fechoría la arrojaron a la calle desnuda. Uno de ellos era un valentón del pueblo conocido como el Chapo Pérez. Chalino no podía hacer nada, porque era tan solo un niño, así que guardó su rabia esperando mejores tiempos para cobrar venganza…

Recién cumplidos los tenía quince años, un 20 de noviembre, fue a la fiesta que se hacía en la escuela del pueblo para celebrar la Revolución Mexicana. Ahí encontró a Chapo Pérez, el violador de su hermana. No le dijo nada, tan solo se acercó hasta él, desenfundó la pistola que traía escondida bajo la ropa y le metió varios tiros a bocajarro. A todos los tomó por sorpresa. Cuando los amigos del Chapo desenfundaron las pistolas Chalino ya estaba entre los matorrales de un campo cercano, y aunque le hicieron varias descargas, no lograron hacerle nada. Se escondió en las montañas y después se fue a los Estados Unidos.

En Los Angeles se quedó en casa de una tía. Por un tiempo trabajó en granjas, y fue levantando cosechas de frutas y verduras desde California hasta Oregon. Con el tiempo se estableció en Inglewood en el condado de los Angeles, y se dedicó a ayudar a su hermano Armando, quien era de esos “coyotes” que llevan ilegales de Tijuana a Los Estados Unidos. Más dejó todo aquello en 1984 cuando Armando fue muerto a tiros mientras dormía en un hotel de Tijuana.

Un día, estando en Tijuana, agarraron a Chalino y lo metieron a la cárcel, acusado de diversos delitos de poca relevancia. Ahí se encontró a su primo Ismael, quien tocaba la guitarra y a otros hombres de Sinaloa que purgaban condenas relacionadas con el narcotráfico. Todos ellos tenían sus historias y a Chalino le dio por hacer corridos con todo aquello que le contaban.

Cuando salió regresó a Los Angeles. Ahí lavó coches por un tiempo y se metió en negocios turbios, trabajando de chofer y ayudante del dueño de un restaurante que estaba envuelto en el tráfico de drogas y quien fue luego asesinado por sus rivales. Sobre esta historia también Chalino compuso un corrido.

Con el tiempo comenzó a componer corridos por encargo. Muchos mexicanos radicados en Estados Unidos llegaban a él y le contaban sus historias, para que Chalino les compusiera su corrido, dándole a cambio relojes de oro, pistolas y buenos regalos, porque inicialmente Chalino no aceptaba dinero como pago. Cierto día le pidió a un grupo norteño que le grabara unos de esos corridos que compuso por encargo, más el día de la grabación el cantante no se presentó, así que Chalino decidió cantar sus composiciones, aún cuando estaba conciente de que su voz no era la deseada para lograr buenos resultados.

En cuatro horas grabaron quince corridos y se hicieron quince copias de la grabación, mismas que entregó a quienes les había compuesto los corridos. Más días después ya tenía solicitadas otras trescientas copias, y así comenzó la historia.

La primera grabación de Chalino provocó una buena cantidad de encargos. Se incrementó el número de gente que deseaba tener su propio corrido, y muchas más que demandaban copias de lo grabado. Sus narco corridos no los tocaba la radio, pero en los tianguis de Los Angeles los vendían por alteros.

Era increíble lo que sucedía. Chalino cantaba mal, su vos era realmente desagradable: áspera, aguda, nasal. Incluso enredaba las palabras, tenía mala dicción y decía cosas como “Te fuites” en lugar de “Te fuiste”. Era un ranchero de lo más rústico y desgarbado. Y quizás fue esta la razón por la que comenzó a vender discos por montones y a provocar localidades agotadas en todos los bailes y eventos donde se presentaba.

El 20 de enero de 1992 Chalino fue contratado para cantar en la fiesta de una quinceañera en un pueblo desértico a dos horas de Los Angeles. Esa noche un tipo llamado Eduardo Gallegos se subió al estrado y le disparó a quemarropa. Resultaron heridos, además de Chalino, el acordeonista del grupo y cinco personas más. Al agresor alguien le quitó la pistola y lo liquidó en ese momento.

Aquél escándalo hizo que las grabaciones de Chalino se vendieran mejor que nunca.

En mayo de ese mismo año Chalino fue invitado a regresar a Culiacán Sinaloa, para participar en un evento. Sus amigos le dijeron que no fuera. Pero el pago era bastante tentador y aceptó la propuesta.

