lunes, 7 de mayo de 2012

SISSI EMPERATRIZ DE AUSTRIA


Max era Duque de Baviera,  tipo bonachón, parrandero y muy alegre, quien tenía una hija muy hermosa que había heredado las mejores cualidades de su padre, superando quizás algunas de ellas. Siendo su pequeña Sissi su hija favorita, el Duque la cuidó con gran esmero fomentándole el amor por los niños, la protección de la naturaleza y el aprecio por los animales.

Max y Sissi pasaban tanto tiempo juntos y se divertían de tal manera que parecían un par de locos por dondequiera que fueran. Por esta razón fue que cierto día su padre le dijo a su adorada niña: “Si tú y yo no hubiéramos nacido nobles, por Dios que andaríamos de maromeros en un circo”.

Aquella niña con el tiempo llegó a convertirse en una bellísima jovencita, a la cual comprometieron en matrimonio, según la costumbre aristócrata, con Carlos Luis, hijo de su tía la archiduquesa Sofía de Habsburgo. Mientras que su estirada y pretensiosa hermana Elena, fue comprometida con el emperador Francisco José, hermano de Carlos Luís. O sea que Sissi y Elena debían casarse con sus primos Carlos Luís y Francisco José respectivamente.

Pero las cosas no sucedieron tal y como se habían planeado; en cuanto el emperador conoció a la hermosa Sissi, se enamoró perdidamente de ella, mostrando una total indiferencia hacia su prometida. Y haciendo a un lado todos los protocolos establecidos, en un suntuoso baile, le declaró su amor a la jovencita y pronto coronó aquél amor correspondido en un matrimonio que hizo época.

Por supuesto que Elena, hermana de Sissi, hizo el gran berrinche por el novio arrebatado, y con ello también le era quitada la corona.

Después de la tradicional luna de miel, Sissi descubrió que tras aquél guapísimo y deslumbrante marido, había un tipo refunfuñón y parrandero, pero ella no se amilanó y puso en juego todas sus astucias y encantos para pulir el  agrio carácter y los deslices del emperador Francisco José, quien al parecer terminó enmendando camino, y haciendo un poco mas soportables sus desplantes.

La unión muy pronto floreció con una niña, y poco tiempo después vino el heredero Rodolfo, que con el pasar del tiempo sería motivo de gran pena.

Pero antes de todo eso se hizo presente la bruja de esta historia, como en todos los tradicionales cuentos de hadas. Era la archiduquesa Sofía, madre del emperador Francisco José, quien representó el odioso papel de la temible suegra.

No dejaba en paz a Sissi ni un solo momento; buscaba todo tipo de pretextos para dañarla y criticarla, poniéndola siempre en mal con su hijo. Detestaba su espontaneidad y sencillez; odiaba sus risas y su felicidad de quinceañera; sin poder soportar que Sissi careciera de los modales propios de la realeza. Vivió aquella primera etapa de casada en sufrimiento y llanto.

 Pero con el tiempo Sissi aprendió a ignorarla y le dio por vivir su vida, tal y como ella lo sentía conviviendo sin reparo alguno con la servidumbre, al grado que se metía a la cocina a ayudarles a preparar la comida, cosa que le valió una tremenda cachetada de parte de su odiosa suegra.

Pero su libidinoso marido no tenía remedio, ya que pese a tener una princesa tan hermosa en el palacio, no perdía la oportunidad de tener sus amoríos con otras damas. Pero no cabe duda que Dios le dio al emperador una mujer más que tolerante, ya que la ocurrente Sissi se volvió su cómplice, ya que solía aconsejarle a su maridito cual mujer sería para él una estupenda amante. Muchas de las cuales incluso luego serían excelentes amigas suyas.

Siguiendo con la tradición de la nobleza, a Rodolfo, hijo de Sissi y Francisco José, lo casaron con una princesa a la que nunca amó. Y después surgió el problema, cuando Rodolfo pretendió divorciarse de su decepcionante esposa, para unirse con la joven y encantadora María Vetsera, a quien amaba con pasión arrebatadora. Pero su padre, el emperador Francisco José no estuvo de acuerdo y le ordenó que rompiera de inmediato aquella relación clandestina. El dolor y la impotencia de Rodolfo fue tan grande, que poco tiempo después aquello culminó en un pacto de amor suicida, que volvió loca de dolor a su madre.

El pueblo adoraba a Sissi, porque nunca perdía la oportunidad de realizar obras benéficas; pero ese amor iba mucho más allá de Austria, ya que hasta el mismo pueblo de Hungría le pidió que se convirtiera en su Reyna.

El 10 de Septiembre de 1898, Sissi salió de el hotel donde se hospedaba en Ginebra, donde pasaba su temporada de vacaciones; en el lago la esperaba un barco en el cual daría un recreativo paseo, cuando de pronto de detrás de un árbol, salió el anarquista italiano Luigi Lucheni, quien fingiendo un tropiezo cayó abruptamente sobre ella encajándole un filoso puñal en el pecho. A Sissy la herida no le pareció muy importante, y pese al incidente continuó con su proyectado paseo, pero vino una hemorragia y un dolor insoportable que la hizo volver sobre sus pasos, para morir poco después a consecuencia de aquella terrible puñalada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Está muy bien tu reseña, pero la historia amorosa del emperador y Sissi no fue tan cruda como se suele creer. No negaré que Francisco José tuvo amantes recomendadas por la mismísima emperatriz, no obstante, esto en parte sucedió debido a los descuidos maternales de Isabel que conllevaron a la decisión de no tener más hijos por parte de ella. Tal abstinencia produjo la necesidad de una amante, pero incluso después de la muerte de Rodolfo, el emperador aún amaba a su esposa.
Esa es mi humilde opinión.