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miércoles, 22 de septiembre de 2010

MARK INGLIS, SIN PIERNAS, CONQUISTA EL EVEREST

A Mark Inglis siempre le agradó subir montañas. Se convirtió con el tiempo en guía y maestro de noveles alpinistas y de esta forma mantenía a su familia. Pero el año de 1982, intentando alcanzar la cima del Monte Cook, el monte más alto de Nueva Zelandia, él y su compañero fueron atrapados por una fuerte tormenta. Intentaron encontrar un refugio, pero Mark resbaló cayendo a una profunda grieta.
La drástica situación del clima hizo que todos los esfuerzos por rescatarlo en los siguientes días fueran totalmente inútiles. Llegar hasta donde Mark se encontraba implicaba demasiado riesgo. Pero la empresa parecía totalmente imposible mientras el mal tiempo continuara azotando la cumbre.

Mark totalmente malherido sabía que estaba a un paso de la muerte. Conforme fueron pasando los días, sus pies comenzaron a entumirse, y por más intentos que realizó, frotándolos frecuentemente con sus manos, éstos comenzaron a ennegrecerse, convirtiéndose en pedazos de carne congelada. Mark entendía muy bien lo que estaba pasando, pero no podía hacer absolutamente nada por remediar la situación.
Catorce días después del accidente, cuando la tempestad amainó y el clima se volvió benigno, Mark fue rescatado. Los médicos que lo examinaron en el hospital, se dieron cuenta que la situación de Mark era demasiado grave, y por ello aquél día, decidieron por unanimidad cortarle las piernas, un poco más arriba de ambas rodillas. Mark fue notificado de la decisión y la aceptó; tenía que aceptarla, no había otra salida, ya que de no hacerlo moriría a causa de la gangrena.
Definitivamente fue un golpe duro, y aquél día lloró; cosa rara en él, que siempre se había mostrado como un hombre inquebrantable. Y fue un hecho tan extraño, que después, reflexionando, no pudo recordar que hubiera llorado otra vez en su vida.
Quién se sintió quizás aún más abatida fue su esposa. Mark siempre había sido un hombre fuerte, atrevido, arriesgado e indomable. Y aquella seguridad que su esposo había mostrado siempre, le permitió escalar hasta la cumbre de muchas montañas, manifestando que no había nada que pudiera doblegarlo. Y ahora… ahí estaba tirado en una cama de hospital con las piernas amputadas.
Su vida jamás sería la misma. ¿Cómo podría un hombre como su esposo, todo un conquistador del mundo, aceptar sin derrumbarse aquél golpe bajo de la vida?
Pero a Mark ni su esposa lo conocía lo suficiente. Apenas sanaron las heridas y le pusieron sus prótesis, agarró su mochila y caminando con bastantes dificultades se fue rumbo a la montaña. Todos se dieron cuenta que a Mark le habían cortado las piernas, pero no le pudieron cercenar las alas.
Día con día, mostrando una entereza y coraje sin medida, Mark intentó subir las pendientes y los riscos, tal y como lo hacía antes del fatal accidente. Hubo necesidad de reaprender lo antes aprendido, y de dominar con aquellos pies de metal los caminos antes recorridos.
En el 2002 se sacó la espina colocando su bandera en la cumbre del Monte Cook, el mismo que diez años atrás había parecido vencerle. Y dos años después alcanzó la cumbre del Cho Oyu. Más nada de todo esto fue suficiente. El primero de abril del 2006, Mark Inglis, llegó al Tibet. Con toda la intención y el firme propósito de realizar la más grande hazaña de su vida. A nadie quería demostrarle nada. Ni pretendía anotar un record nunca antes logrado. Simplemente buscaba dar cumplimiento al más grande sueño que alimentaba su vida: “escalar el monte Everest”.
Cientos de alpinistas sin problemas físicos han fallado en el intento. Incluso muchos de ellos han muerto intentando escalar la cumbre más alta del planeta. Mark estaba totalmente conciente de todos esos riesgos; pero no había nada que pudiera detenerlo. Ni la angustia de su esposa, ni el pesimismo de ciertos amigos. Así que después de una semana de aclimatación; formando parte de un grupo de expertos alpinistas, emprendió el ascenso.
La escalada estuvo plagada de dificultades, aunque todo ello dentro de lo previsto. Mark Inglis se cansó demasiado, pero su ánimo se mantuvo siempre de pie obligándolo a seguir adelante. A los 6.400 metros de altitud se le dañó una de las prótesis diseñada en fibra de carbón. Le pidió a sus compañeros que siguieran adelante, que lo dejaran ahí a medias del camino. Para todos fue doloroso el ver que Mark quedara ahí por una falla de su prótesis, pero ellos no podían detenerse, y Mark muy bien que lo entendía, así que, después de desearle la mejor de las suertes continuaron su ascenso hacia la cumbre.
Pero Mark no pensó en ningún momento en regresar. Poco después, mientras sus compañeros descansaban en su siguiente refugio, hablando precisamente de la pena que les provocaba que Mark se hubiese quedado en el camino, de pronto lo vieron llegar arrastrándose hasta el refugio. La verdad es que jamás detuvo su camino. Se vino tras de ellos, a veces cojeando, a veces de rodillas e incluso arrastrándose, pero no hubo absolutamente nada que pudiera detenerle. Para todos aquellos alpinistas aquél momento quedaría en sus mentes como uno de los momentos memorables de sus vidas.
Para fortuna de Mark y alivio de todos, se logró solucionar temporalmente el problema de la prótesis y continuar con todos los del equipo el ascenso.
Después de 40 días de haber iniciado la peligrosa aventura, el 15 de mayo del 2006, Mark Inglis le llamó a su esposa para decirle: “Ann, estoy en la cumbre del Himalaya. Lo he logrado. Ahora iniciamos el descenso”. La recepción de la señal fue muy mala, pero su esposa entendió muy bien el mensaje.
En Nueva Zelanda la noticia fue todo un suceso. El primero que llegó a la cumbre del Monte Everest fue Edmund Hillary, también de Nueva Zelanda. Era el año de 1953. 53 años después, Mark Inglis, originario de este país, repitió la hazaña, siendo el primero en llegar a esta cumbre tan alta, teniendo amputados sus pies. Algo que no fue imposible sencillamente porque era un hombre con alas.