Después del evento, Chalino salió del club acompañado de sus hermanos, un primo y varias muchachas. Poco después, en una glorieta fueron detenidos por hombres armados que venían en una Suburban. Detuvieron a Chalino, quien aceptó irse con los desconocidos, pidiendo únicamente que dejaran libres a sus acompañantes.

Pocas horas después encontraron a Chalino Sánchez tirado en un canal cercano a la carretera, con los ojos vendados, las manos atadas y dos disparos en la cabeza. ¿Cuestiones de narcotráfico?, ¿Cobraron la deuda de sangre que tenía?.

Después de su muerte no faltó alguien que se pusiera como nombre artístico Chalinillo y otros más que le compusieran su corrido.

viernes, 30 de septiembre de 2011

EL VIOLIN STRADIVARIUS

Los instrumentos más caros del mundo son, sin lugar a dudas, los violines Stradivarius. En la actualidad existen cerca de 600 de estos afamados instrumentos Y para que se de una ligera idea de su valor, le diré que hace un par de años fue subastado el llamado “The Hammer”, porque todos tienen nombre,  en 3.5 millones de dólares.
Antonio Stradivari, originario de Cremona, Italia, logró un arte inigualable en la creación de instrumentos de cuerda. El barniz, la madera, el diseño y el esmerado trabajo artesanal de elaboración, le permitieron crear unos violines llenos de magia cuya seducción pasaría de generación en generación hasta llegar a nuestros días.
Stradivari era demasiado celoso con sus conocimientos de elaboración, no obstante lo transmitió a sus dos hijos, quienes por desgracia no alcanzaron la misma calidad mágica de su padre, aunque su trabajo fue bastante notable.
Anotó la fórmula de su barniz, parte fundamental del sonido de sus instrumentos, en la tapa de la Biblia que guardaba celosamente en su casa, más posteriormente y para que no se difundiera el secreto, uno de sus hijos la destruyó. Desde entonces ha permanecido el secreto que confiere a los stradivarius una posición privilegiada.
Investigaciones realizadas por Joseph Nagy-vary, profesor de bioquímica y biofísica en la Universidad de Agricultura y Mecánica de Texas, parecen haber despejado la gran incógnita de los Stradivarius: la madera de abeto que éste usó procedía de Venecia, y se almacenaba en una bodega cerca del mar, Esto producía diminutos agujeros en la madera, solo visibles con un microscopio electrónico de 2 000 amplificaciones. Cosa que la madera curada en seco de los violines modernos no tiene. Según el decir de Nagy-vary, esto confiere riqueza y resonancia especiales al sonido.
En cuanto al barniz, incluía diminutos cristales de mineral que procedían de piedras preciosas molidas, formula surgida de los alquimistas, quienes lo preparar así en la creencia de que las piedras tenían propiedades mágicas. En un violín, estos cristales filtran los armónicos agudos y producen un sonido más puro y terso.
Nagy-vary puso a prueba su teoría al fabricar un violín con madera curada en la humedad y recubierta de un barniz que contenía polvo de piedras preciosas. Un experto calificó el resultado como “el mejor violín nuevo que jamás he escuchado”. La famosa violinista Zina Schiff quedó tan impresionada que tocó el instrumento en conciertos públicos.
De todas formas, el proceso es bastante costoso, y aún conociéndolo, muy difícilmente podrá un constructor de violines ponerle al instrumento el alma, el espíritu, la esencia con la que Antonio Stradivari daba vida a sus creaciones. Porque usted y yo sabemos que aunque le demos a dos chefs una receta y los mismos utensilios para realizar un platillo, al final se obtendrán resultados totalmente diferentes. Cada cosa que creamos lleva impregnada nuestra esencia.

