miércoles, 29 de junio de 2011

EL GORRION AJUSTICIADO

Para Los empleados de la compañía de televisión Endemol de la ciudad holandesa de Leeuwarden, aquél día de noviembre del año 2005 era un día de júbilo. Todos ellos, con extrema delicadeza y una enorme paciencia trabajaban pacientemente construyendo un castillo gigante compuesto por 3.992.397 piezas de dominó. Una labor que les otorgaría por segundo año consecutivo el afamado record Guinness, superando el anterior con 300,000 piezas más. La prensa y por supuesto la TV estaban presentes en el momento culminante, para dar fe de tan gloriosa hazaña.
El trabajo había sido arduo. Intensas semanas de trabajo y preparación habían dado como resultado una magnífica construcción de grandiosas proporciones, convertida en un soberbio monumento  que les permitiría alcanzar la gloria mundial, sintiendo que estaban construyendo la gran obra de su vida.
De vez en vez, aquellos afanosos constructores de lo efímero, se detenían a contemplar extasiados su obra, y sonreían satisfechos al sobrepasar sus propios límites. La obra era muy hermosa, algo verdaderamente genial y sorprendente. Habían cuidado hasta el más mínimo detalle y ahora, ya para dar el toque final, saboreaban las mieles de la gloria que tocaban a la puerta de aquél recinto.
Más de pronto, un pequeño pajarillo, un simple gorrión de los que tanto abundan en la comarca, entró por una ventana medio abierta. Los constructores lo miraron con espanto. La adrenalina les recorrió de pies a cabeza y contuvieron la respiración. Se sentían imposibilitados para expulsar a aquel indeseable intruso de la habitación, sin que alguno de sus movimientos pudiera dañar la obra. Ahí no se podía gritar, ni caminar de prisa, ni hacer movimientos bruscos, porque cualquier resonancia, cualquier pequeña corriente de aire podía mandar todo al suelo.
Hicieron algunos movimientos con las manos intentando que la avecilla regresara por donde vino, pero el pequeño gorrión totalmente desconcertado comenzó a dar giros por la habitación y ante el acoso de los constructores encontró fácil refugio metiéndose por una de las pequeñas ventanas del castillo, más estas eran tan pequeñas, que una de sus alas chocó con una ficha originando la temible catástrofe.
Gran parte del castillo se vino abajo. El gorrión asustado, salió volando estrepitosamente de entre las fichas que se precipitaban hacia el suelo y siguió dando giros de vuelo asustado sin encontrar la salida.
Uno de los constructores, explotando de ira salió corriendo de la habitación y trajo de su casa, que estaba cerca, un arma de aire comprimido. Volvió de inmediato y después de varios disparos, dio muerte a la intrusa avecilla.
Después se sentaron a lamentar su tragedia, mientras los periodistas escribían presurosos la insólita nota para difundirla en sus respectivos medios.
Ante todo esto viene a la mente la sabia frase de San Juan de la Cruz: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La verdad es que yo pienso que valía mucho más la vida del gorrión que su efímero castillo de fichas de dominó. O usted que opina?

1 comentario:

Pablin dijo...

Le gustaría saber que opino? Hoy en día, con una sociedad cada vez mas al reves, en donde importa mas la vida de una pulga que la de un ser humano, importa mas lo que tenga verdadero valor.

Las redes sociales han convertido una causa justa y bella como el amor a los animales en una moda absurda y barata, donde cualquier pelagato que acostumbra a comer kilos de hamburguesas, perros calientes y demas, al año, sale con un cartel tipo PETA solo por salir del monton de plebeyos en el cual estamos la mayoría.

Muchas gracias por el espacio ;)