lunes, 8 de junio de 2009

LOS MILAGROS DE MAHOMA

Los seguidores de Mahoma estaban tan convencidos de su santidad que guardaban el agua con que se lavaba, su cabello y su saliva, con la plena convicción de que con todo ello se podía hacer milagros. Mahoma en realidad nunca quiso pasar por un hacedor de milagros, aunque se dice que realizó cosas asombrosas durante su vida.
Ya desde el momento mismo de su nacimiento se narran hechos extraordinarios. En el momento del alumbramiento, su madre fue iluminada por una luz celestial tan poderosa, que cubrió toda la ciudad de Medina y se pudo percibir hasta la lejana Siria. Afirman además que era un gran profeta. Supo de la muerte de una persona antes que llegaran las noticias de que esto había acontecido; además adivinó el pensamiento de unos judíos que pretendían envenenarlo. Un hombre llamado Abdul Jahl, quien era su enemigo, lo maldijo, pero no pudo regocijarse de ello, ya que casi de inmediato perdió el habla. Mahoma se compadeció de él, pero aquél hombre tenía el corazón tan endurecido, que en cuanto las palabras volvieron a su boca, maldijo de nuevo al profeta. Después tomó piedras y se las arrojó al santo, pero llegó el castigo divino y su mano se retorció quedándole totalmente incapacitada de movimiento.
Además se le atribuye a Mahoma un milagro muy similar al realizado por Jesús con cinco panes y dos peces. En el caso de Mahoma, un día alimento a 1000 hombres con la carne de una sola oveja.
Pero no fue solo Mahoma el de los milagros, sino que estos también se presentaron en algunos de sus fieles seguidores. Mohamed Ben Isá fundó la orden de los Isáwiyyah, y en cierta ocasión fueron ante él unos discípulos hambrientos para suplicarle que les diera de comer. Mohamed les instruyó con gran amor sobre poner su corazón totalmente en Alá y no preocuparse por lo que debían de comer. Les dijo a sus discípulos que debían mostrar plena confianza y comer cualquier cosa que se encontraran en el camino. Los discípulos se marcharon y comieron piedras, serpientes y alacranes, y de todo ello comieron, sin problema alguno, porque contaban con la bendición del maestro Mohamed. Esto sucedió por el año 1500. Pues bien, trescientos años después, en el año de 1868, un viajero alemán llamado Maltzan, descubrió una comunidad religiosa en Marruecos que mantenía viva dicha tradición. Tras realizar una serie de danzas ceremoniales, comían serpientes y alacranes vivos; para luego continua con pedazos de vidrio, agujas y otras barbaridades, que comían con gran entusiasmo y sin que les pasara absolutamente nada.

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