MAS ESTRELLAS QUE ARENAS EN LA MAR

¿Cuántas estrellas calcula usted que hay en el cielo?. Bueno si se pone a contarlas desde la azotea de su casa, a la mejor no encuentra demasiadas. Pero si usted sale al campo, donde no hay electricidad que las opaque, y que se en una noche oscura, créame que se llevará una enorme sorpresa, porque el cielo está cuajado de ellas. No son miles, ni millones, sino una cantidad impresionante que para cualquiera de nosotros resultaría demasiado pretensioso intentar realizar un cálculo.
Más los astrónomos que se reunieron en la Conferencia de la Unión Astronómica Internacional, en Sydney, Australia, consideran que hay más estrellas en el cielo que granos de arena en todas las playas y desiertos del mundo entero.
Se dice que en los lugares más oscuros del planeta, el ojo humano – sin la ayuda de ningún instrumento- puede llegar a divisar aproximadamente 5.000 estrellas. En cambio desde la azotea de nuestra casa, si bien nos va, apenas lograremos divisar unas cien (me refiero a quienes vivimos en la ciudad). Los científicos australianos utilizaron algunos de los telescopios más poderosos del mundo, para medir la luminosidad de todas las galaxias en un sector del universo y de acuerdo a esos parámetros, lograron calcular la cantidad de estrellas que éstas contienen. Una vez que obtuvieron estos resultados, estimaron el número de estrellas existentes en todo el universo visible, que según ellos, es mucho más acertado que las cifras que se manejaban anteriormente.
Cifras astronómicas
¡Y la cifra a la que arribaron es astronómica!
Nada más ni nada menos que: 70 sextillones o, hablando mal y pronto, el número siete seguido de 22 ceros: 70000000000000000000000
Lo que significa que el número de estrellas en el universo visible es mucho mayor que la cantidad de granos de arena en todo el planeta Tierra.
Y esto es sólo tomando en cuenta el alcance actual de los telescopios.
El doctor Simon Drive, de la Universidad Nacional de Australia, señaló que el número real puede llegar a ser aún mucho mayor, de hecho, puede ser infinito.
Driver cree también que muchas de esas estrellas tienen planetas girando a su alrededor y en algunos de ellos seguramente hay vida.
Pero debido a que estos planetas estarían tan lejos de la Tierra, no existe -hasta el momento- ninguna posibilidad de establecer contacto

EL APLAUSO

El gran reto para cualquier encargado de personal es, sin lugar a dudas, el mantener motivado a su equipo de trabajo. Una labor nada fácil, que bien conocen quienes han enfrentado un puesto de esta naturaleza.
Mantener el espíritu en alto, logrando conciliar a todos los integrantes del equipo, es una misión prácticamente imposible. Hay personas que son inseguras, desconfiadas, resentidas o simplemente rebeldes por naturaleza.

Lo más común es que un jefe emplee su autoridad (fuerza) para lograr que se hagan las cosas. Muchos recurren a la presión constante, al regaño, a las amenazas y los castigos. Por supuesto que cuando se emplean estos métodos arcáicos, hasta los buenos elementos terminan por renunciar, provocando que la empresa jamás tenga un equipo de trabajo íntegro y eficaz, manteniéndose siempre con unos resultados bastante desalentadores.

Pues bien, cuenta un directivo de una empresa, que después de varios fracasos en sus intenciones por motivar e integrar a su gente, decidió cambiar su estrategia. Normalmente les hacía una junta semanal de dos horas. Más esta vez cambió su estrategia por una junta de diez, quince minutos máximo, pero todos los días. Si la junta semanal era siempre para reprochar y regañar, por todo lo que se hacia mal o se dejaba de hacer; la nueva junta tendría como base principal el resaltar los logros de cada día. Aún con tan sólo 15 minutos que se les pidió a los miembros del personal, contando con la notificación de que la junta semanal se cancelaba, no faltaron las caras malhumoradas.

Al comenzar la reunión era notorio el total desinterés de la mayoría, más el directivo les sorprendió con una pregunta:¿Qué cosa importante hicieron el día de hoy?. Todos le miraron desconcertados. Más el directivo continuó con el acoso.

-Piense cada uno de ustedes que fue lo más importante que hicieron el día de hoy’. No importa si parecen cosas pequeñas. Lo importante es que nos demos cuenta de esos detalles importantes que hicimos en este día.-
Después el directivo comenzó a interrogar a cada uno de ellos. Y no sin cierta dificultad, cada uno fue diciendo cada detalle que le pareció importante.
-Acomodé la mercancía- dijo uno
-Atendí muy bien y logré hacer buena venta a dos clientes- dijo otro.
-Me salió muy bien el corte de caja- dijo el cajero.
-Le conseguí un producto con el proveedor a uno de nuestros clientes- dijo alguien más.
Y así uno a uno, fueron contando esos pequeños detalles sobresalientes.
Después de que haber concluido la participación de todos, el directivo agregó:
-Todos esos detalles son muy importantes, cada pequeña cosa que ustedes han realizado forma parte de un todo, y la suma de todo es lo que determina la grandeza de esta empresa.
-¿Hemos hecho cosas grandes este día? ¿Nos sentimos satisfechos?, ¿Mañana podremos ser mejores?. Bueno, pues por todo lo que hemos hecho hoy, creo que merecemos un aplauso.
Y fue así como se iniciaron las sesiones de aplausos. La primera vez no fueron muy emotivos, mas poco a poco el aplauso se convirtió en un gran estimulo. Dando como resultado un personal más satisfecho y por ende mayor productividad. La calidad del trabajo mejoró y el estado de ánimo también.
No cabe duda de que todos necesitamos de reconocimiento, todos requerimos de una palmadita en el hombro, todos estamos sedientos de que se reconozca nuestro trabajo. Padres e hijos, jefes y empleados, todos absolutamente todos debemos de ser reconocidos, por tanto hay que aprender a reconocer el trabajo de los demás, si queremos que se nos reconozca el nuestro.

