domingo, 28 de abril de 2013

PUEDO PORQUE PUEDO! (1)


Cuando vi a mi amigo, el empresario dueño de una gran editorial, le dije: "Te estás quedando atrás, te faltan más revistas de otros géneros y además te iría muy bien si haces haces una nueva línea de revistas que incluya videos tutoriales.
Se me quedó viendo, mientras esbozaba una sonrisa que acentuaba aún más el montón de arrugas de su cara, y me dijo con palabras llenas de paciencia.
"Mira Domi, por múltiples problemas que no viene al caso mencionarte, no tengo quien me haga más revistas en este momento, y respecto a tu idea de un video tutorial, quiero decirte que eso es algo muy caro y complicado de hacer".
"¿Caro? ¿Complicado?"- Le replique con un tono un tanto inapropiado - . ¡Por favor mi amigo! Es como cualquier otra cosa, solo es cuestión de trabajo y creatividad. Eso es relativamente fácil de hacer!!!".
Y Don Jaime, mi ilustre amigo, me dijo: "Ok, si dices eso será porque lo puedes hacer, así que si aceptas, encargate de hacerlo y yo te lo pago". Así fue como caí en una vertiginosa historia, en la que aún me encuentro sumergido.
¡¿Cómo me atreví a aceptar realizar algo que jamás en mi vida había pensado hacer?!. Siempre fui arriesgado, atrevido, dinámico y no se cuantas cosas más. Por eso hice todo lo que se me ocurrió hacer en la vida: fui columnista de periódicos, organice muchos eventos con cantantes (Ricky Martin, Chayanne, Mago de Oz, Apocalíptica, T.A.T.U, Juanes, Paulina Rubio, José José y muchos más), subdirector de una cadena de venta de discos e instrumentos musicales, jefe de Recursos Humanos, jefe de Marketing, Label Manager, maestro de una secundaria, locutor de radio, presidente de un grupo juvenil, actor de teatro... pero... ahora me atrevía a aceptar un reto jamás imaginado.
Para comenzar necesitaba filmar videos tutoriales. ¿Había alguna vez realizado un video de esta naturaleza? ¡Jamás!; ni siquiera había tenido en mi vida una cámara fotográfica, mucho menos de video, y ahora me comprometía a hacer una revista con videos tutoriales, para su distribución y venta en todo México y algunas zonas de Estados Unidos. Además de todo lo anterior, había un pequeño problema: ¡No tenía videocámara, ni dinero para comprarla!.
Me sentí verdaderamente abrumado. Podía comprar la videocámara con mi tarjeta de crédito, pero para mí era demasiado dinero. Así que terminé por decidir confesarle a mi amigo que no tenía el equipo para hacer el trabajo.
Mi amigo el empresario me miró sorprendido. Después de escuchar mi confesión, me dijo: -No te preocupes Domi, pásame una lista de todo lo que necesitas, y su costo, y te daré el dinero para que adquieras el equipo.- Luego muy sonriente agregó - Creo en tí y sé que vamos a hacer muy buenas cosas-
Después de semejantes palabras no podía rendirme. Me llené de valor y me dije: "Puedo porque puedo!!!" Y me lancé a la aventura. Así fue como me olvidé de todo (hasta de escribir para este blog) con tal de hacer algo nuevo en mi vida. Ahora quiero compartir contigo un poco de esta experiencia. A ver que te parece.

lunes, 7 de mayo de 2012

SISSI EMPERATRIZ DE AUSTRIA


Max era Duque de Baviera,  tipo bonachón, parrandero y muy alegre, quien tenía una hija muy hermosa que había heredado las mejores cualidades de su padre, superando quizás algunas de ellas. Siendo su pequeña Sissi su hija favorita, el Duque la cuidó con gran esmero fomentándole el amor por los niños, la protección de la naturaleza y el aprecio por los animales.