viernes, 23 de octubre de 2009

KEEGANREILLY CAPACITADO PARA LO INSÓLITO

Keegan Reilly, perdió sus piernas en 1996, a causa de un accidente automovilsítico. Había pasado la vida cazando y pescando junto con sus tres hermanos a los alrededores de su pueblo, Soldotna, al sur de Alaska. Y aquél accidente lo abatió fuertemente, más no se dio por derrotado. En cuanto le fue posible volvió a realizar las actividades a que estaba acostumbrado, aunque ahora con mucho más dificultad.
Se decidió a vivir su vida realizando todos sus sueños, sin que su discapacidad se convirtiera en un obstáculo para ello. Al poco tiempo comenzó a practicar kayak, a esquiar con un monoesquí, y a escalar cerros con una bicicleta de cuatro ruedas fabricada especialmente para este fin.
En el verano de 2001, junto con su tío John y varios amigos, en seis días alcanzó la cima del monte Elbert que, con 4 399 metros de altura, es el segundo más alto de las Montañas Rocallosas, en el estado de Colorado. Lo hizo con su cuatriciclo especialmente diseñado para él.
Al año siguiente, con su mismo grupo de amigos, y otros escaladores parapléjicos, llegó a la cumbre del monte Shasta de 4,318 metros, al norte de California. Después decidieron emprender la gran aventura intentando escalar el monte Fujiyama del Japón. Su equipo de escaladores, llamado Brazo Fuerte por lo insólito de sus hazañas, fue patrocinado por varias empresas e instituciones, entre ellas la Universidad de Oregón, donde Keegan estudia computación. Durante todo un año se mantuvieron en intensa preparación y entrenamiento. El asenso no sería nada fácil, así que era necesario poner todo el empeño posible para que las cosas salieran bien.
Al llegar a Japón se toparon con el gran obstáculo de que no estaba permitido escalar con bicicletas. Es un monte sagrado y exigen un total respeto. Pero ante el tenor de la situación el permiso fue concedido.
El ascenso fue extremadamente difícil para Keegan. El suelo está cubierto por magma endurecido, hay demasiadas rocas puntigudas y una superficie demasiado escabrosa que planteó demasiados problemas para el paso del triciclo en el cual trepó Keegan. Se calcularon seis días para lograr llegar a la cumbre, pero debido al gran esfuerzo de Keegan lograron llegar a la cumbre un día antes de lo previsto. Pese a la rotura de la dirección del cuatriciclo y otros problemas bastante difíciles de sortear.
Al llegar a la cumbre, todos le rindieron un tremendo aplauso a Keegan, despues todos ellos se unieron en una plegaria en el pequeño santuario de madera. Y para festejar, alzaron el cuatriciclo y lo hicieron girar por el aire. Pero una victoria no se alcanza sino hasta haber descendido de la montaña. Así que luego de la euforia, vino el penoso desenso. Keegan confesó posteriormente a la prensa que estaba muy cansado, pero también contentísimo. Dice que le cotó muchísimo en todos los sentidos, pero que lo hizo tan sólo para mostrar a los demás de todo lo que es capaz de hacer y para alentar a otros a hacer lo mismo.
Terminó anunciando que su próxima meta es el Aconcagua. Con todo esto concluimos que logra mucho más un discapacitado con metas que una persona normal sin meta alguna. ¿No le parece ?