EL KIPPEL

Seguramente a muchos de ustedes de pronto les pasa lo mismo que a mí. El ajetreo de la vida cotidiana nos hace acumular cosas y cosas en los rincones de la casa, hasta que algunos lugares se vuelven un caos insoportable. Lo que podríamos llamar muy pretensiosamente “mi estudio” en casa, de pronto se convirtió en el cuarto de los tiliches. Pilas de libros en desorden botados por todos lados, discos y discos amontonados aquí y allá, una buena cantidad de objetos que ocultan su encanto tras una gruesa capa de polvo y todo ello dando lugar a la habitación del caos. Un grito insoportable de las cosas inanimadas me llegaba en todo momento exigiendo una limpieza y orden inmediato. Hacía falta lo que llaman en el programa de UGBS una bermuda. Se estaba dando el proceso de kippelización, un fenómeno incontrolable que consiste en la reproducción espontánea de objetos y cosas que han sido abandonados, o que nadie los utiliza desde tiempo atrás.
Así que me puse el viejo pantalón de faena y una playera descolorida, tomé una franela y con el valor de un guerrero medieval me di a la tarea de enfrentar aquél monstruo de mil cabezas.
El proceso fue largo, muy largo, tan largo que pasé todo un día limpiando y acomodando y al caer la noche me di cuenta que no había terminado de limpiar y acomodarlo todo. La labor pudo haber sido más fácil, pero de pronto me topé con hermosas joyas empolvadas: el libro de El Quijote de la Mancha de Cervantes, el cual pareció decirme –Cuándo me vas a leer otra vez- Me dio harta pena, así que lo abrí y leí la primera frase –“En un lugar de la mancha…”- pero luego a su lado encontré la fabulosa colección de Norman Vincent Peale, los libros de Dale Carnegie, de Napoleón Heale, Og Mandino, biografías de Gandi, la Madre Teresa, Napoleón, Rasputín, Herny Ford, Iacocca, Budha, Edison, Dalhí… libros y libros y más libros exigiendo un poco de atención.
En ese momento sentí que me invadía la tristeza. ¡Cuándo tendré el tiempo suficiente para volver a leerlos!. Porque un libro no es para leerse una vez. Una primera lectura nos hace apenas navegar por la superficie, sin comprender lo que realmente hay en el fondo de las palabras.
Y que decir de los discos, una buena cantidad de ellos aún con su celofán, sin que jamás los haya escuchado y muchos otros que tan solo escuché una vez y después me olvidé por completo de ellos. Cerca de 500 discos de música clásica: Bach, Beethoven, Mozart, Vivaldi, Hayden, Moncayo, Revueltas… Los discos que tanto me motivaron en los años 70’s: Led Zeppelín, los Doors, Jimi Hendrix, Janis Joplin… Los grandes clásicos del jazz: Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman… todo un fabuloso tesoro en el que se incluyen hermosas grabaciones de Serrat, Joaquin Sabina, Aute, Milanés. Discos de New Age, música instrumental, World music y quien sabe cuantos estilos más.
La verdad es que todos acumulamos cosas y cosas y cosas, como si esto nos hiciera felices, pero la felicidad no se encierra en los libros, ni en los discos, ni en el coleccionar caracoles, estampillas postales, monedas o esa infinidad de chucherias a que somos adictos. La felicidad se genera en nuestro interior. Curiosamente se provoca a través de lo que damos, y no en lo que recibimos o adquirimos. Sentimos un enorme deseo de posesión, como si el comprarnos más ropa, libros, calzado, un auto nuevo o que sé yo, fuera a hacernos más felices, pero la realidad es que nada de esto tiene sentido si somos incapaces de dar un poco de nosotros mismos a los demás.
Intentaré volver a leer esos grandiosos libros que he acumulado, procuraré escuchar una vez más esas obras excelsas de los grandes maestros de la música clásica, dedicaré un poco más de tiempo a todo lo que tengo y limitaré mi deseo de seguir acumulando objetos innecesarios. Pero más que nada pretendo que este año sea más rico en abrazos, en palabras de afecto, en tolerancia, en hacer buenos amigos, en sonrisas, en atender con mas esmero a mi familia, apegándome un poco menos a las cosas materiales e ir tras la búsqueda y fortalecimiento de los valores que realmente le dan sentido a la vida.