Max y Sissi pasaban tanto tiempo juntos y se divertían de tal manera que parecían un par de locos por dondequiera que fueran. Por esta razón fue que cierto día su padre le dijo a su adorada niña: “Si tú y yo no hubiéramos nacido nobles, por Dios que andaríamos de maromeros en un circo”.

Aquella niña con el tiempo llegó a convertirse en una bellísima jovencita, a la cual comprometieron en matrimonio, según la costumbre aristócrata, con Carlos Luis, hijo de su tía la archiduquesa Sofía de Habsburgo. Mientras que su estirada y pretensiosa hermana Elena, fue comprometida con el emperador Francisco José, hermano de Carlos Luís. O sea que Sissi y Elena debían casarse con sus primos Carlos Luís y Francisco José respectivamente.

Pero las cosas no sucedieron tal y como se habían planeado; en cuanto el emperador conoció a la hermosa Sissi, se enamoró perdidamente de ella, mostrando una total indiferencia hacia su prometida. Y haciendo a un lado todos los protocolos establecidos, en un suntuoso baile, le declaró su amor a la jovencita y pronto coronó aquél amor correspondido en un matrimonio que hizo época.

Por supuesto que Elena, hermana de Sissi, hizo el gran berrinche por el novio arrebatado, y con ello también le era quitada la corona.

Después de la tradicional luna de miel, Sissi descubrió que tras aquél guapísimo y deslumbrante marido, había un tipo refunfuñón y parrandero, pero ella no se amilanó y puso en juego todas sus astucias y encantos para pulir el  agrio carácter y los deslices del emperador Francisco José, quien al parecer terminó enmendando camino, y haciendo un poco mas soportables sus desplantes.

La unión muy pronto floreció con una niña, y poco tiempo después vino el heredero Rodolfo, que con el pasar del tiempo sería motivo de gran pena.

Pero antes de todo eso se hizo presente la bruja de esta historia, como en todos los tradicionales cuentos de hadas. Era la archiduquesa Sofía, madre del emperador Francisco José, quien representó el odioso papel de la temible suegra.

No dejaba en paz a Sissi ni un solo momento; buscaba todo tipo de pretextos para dañarla y criticarla, poniéndola siempre en mal con su hijo. Detestaba su espontaneidad y sencillez; odiaba sus risas y su felicidad de quinceañera; sin poder soportar que Sissi careciera de los modales propios de la realeza. Vivió aquella primera etapa de casada en sufrimiento y llanto.

 Pero con el tiempo Sissi aprendió a ignorarla y le dio por vivir su vida, tal y como ella lo sentía conviviendo sin reparo alguno con la servidumbre, al grado que se metía a la cocina a ayudarles a preparar la comida, cosa que le valió una tremenda cachetada de parte de su odiosa suegra.

Pero su libidinoso marido no tenía remedio, ya que pese a tener una princesa tan hermosa en el palacio, no perdía la oportunidad de tener sus amoríos con otras damas. Pero no cabe duda que Dios le dio al emperador una mujer más que tolerante, ya que la ocurrente Sissi se volvió su cómplice, ya que solía aconsejarle a su maridito cual mujer sería para él una estupenda amante. Muchas de las cuales incluso luego serían excelentes amigas suyas.

Siguiendo con la tradición de la nobleza, a Rodolfo, hijo de Sissi y Francisco José, lo casaron con una princesa a la que nunca amó. Y después surgió el problema, cuando Rodolfo pretendió divorciarse de su decepcionante esposa, para unirse con la joven y encantadora María Vetsera, a quien amaba con pasión arrebatadora. Pero su padre, el emperador Francisco José no estuvo de acuerdo y le ordenó que rompiera de inmediato aquella relación clandestina. El dolor y la impotencia de Rodolfo fue tan grande, que poco tiempo después aquello culminó en un pacto de amor suicida, que volvió loca de dolor a su madre.

El pueblo adoraba a Sissi, porque nunca perdía la oportunidad de realizar obras benéficas; pero ese amor iba mucho más allá de Austria, ya que hasta el mismo pueblo de Hungría le pidió que se convirtiera en su Reyna.