viernes, 24 de octubre de 2008

DISCAPACITADOS CON CAPACIDAD DE AMAR

Hace algunos años, en unos juegos paraolímpicos para minusválidos en Seattle, nueve contendientes, todos ellos con deficiencias físicas o mentales, se alinearon en el punto de salida para iniciar una carrera de los cien metros planos.
Al sonido de la pistola, todos empezaron a correr, no como unos corredores normales, más sí con el deseo de dar lo mejor de sí, poniendo todo su esfuerzo en la competencia. La gente reunida en el estadio los animaba con una buena cantidad de ovaciones, y todos ellos se sentían sumamente motivados. Pero de pronto, uno de los niños competidores, tropezó y cayó al suelo, para luego romper a llorar.
Los otros niños, al oír el llanto del niño que resbaló, se detuvieron al percatarse de lo sucedido. Entonces, para sorpresa de todos los espectadores, todos los niños regresaron ante su compañero caído. Una niña con el síndrome Down se agachó y besándole le dijo: “Esto te hará sentir bien”, lo ayudaron a levantarse y juntos, abrazados unos con otros, se fueron contentos hacia la meta. Esa vez, todos ganaron.
El público asistente les brindo una estruendosa ovación. Aquella tarde esos niños mostraron al mundo lo que es tener un corazón de oro.