LA PLENITUD DE LA VIDA

Sin un ideal, si un propósito en la vida, sin un esfuerzo constante por superarse y sin una continua acción para llevar a cabo dichos objetivos, podríase decir que la vida carece de total significado.
El ser humano debe estar en constante evolucion, porque la vida es un continuo movimiento; nada en ella permanece apacible, nada se mantiene estable; la existencia debe ser una búsqueda contínua de realización, una continua fijación de metas, una permanente conquista de logros.
Nada nos debe dejar plenamente satisfechos, ningún éxito, por muy grande que éste sea, debe arrebatarnos el deseo de ir hacia nuevas conquistas. El placer total no esta en llegar a la alta cima, sino en el esfuerzo que se realiza cotidianamente para lograr nuestra meta.
Día tras día, sin desistir jamás, tenemos que esforzarnos para incrementar nuestra valía. El pleno aprovechamiento de nuestros talentos, el incremento constante de uestros valores intelectuales morales y espirituales, nos llevará a la total realización de nuestras vidas.
Abre muy bien tus ojos, que aún existe la vida esperando que quieras vivirla. Aprende cosas nuevas; llénate de sabiduría. Si rompes un poco la rutina, también acabarás con la monotonia.
Frente a tí hay nuevos horizontes, cosas tan grandes como aún no te imaginas. Hay tantas y tantas cosas para tí reservadas,q ue solo bastará que te atrevas a dar lo mejor de tí mismo, para que de inmediato comiences a recibirlas.
¿Tú qué opinas?

lunes, 29 de agosto de 2011

CUENTAN DE UN SABIO QUE UN DIA

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.
Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.

PEDRO CALDERON DE LA BARCA

LA TIERRA Y LA LUNA

Hay quien afirma que, sin La Luna, la vida en la Tierra no hubiera sido posible. Quizás sí habría habido vida en la Tierra sin la existencia de la Luna pero, desde luego, no como la conocemos.

Para empezar, si no hubiera Luna, la Tierra daría una vuelta cada 8 horas en lugar de cada 24. En un año habría 1.095 días de 8 horas. Con una velocidad de rotación como esa los vientos serían mucho más potentes de lo que conocemos hoy día, la atmósfera tendría mucho más oxígeno y el campo magnético sería 3 veces más intenso. Es evidente que la vida animal y vegetal habría evolucionado de forma totalmente diferente a como lo ha hecho. Que tengamos días de 24 horas nos favorece mucho para que los cambios de temperatura no sean excesivamente bruscos del día a la noche para nuestras formas de vida. Y si nos paramos a pensar un poco más, los relojes biológicos (en caso de existir) estarían ligados a un ciclo de 8 horas y no de 24.

La Tierra, por tanto, ha ido frenando su rotación. La razón de ello está en las mareas. El efecto gravitatorio de la Luna sobre la Tierra se ve muy bien a través del fenómeno de la subida y bajada de nivel de las aguas. Nuestra Luna provoca un achatamiento de las aguas en la Tierra de manera que estas intentan irse por encima del continente. Dicho continente, no obstante, no le deja y como resultado de ello y otros detalles más sutiles, tenemos una fricción que hace que nuestro planeta vaya disminuyendo su rotación poco a poco. Y si la Tierra ralentiza su rotación, la Luna debe alejarse.

La Luna no gira alrededor de la Tierra: ambas giran alrededor de un punto común situado entre ellas dos llamado centro de masas del sistema. Como la masa de la Tierra es 88 veces la de la luna, ese punto está 88 veces más cerca de la Tierra que de la Luna y ese punto cae dentro de la propia Tierra. Si estuvieran más cerca una de otra, girarían más rápido ambos cuerpos alrededor del centro de masas, pero si se alejan giran más despacio. Así que mientras la Luna se aleja poco a poco en un movimiento espiral, la Tierra frena su rotación. El retraso de la Tierra es relativamente fácil de detectar: cada siglo tarda 1.5 milisegundos más en dar una vuelta. La cosa cambia cuando queremos medir el alejamiento de la Luna. ¿Como medir una cosa así?