El 10 de Septiembre de 1898, Sissi salió de el hotel donde se hospedaba en Ginebra, donde pasaba su temporada de vacaciones; en el lago la esperaba un barco en el cual daría un recreativo paseo, cuando de pronto de detrás de un árbol, salió el anarquista italiano Luigi Lucheni, quien fingiendo un tropiezo cayó abruptamente sobre ella encajándole un filoso puñal en el pecho. A Sissy la herida no le pareció muy importante, y pese al incidente continuó con su proyectado paseo, pero vino una hemorragia y un dolor insoportable que la hizo volver sobre sus pasos, para morir poco después a consecuencia de aquella terrible puñalada.

domingo, 1 de abril de 2012

DON LUIS TOUSSAINT, MI VIEJO AMIGO

Don Luís era un vendedor de seguros. Hombre de baja estatura y graciosa apariencia, con el pelo largo y encanecido, y su inseparable sombrero. Era de esos personajes con quien uno simpatiza desde el primer instante. Su enorme optimismo, su sencilla elocuencia y gran amor por la vida permitían que con facilidad, quien le llegaba a conocer de inmediato lo considerara un buen amigo.

Tenía una pasión desmesurada por la música. Disfrutaba a lo loco de Beethoven, de Bach, de Vivaldi, pero sobre todo de las creaciones de Mozart. Deliraba con las sinfonías, entraba en éxtasis con los conciertos de piano y se ponía a bailar con las hermosísimas sonatas.

Llamaba mi atención para que escuchara detenidamente algún delicioso pasaje de una obra, parecía como si todas las creaciones del gran maestro de Salzburgo fueran de su total dominio. Cantaba las áreas de las óperas, simulaba tocar el piano e incluso aparentaba ser un magnífico director de orquesta.

Era como un mágico personaje, como un profeta que allanaba los caminos de los grandes maestros. Y no le costaba trabajo conseguir nuevos adeptos. Yo fui uno de sus conversos.

Primero lo ví como un excelente cliente, le vendía tantos discos!, que celebraba cada una de sus visitas; después aprendí a apreciarlo como amigo. Porque eso era, un excelente amigo portador de buenas nuevas. Había mucho que aprenderle..

Recuerdo que un día, hablando de tantos idiomas que hay en el mundo me dijo que el inglés era el idioma de los negocios, el italiano idioma ideal para cantar, el alemán más que propicio para insultar a la gente, el francés el idioma perfecto para el amor… ¿Y el español? – me atreví a interrumpirle- ¡Ah!, ese es el idioma perfecto para hablar con Dios.

Don Luís tenía un estudio saturado de discos y libros. Un valiosísimo tesoro que había logrado reunir durante años y años de su vida. Me sentí realmente fascinado, y él como un niño que presume sus juguetes con desbordante alegría. Una inmensa colección de discos de acetato. Joyas valiosas adquiridas aquí y allá, que me eran totalmente desconocidas.

Su familia también era algo especial. Mientras comían todos contribuían a completar un enorme rompecabezas que tenían sobre la mesa. Para lo cual eran unos auténticos expertos. Las paredes del comedor lucían grandes cuadros de piezas diminutas que eran auténticos monumentos a la paciencia.

Tiempo después deje de ver a Don Luís. Se me hizo muy extraña su ausencia. Más un día lo vi llegar acompañado de su hijo Lorenzo. De inmediato me dí cuenta que estaba enfermo. Muy delgado y demacrado, con los largos cabellos ahora en desorden y la ropa colgando porque ya no era de su medida.

Lo saludé con gran afecto, agregando un adicional abrazo, pues sentí que esta vez lo necesitaba y merecía. El me miró muy sonriente, aparentando estar tan feliz como siempre. Más al rato, así como quien comenta algo sin mucha importancia, me confesó que le habían descubierto un tumor cerebral y este era inoperable. Tenía poco tiempo de vida.