martes, 14 de octubre de 2008

FRIDA KAHLO

Frida Kahlo nació en Coyoacán el 16 de julio de 1907. Su padre alemán y su madre mexicana. A los seis años de edad fue atacada por la poliomelitis, misma que le dejó una pierna más delgada que la otra y el pie derecho deformado. Caminaba con dificultad y por ello fue objeto de las burlas de sus compañeros de escuela, quienes la apodaron “La coja”
Cuando contaba con quince años de edad, llegó a la escuela preparatoria donde ella estudiaba, Diego Rivera, el gran muralista mexicano, con el encargo de pintar un mural en aquél recinto. El encuentro entre Frida y Diego marcaría su vida, ya que fue tal la fascinación que sintió ante el desarrollo de la obra de Rivera, que poco tiempo después ella tomó clases de dibujo en un taller que había cerca de su escuela.
Cuando apenas tenía 18 años, un tranvía embistió el autobús en que viajaba y resultó gravemente herida: se quebró la columna vertebral en tres partes, lo mismo que la clavícula, varias costillas, la pierna (con once fracturas) y el pie derecho. Además de todo lo anterior, un tubo le atravesó la cadera produciéndole una triple fractura que le impediría tener hijos.
Después de aquél accidente, Frida permaneció muchos meses postrada en cama, enyesada prácticamente de pies a cabeza. Fue entonces cuando pidió a su padre que le llevara un lienzo, la paleta y los pinceles, para iniciar la gran obra de su vida.
Jamás se recuperó del todo. Fue sometida a 32 operaciones, pero nunca lograron darle una total rehabilitación.
Alguien por ahí le pidió a Diego Rivera que la visitara en el hospital, para que conociera las primeras creaciones de Frida. Los comentarios fueron muy alentadores. A diego le gustó la obra de Frida y le alentó a proseguir. Frida quedó deslumbrada con Diego Rivera y dicen que ahí se enamoró de él.
Poco después se inició el noviazgo. Ella una mujer menuda de hermosas facciones, él tosco y bastante feo, pero aún así en 1929 se cazaron formando una de las más tormentosas parejas de que se tenga noticia. Diego era un mujeriego empedernido, que se relacionaba con cuanta mujer se le ponía enfrente, incluyendo a Cristina, la propia hermana de Frida. Más ella no se quedó atrás y le fue infiel en diversas ocasiones a su marido. Y él lo sabía.
Aceptaron en su casa a León Trostky, el líder comunista que huía de su rival político José Stalin. Y este se convirtió en amante de Frida (poco después fue asesinado en la casa de Diego y Frida).
De ella también se mencionan sus relaciones amorosas con mujeres destacadas, entre las cuales se mencionan a la actriz Dolores del Río y María Félix; quien fue incluso amante de Diego.
Frida y Diego se divorciaron en 1939 y volvieron a cazar el año siguiente. Pese a los grandes problemas que tuvieron como pareja, ellos siempre dijeron el uno del otro que eran “el gran amor de su vida”
En cuanto a la obra de Frida, siempre mostró una gran obsesión por los autorretratos, mismos que mostraron en toda ocasión una gran dosis de sufrimiento y angustia, la imagen de un ser atormentado tanto física como emocionalmente. Entre ellos destacan uno llamado “El ciervo herido”, otro donde muestra su cuerpo desnudo aprisionado por un corsé metálico y las vértebras de metal al descubierto. Realizó un cuadro más en donde aparece su inconfundible rostro con una imagen de Diego en la frente.
Cerca del final de su vida, la obra de Frida fue expuesta en la ciudad de México. En esos tiempos ella estaba en cama, más pidió ser llevada a las instalaciones de su exposición en una camilla, para platicar y contar chistes colorados con los visitantes.
Un poco después se le amputó una pierna, pero esto ya fue demasiado para ella. El 13 de julio de 1954 Frida Kahlo fue encontrada muerta en su habitación. Por ahí se dice que se suicidó.
Baja el Audio en MP3

miércoles, 24 de septiembre de 2008

ITZHAK PERLMAN UN VIOLINISTA ADMIRABLE

Itzhatk Perlman es considerado uno de los más grandes violinistas de la actualidad, más alcanzar este logro no le ha sido nada fácil, ya que cuando era niño fue atacado por la poliomelitis y esto le afectó de tal manera que debe llevar abrazaderas en ambas piernas y caminar con la ayuda de muletas.
Camina penosa y lentamente e impresiona por ello ver las grandes dificultades que debe enfrentar para llegar hasta su lugar en el escenario. Después se sienta y lentamente pone las muletas sobre el piso, abre los broches de las abrazaderas en sus piernas, recoge un pie y extiende el otro hacia adelante. Después se inclina y recoge el violín, lo pone bajo su barbilla, hace seña al Director y procede a tocar.
El 18 de noviembre de 1995 realizó todo este penoso procedimiento para dar un concierto en el salón Avery Fisher del “Lincoln Center”, en la ciudad de Nueva York. El público asistente permanecía silenciosamente sentado y respiró con gran alivio cuando Perlman logró tomar su violín e iniciar aquél concierto inolvidable.
Al adentrarse por aquellos impresionantes pasajes de la obra que interpretaba, de pronto sucedió algo inusitado: Se escuchó un agudo estallido rompiéndose una de las cuerdas de su valioso instrumento.
Los que estaban ahí esa noche tal vez pensaron: “Va a tener que ponerse de pie, abrocharse las abrazaderas, recoger las muletas, y cojear hasta a fuera del escenario para encontrar otro violín u otra cuerda”.
Pero no fue así. En su lugar, el espero un momento, cerró sus ojos y después hizo seña al Director para continuar con el movimiento de la obra. La orquesta empezó y él tocó desde donde había parado. Y tocó con tanta pasión, con tanto poder y con una claridad que nunca antes nadie había escuchado.
Claro, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Pero esa noche Itzhak Perlman se rehusó a saberlo. Todos observaron como aquél virtuoso deslizaba rápidamente sus dedos de uno a otro lugar para encontrar los sonidos que requería, cambiando y recomponiendo la pieza para afrontar con decisión uno de los retos más grandes de su vida.
Al terminar, había un silencio impresionante en el salón. Después la gente se levanto y lo aclamó. Una explosión de aplausos inundó todos los rincones del auditorio. Su público se puso de pie gritando y aclamando, haciendo todo lo posible para mostrar cuanto apreciaban lo que él había hecho.
Itzak sonrió, se secó el sudor de las cejas, después levantó la mano solicitando un poco de silencio para luego decir: “Ha sido muy importante para mí descubrir que podía salir adelante con los popcos recursos que tenía a la mano”.
Itzak Permaln demostraba una vez más que su vida ha sido un reto constante, y que con lo poco que la vida le dio siempre consigue realizar una obra maestra.

