miércoles, 25 de febrero de 2009

LOS INDIOS TABAJARAS

Atenor y Natalicio, dos jovencitos indígenas, caminaban un día por la selva cuando descubrieron un extraño objeto abandonado cerca de un árbol. Pensaron que era una desconocida arma de guerra, más luego desecharon la idea y terminaron llevando consigo aquella cosa rara a su casa. El misterioso objeto permaneció colgado durante un buen tiempo del techo de su jacal, sin que le encontraran utilidad alguna. Era un objeto bonito que valía la pena conservar.
Cierto día la tribu vio interrumpida su habitual monotonía ante la presencia de un ejército de extraños. Un grupo de hombres blancos, totalmente diferentes a ellos y con armas desconocidas, se acercaron a su comunidad. Se sintieron inicialmente amenazados, más luego se dieron cuenta que aquél destacamento de soldados no tenían intenciones agresivas, por lo cual los aceptaron en la comunidad e incluso se volvieron sus amigos. Aquél fue el primer contacto que estos indígenas brasileños tuvieron con el mundo exterior.
Atenor tuvo de pronto una luminosa idea y corrió a su casa para traer el extraño objeto que habían encontrado en el bosque; quizás ellos podrían despejarles sus dudas al respecto. Y en efecto los soldados lo conocían muy bien, dijeron que era una guitarra, e incluso uno de ellos, la tomó en sus manos y tocó para ellos una buena cantidad de melodías y canciones, que hechizó a todos los indígenas.
Atenor y Natalicio se dieron cuenta que tenían un tesoro en sus manos, y que debían de aprovecharlo a como diera lugar, así que tomaron las primeras lecciones de guitarra de aquél improvisado maestro que había llegado hasta ellos.
Seis meses después el ejército se retiró de la zona, y Atenor y Natalicio decidieron irse con ellos, para no perder a su maestro de guitarra. Su familia no se quiso quedar atrás y también se agregaron al grupo.
Jamás imaginaron Atenor y Natalicio que su decisión les cambiaría drásticamente la vida.
Aquella familia indígena que acompañaba al ejército descubrió asombrada que existían cosas jamás imaginadas. Cierto día llegaron a una extensión inmensa de agua llamada “mar”. ¿La crearon los soldados o la hizo Dios?” se preguntó Atenor. El asombro aumentó cuando llegaron a la primer población. Era de noche, y maravillados se dieron cuenta que los blancos sabían atrapar estrellas, ya que todos tenían una en su casa. Por supuesto que los soldados jamás terminaban de reírse ante la inocencia sus ignorantes amigos. Resultando muy difícil el explicarles cosas tan simples como la luz eléctrica.
Cuando el ejército llegó a su cuartel, la familia indígena tuvo que seguir la aventura por su cuenta. Los mayores trabajaban realizando aquí y allá algunas pequeñas labores para sobrevivir, pero llegó el día en que no hubo nada que comer, ni trabajo por realizar para conseguir dinero, así que a pesar del llanto de Atenor y Natalicio, la guitarra fue cambiada por cuatro kilos de frijoles.
Se unieron luego a una caravana que iba rumbo al sur, en búsqueda de una ciudad maravillosa llamada Río de Janeiro y además prometían que después de ahí había otro lugar hermosísimo llamado Sao Paulo. Así que llenos de alegría y hambre prosiguieron su aventura, llegando días después a un lugar llamado Río Grande do Norte, donde se toparon con un grupo de guitarristas callejeros, que llamaron tanto la atención de Atenor y Natalicio que permanecieron por horas escuchándolos. Su padre se dio cuenta que debía conseguirle a sus muchachos una guitarra a como diera lugar, así que con los primeros centavos que logró conseguir, en lugar de comprar frijoles, adquirió una destartalada guitarra para que la felicidad volviera de nuevo a sus hijos.
Sabiendo que con una guitarra se podía ganar dinero, Atenor y Natalicio se pusieron a tocar en las calles y la estrategia dio resultado. La gente les daba dinero más por lástima que por admiración./// Cuando llegaron a Rio de Janeiro ya eran poseedores de dos guitarra y su repertorio incluía varias canciones tradicionales brasileñas que habían aprendido por el camino, y hasta habían mejorado un poco su forma de tocar. Así que comenzaron a actuar en bares de mala muerte, carpas y ferias de barrio en los alrededores de Río.
Cierto día encontraron entre sus cosas sus atuendos indígenas que hacía tiempo habían olvidado, y decidieron ponérselos y actuar con ellos. Esto acrecentó su fama. Eran malos músicos, pero eran raros y muy simpáticos, así que valía la pena verlos. Con el tiempo tocaron en mejores lugares, incluso se llegó a escribir de ellos en los periódicos y fueron invitados a participar en algunos programas de radio. Por supuesto que sin saber ni como habían comenzado a tocar un poco mejor.
Quizás no hubieran pasado de ahí, salvo que en cierta ocasión un maestro de ceremonias los presentó como “indios ignorantes de la música pero con una técnica maravillosa”. Aquello los molestó tanto, que se decidieron a aprender profesionalmente la guitarra, costara lo que les costara. Y con este hecho surgió el más grande milagro que pudieran esperar de la vida.
Todos los que han intentado ser profesionales de la guitarra saben el precio que se tiene que pagar por semejante atrevimiento. Muchos quedan en el camino y se conforman con ser buenos y nada más. Este no fue el caso de Atenor y Natalicio. Se destrozaban los dedos día a día intentando llegar al más alto nivel. Su única distracción ajena era ir al cine, algo que siempre los había hechizado. Fue así como un día, en una película sobre la vida de Chopin conocieron la música clásica. Y al día siguiente fueron y compraron un disco e intentaron imitar las piezas de Chopin con la guitarra. De igual manera que los loros aprenden a hablar. Se dieron cuenta que era necesario modificar la guitarra, así que mandaron construir una especial con 26 trastes, ya que las ordinarias solo tienen 19, y colocar una cuerda más gruesa de lo usual para dar los bajos. Con las dos guitarras adaptadas lograron dar juntos la totalidad de las notas que tiene un piano.
En 1957 alguien los descubrió y los llevó a Estados Unidos para grabar un disco de canciones populares, aparecieron en varios programas de TV e incluso trabajaron en algunos centros nocturnos, más luego la suerte los abandonó y tuvieron que regresar a Brasil sin haber logrado prácticamente nada. En Norteamérica su disco fue descontinuado ante las escasas ventas y pronto pasaron al olvido.
En 1963, un programador de radio, en Nueva York, descubrió el disco arrumbado, y se le ocurrió incluir uno de los temas en su programa. De inmediato comenzaron las llamadas y pronto la canción se convirtió en un auténtico éxito.
Atenor y Natalicio fueron traídos de inmediato del Brasil y esta vez el triunfo no les fue negado. De inmediato adquirieron contratos en todo Estados Unidos, Canadá, Europa y hasta Japón. Continuaron grabando discos, de los cuales vendieron varios millones, siendo uno de los más famosos el llamado “Casualmente clásicos”, donde abordan la música de los grandes maestros. Y hoy en día todo mundo conoce a Los Indios Tabajaras.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