Me quedé mudo de la sorpresa. Su hijo se apartó cabizbajo. Y ante mi angustioso desconcierto; con un derroche de optimismo me dijo: “pero hasta ahora nada ha pasado, sigo aquí lleno de vida. Ponme algo de Mozart que nos hace falta un poco de alegría”.

Don Luís me enseñó muchas lecciones de vida, aún sin proponérselo, aunque a decir verdad fui un pésimo alumno. Así hay personas que pasan a nuestro lado. Casi siempre recordamos a quienes al pasar nos dañan, pero también hay muchos que pusieron una chispa en nuestras vidas.

Después de tantos años, porque hace muchos años de todo esto, quiero decirte amigo Luís, dondequiera que estés, que te sigo recordando con alegría.

EL AÑO DEL HAMBRE

Mi madre era una mujer que le encantaba contar historias, así que ya sabe de donde me viene la herencia; más por desgracia, y pese a que nos repitió algunas de ellas en diversas ocasiones, no se me quedaron grabadas en la memoria. Como lo lamento ahora. Me hubieran servido demasiado, aunque sea para contárselas a todos ustedes.

Muchas de sus historias estaban relacionadas con “el año del hambre”, ahora vengo a saber que fue el año de 1915. Eran tiempos conflictivos, tiempos de la Revolución, donde el pueblo de México la pasó verdaderamente mal.

Aquél año no hubo suficiente frijol, ni maíz y mucho menos trigo. Así que la hoya se quedó sin frijolitos, el comal sin tortillas y el canasto sin pan. Así que ante tales circunstancias todos los mexicanos pobres se llenaron... pero de hambre, mucho más que de costumbre.

Todo aquello vino a causa de una enorme sequía y para completar el cuadro una plaga de langostas atacó la región del sureste mexicano. Dicen que ern tantos los chapulines, que el cielo se oscurecía y cuando bajaban a un terreno, las ramas de los árboles tronaban por el peso de miles y miles de langostas hambrientas, que se comían todas las hojas hasta dejar los árboles en pie con todas sus ramas pelonas. Como se conocían formas de controlar una plaga así, se vieron afectadas gravemente la región sur, central y la Mixteca.

Los hacendados ocultaban sus cosechas con el fin de venderlas a mayor precio y aumentar sus ganancias. Luego llegaron las enfermedades, el tifo y la viruela negra provocando infinidad de muertos, y los campesinos se limitaban a intentar controlar la situación con remedios caseros. Y para colmo de males, estaba la Revolución. Vaya precio que tuvieron que pagar nuestros abuelos para que nosotros tuviéramos un México más libre.