El ritmo de alejamiento no ha sido el mismo a lo largo de la historia. La fricción de las mareas era mayor cuando la Luna estaba más cerca de la Tierra, dado que estas eran más fuertes (o más altas, como queráis); y la rotación de la Tierra se frenaba mucho más deprisa mientras la Luna se alejaba más rápidamente que lo que hoy día lo hace. Se ha calculado que hace unos 4.000 millones de años la rotación de la Tierra era de unas 13 horas y la Luna estaba a unos 18.000 km en lugar de los aproximadamente 380.000 que está ahora.

Esto siempre y cuando la Luna estuviera allí en esas fechas. Llegados a este punto, cabe cuestionarse si la Luna tiene la misma edad que la Tierra o es muy posterior. Pues bien, algunas muestras traídas por las misiones Apolo se han datado en unos 4.500 millones de años, así que podemos concluir que tiene tanta edad como la Tierra con una diferencia, en todo caso, de unos pocos millones de años.

Bien, ¿y hasta cuando se irá alejando la Luna? Pues hasta el momento en que la Tierra gire de manera que la Luna esté siempre en el mismo punto por encima de ella, en lo que hoy llamamos órbita geoestacionaria. En ese momento no habrá subidas y bajadas del nivel del agua (debidas a la Luna, aunque sí las habrá debidas al Sol); no habrá rozamiento con respecto la Tierra debida a la Luna. Todos estos datos se han metido en un ordenador y se han hecho una serie de cálculos con ellos. Los resultados dicen que esto sucederá cuando un día en la Tierra dure aproximadamente 47 hora.
Desde hace varios millones de años la Luna se separa de la Tierra a un ritmo lento pero constante. Los cientificos calculan que la tasa de alejamiento es de unos 3,8 centímetros al año, lo que a largo plazo llegará a separar a la Luna hasta una distancia crítica. Sin embargo, los astrónomos creen que dentro de 5.000 millones de años, la Luna volverá a acercarse a la Tierra y acabará por esintegrarse al superar el denominado límite de Roche (a unos 18.470 kilómetros sobre nuestro planeta) estallando en miles de fragmentos y formando un espectacular anillo, como el de Saturno, alrededor de la Tierra.

domingo, 17 de julio de 2011

AMEN-RA LA PRINCESA EGIPCIA

Cuatro jóvenes ingleses adinerados, fueron a Egipto a finales de la década de 1890. En aquella época aún era algo demasiado aventurado el adentrarse por las exóticas tierras de norte de Africa. Era un privilegio que solo los aventureros o gente de dinero podía concederse; y ellos estaban en este último nivel.

Las hermosas pirámides llenaron de fantasías su cabeza, haciendo surgir en ellos el absurdo deseo de llevarse algo de aquél extraño mundo a casa. Aunque sabían que lo único que les era permitido era una buena cantidad de souvenir y fotografías. Más de pronto algo insólito sucedió: un extraño personaje se acercó a ellos y les hizo una propuesta muy especial, que cambiaría drásticamente su destino. Les dijo que un grupo de amigos suyos tenía en su poder una momia, misma que estaban dispuestos a vender a un precio bastante razonable, y quizás fuera de su interés.

Los cuatro jóvenes se miraron unos a otros, totalmente incrédulos de la oferta, y decidieron ir con el desconocido a ver “la mercancía”. Y en efecto, un grupo de mercenarios egipcios y franceses habían exhumado clandestinamente algunos tesoros, junto con aquél hermoso sarcófago en cuyo interior había una momia.

Los cuatro británicos se mostraron vivamente interesados en adquirirla, pero siendo tan amigos, y ante lo razonable del precio, decidieron echar suertes, siendo el más joven de ellos quien tuvo “la fortuna” de adquirirla. Desembolsó pues lo convenido e hizo los arreglos pertinentes para que su valioso tesoro fuera trasladado de inmediato a la habitación del hotel donde se hospedaba, pensando en llevarla luego consigo en su regreso a Londres. Tenía en su poder la momia de la sacerdotisa Amén-Ra, a quien luego dieron en llamar la Princesa Egipcia, y con ello se desencadeno una serie de tragedias.