domingo, 15 de junio de 2008

VER POR PRIMERA VEZ



¿Cómo cree usted que reaccionaría una persona de aproximadamente 30 años, que hubiera sido toda su vida un invidente y de pronto, gracias a una intervención quirúrgica, tuviera la oportunidad de ver por primera vez?
Quizás usted piense que caería de rodillas dando gracias a Dios por el milagro, o tal vez saldría brincando y gritando lleno de júbilo por el don recibido, más nada de esto es común cuando suceden este tipo de casos. En la actualidad, gracias a los avances de la ciencia y la medicina, muchos invidentes han logrado obtener la vista y sus reacciones no crea usted que fueron en todos los casos positivas.
En primer lugar hay que aclarar que después de la intervención y un poco de convalecencia, no se le quitan al paciente las vendas de los ojos y ya está listo para gozar de las maravillas del mundo. Se requiere de un apoyo psicológico profesional, para que el paciente logre adaptarse positivamente a su nueva forma de vida. Es un proceso en el cual poco a poco se irán descubriendo sus ojos a la luz. Aunque estos ya tengan toda la capacidad para ver las cosas de su entorno, su cerebro no tiene la información apropiada para asimilar el entorno.
En primer lugar su visión será borrosa y deficiente, más cuando su cerebro logre procesar la dimensión y formas de las cosas que le rodean, se requiere de un apoyo informático para darle a conocer que es cada cosa que ve. Este proceso puede provocar un estado emocional caótico, que podría llevar a la persona a una difícil situación anímica, al grado que prefiera cerrar los ojos para volver nuevamente a su anterior estado de invidencia.
El Dr. Marius Van Senden, nos relata sobre este tipo de situación en algunos de sus pacientes, que después de una intervención quirúrgica lograron recuperar la vista. Nos dice que un nuevo vidente es un “analfabeta visual”, alguien que tiene que aprender el significado de lo que ve. Es como aprender un nuevo lenguaje de formas y colores. Todo se vuelve un complejo crucigrama que deben de resolver. Por ejemplo, les es imposible entender la profundidad de los espacios, las luces y las sombras. Caminar con los ojos abiertos les es mucho más difícil que con los ojos cerrados. No entienden siquiera lo que es el rostro de una persona. Hasta que la ven hablar se dan cuenta por la boca salen las palabras. Se sienten confusos y asombrados de que todas las personas sean diferentes fisicamente. Y por supuesto que les es totalmente absurdo el entender nuestros conceptos de la belleza. Una mujer de belleza escultural, no le resultará más hermosa que una mujer obesa y de rostro desagradable.
Y aunque todos los nuevos videntes pasan por una etapa crítica antes de adaptarse a su nueva situación, al final prácticamente todos terminan por adaptarse y vivir agradecidos por el inmenso don que es tener la vista. A partir de ese momento, al abrir por las mañanas los ojos, siempre traen consigo una sonrisa, sintiendose inmensamente agradecidos, de un bien que por desgracia nosotros ya ni siquiera sabemos lo que esto significa.