domingo, 1 de abril de 2012

EL AÑO DEL HAMBRE

Mi madre era una mujer que le encantaba contar historias, así que ya sabe de donde me viene la herencia; más por desgracia, y pese a que nos repitió algunas de ellas en diversas ocasiones, no se me quedaron grabadas en la memoria. Como lo lamento ahora. Me hubieran servido demasiado, aunque sea para contárselas a todos ustedes.

Muchas de sus historias estaban relacionadas con “el año del hambre”, ahora vengo a saber que fue el año de 1915. Eran tiempos conflictivos, tiempos de la Revolución, donde el pueblo de México la pasó verdaderamente mal.

Aquél año no hubo suficiente frijol, ni maíz y mucho menos trigo. Así que la hoya se quedó sin frijolitos, el comal sin tortillas y el canasto sin pan. Así que ante tales circunstancias todos los mexicanos pobres se llenaron... pero de hambre, mucho más que de costumbre.

Todo aquello vino a causa de una enorme sequía y para completar el cuadro una plaga de langostas atacó la región del sureste mexicano. Dicen que ern tantos los chapulines, que el cielo se oscurecía y cuando bajaban a un terreno, las ramas de los árboles tronaban por el peso de miles y miles de langostas hambrientas, que se comían todas las hojas hasta dejar los árboles en pie con todas sus ramas pelonas. Como se conocían formas de controlar una plaga así, se vieron afectadas gravemente la región sur, central y la Mixteca.

Los hacendados ocultaban sus cosechas con el fin de venderlas a mayor precio y aumentar sus ganancias. Luego llegaron las enfermedades, el tifo y la viruela negra provocando infinidad de muertos, y los campesinos se limitaban a intentar controlar la situación con remedios caseros. Y para colmo de males, estaba la Revolución. Vaya precio que tuvieron que pagar nuestros abuelos para que nosotros tuviéramos un México más libre.