viernes, 30 de septiembre de 2011

EL APLAUSO

El gran reto para cualquier encargado de personal es, sin lugar a dudas, el mantener motivado a su equipo de trabajo. Una labor nada fácil, que bien conocen quienes han enfrentado un puesto de esta naturaleza.
Mantener el espíritu en alto, logrando conciliar a todos los integrantes del equipo, es una misión prácticamente imposible. Hay personas que son inseguras, desconfiadas, resentidas o simplemente rebeldes por naturaleza.

Lo más común es que un jefe emplee su autoridad (fuerza) para lograr que se hagan las cosas. Muchos recurren a la presión constante, al regaño, a las amenazas y los castigos. Por supuesto que cuando se emplean estos métodos arcáicos, hasta los buenos elementos terminan por renunciar, provocando que la empresa jamás tenga un equipo de trabajo íntegro y eficaz, manteniéndose siempre con unos resultados bastante desalentadores.

Pues bien, cuenta un directivo de una empresa, que después de varios fracasos en sus intenciones por motivar e integrar a su gente, decidió cambiar su estrategia. Normalmente les hacía una junta semanal de dos horas. Más esta vez cambió su estrategia por una junta de diez, quince minutos máximo, pero todos los días. Si la junta semanal era siempre para reprochar y regañar, por todo lo que se hacia mal o se dejaba de hacer; la nueva junta tendría como base principal el resaltar los logros de cada día. Aún con tan sólo 15 minutos que se les pidió a los miembros del personal, contando con la notificación de que la junta semanal se cancelaba, no faltaron las caras malhumoradas.

Al comenzar la reunión era notorio el total desinterés de la mayoría, más el directivo les sorprendió con una pregunta:¿Qué cosa importante hicieron el día de hoy?. Todos le miraron desconcertados. Más el directivo continuó con el acoso.

-Piense cada uno de ustedes que fue lo más importante que hicieron el día de hoy’. No importa si parecen cosas pequeñas. Lo importante es que nos demos cuenta de esos detalles importantes que hicimos en este día.-
Después el directivo comenzó a interrogar a cada uno de ellos. Y no sin cierta dificultad, cada uno fue diciendo cada detalle que le pareció importante.
-Acomodé la mercancía- dijo uno
-Atendí muy bien y logré hacer buena venta a dos clientes- dijo otro.
-Me salió muy bien el corte de caja- dijo el cajero.
-Le conseguí un producto con el proveedor a uno de nuestros clientes- dijo alguien más.
Y así uno a uno, fueron contando esos pequeños detalles sobresalientes.
Después de que haber concluido la participación de todos, el directivo agregó:
-Todos esos detalles son muy importantes, cada pequeña cosa que ustedes han realizado forma parte de un todo, y la suma de todo es lo que determina la grandeza de esta empresa.
-¿Hemos hecho cosas grandes este día? ¿Nos sentimos satisfechos?, ¿Mañana podremos ser mejores?. Bueno, pues por todo lo que hemos hecho hoy, creo que merecemos un aplauso.
Y fue así como se iniciaron las sesiones de aplausos. La primera vez no fueron muy emotivos, mas poco a poco el aplauso se convirtió en un gran estimulo. Dando como resultado un personal más satisfecho y por ende mayor productividad. La calidad del trabajo mejoró y el estado de ánimo también.
No cabe duda de que todos necesitamos de reconocimiento, todos requerimos de una palmadita en el hombro, todos estamos sedientos de que se reconozca nuestro trabajo. Padres e hijos, jefes y empleados, todos absolutamente todos debemos de ser reconocidos, por tanto hay que aprender a reconocer el trabajo de los demás, si queremos que se nos reconozca el nuestro.

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