Nadie sabe que pasó, pero los testigos afirman que a media noche se abrió precipitadamente la puerta de la habitación de este joven, y salió corriendo perdiéndose en la oscuridad del desierto.

Al día siguiente fue buscado por sus amigos y un grupo de personas, pero todo fue inútil. El joven británico nunca fue encontrado. Las cosas se complicaron aún más cuando el segundo de los amigos, en el mismo día de la búsqueda recibió un disparo de rifle que le hizo accidentalmente su sirviente egipcio. La herida fue tan grave que tuvieron que amputarle el brazo izquierdo.

Después de estos graves sucesos regresaron a Inglaterra, solo para toparse otro de ellos con que el banco donde tenía depositada la fortuna familiar había quebrado, dejándolo totalmente en ruina.

El cuarto de ellos cayó víctima de una enfermedad muy extraña y prolongada que le hizo gastar todo su dinero y vender sus bienes para gastarlo en médicos y curaciones y cuando finalmente logró recuperarse, no pudo conseguir ni el más mísero empleo, de tal manera que terminó vendiendo cajas de cerillos en la calle.

La momia, a quien se comenzó a culpar de los hechos, fue vendida a un excéntrico comerciante de Gran Bretaña, quien aún conociendo lo que había sucedido no dio crédito a la supuesta maldición que encerraba. Más luego su propia casa se incendió bajo circunstancias muy extrañas y tres de sus parientes cercanos sufrieron accidentes, así que de inmediato se deshizo de la princesa egipcia donándola al Museo Británico. Y pese a la reputación que acompañaba a la dama egipcia, el curador del museo, acostumbrado a desechar leyendas y supersticiones, aceptó de muy buena gana el obsequio.

Y los desconcertantes hechos continuaron sucediendo: el camión de mudanzas en que fue transportada la momia, una vez estacionado y sin motivo aparente, dio marcha atrás y atropelló a un peatón. Uno de los cargadores tropezó y el ataúd le rompió una piedra, mientras que el otro, un hombre de escasos 30 años, falleció dos días después por un infarto.

La momia fue instalada en la Sala de Egiptología del museo. Los guardias comenzaron aquella noche a escuchar golpeteos y sollozos que parecían provenir del interior del ataúd. Todo el personal del museo comenzó a tenerle miedo a la tenebrosa princesa egipcia, al grado que el personal de intendencia se negaba hasta a sacudirla. Pero nunca falta un valentón, quien haciendo burla de todos los cobardes, fue y pasó el plumero con fanfarronería por el rostro de la momia. El castigo no se hizo esperar y dos días después su hijo murió de sarampión.

Ante semejantes hechos, el personal de seguridad y mantenimiento hicieron una protesta ante la dirección, exigiendo que la momia fuese retirada de exhibición. Y curiosamente la petición fue aceptada, ya que mandaron a Amen-Ra, la sacerdotisa egipcia a  las frías bóvedas del museo, bajo la única supervisión del jefe de bodega.

Los hechos continuaron, la maldición llegó hasta uno de los peones que efectuaron la mudanza, quien cayó seriamente enfermo, y el mismo encargado de la bodega fue encontrado sin vida en su despacho.

Un reportero gráfico, conocedor de los rumores, se aventuró a tomar una fotografía de la tapa del sarcófago y cuando la reveló descubrió para su sorpresa y horror que el bello rostro de la princesa, tallado en la parte superior, se había transfigurado en una cara de facciones repulsivas. Aquello le trastornó tanto que entró en una terrible crisis nerviosa que le llevó al suicidio disparándose un balazo en el corazón.

Este último drama colmó la paciencia del director del museo y por ello le vendió la momia a un coleccionista privado.

Su nuevo dueño, muy interesado en las ciencias ocultas, comenzó a sufrir toda una serie de vicisitudes en su vida privada, por lo cual optó por encerrar la momia en el altillo de su residencia. Como los problemas continuaban, decidió invitar a su hogar a la ilustre fundadora de la teosofía, Madame Blavatsky.

La célebre huésped, quien ignoraba que la tenebrosa momia estaba encerrada en el desván, sintió repentinamente un gran desasosiego y le dijo al hombre que había en la casa una tenebrosa presencia. El la llevó por toda la casa, sin confesarle aún de su adquisición, más ella detectó la siniestra momia y le dijo que ella era la causante de todo, que tenía que deshacerse de ella de inmediato.