JOHANNES GUTEMBERG Y LA IMPRENTA

Johannes Gutemberg nació entre los años 1394 y 1399 en la ciudad de Mainz, Alemania. Su familia estaba a cargo de la casa de moneda arzobispal, por lo cual eran auténticos expertos en todo lo relacionado con la metalurgia. Y participaban en los procedimientos judiciales para detectar los casos de falsificación.
Por razones un tanto desconocidas, Johannes emigró a Estrasburgo, donde se colocó con gran facilidad entre la gente de sociedad, perteneciendo a la asociación de orfebres, a donde solo podían ingresar los auténticos expertos e involucrados en dicho negocio.
Gutenberg se dedicó al tallado de gemas, la manufactura de lupas y otras artes relacionadas con la orfebrería. Por esos mismos tiempos comenzó a experimentar con tipografía pretendiendo realizar una imprenta. Esto le obsesionó a tal grado que hasta se le olvidaron sus más importantes compromisos, de los cuales uno de ellos le fue luego recordado a través de una demanda por incumplimiento de promesa de matrimonio, promovido por una joven llamada Ennel Tur. No hay nota alguna que nos haga saber en qué paró la demanda, pero Gutenberg siguió obsesionado con hacer una imprenta y los siguientes años no hubo cosa alguna que le sacara su idea de la cabeza.
Más Gutenberg no era el único que trabajaba con la idea de la imprenta. Los hermanos George y Klaus Dritzhen lo demandaron por supuesto plagio de algo relacionado con la tipografía. Aunque también sobre esto no hay grandes referencias que aclaren en que quedó el asunto.
Gutenberg se asoció con un rico comerciante y prestamista de Mainz, Johannes Fust, para terminar en definitiva la creación de su imprenta, misma que partió de una prensa de vinos que se usaba en el valle del Rhin, haciéndole algunas aplicaciones.
La apuración de Gutenberg por realizar su imprenta era que había tantas gentes intentándolo que si no se apuraba, alguien le ganaría la patente y... un lugar en la historia. Más con el apoyo económico de Fust, el año de 1452 quedó terminada la imprenta, una prensa manual, en la que la tinta era aplicada con un rodillo sobre las superficies resaltadas de las letras o tipos colocados en un marco de madera, sobre el cual se prensaba una hoja de papel. ¡Toda una maravilla!. Y con este novedoso artefacto prensaron su primer libro: La Biblia.
Más al parecer hubo por ahí problemas, porque Fust entabló una demanda contra Gutenberg, reclamando el dinero aportado, y terminó este nefasto prestamista por quedarse con gran parte del equipo de trabajo, incluyendo un copioso inventario de tipos, dejando con ello al pobre Gutenberg al borde de la histeria y la bancarrota.
Posteriormente, Gutenberg manufacturó un nuevo equipo de impresión con la ayuda recibida de Conrad Humery, un rico y distinguido Doctor en Leyes, líder del partido popular y Canciller del Concejo.
Durante el saqueo de la ciudad, Gutenberg tuvo que exiliarse, pero regresó trabajando en la corte de Adolfo Segundo, Arzobispo de Mainz, quien se convirtió en su patrón. Más fue tratado siempre como un hombre distinguido y como reconocimiento a sus logros le otorgaban prestaciones tales como vestido y otras provisiones, lo que le evitó pasar mayores necesidades.
Murió el 3 de febrero de 1468 y fue enterrado como un terciario o religioso tercero en una iglesia franciscana que ya no existe.
El invento de Gutenberg se propagó rápidamente y encontró una recepción entusiasta en todos los centros de cultura. Los nombres de mas de 1,000 impresores, en su mayoría de origen alemán, han llegado hasta nosotros desde el siglo Quince. Muchos de ellos fueron discípulos de Gutenberg o ayudantes en la casa de impresión Gutenberg-Fust.
El uso de la imprenta se extendió por toda Europa y provocó una revolución cultural, al permitir que disminuyeran los precios de los libros y poner el conocimiento al alcance de las masas. Fue decisivo en el surgimiento del Renacimiento, de las identidades nacionales al popularizarse textos no latinos y de las revoluciones políticas de ese continente. La imprenta cambió la conciencia de la Humanidad.
El sistema desarrollado por Gutemberg permaneció como estándar hasta el siglo Veinte. A lo largo de los siglos se desarrollaron nuevas tecnologías de impresión basados en la imprenta de Gutemberg, como la imprenta de vapor, el linotipo, el monotipo y la impresión en offset.
En Mainz existe actualmente un museo que recrea la imprenta y el taller de Johannes Gutemberg, su ciudadano más ilustre.

LA ESCALERA ELÉCTRICA

Jesse Wilford Reno, quien nació el año de 1861 en la ciudad norteamericana de Kansas, tenía tan solo 16 años, cuando invento una escalera inclinada y móvil; todo como un instrumento de diversión, y sin que le diera mayor importancia. Después de graduarse como ingeniero en Pennsylvania, fue contratado para construir la primera vía ferroviaria eléctrica en el sur de los Estados Unidos.

El año de 1891se le ocurrió patentar su vieja escalera, misma que fue instalada como un juego mecánico, 4 años después, en un parque de diversiones en Coney Island, Brooklyn.