excelente tu información, gracias a ella pude darle gusto a mi padre de 82 años, ya que este queria tener la historia de estos excelentes musicos. te deseo muchos exitos y publica mas sobre el folklore de nuestros paises. un saludo desde colombia.

Anónimo dijo...

Admirado estoy de la historia de estos músicos.
Se debería hacer una película de su vida. Desde sus inicios en su tribu con la guitarra, pasando por su encuentro con la civilizción, sus primeras actuaciones, éxitos y olvidos,acabando por su reconocimiento mundial.
Tan bonita es su música como la historia de su vida.
¡Viva el Real Betis Balompié, España y el mundo entero!
¡Vivan los terrícolas buenos!

crisfos dijo...

Gracias por su información, muy completa y en ella aclara detalles que son muy vagos en otras biografías.

Anónimo dijo...

Se llama Antenor Moreira Lima y no Atenor.

nelida calatayud dijo...

¡Me llamo Nèlida Calatayud y tengo 65 años! y le estoy tan agradecida por esta información valiosa, porque tenia años buscando algo que me hablara de estos excelente músicos! solo sabía que eran de una tribu de Brasil y que aprendieron a tocar guitarra y despues tuvieron mucho exito.
siempre los admire mucho, mi papá me trajo un disco llamado "Dulce y Salvaje" de los Indios Tabajaras y nunca mas pude desprenderme de ellos! gracias por la información, "Excelente por demás"