No faltó cliente para la princesa, un escéptico arqueólogo norteamericano que pagó por ella un precio exorbitante y se embarcó de inmediato con su preciada momia rumbo a Los Estados Unidos. Pero nunca llegó a su destino. El barco elegido fue el famoso Titanic que se hundió en el océano Atlántico el 15 de abril de 1912 luego de chocar con un iceberg. En esta espantosa tragedia perdieron la vida 1502 personas. La momia egipcia se hundió con todas ellas.

viernes, 8 de julio de 2011

CRISTINA ONASSIS, UNA POBRE MILLONARIA

Cuando el sábado 15 de marzo de 1975 falleció el naviero y multimillonario griego Aristóteles Onassis, su hija Cristina pasó a ser la joven más rica del planeta, ya que su acaudalado padre le dejó una fortuna de más de 500 millones de dólares, además de una flota formada por cincuenta y dos barcos, entre balleneros, cruceros y petroleros. Uno de ellos, un yate de cien metros de eslora, llevaba el nombre de Cristina, y era un regalo que su padre le había hecho cuando cumplió tres años de vida.
Aristóteles Onassis llegó a Argentina provisto de tan solo una maleta y doscientos dólares. Y comenzó trabajando de vendedor de fruta, peón de albañil, empleado de una compañía telefónica y lavaplatos de un restaurante donde iba con frecuencia a comer Carlos Gardel.
Onassis era demasiado cuidadoso con su dinero, así que con sus ahorros logró poner una pequeña tabaquería donde vendía tabaco turco de contrabando. Y fue ahí donde inició toda una serie de estrategias fuera de la legalidad para enriquecerse. Plagió una marca muy conocida, bañó con agua salada pacas de tabaco para cobrar indemnizaciones del seguro y hacía cuanta triqueñuela se le venía en mente para acumular dinero.
Con el tiempo se convirtió en cónsul británico, posición que aprovechó para desviar sustanciosas sumas de dineros oficiales hacia sus negocios privados.
En tiempos de la segunda guerra mundial, compró barcos a precios ridículos y comenzó a negociar con petróleo, incrementando escandalosamente su fortuna día a día.
Ya como todo un gran magnate petrolero, realizó una fuerte inversión en Montecarlo y de nuevo incrementó su fortuna. Era todo un experto en amasar dinero.
De uno de sus tantos amoríos, Aristóteles tuvo un par de hijos, Alejandro y Cristina. Más su heredero falleció en un accidente de avión el año de 1973, por lo cual a la muerte de Onassis, pasó toda la fortuna a manos de su hija Cristina. Ella apenas tenía 24 años.
Su madre había muerto, su hermano también, así que era una huérfana poseedora de una inmensa fortuna.
Cristina tenía la desgracia de parecerse físicamente a su padre, era demasiado obesa, e intentaba enmascarar su desproporcionado cuerpo con ropas muy caras y valiosas joyas. Más siempre se sintió fea y esto la sumía en total depresión.
Antes de la muerte de su padre, cuando tenía tan solo 20 años se casó con un “don nadie”, pero el matrimonio tan solo duró seis meses. Tres meses después de la muerte de su padre, contrajo segundas nupcias con Alejandro Andreadis, heredero de una buena fortuna. Pero pronto se aburrió de él y se divorció. Pocos meses después se casó con un agente de la KGB, más pronto también decidió abandonarlo, dándole como indemnización un buque petrolero y suficiente dinero para pasar bien el resto de su vida.
Pese a su enorme fortuna la joven Cristina se convirtió en una alocada personalidad internacional adicta a toda clase de drogas. Bebía hasta 30 botellas de Coca Cola al día, bebida que le servía para tragarse puños de barbitúricos. Para colmo de males era una adicta sexual, por lo cual pagaba a los hombres para que la llevaran a la cama.
En 1980 realizó un intento de suicidio encontrándose en Nueva York. Y en 1985 se casó por cuarta vez con Thierry Roussel, el padre de su hija Athina. A pesar de que Roussel era hijo de un rico empresario, cuando Cristina le solicitó el divorcio lo indemnizó con 75 millones de dólares.
En noviembre de 1988 Cristina llegó a Buenos Aires, y fue a visitar a una amiga llamada Marina Dodero. Se quedó a pasar la noche con ella. Al día siguiente fue encontrada sin vida en el baño. Dicen que se quitó la vida tomando una sobredosis de barbitúricos.
Qué triste debió de ser la vida de Cristina. Un poco antes de morir había dicho: "Soy tan pobre que solo tengo dinero...".