El éxito fue abrumador, más de 75 000 personas se subieron durante dos semanas a la escalera eléctrica, cuya única diversión era subir y bajar en ella. Unos años después, otro inventor llamado Charles Seeberg, desarrolló una variante de dicha escalera, con escalones de madera y ambos inventos fueron presentados el año de 1900 durante la Exposición Internacional de París.

La compañía de Elevadores Otis compró ambas patentes y en 1920 sus ingenieros, combinaron ambos diseños para crear la escalera eléctrica moderna, misma que resultó ser un magnífico negocio cuando se le dio la utilidad práctica que usted bien conoce. Y todo comenzó... como un sencillo juego de feria.

EL AVE FENIX

En los hermosísimos jardines del paraíso terrenal; ahí precisamente bajo el árbol de la sabiduría, creció un singular y hermosísimo rosal. Al abrirse la primera de sus rosas, de ella surgió un pájaro, cuyo vuelo era como un rayo de luz, su plumaje de luminosos y arrebatados colores y un canto arrobador que conducía al éxtasis a todo el que lo escuchaba.
A Eva le fascinaba aquélla ave majestuosa, por ello acudía con frecuencia a aquél rincón del Paraíso. La sabiduría no era de su mayor interés, para que no vaya a pensarse que le atraía demasiado el afamado árbol que propició tantos conflictos.
En una de aquellas escapadas que se daba para escuchar el canto de aquella ave maravillosa, apareció por ahí la serpiente provocando la historia que usted ya tiene por demás de conocida, y que como también usted lo sabe, terminó con la llegada de un ángel que con espada desenvainada, y que no era una espada cualquiera, porque era de fuego, echó fuera del bellísimo recinto a Eva por seductora y a Adan por alcahuete. Y no dude usted de que haya sido acuñada en aquél momento la frase de que “tanto peca el que mata la vaca, como el que le estira la pata”, misma que seguramente salió de la boca del ángel furibundo ante los reclamos del padre Adán cuando le alegó “y yo porqué?”.
Pero por favor no nos salgamos del tema. En uno de aquellos movimientos intimidatorios que hizo el colérico angelito, las chispas volaron aquí y allá desde su espada y una fue a caer directamente sobre el nido del hermoso pájaro que ardió de inmediato cual si hubiese caído sobre él todo el fuego del infierno. La pobre avecilla murió abrasada; pero por obra divina, porque no se explica de otra manera, estaba al parecer empollando un magnífico huevo; el cual con el fuego se puso al rojo vivo, y al romperse de él salió un ave aún más hermosa y reluciente: la llamada “Ave Fenix”.
Esta ave mitológica. Dicen que es semejante a un águila, de bellísimo plumaje color naranja, rojo y oro, y con una cresta que la hacía aún más fantástica. Relata Herodoto, el afamado historiador griego, que el jamás vio este maravillo pájaro, más que en pinturas, aunque no dudaba de su existencia. Decía que sólo visitaba el país cada 500 años; precisamente cuando el ave sentía que llegaba el momento de su muerte. Entonces realizaba un vuelo majestuoso que abarcaba todo el cielo conocido, viendo todos los bosques, que revisaba cuidadosamente hasta encontrar el árbol más alto para posarse y hacer su nido. Lo construía con hojas de plantas aromáticas: menta, ruda, eucalipto, casia, nardos, cinamoro, mirra y resina de pino. Después de realizada su hermosa obra, entonaba su hermosísimo canto invitando al sol para que enviara el fuego entre sus rayos.
El nido ardía como aromática y celestial ofrenda y el ave se consumía volviendo luego a resurgir renovada de sus cenizas, misas que tomaba entre sus garras, antes de emprender el vuelo, para luego dirigirse a la mítica ciudad de Helióplois, donde habría de depositarlas a manera de ofrenda en el altar del templo consagrado al sol.